Las maniobras del Vaticano — Antonio Gramsci / The Vatican Maneuvers by Antonio Gramsci

Sin duda personaje idolatrado por mucha izquierda, nos aporta una visión interesante. La Acción Católica, nacida específicamente después de 1848, era muy distinta de la actual, reorganizada por Pío XI. La posición original de la Acción Católica después de 1848 (y en parte también en el período de incubación que va de 1789 a 1848, cuando surge y se desarrolla el hecho y el concepto de nación y de patria, convertido en elemento ordenador —intelectualmente y moralmente— de las grandes masas populares.
Después de 1848 el catolicismo y la Iglesia «deben» tener un propio partido para defenderse; y para arredrarse lo menos posible; no pueden ya hablar (por lo menos oficialmente, porque la Iglesia no confesará jamás la irrevocabilidad de tal estado de cosas) como si supiesen que son la premisa necesaria y universal de todo modo de pensar y de obrar.
La Acción Católica representa la reacción contra la apostasía imponente de masas enteras, es decir, contra la superación masiva de la concepción religiosa del mundo. No es ya la Iglesia la que fija el campo y los medios de la lucha; debe aceptar, en cambio, el terreno impuesto por los adversarios o por la indiferencia y servirse de armas tomadas en préstamo del arsenal de sus adversarios (la organización política de masa). La Iglesia, por lo tanto, está a la defensiva, ha perdido la autonomía de los movimientos y de las iniciativas, no es ya una fuerza ideológica mundial, sino sólo una fuerza subalterna.
La Acción Católica es una innovación, no ya como siempre dicen las encíclicas papales, una actividad existente desde los Apóstoles en adelante. Es una actividad estrechamente ligada, como reacción, al iluminismo francés, al liberalismo, etc., y a la actividad de los Estados modernos para separarse de la Iglesia, es decir, a la reforma intelectual y moral laicista más radical (para las clases dirigentes) de la Reforma protestante; actividad católica que se configura especialmente después de 1848, o sea, con el fin de la Restauración y de la Santa Alianza.

La Iglesia se nacionaliza en Italia de manera muy diferente a la de Francia con el galicanismo, etc. En Italia la Iglesia se nacionaliza de manera «italiana», porque al mismo tiempo debe permanecer universal: mientras tanto nacionaliza a su personal dirigente y éste ve siempre más el aspecto nacional de la función histórica de Italia como sede del papado.
Los católicos deben distinguir entre «función de la autoridad», que es derecho inalienable de la sociedad, incapaz de vivir un orden, y «persona» que ejercita esa función y que puede ser un tirano, un déspota, un usurpador, etc. Los católicos se someten a la función, no a la persona. Napoleón III fue llamado hombre providencial después del golpe de estado del 2 de diciembre; esto significa que el vocabulario político de los católicos difiere del común.

El cristianismo se ha difundido en el mundo sin necesidad del auxilio de las armas. No me parece justo. Se podrá afirmar eso hasta el momento en que el cristianismo no fue religión de Estado (o sea, hasta Constantino); pero desde el momento en que se transforma en el modo externo de pensar de un grupo dominante, su muerte y su difusión no pueden distinguirse de la historia general y, por lo tanto, de las guerras; toda guerra ha sido también guerra de religión, siempre.

El efecto que en el equilibrio de las fuerzas católicas ha tenido la crisis religiosa en España. Aquí la lucha anticlerical ha tenido como blanco principal a los jesuitas, pero me parece que precisamente en España tendrían que haber sido fuertes los integralistas, y que los jesuitas debían ser un contrapeso de esas fuerzas.
Los jesuitas tenían en España una tradición particular; sus luchas contra la Inquisición y los dominicos.
La Civilità cattolica llama diarchia o doppio governo a la posición política creada en Malta en 1921, con la concesión de una Constitución por la que, aun manteniendo Inglaterra su soberanía, el gobierno se confiaba a los ciudadanos. Interpretación evidentemente tendenciosa, pero útil a los católicos para afianzar sus agitaciones contra la Inglaterra protestante e impedir que el catolicismo pierda supremacía en Malta.

Undoubtedly character idolized by many left, gives us an interesting insight. The Catholic Action, born specifically after 1848, was very different from the current one, reorganized by Pius XI. The original position of the Catholic Action after 1848 (and partly also in the incubation period that goes from 1789 to 1848, when the fact arises and develops and the concept of nation and country, become a computer element – intellectually and morally – of the great popular masses.
After 1848, Catholicism and the Church «must» have their own party to defend themselves; and to be as baffled as possible; they can no longer speak (at least officially, because the Church will never confess the irreversibility of such a state of affairs) as if they knew that they are the necessary and universal premise of any way of thinking and acting.
Catholic Action represents the reaction against the imposing apostasy of entire masses, that is, against the massive overcoming of the religious conception of the world. It is no longer the Church that fixes the field and the means of struggle; he must accept, instead, the terrain imposed by the adversaries or by indifference and use weapons borrowed from the arsenal of his adversaries (the mass political organization). The Church, therefore, is on the defensive, has lost the autonomy of movements and initiatives, is no longer a global ideological force, but only a subaltern force.
Catholic Action is an innovation, not as the papal encyclicals always say, an activity existing from the Apostles onwards. It is an activity closely linked, as a reaction, to French enlightenment, to liberalism, etc., and to the activity of modern States to separate themselves from the Church, that is, to the most radical intellectual and moral reform of the Church (for the ruling classes). of the Protestant Reformation; Catholic activity that is configured especially after 1848, that is, with the end of the Restoration and the Holy Alliance.

The Church is nationalized in Italy in a very different way from that of France with Gallicanism, etc. In Italy the Church is nationalized in an «Italian» manner, because at the same time it must remain universal: meanwhile it nationalizes its leading personnel and it always sees the national aspect of Italy’s historical function as the seat of the papacy.
Catholics must distinguish between the «function of authority», which is the inalienable right of society, incapable of living an order, and «person» who exercises that function and who may be a tyrant, a despot, a usurper, etc. Catholics submit to the function, not the person. Napoleon III was called a providential man after the coup d’état on December 2; This means that the political vocabulary of Catholics differs from the common one.

Christianity has spread throughout the world without the need for weapons. It does not seem fair to me. This can be affirmed until the moment when Christianity was not a state religion (that is, until Constantine); but from the moment it is transformed into the external mode of thinking of a dominant group, its death and its diffusion can not be distinguished from general history and, therefore, from wars; every war has also been a war of religion, always.

The effect that the religious crisis in Spain has had on the balance of Catholic forces. Here the anticlerical struggle has had as main target the Jesuits, but it seems to me that precisely in Spain the Integralists should have been strong, and that the Jesuits should be a counterweight to those forces.
The Jesuits had a particular tradition in Spain; his struggles against the Inquisition and the Dominicans.
The Civilità cattolica called diarchia or doppio governo to the political position created in Malta in 1921, with the concession of a Constitution by which, while maintaining England its sovereignty, the government was entrusted to the citizens. Obviously tendentious interpretation, but useful to Catholics to strengthen their upheavals against Protestant England and prevent Catholicism from losing its supremacy in Malta.

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