Invencible — Laura Hillenbrand / Unbroken: A World War II Story of Survival, Resilience, and Redemption by Laura Hillenbrand

Esta es una muy interesante novela sobre supervivencia, valor, resistencia en la II G.M. Louie Zamperini, niño problemático, atleta olímpico en los tiempos de Hitler y Jesse Owens, más allá de ganar relojes de pulsera por ganar carreras, aviador en la II G.M, naufrago en el Pacífico, prisionero de los japoneses, sin duda más que un superviviente.
En la década de 1930 Estados Unidos estaba obsesionado con la pseudociencia de la eugenesia y su promesa de mejorar la raza humana al quitar a los «no aptos» de la masa genética. Junto con los «débiles mentales», los locos y los criminales, se incluía también a las mujeres que habían tenido sexo fuera del matrimonio (lo que se consideraba una enfermedad mental), a los huérfanos, los discapacitados, los pobres, los que no tenían hogar, los epilépticos, los que se masturbaban, los ciegos y los sordos, los alcohólicos y las muchachas cuyos genitales excedían ciertas medidas. Algunos defensores de estas teorías eugenésicas recomendaban la eutanasia, y en algunos hospitales psiquiátricos, ésta se llevó a cabo en el caso de varias personas por medio de la «negligencia letal» o, dicho de otro modo, por medio del homicidio total. En un hospital psiquiátrico de Illinois los pacientes nuevos eran alimentados con leche de vacas infectadas con tuberculosis, con la creencia de que sólo morirían los indeseables. Cerca de cuatro de cada diez pacientes de este tipo morían. La herramienta más popular para llevar a cabo la eugenesia era la esterilización forzosa. La misma fue empleada para un montón de desdichados que, ya fuera por mal comportamiento o mala suerte, cayeron en manos de los gobiernos estatales. Durante 1930, cuando Louie comenzaba sus años de adolescencia, California cayó bajo el influjo de estas teorías eugenésicas, y llegaría al extremo de esterilizar a unas veinte mil personas.

En su época de prisionero de los japoneses. Había nacido un tirano. Watanabe golpeaba a los prisioneros todos los días, rompiéndoles la tráquea, los tímpanos, los dientes; una vez arrancó la oreja a un hombre y en varias ocasiones dejó inconscientes a los prisioneros. Una vez obligó a que un oficial se sentara en una choza durante cuatro días invernales, usando tan sólo ropa interior tipo fundoshi. Ató a un prisionero de guerra de 65 años a un árbol y lo dejó ahí durante días. Ordenó a un hombre que se presentara ante él todas las noches para recibir un puñetazo en la cara durante tres semanas. Practicó judo con un paciente de apendicitis. Cuando se le sorprendía en pleno éxtasis por sus ataques, se lamentaba y lloraba dejando que las lágrimas le resbalaran por las mejillas; babeaba y se le formaba espuma en las comisuras de los labios. Los prisioneros sabían cuándo uno de sus arranques era inminente: su párpado derecho se entrecerraba un poco antes de lanzarse a por su presa.
En muy poco tiempo Watanabe se ganó una reputación temible a lo largo y ancho de Japón. Los oficiales de otros campos empezaron a enviar a Watanabe a los prisioneros más problemáticos para que los puliese y Omori fue conocido desde entonces como «campo de castigo».
Entre los japoneses de Omori, Watanabe era despreciado por su arrogancia, por presumir de su riqueza y por su rudeza. Solía hacer grandes desplantes para demostrar su educación, abundando en el nihilismo y dando pomposas conferencias sobre literatura francesa en las reuniones. Ninguno de sus colegas lo escuchaba.
Desde el momento en que Watanabe vio a Louie Zamperini —oficial, famoso corredor olímpico y hombre desafiante— se convirtió en su obsesión principal.

Louie encontraría el amor con la guapa y hermosa de familia rica Cynthia.
Los prisioneros de guerra del Pacífico que regresaron a casa en 1945 eran hombre rotos. Tenían una íntima comprensión de la capacidad que el hombre tiene para resistir el sufrimiento, pero también conocían la vasta capacidad, el hambre que muchos hombres mostraban por infligir sufrimiento. Llevaban consigo indescriptibles recuerdos de tortura y humillación, y un agudo sentido de la vulnerabilidad que no paraba de recordarles cuán rápido puede un hombre ser desalmado e inhumano. Muchos se sentían solos y aislados, pues habían padecido abusos que la gente normal no lograría comprender. Su dignidad había sido cercenada para reemplazarse con una sensación de vergüenza e indignidad. Y sabían que muy pocos podían ayudarlos a superar su tragedia. El regreso a casa fue una experiencia de profunda y peligrosa soledad.
Para estos hombres, el principal objetivo de su vida de posguerra consistía en recuperar la dignidad y en hallar la manera de ver el mundo desde una perspectiva que no fuera negra. No había un modo correcto de acercarse a la paz; cada hombre debía hallar su propio camino, en consonancia con su historia personal. Unos tuvieron éxito. Para otros, la guerra no terminaría nunca. Unos se aislaron o se perdieron en salidas falsas. En otros casos, los años de ira, terror y humillación contenidos, derivaron en lo que el superviviente del holocausto Jean Améry llamaría «una sed tremenda de venganza purificadora».
En Sugamo Louie preguntó a su escolta qué había sucedido con el Pájaro. Se le dijo que se pensaba que el ex sargento perseguido, exiliado y desesperado, se había matado con un arma blanca.
Las palabras se abatieron sobre Louie como una ola. En la prisión, Watanabe lo había obligado a vivir en una degradación y violencia incomprensibles. Al ser privado de su dignidad, Louie había regresado a casa para vivir una vida perdida en la oscuridad, tratando de oponerse a los recuerdos del Pájaro. Pero en una noche de octubre, en Los Ángeles, Louie encontró lo que Payton Jordan llamó su «amanecer». Esa noche, el sentimiento de vergüenza e impotencia que lo había empujado a odiar al Pájaro había desaparecido. El Pájaro ya no era su monstruo. Era sólo un hombre.
En la prisión de Sugamo, mientras se le hablaba del destino de Watanabe, Louie sólo pudo pensar en un hombre perdido que vivía una vida más allá de la redención. Sintió algo que jamás había sentido por su captor. Con un escalofrío por la sorpresa, se percató de que sentía compasión.
En ese momento algo dulce se movió dentro de él. Era el perdón, bello, fácil y completo. Para Louie Zamperini la guerra había terminado.

Su campamento Victoria para rehabilitar a jóvenes le llevó a que con el paso de los años, recibió un número casi absurdo de premios y reconocimientos. La pista de aterrizaje de Lomita, que se había nombrado campo Zamperini mientras él estaba recluido en Naoetsu, fue rededicada a él no una sino dos veces. Una plazoleta de la USC recibió su nombre, al igual que el estadio del instituto de Torrance. En 1980 alguien le puso su nombre a un caballo de carreras, aunque como corredor, Zamperini distaba mucho de parecerse a Zamperini. La casa de Gramercy se convirtió en un punto histórico de la ciudad. Louie fue elegido para llevar la antorcha olímpica antes en cinco Juegos Olímpicos distintos. Tantas agrupaciones deseaban concederle premios que le costaba trabajo aceptarlos todos por motivos de agenda.

Para Matsuhiro [sic] Watanabe:
Como resultado de mi experiencia como prisionero de guerra bajo su injustificado e irracional castigo, mi vida de posguerra se convirtió en una pesadilla. No fue tanto debido al dolor y al sufrimiento, sino debido a la tensión y la humillación. Yo llegué a odiarlo con sed de venganza.
Bajo su autoridad, mis derechos, no sólo como prisionero de guerra sino como ser humano, me fueron arrancados. Fue difícil mantener la dignidad suficiente y la esperanza para poder vivir hasta el final de la guerra.
Las pesadillas hicieron que mi vida se derrumbara, pero gracias a una confrontación con Dios por medio del evangelista Billy Graham, entregué mi vida a Cristo. El amor reemplazó el odio que sentía por usted. Cristo dijo: «Perdona a tus enemigos y ora por ellos».
Como usted probablemente sabe, regresé a Japón en 1952 [sic] y se me permitió dirigirme a todos los criminales de guerra en la prisión de Sugamo… Entonces pregunté por usted, y se me dijo que probablemente se había realizado el Hara Kiri, lo que fue muy triste de escuchar. En ese momento, al igual que los demás, también lo perdoné y ahora esperaría que también se convirtiera en cristiano.

Louis Zamperini

Este libro muestra lo mejor y lo peor del ser humano. Tras leerlo, me ha hecho reflexionar sobre lo que el hombre es capaz de hacer tanto por demostrar su poder como por continuar viviendo.

This is a very interesting novel about survival, courage, resistance in II G.M. Louie Zamperini, problematic child, Olympic athlete in the days of Hitler and Jesse Owens, beyond earning wristwatches for winning races, aviator in World War II, shipwrecked in the Pacific, prisoner of the Japanese, no doubt more than a survivor .
In the 1930s, the United States was obsessed with the pseudoscience of eugenics and its promise to improve the human race by removing the “unfit” from the genetic mass. Together with the “mentally weak”, the insane and the criminals, it also included women who had had sex outside of marriage (what was considered a mental illness), orphans, the disabled, the poor, those who did not they had homes, epileptics, those who masturbated, the blind and deaf, alcoholics and girls whose genitals exceeded certain measures. Some advocates of these eugenic theories recommended euthanasia, and in some psychiatric hospitals, it was carried out in the case of several people through “lethal neglect” or, in other words, through total murder. In a psychiatric hospital in Illinois, new patients were fed milk from cows infected with tuberculosis, believing that only the undesirable would die. About four out of ten patients of this type died. The most popular tool to carry out eugenics was forced sterilization. It was used for a lot of unfortunates who, whether due to bad behavior or bad luck, fell into the hands of state governments. During 1930, when Louie began his adolescent years, California fell under the influence of these eugenics theories, and would go so far as to sterilize some twenty thousand people.

In his time as a prisoner of the Japanese. A tyrant was born. Watanabe beat the prisoners every day, breaking their trachea, their eardrums, their teeth; once he ripped off a man’s ear and several times left the prisoners unconscious. He once forced an officer to sit in a hut for four winter days, wearing only fundoshi-type underwear. He tied a 65-year-old prisoner of war to a tree and left it there for days. He ordered a man to appear before him every night to receive a punch in the face for three weeks. He practiced judo with a patient with appendicitis. When he was surprised in full ecstasy by his attacks, he lamented and cried letting the tears run down his cheeks; He was drooling and frothing at the corners of his mouth. The prisoners knew when one of their outbursts was imminent: their right eyelids narrowed a little before they darted for their prey.
In a very short time Watanabe gained a fearsome reputation throughout Japan. Officers from other camps began to send Watanabe to the most troublesome prisoners to be polished and Omori was known since then as a “punishment camp.”
Among the Japanese of Omori, Watanabe was despised for his arrogance, for showing off his wealth and for his rudeness. He used to do great things to show his education, abounding in nihilism and giving pompous lectures on French literature in meetings. None of his colleagues listened to him.
From the moment Watanabe saw Louie Zamperini – official, famous Olympian runner and defiant man – it became his main obsession.

Louie would find love with the beautiful and beautiful rich family Cynthia.
The Pacific prisoners of war who returned home in 1945 were broken men. They had an intimate understanding of man’s capacity to resist suffering, but they also knew the vast capacity, the hunger that many men displayed for inflicting suffering. They carried with them indescribable memories of torture and humiliation, and a keen sense of vulnerability that kept reminding them how quickly a man can be heartless and inhuman. Many felt alone and isolated, because they had suffered abuses that normal people would not understand. His dignity had been cut off to be replaced with a sense of shame and indignity. And they knew that very few could help them overcome their tragedy. The return home was an experience of deep and dangerous loneliness.
For these men, the main objective of their post-war life was to recover their dignity and find a way to see the world from a perspective that was not black. There was no right way to approach peace; each man had to find his own way, in keeping with his personal history. Some were successful. For others, the war would never end. Some were isolated or lost in false departures. In other cases, the years of anger, terror and humiliation contained, led to what the holocaust survivor Jean Améry would call “a tremendous thirst for purifying vengeance.”
At Sugamo Louie asked his escort what had happened to the Bird. He was told that it was thought that the former sergeant persecuted, exiled and desperate, had killed himself with a knife.
The words fell on Louie like a wave. In prison, Watanabe had forced him to live in incomprehensible degradation and violence. Being deprived of his dignity, Louie had returned home to live a life lost in the dark, trying to oppose the Bird’s memories. But on an October night in Los Angeles, Louie found what Payton Jordan called his “dawn.” That night, the feeling of shame and helplessness that had prompted him to hate the Bird had disappeared. The Bird was no longer his monster. He was just a man.
In Sugamo prison, while being told about Watanabe’s fate, Louie could only think of a lost man who lived a life beyond redemption. He felt something he had never felt for his captor. With a shudder of surprise, he realized that he felt compassion.
In that moment something sweet moved inside him. It was forgiveness, beautiful, easy and complete. For Louie Zamperini the war was over.

His Victoria camp to rehabilitate young people led him to receive an almost absurd number of awards and recognitions over the years. The landing strip of Lomita, which had been named Camp Zamperini while he was being held in Naoetsu, was rededicated to him not once but twice. A USC platform was named after him, as was the Torrance Institute stadium. In 1980 someone named his racehorse, although as a runner, Zamperini was far from resembling Zamperini. The house of Gramercy became a historical point of the city. Louie was chosen to lead the Olympic torch before in five different Olympics. So many groups wanted to award prizes that it was hard for them to accept all for agenda reasons.

For Matsuhiro [sic] Watanabe:
As a result of my experience as a prisoner of war under his unjustified and irrational punishment, my post-war life became a nightmare. It was not so much due to pain and suffering, but due to tension and humiliation. I came to hate him with a thirst for revenge.
Under his authority, my rights, not only as a prisoner of war but as a human being, were taken from me. It was difficult to maintain sufficient dignity and hope to live until the end of the war.
The nightmares caused my life to collapse, but thanks to a confrontation with God through the evangelist Billy Graham, I gave my life to Christ. Love replaced the hatred I felt for you. Christ said: «Forgive your enemies and pray for them».
As you probably know, I returned to Japan in 1952 [sic] and was allowed to address all the war criminals in Sugamo Prison … Then I asked for you, and I was told that the Hara Kiri had probably been performed, which was very sad to hear. At that time, like the others, I also forgave him and now I would expect him to become a Christian too.

Louis Zamperini

This book shows the best and the worst of the human being. After reading it, it has made me reflect on what man is capable of doing both to demonstrate his power and to continue living.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.