Suave caricia — William Boyd

Sin duda es de las mejores novelas de este gran escritor sobre una mujer adelantada a su época Amory Clay, un retrato de una época, la fotógrafa que rompiendo clichés se fue a ver mundo (Xanadú Club de Berlín…) plasmándolo con su cámara pese a que su familia quería otra dirección de su vida.
Nos habla de su padre, escritor de relatos, como la colocaron un nombre extraño, una madre rígida y sus devaneos al comienzo por Escocia, Orban y su pasión mirando a un gato que quería ser fotógrafa.
Recorremos las primeras páginas de esta novela y enseguida nos damos cuenta de que estamos en manos de un maestro del oficio, de un narrador veterano que se adentra en la trama con precisión y firmeza, sin ninguna prisa, colocando las primeras piezas en el tablero de la historia sin dejar espacio para dudas o titubeos. William Boyd, nunca decepciona, ni siquiera en sus novelas más flojas.

Pero es que “Suave caricia” no es una de sus novelas flojas, todo lo contrario. Probablemente sea una de las mejores que ha escrito, al tiempo que recorre la historia europea más reciente, con especial detenimiento en los acontecimientos bélicos, sobre todo en la Segunda Guerra Mundial.

Si seguimos las peripecias de Amory Clay en “Suave caricia”, visitaremos con ella Berlín en los años 20, Nueva York en los 30, Londres antes de la guerra, Francia tras su liberación, Vietnam a finales de los 60 (durante la guerra), California en los 70, y a lo largo de toda la novela, la apacible campiña escocesa. Todos estos escenarios se entremezclan con la biografía de la fotógrafa de ficción Amory Clay hasta el punto de convertirse ellos mismos, si no en personajes, sí en elementos esenciales de la historia que se nos cuenta. Y ya que hablamos de personajes, sería un buen momento para destacar la enorme capacidad de William Boyd para construir personajes de verdad, tanto protagonistas como secundarios. Además, en este caso, Boyd ha incluido en su novela una buena cantidad de fotos “auténticas” que recogen algunas de las escenas descritas o retratan a los principales personajes. Teniendo en cuenta que son fotografías verdaderas las que ilustran un relato de ficción, nos damos cuenta del fascinante juego que se establece entre lo real y lo imaginario.

Por último, me gustaría destacar el final de la novela, las últimas páginas. No las voy a destripar, por supuesto, pero sí puedo decir que he leído pocos finales de novela tan esperanzadores y positivos como éste, lo cual es de especial mérito cuando hablamos de una biografía.
Después de acabar esta novela el diario de Barrandale forma parte de nosotros, todo regado con Ginebra y Whisky y personajes familiares como el médico escocés Jock Edie. Sin duda me parece que está mujer era de la estela que tomó gente como Oriana Fallaci.
El diálogo entre su hija Blythe y ella en EE.UU. , al final del libro es más que interesante cuando se va con un novio como músico, el cual desaparece y acaba con Gaines desterrando el apellido Farr, entre otras cosas un farsante…

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