¡Alemania debe morir! — Theodore N. Kaufman / Germany Must Perish! by Theodore N. Kaufman

Este es un libro donde se ve en cada una de sus páginas el fanatismo hacia Alemania y que debe ser aniquilada, se escribió antes de la entrada de los EE.UU. en la II G.M., siendo un claro ejemplo de fanatismo y que tuvo repercusión en los medios americanos hablando del libro:

“A sensational idea” – Time Magazine
“A provocative theory – Interestingly presented – Washington (D.C) Post
“A plan for permanent peace among civilized nations! – New York Times
“Frankly presents the dread background of the nazi soul” – Philadelphia Review

Es una guerra de pueblos contra pueblos; de pueblos civilizados contemplando la Luz, contra bárbaros incivilizados que aman las Tinieblas.
De los pueblos de aquellas naciones que surgirán esperanzadamente a una nueva y mejor fase existencial, enconados contra las gentes de una nación que retrocederían, entusiasmadamente, a eras sombrías. Es una lucha entre la nación alemana y la humanidad.
El problema del germanismo no debe ser transmitido de nuevo a la siguiente generación. El mundo no debe nunca más ser forzado y torturado sobre el potro de tormento alemán. Nuestro es el problema; nuestra es la solución. El mundo ha aprendido, con un conocimiento nacido de tragedias demasiado numerosas, demasiado horribles de recordar, qué, independientemente de qué líder o qué clase gobierne Alemania, la guerra será emprendida contra el mundo por este país, porque la fuerza que le compele a la acción es una parte inseparable del alma colectiva de esa nación.
Cuando llegue el día de ajustarles las cuentas a Alemania, y tiene que venir, habrá entonces una sola respuesta obvia. Ningún estadista o político, ningún líder responsable de los convenios de post guerra, tendrá derecho de consentir, con un lujo personal de falsos sentimientos y especiosa santimonia y declarar que, ¡Alemania, extraviada por sus líderes, tiene el derecho a resurgir!.
La paz puede ser generada, no meramente ser concebida. Pero nunca mientras que las guerras persistan Entonces, ¿por qué existen aún las guerras?
Simplemente porque no se ha hecho imposible que ellas sean emprendidas.
Hay un sólo camino para abolir las guerras: imponer un castigo de tan horrible magnitud y de espantosas consecuencias a los pueblos agresores como para hacer virtualmente imposible a cualquier nación comenzar una contienda.
La guerra debe ser combatida no con armas de creciente destrucción sino con castigos infinitamente más espantosos y arriesgados que la propia guerra.

El alemán ha decidido que su raza ha sido elegida por Dios para imperar en el mundo contemporáneo. Cualquiera que se le resista es un usurpador arrogante que debe ser destruido. El alemán hace profesión de querer la paz, pero debe ser una paz suya, según el modelo del sátrapa persa, quién lleno de amor y concordia, arroja a los leones a todos los que se atreven a cuestionarle. Su voz es ronca y resonante; él no argumenta sino que hace aserciones arrebatadoras echando la ley por los suelos.
El germanismo -Es la teoría de una Raza de Señores alemana destinada a esclavizar un mundo débil, por la fuerza y la brutalidad- había sido una doctrina elaborada por las creencias alemanas, desde sus días tribales hasta la última parte del siglo pasado cuando alcanzó su madurez al convertirse en un vasto y bien organizado movimiento.
Al principio señaló a Europa como el área del Espacio Vital “Lebensraum” de Alemania, pero, después del éxito del ejército alemán en 1870, él engrandeció y expandió su declaración original al manifestar que el mundo estaba hecho para ser conquistado y dominado por Alemania; que, a través de la imposición de la guerra al mundo, la nación alemana estaba destinada a convertirse en el “súper-Estado” del universo, y tener a sus pueblos en la esclavitud.
Con cada sucesiva guerra mundial que ella planea, urde y empieza, Alemania se aproxima, cada vez más y más, a su meta de dominación mundial. En los momentos actuales Hitler, que se ha esforzado meramente en remediar los errores, que los líderes alemanes precedentes hicieron, en su intento de sometimiento mundial, puede llevar al pueblo alemán muy cerca de realizar su objetivo. ¡Y Hitler no es el último de los Führers!
Cuánta miseria, sufrimiento, muerte y destrucción serán necesarios antes que llegue a ser patente al mundo que ningún compromiso con Alemania será, por sí mismo, una garantía segura para que, inmediatamente después, Alemania no pueda embarcarse en su cruzada para dominarlo.

This is a book where you see in each of its pages the bigotry towards Germany and that must be annihilated, it was written before the entry of the USA. in the II G.M., being a clear example of fanaticism and that had repercussion in the American media talking about the book:

“A sensational idea” – Time Magazine
“A provocative theory – Interestingly presented – Washington (D.C) Post
“A plan for permanent peace among civilized nations! – New York Times
“Frankly presents the dread background of the Nazi soul” – Philadelphia Review

It is a war of peoples against peoples; of civilized peoples contemplating the Light, against uncivilized barbarians who love the Darkness.
From the peoples of those nations that will hopefully rise to a new and better existential phase, bitter against the people of a nation who would retreat, enthusiastically, into shadowy eras. It is a struggle between the German nation and humanity.
The problem of Germanism should not be transmitted back to the next generation. The world must never again be forced and tortured on the German rack. Our is the problem; Our is the solution. The world has learned, with a knowledge born of tragedies too numerous, too horrible to remember, what, regardless of which leader or class governs Germany, the war will be waged against the world by this country, because the force that compels the action is an inseparable part of the collective soul of that nation.
When the day comes to settle the accounts in Germany, and it has to come, there will then be a single obvious answer. No statesman or politician, no leader responsible for post-war agreements, will have the right to consent, with a personal luxury of false feelings and speciosa santimonia and declare that, Germany, lost by its leaders, has the right to resurge !.
Peace can be generated, not merely conceived. But never as long as the wars persist. So, why do wars still exist?
Simply because it has not been impossible for them to be undertaken.
There is only one way to abolish wars: to impose a punishment of such horrible magnitude and frightful consequences on the aggressor peoples as to make it virtually impossible for any nation to begin a contest.
War must be fought not with weapons of increasing destruction but with punishments infinitely more frightening and risky than war itself.

The German has decided that his race has been chosen by God to rule in the contemporary world. Anyone who resists is an arrogant usurper who must be destroyed. The German makes a profession of wanting peace, but it must be a peace of his, according to the model of the Persian satrap, who full of love and concord, throws to the lions all those who dare to question him. His voice is husky and resonant; he does not argue but makes sweeping assertions throwing the law on the floor.
Germanism – it is the theory of a German Lords Race destined to enslave a weak world, by force and brutality – had been a doctrine elaborated by German beliefs, from its tribal days until the last part of the last century when it reached its maturity by becoming a vast and well-organized movement.
At first he pointed to Europe as the area of ​​the Living Space “Lebensraum” of Germany, but, after the success of the German army in 1870, he magnified and expanded his original statement by stating that the world was made to be conquered and dominated by Germany; that, through the imposition of war on the world, the German nation was destined to become the “super-state” of the universe, and to have its people in bondage.
With each successive world war that she plans, shapes and starts, Germany approaches, more and more, its goal of world domination. At present Hitler, who has tried merely to remedy the mistakes, which the preceding German leaders made, in their attempt to subjugate the world, can bring the German people very close to achieving their goal. And Hitler is not the last of the Führers!
How much misery, suffering, death and destruction will be necessary before it becomes clear to the world that no compromise with Germany will be, by itself, a sure guarantee that, immediately after, Germany can not embark on its crusade to dominate it.

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