En la orilla — Rafael Chirbes

Esta sin duda es la mejor novela sobre la crisis en España, orientada en el Levante, sin duda el lector que se atreva a adentrarse en ella no debe ser depresivo porque es una novela que no da atisbo de esperanza, Ahmed, Liliana y montones de personajes nos cortan la respiración y nos hacen partícipes de la basura social de los nuevos tiempos.
“En la orilla” es una novela demasiado cruel, demasiado demoledora, no cede ni un centímetro a la esperanza o a la alegría, todo en ella es desolador. No hay ni un ápice de amor o humor escondido entre sus páginas. Es imposible identificarse con ninguno de sus personajes, incluido el narrador. Chirbes describe sin piedad un montón de vidas grises, empapadas de amargura y de rencor, de suciedad y decrepitud. No sé qué pasará en la mitad que no he leído, pero creo que no quiero saberlo. Algunos dicen que “En la orilla” es la mejor novela que se ha escrito sobre la crisis económica y social que sufre España. Puede ser, pero hay que tener mucho valor para leerla. Y más todavía para escribirla si consideramos que para hacerlo, el autor ha tenido que convivir con esos personajes y habitar ese ambiente malsano mucho más tiempo del que yo he pasado leyéndola.
El manglar es el hogar de la podredumbre. El lugar donde los vivos se consumen lentamente. Allí conviven hombres y bestias moldeando sus almas con los limos del odio y el resentimiento. Después no queda nada, porque al barro nada le indigesta y corromperá los cuerpos hasta que se disuelvan por completo. Queda el olor, pestilente al principio, un vago aroma a las pocas semanas.
A la orilla del manglar viven los personajes de Chirbes. La novela se desarrolla en la España de la crisis, en un pueblo del mediterráneo levantino; cañas, barro, sol, babosas y sanguijuelas. Se acabaron los tiempos de la construcción y el pillaje. Ahora toca pagar las consecuencias, sobre todo a los más incautos. Entre ellos Esteban, un carpintero entrado en años, casi anciano, que vive con su padre, otrora un ser lejano y despótico, ora un guiñapo al que hay que hacerle de todo porque ha perdido la autonomía. Liliana es la huevona que les ayuda, la única luz de su vida. Francisco, el amigo de la adolescencia que robó a Esteban la novia y además es, asquerosa e injustamente rico.

Sin duda en los tiempos de crisis lo narra perfectamente:
“A qué aspira esta gente, qué creen ellos que puede hacer un hombre cuando tiene la nevera vacía. En el día a día, te atan los niños, la mujer; si no fuera por ellos harías todas las locuras, pero yo creo también que, cuando te ves con la soga al cuello, en ese momento explosivo, acaba pasando al revés: precisamente la mujer y los niños te arrastran a hacer esa locura que antes parece que te impedían hacer. Los que te salvaron te pierden. Te pierdes tú por culpa de ellos. Eres capaz de tirar de escopeta y sacarle la recaudación al charcutero del barrio para meter en la nevera unas pechugas…”
Todo ello regado de empresas abandonadas, con precintos y siempre con el sabor del carajillo o cognac de esos tiempos de antaño que no son tan lejanos.

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