Cisne, “yo fuí espía de Franco” — Luis M. González – Mata / “Swam” I Was Spy In Franco Regime by Luis M.González- Mata (spanish book edition)

Este es un magnífico libro sobre los agentes secretos,costó gran esfuerzo su publicación en nuestro idioma y sentí curiosidad mediante la escritora de investigación Cristina Martín Jiménez, de quien ya os hablo frecuentemente en el blog y recomiendo sus libros encarecidamente y como bien se dice en el libro poco tiene que ver con James Bond y más con la realidad. Lo único que justifica la existencia de los agentes secretos es el desorden público, y, así, para sobrevivir, alimentan ese desorden público con toda clase de escándalos y de atentados.
Es un agente secreto para Franco en Marruecos, Santo Domingo…
Franco adivinaba que, de apoyar a los franceses en Marruecos, perdería Marruecos con Francia. Si, por el contrario, ayudaba a los nacionalistas a reconquistar su país, aseguraría los intereses de España. Pero, dirán ustedes, ¿y si a pesar de todo Francia imponía su tutela? En ese caso, Franco cambiaría de criterio automáticamente. Ya estaba acostumbrado a eso. Era el movimiento favorito de su política exterior. ¿No había dejado a Hitler por los norteamericanos?.

Cuando Franco le llamaba a uno por su nombre, era un favor. Si se dirigía a alguno de sus colaboradores llamándole señor, o citaba a un oficial por su graduación, eso sonaba siempre como una advertencia.
En Santo Domingo Carrero Blano, le deja claras las directrices:
Aprovechará su situación cerca de Trujillo para ejercer ciertas presiones a fin de que el gobierno dominicano conceda a la Empresa Nacional Elcano los contratos para la construcción de barcos pesqueros.
—Además, se encargará de propiciar la sustitución de los camiones «Mack» y de los autobuses «Mercedes» por vehículos españoles «Pegaso».
—Luego, será preciso que obtenga para España contratos de importación de café, azúcar y tabaco dominicano.
—Y vigilará atentamente la inmigración y el exilio español en Santo Domingo.
—Al mismo tiempo, no perderá de vista las actividades del clero español en la isla. Corremos el riesgo de tener problema si adopta posturas políticas con respecto a España o al generalísimo Trujillo.

¿Qué decir del anticastrismo e intento de asesinato de Trujillo?.
los aviones dominicanos lanzaron en paracaídas armas para los guerrilleros anticastristas: dos mil quinientos fusiles ametralladores F.A.L., de construcción belga, aparatos de radio, tres hospitales de campaña hinchables, y municiones, muchas municiones.
—¡Misión cumplida! —exclamaron los pilotos a su regreso.
—¿No habéis observado nada anormal al sobrevolar Cuba?
—No, nada.
Si Trujillo se hubiese contentado con robar, raptar, eliminar, torturar, destrozar o machacar la República Dominicana, aún estaría vivo y en el poder. En el peor de los casos se encontraría exiliado, pero tendría en su poder los seiscientos cuarenta y dos millones de dólares que había reunido durante sus treinta años de dictadura.
Los norteamericanos conocían a Trujillo, y lo conocían tanto mejor cuanto que le habían ayudado a ascender. Estaban enterados de la forma en que había hecho crecer su República: con la matanza masiva de haitianos fronterizos, por cada uno de los cuales pagó cuarenta dólares al presidente de Haití. Sabían que algunos parlamentarios, incluso personajes allegados a la Casa Blanca, se dejaban comprar por Trujillo. No ignoraban la existencia de centros de interrogatorio en Santo Domingo, como el 40 de El Kilómetro 14.
Sí, hacía treinta años que los norteamericanos conocían todos los crímenes del doctor Trujillo, pero cuando se decidieron a actuar fue por razones de pura política económica.
La United Fruit se quejó un día a la C.I.A.
El doctor Trujillo había retirado a esta sociedad el monopolio de la explotación de los plátanos, del café y del cacao de la República Dominicana. Y, además, el dictador mantenía relaciones comerciales con países del Este, para evitar un chantaje económico por parte de los Estados Unidos.
Trujillo empezaba a adoptar una postura nacionalista.
Creó una empresa comercial, la Ultramar Dominicana, que empezó a importar material procedente de los países socialistas: las nuevas emisoras de Radio Caribe llegaron de Praga, se envió una misión económica a Moscú y el propio «Che» Guevara afirmó que Trujillo se había convertido en un amigo del pueblo cubano.
En Washington estaban a punto de estallar. ¡Con Cuba bastaba!.
Para que volvieran a la República Dominicana los dólares del generalísimo Trujillo, inventé la operación Vitaminas. ¿Por qué ese nombre? Ya no me acuerdo. Probablemente quise significar que la fortuna del antiguo dictador revitalizaría las finanzas dominicanas, o tal vez elegí la palabra al azar, abriendo un libro. Es preferible que veamos en qué consistía la operación.
—Si queremos recuperar los dólares, o lo que quede de ellos, hay que llevar a la República Dominicana a los hijos de Trujillo —expliqué a Héctor, el secretario y traidor.

Además de ocuparse de una operación de billetes falsos, Argelia como Delegado General de una sociedad de importación y exportación a la que llamaré HIMPEX. La originalidad brillaba por su ausencia: todo el mundo sabe que los servicios secretos camuflan preferentemente a sus hombres con sociedades y cargos similares a los míos. HIMPEX tenía la ventaja de existir realmente, aunque hubiera sido creada por el Alto Estado mayor. Su presidente, el entonces comandante Fernández, dirigía igualmente la División Acción de los Servicios secretos del Estado mayor. Por otra parte, HIMPEX realizaba auténticas operaciones comerciales, las cuales permitían la autofinanciación de ciertas operaciones en el extranjero.
HIMPEX mantenía relaciones con otras «firmas» del mismo ramo, que servían de tapadera a los Servicios secretos de otros países. Entre ellas merece destacarse la firma francesa SAFIEX, creada y dirigida por monsieur Foccard, eminencia gris del general De Gaulle.
—Éste es nuestro plan —decidieron los especialistas.
No sólo debía introducirme en el equipo dirigente de la III República española, sino que también debía hacer entrar en él al máximo número posible de nuestros servicios.
Luego, cuando considerara que controlaba suficientemente el «gobierno en el exilio», desencadenaría una especie de golpe de Estado contra su dirigente, el «general» Perea.
Era el centro de una verdadera red internacional de espionaje acerca de las finanzas, la política y los escándalos.
A partir de ese momento me ocupé de todo: con la conformidad de Madrid, informaba a Ben Bella de las relaciones comerciales o secretas que España mantenía desde hacía poco con los países del Este y con Cuba, solicitaba el apoyo de Franco en favor de Argelia con ocasión de la primera guerra entre Rabat y Argel y jugaba con informaciones calculadas que pasaban del Caudillo a Fidel Castro por intermedio de Ben Bella; en pocas palabras, favorecía los intercambios de servicios entre España y el Tercer mundo progresista, en beneficio de ambos. Es importante puntualizar que estas estrategias subterráneas estaban muy a menudo en contradicción con la política pública de los Estados y con sus recíprocas invectivas ideológicas.
Yo sabía demasiado para ser un simple delegado general de una sociedad de import-export, y Ben Bella no podía ignorarlo. Un día le hablé casi francamente:
—Señor presidente, no le ocultaré que mi oficio me lleva a entrevistarme con dirigentes españoles…
El jefe de Estado de Argelia no me respondió.
—Y que, a veces, son esos dirigentes quienes me proporcionan las informaciones que le traigo.
Ben Bella sonrió e hizo un gesto, como si le diera igual. En adelante, me testimonió una verdadera amistad. Yo era recibido en la presidencia cuando lo deseaba, el ministro del Interior exponía delante de mí los problemas políticos del país y los propios jefes de la Seguridad habían recibido la orden de colaborar sin reservas conmigo.
Eso era una enorme ventaja. La mayor parte de los funcionarios extranjeros, y todos aquellos que tenían relación con la política, se quejaban de estar constantemente vigilados por los Servicios secretos y la Seguridad militar argelina. Yo era casi el único que escapaba a esa vigilancia.

Madrid me había confiado tres misiones principales: penetrar en los medios gubernamentales argelinos (objetivo logrado), liquidar la III República Española y espiar a los soviéticos y los cubanos.
Tomé de nuevo contacto con los dirigentes de la III República Española. Estaba ya introducido en su Estado mayor gracias a mi reciente título de agregado naval de la Presidencia y, con toda naturalidad, pregunté al «general» Perea si podía reclutar algunos colaboradores adicionales.
—A quien usted desee, amigo mío —me respondió.
De estos colaboradores, sólo uno, al parecer, continúa todavía en activo, el abogado y periodista Antonio Cubillo. Llegado de París, donde trabajaba con nuestra antena en Francia, Cubillo fue introducido por mí en el seno de la III República, como «representante del Movimiento Autonomista Canario». Su colaboración fue importante.
Recluté igualmente a un agente de enlace: otro «antifranquista», que trabajaba en los servicios de control de la telefónica argelina. Al poco tiempo, todos los dirigentes republicanos tenían sus teléfonos sometidos a escucha.
Quedaban aún doce responsables de la administración republicana: tres meses después, cuatro de ellos pertenecían a la red de Cisne. Los ocho restantes, en función de sus simpatías políticas o económicas, trabajaban bien para la C.I.A bien para el K.G.B. o bien para los Servicios argelinos civiles o militares. La administración republicana, ese movimiento terrible y peligroso que Madrid me había enviado a destruir, no contaba con un solo verdadero republicano.
No obstante, había que terminar con los responsables políticos. Aparte mis agentes y los agentes de otros servicios, el Estado mayor de la III República estaba constituido por cuatro personajes: el «general» Perea, presidente; el «general» Navarro del Barrio (antiguo comunista y antiguo socialista, expulsado de todas partes), un conspirador oportunista de segunda categoría, manipulado por diversos servicios secretos; un comandante de Carabineros, digno de todo respeto, y, finalmente, un arquitecto, el coronel Reyes, antiguo líder anarquista, que fue jefe de la Brigada Tierra y Libertad.

Más misiones…¿recuerda usted las armas que el gobierno español entregó al F.L.N. durante la guerra de Argelia?
—Por supuesto. Intervine personalmente en una de las operaciones.
—Pues bien; recientemente nos hemos enterado de que una parte de esas armas se halla todavía almacenada en España y de que también hay buena cantidad en alguna parte del antiguo Marruecos español, a dos pasos de nuestras fronteras.
—¿Cómo es eso?
—Sencillamente, porque el alto el fuego entre Francia y Argelia se produjo demasiado pronto. Las armas no fueron utilizadas.
Yo comenzaba a entender:
—Y ahora quieren ustedes recuperarlas, ¿no es eso?
—Exactamente. Pero ignoramos dónde están escondidas y, por otra parte, los marroquíes también lo ignoran. Nuestro gobierno está inquieto: Argelia se considera socialista, y estas armas constituyen un equipo ideal para la guerrilla. En esos escondites hay toneladas de armas, y el día menos pensado Bumedien puede entregarlas a un movimiento revolucionario, a los separatistas vascos, por ejemplo. Basta con hacerles un plano de los escondites. Así, nuestros peores adversarios quedarían muy reforzados.

REPÚBLICA ARGELINA DEMOCRÁTICA Y POPULAR
Vistos los antecedentes del llamado González-Mata Lledó, Luis M.:
Visto que, durante su estancia en Argel, no ha ejercido ninguna actividad profesional que justifique su estancia;
Visto que fue detenido por los servicios de la Prefectura de Policía el 13 de diciembre de 1966 en
situación irregular;
Considerando el decreto n.º 8367/66;
El ministro del Interior decide la expulsión del territorio nacional argelino del llamado González-Mata Lledó, Luis M.
Argel, a 16 de diciembre de 1966.

Este texto indica que fui detenido el 13 de diciembre de 1966.
—¿Y bien? —dijo el comisario, asombrado.
—Yo no fui arrestado el 13 de diciembre de 1966, sino diecisiete meses antes.
—Pues sí que es curioso. No me informaron de su arresto hasta el 13 de diciembre de 1966 —añadió con una sonrisa.
Mi liberación era un hecho tan misterioso como mi dilatada detención, y confieso que jamás he comprendido las razones ni de la una ni de la otra.

Así, pues, la noche del 3 de enero de 1967 Khider sale de su casa a las 21:30 horas, sin avisar a los inspectores responsables de su seguridad. Le siguen su mujer y su primo. Atraviesa la calle.
Se dirige al aparcamiento en que había guardado su coche un cuarto de hora antes. Se acerca al vehículo, un Citroën DS 21. Se dispone a abrir la portezuela cuando un desconocido le aborda y se dirige a él en árabe:
—¿Eres Mohamed Khider? —pregunta el desconocido.
—Sí —contesta Khider.
—Yo soy argelino —prosigue el otro—, y quisiera hablar contigo.
—Ahora no. Tengo una cita urgente.
El desconocido saca una pistola P-38 Parabellum que lleva en la cintura y dispara cuatro veces.
El 9 de abril de 1966 los tribunales helvéticos dictan una sentencia asombrosa: reconocen solamente a Mohamed Khider como único propietario jurídico del tesoro del F.L.N. Es desestimada, pues, la demanda de Argel.
Mohamed Khider ha ganado.
Mientras tanto, en Argel, Bumedien ha derribado el régimen de Ben Bella y ha tomado el poder. El nuevo gobernante propone una reconciliación y suspende toda persecución contra Khider; pero incluso una tentativa de mediación fracasa.
El coronel Bumedien no tiene ya razones para tratar con miramientos a Khider.
El 3 de enero de 1967, en Madrid, alrededor de las 21,30 horas, Mohamed Khider cae asesinado.
El mismo día, el coronel Eduardo Blanco ordena el arresto de un tal Kapossi, un húngaro residente en Madrid.
¿Por qué hace arrestar a Kapossi? Porque en diciembre de 1966, un mes antes del crimen, Kapossi había pedido verle:
—Los argelinos conspiran para eliminar a Mohamed Khider —dijo el húngaro.
—¡Vaya! —contesta Blanco—. ¿Y cómo piensan hacerlo?
—Muy sencillamente, mi coronel. Piensan matarlo en Madrid, y utilizarán para ello a un individuo muy oscuro…
—¿Cómo se llama su individuo?
—González, mi coronel.
—¡González!
—Sí, González-Mata. Es un español actualmente detenido en Argelia, pero Bumedien ha conseguido ganarlo para su causa y le ha encargado esta misión.
El coronel Blanco no manifestó ninguna sorpresa. Cuando yo fui liberado de las cárceles argelinas, no me dijo nada. Pero hacía vigilar a Kapossi desde diciembre.
Detenido la noche del asesinato de Khider, Kapossi repitió la acusación.
—Ha sido González.
Cuando Blanco descubrió que yo había salido de España durante la noche del 3 al 4 de enero, algunas horas después de que se hubiera matado a Khider en Madrid, sospechó inmediatamente de mí.

En diciembre de 1968 Kissinger es nombrado consejero del presidente Nixon y decide desarticular la red de Riccord. Interviene ante el presidente Stroessner y pide que el traficante sea eliminado. Fracaso absoluto. Stroessner se niega a perder a Riccord.
Kissinger amenaza entonces con suspender la ayuda norteamericana a Paraguay —diez millones de dólares anuales— si Riccord no es detenido y entregado a Estados Unidos. Stroessner no contesta, porque los negocios de Riccord le proporcionan mucho más de esa cantidad al año.
Los norteamericanos multiplican las presiones, Paraguay teme por su economía y, en marzo de 1971, para calmar a Washington, Stroessner acepta por fin meter en la cárcel al traficante.
La celda de Riccord es tan grande como un salón. Está equipada con teléfono y con una emisora de radio. Riccord recibe a diez personas por día…
—Continúa su tráfico…
—Más que nunca. El centro de sus actividades se ha desplazado a Brasil y Riccord, desde la cárcel, dirige su empresa como si fuera un director general. ¡Qué manera de tomarnos el pelo ese presidente Stroessner!
Yo seguía sin ver por qué la C.I.A. necesitaba mis servicios. Devine prosiguió:
—Si el presidente Stroessner ha rechazado todas nuestras peticiones de extradición es porque, prácticamente, está asociado con Joseph Riccord: las operaciones de drogas le proporcionan beneficios, y nada podemos hacer. Ya que no conseguimos convencerle, ni comprarle, tenemos que asustarle.
—¿Y quieren que sea yo quien le asuste?
—Sí. Debemos amenazar a Stroessner en su único punto sensible: el poder. Si denunciamos un falso complot e implicamos en éste a Riccord, Stroessner se desembarazará de él.
—¿Y si fallamos?
—Entonces daremos un verdadero golpe de Estado.
Devine me facilitó el medio de encontrarle en Roma, donde debía prepararse la operación.
—Venga lo antes posible —me dijo— y telefonéeme al 32.16.05. Yo estaré allí esperando, ¿Tiene usted todavía papel con membrete de la Vanguardia Latinoamericana?
—¿De la V.L.A.? Sí, debe quedarme algo…
—Pues bien, llévelo a Roma; y lleve también todo lo que encuentre —sellos, sobres y carpetas— con las siglas de la V.L.A. o de cualquier otra organización revolucionaria.
Se está tramando un golpe de Estado, en el que sinceros nacionalistas son manipulados por elementos a sueldo de potencias extranjeras.
—¿Cuáles? —preguntó Martínez, excitado.
—Potencias que quieren sembrar el desorden en América Latina.
—Continúe.
—Está prevista la utilización de todos los medios: la subversión interior, el asesinato, la felonía y tropas procedentes del exterior, financiadas por hombres que a su vez reciben dinero de China.
—¿De China?
—Exacto. Los chinos se sirven de esos hombres para dirigir importantes redes de drogas, para hacer pasar el opio que se cultiva en el Oriente comunista.
—¡Pero eso es espantoso! —exclamó Martínez.
—Sí, excelencia, ha empleado usted la palabra justa. Yo he combatido contra el régimen de ustedes, pero pienso en esas pobres gentes del Paraguay, engañados por una conjura internacional…
El embajador Luis Martínez me pareció muy impresionado.
—¿Tiene usted pruebas escritas del complot?
—Las tengo.
—Enséñemelas.
—Más tarde. No quiero darle nada sin estar seguro de que a su presidente le interesa. Yo no soy un traidor. A cambio de mi información quiero la garantía de que no se perseguirá a los nacionalistas sinceros que han sido manipulados. De acuerdo con que repriman a los jefes y a los agentes extranjeros, pero no a esa buena gente que ha confiado en mí.
—¿Cuánto quiere usted por su dossier? —insistió el embajador.
—Nada. Es decir, sí: la promesa formal de que los nacionalistas sinceros no pagarán por los otros.
En junio de 1972, el presidente Stroessner decidió ahogar el complot sin más pérdida de tiempo, y se hizo con su supuesto organizador, el traficante Joseph Riccord. Concedió su extradición y le entregó a la Justicia norteamericana, que le perseguía desde tanto tiempo antes.
El 2 de septiembre de 1972 los agentes del F.B.I. se llevaron a Riccord.

Hoy me parece que el caso Guillaume fue más grave y más peligroso de lo que parecía en su momento. Afectó seriamente a las relaciones entre la Unión Soviética y Estados Unidos, así como a las que mantenían el K.G.B. y la C.I.A.; todos los servicios secretos occidentales se ocuparon de este caso, que terminó con la detención de Günther Guillaume, consejero de Willy Brandt y espía de Alemania del Este infiltrado en Alemania Federal.
Willy Brandt dimitió a consecuencia de lo ocurrido.
El caso Guillaume comenzó para mí en 1972, cuando el coronel Blanco me pidió que le echara una mano, y la C.I.A. me propuso que controlase a la vez a los Servicios españoles y franceses. Hacía ya casi un año que el coronel Blanco andaba devanándose los sesos detrás de este asunto.
A fines de 1971, una delegación del S.P.D., el partido socialista germano-occidental, en el poder, había acudido a Toulouse para mantener conversaciones con sindicalistas locales. A renglón seguido de la marcha de los socialistas alemanes, la policía francesa detuvo a los sindicalistas.
El topo, el espía solitario que actuaba en el círculo íntimo de Willy Brandt, era Günther Guillaume, el amigo del canciller, el hombre de confianza del partido socialista germano-occidental.
Estábamos en diciembre de 1972 y hubo que esperar diecisiete meses para que el asunto llegase a su término.
Los servicios secretos de la Alemania federal son advertidos sin pérdida de tiempo. No ocurre nada. En 1973 Günther Guillaume asciende en la jerarquía del poder: es autorizado a consultar los expedientes más confidenciales del gobierno alemán y recibe con regularidad el boletín de los Servicios especiales, que está reservado a sólo doce personalidades del gobierno.
La C.I.A. sigue por todas partes a Günther Guillaume. Pronto se da cuenta de que aquel hombre no posee una red, y de que nunca opera en Alemania. Solamente actúa en el extranjero, de un modo discreto e inteligente.
Siempre está dispuesto a viajar con las delegaciones de su partido.
En Navidad de 1972 está en Bruselas. Sube en el Trans-Europe-Express, con destino a París.
El S.D.E.C.E. ha reparado en él y avisa al contraespionaje.
—¿Guillaume? Apliquen el procedimiento número 2: seguimiento non stop durante toda su estancia en nuestro país.
Hacia el 15 de abril de 1974 anuncia que va a pasar unos días de vacaciones en la Costa Azul. Su esposa permanece en Bonn. Atraviesa la frontera sin ser registrado, lo que constituye un error porque Günther Guillaume lleva en su maleta la correspondencia cruzada entre el canciller Willy Brandt y Golda Meir durante la guerra del Kippur, varias notas de Nixon sobre Oriente Medio y documentos militares de la NATO.
En la Costa Azul nadie se oculta. Los agentes secretos alemanes utilizan coches con placas de la República Federal, los servicios franceses reemplazan a los empleados del hotel Résidence de France por hombres del S.D.E.C.E. y el propio Guillaume se reúne abiertamente con Valeria Kosakov, esposa del periodista soviético.
Guillaume entrega los documentos a Valeria Kosakov y se marcha. Valeria Kosakov es detenida por los franceses poco antes de llegar a la frontera italiana: le encuentran correspondencia de Willy Brandt a Golda Meir, y de Nixon a Willy Brandt. En cuanto a Günther Guillaume, regresa con toda naturalidad a Alemania Federal.
En el aeropuerto de Colonia es interpelado. Le interrogan y le registran. Le dejan en libertad. Vuelve a su casa.
Dos horas más tarde, agentes del «Grupo de Bonn» le echan el guante. El «Grupo de Bonn» es una especie de equipo de Incorruptibles, salido de los tres Servicios secretos federales. Willy Brandt no ha sido avisado.
Guillaume confiesa:
—Soy capitán del ejército de la República Democrática Alemana. Supongo que se respetará mi condición de oficial.
Willy Brandt queda abrumado por la traición de su amigo. Abandona el gobierno de la Alemania Federal y se retira. Se constituyen comisiones de investigación parlamentaria.
¿Quién era Günther Guillaume?
Se llamaba en realidad Peter Lohse. En 1956 Günther Guillaume pasó a la zona occidental, con otros muchos refugiados políticos.
Por aquellos días, un agente secreto germano-occidental instalado en la República Democrática Alemana redactó un informe en el que daba cuenta del alistamiento, por los servicios comunistas, de un espía destinado a la República Federal. Sólo conocemos la inicial de su apellido, decía el texto.
Esa inicial era la G.
El B.N.D. no hizo el menor caso del informe y lo encerró en el fondo de una caja fuerte.
Guillaume, ya en Occidente, consiguió el carnet del S.P.D., en el que fue durante mucho tiempo un simple militante. En 1969 se significó al apoyar a la derecha del partido contra los Jusos, los jóvenes socialistas de izquierda que se oponían a la dirección del partido. Fue así como se relacionó con Georg Leber, diputado y líder de la tendencia moderada de la socialdemocracia alemana.
Leber fue nombrado ministro de Defensa. Guillaume se ofreció como candidato a la secretaría de la Cancillería.
“Günther Guillaume es un verdadero topo. Carece de colaboradores y no dispone de enlace por radio desde Alemania. No contacta con sus cómplices del Este más que en el extranjero, a través de las delegaciones del S.P.D., y así resulta realmente difícil poner en duda que se trate de viajes oficiales. Sólo le cogerán tras una confabulación general de todos los servicios secretos occidentales.
Quedan varias preguntas: ¿Por qué no huyó Guillaume al sentirse acosado? ¿Por qué se le detuvo sin la menor discreción? ¿Por qué el B.N.D. le persiguió de un modo casi público, como si quisiera alertarle?
Günther Guillaume no huyó. Cuando se encontró con su corresponsal soviética Valeria Kosakov en la Costa Azul, ésta le llevaba un pasaporte diplomático italiano, con su fotografía. No se lo entregó: entre tanto, las autoridades soviéticas habían ordenado que Guillaume se hiciese arrestar.
¿Por qué?, porque la URSS creía que la detención de Guillaume llevaría consigo la dimisión de su amigo el canciller Brandt.
La República Democrática Alemana se desprendió gustosamente de Günther Guillaume: creo que éste no era el único topo introducido en el gobierno germano-occidental. Su servicio dejó que le detuvieran para proteger a otro personaje, todavía desconocido, el cual, en un lugar más elevado que Guillaume, prosigue su misión.

This is a great book about secret agents, it cost great effort to publish them in our language and I was curious by the investigative writer Cristina Martín Jiménez, of whom I have already spoken to you frequently on the blog and I highly recommend her books and as it is well said in the book has little to do with James Bond and more with reality. The only thing that justifies the existence of the secret agents is the public disorder, and, thus, to survive, they feed this public disorder with all sorts of scandals and attacks.
He is a secret agent for Franco in Morocco, Santo Domingo …
Franco guessed that, to support the French in Morocco, he would lose Morocco with France. If, on the contrary, it helped the nationalists to reconquer their country, it would assure the interests of Spain. But, you will say, and if in spite of everything France imposed its tutelage? In that case, Franco would change criteria automatically. I was already used to that. It was the favorite movement of his foreign policy. Had not he left Hitler for the Americans?

When Franco called you by his name, it was a favor. If he went to one of his collaborators calling him sir, or quoted an officer because of his graduation, that always sounded like a warning.
In Santo Domingo Carrero Blano, he makes clear the guidelines:
He will take advantage of his situation near Trujillo to exercise certain pressures so that the Dominican government grants the Elcano National Company contracts for the construction of fishing boats.
-In addition, it will be responsible for promoting the replacement of “Mack” trucks and “Mercedes” buses with Spanish “Pegaso” vehicles.
-Then, it will be necessary for you to obtain contracts for imports of coffee, sugar and Dominican tobacco for Spain.
-And he will closely monitor immigration and Spanish exile in Santo Domingo.
-At the same time, you will not lose sight of the activities of the Spanish clergy on the island. We run the risk of having a problem if it adopts political positions with respect to Spain or Generalissimo Trujillo.

What can we say about Trujillo’s anti-Castro and attempted assassination?
the Dominican airplanes parachuted weapons for the anti-Castro guerrillas: two thousand five hundred F.A.L machine guns, of Belgian construction, radios, three inflatable field hospitals, and ammunition, many ammunition.
-Mission accomplished! The pilots exclaimed on their return.
-Did you observe anything abnormal when flying over Cuba?
-No, nothing.
If Trujillo had been content to steal, kidnap, eliminate, torture, destroy or crush the Dominican Republic, he would still be alive and in power. In the worst case, he would be exiled, but he would have in his possession the six hundred and forty-two million dollars he had collected during his thirty years of dictatorship.
The Americans knew Trujillo, and they knew him better because they had helped him to ascend. They were aware of the way in which he had made his Republic grow: with the mass slaughter of border Haitians, for each of which he paid forty dollars to the president of Haiti. They knew that some parliamentarians, including people close to the White House, were allowed to buy by Trujillo. They did not ignore the existence of interrogation centers in Santo Domingo, such as 40 of El Kilómetro 14.
Yes, thirty years ago Americans knew all the crimes of Dr. Trujillo, but when they decided to act was for reasons of pure economic policy.
United Fruit complained one day to the C.I.A.
Dr. Trujillo had withdrawn from this society the monopoly of the exploitation of bananas, coffee and cocoa in the Dominican Republic. And, in addition, the dictator maintained commercial relations with countries of the East, to avoid an economic blackmail on the part of the United States.
Trujillo was beginning to adopt a nationalist stance.
He created a commercial company, the Dominican Ultramarine, which began importing material from the socialist countries: the new radio stations of Radio Caribe arrived from Prague, an economic mission was sent to Moscow, and “Che” Guevara himself said that Trujillo had become in a friend of the Cuban people.
In Washington they were about to explode. With Cuba it was enough !.
In order for the dollars of Generalissimo Trujillo to return to the Dominican Republic, I invented the Vitamins operation. Why that name? I do not remember anymore. I probably wanted to mean that the fortune of the old dictator would revitalize Dominican finances, or maybe I chose the word at random, opening a book. It is preferable that we see what the operation consisted of.
“If we want to recover the dollars, or whatever remains of them, we must take the children of Trujillo to the Dominican Republic,” I explained to Hector, the secretary and traitor.

In addition to dealing with an operation of counterfeit notes, Algeria as General Delegate of an import and export company that I will call HIMPEX. The originality was conspicuous by its absence: everyone knows that the secret services camouflage preferentially their men with societies and positions similar to mine. HIMPEX had the advantage of actually existing, even if it had been created by the High General Staff. Its president, the then commander Fernandez, also directed the Action Division of the secret services of the General Staff. On the other hand, HIMPEX carried out authentic commercial operations, which allowed the self-financing of certain operations abroad.
HIMPEX maintained relations with other “firms” of the same branch, which served as cover for the secret services of other countries. These include the French firm SAFIEX, created and directed by Monsieur Foccard, the eminence of General de Gaulle.
-This is our plan -the specialists decided.
Not only was I to enter the leading team of the Third Spanish Republic, but I also had to bring it into the maximum possible number of our services.
Then, when he considered that he controlled the “government in exile” sufficiently, he would unleash a kind of coup against his leader, the “general” Perea.
It was the center of a real international network of espionage about finance, politics and scandals.
From that moment on, I took care of everything: with the agreement of Madrid, I informed Ben Bella of the commercial or secret relations that Spain had recently maintained with the countries of the East and with Cuba, requested the support of Franco in favor of Algeria. on the occasion of the first war between Rabat and Algiers and played with calculated information that went from the Caudillo to Fidel Castro through Ben Bella; in short, it favored the exchange of services between Spain and the progressive Third World, for the benefit of both. It is important to point out that these subterranean strategies were very often in contradiction with the public policy of the States and with their reciprocal ideological invectives.
I knew too much to be a simple general delegate of an import-export society, and Ben Bella could not ignore it. One day I spoke to him almost frankly:
– Mr. President, I will not hide from you that my office leads me to meet with Spanish leaders …
The head of state of Algeria did not answer me.
-And that, sometimes, it is those leaders who provide me with the information I bring to you.
Ben Bella smiled and made a gesture, as if he did not care. From then on, I witnessed a true friendship. I was received in the presidency when I wished, the Minister of the Interior exposed before me the political problems of the country and the own heads of the Security had received the order to collaborate without reservations with me.
That was a huge advantage. Most of the foreign officials, and all those who had a connection with politics, complained about being constantly monitored by the secret services and military security of Algeria. I was almost the only one who escaped that surveillance.

Madrid had entrusted me with three main missions: penetrate the Algerian government media (objective achieved), liquidate the III Spanish Republic and spy on the Soviets and Cubans.
I made contact again with the leaders of the III Spanish Republic. He was already introduced to his staff by my recent title of naval attaché to the Presidency, and I naturally asked “General” Perea if he could recruit some additional collaborators.
-Whoever you wish, my friend, he replied.
Of these collaborators, only one, apparently, is still active, the lawyer and journalist Antonio Cubillo. Arrived from Paris, where he worked with our antenna in France, Cubillo was introduced by me into the heart of the Third Republic, as “representative of the Canarian Autonomist Movement”. Your collaboration was important.
I also recruited a liaison agent: another «anti-Francoist», who worked in the control services of the Algerian telephone company. Soon, all the republican leaders had their phones subjected to listening.
There were still twelve responsible for the republican administration: three months later, four of them belonged to the network of Cisne. The remaining eight, depending on their political or economic sympathies, worked well for C.I.A well for K.G.B. or for the Algerian civil or military services. The republican administration, that terrible and dangerous movement that Madrid had sent me to destroy, did not have a single true republican.
However, we had to finish with the political leaders. Apart from my agents and agents of other services, the General Staff of the III Republic was constituted by four characters: the “general” Perea, president; the “general” Navarro del Barrio (former communist and former socialist, expelled from all sides), a second-rate opportunist conspirator, manipulated by various secret services; a commander of Carabineros, worthy of all respect, and, finally, an architect, Colonel Reyes, former anarchist leader, who was head of the Tierra y Libertad Brigade.

More missions … do you remember the weapons that the Spanish government delivered to the F.L.N. during the war in Algeria?
-Of course. I personally intervened in one of the operations.
-As well; recently we have learned that a part of these weapons is still stored in Spain and that there is also a good amount in some part of the old Spanish Morocco, two steps from our borders.
-How is that?
– Simply, because the cease-fire between France and Algeria came too soon. The weapons were not used.
I was beginning to understand:
-And now you want to recover them, is not that?
-Exactly. But we do not know where they are hidden and, on the other hand, the Moroccans also ignore it. Our government is restless: Algeria considers itself a socialist, and these weapons constitute an ideal team for the guerrillas. In those hiding places there are tons of weapons, and the least expected day Bumedien can deliver them to a revolutionary movement, to the Basque separatists, for example. Just make them a plan of the hiding places. Thus, our worst adversaries would be very reinforced.
DEMOCRATIC AND POPULAR ARGELINE REPUBLIC
Given the background of the so-called González-Mata Lledó, Luis M .:
Given that, during his stay in Algiers, he has not exercised any professional activity that justifies his stay;
Given that he was arrested by the services of the Prefecture of Police on December 13, 1966 in
irregular situation;
Considering Decree No. 8367/66;
The Minister of the Interior decides the expulsion of the Algerian national territory from the so-called González-Mata Lledó, Luis M.
Algiers, on December 16, 1966.
This text indicates that I was arrested on December 13, 1966.
-And good? Said the Commissioner, amazed.
-I was not arrested on December 13, 1966, but seventeen months before.
-Well, it’s funny. They did not inform me of his arrest until December 13, 1966, “he added with a smile.
My liberation was as mysterious as my long detention, and I confess that I have never understood the reasons either of one or the other.

Thus, on the night of January 3, 1967, Khider leaves his house at 9:30 p.m., without informing the inspectors responsible for his safety. He is followed by his wife and cousin. Cross the street.
He goes to the parking lot where he had stored his car a quarter of an hour before. He approaches the vehicle, a Citroën DS 21. He prepares to open the door when a stranger approaches him and speaks to him in Arabic:
– Are you Mohamed Khider? Asks the stranger.
“Yes,” replies Khider.
“I’m Algerian,” the other goes on, “and I’d like to talk to you.
-Not now. I have an urgent appointment.
The stranger pulls a P-38 Parabellum pistol from his waist and fires four times.
On April 9, 1966 the Swiss courts issued an amazing sentence: they only recognize Mohamed Khider as the sole legal owner of the treasury of the F.L.N. The demand of Algiers is therefore rejected.
Mohamed Khider has won.
Meanwhile, in Algiers, Bumedien has overthrown the Ben Bella regime and has taken power. The new ruler proposes a reconciliation and suspends all persecution against Khider; but even an attempt at mediation fails.
Colonel Bumedien no longer has reason to deal with Khider with regard.
On January 3, 1967, in Madrid, around 9:30 pm, Mohamed Khider was killed.
On the same day, Colonel Eduardo Blanco ordered the arrest of a certain Kapossi, a Hungarian resident of Madrid.
Why does he arrest Kapossi? Because in December of 1966, a month before the crime, Kapossi had asked to see him:
“The Algerians conspire to eliminate Mohamed Khider,” said the Hungarian.
-Wow! White answers. And how do you plan to do it?
Very simply, my colonel. They plan to kill him in Madrid, and they will use a very dark individual for that …
– What’s your name called?
-González, my colonel.
-González!
-Yes, González-Mata. He is a Spaniard currently detained in Algeria, but Bumedien has managed to win him for his cause and has entrusted him with this mission.
Colonel Blanco showed no surprise. When I was released from the Algerian prisons, he did not say anything to me. But he had watched Kapossi since December.
Detained the night of Khider’s murder, Kapossi repeated the accusation.
– It’s been Gonzalez.
When Blanco discovered that I had left Spain during the night of 3 to 4 January, a few hours after Khider had been killed in Madrid, he immediately suspected me.

In December of 1968 Kissinger is named adviser of the president Nixon and decides to dismantle the network of Riccord. He intervenes with President Stroessner and asks that the trafficker be eliminated. Absolute failure Stroessner refuses to lose Riccord.
Kissinger then threatens to suspend US aid to Paraguay-ten million dollars a year-if Riccord is not arrested and handed over to the United States. Stroessner does not answer, because Riccord’s businesses provide much more than that amount per year.
The Americans multiply the pressures, Paraguay fears for its economy and, in March of 1971, to calm Washington, Stroessner finally accepts to put the trafficker in jail.
Riccord’s cell is as big as a living room. It is equipped with a telephone and a radio station. Riccord receives ten people per day …
-Continue your traffic …
-More than ever. The center of its activities has moved to Brazil and Riccord, from prison, runs his company as if he were a general manager. What a way to tease that President Stroessner!
I still did not see why the C.I.A. I needed my services. Devine continued:
-If President Stroessner has rejected all our requests for extradition, it is because he is practically associated with Joseph Riccord: drug operations provide benefits, and nothing can be done. Since we can not convince him or buy him, we have to scare him.
“And do you want me to scare you?
-Yes. We must threaten Stroessner in his only sensitive point: power. If we denounce a false plot and involve Riccord in it, Stroessner will get rid of him.
– What if we fail?
-Then we will give a real coup d’etat.
Devine gave me the means to meet him in Rome, where the operation should be prepared.
“Come as soon as possible,” he told me, “and telephone me on 32.16.05. I’ll be there waiting, do you still have letterhead paper from the Latin American Vanguard?
– Of the V.L.A.? Yes, there must be something left …
-Well, take it to Rome; and also carry everything you find-stamps, envelopes and folders-with the initials of the V.L.A. or of any other revolutionary organization.
A coup d’état is being plotted, in which sincere nationalists are manipulated by elements paid by foreign powers.
-Which? Martinez asked, excited.
-Potencies that want to sow disorder in Latin America.
-Continue.
-The use of all means is foreseen: internal subversion, murder, felony and troops from abroad, financed by men who in turn receive money from China.
-From China?
-Exact. The Chinese use these men to lead important drug networks, to pass off the opium cultivated in the Communist East.
– But that’s awful! Martinez exclaimed.
Yes, Excellency, you have used the right word. I have fought against your regime, but I think of those poor people of Paraguay, deceived by an international plot …
Ambassador Luis Martinez seemed very impressed.
– Do you have written evidence of the plot?
-I have them.
– Teach me.
-Later. I do not want to give you anything without being sure that your president is interested. I’m not a traitor. In exchange for my information I want the guarantee that sincere nationalists who have been manipulated will not be persecuted. Agree that they repress the bosses and foreign agents, but not those good people who have trusted me.
– How much do you want for your dossier? The ambassador insisted.
-Nothing. That is, yes: the formal promise that sincere nationalists will not pay for the others.
In June 1972, President Stroessner decided to drown the plot without further loss of time, and took his alleged organizer, the dealer Joseph Riccord. He granted his extradition and handed him over to the US Justice, which had been persecuting him for so long before.
On September 2, 1972 the agents of F.B.I. They took Riccord.

Today it seems to me that the Guillaume case was more serious and more dangerous than it seemed at the time. It seriously affected relations between the Soviet Union and the United States, as well as those that maintained the K.G.B. and C.I.A .; all Western secret services dealt with this case, which ended with the arrest of Günther Guillaume, counselor of Willy Brandt and spy of East Germany infiltrated in Federal Germany.
Willy Brandt resigned as a result of what happened.
Willy Brandt resigned as a result of what happened.
The Guillaume case started for me in 1972, when Colonel Blanco asked me to lend him a hand, and the C.I.A. He proposed that I control the Spanish and French Services at the same time. It had been almost a year since Colonel Blanco had been racking his brains behind this matter.
At the end of 1971, a delegation from the S.P.D., the German-Western Socialist party, in power, had come to Toulouse to hold talks with local trade unionists. Following the departure of the German Socialists, the French police arrested the trade unionists.
The mole, the solitary spy who acted in the inner circle of Willy Brandt, was Günther Guillaume, the friend of the chancellor, the man of confidence of the West German socialist party.
We were in December 1972 and we had to wait seventeen months for the matter to come to an end.
The secret services of federal Germany are warned without loss of time. Nothing happens. In 1973 Günther Guillaume rises in the hierarchy of power: he is authorized to consult the most confidential files of the German government and regularly receives the bulletin of Special Services, which is reserved for only twelve government figures.
The C.I.A. he follows Günther Guillaume everywhere. Soon he realizes that this man does not own a network, and that he never operates in Germany. It only acts abroad, in a discreet and intelligent way.
He is always willing to travel with the delegations of his party.
At Christmas of 1972 he is in Brussels. Climb on the Trans-Europe-Express, bound for Paris.
The S.D.E.C.E. has repaired him and warns the counterintelligence.
– Guillaume? Apply procedure number 2: non stop tracking throughout your stay in our country.
On April 15, 1974, he announced that he was going to spend a few days on the Costa Azul. His wife remains in Bonn. It crosses the border without being registered, which is an error because Günther Guillaume carries in his suitcase the cross-correspondence between Chancellor Willy Brandt and Golda Meir during the Kippur War, several Nixon notes on the Middle East and NATO military documents.
On the Costa Azul nobody hides. The German secret agents use cars with license plates from the Federal Republic, the French services replace the employees of the Résidence de France hotel with men from the S.D.E.C.E. and Guillaume himself meets openly with Valeria Kosakov, wife of the Soviet journalist.
Guillaume delivers the documents to Valeria Kosakov and leaves. Valeria Kosakov is arrested by the French shortly before reaching the Italian border: they find Willy Brandt correspondence to Golda Meir, and from Nixon to Willy Brandt. As for Günther Guillaume, he returns quite naturally to Federal Germany.
In the airport of Cologne is questioned. They interrogate him and they register him. They leave him free. Go back to your house.
Two hours later, agents from the “Bonn Group” put their gloves on him. The “Bonn Group” is a kind of Incorruptible team, coming from the three Federal Secret Services. Willy Brandt has not been notified.
Guillaume confesses:
– I am captain of the army of the German Democratic Republic. I suppose my status as an officer will be respected.
Willy Brandt is overwhelmed by his friend’s betrayal. He leaves the government of Federal Germany and withdraws. Parliamentary investigation committees are constituted.
Who was Günther Guillaume?
It was actually called Peter Lohse. In 1956 Günther Guillaume went to the western area, with many other political refugees.
In those days, a secret German-Western agent installed in the German Democratic Republic wrote a report in which he reported the enlistment, by the communist services, of a spy destined for the Federal Republic. We only know the initial of his surname, the text said.
That initial was G.
The B.N.D. He ignored the report and locked it in the bottom of a safe.
Guillaume, already in the West, got the ID card of the S.P.D., in which he was for a long time a simple militant. In 1969 it was meant by supporting the right of the party against the Jusos, the young left socialists who opposed the leadership of the party. It was as well as it was related to Georg Leber, deputy and leader of the moderate tendency of the German social democracy.
Leber was appointed Minister of Defense. Guillaume volunteered as a candidate for the secretariat of the Foreign Ministry.
“Günther Guillaume is a true mole. It lacks collaborators and does not have a radio link from Germany. It does not contact its accomplices from the East more than abroad, through the delegations of the S.P.D., and thus it is really difficult to doubt that it is official travel. They will only catch you after a general conspiracy of all Western secret services.
There remain several questions: Why did not Guillaume flee when he was harassed? Why was he stopped without any discretion? Why the B.N.D. He pursued him in an almost public way, as if he wanted to alert him?
Günther Guillaume did not flee. When he met his Soviet correspondent Valeria Kosakov on the French Riviera, she brought him an Italian diplomatic passport with his photograph. He did not give it to him: meanwhile, the Soviet authorities had ordered Guillaume to be arrested.
Why? Because the USSR believed that the arrest of Guillaume would lead to the resignation of his friend Chancellor Brandt.
The German Democratic Republic gladly detached itself from Günther Guillaume: I believe that this was not the only mole introduced into the West Germanic government. His service allowed him to be detained in order to protect another character, still unknown, who, in a place higher than Guillaume, continues his mission.

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