La clave Embassy — Patricia Martínez De Vicente

Sin duda esta novela a partir de un cuaderno familiar de la autora que encontró como 1942, nos da una visión de como se movían los hilos en el elegante café Embassy en Madrid regentado señora Taylor. El padre de la autora fue muy importante en salvar vidas de desahuciados sin taquígrafos donde se nos pone en antecedentes del SOE o MI5… La gran importancia del doctor Eduardo Martínez Alonso, donde recibirá medallas por su valor.

En un comienzo con el matrimonio de Lalo, nos adentra a través de Vigo en como este hombre en la Cruz Roja salvaba vidas, que decir de el funciomiento de los Servicios Especiales (SOE), Lisboa…
Margarita Taylor tuviera que enfrentarse a nadie, oficial u oficiosamente, ni que llegaran a clausurarle Embassy por ningún motivo, aunque su condición de extranjera la protegiera. Eso mismo, precisamente, podía ser motivo suficiente para haberla puesto despiadadamente en la frontera y no lo hicieron. ¿Sabía realmente el Gobierno a qué se dedicaba la Sra. Taylor en sus salones madrileños durante la posguerra, además de servirle el té a los europeos más elegantes a su paso por Madrid? Eso queda por descubrir aún.
Margarita vivió dignamente desde 1929, hasta el fin de sus días en Madrid, donde hoy descansa en paz, sin que nadie la extorsionara. Por si fuera poco, aún con Franco en el poder y siendo súbdita británica, la condecoraron con la Medalla del Trabajo por su larga y ejemplar labor en su propio establecimiento. ¿Cuántas españolas conocemos que se hayan ganado esta distinción merecidamente hasta el día de hoy? No tendría tan malas referencias la Sra. Taylor en un tiempo de intransigencias cuando en los años 60 la elogiaron hasta ese punto.

Qué decir sobre la calamitosa situación de los prisioneros en Miranda de Ebro al acabar la Guerra Civil. Junto a los presos rezagados del fin de ésta, en abril del 39, el relevo europeo aumentó patetismo a un escenario ya escabroso de por sí. Escasos de alimentos, ropa y medicinas, desinformados del mundo exterior, corriendo el riesgo de ser deportados o fusilados y aislados de todo que no fuera su propio terror, la perspectiva de un futuro incierto, o caer enfermos por la escasez generalizada, la falta de higiene y el hacinamiento, aquellos hombres vivían una incertidumbre constante. Hambre, pavor, angustia, incomunicación. Era indudable que había que buscarles salidas para, sino solucionar, al menos aliviarles del drama a los más de tres mil hombres recluidos en un espacio inicialmente previsto para quinientos. Además de intentar sacarlos de ahí como fuera, mi padre organizó una ruta hacia Portugal, por Aranda de Duero, para llegar hasta nuestra casa de Redondela y darles salida hacia el Atlántico.

Embassy sigue donde estaba, pero se ha ampliado hasta tres locales en otras zonas de Madrid. Otras generaciones de madrileños, otras clases sociales y una renovada población, ocupada en unos menesteres muy diferentes a los de sus abuelos, aún disfrutan de un ambiente exclusivo y con una decoración renovada, donde el mejor té de Madrid y la misma distinción siguen caracterizando el lugar.

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