Disfraces del leviatán — Juan Carlos Monedero / Leviathan Costumes by Juan Carlos Monedero (spanish book edition)

Este libro es una crítica al neoliberalismo desde su perspectiva, la del autor con referencias a Gramsci. Sin embargo los anexos finales con verborrea sobre los estados sudamericanos, excepto que por Venezuela le publicase el libro no veo el interés. Por momentos el ritmo es aburrido y le hace perder interés aunque interesante.
Hoy tenemos nuestro propio monstruo: se llama neoliberalismo. Sus leyes raciales son las que separan con muros visibles o invisibles a los que tienen de los que no tienen. Sus Congresos de Nüremberg son las reuniones del G8 y de la OMC, del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, las Cumbres de Davos y de la Trilateral. Su rechazo irracional al saber y a la cultura, los programas televisivos y el negocio del entretenimiento. Sus campos de concentración, los guettos, a veces del tamaño de un continente…
No es posible un buen análisis del neoliberalismo sin entender la globalización, y no es posible un buen análisis de la globalización sin una buena conceptualización del Estado. La autoridad del Estado moderno procede de su promesa de servir a los intereses generales, de representar las promesas lanzadas por la Ilustración de libertad, igualdady fraternidad. Esa autoridad de quien atiende el bien común, a lo colectivo, es la fuente de su poder legítimo. El aparato estatal, esa constelación de instituciones, burocracia, Gobierno, Parlamentos, ejércitos, judicaturas, leyes y discursos entrelazados con cada sociedad, es el encargado de aplicar ese poder al servicio de los intereses generales. En la autoridad para cumplir con el interés común se encuentra la base de la obligación política. Por eso, principalmente, se obedece al Estado.
Esta globalización no es única. A la par que ella y en gran medida como reacción a ella está emergiendo otra globalización, constituida por las redes y alianzas transfronterizas entre movimientos, luchas y organizaciones locales o nacionales que se movilizan en los diferentes lugares del globo para luchar contra la exclusión social, la precarización del trabajo, el declive de las políticas públicas, la destrucción del medio ambiente y de la biodiversidad, el desempleo, las violaciones de los derechos humanos, las pandemias, los odios interétnicos producidos directa o indirectamente por la globalización neoliberal.
Hay, por tanto, una globalización alternativa, contra-hegemónica, organizada desde la base hacia la cumbre de las sociedades.

En el imperio de la vergüenza, gobernado por la penuria organizada, la guerra ya no es episódica, es permanente.
Ya no constituye una crisis, una patología, sino la normalidad. Ya no equivale a un eclipse de la razón — como decía Horkheimer -, es la razón de ser misma del imperio. Los señores de la guerra económica no olvidan nada en su control del planeta. Atacan el poder normativo de los estados, disputan la soberanía popular, subvierten la democracia, asolan la naturaleza, destruyen a los hombres y sus libertades. La liberalización de la economía, la “mano invisible” del mercado forman su cosmogonía; la potenciación al máximo de los beneficios, es su práctica. Llamo violencia estructural a esta práctica.
El ingreso total de los 500 individuos más ricos del mundo es superior al ingreso de los 416 millones más pobres. Más allá de estos extremos, los 2.500 millones de personas que viven con menos de dos dólares al día —y que representan el 40% de la población mundial- obtienen sólo el 5% del ingreso mundial. El 10% más rico, casi todos ellos habitantes de los países de ingresos altos, consigue el 54%.

Los valores neoliberales hay que entenderlos dentro de una compleja gama de causas:
•    Las necesidades de acumulación capitalista, donde el Estado nacional se había convertido en un corsé que había que superar. Por eso, la tarea fundamental le va a corresponder a dos instancias que no necesitan patria: las multinacionales y el sector financiero (de hecho, los prestamistas siempre fueron “internacionales”).
•    La profundización en los valores individualistas propios del capitalismo (al igual que la realidad socialista llevó a la radicalización de los valores colectivistas inscritos en su ánimo social), que exacerbaron la figura del individuo.
•    La respuesta a la presión del socialismo realmente existente y al credo emanado del marxismo-leninismo soviético, que radicalizó y justificó el individualismo (Ayn Rand, Hayek, Von Mises).
•    Todo esto posibilitado por un desarrollo tecnológico y una oferta productiva y comunicativa que ahonda en el fragmento:
–    Los medios de comunicación, encargados de ofertar pan y circo en un momento de debilitamiento de la labor de control de la iglesia y de los mecanismos tradicionales de la escuela y el ejército como factores de socialización.
–    El crecimiento de la economía de servicios, que disuelve la fábrica como espacio de creación de contrapoder y fragmenta las luchas (crisis del sindicalismo).
–    La enorme producción de bienes, con la promesa universal de que cualquiera puede ser un rey o una reina, expresada en un supuesto acceso a bienes que antaño sólo podían consumir las clases más privilegiadas.

La globalización es la culminación de un proceso de vaciamiento de la democracia entendida como participación popular y gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Las presiones elitistas, interesadas en crear democracias de baja intensidad que no frenaran la rearticulación capitalista, encontraron en los procesos globalizadores razones para sacar legalmente fuera del proceso electoral facetas amplias de la vida pública (por ejemplo, buena parte de la política monetaria). La capacidad de influencia popular en el poder político ha ido disminuyendo a lo largo de las diferentes fases de construcción de la democrática.

El Estado es tan relevante porque es la máquina más perfecta de conseguir obediencia. Y la pregunta más relevante de la ciencia política es ¿Por qué obedecemos? Es el problema clásico de la obediencia política, ya planteado por Platón con su diálogo con el torpe Trasimaco quien pensaba que basta la mera fuerza, la violencia, para conseguir obediencia. La respuesta a las razones de la obediencia política tiene que ver con cuaatro elementos:
(1)    la coacción;
(2)    la creencia en la legitimidad del poder (legitimidad que, vista en tipos ideales, puede ser tradicional —referida a un orden que viene del pasado-, carismática —referida a una cualidad extra ordinaria que se atribuye a quien manda- o legal-racional —que cumple con los procedimientos para poder mandar-;
(3)    por formar parte de la inclusión y acceder a las ventajas de la vida social —tener derechos civiles, políticos, sociales y de identidad-;
(4)    por mera rutina (es decir, no hay en el honrizonte alternativas factibles y con un costo asumible).

A partir del 11 de septiembre Estados Unidos, con un presidente que solventaba con la guerra los problemas de legitimidad con los que había iniciado su mandato debido a los problemas del escrutinio en Florida (donde otra decisión judicial podría haber entregado la presidencia al candidato demócrata Al Gore), reconducía la marcha del mundo en un escenario de recesión económica, con una nueva ronda de la Organización Mundial del Comercio que incorporaba a China y sus, entonces, más de mil trescientos millones de consumidores a la economía global, y en un impulso de rearticulación global roto por la unilateralidad de determinadas decisiones estadounidenses tomadas antes del 11 de septiembre.
En los últimos años Estados Unidos ha intentado (o ha dado la impresión de intentar) más o menos unilateralmente, entre otras cosas, las siguientes: ejercer presión para que otros países adoptaran los criterios y las prácticas norteamericanas con respecto a los derechos humanos y la democracia; impedir que otros países adquirieran recursos militares que pudieran contrarrestar lasuperioridad convencional de Estados Unidos; aplicar extraterritorialmente en otras sociedades la ley estadounidense.

This book is a critique of neoliberalism from his perspective, that of the author with references to Gramsci. However the final annexes with verbiage about the South American states, except that Venezuela published the book I do not see the interest. At times the pace is boring and makes him lose interest, although interesting.
Today we have our own monster: it is called neoliberalism. Its racial laws are those that separate with visible or invisible walls those that have of those that do not have. Its Nüremberg Congresses are the meetings of the G8 and the WTO, the World Bank and the International Monetary Fund, the Summits of Davos and the Trilateral. His irrational rejection of knowledge and culture, television programs and the entertainment business. Its concentration camps, the ghettos, sometimes the size of a continent …
A good analysis of neoliberalism is not possible without understanding globalization, and a good analysis of globalization without a good conceptualization of the State is not possible. The authority of the modern State comes from its promise to serve the general interests, to represent the promises made by the Enlightenment of freedom, equality and fraternity. That authority of the one who attends to the common good, to the collective, is the source of its legitimate power. The state apparatus, that constellation of institutions, bureaucracy, government, parliaments, armies, judiciaries, laws and discourses intertwined with each society, is responsible for applying that power in the service of general interests. In the authority to fulfill the common interest is the basis of political obligation. That is why, mainly, the State is obeyed.
This globalization is not unique. At the same time as it and to a large extent as a reaction to it, another globalization is emerging, constituted by cross-border networks and alliances between movements, struggles and local or national organizations that are mobilized in different parts of the globe to fight against social exclusion, the precariousness of work, the decline of public policies, the destruction of the environment and biodiversity, unemployment, violations of human rights, pandemics, inter-ethnic hatreds produced directly or indirectly by neoliberal globalization.
There is, therefore, an alternative, counter-hegemonic globalization, organized from the base to the top of societies.

In the empire of shame, ruled by organized hardship, war is no longer episodic, it is permanent.
It is no longer a crisis, a pathology, but normality. It is no longer equivalent to an eclipse of reason – as Horkheimer said -, it is the very reason for being of the empire. The gentlemen of the economic war do not forget anything in their control of the planet. They attack the normative power of the states, they dispute the popular sovereignty, they subvert the democracy, they devastate the nature, they destroy the men and their liberties. The liberalization of the economy, the “invisible hand” of the market, form its cosmogony; the maximization of benefits, is its practice. I call structural violence to this practice.
The total income of the 500 richest individuals in the world is higher than the income of the poorest 416 million. Beyond these extremes, the 2.5 billion people who live on less than two dollars a day – and who represent 40% of the world’s population – obtain only 5% of the world’s income. The richest 10%, almost all of them inhabitants of high income countries, get 54%.

Neoliberal values ​​have to be understood within a complex range of causes:
• The needs of capitalist accumulation, where the national state had become a corset that had to be overcome. Therefore, the fundamental task will correspond to two instances that do not need a country: the multinationals and the financial sector (in fact, the lenders were always “international”).
• The deepening of the individualistic values ​​of capitalism (as well as the socialist reality led to the radicalization of the collectivist values ​​inscribed in its social mood), which exacerbated the figure of the individual.
• The response to the pressure of really existing socialism and the creed emanating from Soviet Marxism-Leninism, which radicalized and justified individualism (Ayn Rand, Hayek, Von Mises).
• All this made possible by a technological development and a productive and communicative offer that delves into the fragment:
– The media, in charge of offering bread and circus at a time of weakening the work of control of the church and the traditional mechanisms of the school and the army as factors of socialization.
– The growth of the service economy, which dissolves the factory as a space for the creation of counter-power and fragments struggles (crisis of trade unionism).
– The enormous production of goods, with the universal promise that anyone can be a king or queen, expressed in a supposed access to goods that once only the most privileged classes could consume.

Globalization is the culmination of a process of emptying democracy understood as popular participation and government of the people, by the people and for the people. The elitist pressures, interested in creating low intensity democracies that did not stop the capitalist rearticulation, found in the globalizing processes reasons to legally take out of the electoral process broad facets of public life (for example, a good part of the monetary policy). The capacity for popular influence in political power has been decreasing throughout the different phases of democratic construction.

The State is so relevant because it is the most perfect machine to achieve obedience. And the most relevant question of political science is: Why do we obey? It is the classic problem of political obedience, already raised by Plato with his dialogue with the clumsy Trasimaco who thought that mere force, violence, is enough to achieve obedience. The answer to the reasons for political obedience has to do with four elements:
(1) coercion;
(2) the belief in the legitimacy of power (legitimacy that, seen in ideal types, can be traditional -referred to an order that comes from the past-, charismatic -referred to an extra ordinary quality that is attributed to the person in charge- or legal -rational-that complies with the procedures to be able to send-;
(3) for being part of inclusion and accessing the advantages of social life – having civil, political, social and identity rights;
(4) by mere routine (that is, there are no feasible alternatives in the horizon and at an acceptable cost).

From September 11, the United States, with a president that solved with the war the problems of legitimacy with which he had begun his term due to the problems of the scrutiny in Florida (where another judicial decision could have handed the presidency to the Democratic candidate Al Gore), redirected the march of the world in a scenario of economic recession, with a new round of the World Trade Organization that incorporated China and its, then, more than one thousand three hundred million consumers into the global economy, and in a boost of global rearticulation broken by the unilaterality of certain US decisions taken before September 11.
In recent years, the United States has tried (or has given the impression of trying) more or less unilaterally, among other things, the following: to exert pressure for other countries to adopt American criteria and practices with respect to human rights and democracy; prevent other countries from acquiring military resources that could counteract the conventional superiority of the United States; apply extraterritorially in other societies the American law.

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