Delfines y tiburones: La lucha por el poder en el PSOE — Manuel Pérez Alcázar / Dolphins and sharks: The struggle for power in the PSOE by Manuel Pérez Alcázar

Sin duda un libro de vigente actualidad después de los acontecimientos acaecidos en el PSOE y que aportan algo de luz en lo que se remonta a la consabida lucha de poder e interesante.
Felipe González fue el referente que sacó al PSOE de la clandestinidad para convertirlo en el gran partido del centro izquierda, el que más años ha gobernado en España desde la transición. La marcha de González de la Secretaría General en 1997 abrió una etapa de desconcierto en el seno de las filas socialistas que solo se cerró con la nueva victoria electoral de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004. Pero, incluso en las etapas de estabilidad durante los gobiernos socialistas, en el PSOE los cuchillos han estado siempre afilados, enterrados a poca profundidad y prestos para ser empuñados en las luchas internas por el control de la organización, por el poder.
José Antonio Griñán destrozó los planes de quienes le habían propuesto para suceder a Manuel Chaves. Rompió amarras con aquella vieja guardia del partido y propició un relevo en el Gobierno y en el PSOE andaluz con el que saltó por encima de toda una generación de políticos socialistas que durante casi dos décadas se habían forjado a la sombra del indiscutido liderazgo de Manuel Chaves. Sin haber cumplido los cuarenta años, Susana Díaz se convirtió en la primera presidenta andaluza, una mujer que había crecido en democracia y que conoció por los libros de texto la movilización popular y política que condujo a Andalucía a acceder al máximo nivel de autonomía. La elección de Susana Díaz fue considerada un acierto incluso por los detractores de Griñán, pero apeó de la carrera por el poder interno a todos aquellos que, en aquel momento, se situaban entre la década de los cuarenta y la de los cincuenta años, y que habían estado aguardando la oportunidad que les brindaría la marcha de Chaves, el presidente que se mantuvo casi veinte años al frente del Gobierno andaluz cosechando victoria tras victoria electoral. Una generación perdida de socialistas a la que se tuvo que enfrentar Griñán.
Con la victoria del 9 de marzo, el PSOE se ratificaba como la fuerza hegemónica en Andalucía desde el inicio de la autonomía. Los socialistas habían ganado las ocho elecciones, y cinco de ellas —las de 1982, 1986, 1990, 2004 y 2008— por mayoría absoluta. Manuel Chaves se había convertido en un bastión para su partido logrando uno tras otro hasta seis triunfos electorales y, con este último, tres mayorías absolutas —1990, 2004 y 2008—. Con Chaves el PSOE se había convertido en un partido estable y fuerte, una máquina perfectamente engrasada para ganar elecciones. Pero, en los últimos años, ese ritmo victorioso había hecho que el partido comenzara a acomodarse y distanciarse del electorado. Chaves lo sabía. Por eso tenía claro que aquella era su última noche como candidato a la presidencia de la Junta.

En la Legislatura 2008-2012 tengo que irme (en referencia a Chaves). Pero tenemos que ver cómo hacerlo.
El presidente de la Junta contó a Zapatero que la única duda que le rondaba la cabeza era encontrar una justificación para explicar a los electores por qué dejaba la Presidencia en medio de un mandato, después de casi veinte años y tras haber ganado las elecciones por mayoría absoluta. Sin embargo, reiteró su voluntad firme de dejar el cargo antes de acabar la Legislatura.
El presidente del Gobierno asumió la petición del líder de los socialistas andaluces y le pidió que le dejara reflexionar sobre el asunto.
—Manolo, déjame que lo piense, pero no te preocupes, encontraremos la forma idónea para encauzar tu salida de manera que no genere ninguna inquietud ni en los ciudadanos ni en el partido. Después de tantos años de servicio al Estado y a los andaluces y por el gran servicio que has prestado al PSOE mereces una salida que haga honor a tus méritos —dijo Zapatero.
La conversación quedó ahí. Chaves había obrado, como siempre había hecho, con absoluta lealtad al partido y a su secretario general.

Almunia contó con el respaldo de casi todos los pesos pesados del momento y de la etapa de Felipe González, incluyendo al propio expresidente del Gobierno y el de la mayoría de los barones, como Manuel Chaves. En aquellas primarias tanto Chaves como toda la dirección del PSOE andaluz se volcaron de manera abierta apoyando a Almunia. No hubo neutralidad. En Andalucía ganó Almunia pero en España no fue así. Los militantes desoyeron la llamada de sus cuadros orgánicos y del mismísimo Felipe González. Respaldaron a Borrell que se impuso por un 55,10 por ciento frente al 55,48 por ciento que sumó Almunia. Era una manera de rechazar el plan de relevo que había diseñado el propio Felipe González en persona. Manuel Chaves ha acabado reconociendo que aquello fue un error:
—Con el tiempo se ha demostrado que nuestra actitud fue un error. La Ejecutiva debió mantenerse más neutral.
Pero la bicefalia que se creó entre Almunia y Borrell generó un clima de tensiones internas y de inestabilidad que siguieron desgastando al partido y, especialmente, al ganador de las primarias.

—Mira, José Antonio, tienes que poner a alguien que conozca muy bien la organización. Aquí hay alguien que, además de conocer perfectamente el partido, es joven y tiene una gran capacidad de trabajo. Yo no tengo ningún interés personal, solo quiero que el partido recupere la estabilidad y la paz interna.
Los dos históricos dirigentes se acercaron a la diputada de treinta años que había apoyado a Viera y había seguido con detalle el Congreso. Toscano volvió a dirigirse al nuevo secretario general del PSOE sevillano y cogiendo del brazo a su interlocutora les dijo a ambos:
—Ella tiene todo lo que te he dicho, solo necesita adquirir mesura y madurez en su forma de actuar pero eso, se lo puedes aportar tú, José Antonio. La conozco desde que llegó al partido, siendo una niña. Creo que la persona que mejor te puede acompañar como secretaria de Organización es Susana Díaz.
José Antonio Griñán trató de remover el ánimo de su tropa para vencer a las encuestas en las próximas elecciones europeas de junio, que debían ser el primer paso para ganar también las municipales de 2011. Para ello, remató su intervención llamando a la unidad:
—Pensad que tenemos la suerte de que nos basta con ser lo que somos, decir lo que pensamos y trabajar. Juntos, muy juntos y muy unidos. Si así lo hacemos, no solo ganaremos las elecciones, sino también lo que más importa: ganaremos el futuro.
En ese Comité, todo el partido arropó por unanimidad al que se iba a convertir en su nuevo presidente. Pero la unidad interna duraría poco. Apenas unos meses más tarde se constataría que la fórmula de la bicefalia no funcionaba. Se acabaría rompiendo el equilibrio del partido y una estrecha y vieja amistad, la de Manolo Chaves y Pepe Griñán.

Con el nombramiento de Susana Díaz como secretaria de Organización, Rafael Velasco pretendía rodearse de una de sus personas de confianza, pero también, ganarse el apoyo del PSOE de Sevilla, la organización que mayor número de militantes y votos aportaba al partido. José Antonio Viera había sido uno de los secretarios provinciales que mayor oposición había mostrado a la petición de José Antonio Griñán para que se celebrase aquel Congreso extraordinario. Mantenía una férrea fidelidad a Manuel Chaves, desde que en 2004 le propusiera enfrentarse a José Caballos por la Secretaría Provincial. La designación de Susana Díaz como número tres de la nueva Ejecutiva del PSOE andaluz, reforzaría a Viera dentro de su organización y haría ganar peso a los socialistas sevillanos.
Susana Díaz comenzó a dar muestras de su capacidad de influencia desde el primer momento. La nueva secretaria de Organización logro incluir en la Ejecutiva regional a una de sus personas de confianza en el PSOE sevillano, su amiga Verónica Pérez. La joven socialista sevillana, cuatro años más joven que Díaz y a la que dejaría años más tarde el cargo al frente de la dirección provincial de Sevilla, se convertiría en la nueva secretaria de Movimientos Sociales y Participación. En ese momento, Pérez era diputada autonómica y estudiante de Económicas. Con Susana Díaz en uno de los tres puestos de salida, y Verónica Pérez en una Secretaría de área, el líder de los socialistas sevillanos, José Antonio Viera se sintió muy satisfecho por la cuota obtenida por su organización dentro de la dirección regional. Los socialistas sevillanos lograban, como venía reclamando el histórico José Caballos, mucho más peso en la organización andaluza.
La confirmación de Susana Díaz como nueva secretaria de Organización desbarataba las aspiraciones del secretario provincial del PSOE de Cádiz de convertirse en el relevo de Velasco como número tres del partido. Francisco González Cabaña confirmó las sospechas que le había infundido la actitud de José Antonio Viera.

El 25 de marzo, el presidente, José Antonio Griñán, anunció la creación de un equipo especial de funcionarios para atender las peticiones de la jueza. En los primeros días de abril, Alaya llegó a acusar a la Junta de «abuso del Derecho» por no entregar las actas. El Gobierno andaluz solicitó entregar unos certificados con el argumento de que las actas estaban amparadas por el secreto de las deliberaciones de los Consejos de Gobierno. Después de que la jueza solicitase custodiar los documentos, en una clara insinuación de desconfianza, el Ejecutivo andaluz entregó las actas el 7 de abril, apurando el plazo de 72 horas concedido por Alaya.
La jueza y el Gobierno socialista habían iniciado un pulso que tendría hitos destacados coincidiendo siempre con momentos políticamente relevantes para el PSOE andaluz y para el Gobierno de la Junta de Andalucía. Alaya hizo tambalearse los cimientos de un partido que había gobernado casi sin contestación los últimos treinta años.
Los problemas se multiplicaban para el presidente de la Junta de Andalucía que, cada día tenía que tapar una nueva vía de agua en el barco. En el entorno de Griñán se desató una tormenta perfecta. Todo y todos parecían confabulados en su contra, pero el presidente andaluz no necesitaba ayuda externa para tener problemas, él solo contribuyó a crearse algunos.
El secretario general del PSOE andaluz acababa de regresar del trascendente Comité Federal del 2 de abril en el que José Luis Rodríguez Zapatero anunció, como le estaban demandando, que no repetiría como candidato a la Presidencia del Gobierno. José Antonio Griñán habló con su consejera de la Presidencia, María del Mar Moreno, para darle instrucciones sobre el recambio que quería en la Delegación de la Junta de Andalucía en la provincia de Cádiz. Las cuitas entre ambas partes no solo no estaban resueltas, sino que iban a sufrir un giro de tuerca.
El lunes a primera hora de la mañana, María del Mar Moreno telefoneó al consejero de Gobernación para transmitirle las instrucciones del presidente: José Antonio Griñán había decidido destituir al delegado de la Junta en Cádiz porque quería nombrar a una persona de su total confianza.

José Blanco no pidió al presidente que desistiera de su propósito. Desde que ganó las segundas elecciones, Zapatero era consciente de que le iban a apremiar para que hiciera público si repetiría como candidato. Con la crisis y las malas perspectivas electorales cundió el nerviosismo en el partido y las voces que pensaban que Zapatero era un lastre. El presidente eligió el Comité Federal del 2 de abril para anunciar que no volvería a presentarse a las elecciones, llevando la contraria al primer banquero del país, Emilio Botín, que le aconsejó una semana antes que no abriera el debate sucesorio en plena tarea reformista para escapar de la crisis económica y para afianzar la estabilidad del país. Con su anuncio, Zapatero trataba de mejorar las expectativas.
La reforma de la Constitución, el forzado adelanto electoral, las primarias sin urnas. Al PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba se le estaban abriendo las costuras. Las fisuras eran cada vez más profundas y la figura del candidato se deterioraba a medida que pasan los días. Ante la consternación de sus colaboradores, las deserciones eran constantes. Los exministros, Miguel Ángel Moratinos, Carmen Calvo y Miguel Sebastián, ya habían anunciado que no repetirían en las listas electorales.
El expresidente del Gobierno, Felipe González, declaró esos días que era militante pero no simpatizante de aquel PSOE. Una puñalada a Zapatero, pero también a Rubalcaba. En primavera, González cenó en el Ministerio de Defensa con Carme Chacón y su marido, y a la vuelta de las vacaciones de verano volvió a hacerlo en un conocido restaurante madrileño, donde no le importó que lo fotografiaran con Chacón.

El sector crítico hubo quien pensaba en la persona que debía sustituir a José Antonio Griñán una vez que se consumase la derrota y, por lo tanto, el final de su débil liderazgo: Micaela Navarro. La consejera de Igualdad y Bienestar Social era una de los miembros del Gobierno andaluz con mayor reconocimiento, persona de confianza en Andalucía de Alfredo Pérez Rubalcaba, y con gran experiencia tanto en la gestión institucional como en la orgánica. Aunque Navarro nunca se postuló, no impidió que su nombre corriera y se utilizara en los cenáculos del partido. El jueves, a la misma hora que Susana Díaz y José Antonio Griñán participaban en el acto principal de arranque de campaña del PSOE andaluz, Micaela Navarro, como cabeza de la candidatura en su provincia, hacía lo mismo en un acto en Jaén, en el que coincidieron el expresidente andaluz, Rafael Escuredo, y el veterano parlamentario, José Caballos. Escuredo y Caballos se sorprendieron de que el PSOE de Jaén hubiese imprimido los carteles electorales con el rostro de Griñán y el de Navarro, en vez de promocionar solo al candidato. También comentaron la pasión que puso el secretario provincial, Francisco Reyes, al presentar a Micaela Navarro.
El liderazgo político se ganaba en las urnas y José Antonio Griñán se había ganado el suyo a pulso, sin el respaldo de los críticos ni de la dirección federal. Su arriesgada apuesta por separar las elecciones andaluzas de las generales había dado resultado. Todos los que se opusieron y trataron de forzarle a un adelanto electoral acabaron por darle la razón. Hasta sus más acérrimos enemigos en el partido reconocerían que fue uno de los dos grandes aciertos de Griñán, que salvó al PSOE. El otro acierto sería la elección de su sucesora, pero para eso aún quedaba más de un año. Ahora llegaba el momento de saldar cuentas pendientes y los mejor situados para cobrar el cheque eran el propio Griñán, y sus dos lugartenientes: Susana Díaz y Mario Jiménez.
Reforzado por el resultado electoral, José Antonio Griñán recibió carta blanca de la dirección federal del partido de cara a la negociación. Solo un día después de las elecciones, el secretario general del PSOE dejó manos libres a Griñán para cerrar con IU el pacto que considerase oportuno, y le garantizó todo el respaldo de la Ejecutiva federal.
—No tengo ningún temor por tener que gobernar con IU. Ya hemos gobernado con esta formación en el pasado tanto en ayuntamientos como en comunidades autónomas. Cuando IU permite gobiernos del PP como el de Extremadura se la tilda de izquierda sensata, y cuando insinúa que puede gobernar con el PSOE, entonces es extremista y puede llevar al PSOE fuera de su centro habitual de gravedad —denunció Alfredo Pérez Rubalcaba.
El líder del PSOE sacó pecho por los resultados electorales de su partido tanto en Asturias como en Andalucía, aunque no hubiese participado demasiado en la campaña del candidato andaluz.
José Antonio Griñán había elegido a Susana Díaz como sucesora, pero antes iba a ofrecer su cabeza como secretaria de Organización del PSOE andaluz para tratar de pacificar el ánimo de los críticos. La entrada de Díaz en el Gobierno sirvió al presidente de pretexto para relevarla como número dos del partido, cargo que venía ejerciendo desde la dimisión de Rafael Velasco. El puesto lo tenía reservado para su otro hijo político, Mario Jiménez, por quien Griñán tenía una especial relación afectiva y quien se convirtió en su mano derecha en el partido pero en un nivel superior al de Susana Díaz: vicesecretario general. Hay quien lo consideraba su favorito, pero en la elección del delfín, la condición de mujer de Susana Díaz fue determinante. En el reparto de su herencia política, podría compensar a Jiménez dándole el puesto de número dos en el partido que ocupaba Susana Díaz, en el XII Congreso del PSOE andaluz.
Solo una semana después del debate de investidura, el 9 de mayo, el Comité Director del PSOE andaluz convocó el Congreso Regional que por primera vez se celebraría en Almería, entre el 6 y el 8 de julio.

Susana Díaz aún no había sido proclamada candidata por el Comité Director pero ya era vista por todos como el referente y la interlocutora del PSOE andaluz. En un partido que devora los tiempos, encumbra y hunde líderes a velocidad de vértigo, la mayoría pensaba ya en cuál era el momento idóneo para que José Antonio Griñán le dejase las riendas de la Presidencia. Todos daban por hecho que, pese al discurso oficial, no agotaría la legislatura y en esa carrera, muchos comenzaron a opinar que no tenía sentido demorarlo más. Solo había un inconveniente, la jueza Mercedes Alaya lo señalaba desde hacía tiempo y, dejar la Presidencia y el Parlamento suponía perder el aforamiento y correr el riesgo de ser imputado por la temida jueza que había imputado a diestro y siniestro a altos cargos de la Junta de Andalucía, dejando fuera de sus autos, exclusivamente, a aquellos que escapaban de su competencia por ser aforados. Imputar a un parlamentario o diputado le hubiera obligado a inhibirse en favor de un tribunal superior, algo a lo que la instructora no parecía estar dispuesta. En el último cuatrimestre del año podía despejarse la incógnita que Alaya mantenía sobre Griñán por lo que ese podía ser un momento oportuno para culminar el relevo.
Lo cierto es que José Antonio Griñán hacía años que quería dejar la política. En 2004 estuvo a punto de hacerlo, pero su entonces amigo Manuel Chaves lo convenció para que se incorporase al Gobierno como responsable de Economía. Cinco años más tarde aún lo presionó más para que asumiera la Presidencia. Griñán acabó aceptando como un gran honor, pero no podía imaginar que años más tarde se arrepentiría de haberlo hecho. El presidente andaluz siempre se sintió un servidor público más que un político, tenía un gran sentido de la honestidad y del deber, por lo que le irritaba profundamente que ligasen su nombre al del mayor caso de corrupción de Andalucía, el de los ERE, aunque por otro lado, asumía que su salida también limpiaba el futuro del Gobierno andaluz. Sería su último servicio al partido y a la Junta de Andalucía.
Definitivamente, los casos de corrupción iban a manchar la salida de José Antonio Griñán de la Presidencia andaluza. La declaración a finales de julio del exinterventor general de la Junta de Andalucía, Manuel Gómez, fue demoledora contra la gestión del exconsejero de Economía y Hacienda. Manuel Gómez aseguró ante la jueza Mercedes Alaya que Griñán ignoró las alertas incluidas en los informes sobre el fondo de los ERE, donde emitió la Intervención General, y cuestionó su participación en la Comisión de Investigación del Parlamento andaluz.
El vicesecretario general del PSOE andaluz, Mario Jiménez, exigió que el caso pasase al Tribunal Supremo y denunció que la instrucción estaba haciendo un juicio político. En una decisión sorprendente, la Audiencia de Sevilla sugirió en un auto que los aforados señalados en el caso de los ERE declarasen ante la jueza instructora si consideraban que podían «quedar involucrados» en la investigación, a pesar de que Mercedes Alaya no era la jueza competente para imputar a diputados a Cortes y del Parlamento andaluz, y estaba obligada a elevar una exposición razonada de indicios penales ante el Tribunal Supremo.
El auto de la Audiencia ponía la atención sobre el presidente andaluz. En la rueda de prensa ofrecida el 27 de agosto, tras la firma de su dimisión, José Antonio Griñán, reconoció que su salida no solo se debía a la necesidad de cambio generacional en la política andaluza, sino también a limpiar al Gobierno andaluz del pasado de la gestión de los ERE.
—Hay que ganar en Andalucía, pero hay que ganar bien. Y hay que ganar en Andalucía para ganar en España, ya, cuanto antes… llevar este barco a donde nunca debió de salir, la confianza de la mayoría de los andaluces»… los veteranos, todos, nos hacéis mucha falta —aclamó Díaz.
Su intención de coser heridas y recuperar a los veteranos la demostró al nombrar a Micaela Navarro nueva presidenta del partido. El gesto hacia el PSOE de Jaén y hacia la veterana dirigente pretendía pasar página de las viejas rencillas.
Susana Díaz completó su Ejecutiva con incondicionales, como siempre había hecho. Dejó al gaditano Juan Cornejo como secretario de Organización y número dos, al desaparecer la Vicesecretaría general. Mario Jiménez volvería a ejercer como portavoz parlamentario, un puesto en el que tendría que trabajar por mantener los acuerdos con IU y que le alejaba de la primera línea de mando del partido. En la Era Susana Díaz se acabaría el triunvirato que mantuvo Griñán. Solo habría una voz de mando, la de Susana Díaz. Una semana más tarde, culminando una operación perfectamente diseñada, Susana Díaz dejaba la Secretaría provincial del PSOE de Sevilla en manos de una persona de su estrecha confianza, la parlamentaria Verónica Pérez.

Muchos de los medios de comunicación nacionales y círculos políticos de Madrid, al igual que el exministro de Justicia Juan Alberto Belloch, vieron en Susana Díaz el nacimiento de una estrella, el liderazgo que guiase al PSOE que atravesaba las horas más bajas desde la llegada de la democracia. Susana Díaz, pasó en tres meses de ser una gran desconocida en el panorama político español a ocupar espacios en los grandes periódicos, radios y televisiones. En unos casos la veían como la última esperanza de un moribundo socialismo, en otros, el ascenso de su liderazgo fue utilizado como una oportunidad para erosionar, aún más, al hundido Alfredo Pérez Rubalcaba.
Díaz fue investida presidenta de la Junta de Andalucía en septiembre de 2012. En los tres meses que quedaban hasta final de año fue acaparando espacio mediático, y a principios de 2013 comenzó una carrera meteórica como referente del PSOE en toda España que combinaba una agenda institucional al más alto nivel con sus apariciones en pantalla.
—El derecho a decidir la independencia es inviable. Más allá de las retóricas nacionalistas de uno y otro signo, lo que nos une a los ciudadanos españoles es la democracia y Europa. Hay que evitar el choque de trenes y, para eso, hay que cambiar de vía y buscar alternativas —dijo en respuesta a las preguntas que le formularon tras su conferencia.
La determinación, claridad y contundencia de Susana Díaz sorprendió a la sociedad política y económica catalana que abarrotó el salón del Hotel Ritz, donde fue presentada por uno de los padres de la Constitución, el exdirigente de CDC, Miquel Roca. Díaz parecía marcar un camino y un discurso de partido de Estado que ni el PSOE ni el PSC habían sido capaces de sostener hasta el momento.
-Frente a las voces que empezaban a señalar hacia la regencia o a la próxima abdicación de Juan Carlos I, Susana Díaz afirmó que se trataba de una opción personal que debía decidir el propio Rey. Sus declaraciones y la defensa de la Monarquía y de la figura del Rey en los Desayunos Informativos de Europa Press, contrastaron con algunas opiniones en su partido que apuntaban a la convocatoria de un referéndum en España para plantear una modificación de la Constitución que implantase un modelo republicano. Sobre la imputación de la infanta Cristina por su relación con el caso Noos, Díaz se limitó a defender el Estado de Derecho y la «igualdad de todos los ciudadanos ante la ley». Con su posicionamiento, la nueva presidenta andaluza fue ganando puntos en La Zarzuela donde ya era percibida como la política socialista con mayor proyección nacional y responsabilidad de Estado de cara a los acontecimientos que se avecinaban.

La rutilante carrera política de Susana Díaz comenzó los primeros contratiempos. En su primer viaje a Bruselas como presidenta de la Junta de Andalucía, el 29 de enero, tuvo que responder a una pregunta incómoda que la relacionaba con el último escándalo de corrupción, el de las facturas falsas de UGT. El diario El Mundo había publicado un acuerdo suscrito por la propia Díaz en su etapa de secretaria de Organización del PSOE andaluz para el alquiler del aula de la Casa del Pueblo del municipio jiennense de Torreperogil —que compartían el PSOE y UGT— para la realización de cursos de formación subvencionados por la Junta de Andalucía.
—Con claridad. Es falso y nada ni nadie me va a parar en mi obligación, que es recuperar hasta el último euro de la Junta de Andalucía que se haya gastado indebidamente por parte de cualquier entidad, sea UGT o sea otra —zanjó Susana Díaz tras su reunión con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso.
La información trataba de relacionar a la presidenta andaluza con la central sindical.
La magnífica relación de Susana Díaz con la Casa Real hizo que se convirtiera en una de las primeras personas que conoció la gran noticia que se preparaba en el Palacio de la Zarzuela desde el otoño anterior. Aunque la abdicación del Rey se había convertido en un asunto recurrente, sobre todo cada vez que el Monarca tenía que pasar por el quirófano, la decisión de dejar la Jefatura del Estado comenzó a barajarse en otoño en un círculo muy reducido de colaboradores del Rey.
Con una notable mejoría tras superar su última operación quirúrgica de noviembre, Juan Carlos I impulsó su agenda a partir de enero, con varios viajes al extranjero, pero ya había tomado la decisión de abdicar. Según la Casa del Rey, fue el 5 enero, el día de su 76 cumpleaños. Un día después, ofreció la imagen de cansancio y deterioro al pronunciar el discurso con motivo de la Pascua Militar.

La figura de la presidenta andaluza se agrandaba. Para muchos era ya el referente, el líder in péctore de un partido que aún mantenía a un secretario general «en funciones». Cuatro días antes de las elecciones, Susana Díaz intervino en un mitin en el Paraninfo de la Universidad de Huelva junto a José Luis Rodríguez Zapatero. Era, prácticamente, la primera reaparición en público del expresidente, que reconoció errores, pero reivindicó los logros de su Gobierno y, sobre todo, destacó el liderazgo de Susana Díaz, a la que había conocido cuando lo invitó a su toma de posesión y, desde entonces, había quedado prendado de su carisma.
Fue una campaña de veteranos convertidos en candidatos y nuevos líderes que buscaban su espacio. Delfines y tiburones que nadaban en el mismo estanque. Susana Díaz era uno de esos valores en alza, pero el que irrumpió de manera inesperada y estelar fue el cabeza de cartel de la nueva formación, Podemos. Pablo Iglesias era un profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid que a sus 36 años había logrado convertir en realidad el experimento sociológico puesto en marcha con otros compañeros del departamento y que utilizaba como base el descontento social.
Alfredo Pérez Rubalcaba comunicó a la Ejecutiva federal su intención de dimitir y la convocatoria de un Congreso extraordinario los días 19 y 20 de julio para elegir a su sucesor. Antes habló con la Casa Real para informar también de su decisión y tranquilizar a La Zarzuela transmitiendo el apoyo de los principales barones y del PSOE al consenso constitucional.
—La responsabilidad del muy mal resultado electoral es mía, mía y mía y así asumo mi responsabilidad. Con un resultado como este, algo no hemos hecho bien. Aquí hay un problema de responsabilidad política de un resultado malo sin paliativos; una responsabilidad que hay que asumir. Y esa responsabilidad la asume la dirección y la asumo yo —explicó el líder del PSOE en rueda de prensa en un ambiente de desolación.
El peor resultado electoral en la historia del PSOE se había llevado por delante a Rubalcaba. El partido había cosechado sucesivas derrotas desde su llegada y parecía no tocar suelo. Pese a la convocatoria del Congreso extraordinario se mantenía el calendario de las primarias abiertas en el mes de noviembre para elegir al futuro candidato a la Presidencia del Gobierno.

Los más adelantados fueron los primeros en pedir que el proceso de primarias abiertas se trasladase a la elección del secretario general. Fue el caso del secretario general del grupo socialista en el Congreso de los Diputados, Eduardo Madina, y de la exministra de Defensa, Carme Chacón, a los que se sumaron varios barones regionales como el valenciano Ximo Puig; Guillermo Fernández Vara, de Extremadura; Emiliano García-Page, de Castilla-La Mancha; y César Luena de La Rioja. Nadie quería aparecer en público como la persona que hurtaba el debate y la capacidad de decisión a las bases en un momento de cambio político en el país, pero dentro de la vieja guardia, en el entorno de Rubalcaba o en el PSOE andaluz de Susana Díaz, no se veía clara la apertura de la elección fuera del partido. No había precedentes en los estatutos internos —en los que se establecía la elección del secretario general por el voto de los delegados al Congreso— y se crearía un agravio con los militantes cuyo voto valdría lo mismo que el de cualquier ciudadano que quisiera participar en la elección.
Madina, el candidato auspiciado por Elena Valenciano, la número dos de Rubalcaba, tensaba la cuerda para forzar una elección abierta que podría descartar a la gran favorita entre la opinión pública y publicada: Susana Díaz. Eduardo Madina trató de ponerse en contacto con la presidenta andaluza para explicarle que solo pretendía dejar la decisión en manos de los militantes, pero no consiguió hablar con Díaz.
Al día siguiente, el jueves 29, Alfredo Pérez Rubalcaba respondió en los pasillos del Congreso que solo abriría la elección del secretario general al voto directo de la militancia si la fórmula gozaba de «seguridad jurídica» y «consenso». La propuesta de Madina y de algunos barones regionales de aplicar la fórmula un militante un voto, llevó al líder interino del PSOE a abrir una ronda de contactos con los secretarios regionales para explorar una fórmula que nunca se había llevado a cabo en el partido y que no aparecía en sus estatutos.
El último nombre que estaba sobre la mesa era el del diputado madrileño Pedro Sánchez. Junto con Pérez Tapias era el gran desconocido para el público, aunque trabajada desde hacía meses para presentarse a las primarias para la elección del candidato socialista a la Presidencia del Gobierno. La nueva hoja de ruta le hizo plantearse si adelantaría sus planes para optar a liderar el partido. Pedro Sánchez esperó a conocer el movimiento de Susana Díaz, la candidata favorita. Sánchez llevaba meses recorriendo las diferentes federaciones socialistas y muchas agrupaciones locales. Contaba entre su escueto equipo de colaboradores con algunos cuadros andaluces que conocían bien a la presidenta de la Junta. Eran diez personas de distinta procedencia. Algunos no se conocían personalmente hasta que celebraron su primera comida en marzo de ese año, en el restaurante Orixe de Madrid. Entre ellos estaba el sevillano Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, rival de Susana Díaz en las luchas por el control del partido desde sus primeros tiempos en las Juventudes Socialistas. Rodríguez Gómez de Celis conocía a Pedro Sánchez desde el año 2008, ambos coincidieron en un grupo de trabajo que montó el entonces secretario de Política Municipal del PSOE, Antonio Hernando.

El socialismo estaba en situación de pánico orgánico. Ante el estupor y la incertidumbre por su futuro, muchos militantes y dirigentes regionales apostaron por un liderazgo fuerte y ordenado que fuese capaz de sacar adelante al partido frente a un Congreso que amenazaba con agrandar la fractura. Una amplia representación de los cuadros pensaba que esa fortaleza y seguridad solo la representaba Susana Díaz. La presidenta andaluza concitó el apoyo de la mayoría de los líderes territoriales, de los expresidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, e hizo coincidir a veteranos como Alfonso Guerra, José Bono, y al expresidente andaluz Manuel Chaves. Oficialistas y críticos de muchos territorios estaban unidos con Susana Díaz. Algunos empezaron a llamarla la Reina del Sur. Pese a las presiones, Susana Díaz seguía sin revelar su decisión.
El único aspirante formal era José Antonio Pérez Tapias, mientras que Eduardo Madina seguía sin dar el paso al frente a pesar de que forzó que el Congreso se abriera al voto directo de los militantes. Madina se vio situado en el centro del huracán casi sin pretenderlo, con el impulso de Elena Valenciano, algunos miembros de la dirección federal y los secretarios regionales de Extremadura, Guillermo Fernández Vara; y Asturias, Javier Fernández.
Lo cierto es que Pedro Sánchez recabó catorce mil de los diecinueve mil avales que se firmaron en Andalucía. Finalmente ningún candidato recurrió los avales del contrario.
La campaña de las primarias comenzó con el temor a una alta abstención que algunos achacaron al efecto desilusionante que había provocado la ausencia de Susana Díaz. El 7 de julio se celebró un debate entre los tres aspirantes que rivalizaron al presentar medidas de regeneración y transparencia, pero que resultó ser de guante blanco pese a las pullas entre Madina y Sánchez. El vasco forzó a Sánchez a expresar su compromiso de mantener en noviembre las primarias para elegir al candidato a la Presidencia del Gobierno, algo que disgustó a la federación andaluza. Tres días más tarde, Sánchez matizaba sus palabras y dejaba la puerta abierta a retrasar la convocatoria —la opción que defendía Susana Díaz— al asegurar que propondría esa fecha al Comité Federal, pero la decisión la tomarían entre todos. El candidato madrileño denunció también juego sucio después de que el diario digital El Confidencial publicase que había ocultado su paso por la Asamblea General de Caja Madrid. Sánchez aseguró que siempre había declarado su paso por la entidad.

Mientras Susana Díaz seguía dando lustre a su currículo, Pedro Sánchez cometía sus primeros errores. El 25 de octubre se cumplían tres meses de su llegada a la Secretaría General del PSOE, en los que había recibido los primeros toques de atención de su principal apoyo para llegar al cargo, Susana Díaz, y su referente socialista, Felipe González, hasta el punto de verse obligado a rectificar algunas de sus iniciativas, casi de inmediato.
La primera orden del máximo responsable en Ferraz fue votar en contra del nombramiento del conservador Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea, marcando distancias con sus antecesores y descartando la idea de una gran coalición con el PP en el futuro. Los eurodiputados del PSOE incumplieron así el pacto que habían sellado conservadores y socialdemócratas para repartirse los cargos en Bruselas. Los socialistas españoles también rompieron la disciplina de voto al abstenerse en la votación para que Miguel Arias Cañete ocupara la cartera de Energía y Cambio Climático.
También resultó problemática para Sánchez la decisión de publicar las cuentas del partido y las declaraciones de bienes de sus representantes. En estas declaraciones apareció el préstamo que Caja Madrid le otorgó mientras era uno de los miembros de la Asamblea de la entidad, una revelación que empañó la actuación contundente de Ferraz contra los exconsejeros socialistas que dispusieron de tarjetas black.
En el parón navideño se produjo el hecho que terminó de dinamitar las relaciones entre Zapatero y Sánchez. El expresidente acudió a una cena privada en casa del expresidente del Congreso de los Diputados, José Bono, junto al candidato a la Presidencia de Castilla—La Mancha, Emiliano García Page y los números uno y dos de Podemos, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. La reunión se produjo a espaldas de la dirección Federal del PSOE y trascendió unas semanas después, lo que elevó la irritación de Sánchez con Zapatero. El 22 de enero escenificaron en público su distanciamiento. En la presentación en Madrid del libro Seis meses que condujeron al rescate, del exministro Jordi Sevilla, ambos posaron para la foto de familia con sonrisas forzadas, pero no consintieron darse un apretón de manos, pese a la insistencia de la prensa.
Manuel Chaves volvió a erigirse en aliado de peso del liderazgo del secretario general. Chaves recordó que Sánchez era el secretario general con más legitimidad en la historia del PSOE al haber sido elegido en unas primarias con el voto directo de los militantes, por lo que cuestionar su liderazgo sería un suicido para el partido. El exalcalde de San Sebastián, Odón Elorza, o el senador extremeño, Francisco Fuentes Gallardo, fueron mucho más duros y explícitos al arremeter contra las insinuaciones de la presidenta andaluza sobre el liderazgo de Pedro Sánchez.
—¡Que se calle! —pidió Elorza a Susana Díaz.
Ante la dura crítica a Susana Díaz y la falta de respuesta de los diputados andaluces, como el secretario general del grupo parlamentario, Miguel Ángel Heredia.

En las elecciones andaluzas. Las diferencias con Pedro Sánchez quedaron patentes. Sólo coincidieron en dos mítines, ya no se hablaban, ni miraban. Sánchez, que día a día trataba de reivindicar su liderazgo frente a la andaluza, le dijo en el cierre de campaña en Sevilla que pretendía ser el próximo presidente del Gobierno pese a no contar con su apoyo como candidato.
—Forjemos Susana, tú y yo, una nueva alianza de gobiernos socialistas en San Telmo y en la Moncloa —le espetó.
Sánchez dio a entender que el liderazgo de Susana Díaz seguiría estando en Andalucía, pero sólo en Andalucía. La frase disgustó a la candidata andaluza que respondió con nuevos desaires.
El resultado, como indicaban las encuestas, ofreció una victoria incontestable del PSOE —cuarenta y siete escaños— pero manteniendo el mismo número de diputados que logró Griñán en 2012 y lejos de la mayoría absoluta. Los socialistas en Andalucía volvían a ser la lista más votada —tres años antes lo había sido el PP de Javier Arenas— y mantenían el empuje frente a la irrupción de nuevas fuerzas. El resultado de Susana Díaz se hizo bueno por el desplome de los populares de Juan Manuel Moreno Bonilla que pasó de los cincuenta a los treinta y tres parlamentarios, sufriendo el desgaste de las políticas de Mariano Rajoy y la falta de liderazgo.

La confianza de Chaves en la presidenta andaluza también quedó maltrecha, aunque ambos mantendrían un frecuente contacto epistolar. Griñán sí conservó el vínculo casi paternal que había ejercido sobre Díaz. Los dos últimos presidentes de la Junta de Andalucía y del PSOE habían salido por la puerta de atrás de la política. Su brillante expediente había quedado manchado para siempre por el caso de los ERE, la trama de corrupción que sacudió e hizo tambalearse al partido que había gobernado ininterrumpidamente Andalucía.
La salida de Chaves y Griñán permitió a Susana Díaz convertirse en presidenta andaluza con la fuerza de los votos. Marcaría otro hito sin precedentes, sería la primera gobernante que daría a luz un hijo estando en el cargo. La muerte política de sus predecesores le despejaba el futuro en el que muchos la veían como la última esperanza para salvar a un partido que, a nivel nacional, estaba gravemente enfermo y ávido de un liderazgo incontestable.
Desde que dio sus primeros pasos en el barrio trianero de El Tardón, Susana Díaz ha superado o derribado todos los obstáculos que se le han puesto por delante para lograr sus retos. Los que le quedan por batir están en Madrid.

Undoubtedly a book of current relevance after the events that occurred in the PSOE and that provide some light in what goes back to the usual power struggle and interesting.
Felipe González was the reference that took the PSOE from the underground to turn it into the great party of the center left, which has governed more years in Spain since the transition. The departure of González from the General Secretariat in 1997 opened a phase of confusion within the ranks of the Socialists, which only ended with the new electoral victory of José Luis Rodríguez Zapatero in 2004. But, even in the stages of stability during the governments socialists, in the PSOE the knives have always been sharp, buried at a shallow depth and ready to be wielded in internal struggles for the control of the organization, for power.
José Antonio Griñán destroyed the plans of those who had proposed him to succeed Manuel Chaves. He broke ties with that old guard of the party and led a relay in the Government and the Andalusian PSOE with which jumped over a generation of socialist politicians who for almost two decades had been forged in the shadow of the undisputed leadership of Manuel Chaves . Without having reached the age of forty, Susana Díaz became the first Andalusian president, a woman who had grown up in democracy and who knew through textbooks the popular and political mobilization that led Andalusia to access the maximum level of autonomy. The election of Susana Díaz was considered a success even by the detractors of Griñán, but it left the race for internal power to all those who, at that time, were between the forties and the fifties, and They had been waiting for the opportunity that the march of Chaves would give them, the president who remained almost twenty years at the helm of the Andalusian Government reaping victory after electoral victory. A lost generation of socialists that Griñán had to face.
With the victory of March 9, the PSOE was ratified as the hegemonic force in Andalusia since the beginning of autonomy. The Socialists had won the eight elections, and five of them – those of 1982, 1986, 1990, 2004 and 2008 – by absolute majority. Manuel Chaves had become a bastion for his party achieving one after another up to six electoral victories and, with the latter, three absolute majorities -1990, 2004 and 2008-. With Chaves the PSOE had become a stable and strong party, a perfectly greased machine to win elections. But, in recent years, that victorious pace had caused the party to begin to adjust and distance itself from the electorate. Chaves knew it. That’s why he knew that this was his last night as a candidate for the presidency of the Board.

In the 2008-2012 Legislature I have to leave (in reference to Chaves). But we have to see how to do it.
The president of the Junta told Zapatero that the only question in his mind was to find a justification to explain to the voters why he left the Presidency in the middle of a mandate, after almost twenty years and after winning the elections by a majority Absolute However, he reiterated his firm will to leave office before the end of the Legislature.
The President of the Government accepted the request of the leader of the Andalusian Socialists and asked him to let him reflect on the matter.
-Manolo, let me think about it, but do not worry, we will find the ideal way to channel your departure so that it does not generate any concern neither in the citizens nor in the game. After so many years of service to the State and to the Andalusians and for the great service you have rendered to the PSOE, you deserve an exit that honors your merits, “Zapatero said.
The conversation was there. Chaves had acted, as he had always done, with absolute loyalty to the party and its secretary general.

Almunia had the backing of almost all the heavyweights of the time and stage of Felipe González, including the former president of the Government and that of most of the barons, such as Manuel Chaves. In those primaries both Chaves and the entire leadership of the Andalusian PSOE overturned overtly supporting Almunia. There was no neutrality. In Andalusia Almunia won but in Spain it was not like that. The militants disregarded the call of their organic cadres and of Felipe González himself. They supported Borrell who won by 55.10 percent compared to 55.48 percent that Almunia added. It was a way of rejecting the relief plan that Felipe González himself had designed in person. Manuel Chaves has ended up recognizing that this was a mistake:
-Over time it has been shown that our attitude was a mistake. The Executive should have remained more neutral.
But the bicephalia that was created between Almunia and Borrell created a climate of internal tensions and instability that continued to wear down the party and, especially, the winner of the primaries.

-Look, José Antonio, you have to put someone who knows the organization very well. Here is someone who, in addition to knowing the match perfectly, is young and has a great capacity for work. I have no personal interest, I just want the party to regain stability and internal peace.
The two historical leaders approached the thirty-year-old deputy who had supported Viera and followed the Congress in detail. Toscano returned to address the new secretary general of the Sevillian PSOE and taking the arm to his interlocutor told them both:
-She has everything I’ve told you, she only needs to acquire moderation and maturity in her way of acting but that, you can contribute it, José Antonio. I’ve known her since she came to the game, being a girl. I think the person who can best accompany you as an Organization secretary is Susana Díaz.
José Antonio Griñán tried to remove the spirit of his troop to beat the polls in the upcoming European elections in June, which should be the first step to win also the municipal of 2011. For this, he ended his speech calling the unit:
– Think that we are lucky that it is enough for us to be what we are, to say what we think and to work. Together, very close and very close. If we do that, we will not only win the elections, but also what matters most: we will win the future.
In that Committee, the entire party unanimously wrapped up who was going to become its new president. But the internal unit would not last long. Just a few months later it would be found that the formula of bicephalia did not work. It would end up breaking the balance of the game and a close and old friendship, that of Manolo Chaves and Pepe Griñán.

With the appointment of Susana Díaz as secretary of Organization, Rafael Velasco wanted to surround himself with one of his trusted people, but also, win the support of the PSOE of Seville, the organization that increased the number of militants and votes contributed to the party. José Antonio Viera had been one of the provincial secretaries who had shown the greatest opposition to the request of José Antonio Griñán for the extraordinary Congress to be held. He maintained an iron faithful to Manuel Chaves, since in 2004 he proposed to face José Caballos by the Provincial Secretariat. The appointment of Susana Díaz as number three of the new Executive of the Andalusian PSOE, would reinforce Viera within her organization and would make the socialists of Seville gain weight.
Susana Díaz began to show signs of her ability to influence from the start. The new secretary of Organization managed to include in the regional executive one of her trusted people in the Sevillian PSOE, her friend Veronica Perez. The young Sevillian socialist, four years younger than Diaz and to whom she would leave years later as head of the provincial leadership of Seville, would become the new secretary of Social Movements and Participation. At that time, Perez was an autonomous deputy and student of Economics. With Susana Díaz in one of the three outposts, and Verónica Pérez in an area Secretariat, the leader of the Sevillian socialists, José Antonio Viera was very satisfied with the quota obtained by his organization within the regional management. The Sevillian socialists achieved, as the historic José Caballos claimed, much more weight in the Andalusian organization.
The confirmation of Susana Díaz as the new Secretary of Organization thwarted the aspirations of the provincial secretary of the PSOE de Cádiz to become Velasco’s replacement as number three of the party. Francisco González Cabaña confirmed the suspicions that José Antonio Viera’s attitude had given him.

On March 25, the president, José Antonio Griñán, announced the creation of a special team of officials to respond to the judge’s requests. In the first days of April, Alaya came to accuse the Board of “abuse of the law” for not delivering the minutes. The Andalusian Government requested to deliver some certificates with the argument that the minutes were covered by the secrecy of the deliberations of the Governing Councils. After the judge requested custody of the documents, in a clear hint of distrust, the Andalusian government delivered the minutes on April 7, rushing the 72-hour deadline granted by Alaya.
The judge and the socialist government had begun a pulse that would have outstanding milestones always coinciding with politically relevant moments for the Andalusian PSOE and for the Government of the Junta de Andalucía. Alaya staggered the foundations of a party that had ruled almost unchallenged for the last thirty years.
The problems multiplied for the president of the Junta de Andalucía who, every day had to cover a new waterway on the boat. In the surroundings of Griñán a perfect storm was unleashed. Everything and everyone seemed in conspiracy against him, but the Andalusian president did not need external help to have problems, he only helped to create some.
The general secretary of the Andalusian PSOE had just returned from the important Federal Committee on April 2, in which José Luis Rodríguez Zapatero announced, as he was being sued, that he would not repeat as a candidate for the Presidency of the Government. José Antonio Griñán spoke with his counselor of the Presidency, María del Mar Moreno, to give him instructions on the replacement he wanted in the Delegation of the Junta de Andalucía in the province of Cádiz. The cuitas between both parts not only were not resolved, but they were going to undergo a twist of the nut.
On Monday morning, María del Mar Moreno telephoned the Minister of the Interior to transmit the instructions of the president: José Antonio Griñán had decided to dismiss the delegate of the Board in Cádiz because he wanted to appoint a person of his total confidence.

José Blanco did not ask the president to desist from his purpose. Since winning the second election, Zapatero was aware that they were going to urge him to make public if he would repeat as a candidate. With the crisis and the poor electoral prospects there was nervousness in the party and the voices that thought that Zapatero was a drag. The president elected the Federal Committee on April 2 to announce that he would not run again for the elections, contrary to the country’s first banker, Emilio Botín, who advised him a week ago not to open the succession debate in full reformist escape from the economic crisis and to strengthen the stability of the country. With his announcement, Zapatero tried to improve expectations.
The reform of the Constitution, the forced electoral advance, the primaries without ballot boxes. The PSOE of Alfredo Pérez Rubalcaba was opening the seams. The fissures were getting deeper and the figure of the candidate deteriorated as the days go by. Before the consternation of their collaborators, the desertions were constant. The ex-ministers, Miguel Ángel Moratinos, Carmen Calvo and Miguel Sebastián, had already announced that they would not repeat on the electoral lists.
The ex-president of the Government, Felipe González, declared those days that he was a militant but not sympathetic to that PSOE. A stab at Zapatero, but also at Rubalcaba. In the spring, González dined at the Ministry of Defense with Carme Chacón and her husband, and on returning from the summer holidays he returned to do so at a well-known Madrid restaurant, where he did not care if they photographed him with Chacón.

The critical sector was someone who thought of the person who should replace José Antonio Griñán once the defeat was consummated and, therefore, the end of his weak leadership: Micaela Navarro. The Counselor of Equality and Social Welfare was one of the members of the Andalusian Government with greater recognition, a person of trust in Andalusia of Alfredo Pérez Rubalcaba, and with great experience in both institutional and organizational management. Although Navarro never ran, he did not prevent his name from running and being used in the party’s cenacles. On Thursday, at the same time that Susana Díaz and José Antonio Griñán participated in the main start-up ceremony of the Andalusian PSOE, Micaela Navarro, as head of the candidacy in her province, did the same in an event in Jaén, in the that coincided the ex-Andalusian president, Rafael Escuredo, and the veteran parliamentarian, José Caballos. Escuredo and Caballos were surprised that the PSOE of Jaén had printed the electoral posters with the face of Griñán and Navarro, instead of promoting only the candidate. They also commented on the passion put forward by the provincial secretary, Francisco Reyes, when he introduced Micaela Navarro.
The political leadership was won at the polls and José Antonio Griñán had earned his own, without the backing of critics or the federal leadership. His risky bid to separate the Andalusian elections from the general elections had paid off. All those who opposed and tried to force an electoral advance ended up giving the reason. Even his most bitter enemies in the game would recognize that it was one of the two great successes of Griñán, who saved the PSOE. The other success would be the election of his successor, but for that there was still more than a year. Now it was time to settle outstanding accounts and the best placed to collect the check was Griñán himself, and his two lieutenants: Susana Díaz and Mario Jiménez.
Reinforced by the electoral result, José Antonio Griñán received a carte blanche from the federal leadership of the party for the negotiation. Only one day after the elections, the general secretary of the PSOE left Griñán free to close with IU the pact he considered appropriate, and guaranteed him all the support of the federal Executive.
-I do not have any fear for having to govern with IU. We have already ruled with this training in the past both in town halls and in autonomous communities. When IU allows governments of the PP like the one of Extremadura it is branded him of sensible left, and when it insinuates that it can govern with the PSOE, then he is extremist and can take to the PSOE outside his habitual center of gravity – Alfredo Pérez Rubalcaba denounced.
The leader of the PSOE took to heart the electoral results of his party both in Asturias and in Andalusia, although he had not participated too much in the campaign of the Andalusian candidate.
José Antonio Griñán had chosen Susana Díaz as his successor, but before that he was going to offer his head as secretary of the organization of the Andalusian PSOE to try to pacify the mood of the critics. The entrance of Diaz in the Government served to the president of pretext to relieve it like number two of the party, position that had been exerting from the resignation of Rafael Velasco. The position was reserved for his other political son, Mario Jiménez, for whom Griñán had a special emotional relationship and who became his right hand in the game but at a level higher than that of Susana Díaz: vice secretary general. Some people considered him their favorite, but in the choice of the dolphin, the condition of Susana Díaz’s wife was decisive. In the distribution of its political inheritance, it could compensate Jiménez giving him the position of number two in the party that occupied Susana Díaz, in the XII Congress of the Andalusian PSOE.
Only a week after the investiture debate, on May 9, the Andalusian PSOE Steering Committee convened the Regional Congress that was held for the first time in Almería, between July 6 and 8.

Susana Díaz had not yet been proclaimed a candidate by the Steering Committee but she was already seen by all as the reference and interlocutor of the Andalusian PSOE. In a party that devours the times, rises and sinks leaders at breakneck speed, most of them were already thinking about the right time for José Antonio Griñán to leave the reins of the Presidency. All took for granted that, despite the official speech, the legislature would not run out and in that race, many began to think that there was no point in delaying it further. There was only one drawback, Judge Mercedes Alaya had pointed out for a long time and, leaving the Presidency and the Parliament was supposed to lose the appraisal and run the risk of being charged by the feared judge who had imputed to right and sinister senior officials of the Board of Andalusia, leaving out of their cars, exclusively, those who escaped their competition to be gauged. Imputing a parliamentarian or deputy would have forced him to withdraw in favor of a higher court, something to which the instructor did not seem willing. In the last four months of the year, the mystery that Alaya kept over Griñán could be cleared, so this could be an opportune moment to complete the relay.
The truth is that José Antonio Griñán years ago wanted to leave politics. In 2004 he was about to do it, but his then friend Manuel Chaves convinced him to join the Government as head of Economy. Five years later he was still more pressured to assume the Presidency. Griñán ended up accepting it as a great honor, but he could not imagine that years later he would regret having done it. The Andalusian president always felt a public servant rather than a politician, had a great sense of honesty and duty, so he was deeply irritated that they linked his name to the largest case of corruption in Andalusia, that of the ERE, although on the other hand, he assumed that his departure also cleaned the future of the Andalusian Government. It would be his last service to the party and to the Junta de Andalucía.
Definitely, corruption cases were going to stain the departure of José Antonio Griñán from the Andalusian Presidency. The declaration at the end of July of the exinterventor general of the Junta de Andalucía, Manuel Gómez, was devastating against the management of the former Minister of Economy and Finance. Manuel Gómez assured Judge Mercedes Alaya that Griñán ignored the alerts included in the reports on the ERE fund, where he issued the General Intervention, and questioned his participation in the Investigation Committee of the Andalusian Parliament.
The deputy secretary general of the PSOE of Andalusia, Mario Jimenez, demanded that the case pass to the Supreme Court and denounced that the investigation was making a political judgment. In a surprising decision, the Audiencia of Seville suggested in a car that the aforementioned in the case of the ERE testify before the investigating judge if they considered that they could “get involved” in the investigation, even though Mercedes Alaya was not the judge competent to impute to deputies to Courts and of the Andalusian Parliament, and was forced to elevate a reasoned exhibition of penal indications before the Supreme Court.
The car of the Hearing put the attention on the Andalusian president. In the press conference offered on August 27, after the signing of his resignation, José Antonio Griñán, acknowledged that his departure was not only due to the need for generational change in Andalusian politics, but also to clean the Andalusian Government of the past of the ERE management.
– We have to win in Andalusia, but we have to win well. And you have to win in Andalusia to win in Spain, and, as soon as possible … take this boat to where it never should have gone, the confidence of most of the Andalusians »… the veterans, all of us, you do us a lot, said Diaz.
His intention to sew wounds and recover the veterans demonstrated it by appointing Micaela Navarro as new party president. The gesture towards the PSOE of Jaén and towards the veteran leader tried to turn the page of the old quarrels.
Susana Díaz completed her Executive with unconditional, as she had always done. He left the Cádiz-born Juan Cornejo as secretary of Organization and number two, when the Deputy Secretary-General disappeared. Mario Jimenez would again serve as a parliamentary spokesman, a position in which he would have to work to maintain the agreements with IU and that took him away from the first line of command of the party. In the era of Susana Díaz, the triumvirate maintained by Griñán would end. There would only be one voice of command, that of Susana Díaz. A week later, culminating a perfectly designed operation, Susana Díaz left the provincial secretary of the PSOE in Seville in the hands of a person of her close confidence, the parliamentary Verónica Pérez.

Many of the national media and political circles in Madrid, like the former Justice Minister Juan Alberto Belloch, saw in Susana Díaz the birth of a star, the leadership that guided the PSOE that was going through the lowest hours since the arrival of democracy. Susana Díaz spent three months being a great unknown in the Spanish political scene to occupy spaces in the big newspapers, radios and televisions. In some cases they saw it as the last hope of a dying socialism, in others, the rise of their leadership was used as an opportunity to erode, even more, the sunken Alfredo Pérez Rubalcaba.
Díaz was sworn in as president of the Junta de Andalucía in September 2012. In the three months that remained until the end of the year, she monopolized the media space, and in early 2013 she began a meteoric career as a benchmark for the PSOE in Spain, combining an institutional agenda with highest level with his appearances on screen.
-The right to decide independence is unfeasible. Beyond the nationalist rhetoric of one and the other sign, what unites us to the Spanish citizens is democracy and Europe. You have to avoid the train collision and, for that, you have to change tracks and look for alternatives, “he said in response to the questions that were asked after his conference.
The determination, clarity and forcefulness of Susana Díaz surprised the Catalan political and economic society that filled the hall of the Ritz Hotel, where it was presented by one of the fathers of the Constitution, the former CDC leader, Miquel Roca. Diaz seemed to mark a path and a State party discourse that neither the PSOE nor the PSC had been able to sustain so far.
-In front of the voices that began to point towards the regency or the next abdication of Juan Carlos I, Susana Díaz said that it was a personal option that the King himself had to decide. His statements and the defense of the Monarchy and the figure of the King in the news breakfasts of Europa Press, contrasted with some opinions in his party that pointed to the call for a referendum in Spain to propose a modification of the Constitution to implement a model republican. Regarding the imputation of the Infanta Cristina due to her relationship with the Noos case, Díaz was limited to defending the Rule of Law and the “equality of all citizens before the law”. With its positioning, the new Andalusian president was gaining points in La Zarzuela where it was already perceived as the socialist policy with greater national projection and responsibility of the State in the face of the events that were approaching.

The shining political career of Susana Díaz began the first setbacks. On her first trip to Brussels as president of the Junta de Andalucía, on January 29, she had to answer an awkward question that related her to the latest corruption scandal, that of UGT’s false invoices. The newspaper El Mundo had published an agreement signed by Díaz herself in her stage as secretary of the PSOE in Andalusia for the lease of the classroom of the Casa del Pueblo of the municipality of Torreperogil Jiennense, shared by the PSOE and UGT, for the realization of training courses subsidized by the Junta de Andalucía.
-Clearly. It is false and nothing and nobody is going to stop me in my obligation, which is to recover until the last euro of the Junta de Andalucía that has been unduly spent by any entity, be it UGT or another, “said Susana Díaz after her meeting with the president of the European Commission, José Manuel Durão Barroso.
The information tried to connect the Andalusian president with the union center.
The magnificent relationship of Susana Díaz with the Royal House made her one of the first people to know the great news that was being prepared in the Palacio de la Zarzuela since the previous autumn. Although the abdication of the King had become a recurring issue, especially every time the Monarch had to go through the operating room, the decision to leave the Head of State began to be considered in the autumn in a very small circle of collaborators of the King.
With a notable improvement after overcoming his last surgical operation in November, Juan Carlos I pushed his agenda from January, with several trips abroad, but had already made the decision to abdicate. According to the House of the King, it was January 5, the day of his 76th birthday. A day later, he offered the image of fatigue and deterioration when delivering the speech on the occasion of the Military Easter.

The figure of the Andalusian president was enlarged. For many, he was already the reference, the leader in pectore of a party that still maintained a general secretary “in office”. Four days before the elections, Susana Díaz took part in a rally in the auditorium of the University of Huelva together with José Luis Rodríguez Zapatero. It was, practically, the first reappearance in public of the former president, who acknowledged errors, but claimed the achievements of his Government and, above all, highlighted the leadership of Susana Díaz, whom he had met when he invited him to his inauguration and, since then, he had been captivated by his charisma.
It was a campaign of veterans turned into candidates and new leaders who were looking for their space. Dolphins and sharks swimming in the same pond. Susana Díaz was one of those rising values, but the one who broke in unexpectedly and stellarly was the headliner of the new formation, Podemos. Pablo Iglesias was a professor of Political Science at the Complutense University of Madrid, who at the age of 36 had succeeded in turning the sociological experiment put into practice with other colleagues in the department and using social discontent as a basis.
Alfredo Pérez Rubalcaba informed the Federal Executive of his intention to resign and the convocation of an extraordinary Congress on July 19 and 20 to elect his successor. Before speaking with the Royal House to also inform their decision and reassure La Zarzuela transmitting the support of the main barons and the PSOE to the constitutional consensus.
-The responsibility of the very poor electoral result is mine, mine and mine and so I assume my responsibility. With a result like this, something we have not done well. Here there is a problem of political responsibility of a bad result without palliatives; a responsibility that must be assumed. And that responsibility is assumed by the leadership and I assume it, “explained the PSOE leader at a press conference in a desolate atmosphere.
The worst electoral result in the history of the PSOE had been ahead Rubalcaba. The party had harvested successive defeats since its arrival and it seemed not to touch ground. Despite the convening of the Extraordinary Congress, the calendar of the primaries opened in November to choose the future candidate for the Presidency of the Government was maintained.

The most advanced were the first to request that the open primary process be moved to the election of the general secretary. It was the case of the general secretary of the socialist group in the Congress of Deputies, Eduardo Madina, and the former Minister of Defense, Carme Chacón, who were joined by several regional barons such as the Valencian Ximo Puig; Guillermo Fernández Vara, from Extremadura; Emiliano García-Page, from Castilla-La Mancha; and César Luena from La Rioja. Nobody wanted to appear in public as the person who stole the debate and the ability to decide the bases at a time of political change in the country, but within the old guard, in the environment of Rubalcaba or the Andalusian PSOE of Susana Díaz , the opening of the election outside the party was not clear. There were no precedents in the internal statutes – in which the election of the general secretary was established by the vote of the delegates to the Congress – and an offense would be created with the militants whose vote would be the same as that of any citizen who wanted to participate in the choice.
Madina, the candidate sponsored by Elena Valenciano, number two of Rubalcaba, tensed the rope to force an open election that could rule out the favorite among public and published opinion: Susana Díaz. Eduardo Madina tried to get in touch with the Andalusian president to explain that she only wanted to leave the decision in the hands of the militants, but she could not talk to Diaz.
The next day, on Thursday 29, Alfredo Perez Rubalcaba responded in the corridors of the Congress that would only open the election of the secretary general to the direct vote of the militancy if the formula enjoyed “legal security” and “consensus”. The proposal of Madina and some regional barons to apply the formula one militant one vote, led the interim leader of the PSOE to open a round of contacts with the regional secretaries to explore a formula that had never been carried out in the party and that it did not appear in its statutes.
The last name that was on the table was that of the Madrid deputy Pedro Sánchez. Along with Pérez Tapias was the great unknown to the public, although worked for months to present to the primaries for the election of the Socialist candidate for the Presidency of the Government. The new road map made him wonder if he would advance his plans to opt to lead the game. Pedro Sánchez waited to know the movement of Susana Díaz, the favorite candidate. Sanchez had been touring the different socialist federations and many local groups for months. He counted among his brief team of collaborators with some Andalusian cadres who knew the president of the Board well. There were ten people from different backgrounds. Some did not know each other personally until they celebrated their first meal in March of that year, at the Orixe restaurant in Madrid. Among them was the Seville Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, rival of Susana Díaz in the struggles for control of the party since its early days in the Socialist Youth. Rodríguez Gómez de Celis knew Pedro Sánchez since 2008, both agreed in a working group that was assembled by the then Secretary of Municipal Policy of the PSOE, Antonio Hernando.

Socialism was in a situation of organic panic. In the face of stupor and uncertainty about their future, many militants and regional leaders opted for a strong and orderly leadership that would be able to move the party ahead of a Congress that threatened to enlarge the fracture. A broad representation of the paintings thought that that strength and security was only represented by Susana Díaz. The Andalusian president attracted the support of the majority of the territorial leaders, of the ex-presidents Felipe González and José Luis Rodríguez Zapatero, and made veterans like Alfonso Guerra, José Bono, and the ex-president of Andalusia Manuel Chaves coincide. Officials and critics of many territories were united with Susana Díaz. Some started calling her the Queen of the South. Despite the pressures, Susana Díaz still did not reveal her decision.
The only formal candidate was José Antonio Pérez Tapias, while Eduardo Madina still did not step forward even though he forced Congress to open up to the direct vote of the militants. Madina was located in the center of the hurricane almost without intending it, with the impulse of Elena Valenciano, some members of the federal directorate and the regional secretaries of Extremadura, Guillermo Fernández Vara; and Asturias, Javier Fernández.
The truth is that Pedro Sanchez collected fourteen thousand of the nineteen thousand guarantees that were signed in Andalusia. Finally, no candidate appealed the contrary’s endorsements.
The campaign of the primaries began with the fear of a high abstention that some attributed to the disillusioning effect that the absence of Susana Díaz had caused. On July 7, a debate took place between the three contenders who competed to present measures of regeneration and transparency, but which turned out to be a white glove despite the quarrels between Madina and Sánchez. The Basque forced Sanchez to express his commitment to maintain the primary in November to elect the candidate for the Presidency of the Government, something that angered the Andalusian federation. Three days later, Sanchez nuanced his words and left the door open to delay the call -the option defended by Susana Diaz- to ensure he would propose that date to the Federal Committee, but the decision would be made by all. The Madrilenian candidate also denounced foul play after the digital newspaper El Confidencial published that it had hidden its passage through the General Assembly of Caja Madrid. Sanchez said he had always declared his passage through the entity.

While Susana Díaz continued to give luster to her resume, Pedro Sánchez made her first mistakes. On October 25, three months after his arrival at the General Secretariat of the PSOE, in which he had received the first touches of his main support to get to the position, Susana Díaz, and his socialist leader, Felipe González, point of being forced to rectify some of their initiatives, almost immediately.
The first order of the head in Ferraz was to vote against the appointment of conservative Jean-Claude Juncker as president of the European Commission, marking distances with his predecessors and discarding the idea of ​​a grand coalition with the PP in the future. The PSOE MEPs thus failed to comply with the pact that had been sealed by conservatives and social democrats to distribute the positions in Brussels. The Spanish Socialists also broke the discipline of voting by abstaining in the vote for Miguel Arias Cañete to occupy the Energy and Climate Change portfolio.
The decision to publish the accounts of the party and the declarations of assets of their representatives was also problematic for Sánchez. In these statements appeared the loan that Caja Madrid granted him while he was one of the members of the Assembly of the entity, a revelation that tarnished the forceful performance of Ferraz against former socialist advisers who had black cards.
In the Christmas break the fact occurred that it finished dynamiting the relations between Zapatero and Sánchez. The former president attended a private dinner at the home of the former president of the Congress of Deputies, José Bono, along with the candidate for the Presidency of Castilla-La Mancha, Emiliano García Page and numbers one and two of Podemos, Pablo Iglesias and Íñigo Errejón. The meeting took place behind the back of the PSOE Federal leadership and transcended a few weeks later, which raised the irritation of Sanchez with Zapatero. On January 22, they staged their estrangement in public. In the presentation in Madrid of the book Six months that led to the rescue, former Minister Jordi Sevilla, both posed for the family photo with forced smiles, but did not consent to shake hands, despite the insistence of the press.
Manuel Chaves again became an important ally of the leadership of the Secretary General. Chaves recalled that Sanchez was the secretary general with more legitimacy in the history of the PSOE to have been elected in a primary with the direct vote of the militants, so questioning his leadership would be suicide for the party. The ex-mayor of San Sebastián, Odón Elorza, or the senator from Extremadura, Francisco Fuentes Gallardo, were much harder and more explicit when attacking the insinuations of the Andalusian president on the leadership of Pedro Sánchez.
– Shut up! Elorza asked Susana Díaz.
Given the harsh criticism of Susana Díaz and the lack of response from the Andalusian deputies, such as the general secretary of the parliamentary group, Miguel Ángel Heredia.

In the Andalusian elections. The differences with Pedro Sánchez were evident. They only met in two rallies, they did not talk anymore, they did not look at each other. Sanchez, who every day tried to vindicate his leadership against the Andalusian, told him at the end of the campaign in Seville that he intended to be the next president of the Government despite not having his support as a candidate.
-Forjemos Susana, you and I, a new alliance of socialist governments in San Telmo and Moncloa, he snapped.
Sánchez suggested that Susana Díaz’s leadership would continue to be in Andalusia, but only in Andalusia. The phrase annoyed the Andalusian candidate who responded with new slights.
The result, as indicated by the polls, offered an incontestable victory of the PSOE -five and seven seats- but maintaining the same number of deputies that Griñán achieved in 2012 and far from the absolute majority. The Socialists in Andalusia were once again the most voted list – three years before it had been the PP of Javier Arenas – and they maintained the push against the irruption of new forces. The result of Susana Diaz was made good by the collapse of the popular Juan Manuel Moreno Bonilla that went from fifty to thirty-three parliamentarians, suffering the erosion of Mariano Rajoy policies and the lack of leadership.

The confidence of Chaves in the Andalusian president was also damaged, although both would maintain a frequent epistolary contact. Griñán did retain the almost paternal bond he had exercised over Díaz. The last two presidents of the Junta de Andalucía and the PSOE had left through the back door of politics. His brilliant file had been stained forever by the case of the ERE, the corruption plot that shook and wobbled the party that had ruled uninterruptedly Andalusia.
The exit of Chaves and Griñán allowed Susana Díaz to become Andalusian president with the strength of the votes. It would mark another unprecedented milestone, it would be the first ruler who would give birth to a son while in office. The political death of his predecessors cleared him of the future in which many saw it as the last hope to save a party that, at the national level, was seriously ill and eager for incontestable leadership.
Since she took her first steps in the Triana district of El Tardón, Susana Díaz has overcome or demolished all the obstacles that have been placed before her to achieve her challenges. Those who have left to beat are in Madrid.

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