La inutilidad del sufrimiento — María Jesús Álava Reyes

Esta es de las psicólogas que más me gustan de este país, sin ser amante de este tipo de libros, sus libros me parecen positivos y más cuando nos da pautas para evitar una negatividad que nos acecha en cada esquina.
La sensibilidad engrandece al ser humano, y acompaña a las personas auténticamente privilegiadas; personas que son capaces de sentir donde otros no «llegan», de «vivir» y conmoverse, pero que saben actuar con la suficiente inteligencia emocional como para no hundirse en un pozo sin fondo.
Una sensibilidad mal entendida es como una trampa mortal, que puede llevarnos a un sufrimiento tan inútil como prolongado. Un sufrimiento que lejos de restañar las heridas las ahonda y las abre, provocando una sangría que nos debilita de forma continua e imperceptible.
En definitiva, no nos engañemos, que nos sintamos bien o mal depende fundamentalmente de lo que internamente nos estamos diciendo, y este hecho nos lleva a un axioma fundamental: si aprendemos a controlar nuestros pensamientos, controlaremos nuestra vida.

No nos confundamos, no hay nada que pueda arrebatarnos nuestro presente; incluso en las circunstancias físicas más duras que nos podamos imaginar, siempre nos pertenecerán nuestros pensamientos y, con ellos, nuestras emociones.
Si lo pensamos despacio, comprenderemos por qué hay personas que siguen buscando la felicidad, incluso en los momentos más adversos, y personas que lo que persiguen constantemente es encontrar la insatisfacción, incluso en los hechos más favorables. Pronto pasaremos a formar parte del «primer grupo» si aprendemos a extraer lo «útil» de todo lo que hemos vivido.

En las llamadas «culturas avanzadas» de los países desarrollados.
• El consumismo impera sobre el consumo sostenible.
• La intransigencia sobre la flexibilidad.
• El dogmatismo sobre el respeto a la inteligencia.
• Las «mentes cerradas» sobre las «mentes abiertas».
• La reacción y el estrés sobre la acción y la salud.
Hemos de potenciar el equilibrio, la madurez, el autocontrol y desterrar la tiranía, la manipulación, la insolidaridad, el narcisismo, el desequilibrio y la insatisfacción permanente. Porque debemos saber disfrutar de nuestra vida, de esa búsqueda sana y transparente de la felicidad.

Es importante que recuperemos el control «voluntario» de nuestros pensamientos en esos momentos negativos, porque eso nos conducirá al control de nuestras conductas y, lo que es más importante, al control de nuestras emociones.
Cuando pensamos que no tenemos solución, en realidad le estamos diciendo a nuestro cerebro que, haga lo que haga, ¡está todo perdido! El cerebro se lo termina creyendo y actúa de hecho como si de verdad ya no se pudiera hacer nada. Nuestra «mala» predisposición determina, con frecuencia, una realidad negativa.
La realidad es que la felicidad está en nosotros. La capacidad de amar y sentirnos amados también está dentro de nosotros y, por encima de todo, el amor que siempre, absolutamente siempre, estará a nuestro lado será nuestro propio amor; de ahí la importancia vital que adquiere el concepto que tengamos de nosotros mismos. Sin duda, para aprender a amar, haremos bien en entrenarnos primero en amarnos a nosotros mismos pues, de lo contrario, difícilmente podremos amar a los que nos rodean, y nunca, nunca, seríamos dueños de nuestra felicidad, ya que la habríamos puesto en «manos de otros».

Si hiciéramos un análisis riguroso, concluiríamos que más del 95 por 100 de las veces sufrimos inútilmente. Ese porcentaje tan alto puede extrañar a mucha gente, pero hemos desarrollado una facilidad enorme para provocarnos sufrimientos injustificados.
dar vueltas por dar vueltas» es tan inútil y desesperante como poco eficaz si no se realiza en las condiciones adecuadas. Si lo pensamos detenidamente, descubriremos que la mayoría de las veces que nos dedicábamos a este «menester» lo hacíamos a nivel emocional; de ahí los resultados.
En conclusión, sólo cuando se den las circunstancias y condiciones descritas analizaremos los hechos pasados y, una vez extraídas las consecuencias, nos «situaremos» y alcanzaremos el nivel racional óptimo para que las estrategias a seguir se desarrollen con las máximas garantías de éxito.
Pensar que la solución está en manos de los demás negar nuestra libertad, a la par que abdicamos del control de nuestra vida. Poco dominio tendremos sobre nosotros mismos si creemos que nuestra felicidad depende de lo que hagan otros.
En definitiva, es posible desarrollar la confianza e nosotros mismos, y lo haremos de forma madura cuándo en lugar de «echar la culpa de lo que nos pasa a los que nos rodean» concentremos nuestros esfuerzos para superar las dificultades.

La felicidad está en la risa vivida, en la alegría propia y compartida; la felicidad está en la interiorización e integración de esos aprendizajes que nos llevan al descubrimiento de nuestra propia esencia.
Como nos decía Tucídides: «Recordad que el secreto de la felicidad está en la libertad y el secreto de la libertad, en el coraje».
Pero no pensemos que nos queda un camino agotador y tortuoso; ¡nada más lejos de la realidad! Una vez que somos conscientes de nuestros pensamientos, que sabemos cómo se generan nuestras emociones, que podemos controlar nuestras ansiedades…, el camino está al alcance de nuestras manos, y lejos de agotarnos nos rejuveneceremos. Ya nos decía Kafka que la felicidad suprime la vejez.

Se debe recordar:
1. La formación no acaba nunca, porque morimos en el momento en que dejamos de aprender.
2. La persona dedica a la formación «oficial» al menos un tercio de su vida, y en muchos casos más de la mitad de su existencia.
3. La formación tradicional cada vez nos prepara menos para la vida, y la correlación que alcanza con el nivel de eficacia en el desempeño de la profesión no supera el 25 por ciento (en muchos casos es inferior al 4 por ciento).
4. Las personas que han estado volcadas en adquirir «conocimientos intelectuales», en detrimento de su vida emocional y de sus relaciones sociales, tarde o temprano «pagan» un duro precio por la falta de inteligencia emocional desarrollada.
5. Los últimos estudios señalan que, en relación a la excelencia profesional, las habilidades emocionales son al menos el doble de importantes que las habilidades técnicas o intelectuales.
6. El 90 por ciento del éxito en la alta dirección empresarial depende de la inteligencia emocional.
7. La inteligencia emocional se adquiere a través del desarrollo de competencias personales y sociales.

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