La celda de los inocentes — Francisco J. Lario / Innocent’s Cage by Francisco J. Lario (spanish book edition)

Bajo el epígrafe de “denuncias falsas por maltrato, una realidad oculta”, nos desvela un muy interesante libro sobre la ley integral de violencia de género (LITG). Estoy completamente de acuerdo en la defensa total hacia una mujer víctima de malos tratos y plasmo por escrito mi total rechazo hacia cualquier tipo de vejación y maltrato contra el ser humano, sea mujer u hombre, niño o anciano. Pero de la misma manera es necesario castigar los casos de denuncias falsas que se están llevando a cabo a diario en todo el territorio español. Estos además, están entorpeciendo a los verdaderos casos de maltrato y a aquellas mujeres que sí sufren de verdad la violencia. Eso no se debe consentir en un Estado de Derecho y democrático como es el nuestro. Me parece perfecto que se persiga a los maltratadores, que se les investigue y se les imponga un castigo ejemplar por lo que hayan hecho a una mujer, pero siempre que sea demostrado. Y no antes como ahora sucede.
La aún reciente Ley sobre la Violencia de Género obliga a Policía, Guardia Civil y demás miembros de Seguridad del Estado a que a estas mujeres y a estas llamadas han de concederle prioridad absoluta, algo que por supuesto aplaudo. Lo que ocurre, (esencia de este libro) es que antes de descubrir si estas llamadas tienen fundamento alguno o carecen de él, se encenderá de inmediato el botón del protocolo sobre la LIVG. En tan solo unos minutos, irán a detener urgentemente al individuo denunciado. Sin necesidad alguna de probar nada, solo con la palabra de ella, que será considerada como prueba, detendrán a su pareja, si éste es varón. (Ha sido resaltado «si éste es varón» porque curiosamente el protocolo de dicha ley no actúa de la misma manera si la denuncia es puesta por un miembro de una pareja hombre-hombre o mujer-mujer, sino exclusivamente en los casos de hombre-mujer, y únicamente si es ella la que ha denunciado, pero no al revés).
Ésta no es, señores, señoras y señorías, la tan buscada igualdad que se pretendía encontrar en nuestra sociedad desde hace décadas.

Se divide el libro en ciertos errores que culpan a los maridos referente a sus mujeres, cuando se demuestran los errores a esto continúa una entrevista con jefe policía nacional del S.A.F.(Servicio Atención a la Familia).
Lo normal desde que salió la LIVG es que el individuo varón, se venga con nosotros detenido. Si la llamada ha sido realizada por una mujer en la que por ejemplo dice que su marido la ha insultado y «nada más» o que han tenido una pequeña discusión, lo que hacemos es localizar el teléfono de él y llamarlo. Le pedimos que se persone en nuestras dependencias a la mayor brevedad posible para prestar declaración. Normalmente siempre dicen: «Pero si yo no he hecho nada, solo hemos discutido mi mujer y yo». Y casi todos suelen preguntar: «Si voy, ¿me quedaré detenido?» Yo les suelo contestar: «Usted venga cuanto antes, que cuanto antes venga, antes se irá», sabiendo que, efectivamente, lo normal es que se quede detenido en el calabozo, cuando menos, unas horas. Si éste se niega a venir o pasado un tiempo prudencial comprobamos que no lo ha hecho, el protocolo entonces es ir a detenerlo. El primer paso es ir a su lugar de residencia. Si no se encuentra, iremos a su trabajo intentando esperar a la hora de su salida, y si tampoco logramos encontrarlo aquí, entonces hay que buscarlo por todos los lugares que frecuenta como bares, parques, restaurantes…
Si el caso de la llamada es por una presunta agresión, maltrato físico, violación, etc. entonces obviamente actuamos de manera muy diferente: una o dos patrullas buscarán al acusado de inmediato. Se encuentre donde se encuentre será detenido, incluso en su puesto de trabajo. En todos los casos, una vez trasladado el individuo a nuestras dependencias, se le efectúa una toma de las 10 huellas dactilares y tres fotografías: de frente, perfil derecho y perfil izquierdo. Hay casos en los que el individuo se queda directamente con arresto en calabozo y otros en los que se le impone un arresto domiciliario. En este último caso, lo normal es que una pareja de policías vayan varias veces al día a comprobar que el arrestado, efectivamente, se encuentra allí.
El juez, ¿cuánto tiempo tarda «en aparecer» después de que el acusado haya sido detenido y retenido en el calabozo?
—Pues… desde unas horas, hasta casi tres días. Depende del día, del juez, de la cantidad de detenidos, del papeleo de cada caso, de «qué nivel de peligrosidad» le hayamos aplicado, etc.
¿Existe algún privilegio para la mujer si es ella la que denuncia y no al revés?
—¡Buff, todos! Para empezar hay todo mi sistema creado para ella. Desde abogados gratuitos y todo tipo de asistencia jurídica a través de letrados especializados, obtención de un salario, juzgados exclusivos —la LIVG conllevó la creación de los Juzgados de Violencia sobre la mujer—, casas de acogida gratuitas que, dependiendo de la comunidad, algunas de ellas tienen garaje, jardín y piscina… Digo gratuitas porque la baja cuantía a la que ellas están obligadas a pagar, muchas no la pagan y la deuda finalmente les es condonada. Disponen igualmente de asistentes sociales, psicólogos, médicos, traslados y cambios de horario en el trabajo, cursos pagados para la obtención de un título profesional al que la gran mayoría ni asiste, subvenciones para crear empresas, vacaciones pagadas, teléfonos gratuitos de información, regularización de su situación a las emigrantes con la obtención de la ciudadanía española, reagrupamiento familiar y un largo etc. al que el hombre no tiene ni acceso ni derecho. Y si es el hombre el que denuncia, no tiene ni credibilidad ni casi derechos.

Finalmente habla con una abogada:
—Como mujer: Porque me siento insultada e indignada. Implantaron una ley que nos deja inútiles como mujeres. ¿Es que acaso no podemos defender la veracidad de nuestra palabra en un juicio, sin que ésta se dé por hecho «porque sí»? ¿Tan poquito valemos que, sin tan siquiera preguntamos, ya encierran a nuestras parejas «porque sí»? ¿Es que no se supone que somos «iguales» y deberían escuchar a las dos partes por igual, hombre y mujer, mujer y hombre? Pero no, aquí hemos pasado del «mi marido me levanta la voz cuando se enfada» al «a mi marido lo voy a aplastar, humillar y pisotear porque la ley me ampara y protege», vamos hombre, por Dios… Ésta no es la igualdad que nosotras pedíamos a gritos, ésta no.
—Como abogada: Porque veo a diario hombres como castillos de grandes derrumbarse en mi mesa del despacho, desesperados. También atiendo a mujeres maltratadas de verdad, pero no son el caso de este libro, a mí se me ha pedido que hable de ellos, de los indefensos, de los ausentes, de los invisibles, de los que lloran como niños abrazados a la fría almohada de un calabozo, de los que no ven a sus hijos en un cumpleaños, quizá tampoco en Navidad, ni le pueden dar un beso de buenas noches porque un juez así lo ha decidido. Hombres que lejos de haber pegado o insultado a su mujer, lo único que han hecho es trabajar durante media vida para que a su familia no le falte de nada y, circunstancias de la vida, después de apagarse el amor que los había unido, se han separado.
—Me avergüenza cuando a muchas de mis clientes, al preguntarles si son conscientes de que si cuento al juez lo que me acaban de relatar, su pareja dormirá en un calabozo esa misma noche y será separado de inmediato de su hogar y de sus hijos, me dicen:
—«Bueno, no lo exagere usted al juez tanto como yo ahora, si puede ser… lo asusten un poco, nada más. Pero lo de dormir en un calabozo, no sé, quizá eso no… ¿no?»… No tengo palabras para describir tal crueldad y cinismo, que cada uno piense en ello y lo que encierra. Sin comentarios.
—Otras, las más descaradas, llegan a pedirme que invente en el juicio todo lo que tenga que inventar para que su pareja duerma, al menos, unos meses en la cárcel.
Jamás olvidaré el día que eché literalmente a una cliente de mi despacho.
Resumo un poco lo que pasa diariamente en los despachos españoles dedicados al derecho de familia en los casos concretos de denuncias falsas. Por supuesto, que nadie me tache de «abogada machista», a mi consulta acuden tanto mujeres maltratadas como mujeres aprovechadas, tanto hombres maltratadores como hombres sufridores.
—Quiero concluir mis palabras poniendo de manifiesto que esta ley han de cambiarla, transformarla, matizarla, limarle los grandes defectos que contiene, cuando menos. De esta manera, tal y como está redactada y tal y como deben actuar las fuerzas del orden ante una llamada de socorro (con todas, ése es el error), lo único que conseguimos es que el odio se instaure entre las parejas, entre las familias, entre los amigos en común de cada pareja… Y ésa, «queridos» miembros del Gobierno, señorías, no era la idea.
Castiguen, señores jueces y miembros del Gobierno, castiguen, señorías a todo aquel cobarde y miserable que se atreva a maltratar a una mujer, la insulte, amenace o humille. Pero por lo que más quieran, dejen de encerrar a los que no han cometido nada de ello, a los que han dado la vida entera por su mujer y sus hijos para crear un hogar. No encierren a los que, lejos de maltratar a una mujer, son ellos los maltratados, física o psicológicamente. No tengan miedo al efecto mediático que puedan tener sus decisiones. Ustedes saben, en la mayoría de los casos, quien es el que dice la verdad. Persigan siempre a esta verdad, desoigan el camino «políticamente correcto» que les marca esta ley. Actúen desde lo más profundo de su corazón y de su conciencia.
Recapaciten señorías, y dense cuenta de una vez que no se debe tratar a todos como culpables. Sepan separar al inocente del culpable, es por eso por lo que estudiaron para ejercer la judicatura, para saber juzgar y dictaminar si un individuo es una u otra cosa. Ése precisamente es su cometido, su misión, su labor… y su obligación.

Finalmente acaba el libro con un protocolo cuando es denunciado por violencia género falsa y lugares de interés. El autor escribe el libro después de una separación.

Under the heading of “false allegations of abuse, a hidden reality”, reveals a very interesting book on the comprehensive law of gender violence (LITG). I completely agree with the total defense of a woman victim of mistreatment and I write down my total rejection towards any type of abuse and mistreatment against the human being, be it woman or man, child or old man. But in the same way it is necessary to punish the cases of false denunciations that are taking place on a daily basis throughout the Spanish territory. These are also hindering the true cases of abuse and those women who really suffer violence. That should not be allowed in a State of Law and democratic as is ours. It seems perfect to me that the abusers be persecuted, that they be investigated and that an exemplary punishment be imposed on them for what they have done to a woman, but as long as it is proven. And not before, as now happens.
The recent Law on Gender Violence obliges the Police, Civil Guard and other members of State Security to give these women and these calls absolute priority, which of course I applaud. What happens, (essence of this book) is that before discovering if these calls have any basis or lack thereof, the protocol button on the LIVG will immediately light up. In just a few minutes, they will urgently detain the denounced individual. Without any need to prove anything, only with the word of it, which will be considered as evidence, will stop your partner, if this is male. (It has been highlighted “if this is male” because curiously the protocol of this law does not act in the same way if the complaint is made by a member of a man-man or woman-woman couple, but exclusively in the cases of man- woman, and only if she is the one who has denounced, but not the other way around).
This is not, gentlemen, ladies and gentlemen, the sought-after equality that was sought in our society for decades.

The book is divided into certain errors that blame the husbands about their women, when the errors are shown, an interview with the National Police chief of the S.A.F. (Family Service) continues.
The normal thing since the LIVG came out is that the male individual, avenged with us arrested. If the call was made by a woman who says for example that her husband has insulted her and “nothing else” or that they have had a small discussion, what we do is locate his phone and call him. We ask that you come to our offices as soon as possible to give a statement. Normally they always say: “But if I have not done anything, only my wife and I have discussed it.” And almost everyone usually asks: “If I go, will I be detained?” I usually answer: “You come as soon as possible, the sooner you come, the sooner you will leave”, knowing that, in fact, it is normal for you to stay in custody. the dungeon, at least, a few hours. If this one refuses to come or after a prudential time we verify that it has not done it, the protocol then is to go to stop it. The first step is to go to your place of residence. If you can not find us, we will go to your work trying to wait at the time of your departure, and if we can not find it here, then you have to look for it in all the places you frequent such as bars, parks, restaurants …
If the case of the call is for an alleged assault, physical abuse, rape, etc. then obviously we act very differently: one or two patrols will search for the accused immediately. Wherever you are will be arrested, even at your job. In all cases, once the individual has been transferred to our facilities, a fingerprinting of the 10 fingerprints and three photographs is taken: front, right profile and left profile. There are cases in which the individual is directly arrested in jail and others in which a house arrest is imposed. In the latter case, it is normal for a couple of policemen to go several times a day to check that the arrested person is indeed there.
The judge, how long does it take “to appear” after the defendant has been arrested and detained in the jail?
-Well … from a few hours, to almost three days. It depends on the day, the judge, the number of detainees, the paperwork of each case, “what level of danger” we have applied, etc.
Is there a privilege for the woman if she is the one who denounces and not the other way around?
-Buff, everyone! To begin with there is all my system created for her. From free lawyers and all kinds of legal assistance through specialized lawyers, obtaining a salary, exclusive courts – the LIVG led to the creation of the Courts of Violence against women -, free shelters that, depending on the community, some they have garage, garden and pool … I say free because the low amount they are forced to pay, many do not pay and the debt is finally forgiven. They also have social assistants, psychologists, doctors, transfers and schedule changes at work, paid courses to obtain a professional degree to which the vast majority does not attend, subsidies to create companies, paid vacations, free information, regularization of their situation to the emigrants with the obtaining of the Spanish citizenship, family regrouping and a long etc. to which man has neither access nor right. And if it is the man who denounces, he has neither credibility nor almost rights.

Finally talk to a lawyer:
-As a woman: Because I feel insulted and outraged. They implanted a law that leaves us useless as women. Is it that we can not defend the truth of our word in a trial, without it being taken for granted “just because”? So little we are worth that, without even asking, they already lock up our partners “just because”? Are we not supposed to be “equal” and should we listen to both parties equally, man and woman, woman and man? But no, here we have gone from “my husband raises my voice when he gets angry” to “my husband I’m going to crush, humiliate and trample because the law protects me and protects”, come on man, for God … This is not the equality that we were screaming for, this one was not.
-As a lawyer: Because I see men every day as big castles collapse at my desk in the office, desperate. I also attend real battered women, but this is not the case of this book, I have been asked to talk about them, the helpless, the absent, the invisible, those who cry like children embraced in the cold pillow of a dungeon, of those who do not see their children on a birthday, perhaps not at Christmas, nor can they kiss him good night because a judge has decided so. Men who far from having hit or insulted his wife, all they have done is to work for half a life so that his family does not lack anything, and circumstances of life, after the love that had united them was extinguished, They have separated.
-I am ashamed when many of my clients, when asked if they are aware that if I tell the judge what they just told me, their partner will sleep in a dungeon that same night and will be separated immediately from their home and their children, they tell me:
– “Well, do not exaggerate the judge as much as I do now, if it can be … scare him a little, nothing more. But sleeping in a dungeon, I do not know, maybe that’s not … right? “… I have no words to describe such cruelty and cynicism, that everyone thinks about it and what it contains. No comment.
-Other, the most blatant, come to ask me to invent in the trial everything you have to invent for your partner to sleep, at least a few months in jail.
I will never forget the day I literally kicked a client from my office.
I summarize a little what happens daily in Spanish law firms dedicated to family law in specific cases of false allegations. Of course, no one labeled me as a “macho lawyer”, both my battered women and exploited women come to my practice, both abusive men and suffering men.
-I want to conclude my words by showing that this law has to change it, transform it, nuance it, clean it the big defects it contains, at least. In this way, as it is written and as law enforcement must respond to a call for help (with all, that is the mistake), the only thing we get is that hatred is established between couples, between families, between the mutual friends of each couple … And that, “dear” members of the Government, ladies and gentlemen, it was not the idea.
Castiguen, gentlemen judges and members of the Government, punish, señorías to all that coward and miserable that dares to mistreat a woman, insults, threatens or humiliates. But for what they most want, stop locking up those who have not committed any of it, those who have given their whole lives for their wife and children to create a home. Do not confine those who, far from mistreating a woman, are the ones mistreated, physically or psychologically. Do not be afraid of the media effect that your decisions may have. You know, in most cases, who is the one who tells the truth. Always persecute this truth, ignore the “politically correct” path that this law sets for you. Act from the depths of your heart and your conscience.
Recalcitate lordships, and realize once that you should not treat everyone as guilty. Know how to separate the innocent from the guilty, that is why they studied to exercise the judiciary, to know how to judge and decide if an individual is one or another thing. That is precisely their mission, their mission, their work … and their obligation.

Finally the book ends with a protocol when it is denounced for false gender violence and places of interest. The author writes the book after a separation.

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