¡Mírame tonto!. Las mentiras impunes de la tele — Mariola Cubells / Look at me, Fool! The Impunity Lies of the TV by Mariola Cubells (spanish book edition)

Este es un interesante libro sobre la televisión y su trastienda, no por ello desconocido. Crítico y ácido cuando se debe a través de una profesional de la televisión valenciana. La audiencia lo justifica todo. No discuto su importancia, y por eso debemos saber quién la configura, cómo se modula. Pan y circo, más fácil y más barato. No dejo de sorprenderme ante la afirmación tajante: «esto es lo que quiere el público», como si la oferta fuera ajena y surgiera espontáneamente, como si nadie hubiera oído hablar de la educación del gusto, como si fuera el único criterio hasta el punto de llegar a constituirse en una tiranía.

Manipulamos concursos, si hace falta, para que ganen los guapos.O para mantener el ritmo. O para que no se aburran; sobre todo, no se aburran, por favor. Tergiversamos y editamos afirmaciones para que resulten más acorde a nuestros fines, porque eso es lo que nos han pedido nuestros jefes. En un informativo o en un programa estéril. Incitamos a nuestros subordinados a que hagan lo mismo. Y si se niegan, los despedimos, o en su defecto los ninguneamos.
Llevamos a individuos a la televisión sabiendo que su aparición en pantalla puede destrozarles la vida; nos reímos de su simpleza y la festejamos con el resto de compañeros. Con solidaridad y buen humor.
Ponemos la lupa en sus miserias y utilizamos nuestro poder de persuasión, nuestra capacidad para cambiar de registros y nuestro bagaje, a fin de convencerlos de que lo mejor para ellos es que hagan y digan lo que nosotros queremos…
Diseñamos programas zafios sabiendo que lo son, porque consideramos que muchos de ustedes son, simplemente, espectadores analfabetos.
Somos a menudo racistas, clasistas, despóticos, elitistas y crueles. Sin contemplaciones y sin arrepentimientos. Obedecemos órdenes intolerables.

La productora privada me contrató para dirigir un programa en La Primera de TVE. Un programa serio, de reportajes humanos en el contenido y vanguardistas en el formato. Arrancó y los resultados de audiencia de la primera entrega fueron escasos. Los ejecutivos de TVE se escandalizaron y le exigieron al productor ejecutivo del espacio que se olvidara, pero ya, de las promesas de calidad y rigor con las que todos nos habíamos llenado la boca. Los documentales desaparecieron y el programa se convirtió, así, de repente, en un debate histriónico sobré transexuales, sobre infidelidad, sobre machismo, sobre esoterismo, sobre sexo…
Tras la baja audiencia, la recomendación del ejecutivo principal (hoy flamante jefe en Antena 3) fue más o menos: “Destapa la caja de tus monstruos”.

Esa televisión tan vapuleada por unos, y que algunos teóricos defienden esgrimiendo razones de democracia (confundiendo los principios democráticos con la democracia agregativa, como si lo que hacen tres siempre fuera más democrático que lo que hacen dos), no es así por casualidad: detrás de cada programa, de cada informativo que se considera infame, hay una legión de pensantes y ejecutores que compra, vende y hace el espacio, sin ninguna conciencia sobre la responsabilidad moral del trabajo de periodista. Legión que manipula, tergiversa, concibe programas rastreros, noticias perversas, edita informativos intolerables. Y lo hace, lo hacemos, conscientemente, por distintos motivos. Y siguiendo unas pautas.
Casi todo el mundo distingue la mala televisión, aunque algunos se empeñen en criticar sólo a «Crónicas Marcianas» y salvar todo lo demás:
un informativo desenfocado, parcial, sectario; un programa histriónico, deshonesto; un espacio repleto de malas intenciones; una sucesión de imágenes y palabras que mueva lo peor de cada uno. Pero pocos saben cómo los profesionales la diseñamos y la hacemos posible.

This is an interesting book about television and its back room, not unknown. Critical and acid when it is through a professional of the Valencian television. The audience justifies everything. I do not dispute its importance, and therefore we must know who configures it, how it is modulated. Bread and circus, easier and cheaper. I never cease to be surprised at the categorical affirmation: “this is what the public wants”, as if the offer was foreign and arose spontaneously, as if nobody had heard of the education of taste, as if it were the only criterion to the point to become a tyranny.

We manipulate contests, if necessary, so that the handsome ones win. Or to keep pace. Or so they do not get bored; Above all, do not get bored, please. We distort and edit affirmations to be more consistent with our purposes, because that is what our bosses have asked us to do. In an informative or in a sterile program. We encourage our subordinates to do the same. And if they refuse, we say goodbye, or if we do not, we will not let them.
We take individuals to television knowing that their appearance on the screen can destroy their lives; we laugh at its simplicity and we celebrate it with the rest of our classmates. With solidarity and good humor.
We put the magnifying glass in their miseries and use our power of persuasion, our ability to change registers and our baggage, in order to convince them that the best thing for them is to do and say what we want …
We design clumsy programs knowing that they are, because we consider that many of you are, simply, illiterate spectators.
We are often racist, classist, despotic, elitist and cruel. Without contemplations and without regrets. We obey intolerable orders.

The private producer hired me to direct a program on La Primera de TVE. A serious program, of human reports in the content and avant-garde in the format. It started and the audience results of the first delivery were scarce. TVE executives were scandalized and demanded the executive producer of the space to forget, but now, of the promises of quality and rigor with which we had all filled our mouths. The documentaries disappeared and the program became, suddenly, in a histrionic debate about transsexuals, about infidelity, about machismo, about esotericism, about sex …
After the low audience, the recommendation of the chief executive (today brand new boss in Antena 3) was more or less: “Uncover the box of your monsters.”

That television so beaten by some, and that some theorists defend using democracy reasons (confusing the democratic principles with the aggregative democracy, as if what three do was always more democratic than what two do), it is not by chance: behind of each program, of each newsletter that is considered infamous, there is a legion of thinkers and executors who buy, sell and make space, without any awareness of the moral responsibility of journalist work. Legion that manipulates, distorts, conceives downstream programs, perverse news, publishes intolerable news. And it does, we do it, consciously, for different reasons. And following some guidelines.
Almost everyone distinguishes bad television, although some insist on criticizing only “Martian Chronicles” and saving everything else:
an informational defocused, partial, sectarian; a histrionic, dishonest program; a space full of bad intentions; a succession of images and words that move the worst of each one. But few know how professionals design it and make it possible.

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