Los fascismos españoles — Joan Maria Thomàs / Spanish Fascisms by Joan Maria Thomàs

Este es un libro sobre los fascismos españoles del s.XX, muy interesante. Hoy en día, y de manera nada casual, las palabras «fascismo» o «fascista» son sinónimos de algo autoritario, dictatorial o violento, así como de barbarie e inhumanidad. Son palabras que llevan consigo una fuerte carga negativa. No en vano, ya que la más cruenta de las guerras que se han dado en la Historia, la segunda guerra mundial, se libró en Europa contra regímenes fascistas.
El legado negativo y brutal, por no decir obsceno, del fascismo tuvo, y tiene aún hoy, otra cara perversa: no son pocos, sino más bien legión, los que se sintieron y se sienten fascinados por la simbología nazi, sus cuidados uniformes…
Todo lo fascista estaba sobredeterminado por el culto al líder, Duce, Führer, jefe nacional o como se llamase en cada país. Un culto llevado al paroxismo doctrinal con el führer-prinzip —ni más ni menos que la voluntad de Hitler hecha ley— y con el principio de que el Duce no se equivoca. Expresiones ambas de la extrema jerarquización política de los partidos y regímenes fascistas que giraban alrededor de su jefe o dictador.
Además, la ideología fascista era regeneracionista. Consideraba que la sociedad y la cultura occidentales habían entrado en decadencia.

Sales fundó la LPE (Liga Patriótica Española) al calor y socaire de la gran campaña por la autonomía de Cataluña promovida por la Lliga Regionalista entre noviembre de 1918 y febrero de 1919. Dicha campaña arrastró a sectores republicanos, carlistas y nacionalistas radicales de la Federació Democrática Nacionalista del ex coronel Francesc Maciá.[1] El clima de agitación catalanista que se vivió en esos meses comportó la aparición de la LPE, que fue poco más que un grupo ultraespañolista violento, dispuesto a limpiar de «separatistas» las calles de la Ciudad Condal y en la que se encuadraron funcionarios, militares de paisano, policías, carlistas radicales y otros españolistas.
La Liga se dio a conocer con el manifiesto «¡Viva España!».
Más vida, aunque no demasiada, tendría La Traza. Nació no como periódico sino como grupo con voluntad claramente emuladora del fascismo italiano en los meses inmediatamente anteriores al establecimiento de la dictadura. Como sucedió con el primer Somatén, surgió en Barcelona —escenario por antonomasia, como hemos dicho, aunque ni mucho menos único— de los enfrentamientos sociales urbanos más importantes del país y donde el miedo a la revolución impregnaba no sólo a la burguesía sino a amplias capas de las clases medias profesionales y funcionariales, y también a sectores de trabajadores.
Tampoco fue la Unión Patriótica una organización de tipo fascista, si bien una pequeñísima parte de su militancia acabó integrándose en el fascismo años después. Tampoco lo fue aunque compartiese con el fascismo y otras opciones derechistas unos presupuestos antidemocráticos, conservadores, corporativos y antiseparatistas, contribuyendo a su propagación por el país.
Los antecedentes específicos de la Unión Patriótica se encuentran en la llamada «Unión Patriótica Castellana (UPC)», nacida en noviembre de 1923 en Valladolid de la mano de grupos afines al catolicismo social, como el Partido Social Popular (PSP), la Asociación Católica Nacional de Propagandistas (ACNP) y la Confederación Nacional Católico Agraria (CONCA). Vinculada en su origen a quien acabaría siendo cardenal, el ya mencionado Ángel Herrera.

Las JONS no sólo no tuvieron éxito sino que cayeron sobre ellos diversas desgracias. A un ataque de un grupo de las milicias jonsistas al local de la prorrepublicana Federación Universitaria Escolar (FUE) de la Universidad de Valladolid, siguió una suspensión gubernativa de un mitin y varias denuncias contra su semanario, que resultaron en una leve condena a cárcel de Redondo. En mayo de 1932 moría un joven jonsista vallisoletano en el curso de una manifestación no autorizada en la ciudad y reprimida por la Guardia de Asalto. Se trataba de una manifestación en contra de la autonomía catalana.
En el primer número de JONS apareció publicado el programa político de la organización. En él se reflejan tanto la fusión con las Juntas de Onésimo Redondo como la predominancia e impronta ideológica fascista de Ledesma en ella. El programa constaba de dieciocho puntos:
 
1. Rotunda unidad de España.
2. Imponer a las personas y a los grupos sociales el deber de subordinarse a los fines de la Patria.
3. Máximo respeto para la tradición religiosa de nuestra raza.
4. Expansión imperial de España y política nacional de prestigio en el extranjero.
5. Sustitución del régimen parlamentario por un régimen español de autoridad, que tenga su base en el apoyo armado de nuestro partido y en el auxilio moral y material del pueblo.
6. Ordenación racional y eficaz de la administración pública.
7. El exterminio y la disolución de los partidos marxistas, considerándolos antinacionales y traidores.
8. La acción directa del partido.
9. La sindicación obligatoria de todos los productores, como base de las Corporaciones Hispanas de Trabajo, de la eficacia económica y de la unanimidad social española.
“10. El sometimiento de la riqueza a las conveniencias nacionales, es decir, a la pujanza de España y a la prosperidad del pueblo.
11. Que las corporaciones económicas y los sindicatos sean declarados organismos bajo la especial protección del Estado.
12. Que el Estado garantice a todos los trabajadores españoles su derecho al pan, a la justicia y a la vida digna.
13. El incremento de la explotación comunal y familiar de la tierra. Lucha contra la propaganda antinacional y anárquica en los campos españoles.
14. La propagación de la cultura hispánica entre las masas.
15. El examen implacable de las influencias extranjeras en nuestro país y su extirpación radical.
16. Penas severísimas para aquellos que especulen con la miseria y la ignorancia del pueblo.
17. Castigo riguroso para aquellos políticos que favorezcan traidoramente la desmembración nacional.
18. Que los mandos políticos de más alta responsabilidad sean confiados, de un modo preferente, a la juventud de la Patria, es decir, a los españoles menores de cuarenta y cinco años.
¡Españoles! Cread juntas para la defensa de este programa. Ingresad en la disciplina de las JONS.”

El yugo y las flechas fue absorbido de los RR.CC.

El jonsismo aportó mayor sensibilidad social a la organización, es decir, un mayor interés por captar obreros que hiciesen creíble el nacional sindicalismo que postulaba en competencia con los sindicatos izquierdistas. Y unos meses después, durante el verano de 1934, se crearon los sindicatos falangistas: la Central Obrera Nacional Sindicalista (CONS) y la Central de Empresarios Nacional Sindicalista (CENS), antecedentes de lo que en el futuro debían ser los Sindicatos Verticales que uniesen en su seno a todo el mundo del trabajo español al servicio de la Patria y su engrandecimiento, acabando con la lucha de clases.

La primera consecuencia para Falange del triunfo de los alzados fue la liberación de todos sus jefes y militantes que hasta entonces habían permanecido encarcelados. Ello ocurrió por supuesto solamente en las cárceles que habían quedado en la llamada «Zona Nacional» o «España Nacional». El resto, incluyendo a Primo, Ruiz de Alda, Sánchez Mazas, Fernández-Cuesta, Salazar (del SEU), Valdés Larrañaga y otros, permanecieron en manos de la República. De los liberados el más importante fue Onésimo Redondo. Sin embargo, murió seis días después de su liberación, en un hecho de armas.

La paradoja fue que cuando Falange había comenzado a ser un auténtico partido de masas fue absorbido en uno nuevo creado expresamente para ello por el Caudillo, quien además se autodesignó su jefe nacional. La cosa tuvo incluso más inri ya que el nuevo partido copió el 90 por ciento del ideario, organización interna y objetivos de FE de las JONS. Y aunque se creó unificando la vieja Falange con la Comunión Tradicionalista, el predominio del modelo falangista fue aplastante. Tanto, que una parte notable de los carlistas o no quiso participar en él o se fue alejando progresivamente en los años siguientes.
El que Franco tomase Falange fue facilitado por las disensiones internas falangistas —que también existieron en el seno del carlismo—, catalizadas precisamente por los rumores que comenzaron a correr a principios de 1937 por la España Nacional de que el Caudillo iba a proceder a una unificación. La lucha interna se planteó cuando a los rumores se mezcló el hecho de que el hasta entonces aparentemente tímido Hedilla se plantease dejar de ser el jefe de una junta colegiada para pasar a ser el nuevo jefe nacional falangista.
Así acabó el último Consejo Nacional de FE de las JONS de la Historia. El mismo día de su clausura, el 19 de abril de 1937, fue el del decreto de Franco por el que desaparecía el partido. Según éste, a partir de ese momento, Falange Española y Requetés, con sus actuales servicios y elementos, se integran bajo mi jefatura en una sola entidad política de carácter nacional que, de momento, se denominará «Falange Española Tradicionalista y de las JONS». Esta organización, intermedia entre la Sociedad y el Estado, tiene la misión principal de comunicar al Estado el aliento del pueblo y de llevar a éste el pensamiento de aquel a través de las virtudes político-morales de servicio, jerarquía y hermandad.
A los pocos meses de haber echado a andar el nuevo partido único, los falangistas se convirtieron rápidamente en los predominantes en la organización. Se quejó de la «absorción» a la que se veía sometida la Comunión Tradicionalista dentro de un partido controlado por los falangistas. Parte de razón no le faltaba, ya que la antigua Falange había sido beneficiada no sólo por la letra del decreto sino también a la hora de su aplicación práctica. En primer lugar en los nombramientos: para viejofalangistas fueron las delegaciones nacionales de la Sección Femenina (Pilar Primo), Auxilio Social (Mercedes Sanz), Prensa y Propaganda (Fermín Yzurdiaga), Servicios Técnicos (Escario) o Servicio Exterior (Castaños). Para los carlistas quedaron otras de menor relevancia: Frentes y Hospitales (María Rosa Urraca), Administración (Gaiztarro) o Sanidad (Oreja). Además, jerarcas de la vieja Falange como Aznar o Dávila fueron promovidos a cargos de relieve (Asesor Político Nacional de la Milicia e inspector territorial de Andalucía, respectivamente), mientras otros jefes como Dionisio Ridruejo, Alfonso García Valdecasas, José Antonio Giménez Arnau o Pedro Camero del Castillo formaban parte del consejo asesor de Prensa y Propaganda o del de Organizaciones Juveniles.

La «Crisis de Mayo de 1941», fue seguramente la más importante de las vividas dentro del bloque político franquista en su primera década de existencia. A partir de ese momento, se inició la que podemos denominar Era de Arrese, que llegaría hasta julio de 1945, cuando el ministro-secretario general fue cesado muy a pesar del Caudillo y en medio de presiones internacionales. Digamos antes que nada que la resolución de la crisis no había apagado las tensiones existentes entre falangistas y militares, que tuvieron otros dos escenarios de gran virulencia en ese mismo 1941 y en 1942. El primero de ellos (en cierta manera correlato de los hechos de mayó) fue el cese de Gerardo Salvador Merino como delegado nacional de Sindicatos. El segundo fueron los Sucesos de Begoña de septiembre de 1942, que se llevaron por delante a dos ministros militares y al mismísimo Serrano Suñer.
Los hechos que llevaron a su cese fueron los siguientes: en la primera semana de mayo de 1941 Salvador y algunos colaboradores suyos (como Germán Álvarez de Sotomayor) habían viajado a la Alemania nazi. Allí habían visitado la sede del Frente del Trabajo (DAF) y se entrevistaron con su responsable, doctor Ley. También vieron al ministro de Exteriores Ribbentrop y al de Propaganda doctor Goebbels, El resultado más visible de la estancia fue el anuncio del envío de cien mil trabajadores españoles a Alemania en condiciones de contratación aparentemente ventajosas (aunque finalmente sólo llegarían a desplazarse unos quince mil). Al parecer, y según la versión alemana de los encuentros, el viaje tuvo también algún contenido político: Salvador se habría presentado en su entrevista con Goebbels como un decidido partidario de la entrada de España en la guerra.

El nuevo gobierno, nombrado tres días después de la promulgación de la Ley de Bases, el 20 de julio de 1945, incluía como ministro de Asuntos Exteriores a un destacado dirigente católico, Alberto Martín Artajo. Resultaba también muy vistosa la desaparición del Ministerio de la Secretaría General del Movimiento, cuyo titular cesó, así como el ministro más destacadamente falangista —debido a su apellido—, el de Agricultura Miguel Primo de Rivera, aunque el resto se mantuvo, Girón de Velasco incluido. Además reapareció en el gabinete otro ilustre fascista, Raimundo Fernández-Cuesta, encargado de la cartera de Justicia y del despacho de los asuntos del Movimiento.
Otras medidas aparentemente desfascistizadoras fueron también adoptadas por entonces, como la supresión del saludo falangista-fascista-nazi del brazo en alto (septiembre de 1945) y en el Desfile de la Victoria de aquel año marcharon por última vez centurias falangistas. A partir de entonces sólo lo harían las del Frente de Juventudes. En octubre se aprobó la ley llamada «de Referéndum», y un mes antes se había retirado España de la ciudad y Zona Internacional de Tánger.
Lo más importante en cuanto a la Falange fue que la vida de sus más altas instituciones se aletargó sobremanera, y la Junta Política no volvió a ser convocada con regularidad hasta 1956 (aunque sí una vez al año para aprobar los presupuestos de FET).
Lo verdaderamente crucial fue que FET y de las JONS-Movimiento Nacional no fue suprimido. Demostró así Franco, su jefe nacional, la voluntad de no prescindir de un aparato y tendencia política al que le debía su existencia, le era extremadamente fiel y dotaba a su régimen de mecanismos de movilización, encuadramiento y asistencia popular que le resultaban extremadamente útiles a la hora de ejercer su poder y de mantener el juego de equilibrios en el seno del bloque político y social que dirigía. El Caudillo no hizo caso a las voces que le habían pedido su disolución.
El problema para el Caudillo era que el asunto de la supresión de Falange venía siendo, desde 1944, clave para los gobiernos Aliados. Como le había escrito el ministro de Exteriores Lequerica unos meses antes, tras tratar con los representantes diplomáticos estadounidenses, «antes del verano deben quedar montadas algunas reformas: prensa, signos exteriores, sucesión y Consejo del Reino, independencia del Estado respecto a Falange. Todo ello lo quieren los españoles y no debilita. Estados Unidos se ha empeñado en Falange y son muy tercos […]. No se oponen a que exista, lo que no quieren es que parezca que el Estado está sometido a un partido. Van contra Arrese. Esto es injusto porque pocas personas habrán servido mejor al país como el ministro-secretario en su estupenda labor de transformación del espíritu de la Falange en estos últimos tres años apartándola de cuanto el hitlerismo y el mussolinismo predominantes en la época tenían de neoiberal y pagano, para hacer de ella un elemento cristiano y español».

Las tensiones entre las dos grandes tendencias estallaron en 1969 en el llamado «Escándalo MATESA», escándalo financiero basado en un uso irregular de créditos oficiales por parte de un empresario próximo a los tecnócratas. La prensa del Movimiento aireó el asunto, así como la vinculación de dos ministros económicos del Opus Dei con el asunto (García Moneó y Espinosa San Martín, de Industria y Comercio y Hacienda, respectivamente). Al final, fueron procesados, entre otros, el empresario en cuestión, Juan Vila Reyes, y los dos ministros. Franco acabaría concediéndoles un indulto, pero Carrero Blanco se vengó consiguiendo el cese de Solís, de Fraga y de Castiella y formando un nuevo gobierno con una mayor presencia de opusdeístas. Los nuevos ministros falangistas eran o bien monárquicos, como el secretario general Torcuato Fernández-Miranda, o cercanos al Opus, como el de Relaciones Sindícales Enrique García-Ramal, o de un perfil más técnico sindical como Licinio de la Fuente (Trabajo).
Los años siguientes continuaron las tensiones entre inmovilistas y aperturistas, con los primeros y Carrero Blanco al frente en el poder. Como hemos dicho, la dualidad era transversal, y se manifestaba en el seno de la mayoría de tendencias políticas del Régimen, si bien era entre falangistas de diferentes edades (Herrero Tejedor, Suárez, Martín Villa, Cisneros, Ortí Bordas) y católicos (los demo— cristianos Marcelino Oreja, Leopoldo Calvo Sotelo, Alfonso Osorio) donde tenía sus principales adalides. No obstante, como ha señalado Enrique Moradiellos, estos problemas internos palidecían al lado de aquellos otros que el Régimen tuvo que abordar a partir de 1970, con una conflictividad laboral en creciente aumento —con frecuencia además fruto de la agitación antifranquista—; con una agitación universitaria espoleada por leyes como la General de Educación de 1970; con el abandono del nacionalcatolicismo por parte de sectores significativos de la Iglesia y su búsqueda de una posición más desmarcada del Régimen; y con el crecimiento de la lucha terrorista, fundamentalmente de ETA en el País Vasco.
Carlos Arias Navarro, un fiscal que había ejercido como director general de Seguridad, con fama de duro, después ministro de la Gobernación, precisamente cuando el almirante había sido asesinado. Lo más llamativo fue que en el nuevo gabinete no hubo ya ningún miembro del Opus Dei. Como ministro secretario general del Movimiento se nombró a José Utrera Molina.
A pesar de su fama de duro e inmovilista, Arias planteó un programa en parte reformista, apoyándose en ministros como el de Presidencia, Carro o Pío Cabanillas de Información y Turismo, pero topó en seguida con el freno impuesto por su propio talante autoritario, que mostraría en diferentes situaciones; con el propio Caudillo.

Adolfo Suárez, en medio de una auténtica ofensiva lanzada por la oposición antifranquista para conseguir el derrumbamiento del Régimen, lideró una reforma interna del mismo en sentido democrático que culminó con la aprobación por las Cortes, y después en referéndum popular, de la Ley de Reforma Política de 1976, que instituía la celebración de unas futuras elecciones democráticas. Se legalizaron seguidamente buena parte de los partidos políticos clandestinos, incluido el Partido Comunista de España, y comenzó a desmontarse la Organización Sindical. Y, dos meses antes de la fecha de las previstas elecciones del 15 de junio de 1977, se suprimió el Movimiento-organización desapareciendo el Ministerio de la Secretaría General del Movimiento cuyo último titular, tras el cese de Suárez, fue Ignacio García López. Por un decreto de 1 de abril de ese mismo año se declaró extinguido el Movimiento Nacional, mientras las organizaciones de él dependientes se integraban en diversos ministerios. Al mismo tiempo, se dictó una instrucción en la que se ordenaba a las diferentes jefaturas provinciales la destrucción de todos los archivos existentes en sus dependencias, lo que se realizó seguidamente.

Blas Piñar, llegó a ser diputado en las primeras Cortes democráticas tras obtener FN cuarenta mil votos en 1977. Sin embargo, después decaería y Fuerza Nueva acabaría disolviéndose, sin ser capaz de atraer un voto franquista que se decantó mayoritariamente hacia opciones como la Alianza Popular de Fraga o la misma UCD de Suárez.
Otra organización ultraderechista de los últimos años del Régimen, constituida, al igual que FN, en 1966, aunque en este caso en Barcelona, fue el Círculo Español de los Amigos de Europa (CEDADE). En su origen estuvieron miembros de la Guardia de Franco local así como exiliados fascistas y nazis húngaros, italianos y alemanes. Y otros, jóvenes, apasionados por el nazismo y la música de Wagner. CEDADE se convirtió muy pronto, ya en 1970, en el principal grupo neonazi español, cuando Jorge Mota y la sección juvenil se hicieron con el poder. Se declararon explícitamente neonazis, haciendo, según el historiador Xavier Casals, «del paneuropeísmo racial una de sus principales señas de identidad: Europa, genéricamente, era un territorio para hombres blancos, lo que incluía Sudáfrica y América Latina». Defendían una «Europa de las etnias», que relacionaban con la defendida por las Waffen SS, las unidades militares de las SS organizadas por etnias. CEDADE se alineó con el neofascismo europeo de vanguardia y criticó todo lo que consideraba «ultraderecha tradicional», lo que para ellos significaba desde Blas Piñar y Fuerza Nueva hasta todos los grupos falangistas, y, por supuesto, el Movimiento. Acabaría disolviéndose en 1993.
Los ejemplos de Fuerza Nueva y CEDADE muestran, en todo caso, la dificultad que en nuestro país ha existido desde el fin del Régimen de Franco en 1977, y existe aún hoy en día, para articular grupos de una nueva extrema derecha moderna, que no se alimenten de la nostalgia del pasado sino que actualicen el mensaje a los temas que pueden permitirles crecer, populistas y xenófobos. Pero la dificultad no significa que no existan ya o no vayan a existir con mayor ímpetu en el futuro, sobre todo en la medida en que la crisis económica actual se alargue y los conflictos sociales tiendan a agudizarse y a tomar en algunos casos y lugares tintes racistas.
Lo que pueda llegar o lo que ya está y se desarrollará en los próximos años no es propiamente el fascismo que hemos estudiado a lo largo de esta obra, sino algo nuevo. E inquietante como lo fue aquél. El reto de la democracia española actual consiste en ser capaz de resolver los problemas de fondo que atañen a la población, especialmente a sus capas mayoritarias, las bajas y medias.

This is a book about the Spanish Fascism of the 20th century, very interesting. Today, and in no coincidence, the words “fascism” or “fascist” are synonymous with something authoritarian, dictatorial or violent, as well as barbarism and inhumanity. They are words that carry a strong negative charge. Not in vain, since the bloodiest of the wars that have occurred in history, the Second World War, was fought in Europe against fascist regimes.
The negative and brutal, not to say obscene, legacy of fascism had, and still has, another perverse face: they are not few, but rather legion, those who felt and are fascinated by the Nazi symbology, its uniform care. ..
Everything Fascist was overdetermined by the cult of the leader, Duce, Führer, national chief or whatever his name was in each country. A cult brought to the doctrinal paroxysm with the führer-prinzip-neither more nor less than the will of Hitler made law-and with the principle that the Duce is not mistaken. Expressions both of the extreme political hierarchization of the fascist parties and regimes that revolved around their boss or dictator.
In addition, the fascist ideology was regenerationist. He considered that Western society and culture had fallen into decline.

Sales founded the LPE (Spanish Patriotic League) to heat and undermine the great campaign for the autonomy of Catalonia promoted by the Regionalist League between November 1918 and February 1919. This campaign dragged Republican, Carlist and radical nationalist sectors of the Federació Democratic Nationalist of former Colonel Francesc Maciá. [1] The climate of Catalan upheaval experienced in those months led to the appearance of the LPE, which was little more than a violent ultra-Spanishist group, ready to cleanse “separatists” the streets of the Ciudad Condal and in which officials, military of paisano, police, radical carlistas and other Spanishistas.
The League was announced with the manifesto “Long live Spain!”.
More life, although not too much, would have La Traza. He was born not as a newspaper but as a group with a clear emulation of Italian fascism in the months immediately before the establishment of the dictatorship. As it happened with the first Somatén, it emerged in Barcelona -an antonomasia scenario, as we have said, although by no means the only one- of the most important urban social confrontations in the country and where the fear of the revolution impregnated not only the bourgeoisie but also broad layers of the professional and civil servant middle classes, and also to sectors of workers.
Nor was the Patriotic Union an organization of a fascist type, although a tiny part of its militancy ended up being integrated into fascism years later. Neither was it even though he shared anti-democratic, conservative, corporate and antiseparatist assumptions with fascism and other right-wing options, contributing to their propagation throughout the country.
The specific background of the Patriotic Union is found in the so-called “Patriotic Union Castellana (UPC)”, born in November 1923 in Valladolid by the hand of groups related to social Catholicism, such as the Popular Social Party (PSP), the Catholic Association Nacional de Propagandistas (ACNP) and the National Catholic Agrarian Confederation (CONCA). Linked in its origin to who would end up being a cardinal, the aforementioned Angel Herrera.

Not only were the JONS not successful, but various misfortunes fell upon them. Following an attack by a group of the Jonsist militias on the premises of the prorrepublican University School Federation (FUE) of the University of Valladolid, a government suspension of a rally followed and several complaints against his weekly, which resulted in a slight prison sentence for Round. In May 1932 a young Valladolid jasonist died in the course of an unauthorized demonstration in the city and repressed by the Assault Guard. It was a demonstration against Catalan autonomy.
In the first issue of JONS the political program of the organization was published. It reflects both the fusion with the Boards of Onésimo Redondo and the predominance and ideological imprint of Ledesma fascist in it. The program consisted of eighteen points:

1. Rotunda unit of Spain.
2. Impose on individuals and social groups the duty to subordinate themselves to the ends of the Homeland.
3. Maximum respect for the religious tradition of our race.
4. Imperial expansion of Spain and national policy of prestige abroad.
5. Substitution of the parliamentary regime by a Spanish regime of authority, which is based on the armed support of our party and on the moral and material assistance of the people.
6. Rational and effective management of public administration.
7. The extermination and dissolution of the Marxist parties, considering them anti-national and traitors.
8. The direct action of the party.
9. The obligatory unionization of all producers, as the basis of the Hispanic Labor Corporations, of economic efficiency and of Spanish social unanimity.
“10. The submission of wealth to national conveniences, that is, to the strength of Spain and the prosperity of the people.
11. That the economic corporations and the unions be declared organisms under the special protection of the State.
12. That the State guarantees to all Spanish workers their right to bread, to justice and to a dignified life.
13. The increase in the communal and family exploitation of the land. Fight against anti-national and anarchic propaganda in Spanish fields.
14. The spread of Hispanic culture among the masses.
15. The relentless examination of foreign influences in our country and its radical extirpation.
16. Severe penalties for those who speculate with the misery and ignorance of the people.
17. Strict punishment for those politicians who treacherously favor national dismemberment.
18. That the highest-ranking political leaders be entrusted, in a preferred way, to the youth of the Homeland, that is, to Spaniards under forty-five years of age.
Spanish people! Create together to defend this program. Enter the discipline of the JONS. ”

The yoke and arrows were absorbed from the RR.CC.

The jonsismo contributed greater social sensibility to the organization, that is to say, a greater interest to catch workers that made credible the national unionism that postulated in competition with the leftist unions. And a few months later, during the summer of 1934, the Falangist trade unions were created: the National Trade Union Confederation (CONS) and the National Trade Union Confederation of Trade Unions (CENS), antecedents of what in the future should be the Vertical Unions that unite in its bosom the whole world of Spanish work at the service of the Homeland and its aggrandizement, ending the class struggle.

The first consequence for the Falange of the triumph of the rebels was the liberation of all their leaders and militants who until then had remained imprisoned. This occurred, of course, only in the prisons that had remained in the so-called “National Zone” or “National Spain”. The rest, including Primo, Ruiz de Alda, Sanchez Mazas, Fernandez-Cuesta, Salazar (of the SEU), Valdés Larrañaga and others, remained in the hands of the Republic. Of the freed the most important was Onesimo Redondo. However, he died six days after his release, in a weapons act.

The paradox was that when the Falange had begun to be a true mass party it was absorbed into a new one created expressly for it by the Caudillo, who also appointed himself his national leader. The thing was even more inri since the new party copied 90 percent of the ideology, internal organization and objectives of FE de las JONS. And although it was created unifying the old Falange with the Traditionalist Communion, the predominance of the Falangist model was overwhelming. So much so that a notable part of the Carlists either did not want to participate in it or progressively moved away in the following years.
The fact that Franco took Falange was facilitated by the internal dissensions of the Falangists -which also existed within Carlism-, catalyzed precisely by the rumors that began at the beginning of 1937 for National Spain that the Caudillo was going to proceed with a unification . The internal struggle was raised when the rumors mixed the fact that the hitherto apparently shy Hedilla was raised to be the head of a collegiate board to become the new national Falangist chief.
Thus ended the last National Council of FE of the JONS of History. The same day of its closing, the 19 of April of 1937, was the one of the decree of Franco by which the party disappeared. According to this, from that moment, Falange Española and Requetés, with their current services and elements, are integrated under my leadership in a single national political entity that, for now, will be called “Traditionalist Spanish Falange and de las JONS” . This organization, intermediate between the Society and the State, has the main mission of communicating to the State the encouragement of the people and of taking to it the thinking of the people through the political-moral virtues of service, hierarchy and brotherhood.
A few months after starting the new single party, the Falangists quickly became the predominant ones in the organization. He complained about the “absorption” to which the Traditionalist Communion was subjected within a party controlled by the Falangists. Part of reason was not lacking, since the old Falange had been benefited not only by the letter of the decree but also at the time of its practical application. In the first place in the appointments: for viejofalangistas were the national delegations of the Feminine Section (Pilar Primo), Social Assistance (Mercedes Sanz), Press and Propaganda (Fermín Yzurdiaga), Technical Services (Escario) or Foreign Service (Castaños). For the Carlists there were others of lesser importance: Fronts and Hospitals (María Rosa Urraca), Administration (Gaiztarro) or Health (Ear). In addition, hierarchies of the old Falange as Aznar or Dávila were promoted to positions of prominence (National Political Adviser of the Militia and territorial inspector of Andalusia, respectively), while other leaders such as Dionisio Ridruejo, Alfonso García Valdecasas, José Antonio Giménez Arnau or Pedro Camero del Castillo was part of the advisory council of Press and Propaganda or of Youth Organizations.

The “May Crisis of 1941” was probably the most important of those lived within the Francoist political bloc in its first decade of existence. From that moment on, what we can call the Age of Arrese, which would arrive until July 1945, began when the minister-secretary general was dismissed in spite of the Caudillo and in the midst of international pressure. Let us say before anything that the resolution of the crisis had not extinguished the existing tensions between the Falangists and the military, which had two other scenes of great virulence in that same 1941 and in 1942. The first one (in a certain way correlated with the events of mayó) was the removal of Gerardo Salvador Merino as a national delegate of Trade Unions. The second was the Begoña Events of September 1942, which took away two military ministers and Serrano Suñer himself.
The events that led to his dismissal were the following: in the first week of May 1941 Salvador and some of his collaborators (such as Germán Álvarez de Sotomayor) had traveled to Nazi Germany. There they had visited the headquarters of the Labor Front (DAF) and met with their manager, Dr. Ley. They also saw the Minister of Foreign Affairs Ribbentrop and Propaganda Dr. Goebbels, The most visible result of the stay was the announcement of the sending of one hundred a thousand Spanish workers to Germany under seemingly advantageous contracting conditions (although eventually only about fifteen thousand will be displaced). Apparently, and according to the German version of the meetings, the trip also had some political content: Salvador would have presented himself in his interview with Goebbels as a determined supporter of Spain’s entry into the war.

The new government, named three days after the promulgation of the Law of Bases, on July 20, 1945, included as foreign minister a prominent Catholic leader, Alberto Martin Artajo. The disappearance of the Ministry of the General Secretariat of the Movement, whose owner ceased, as well as the most prominent Falangist minister – due to his surname -, the Agriculture Miguel Primo de Rivera, although the rest remained, Girón de Velasco was also very colorful. included. In addition, another illustrious fascist reappeared in the cabinet, Raimundo Fernández-Cuesta, in charge of the Justice portfolio and of the Movement’s affairs office.
Other seemingly de-fascistizing measures were also adopted at that time, such as the suppression of the Falangist-Fascist-Nazi salute on the high arm (September 1945) and in the Parade of Victory that year, for the last time, Falangist centuries marched. From then on, only the Front de Juventudes would do it. In October, the law called “Referendum” was approved, and a month earlier Spain had withdrawn from the city and the Tangier International Zone.
The most important thing about the Falange was that the life of its highest institutions was lethargic, and the Political Board was not called again regularly until 1956 (although once a year to approve FET budgets).
What was really crucial was that FET and the JONS-Movimiento Nacional was not suppressed. Franco, his national leader, showed his willingness not to dispense with the apparatus and political tendency to which he owed his existence, he was extremely faithful to it and endowed his regime with mechanisms of mobilization, framing and popular assistance that were extremely useful to him. the time to exercise its power and to maintain the balance game within the political and social block that it directed. The Caudillo ignored the voices that had asked him to dissolve him.
The problem for the Caudillo was that the matter of the suppression of the Falange had been, since 1944, key to the Allied governments. As Foreign Minister Lequerica had written a few months earlier, after dealing with the US diplomatic representatives, “before the summer some reforms must be mounted: press, exterior signs, succession and Kingdom Council, independence of the State with respect to the Falange. All the Spaniards want and it does not weaken. The United States has insisted on Falange and they are very stubborn […]. They do not oppose the existence, what they do not want is that it seems that the State is subject to a party. They go against Arrese. This is unfair because few people will have served the country better as minister-secretary in his wonderful work of transforming the spirit of the Falange in the last three years away from what hitlerism and mussolinism prevailing at the time had neo-liberal and pagan, to make it a Christian and Spanish element ».

The tensions between the two great tendencies broke out in 1969 in the so-called “MATESA scandal”, a financial scandal based on an irregular use of official credits by a businessman close to technocrats. The press of the Movement aired the matter, as well as the connection of two economic ministers of Opus Dei with the matter (García Moneó and Espinosa San Martín, of Industry and Commerce and Finance, respectively). In the end, they were prosecuted, among others, the businessman in question, Juan Vila Reyes, and the two ministers. Franco would end up granting them a reprieve, but Carrero Blanco took revenge by getting the cessation of Solis, Fraga and Castiella and forming a new government with a greater presence of opusdeistas. The new Falangist ministers were either monarchists, such as General Secretary Torcuato Fernández-Miranda, or close to Opus, such as Enrique García-Ramal, or a more technical union profile such as Licinio de la Fuente (Labor).
The following years continued tensions between immobilistas and aperturistas, with the first and Carrero Blanco to the front in power. As we have said, duality was transversal, and manifested itself within the majority of political tendencies of the Regime, although it was between Falangists of different ages (Herrero Tejedor, Suárez, Martín Villa, Cisneros, Ortí Bordas) and Catholics (the demo- Christians Marcelino Oreja, Leopoldo Calvo Sotelo, Alfonso Osorio) where he had his main champions. However, as Enrique Moradiellos has pointed out, these internal problems paled alongside those others that the Regime had to deal with since 1970, with a growing labor conflict – often also the result of anti-Franco agitation; with a university agitation spurred by laws like the General of Education of 1970; with the abandonment of national Catholicism by significant sectors of the Church and its search for a more unchecked position of the Regime; and with the growth of the terrorist struggle, fundamentally of ETA in the Basque Country.
Carlos Arias Navarro, a prosecutor who had served as director general of security, with a reputation as hard, then Minister of the Interior, just when the admiral had been killed. The most striking thing was that in the new cabinet there was no member of Opus Dei. As Minister General Secretary of the Movement, José Utrera Molina was appointed.
Despite his reputation for being hard and immobile, Arias proposed a partly reformist program, relying on ministers such as the Presidency, Carro or Pío Cabanillas for Information and Tourism, but he soon came across the brake imposed by his own authoritarian spirit, which would show in different situations; with Caudillo himself.

Adolfo Suárez, in the middle of an authentic offensive launched by the anti-Francoist opposition to achieve the collapse of the Regime, led an internal reform of the same in a democratic sense that culminated with the approval by the Cortes, and later in a popular referendum, of the Reform Law Policy of 1976, which instituted the celebration of future democratic elections. A large part of the clandestine political parties, including the Communist Party of Spain, were subsequently legalized and the Trade Union Organization began to dismantle. And, two months before the date of the scheduled elections of June 15, 1977, the Movement-organization was abolished, with the Ministry of the General Secretariat of the Movement disappearing, whose last holder, after the removal of Suárez, was Ignacio García López. By a decree of April 1 of that same year the National Movement was declared extinct, while the dependent organizations were integrated into various ministries. At the same time, an instruction was issued in which the different provincial chiefs were ordered to destroy all the existing archives in their dependencies, which was subsequently carried out.

Blas Piñar, became a deputy in the first democratic courts after obtaining FN forty thousand votes in 1977. However, afterwards it would decline and Fuerza Nueva would end up dissolving, without being able to attract a Francoist vote that opted mostly towards options such as the Popular Alliance of Fraga or the same UCD of Suarez.
Another ultra-rightist organization of the last years of the Regime, constituted, like FN, in 1966, although in this case in Barcelona, ​​was the Spanish Circle of the Friends of Europe (CEDADE). They were originally members of the local Franco Guard as well as exiled fascists and Hungarian, Italian and German Nazis. And others, young, passionate about Nazism and Wagner’s music. CEDADE soon became, in 1970, the main Spanish neo-Nazi group, when Jorge Mota and the youth section took power. They declared themselves explicitly neo-Nazis, making, according to historian Xavier Casals, “racial pan-Europeanism one of their main hallmarks: Europe, generically, was a territory for white men, which included South Africa and Latin America.” They defended a “Europe of the ethnic groups”, which related to that defended by the Waffen SS, the SS military units organized by ethnic groups. CEDADE aligned itself with the avant-garde European neo-fascism and criticized everything that it considered “traditional ultra-right”, what for them meant from Blas Piñar and Fuerza Nueva to all the Falangist groups, and, of course, the Movement. It would end up dissolving in 1993.
The examples of Fuerza Nueva and CEDADE show, in any case, the difficulty that has existed in our country since the end of the Franco regime in 1977, and still exists today, to articulate groups of a new modern extreme right, which does not feed on the nostalgia of the past but update the message to the issues that can allow them to grow, populist and xenophobic. But the difficulty does not mean that they do not exist or will not exist with greater impetus in the future, especially as the current economic crisis lengthens and social conflicts tend to become more acute and in some cases and places take on racist overtones .
What may come or what is already and will be developed in the coming years is not properly the fascism we have studied throughout this work, but something new. And disturbing as it was. The challenge of the current Spanish democracy is to be able to solve the underlying problems that affect the population, especially its majority, the low and middle layers.

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