En deuda con el placer — John Lanchester

Sin duda esta es una magnífica novela del autor donde nos va hablando de la gastronomía a través de las estaciones del año y con aspectos familiares como cuando van a ver a su hermano y la asquerosa sopa Brown que parece cagada de vaca y con suerte algo de carne esa es la sorpresa, nos va desgranando montones de platos. Tortillas, alioli, el guisado irlandés y así un largo etc…
Tarquin Winot es un caballero inglés amante de la alta cocina, entre otras exquisiteces. Y esta novela es el recetario de este señor, que, por un lado, quiere escribir el manual de cocina definitivo (hay partes que explican en detalle cómo cocinar ciertos platos) y, entre menú y menú, recuerda fragmentos inconexos de su vida, va saltando entre el pasado y el presente, interrumpiendo constantemente su relato para hacer reflexiones sobre casi todo, a menudo desde una lucidez extrema, colindante con la psicopatía, otras veces, directamente, desde la locura.
Y así sabemos algo —pero sólo algo— de su biografía y de su familia. Familia en la que una serie de desgracias más o menos culinarias ha eliminado a parientes y sirvientes. Entre receta y receta, Winot nos habla de su hermano Bartholomew. El famoso escultor, el amado de las mujeres, el envidiado Bartholomew. Hay además un amor platónico: Laura, la estudiante de arte y biógrafa del hermano artista, a quien Tarquin se empecina en contar su propia biografía de artista frustrado.
Sin embargo no debe tomarse al pie de la letra porque tiene la habilidad de jugar con el lector y eso si nos recuerda que la primavera es la mejor época para el suicidio.
El humor siempre está presente en las páginas. En Londres no hay manera de preparar una barbacoa. En parte, porque ni nos molestamos, y luego están la polución y las palomas y la música a todo volumen de los ve… No merece la pena. Y tampoco hay quien prediga el tiempo, que es lo mismo que pasa en casa de mis padres, en Derby; tienen una barbacoa empotrada que no usan nunca. De todos modos, Hugh dice que preparar una barbacoa le da inseguridad.
Finalmente nos lleva por una jornada buscando setas y donde se puede consumar el suicidio, sin duda este es un magnífico libro del autor donde solo nos queda decir “bon apetite”, buen provecho querido lector.

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