La fascinante historia de las palabras — Ricardo Soca

Sin duda este libro es una maravilla que cada cierto tiempo releo sobre nuestro maravilloso idioma y que se va desvirtuando a pasos agigantados, esta catalogando las palabras de manera alfabética desde la A hasta la Z y donde se debe estar preparado para aprender, más que muchas curiosidades como al material con que escriben niños y maestros en encerados y pizarras lo llamemos en España ‘tiza’ (que es palabra nahua -de origen puramente mejicano, pues-, pero que hoy nadie usa en Méjico), mientras que en Méjico lo llaman ‘gis’ (que es palabra de origen latino, muy anterior al nacimiento del español como lengua, pero que hoy nadie entiende en España).

abigeato
Se llama así el robo de ganado. Abigeo es aquel que comete este delito. Ambas palabras provienen del latín abigere ‘robar ganado’ y abigeator, -oris ‘ladrón de ganado’. El vocablo latino se formó a partir del prefijo ab-, que denota lejanía, y de gere, con el sentido de «llevar», «conducir».
En español la palabra se usa desde el siglo XVII, lo que permite pensar que llegó al idioma por vía culta y no del latín peninsular.

abolengo
Del latín avus ‘abuelo’ o, más probablemente, de su derivado avoengos, que Virgilio empleó con el sentido de «antepasados». Covarrubias (1611) lo define como «la ascendencia de agüelos y bisagüelos».

abracadabra
Esta palabra cabalística apareció hacia el siglo II de nuestra era, inscrita en amuletos, y se creía que poseía ciertas cualidades mágicas. El nombre se tomó de la palabra griega abraxas, que designaba un amuleto en el cual el término latino abracadabra aparecía once veces, cada vez con una letra menos hasta terminar con una a.
El uso de estos amuletos era común en la secta dualista de los gnósticos —creían en un dios y un demonio igualmente poderosos—, que pensaban que la salvación podía ser obtenida mediante el conocimiento esotérico, al que llamaban gnosis.

antiparras
En algunos lugares de España, antiparras se usa como sinónimo de gafas (v. gafas) o anteojos comunes, pero en el Río de la Plata tiene el sentido más específico de «gafas destinadas a proteger los ojos». Así, en esta región hay antiparras para soldador, para minero, para buceo.

arroba
La arroba, representada por el signo @, es una antigua medida española de peso equivalente a 11,502 kg, la cuarta parte de un quintal. La palabra proviene del árabe hispánico ruba ‘cuarta parte’, derivada de arba ‘cuatro’.
El símbolo de las direcciones de correo electrónico, llamado arroba (@) en español y en portugués, entre otras lenguas, fue creado por los copistas de la Edad Media tardía para representar la preposición latina ad ‘a’, ‘ante’, ‘contra’, ‘hacia’, ‘por’. Ese símbolo podría haber desaparecido en el siglo XV con la invención de la imprenta por Gutenberg, pero logró sobrevivir gracias a los mercaderes del Renacimiento, que lo usaron como manera de vincular el número de productos de una factura con el precio por unidad. De esta forma, 12 @ 3L significaba 12 unidades (de determinada mercadería) a tres libras cada una.

bagatela
Palabra registrada por primera vez en nuestra lengua en 1615, bagatela proviene del italiano bagattella ‘habilidad de titiritero’, derivada del bajo latín bagatire ‘decir cosas sin importancia’. Algunos etimólogos creen que el origen de bagattella está vinculado, asimismo, al nombre de una moneda veneciana de escaso valor llamada bagattino.

baño María
Antiguamente, cuando el trabajo de los médicos se limitaba casi siempre a atender a los poderosos y a los personajes de la corte, las hechiceras o curanderas, con sus conocimientos rudimentarios mezclados con creencias y supersticiones, eran la única alternativa para atender la salud de la mayor parte de la población.
Las más famosas tenían sus propias recetas, como ocurrió en Alejandría con una curandera judía llamada María, que fue la primera en usar agua hirviente para calentar o derretir los ingredientes de sus recetas. Con tal fin, los colocaba en un recipiente que luego introducía dentro de una olla llena de agua hirviente, lo que permitía que los componentes se calentaran a una temperatura que jamás podía pasar de los cien grados centígrados, como probablemente intuyó María.

benjuí
El benjuí es un bálsamo con propiedades medicinales que se extrae de un árbol llamado Styrax benzoin, originario de Java, en la isla de Sumatra, desde donde fue llevado a Europa en el siglo XV. La palabra benjuí procede del nombre que los árabes daban a este bálsamo, luben yawi ‘incienso de Java’.

berrinche
A medida que envejecen, los cerdos machos o verracos se tornan más rebeldes, y se hace más difícil controlarlos. Cuando se enojan, emiten gritos a los que se ha dado el nombre de berridos (de verraco), palabra que dio origen a berrinche ‘enojo muy intenso’, «especialmente el de los niños», dice el Diccionario, pero cabe suponer que también el de los cerdos.
A partir de berrinche o de berridos, surgió en Salamanca el vocablo berretín, que denota «persona malhumorada». Esta palabra cruzó el Atlántico y fue adoptada en ambas márgenes del Río de la Plata con el significado de «capricho o deseo vehemente».

bicoca
Con este sustantivo se designa cualquier cosa de poco valor o de poca estima.
«Lo habían estado explotando por años y años pagándome una bicoca, que a mí de bruto me parecía un sol», comentaba un personaje de la novela Setenta veces siete, del autor mexicano Ricardo Elizondo. Bicoca se usa en la mayor parte de los países hispanohablantes, si no en todos, pero pocos conocen su origen.
Del italiano bicocca ‘castillo en una roca’, de origen incierto, procedente del bajo latín de Italia, la palabra está documentada desde 1609 con los significados de «fortificación insignificante» y «cosa de poco valor».

bit
Es verdad que bit es una voz inglesa que se infiltró en casi todas las lenguas, el español incluido, impulsada por la embestida tecnológica de las últimas décadas del siglo XX, cuando la computación se puso al alcance de una parte importante de la población mundial. Los franceses se atrincheraron con encomiable denuedo en la defensa de su idioma y acuñaron octet ‘octeto’ para denominar cada uno de los conjuntos de ocho elementos, unos y ceros, utilizados en la codificación binaria de las computadoras. Estos conjuntos de ocho elementos se llaman en inglés byte, y cada una de sus ocho partes es un bit.
Sin embargo, lo que pocos saben es que el uso de la palabra bit para designar cada elemento de un conjunto de ocho proviene de una antigua moneda española de plata, el real (v. real), creada por los Reyes Católicos en su reforma monetaria de 1497 para la España unificada. El peso se dividía en ocho reales (real de a ocho) y, si bien los pueblos angloparlantes rechazaron esta designación, la costumbre de dividir la moneda en ocho partes siguió ejerciendo su influencia: su moneda principal, primero la libra y hoy el dólar.

bodrio
A nadie le gusta alimentarse con comida que sea un «bodrio», pero ¿a quién no le agrada un buen caldo de gallina? En el español de hoy, bodrio designa el «caldo guisado con sobras de comida» y, por extensión, «algo mal hecho o de mal gusto». Este vocablo, que Corominas registra a partir de 1646, se usó inicialmente como denominación del «caldo con sobras que se daba a los pobres en los conventos».
En el siglo XVI, el nombre de tal caldo era brodio, forma que subsiste aun hoy en Cuba y que, al parecer, fue tomada del bajo latín brodium ‘caldo’.
¿Y de dónde surgió ese nombre? Pues, lo llevaron a Roma los legionarios que invadieron las tierras de los bárbaros germanos, quienes llamaban brod al caldo de gallina. En el alemán moderno, las huellas del germánico brod permanecen en palabras como brühe ‘caldo’ y brut ‘cría empollada’.

botica
Actualmente la palabra botica, casi totalmente sustituida por farmacia, se utiliza menos que a comienzos del siglo XX, aunque todavía en muchos lugares siguen denominándose así aquellas farmacias antiguas en las que, además de medicamentos industrializados, venden productos elaborados por el propio boticario. Como el alemán Apotheke ‘farmacia’ y como el francés boutique ‘tienda pequeña’, botica proviene del griego bizantino apotheké ‘almacén o depósito de mercaderías’. La primera referencia española de botica aparece en Calila y Dimna, en 1251, aunque en esa época el vocablo se refería a una «tienda», como el catalán botiga.
De botica procede también botiquín, que designa una «caja de medicamentos», y en portugués botequim, que alude a un «bar popular».

bujarrón
Antiguo vocablo español para designar a los homosexuales activos masculinos, procedente del bajo latín bulgarus ‘búlgaro’, porque los habitantes de Bulgaria eran despreciados por tratarse de «herejes» pertenecientes a la Iglesia ortodoxa griega.
Está documentado en castellano desde comienzos del siglo XVI, al mismo tiempo, aproximadamente, que surgían el italiano buggerone y el francés bougeron, ambos con igual significado.
En algunos países sudamericanos se convirtió en bufarrón, lo cual, según anota José Gobello en su Nuevo diccionario lunfardo, habría ocurrido por cruce con el castellano bufar.

bustrófedon
Estamos acostumbrados a leer de izquierda a derecha y, al llegar al final de cada línea, saltar de manera brusca hasta el comienzo del renglón siguiente, y así en forma sucesiva. El procedimiento no parece demasiado inteligente: si al final de una línea bajáramos hacia el extremo derecho de la próxima y siguiéramos leyendo.
En todo caso, el labriego que pasa el arado sobre un terreno procede de manera más sabia: al llegar al final de un surco, no vuelve al lado del punto de partida, como hacemos para leer, sino que hace girar el arado y empieza un nuevo surco junto al que acaba de terminar.
De ahí el origen de la palabra griega bustrófedon, que denominaba este tipo de escritura y también el acto de arar en zigzag. El vocablo se formó con bou ‘buey’ y strepho ‘dar vuelta’.
Curiosamente, strepho se encuentra, además, en la etimología de estrofa. En efecto, de ese verbo se derivó el sustantivo strophé, que inicialmente significó «evolución del coro en la escena» y, más tarde, «el verso que el coro canta».

caco
En el castellano de hoy, un caco es un ladrón hábil, capaz de robar sin que nadie lo perciba y de huir con facilidad.
Caco era un dios menor de Roma, hijo de Vulcano, que vivía en una gruta del Aventino. Cuando Hércules volvía de una misión con las reses que le había sacado a Gerión, Caco le robó cuatro vacas y cuatro bueyes. Utilizó la artimaña de hacerlos caminar hacia atrás, de manera que las huellas mostraran que los animales habían salido de la gruta donde los había guardado y no que habían entrado en ella.

calipigio
En las calles de Rio de Janeiro, no solo en sus playas, tropieza uno a cada paso con esplendorosas mujeres, blancas, mulatas o negras, casi completamente desnudas, que muestran unas nalgas gloriosas, redondas y firmes, como estatuas griegas. La tanga, ese pequeño taparrabos que pasa entre ellas, no llega a esconderlas, y sus orgullosas propietarias —las calipigias mujeres brasileñas— las lucen como el tesoro que, efectivamente, son.
Calipigio, palabra que, inexplicablemente, no figura en los diccionarios más comunes de español, proviene del griego kalipygos, voz usada para designar la famosa estatua de Afrodita, conocida en castellano como la Venus calipigia, atesorada en el Museo Real de Nápoles. Se trata de una copia romana de una escultura griega encontrada, se dice, en la domus áurea de Nerón, que luego pasó al palacio Farnese, más tarde al del rey de Nápoles y, finalmente, a su localización actual.
La voz griega está formada por kallos ‘bello’ (como en caligrafía) y pyge ‘nalgas’.

Canadá
El nombre de este país proviene de la palabra kanata ‘pueblo’, ‘aldea’ en la lengua indígena iroquesa, hablada por una tribu que habitaba la región septentrional de América del Norte.
El explorador Jacques Cartier la usó en 1536 para denominar la región nororiental de ese continente. Según el propio explorador, durante su periplo por aquellas tierras, le preguntó a un nativo el nombre de la región, pero el indígena creyó que estaban averiguando por la aldea y respondió: kanata. El explorador francés llevó el equívoco a Europa, lo que dio origen al nombre Canadá.

caramañola
Es el nombre que se le ha dado, en la provincia española de León y en algunos países sudamericanos, a la cantimplora (v. cantimplora) de los soldados. La palabra fue adaptada del francés carmagnol, que se aplicaba a los soldados de la I República Francesa, quienes usaban ese utensilio. Esos militares se llamaban así debido a la chaqueta que portaban, conocida como carmagnole porque recordaba una prenda similar que habían vestido los jacobinos en la Revolución francesa.

chau
El saludo de despedida chau, frecuente en algunos países hispanohablantes, proviene del italiano ciao, aunque en la lengua de Dante no se usa solo como despedida; también puede significar ¡hola! o ¿cómo te va?.
La palabra italiana ciao se formó a partir de schiavo ‘esclavo’, debido a un saludo que en cierta época estuvo en boga en algunos lugares de Italia, equivalente a «soy su esclavo» o, como diríamos en un castellano que ya suena un tanto arcaico, «beso su mano» o «soy su seguro servidor».
El origen de schiavo se remonta al Imperio romano, época en la cual los pueblos eslavos eran llamados tanto slavus como sclavus, voces tomadas del griego bizantino sklavos.

coprolalia
Recibe esta denominación el empleo de palabras obscenas en el habla. Proviene del latín copro ‘excremento’ y, por extensión, ‘obscenidad’, formada a partir del griego kopros ‘excremento’, que a su vez se derivaba del indoeuropeo kokw-ro ‘excremento’. La segunda parte de la palabra es el sufijo -lalia ‘trastorno del habla’, del griego laliá ‘conversación’.

coqueluche
Esta palabra de origen francés fue incluida en algunas ediciones del Diccionario de la Real Academia (1927, 1950, 1983, 1989) —siempre con la marca de galicismo— como sinónimo de tos ferina.
El vocablo francés se formó a partir del bajo latín cuculuccia, derivado del latín cucullus ‘capucha’. En Francia, antiguamente, las personas enfermas de tos ferina estaban obligadas a cubrirse la cabeza con una capucha o caperuza, lo que dio lugar al nombre francés de la enfermedad, coqueluche, así adoptado durante algún tiempo por el español. Se cree que la palabra francesa recibió, asimismo, la influencia de coq ‘gallo’, ya que la tos ferina se conocía también como chant du coq ‘canto del gallo’.

criselefantino
Este adjetivo; que no está registrado en el Diccionario, significa «hecho de oro y marfil». Denomina una técnica de origen asiático usada ampliamente por los artistas de la Antigüedad griega y romana que consistía en recubrir un núcleo de madera con oro en la ropa y con marfil en las partes del cuerpo que aparecían a la vista.
Poco usada en nuestra lengua, excepto en contextos poéticos o de artes plásticas, la palabra criselefantino se formó mediante la yuxtaposición de cris ‘oro’, ‘de oro’ y elefantino, por el marfil extraído de los colmillos del elefante.

cutiano
En las obras de Berceo, como en las de otros literatos de la Baja Edad Media, cutiano aparece con el sentido de «cotidiano» y, del mismo modo que esta última, tan frecuente en nuestra habla cotidiana, valga la redundancia, proviene del latino quotidianus, formada a partir de quotus ‘cada’ y dies ‘día’.

damajuana
En el siglo XVI, los marineros del sur de Francia llamaban en tono humorístico dame-Jeanne a las botellas gruesas que hoy llevan diez o veinte litros, comparándolas con mujeres ventrudas. La palabra apareció por primera vez en 1586, en una obra de René de Laudonnière —el conquistador francés de Florida—, y Corneille la empleó en 1601 con la forma damejane, equivalente al catalán damajana y al provenzal damajano.
Según Corominas, la Academia incluyó damajuana en su diccionario en 1822 como voz provincial de Andalucía.

deán
En los monasterios medievales, era el jefe de un grupo de diez monjes. Proviene del francés antiguo deien y este, a su vez, del latín decanus, que deriva, precisamente, de decem ‘diez’. (V. decano).
Corominas observa que deán es una de las palabras eclesiásticas francesas introducidas con la reforma cluniacense (del monasterio de Cluni), de la Orden de San Benito, y que llegó al inglés con la misma grafía.

dólar, signo de ($)
Este signo, utilizado al comienzo para designar el dólar estadounidense y, más tarde, las monedas de numerosos países, tuvo su origen en el real (v. bit), la moneda española creada en 1497 por los Reyes Católicos, que circuló en casi todo el mundo durante tres siglos.
En la iconografía medieval española, estas correspondían a las columnas de Hércules, como los griegos habían llamado al peñón de Gibraltar.
El signo $, ideado posteriormente para representar el dólar, se formaba con dos líneas verticales que aludían a las columnas y una línea ondulada que nada tenía que ver con la letra ese, sino que simbolizaba la flameante bandera de las trece colonias.

dominó
El nombre de este antiguo juego procede del latín, pero no de la palabra dominus ‘señor’ (v. doméstico, señor), como algunos han propuesto, sino de domino, del verbo latino dominare ‘dominar’, que en este caso significaba «yo gano». La palabra domino era pronunciada por el primero que se quedaba sin fichas, ganando así el juego. A su paso por Francia, el vocablo se convirtió en agudo, pronunciado a la francesa, y como tal se ha mantenido en español.

dum-dum
Las temibles balas dum-dum, que se expanden al penetrar en el cuerpo y ocasionan daños gravísimos, están prohibidas desde la I Conferencia de La Haya sobre desarme, aunque es sabido que, incluso hoy, son fabricadas clandestinamente. Su nombre proviene de un suburbio de Calcuta llamado South Dum Dum, donde había un presidio en el cual se hacían estas balas en el siglo XIX.

emolumento
Es un término ideal para aquellos que creen que el uso de palabras difíciles es una señal de cultura o de distinción. En efecto ¿para qué decir remuneración o retribución, que todos entienden, cuando se puede decir emolumento, que es mucho más distinguido?
Lo que pocos saben es que la palabra proviene del latín emolumentum, que se formó a partir del verbo molere ‘moler’. El lector puede preguntarse cuál es la relación del acto de moler con un vocablo que significa retribución. Pues, el hecho es que, para los latinos, emolumentum también significaba «retribución», pero una muy específica: la ganancia del molinero.

emperifollarse
De uso predominantemente coloquial, este verbo se emplea con el sentido de «adornarse alguien con profusión y esmero», y es equivalente a emperejilarse. Bueno, en realidad es algo más que equivalente, puesto que ambos verbos provienen de los nombres de dos vegetales entre los que hay cierto parentesco: el perifollo y el perejil. El perifollo se emplea, igual que el perejil, como condimento, pero también como adorno de ciertos guisados, razón por la cual, en el primer diccionario de la Academia aparece descrito, además, como «nombre vulgar de las cintas y otros adornos vistosos que se ponen las mugeres». (La g corresponde a la grafía del español del siglo XVIII). Antiguamente, el perifollo se llamaba cerifollo y se cree que la p inicial se incorporó por influencia de perejil.
Este vocablo proviene del latín caerefolium, que a su vez se derivó del griego khairephyllon, formado por khairó ‘me complazco’, ‘disfruto’ y phyllon ‘hoja’, esta última también presente en clorofila.

energúmeno
Uno de los primeros autores españoles que empleó la palabra energúmeno fue Benito Jerónimo Feijóo en su Teatro Crítico Universal, en 1739.
El vocablo aparece ya en la primera edición del Diccionario de la Academia:
La persona que está espiritada ò endemoniada. Viene del Latino Energumenus, que significa esto mismo.
Con el paso del tiempo, la denominación energúmeno pasó a aplicarse a la persona que se descontrola fácilmente o se enfurece con violencia.
Energoumenos se derivaba del verbo griego energein ‘actuar’, ‘hacer algo con relación a alguien’.

esplín
Con esta palabra se alude a un sentimiento de melancolía (v, melancolía), de depresión, de tedio de vivir, que los antiguos atribuían a irregularidades en el funcionamiento del bazo (v. bazo).
Si bien esta palabra nos llegó del inglés spleen, que tiene el mismo significado, este se había derivado, a su vez, del latín splen ‘bazo’. El término latino ingresó a nuestra lengua de forma directa en palabras del lenguaje médico, como esplenitis ‘inflamación del bazo’ y esplenomegalia ‘agrandamiento anormal del bazo’.

esquife
En italiano antiguo schifo significaba «barco», de donde surgieron el catalán esquif y el castellano esquife ‘barco pequeño que se lleva dentro de un navío’. En portugués tiene el mismo significado, pero también el de «ataúd175. La palabra italiana provenía del germánico skif, que derívó en el alemán moderno schiff y en el inglés ship.
En el Diccionario de la Academia se registran también esquifar ‘proveer de pertrechos y marineros una embarcación’ y esquifazón ‘conjunto de remos y remeros con que se armaban las embarcaciones’.
En el italiano actual, existe la palabra schifo, de origen y significado diferentes a los de la mencionada más arriba, que significa asco, repugnancia. Además, schifoso ‘asqueroso’ y schifare ‘dar asco’, también ‘despreciar’. Este vocablo tiene la misma etimología de schivo ‘tímido’, ‘esquivo’, derivado del germánico skiuhs ‘miedo’, ‘temor’.

esquirol
Esta palabra tiene un significado curioso en nuestra lengua: se aplica con una connotación despectiva a los rompehuelgas, los trabajadores que se prestan a trabajar durante una huelga. Lo de curioso responde a que la palabra latina original sciurus, proveniente del griego skiouros, se refería al animal que conocemos como ardilla. En otras lenguas, el roedor recibió su nombre a partir de su etimología grecolatina y se llama en inglés squirrel; en portugués, esquilo; en catalán, esquirol; en francés, écureuil, y en italiano, scoiattolo.

fantoche
Se usa para denominar a una «persona grotesca, desdeñable», «neciamente presumida o estrafalaria» y también un «muñeco grotesco, a veces movido por hilos», según la definición académica.
Esta última acepción es, probablemente, la más usada hoy en día para referirse, en sentido metafórico, a autoridades de las que se afirma que no actúan de acuerdo con sus propias decisiones, sino movidas por hilos manejados por personajes poderosos que permanecen en la sombra.
La palabra proviene del francés fantoche, lengua a la cual llegó en 1863 del italiano fantoccio, con el significado de «títere o marioneta».

farmacia
En las civilizaciones antiguas, el arte de preparar remedios y pociones mágicas era una función reservada a los magos, hechiceros y sacerdotes, quienes, supuestamente, conocían recetas ocultas y secretas, que se trasmitían de generación en generación.
Este arte —que tanto servía para curar enfermedades como para hacer volver a un amado ingrato— se llamaba en griego pharmakeía y pasó al latín como pharmacia.

fulano
Esta palabra se emplea para aludir a alguien cuyo nombre se ignora o no se quiere mencionar.
Usada en español desde los tiempos de Gonzalo de Berceo, en el siglo XIII, proviene del árabe fulán, que significaba ‘cualquier’, ‘cualquiera’. En su obra Milagros de Nuestra Sennora, Berceo dijo, en su español medieval, que escribía «por alma de un monje de fulana mongía». También la usó con ese sentido Alfonso X el Sabio en las Partidas en las que dice «descomulga a fulano ome».
El primer registro en castellano aparece en el Fuero de Avilés, en 1155, mientras que en lengua portuguesa solo se observa en el siglo XVI, proveniente del español y no del árabe. En los textos peninsulares, fulano se suele escribir con minúscula inicial; en cambio en textos hispanoamericanos es muy frecuente verla con mayúscula.
Se suele decir fulano, mengano y zutano para aludir a varias personas cuyos nombres no se conocen. Mengano proviene del árabe man kan ‘quien sea’, y zutano, del español citano, derivado del latín scitanus ‘sabido’.

galimatías
«Lenguaje oscuro por la impropiedad de la redacción o por la confusión de las ideas», define el Diccionario de la Real Academia.
Proviene del francés galimatias, con el mismo significado. Montaigne la usó por primera vez en 1580 como jargon ‘jerga’ de galimatias. Apareció en español dos siglos más tarde, pero solo en 1843 fue incluida en el Diccionario de la Real Academia.

galpón
Esta palabra de origen americano significa «barraca de construcción simple» y es poco conocida en la península ibérica, aunque hacia comienzos del siglo XVII se usaba en Castilla galpol, que le dio origen y que significaba «gran salón de un palacio».
Galpol había sido llevada a España desde México, como corrupción de la voz náhuatl kalpulli ‘casa grande o sala grande’.

ganga
Es el material que acompaña al mineral bruto cuando es extraído de una mina. Al limpiar el metal extraído, la ganga es descartada como elemento inútil.
Se trata de una palabra diferente del homónimo ganga ‘gallináceo semejante a una perdiz’, que es de otra etimología.
Ganga, con el sentido que estudiamos hoy, aparece en nuestra lengua en el siglo XIX, proveniente del francés gangue, del mismo significado, que a su vez se deriva del alemán gang ‘filón de una mina’.
Curiosamente, el musicólogo brasileño Nei Lopes, tras citar el origen alemán de esta palabra —que también existe en portugués— observa que nganga, en la lengua africana quioco, significa «escoria de metal fundido».

gazapo
Voz usada para referirse a un conejo joven, pero también para mencionar yerros en el lenguaje hablado o escrito.
¿Dónde se origina este segundo significado de gazapo? Pues, no tiene nada que ver con ningún conejo; el gazapo de los errores tiene una etimología diferente: proviene de la antigua palabra española gazafatón, derivada de la griega kakénfaton, que también en esa lengua significaba «error de lenguaje» o «palabra malsonante».
El gazapo de largas orejas, en cambio, tomó su nombre de otra palabra griega: dasupous, del mismo significado.
Ambas acepciones de gazapo tienen en común apenas el hecho de que sus designados saltan allí donde menos se los espera.

gaznápiro
Este adjetivo se aplica hoy al sujeto «palurdo, simplón, torpe, que se queda embobado con cualquier cosa». Está registrado en nuestra lengua desde la primera mitad del siglo XIX, aunque el Diccionario solo lo incorpora en su edición de 1884.
Su origen es incierto, pero Corominas propone el vocablo gesnapper, supuestamente formado por los soldados españoles en Flandes con las palabras neerlandesas gesnapp ‘parloteo’, ‘charla’ y snapper ‘charlatán’.

gurú
En el hinduismo, gurú es un maestro o guía espiritual. La palabra proviene del sánscrito gurús ‘grave’, ‘solemne’, ‘pesado’, por oposición a laghú ‘liviano’, ‘ligero’.
En el marco del hinduismo este vocablo es empleado por los adeptos por lo menos desde el siglo II d. de C., con el mismo significado con que lo utilizamos hoy.
En Occidente, el sentido de esta palabra se ha extendido en la segunda mitad del siglo XX para denominar a un especialista en una materia específica o a todo aquel que tiene sus seguidores.
Es falsa la etimología según la cual gurú estaría formado por las palabras sánscritas gu ‘oscuridad’ y ru ‘luz’.

hamburguesa
En la apacible ciudad de Hamburgo, en el norte de Alemania, las hamburguesas no se consideran una comida de origen local, sino una moda procedente de los Estados Unidos y, por tal razón, se llaman con su nombre inglés: hamburger.
En realidad, el bife hecho con carne molida y huevo fue creado a comienzos del siglo XVIII por marineros alemanes, precisamente en el puerto de Hamburgo. Desde allí, los emigrantes que partieron dos siglos más tarde lo llevaron hasta los Estados Unidos, sobre todo hasta Nueva York, donde surgió la costumbre de hacer con él un emparedado que se llamó hamburger en el Nuevo Mundo. Y fue con este nombre que el antiguo bife de los marineros de Hamburgo volvió a Alemania, como un emigrante que retorna triunfal a su país natal con otro nombre y con nuevas ropas.
En los países anglohablantes, esta etimología fue desconocida durante mucho tiempo, pues se creía que la sílaba ham, que en inglés significa «jamón», se refería a este producto porcino. A pesar de que las hamburguesas no llevan jamón, esa creencia se vio favorecida por los nombres de otros emparedados semejantes que se difundieron desde los Estados Unidos, tales como cheeseburger o eggburger…

hipocondríaco
Cada una de las zonas abdominales situadas a los lados del epigastrio (zona central superior), por debajo de las falsas costillas, recibe el nombre de hipocondrio.
El hipocondrio derecho aloja al hígado, y en el izquierdo, entre otros órganos, encontramos el bazo.
Hipocondrio proviene del griego hypokhondrion, del mismo significado, palabra formada por el prefijo hypo ‘debajo’ y khondros ‘cartílago’.
Antiguamente, se creía que el hipocondrio era la sede de la melancolía, por lo que, en el siglo XVII, hipocondrio se usó con el sentido de «espíritus inferiores» y de «depresión». De allí se derivó el moderno significado, en el sentido de «aquel que siempre cree estar enfermo», que surgió en el siglo XIX, bajo la forma hipocondría. Los que padecen esta dolencia son llamados hipocondríacos o, en algunos países, hipocondriacos.

hipocresía
Con frecuencia oímos decir «Fulano es un artista», no como elogio a las dotes histriónicas de la persona, sino para señalar que es un fingidor, un hipócrita. La hipocresía es un arte, al menos etimológicamente: la palabra se deriva del griego tardío hypokrisía (hypokrisis en griego clásico), que era, precisamente, «el arte de desempeñar un papel teatral».

hurí
Se dice que a los terroristas suicidas, que se matan en medio de muchedumbres llevando consigo a decenas de inocentes a la muerte, se les promete que antes de que la primera gota de su sangre llegue al suelo, estarán en el paraíso rodeados de bellísimas huríes. ¿Quiénes son esas mujeres tan hermosas que por ellas matan y se matan los fanáticos? Según la creencia del islamismo, que es una religión de paz, han sido creadas por Dios para acompañar a los bienaventurados en el paraíso.
La palabra hurí nos llegó al español procedente del francés houri y esta, del persa huri, que se formó a partir del árabe hur [al’ayn].

idiota
Los idiotas de hoy no son como los de antes. En nuestros tiempos, un idiota es una persona que padece un grado profundo de debilidad mental, al punto de que la palabra puede ser usada para ofender a alguien por su falta de inteligencia. En psicología, idiocia es el grado extremo de incapacidad mental.
Sin embargo, idiotes, la palabra griega que dio origen a idiota, provenía de idios ‘personal’, ‘privado’, ‘particular’. De ahí se derivó también idioma, la forma particular de hablar de un determinado grupo. Un idiota era, en su origen, lo que hoy llamamos lego, alguien ajeno a una determinada profesión o grupo social o, simplemente, un hombre común.
Más tarde, este significado se fue particularizando para referirse con exclusividad a una persona que no tiene ningún oficio especializado ni conoce ningún arte, y por esta vía se fue aproximando cada vez más al significado de «persona ignorante» y, más adelante, se usó para referirse a las personas desprovistas de inteligencia.

imbécil
Proviene del latín imbecillis, palabra latina formada con el prefijo privativo in- antepuesto a bacillum —origen de la palabra bacilo (v. bacilo)—, que es el diminutivo de baculum ‘bastón’, con lo que imbecillis viene a significar literalmente «sin bastón». Baculum proviene del griego baktron ‘báculo’, ‘bastón’, emparentado este con la raíz indoeuropea bak-.
Imbecillis no tenía la connotación negativa que le damos hoy o la tenía de un modo diferente: significaba «frágil, débil, vulnerable» y también «enfermizo, sin carácter o pusilánime».
Fue con estos significados con los que la voz imbecil —palabra aguda— llegó al español desde su primera documentación en 1524 y como tal figuró en la edición de 1780 del Diccionario de la Real Academia, pero en 1822 se introdujo el significado moderno, aunque los romanos ya usaban esta palabra con el sentido de «debilidad de espíritu».
Hay quien opina que la acentuación actual como voz grave proviene de una mala interpretación del tilde en el francés imbécille.

jerosolimitano
Gentilicio que corresponde a los habitantes de Jerusalén (Hierosolyma), actualmente la capital de Israel, también considerada ciudad sagrada por los cristianos.

jitanjáfora
Esta palabra, inventada por el humanista mexicano Alfonso Reyes (1889-1959), se usa para referirse a un vocablo carente de sentido con el cual su autor se propone componer frases u oraciones que suenen en forma agradable. Reyes definió la jitanjáfora como «creaciones que no se dirigen a la razón, sino más bien a la sensación y a la fantasía, en las que las palabras no buscan un fin útil sino que juegan solas».

jopo
El copete o jopo, que en alguna época estuvo de moda en el peinado masculino, también lleva en español el nombre de hopo, un residuo de cuando la h era pronunciada en castellano en forma aspirada, principalmente en Andalucía. La palabra proviene del franco huppe, que era el nombre que ese pueblo germánico daba a cierta ave que en latín se llamaba upupa y que en el francés actual se llama huppe.

kermés
Palabra procedente del francés kermesse y esta, del neerlandés medio kercmisse, formada por kerk ‘iglesia’(v. iglesia) y miss ‘misa’ (v. misa) para denominar una fiesta popular al aire libre que se celebraba en Flandes en los días de Carnaval.
Festividad originariamente religiosa, adquirió con posterioridad un carácter laico, y el nombre se aplicó en esa región a cualquier fiesta popular.
En el siglo XX, el vocablo fue retomado para designar fiestas parroquiales celebradas con el objeto de recaudar fondos para el sustento de la parroquia.

lazareto
En el siglo XV, las autoridades de Venecia ordenaron la construcción de un hospital para aislar a las víctimas de una epidemia mortal que asolaba esa región. El edificio se terminó en 1423 en la isla de Santa María de Nazaret, situada enfrente de la ciudad.
Debido a su ubicación geográfica, se le dio primero el nombre de nazareto, por contaminación con el latín medieval lazarus ‘leproso’, ‘mendigo enfermo’, tomado del nombre griego Lázaros y este, del hebreo Eleaazar.

lempira
Con frecuencia nos consultan sobre el origen del nombre de algunas monedas centroamericanas, como la de Honduras: la lempira, creada en 1933, cuando toda América latina se debatía en medio de graves problemas económicos desencadenados a partir de la crisis norteamericana de 1929.
Lempira fue un cacique indígena centroamericano que luchó contra la conquista española en la primera mitad del siglo XVI.

lenteja
La palabra latina lens, lentis significaba en esa lengua «lenteja», pero entró al español a comienzos del siglo XVIII como lente, para designar los cristales curvos de aquel adminículo que por entonces se empezaba a conocer: los anteojos o gafas (v. gafas).
Sin embargo, la palabra latina original había sentado raíces en nuestra lengua mucho antes: lens, lentis tenía un diminutivo, lenticula, que aparecía en castellano ya en el siglo XIII como nombre de la planta leguminosa Lens esculenta y de su semilla. Su forma castellana era lenteja, que llegó al portugués como lentilha.

lotería
La historia de esta palabra nos muestra cuán antigua es la tendencia de los seres humanos a buscar en el azar la solución de sus problemas. En efecto, en su origen más remoto, encontramos la palabra germánica prehistórica khlut, usada para designar los objetos de los cuales aquellas tribus se valían para tomar decisiones al azar, que llegó a la lengua de los francos y al inglés antiguo como hlot. Entre los francos hlot ya aparecía vinculada, como hoy, a la idea de ganar mucho dinero rápidamente y significaba «herencia» y también «azar». En inglés la palabra mantuvo su antiquísimo significado original.
El término germánico llegó al neerlandés, lengua en la cual adoptó la forma loterij, a partir de la cual surgieron el vocablo italiano lotteria y el francés loterie, que llegó a nuestra lengua convertido en lotería.

lupanar
Registrada por primera vez en español en el Diccionario de autoridades (1734), esta palabra proviene del latín lupanar, que designaba la «casa de la prostituta», debido a que esas mujeres eran llamadas en latín vulgar lupa ‘loba’, aunque los clásicos prefirieran usar el más refinado meretrix ‘la que se gana la vida por sí misma’.
En el español actual, como también en portugués, lupanar significa «prostíbulo». Curiosamente, Louvre, el nombre de uno de los museos más famosos del mundo, tiene un origen semejante, pues proviene del latín lupara ‘lobera’, ‘albergue para lobos’.

mamotreto
Esta palabra se usa actualmente en español con el sentido de «objeto grande» y también como «libro o legajo muy abultado, principalmente cuando es irregular y deforme».
Sin embargo, para los antiguos griegos y romanos, la voz griega mammothreptos y la del latín tardío mammothreptus se aplicaban al «niño que mamaba durante mucho tiempo». El vocablo griego significaba, literalmente, «criado por la abuela» y se había formado mediante la yuxtaposición de mamme ‘abuela’ y threptós ‘criado’. Tal vez tenía ese significado en alusión al hecho de que el niño mamaba tanto tiempo que su madre se tornaba abuela.

mandinga
Se deriva de Manding, nombre geográfico, y también gentilicio, de un pueblo que habita en el África occidental; pero en español, principalmente en las zonas rurales de América, adonde el nombre llegó traído por esclavos africanos, es el nombre del diablo. En el portugués del Brasil, y también en varias regiones de Sudamérica por influencia brasileña, es el nombre de una hechicería que tiene por objeto cerrar el cuerpo a los actos hostiles procedentes del exterior. En las zonas rurales americanas, esta palabra se vincula a todo lo que se refiere a brujerías o influencias sobrenaturales no explicadas.

Maricastaña, el tiempo de
Cuando hablamos del tiempo de Maricastaña, nos referimos a una época muy lejana, pero pocos saben quién fue ni en qué época vivió Maricastaña. El autor argentino Héctor Zimmerman11 habla de «crónicas muy detalladas» registradas allá por el siglo XIV en Galicia, según las cuales habría existido en Lugo una rica terrateniente llamada María Castaña, casada con un tal Marín Cego.
Esta señora, que era mujer de armas tomar, participó activamente en las luchas de los hacendados contra los tributos abusivos cobrados por el obispo Pedro López de Aguiar. Según las crónicas, Maricastaña (así la llamaban) mató en una reyerta, con ayuda de su marido y de sus dos cuñados, al recaudador del obispo Francisco Fernández. Un relato fechado el 8 de junio de 1386, publicado por la diputación de Lugo, narra que ese día Maricastaña confesó sus delitos y fue condenada a donar todos sus bienes a la catedral.
A pesar de la vasta documentación existente, hay quien afirma que esta señora nunca existió, que solo es un personaje de una leyenda celta, cuyo nombre era, en inglés, Auburn Mary (algo así como «María de color castaño»).

mariposa
El nombre castellano de la mariposa, de historia tan colorida como sus alas, proviene de antiguas canciones y dichos infantiles que se referían a algunas de las ciento sesenta mil especies de insectos conocidos con ese nombre y las llamaban a posarse con versos tales como «María pósate, descansa en el suelo».
Los ingleses prefirieron llamarlas butterfly ‘mosca de la mantequilla’; los franceses, papillon, del latín papilione; y los portugueses, borboleta, del antiguo belbellita, formado a partir del latín bellus ‘bueno’, ‘bonito.

matute
Se da este nombre a la mercadería introducida de contrabando o de forma ilegal en un país. En la primera edición del Diccionario de la Academia, se definía así este vocablo:
La entrada de algunos géneros por alto: y también se llaman así los mismos géneros entrados de esta suerte.
El origen de la palabra es desconocido, pero se supone que puede ser una abreviación de matutino, debido a que el contrabando de frontera suele llevarse a cabo en las horas de la madrugada, cuando se supone que la vigilancia es menor.

milonga
Es sabido que la música popular rioplatense suele expresar quejas, lamentos, sufrimientos, penas de amor y de nostalgia. Tal vez esto pueda explicar el nombre de la milonga, uno de los ritmos típicos platenses, que fue tomado de milonga, palabra que en la lengua africana quimbundo, traída a América por los esclavos, significaba «queja, lamento, calumnia, demanda». Se cree que tanto la milonga como el tango(v. tango) se derivan, en última instancia, de ritmos africanos que llegaron al continente con los esclavos.

mitridatismo
En biología recibe este nombre la resistencia a los efectos de un veneno, adquirida mediante su administración prolongada y progresiva, empezando por dosis inofensivas.
La palabra procede del nombre de Mitrídates VI, Eupátor, quien a los 13 años sucedió a su padre. Para escapar de las constantes conspiraciones palaciegas, se habituó a ingerir veneno en pequeñas dosis, con el fin de acostumbrar a su cuerpo e inmunizarlo. Derrotado por los romanos, optó por suicidarse mediante la ingestión de una gran dosis de veneno, pero como este no le hizo efecto, tuvo que ordenar a uno de sus esclavos que lo matase.

mojigato
En algunas regiones de España, mojo es una interjección utilizada para llamar al gato, tan arraigada que muchos la usan para nombrar al felino, como si fuera un sinónimo.
Con el tiempo, esta doble denotación dio lugar a mojigato, que se usa para aludir a la persona que tiene dos caras, mostrando en su carácter dos rasgos opuestos del gato doméstico o que, al menos, se le suelen atribuir: por un lado, el animal es suave, modoso y temeroso, y por otro, taimado y traicionero, capaz de atacar cuando nadie lo espera.

nefelibata
Persona soñadora, que vive en las nubes.
El poeta nicaragüense Rubén Darío usó esta palabra en su poema Epístola, que escribió en homenaje a la esposa de Leopoldo Lugones.
Se trata de un cultismo (voz de creación culta, no nacida en el habla popular) que se formó con las palabras griegas nephéle ‘nube’ y bates ‘el que anda’. No conocemos ninguna referencia sobre su uso antes de Darío, que vivió entre 1867 y 1916. Nefelibata nunca había aparecido en ningún diccionario antes de ser incluida en el de la Real Academia, en 1984. En portugués, nefelibata se registra con el mismo origen y significado a partir de 1899.

nomeolvides
Según una leyenda que durante algunos siglos formó parte de los juegos galantes de las cortes europeas, los portadores de la flor azul conocida como miosota o miosotis jamás serían olvidados por sus amantes, lo que dio lugar a que también se la llamara en español nomeolvides.
Esta creencia se extendió tanto por Europa que este nombre es semánticamente idéntico en un gran número de lenguas europeas: en alemán, Vergissmeinnicht; en inglés, forget-me-not; en holandés, vergeet-mij-nietje; en danés, forglem-mig-ej; en sueco, förgötmigej; en rumano, nu ma uita; en húngaro, nefelejcs; en checo, pomnĕnka; en ruso, nezabudka; en eslovaco, nezábudka; en polaco, niezapominajka; en italiano, nontiscordardimé, en portugués, não-me-esqueças y en francés, ne m’oubliez pas.

nuera
Los griegos llamaban nuós a la esposa del hijo, palabra que fue tomada por Cicerón como nurus, con el mismo significado. En latín vulgar, nurus se convirtió en nora, que ya en el siglo X había cambiado en español a nuera. La palabra latina perdura bajo diversas formas en todas las lenguas romances modernas, excepto el retorrománico y el francés.

orín
Aunque esta palabra suele ser confundida con orina, y por más que el Diccionario de la Academia incluya una acepción con ese sentido, lo cierto es que orín es una palabra diferente, con una etimología totalmente distinta de la de orina.
Significa «herrumbre», el óxido de color castaño rojizo que se suele formar en la superficie del hierro. Proviene del latín aerugo, aeruginis, que en latín vulgar se convirtió en aurigo, aurigines, vocablo usado como denominación del hongo de los cereales, que cubre los vegetales de un color castaño amarillento. Se cree que la transición de la forma clásica a la vulgar ocurrió debido a la influencia de aurum ‘oro’.

oropéndola
Es el nombre de los miembros de un género de aves paseriformes con plumas de color dorado, que viven, en su mayor parte, en África y en las zonas más cálidas de Asia. Ejemplares de las especies Oriolus oriulus y Oriolus chinensis llegan a la península ibérica en verano.

otario
Este adjetivo, propio del lunfardo rioplatense, califica a la persona «cándida, tonta, elegida como víctima de una estafa», según la definición de José Gobello, quien en su Diccionario del lunfardo cita un ejemplo tomado de un artículo de Benigno B. Lugones, titulado Los beduinos urbanos.
Proviene del nombre de la Otaria byronia, el león marino sudamericano, una foca extremadamente lenta, considerada muy poco inteligente en comparación con otras especies.

oxímoron
La palabra oxímoron es ella misma, etimológicamente, un oxímoron, es decir, una figura de lenguaje consistente en el empleo, en una misma expresión, de palabras de significado antagónico, tales como silencio estruendoso, cálido frío o agudamente tonto. En efecto, el vocablo está formado por las palabras griegas oxys ‘agudo’, ‘aguzado’ y morós ‘estúpido’.

paella
Del valenciano paella, es un plato de arroz seco, con carne, pescado, mariscos, legumbres, etcétera, característico de Valencia, y también el recipiente usado para preparar este plato.
El popular plato que conocemos en español como paella tomó su nombre del francés antiguo paele, que provenía, a su vez, del latín patella (especie de fuente o plato grande de metal). Es decir, la palabra valenciana paella fue tomada del nombre de la sartén en que se prepara esa comida y así llegó al español hacia 1900, como nueva denominación del arroz a la valenciana. Es un caso de identificación del recipiente con su contenido, como cuando se habla de beber unas copas o de producir un cierto número de barriles de petróleo.

palimpsesto
Vivimos en una civilización que, en muchos aspectos, es de abundancia, de tal forma que una hoja de papel no vale prácticamente nada. Pero los antiguos, que escribían sobre pergaminos y papiros (v. papiro), de costo mucho mayor que el papel, debían aprovechar al máximo el material que utilizaban como soporte de la escritura. Por esa razón, los copistas medievales solían escribir sus textos sobre pergaminos antiguos, cuyo contenido, a veces de enorme valor histórico, había sido borrado para reaprovechar el material.
La palabra llegó a nosotros del latín palimpsestus y esta, del griego palimpsestos, ambas con el mismo significado, formadas a partir del griego palin ‘nuevamente’ y psaoo ‘borrar’.
De estas dos voces griegas, la primera proviene del indoeuropeo kwel- ‘doblar’, ‘girar’, ‘dar vueltas’ y la segunda, del indoeuropeo bhes ‘frotar’, ‘raspar’.
Incorporado al castellano por vía culta, este vocablo solo apareció en nuestra lengua a partir de la segunda mitad del siglo XIX.

panegírico
En la antigua Grecia, el panegyrikós era la reunión de todo el pueblo en una fiesta pública en la que se recitaban poemas de elogio de algún dios, realizada con mayor frecuencia frente a su santuario. Se trataba de textos altamente encomiásticos con los cuales la muchedumbre se enardecía en homenaje del dios o, a veces, de algún político destacado, como ocurrió con el tirano Pisístrato y sus hijos Hipias e Hiparco en el siglo VI antes de nuestra era.
Panegyrikós se componía de pan ‘todo’ y agorá ‘reunión’, ‘asamblea’.

perieco
En el español moderno, se llama perieco a un habitante de la Tierra con relación a otro que vive en el mismo paralelo, pero en el lado opuesto del planeta. Así, un habitante de la Ciudad de México será perieco de otro que viva en la India, muy cerca de Hyderabad, ciudad cuyo nombre el autor conoció en la preparación de este texto. Como el lector estará percibiendo, la utilidad de esta palabra es hoy un tanto dudosa, pero ella está allí, ocupando un lugar en el Diccionario, y lo cierto es que tiene una larga historia que la hace merecedora de este sitio en nuestra lista de palabras.

piropo
El ajetreo de la vida moderna —con la presencia de la mujer en el mercado de trabajo en pie de igualdad con el hombre, con el tiempo siempre corto de que disponemos, con la píldora anticonceptiva y hasta con la comunicación masiva por Internet— ha hecho que se fuera perdiendo un hábito medieval que había perdurado hasta el siglo pasado: el cortejo mediante el piropo.
El nombre del gracejo galante proviene de la antigua palabra latina pyropus, que aludía a una «aleación de cobre y oro, de color rojo brillante», procedente, a su vez, del griego pyropos, que significaba «de color encendido» o «con aspecto de fuego» y, principalmente, «de ojos de fuego».
Este color de pyropos, que sugiere fuego, deviene de la palabra griega pyr, pyrós ‘fuego’, un fuego que tal vez se vincule a la llama de las pasiones que van junto con el piropo.”

poner los puntos sobre las íes
Esta expresión se usa hoy con el sentido de indicar algo que debe ser dicho con la intención de dejarlo cuidadosamente en claro o de fijar posición, a veces con cierta dureza con relación al interlocutor.
¿Cuál es el origen de esta expresión? Cuando se adoptaron en Europa los caracteres góticos, era común que dos íes juntas se confundieran con una u. Para sortear este inconveniente, se adoptó la práctica de distinguir a la i con unas tildes, que hacia principios del siglo XVI se convirtieron en puntos por decisión de algunos copistas.

propóleos
Los griegos llamaban própolis a las puertas de una ciudad, voz formada por el prefijo pro- y polis ‘ciudad’. Más tarde, Plinio empleó esta palabra en latín para darle nombre a la cera —extraída de las yemas de los árboles— con la que las abejas recubren la entrada de sus colmenas a fin de protegerlas contra hongos y bacterias.
Las propiedades antibióticas y fungicidas de esta sustancia, que en nuestra lengua se llama propóleo, eran conocidas desde la más remota Antigüedad por los sacerdotes egipcios, por los médicos griegos y romanos, y también por algunas culturas sudamericanas.

quijote
La palabra quijote se usaba en España por lo menos dos siglos antes de que naciera Cervantes, bajo la forma quixote, la misma empleada en la obra de Cervantes. En efecto, la palabra ya aparece registrada en 1335 como nombre de una «pieza del arnés destinada a cubrir el muslo». La voz parece provenir del antiguo cuxot y este, del catalán cuixot, con el mismo significado, derivado de cuixa ‘muslo’, que se formó a partir del latín coxa ‘muslo’ y sufrió el influjo de quijada.

retreta
Este vocablo llegó a nuestra lengua procedente del francés retraite ‘retirada’, proveniente, a su vez, del latín retractus, que era el participio pasivo del verbo retrahere ‘hacer retirar’. Este verbo se derivaba del verbo trahere ‘traer’.
En la primera edición del Diccionario de la Real Academia (1737), apareció retreta con el significado de «toque de retirada de los militares», que suena tanto para abandonar el combate —que huir no es cobardía— como para indicar por la noche a los soldados que se recojan al cuartel.

rotisería
Según el diccionario Clave: «en zonas del español meridional, tienda de alimentos preparados». Sin embargo, este vocablo no solo se emplea en el sur de España, sino también en América, como nos muestra este texto de Bazar de cuentos, de la escritora paraguaya Yula Riquelme de Molinas:
A eso de la una, Pepe, que es un pan de Dios, pasará por la rotisería de la esquina y, ¡listo el pollo! El almuerzo estará resuelto.
La palabra proviene del francés rôtisserie, del mismo significado, procedente del verbo rôtir ‘asar’ —hasta el siglo XII, rostir—, formada a partir del franco raustjan, que también está presente en el alemán actual rösten.

simonía
Es la compra o venta de bienes espirituales o muy vinculados al mundo espiritual o religioso, un acto que está prohibido por la mayor parte de las religiones.
El nombre simonía fue tomado de Simón el Mago, quien intentó comprar a los discípulos de Jesucristo el poder de hacer milagros, como se narra en Actos de los Apóstoles (8:18).
En los primeros siglos después de Cristo, cuando los fieles de la nueva religión eran perseguidos, no se habían registrado casos de simonía, pero a partir del momento en que Constantino reconoció el cristianismo como religión oficial del Imperio romano, los dignatarios cristianos adquirieron poder e influencia, y se conocieron algunos casos.

socucho
El Diccionario del lunfardo, de José Gobello, define sucucho como una voz de origen americano que significa «chiribitil, habitación muy pequeña». Algo semejante dice el Diccionario de la Academia de socucho.

sosías
Era el nombre de un personaje del dramaturgo cómico latino Plauto (254-184 a. de C.), en su comedia mitológica Anfitrión (v. anfitrión), obra que ejerció fuerte influencia sobre la literatura dramática posrenacentista en Europa.
En la huella de Plauto, Molière creó otro personaje con las mismas características, cuyo nombre dio lugar al sustantivo común sosia o sosias (también sosía o sosías), que se aplica a una persona que es físicamente idéntica a otra o que se hace pasar por ella aprovechando su gran parecido.

tarantela
La temible araña de Tarento, abundante en toda la región italiana de Apulia, era llamada tarantula por los latinos y, posteriormente, tarantella o tarantola en italiano. La ponzoñosa picadura de esta araña causa un estado de melancolía que dura varios días, a raíz de lo cual surgió una creencia según la cual solo era posible librarse de ese mal ejecutando los movimientos ágiles y alegres de la danza popular napolitana que se baila en compás de seis por ocho y que hoy conocemos como tarantela.

tiquismiquis
Cabe pensar que los monjes medievales, encerrados en sus monasterios, con el pensamiento limitado por los muros de la filosofía escolástica, mantenían entre sí conversaciones triviales, limitadas a la vida cotidiana. La expresión discusión bizantina o bizantinismo alude a las discusiones vacías que algunos afirman que eran comunes en la Iglesia en los tiempos del Imperio romano de Oriente. Se dice que, cuando los otomanos estaban a punto de tomar Bizancio, los dignatarios eclesiásticos y los gobernantes estaban ocupados en discutir el sexo de los ángeles.
En esas discusiones se hizo habitual la expresión tichi michi ‘para ti, para mí’ en latín vulgar, formada a partir del latín clásico tibi, mihi. Hacia mediados del siglo XVII, surgió en español el vocablo tiquismiquis para referirse a «reparos o escrúpulos por motivos de ínfima importancia» o a «modos corteses ridículamente afectados».

turiferario
Es el sacerdote o monaguillo encargado de llevar el incensario en una ceremonia religiosa o en una procesión. Recordemos que el incensario —también llamado turíbulo— es un aparato que, generalmente, se lleva colgado de tres finas cadenas y que porta en su interior una brasa para ir quemando el incienso y, de esta forma, aromatizar el ambiente. El incensario se usa en ceremonias católicas y es herencia de una tradición milenaria muy anterior al cristianismo.
La palabra turiferario proviene del griego thyein ‘agitarse’, ‘humear’ y de thyos ‘ofrenda’, ‘incienso’, voz que llegó al latín como turis ‘incienso’, a partir de la cual se formó turiferario, con el añadido del elemento compositivo -foro, del latín fero ‘llevar’, ‘portar’, tomado del griego phoréin, con el mismo significado.

uebos
Que los huevos los ponen las gallinas es algo que cualquier niño sabe. Y cuando crece un poco, comprende que las demás aves también los ponen, y en la adolescencia se entera de que los huevos de las aves son el equivalente de los óvulos de las hembras de los mamíferos, su mamá incluida.
Sin embargo, cualquier adulto medianamente letrado se espanta ante la palabra uebos, que salta a la vista con su estrafalario aspecto de falta ortográfica imperdonable. No obstante, el Diccionario académico nos informa que uebos es un sustantivo arcaico que significa «necesario’.

vitolfilia
Es el nombre de la poco conocida afición a coleccionar los anillos o vitolas que adornan los cigarros puros.
Con el estallido de la demanda mundial de cigarros habanos, ocurrida alrededor de 1840, la industria tabacalera cubana entró en un período de apogeo que llevó, en pocos años, a la multiplicación por diez del volumen de las exportaciones, con lo que el ramo abrió sus puertas a un sinnúmero de novedades procedentes del exterior, principalmente de Europa.
Una de ellas fue la introducción de los anillos de papel que, desde entonces, se ponen en los puros, con hermosas imágenes y colores vivos. Inicialmente, estos anillos se realizaban mediante métodos litográficos de impresión en relieve, pero nuevas técnicas dotaron de una impactante belleza a los cigarros, que ya eran calificados como los mejores del mundo.

vudú
Se trata de una creencia religiosa que es mayoritaria en Haití, pero que también se practica en Cuba, en Trinidad, en Brasil y en algunos lugares del sudeste de Estados Unidos, sobre todo en Louisiana. El vudú es una creencia sincrética que combina elementos del catolicismo y de religiones tribales de África. En el vudú se venera a un dios principal, el Bon Dieu, y también a los antepasados.
Como esta creencia es poco conocida, su nombre suele evocar diabólicos ritos tribales en los que un hechicero clava agujas en un muñeco para lograr que alguna víctima, tal vez a muchos kilómetros de distancia, sufra dolores horribles, ataques cardíacos o enfermedades incurables. El vudú se asocia con frecuencia a Haití, dado que los sanguinarios dictadores François y Jean-Claude Duvalier solían practicar estos rituales para amedrentar a sus víctimas.
La palabra proviene del vocablo africano Dahomey vodun, que significa “espíritu”.

whisky
El nombre whisky, la bebida nacional de los escoceses, significa, etimológicamente, «agua de la vida». Es la forma abreviada de whiskybae, que surgió como deformación de usquebaugh, versión anglicada de la expresión galesa uisge beatha ‘agua de la vida’. La palabra galesa uisge ‘agua’ tiene el mismo origen indoeuropeo que water ‘agua’ en el inglés actual, mientras que beatha ‘vida’, proviene del latín vita.
La forma españolizada güisqui, que la Real Academia intenta imponer desde 1984, no parece haber sido acogida por los hablantes, que en las dos décadas transcurridas desde la propuesta inicial, han preferido mantener la forma original inglesa.

yugular
Es el nombre de una vena que recibe la sangre del cerebro, de la cara y del cuello, y desemboca en la vena subclavia, situada debajo de la clavícula.
Proviene del latín vulgar jugularis, del latín clásico jugulus, -i ‘clavícula’, ‘garganta’, ‘cuello’, diminutivo de jugum ‘yugo’, vinculada esta a jungo -ngere ‘juntar’, ‘unir’, ‘uncir’.
La yugular es uno de los principales vasos que se cortan al degollar a alguien; por esa razón, los clásicos latinos usaban el verbo jugulo, -are para referirse al acto de degollar, y jugulator, -oris significaba «degollador» y, por extensión, «matador, asesino».

yuppie
Aunque esta palabra constituye un anglicismo, su uso en castellano parece justificado por la inexistencia de un equivalente vernáculo.
El vocablo yuppie se formó en los Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX, como acrónimo de young urban proffesional ‘joven profesional urbano’, para designar a profesionales universitarios jóvenes que se desempeñan en grandes empresas y ganan salarios muy elevados. En inglés se formaron variantes de esta palabra que no llegaron al español, tales como buppie (black yuppie o yuppie negro), guppie (de green yuppie, o sea, preocupado con el medio ambiente) y juppie (japanese yuppie, para designar a los de ascendencia japonesa).

zalamero
La palabra árabe salam significa «paz» y se usa con preferencia en saludos afectados y exagerados, como sugiere la palabra española zalama, que se emplea, precisamente, para referirse a ese tipo de saludos. El individuo que es dado a zalamas, o sea, a ofrecer saludos cargados de adulonería, es llamado zalamero.
Salam, que está también en el nombre del Islam, se usa en el saludo árabe salam alayk, a partir del cual se formó en el portugués de Brasil el vocablo salamaleque, con el mismo significado que zalama o zalamería.

zodíaco
Zona o franja del cielo por el centro de la cual pasa la eclíptica. Tiene 16° a 18° de ancho total y contiene los doce signos o constelaciones recorridos por el Sol en su marcha anual aparente.
A lo largo del año, el Sol hace un giro de 360° sobre la esfera celeste, trazando una línea imaginaria llamada eclíptica y pasando sobre las doce constelaciones del Zodíaco, cada una de las cuales ocupa una franja de 30°. Algunas de estas constelaciones sugirieron a los antiguos formas de animales —que no siempre son fáciles de ver—, como ocurre con Aries, Tauro, Cáncer, Leo, Escorpión, Capricornio y Piscis; pero otras evocan figuras míticas o simbólicas, como las de los gemelos Cástor y Pólux (Géminis), la balanza (Libra), la virgen (Virgo), el arquero (Sagitario) o el agua (Acuario).
La idea del Zodíaco puede hallarse en las antiguas civilizaciones mesopotámicas, pero fueron los griegos quienes lo confeccionaron tal como hoy lo conocemos, con elementos de su propia mitología combinados con los que habían heredado de los astrólogos babilonios y egipcios, y usando como argamasa la ciencia de sus geómetras.
Los griegos llamaron a esta creación zodiakós kyklos ‘círculo de animales’, cuyo nombre proviene de ta zodia ‘los pequeños animales’.

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