La rosa blanca — José M. García Pelegrin

Es un interesante libro sobre los estudiantes que pusieron en jaque a Hitler y el nazismo. Todos ellos dieron testimonio de que el nacionalsocialismo no consiguió mancillar el nombre de Alemania para siempre.
Entre ellos se encontraba este grupo de estudiantes que ha entrado en la historia con el nombre que emplearon en sus escritos de protesta, que repartieron en Munich primero y en otras ciudades alemanas después, un nombre poético: la Rosa Blanca. Interrogado por la Gestapo sobre el origen del nombre, el 20 de febrero de 1943, Hans Scholl dirá que fue elegido «al azar, porque sonaba bien; puede ser que se me ocurriera porque acababa de leer el romancero español de Clemens Brentano, que tiene por título La Rosa Blanca».
El simbolismo de los versos de Brentano, en el segundo romance, es patente:

Und die fromme Rosablancke,
Die mit goldner Flut der Locken
Möchte alle Schuld bezahlen.
Was dir bleibet, Rosablancke
Gieb den Armen, oder opfre,
Gehe hin in Gottes Namen!

Y la piadosa Rosa Blanca,
con su cascada de rizos dorados,
quiere pagar toda la culpa.
Lo que te queda, Rosa Blanca,
dalo a los pobres o sacrifícalo,
¡ve en nombre de Dios!

El germen fue el 20 de marzo de 1941, en plena Guerra Mundial, se crea la Primera Compañía de Estudiantes de Munich; como para el conflicto bélico se precisa un elevado número de médicos, en diversas universidades alemanas se destina a dichas compañías estudiantes de Medicina, a fin de que sigan la carrera en la Universidad, mientras continúan sometidos a la disciplina militar. En la Segunda Compañía de Estudiantes de Múnich, constituida el 1 de octubre de 1941, se conocen Alexander Schmorell y Hans Scholl. Además Sophie y destaca en estos tiempos de Internet la importancia de los libros.
El contacto con la revista Hochland tuvo una importancia decisiva en la formación intelectual de los componentes de la «alianza Scholl». Aunque en la era del nacionalsocialismo, a partir de 1933, en Hochland ocupan un amplio espacio las cuestiones religiosas, en ellas se aprecia —de un modo más o menos velado, debido a la censura— la lucha contra tendencias nacionalistas y nacionalsocialistas, así como contra el totalitarismo.
Sin embargo, a mediados de julio de 1942, tan rápido como habían aparecido, dejaron de distribuirse las Hojas de la Rosa Blanca. La causa era que el 23 de julio los componentes de la Rosa Blanca tomaban el tren que les llevaba al frente, a Rusia.

Las últimas Hojas, como ha señalado Wolfgang Altgeld, presentan notables diferencias respecto de las cuatro primeras: estas se centraban en la inmoralidad del nacionalsocialismo; un peso específico —especialmente en la segunda— correspondía al genocidio frente a los pueblos ruso y judío; ahora, tras la experiencia de Stalingrado, las Hojas se dirigen a capas más amplias de la población. También se dedican a diseñar el posible futuro, democrático, de Alemania tras la caída del régimen nazi. Estilísticamente presentan asimismo diferencias respecto de las cuatro primeras; al parecer, Hans se tomó en serio la crítica de Falk Harnack —que eran «excesivamente filosóficas»—: las largas frases de las primeras cuartillas dejan paso a un estilo más directo. La quinta Hoja lleva por título Hojas del movimiento de resistencia en Alemania y comienza con un «Llamamiento a todos los alemanes».
El 19 de abril de 1943, Roland Freisler vuelve a Múnich, para presidir un nuevo proceso contra miembros de la Rosa Blanca. Catorce personas se encuentran en el banquillo; tres de ellos están acusados de alta traición: Kurt Huber, Willi Graf y Alex Schmorell. A otros diez se les imputa complicidad en acciones subversivas. Contra los tres acusados principales, Freisler dictó sentencia de muerte; los demás fueron condenados a diversas penas privativas de libertad, entre seis meses y diez años; sorprendentemente, Falk Harnack —también acusado en este proceso— fue absuelto, por falta de pruebas. El 29 de enero de 1945, Hans Leipelt es ejecutado en la misma prisión de Múnich-Stadelheim donde también murieron los miembros de la Rosa Blanca.

Sin duda el mensaje es que nos mostraron que en todo momento hay personas que, con los medios a su alcance, están dispuestas a luchar contra el mal, por decirlo en términos teológicos, aun a costa de ponerse en peligro, de fracasar o incluso de perder sus vidas. La Rosa Blanca nos ha legado el testimonio de que en todas las épocas ha habido personas con la suficiente valentía de alzarse en pie.

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