Los símbolos de la Prehistoria — Raquel Lacalle Rodríguez / The Prehistory Symbols: Myths and Beliefs of … and European Megaliths by Raquel Lacalle Rodríguez

Este es otro de los magníficos libros que ha caído en mis manos, este es una rigurosa interpretación de las primeras manifestaciones artísticas, como pórtico al conocimiento de la Prehistoria, sin duda para los no iniciados nos requirió tiempo pero nos adentra en un mundo desconocido, al menos para mí es muy didáctico aunque por momentos para los neófitos tiene exceso de datos. Su lectura nos revela la naturaleza última de la «primigenia religión»: un culto a la Diosa Madre, a la Madre Naturaleza y a los astros, codificados bajo diversas formas animales. De ella derivarán todos los cultos posteriores.
A través de las manifestaciones pasadas se intenta explicar el presente y sin duda es el acierto y el aliciente.

La historia de la evolución del hombre como ser inteligente ha ido acompañada del desarrollo del lenguaje y de su capacidad en la creación y uso de símbolos. Su constitución como animal inteligente, elaborador de pensamientos complejos, le ha conducido a interrogarse sobre todo lo que le rodea, a intentar conocer y explicar el por qué de sí mismo y de su destino y a expresarlo mediante el uso de símbolos. A través del estudio de su pasado, de las huellas que ha dejado a lo largo de este recorrido, podemos seguir el itinerario del pensamiento de nuestro antepasado prehistórico. Las ideas religiosas que elaborará son parte de esta necesidad de comprensión de su entorno.
Los mitos son considerados entonces «enfermedades del lenguaje» y el problema radica en identificar las figuras primitivas que subyacen. Esto se consigue a través del análisis comparativo de los nombres de los dioses, lo que le llevará a proponer el carácter naturalista de la primitiva religión. Los astros proporcionan el material para la constitución de la primitiva representación del mundo.
Se ha tratado de encontrar una respuesta a la unidad que presentan los mitos. Según ciertos paradigmas interpretativos es explicada como consecuencia de la uniforme disposición de la mente humana y de la manera de manifestarse que es idéntica en todas las partes.
J. Campbell cree que el mito es expresivo de verdad absoluta porque narra una historia sagrada. Siendo real y sagrado llega a ser ejemplar y repetible porque sirve de modelo y justificación de acciones. Proporciona ejemplo de proceder humano. El ritual refuerza y da sentido, con la insistencia y exacta repetición de ceremonias y actos, al mito. Éste da significado filosófico a los hechos de la vida ordinaria, posee valor organizador de la experiencia.
G. Frazer la considera una «propiciación de poderes superiores al hombre». Para Durkheim las representaciones religiosas son representaciones colectivas que expresan realidades colectivas; los ritos son maneras de actuar que surgen en el seno de grupos reunidos, destinados a mantener o rehacer ciertas situaciones mentales de ese grupo. No hay religión que no sea a la vez una cosmología y una especulación sobre lo divino.

El Sol y la Luna han sido siempre elementos nucleares en la configuración de mitos, símbolos y divinidades. Son las dos luminarias que se reparten el cielo, a uno le corresponde el día y a otra la noche. Discos idénticos, son considerados hermanos o esposos (Verdet, 1989: 50-55). Los mitos referidos aparecen en todos los pueblos, son principios comunes de importancia reconocida y universal. La deificación del Sol como fuente de vida, así como la leyenda de su muerte y resurrección, aparece, entre otras culturas, en Escandinavia con la fábula de Balder. El proceso de transformación lunar es el otro tema básico. La luna es en sí andrógina. Es masculina, de forma fálica durante el creciente y el menguante, que se transforma en una forma circular, femenina, como mujer grávida durante la fase llena. El cuerno lunar es el elemento fálico masculino que fecunda a la Diosa virgen, transformándola en diosa grávida o luna llena femenina. Remota raíz de estos mitos que presentan una difusión universal, transmitidos a partir de intercambios culturales, emigraciones y por la propia evolución de los sustratos. Los orígenes naturalistas de la religión explicarían esta difusión y la perduración a través del tiempo de sus símbolos.
La idea de Dios coincide con la de una gran fuerza dominante que vive en el cielo. Ha sido expresada por palabras que significan «lo que hay arriba», «el que está más alto», «el invisible». Coincide en cuanto concepto con el sol, el cual, como símbolo cósmico, preside las religiones astrales. El sol inmortal aparece cada mañana y desciende cada noche al reino de los muertos. Símbolo de luz, destructor de las tinieblas, es fuente de vida y calor.
El tiempo es dividido en doce partes, de ellas seis pertenecen a la luz y seis a las tinieblas, seis a la acción creadora y seis a la acción destructora. La línea equinoccial de primavera separa el imperio luminoso del imperio tenebroso. El sol nacido en el solsticio de invierno debe permanecer aún tres meses en los signos inferiores antes de salvar el paso del equinoccio de primavera que asegura su triunfo sobre la noche.

Antiguos cultos lunares en la Península Ibérica. Tenemos información relativa a la consagración de una isla a la luz nocturna por parte de los tartesios, tal y como nos informa Avieno, quien también nos indica que la divinidad a la que se le tributa ese culto es la Luna (Ora Mar. 366-368). Otros testimonios se refieren a la ciudad de Palentia (Palencia), en la región vaccea, en la que Emilio Lépido salvó su vida cuando los indígenas suspendieron un ataque al producirse un eclipse de Luna. Ptolomeo da testimonio de la existencia de una sierra consagrada a la Luna, situada en el Noroeste de nuestra Península.
El simbolismo de la luna se manifiesta en correlación con el del sol. Su carácter fundamental deriva de que atraviesa fases diferentes y cambios de forma. Se sabe que los antiguos calendarios eran, en su mayor parte, lunares y es muy probable que fuera el deseo de rastrear su trayectoria lo que condujo a las primeras identificaciones significativas de grupos de estrellas. Un desarrollo temprano y muy extendido fue la tabulación de las mansiones lunares; en árabe se conocían bajo el nombre de a/-manazi/; en la India bajo el nombre de nakshatra; en hebreo bajo el de mazza/oth, y en China con el de hsiu. Las mansiones son grupos de estrellas o regiones estelares alineadas a lo largo de la eclíptica, mediante las cuales se puede determinar la trayectoria de la luna. A través de la división de su recorrido por las estrellas en 28 (algunas veces 27) secciones, la podemos ver entrar en una mansión diferente cada noche.
El mes de 28 días no lo es sólo en el sentido astronómico de las revoluciones de la luna, sino también en el sentido místico, al ponerse en relación con el período menstrual normal de las mujeres de 28 días. La luna es el símbolo o lugar del pasaje de la vida a la muerte y de la muerte a la vida. Por ello numerosas divinidades lunares son al mismo tiempo ctónicas y funerarias. El viaje a la luna o incluso la morada inmortal en ella después de la muerte terrenal se reserva, según ciertas creencias, a los privilegiados: soberanos, héroes, iniciados, magos. Es considerada yin con respecto al sol.
Los números asociados al culto lunar influyen en la cosmogonía. Es frecuente la presencia en los mitos de números como el tres, siete, nueve, trece, catorce, quince, que remiten al calendario lunar. La cosmogonía azteca dividía el mundo verticalmente en 13 paraísos superiores y 9 inframundos. Leminkainen («Amante») fue uno de los héroes de la épica finlandesa (Kalevala). De niño, su madre le bañó tres veces en una noche de verano y nueve veces en una de otoño para asegurarse que se convertiría en un adulto sabio, dotado para el canto.
La luna actúa como metáfora sobre la vida tras la muerte y el renacimiento espiritual. De modo análogo, se considera que el hombre muere para renacer en el más allá. En cada plenilunio las sacerdotisas guananchechas de Nana-cutsi (la Luna) bailan una danza llamada canacua (coronas) en ofrenda a la diosa. Estas sacerdotisas, coronadas de flores, bailaban a la hora de la luna llena en los atrios de los templos, siendo como una danza de alegría, en señal de que la diosa había renacido (Girard, 1976). Entre los upotos del Congo un mito cuenta cómo la inmortalidad que estaba reservada para los hombres le tocó a la Luna. Un día Libanza hizo comparecer ante él a los habitantes de la Tierra y a los de la Luna. Estos fueron y Libanza, dirigiéndose a la Luna, le dijo: «Para reconmpensarte por haber acudido a mi llamada la primera, no morirás excepto dos días cada mes; y ello tan sólo para que descanses y puedas aparecer luego cada vez más brillante».

Las sociedades del Paleolítico Superior frecuentemente son comparadas con grupos cazadores-recolectores actuales. Esas equiparaciones son usualmente hechas con las bandas de cazadores más simples que existen en la actualidad, coincidentes con aquellos grupos más aislados y marginales, que se encuentran en los ámbitos más hostiles, probablemente siguiendo la supuesta lógica de un proceso evolutivo que iría de lo más simple a lo complejo, dando por hecho, apriorísticamente, que las sociedades del Paleolítico Superior han de constituir el estadio más elemental. Se pueden hacer varias objeciones a estos hechos. La aparición del hombre moderno se estima en unas fechas más antiguas. El ADN lo cifra en unos 200.000 años; antropológicamente, los restos humanos anatómicamente modernos más antiguos recuperados son los de Skühl, en Israel (80.000-10.000 BP), junto a algunos restos africanos datados en torno a 150.000 BP. Es decir, que cuando surgen las culturas del Paleolítico Superior europeo, nuestra especie tiene ya tras de sí una historia y, por tanto, las citadas culturas pueden responder a bandas de cazadores-recolectores con un nivel de organización superior, que se manifestaría en la profusión y calidad del arte, de los objetos de adorno utilizados, e incluso en algunos enterramientos suntuosos.

Las representaciones femeninas se limitan a una vulva en numerosos casos en bloques rocosos y cuevas como: La Ferrassie, Castanet, Blanchard, Commarque, Deux Ouvertures, Lluera II, Pergouset… La imagen grávida de la mujer es reproducida con frecuencia en estatuillas. Siluetas femeninas grávidas se conocen también en bajorrelieves, en Abrí Pataud y Laussel. De Terme-Pialat, Saint-Avit-Senieur (Dordoña) procede una plaqueta calcárea, fechada en el Gravetiense, que presenta dos personajes esculpidos en bajorrelieve. Uno de los personajes es probablemente una mujer bastante corpulenta, de vientre y senos bien desarrollados, la otra es más enigmática. En un grabado sobre guijarro de Geldrop (Holanda) se representó una mujer en visión frontal, de formas redondeadas, con los brazos extendidos y una pierna levantada y un faldellín triangular con flecos.
Los diseños más realistas en bajorrelieves son los de la Roca de los Brujos de Angles-sur-l’Anglin, del Magdaleniense III, y de La Magdeleine, que coinciden con imágenes vistas de frente. En el primero aparecen figuradas desde la mitad del torso hasta los muslos, asociadas a dos bisontes; las mujeres tendidas de la Magdeleine yacen cada una junto a un caballo y un bisonte, del Magdaleniense Medio. De características similares es la mujer tumbada de Le Gabillou, acéfala. Por otro lado se encuentran las supuestas mujeres copulando de Los Casares y Les Combarelles, de perfil y con vientre prominente. Las siluetas femeninas estilizadas, acéfalas y ápodas, con glúteos muy señalados, forman un prototipo muy común durante las etapas tardías del Magdaleniense, tanto en el arte rupestre como en el mobiliar.
Las representaciones masculinas son denominados brujos o enmascarados, presentando miembros o atributos zoomorfos, que se han puesto en relación con actos rituales o de magia propiciatoria. Frecuentemente los antropomorfos masculinos aparecen representados de forma imprecisa, como siluetas o mostrando cierta apariencia animal, lo cual se explicó por el uso de máscaras y disfraces.
Los hombres con apariencia animal suelen contar con cabezas de pájaro, cornamentas de bisonte, toro o ciervo, en algún caso colmillos de mamut o rabo. La escultura de marfil de Stadel ofrece la imagen de un hombre-león. Las placas grabadas del Magdaleniense Medio de Las Caldas (Asturias) contienen en un caso un sujeto cubierto de una piel animal con cuernos cortos y cola larga de tipo bóvido. Otro ejemplar del mismo yacimiento muestra un perfil humano con cabeza bestial con posibles cuernos cortos. También se puede citar la losa de Espélugues, en Lourdes, grabada con individuo con cornamenta de ciervo con barba y rabo. El bastón perforado de Teyjat del Magdaleniense avanzado contiene una especie de diablillos.
La Diosa es concebida como Madre Naturaleza, como diosa cósmica, que posee dos manifestaciones o emanaciones esenciales: sol y luna. Ambos son los principales aspectos de la Diosa cósmica-panteísta. Aspectos constitutivos o emanados de ella, a los que se vinculan respectivamente sus aspectos femeninos y masculinos. La pareja de astros es un elemento subrayado en la iconografía, concebidos generalmente como pareja de ojos o senos de la divinidad. Ya en el Paleolítico Superior se resalta la simétrica pareja de senos como se señalará en representaciones posteriores, en el arte megalítico. En la figura femenina paleolítica sobre asta de reno de Petersfels (Engen-Bittelbrunn, Hegau, Alemania) del Magdaleniense, la doble inflexión de la silueta y los dos círculos grabados a modo de senos aseguran que se trata de una figura femenina, sin embargo su mitad inferior es claramente fálica. La pareja de senos es reproducida como una pareja de círculos.
Las estatuillas de la Diosa paleolítica se asocian a menudo a colmillos de mamut (símbolo de la luna en su aspecto fálico), significando la relación de la Diosa y el ciclo lunar. El mamut es el hijo o el aspecto masculino de la divinidad original.

La dualidad caballo-bisonte, sol-luna, habría podido expresarse similarmente de diversas formas, por ejemplo, con el caballo-mamut o caballo-rinoceronte, dependiendo de los distintos marcos geográficos, económicos, cronológicos o climáticos.
Grupo de animales de simbología solar: caballo, ciervo, reno.
Grupo de animales de simbología lunar: bisonte, toro, cabra, mamut, rinoceronte, oso, pez.
El papel desempeñado por la cierva podría ser distinto (Lacalle, 2008), por lo que no la hemos adscrito a ningún grupo. El oso, lo hemos incluido en el grupo de animales lunares, por el papel desempeñado en los mitos y en el arte paleolítico, que creemos equivalente del ocupado por el bóvido. Por lo que respecta al resto de carnívoros (lobos y felinos), tenemos en cuenta el hecho de ser animales de otro orden, carnívoros, frente al peso de los herbívoros, su pequeña presencia cuantitativa en el arte paleolítico y el hecho de atribuírsele significados míticos concretos en diversas culturas, lo cual, nos hace pensar que pudieron cumplir una función diferente.
El ojo no es un elemento sin importancia en el arte paleolítico, sino que, por el contrario, está cargado de significado. El ojo de un animal podría ser un símbolo del sol y/o la luna llena, como lo ha sido en diversas culturas. Un dibujo de un toro/bisonte mediante la convención de la perspectiva torcida combina en un mismo plano los dos cuernos de frente y un solo ojo; muestra a la vez a la luna como creciente-menguante y como luna llena (König, 1956). Es decir, la luna como un todo, definida por sus fases.

El folklore aldeano de la Europa moderna muestra todavía episodios de mitos de la naturaleza. En el folklore francés se mantiene la expresión durante un eclipse lunar de que la gente creía que la luna era presa de algún monstruo invisible que estaba tratando de devorarla. Entre las tradiciones europeas existen relatos sobre el lobo y el sol. El legendario cuento de Caperucita Roja se inició en un principio como una historia del sol. El color de la caperuza es un elemento que así lo indica, roja, como el color del fuego.
En los mitos de las regiones nórdicas de Europa y Asia, a menudo había perros voraces que amenazaban con comerse los cuerpos celestes. En la mitología nórdica los lobos son un principio de destrucción. Se dice en el Vóluspá, de la Vieja Edda: «El Sol se volverá oscuro, la tierra se hundirá en las aguas, las estrellas brillantes se apagarán y llamas altas treparán al mismo cielo». En la mitología escandinava la destrucción final del mundo y la regeneración de los dioses y los hombres se llama Ragnarók, es decir, crepúsculo de los dioses (Ragna, de regin, «dioses», y roekr, «oscuridad»).

Los denominamos chamanes, adaptándonos a la nomenclatura habitualmente utilizada por los investigadores del arte paleolítico. Pero pensamos que las funciones primitivas de este personaje pudieron ser mayores que las que se les atribuye actualmente a algunos de estos hechiceros. En algunas culturas el chamán queda relegado al papel de un mero curandero, y poco más. En algunos mitos se recoge la idea de que los chamanes en tiempos pasados tenían un poder superior al actual. Al identificar sus símbolos y ritos a través del arte y al analizarlos de forma comparada, pensamos que, en cuanto a sus atribuciones y rituales, pudieron ser una especie de jefes sagrados. Pretendemos mostrar que en el arte paleolítico se identifica un conjunto de motivos y ritos propios de la consagración del chamán, que permiten hablar de la existencia e institucionalización de estos especialistas de lo sagrado en el Paleolítico Superior europeo.
El chamán suramericano se identifica con el tigre. En varios idiomas de las tribus amazónicas existe la misma palabra para denominar al jaguar y al hechicero. Entre los desanas el chamán se convierte en jaguar tras tomarse una dosis muy grande de polvo alucinógeno. Mientras sus cuerpos yacen en hamacas, sus almas se elevan hasta la Vía Láctea. Lo mismo ocurre en las lenguas mayas que llaman del mismo modo al jaguar y al hechicero. Otra vinculación es la del sacerdote o el chamán con la mítica serpiente, de quien se considera directo descendiente. El chamán es también un «pluvio-mago», asociándose a las lluvias y a la serpiente. El pájaro ha sido otro símbolo chamánico. Entre los yámana, el ave taxer enseñó el canto a los chamanes. El chamán puede transformarse en ave o en otro animal. El sacerdote maya lleva un manto de plumas. El águila aparece frecuentemente en las leyendas sobre chamanes; representa la vocación chamánica y es la creadora del primer chamán.
El chamanismo americano suele tener semejanzas notables con el de Siberia. Las cosmologías suelen ser estratificadas, con un árbol o pilar del mundo, y los chamanes volando a los mundos superiores e inferiores. La iniciación chamánica suele suponer un proceso de muerte y resurrección, la experiencia de ser desmembrado o reducido a esqueleto, el uso de numerosos espíritus ayudantes y el matrimonio con una esposa espiritual. La iniciación comprende un viaje de bajada al inframundo y de ascenso celeste. Los elementos decorativos chamánicos aparecen por todo el mundo, entre ellos, el árbol o la escalera que conecta el cielo a la tierra. Resulta de interés conocer alguna de las experiencias chamánicas.
Los ritos de sacrificio y renacimiento de la caza son comprensibles a partir de los modelos celestes que imitan y, por tanto, en correlación con ellos. No se trata de creencias inconexas o incoherentes, forman parte de un modelo metafísico global. Los modelos son «trascendentales», preexisten en el cielo. Se atisba la antigüedad de la creencia en modelos celestes, según la cual, las acciones de los hombres son simplemente una repetición (una imitación) y dependen de los actos revelados por los seres divinos, los cuerpos celestes.

La naturaleza entera era dividida en dos reinos: el uno negro, frío, semejante al invierno y a la muerte; el otro brillante, cálido, lleno de vida, como el estío. Se crearon ciertas expresiones, ciertas frases y nombres que estaban destinadas a describir los cambios del día y las estaciones del año.
Los primitivos cultos astrales impregnarán a otras manifestaciones posteriores, manteniendo aún vivos muchos de sus elementos. Esto lo podemos observar incluso en el cristianismo: la concepción de la madre de Cristo como virgen, la asociación de símbolos lunares a la virgen, el simbolismo solar de la cruz asociado a Cristo, el ciclo de la muerte y resurrección, la muerte de Cristo y su resurrección tras los tres días correspondientes a la muerte lunar (posibles ecos de un antiguo rito chamánico), el nacimiento de Cristo en fechas relacionables con el solsticio de invierno… Simbolismo que habitualmente resulta incompresible porque se han perdido los referentes primarios y nos encontramos con lo que se consideró un «oscurecimiento del lenguaje», al hallarnos ante metáforas mal comprendidas, situadas en un contexto distinto al suyo original.

Los temas que integran el arte megalítico, desde el punto de vista de su significado, los podemos dividir en:
-La Diosa
-La dualidad sol-luna/cielo-tierra: sol-serpiente/hacha-serpiente
-La espiral: símbolo de renacimiento
-Símbolos de heroización-divinización: antropomorfo, antropomorfo-sol, antropomorfo-estrella, antropomorfo-serpiente, antropomorfo-ciervo, antropomorfo-arma.

Los símbolos mitográficos, el sol y la serpiente, el hacha y la serpiente, actuarían a modo de blasones o elementos totémicos, representativos de los principios divinos y, por tanto, de aquellos antepasados y clanes que entroncan directamente con la divinidad y que reproducen la hierogamia sagrada del Cielo y la Tierra, como base de la carta mítica que otorga el poder. La unión mítica y ritual del Cielo y la Tierra (sol-serpiente o hacha-serpiente) actúa como mito de origen y alianza de las clases dirigentes. La serpiente sería representativa de los pluviomagos o sacerdotes; el hacha u otras armas de los guerreros; el toro podría vincularse a los guerreros. Esta alianza entre ambos órdenes sociales que se establece a través de alianzas matrimoniales es la base del poder, recogida por el mito. La unión del sol y la serpiente, del hacha y la serpiente, del cielo y la tierra sería la carta mítica que justifica la alianza entre las dos castas que constituyen el poder.
Estaríamos ante la constitución en el Paleolítico Superior de un orden de creencias que dejaría una importante impronta en las religiones posteriores, siendo éste el verdadero momento fundacional de las religiones astrales. La continuidad iconográfica posterior sería una auténtica continuidad simbólica, puesto que los elementos iconográficos se transmitirían con un contenido significativo similar. Ejemplos de una continuidad temática y simbólica en el arte rupestre se puede observar en las manifestaciones postpaleolíticas de la Península Ibérica: arte esquemático y levantino. En ellas veremos una temática zoomorfa deudora de tradiciones anteriores, que creemos mantiene un contenido significativo similar al ya enunciado para las manifestaciones paleolíticas.
A través de las representaciones en el arte paleolítico de toros, bisontes, etc. los clanes principales subrayan su mayor prestigio a través de sus orígenes, de sus vínculos directos con la divinidad en su plasmación animal, el tótem. En el mundo megalítico tenemos: soles, serpientes, hachas, ciervos y toros, como elemento distintivo de estas castas sacerdotales y de guerreros, símbolos de la divinidad, utilizados por estas castas u órdenes para subrayar su origen e identificación con ellas, por tanto, desempeñando una función de blasones heráldicos.
En resumen, como aportación al estudio del arte prehistórico señalamos la aplicación de unos esquemas propios de una religión astral para comprender los sistemas de creencias y el arte del Paleolítico Superior europeo y de las Culturas Megalíticas europeas prehistóricas. Trazamos los profundos orígenes de un mito, el del viaje del héroe al inframundo, que situamos con respecto a los dos sistemas citados, teniendo por centro el culto a la Diosa, el cual se encuentra estrechamente relacionado con la justificación del poder a partir de sus orígenes divinos. Sin duda, son profundas las raíces de la realeza sagrada y del simbolismo luni-solar asociado. Existe un nexo de unión simbólico y ritual que conduce desde los hacedores de lluvia de las sociedades prehistóricas hasta los reyes sagrados. Las tradiciones históricas y etnográficas nos han ayudado a la reconstrucción de un complejo simbólico de remotos orígenes en la Prehistoria y que dejará una profunda huella en culturas posteriores.

This is another of the magnificent books that has fallen into my hands, this is a rigorous interpretation of the first artistic manifestations, as a portico to the knowledge of Prehistory, no doubt for the uninitiated it took us time but it takes us into an unknown world, At least for me it is very didactic although at times for the neophytes has excess data. His reading reveals the ultimate nature of the “primitive religion”: a cult of the Mother Goddess, Mother Nature and the stars, encoded in various animal forms. From it all subsequent cults will derive.
Through the past manifestations, we try to explain the present and without a doubt it is the success and the incentive.

The history of the evolution of man as an intelligent being has been accompanied by the development of language and its capacity in the creation and use of symbols. His constitution as an intelligent animal, elaborator of complex thoughts, has led him to question himself about everything that surrounds him, to try to know and explain the reason of himself and his destiny and to express it through the use of symbols. Through the study of its past, of the traces that it has left along this route, we can follow the itinerary of the thought of our prehistoric ancestor. The religious ideas he will elaborate are part of this need to understand his surroundings.
Myths are then considered “language diseases” and the problem lies in identifying the underlying primitive figures. This is achieved through the comparative analysis of the names of the gods, which will lead him to propose the naturalistic character of primitive religion. The stars provide the material for the constitution of the primitive representation of the world.
We have tried to find an answer to the unity presented by the myths. According to certain interpretative paradigms it is explained as a consequence of the uniform disposition of the human mind and of the way of manifesting itself that is identical in all the parts.
J. Campbell believes that the myth is expressive of absolute truth because it tells a sacred story. Being real and sacred, it becomes exemplary and repeatable because it serves as a model and justification for actions. It provides an example of human behavior. The ritual reinforces and gives meaning, with the insistence and exact repetition of ceremonies and acts, to the myth. This gives philosophical meaning to the facts of ordinary life, has an organizing value of experience.
G. Frazer considers it a “propitiation of powers superior to man.” For Durkheim, religious representations are collective representations that express collective realities; the rites are ways of acting that arise within the groups gathered, destined to maintain or remake certain mental situations of that group. There is no religion that is not both a cosmology and a speculation about the divine.

The Sun and the Moon have always been nuclear elements in the configuration of myths, symbols and divinities. They are the two luminaries that divide the sky, one corresponds to the day and the other to the night. Identical records are considered brothers or husbands (Verdet, 1989: 50-55). The myths referred to appear in all the towns, they are common principles of recognized and universal importance. The deification of the Sun as a source of life, as well as the legend of his death and resurrection, appears, among other cultures, in Scandinavia with Balder’s fable. The process of lunar transformation is the other basic issue. The moon is itself androgynous. It is masculine, of phallic form during the growing and waning, which is transformed into a circular, feminine form, as a pregnant woman during the full phase. The lunar horn is the male phallic element that fecundates the virgin Goddess, transforming her into a gravid goddess or a feminine full moon. Remote root of these myths that present a universal diffusion, transmitted from cultural exchanges, emigrations and by the own evolution of the substrates. The naturalistic origins of religion would explain this diffusion and the durability of its symbols over time.
The idea of ​​God coincides with that of a great dominant force that lives in heaven. It has been expressed by words that mean “what is above”, “the one that is higher”, “the invisible”. It coincides as a concept with the sun, which, as a cosmic symbol, presides over the astral religions. The immortal sun appears every morning and descends every night to the realm of the dead. Symbol of light, destroyer of darkness, is a source of life and heat.
Time is divided into twelve parts, of which six belong to light and six to darkness, six to creative action and six to destructive action. The equinoctial spring line separates the luminous empire from the tenebrous empire. The sun born in the winter solstice must still stay three months in the lower signs before saving the step of the spring equinox that ensures its triumph over the night.

Ancient lunar cults in the Iberian Peninsula. We have information regarding the consecration of an island to the night light by the Tartessians, as Avieno informs us, who also indicates that the divinity to which this cult is paid is the Moon (Ora Mar. 366- 368). Other testimonies refer to the city of Palentia (Palencia), in the region vaccea, in which Emilio Lépido saved his life when the Indians suspended an attack when an eclipse of the Moon occurred. Ptolemy witnesses the existence of a mountain dedicated to the Moon, located in the Northwest of our Peninsula.
The symbolism of the moon manifests itself in correlation with that of the sun. Its fundamental character derives from the fact that it goes through different phases and changes of form. It is known that the old calendars were, for the most part, lunar and it is very likely that it was the desire to trace their trajectory that led to the first significant identifications of groups of stars. An early and widespread development was the tabulation of lunar mansions; in Arabic they were known under the name of / -manazi /; in India under the name of nakshatra; in Hebrew under that of mazza / oth, and in China with that of hsiu. Mansions are groups of stars or stellar regions aligned along the ecliptic, by which the moon’s trajectory can be determined. Through the division of her route through the stars in 28 (sometimes 27) sections, we can see her enter a different mansion every night.
The month of 28 days is not only in the astronomical sense of the revolutions of the moon, but also in the mystical sense, when related to the normal menstrual period of 28-day women. The moon is the symbol or place of the passage from life to death and from death to life. That is why many lunar deities are at the same time chthonic and funerary. The journey to the moon or even the immortal abode in it after earthly death is reserved, according to certain beliefs, to the privileged: sovereigns, heroes, initiates, magicians. It is considered yin with respect to the sun.
The numbers associated with the lunar cult influence the cosmogony. It is frequent the presence in the myths of numbers like three, seven, nine, thirteen, fourteen, fifteen, which refer to the lunar calendar. The Aztec cosmogony divided the world vertically into 13 higher paradises and 9 underworlds. Leminkainen (“Lover”) was one of the heroes of the Finnish epic (Kalevala). As a child, his mother bathed him three times on a summer night and nine times in an autumn night to make sure he would become a wise adult, gifted for singing.
The moon acts as a metaphor for life after death and spiritual rebirth. Similarly, it is considered that man dies to be reborn in the afterlife. At each full moon the Guananchecha priestesses of Nana-cutsi (the Moon) dance a dance called canacua (crowns) in offering to the goddess. These priestesses, crowned with flowers, danced at the hour of the full moon in the atriums of the temples, being like a dance of joy, in sign that the goddess had been reborn (Girard, 1976). Among the upotos of the Congo a myth tells how the immortality that was reserved for men was the moon. One day Libanza brought before him the inhabitants of the Earth and those of the Moon. These were and Libanza, addressing the Moon, said: “To re-think you for having come to my call the first, you will not die except two days each month; and it only for you to rest and then you can appear brighter and brighter. ”
Upper Paleolithic societies are often compared to current hunter-gatherer groups. These equations are usually made with the simplest bands of hunters that exist today, coinciding with those groups more isolated and marginal, which are in the most hostile areas, probably following the supposed logic of an evolutionary process that would go as far as possible. simple to complex, taking for granted, a priori, that the societies of the Upper Palaeolithic are to constitute the most elementary stage. Several objections can be made to these facts. The appearance of modern man is estimated at older dates. DNA encrypts it in about 200,000 years; Anthropologically, the oldest anatomically modern human remains recovered are those of Skühl, in Israel (80,000-10,000 BP), along with some African remains dating to around 150,000 BP. That is to say, when the cultures of the European Upper Paleolithic arise, our species already has a history behind it and, therefore, the aforementioned cultures can respond to bands of hunter-gatherers with a higher level of organization, which would manifest itself in the profusion and quality of the art, of the objects of adornment used, and even in some sumptuous burials.

The female representations are limited to a vulva in numerous cases in rocky blocks and caves such as: La Ferrassie, Castanet, Blanchard, Commarque, Deux Ouvertures, Lluera II, Pergouset … The gravid image of the woman is often reproduced in statuettes. Gravid female silhouettes are also known in bas-reliefs, in Abrí Pataud and Laussel. From Terme-Pialat, Saint-Avit-Senieur (Dordogne) comes a calcareous plaque, dated in the Gravettian, which presents two characters carved in bas-relief. One of the characters is probably a pretty corpulent woman, with a well-developed belly and breasts, the other is more enigmatic. In a pebble engraving by Geldrop (Holland) a woman was represented in frontal vision, with rounded forms, arms outstretched and one leg raised and a triangular skirt with fringes.
The most realistic designs in bas-reliefs are those of the Rock of the Sorcerers of Angles-sur-l’Anglin, Magdalenian III, and La Magdeleine, which coincide with images seen from the front. In the first figure appear from the middle of the torso to the thighs, associated with two bison; the women stretched out of the Magdeleine lie next to a horse and a bison, of the Middle Magdalenian. Of similar characteristics it is the woman lying down of Le Gabillou, it acéfala. On the other hand are the alleged copulating women of Los Casares and Les Combarelles, in profile and with prominent belly. The stylized feminine silhouettes, acéfalas and apodal, with very pointed buttocks, form a very common prototype during the later Magdalenian stages, both in the rock art and in the mobiliar.
Male representations are called witches or masked, presenting members or zoomorphic attributes, which have been related to ritual acts or propitiatory magic. Frequently the male anthropomorphs are represented inaccurately, as silhouettes or showing some animal appearance, which is explained by the use of masks and costumes.
Men with animal appearance usually have bird heads, bison antlers, bull or deer, in some cases mammoth or tail tusks. The ivory sculpture by Stadel offers the image of a man-lion. The engraved plates of the Magdaleniense Medio of Las Caldas (Asturias) contain in one case a subject covered with an animal skin with short horns and a long tail of the bovid type. Another specimen from the same site shows a human profile with a bestial head with possible short horns. One can also mention the slab of Espélugues, in Lourdes, engraved with an individual with deer horns with a beard and tail. The pierced cane of Teyjat of the advanced Magdalenian contains a kind of imps.
The Goddess is conceived as Mother Nature, as a cosmic goddess, who possesses two essential manifestations or emanations: sun and moon. Both are the main aspects of the cosmic-pantheistic Goddess. Constitutive aspects emanated from it, to which are linked respectively their feminine and masculine aspects. The pair of stars is an element emphasized in the iconography, generally conceived as a pair of eyes or breasts of the deity. Already in the Upper Paleolithic the symmetrical pair of breasts is highlighted as will be indicated in later representations, in megalithic art. In the female paleolithic figure on reindeer horn of Petersfels (Engen-Bittelbrunn, Hegau, Germany) of the Magdalenian, the double inflection of the silhouette and the two circles recorded as sines assure that it is a female figure, however its lower half is clearly phallic. The pair of breasts is reproduced as a pair of circles.
The statuettes of the Paleolithic Goddess are often associated with mammoth tusks (symbol of the moon in its phallic aspect), meaning the relation of the Goddess and the lunar cycle. The mammoth is the son or the masculine aspect of the original deity.

The duality horse-bison, sun-moon, could have been similarly expressed in various ways, for example, with the horse-mammoth or horse-rhinoceros, depending on the different geographical, economic, chronological or climatic.
Group of animals of solar symbology: horse, deer, reindeer.
Group of lunar symbology animals: bison, bull, goat, mammoth, rhinoceros, bear, fish.
The role played by the doe could be different (Lacalle, 2008), so we have not assigned to any group. The bear, we have included it in the group of lunar animals, for the role played in the myths and paleolithic art, which we believe equivalent to that occupied by the bovid. With regard to the rest of carnivores (wolves and felines), we take into account the fact of being animals of another order, carnivores, against the weight of herbivores, their small quantitative presence in Paleolithic art and the fact of being attributed mythical meanings concrete in different cultures, which makes us think that they could fulfill a different function.
The eye is not an unimportant element in paleolithic art, but, on the contrary, it is loaded with meaning. The eye of an animal could be a symbol of the sun and / or the full moon, as it has been in various cultures. A drawing of a bull / bison by the convention of the crooked perspective combines in the same plane the two horns in front and one eye; it shows at the same time the moon as a waxing-waning and as a full moon (König, 1956). That is, the moon as a whole, defined by its phases.

Village folklore of modern Europe still shows episodes of myths of nature. In French folklore the expression is maintained during a lunar eclipse that people believed that the moon was prey to some invisible monster that was trying to devour it. Among the European traditions there are stories about the wolf and the sun. The legendary story of Little Red Riding Hood was initially started as a story of the sun. The color of the hood is an element that indicates it, red, like the color of fire.
In the myths of the Nordic regions of Europe and Asia, there were often voracious dogs that threatened to eat the celestial bodies. In Norse mythology, wolves are a principle of destruction. It is said in the Vóluspá, of the Old Edda: «The Sun will become dark, the earth will sink in the waters, the bright stars will be extinguished and high flames will climb to the same sky». In Scandinavian mythology the final destruction of the world and the regeneration of gods and men is called Ragnarók, that is, twilight of the gods (Ragna, de regin, «gods», and roekr, «darkness»).

We call them shamans, adapting to the nomenclature usually used by researchers of paleolithic art. But we thought that the primitive functions of this character could be greater than those that are currently attributed to some of these sorcerers. In some cultures the shaman is relegated to the role of a mere healer, and little else. In some myths the idea is gathered that shamans in times past had a power superior to the current one. By identifying their symbols and rites through art and analyzing them in a comparative way, we think that, in terms of their attributions and rituals, they could be a kind of sacred chiefs. We intend to show that paleolithic art identifies a set of motifs and rituals specific to the consecration of the shaman, which allow us to talk about the existence and institutionalization of these sacred specialists in the European Upper Palaeolithic.
The South American shaman identifies with the tiger. In several languages ​​of the Amazon tribes there is the same word to refer to the jaguar and the sorcerer. Between the desanas the shaman becomes a jaguar after taking a very large dose of hallucinogenic powder. While their bodies lie in hammocks, their souls rise to the Milky Way. The same thing happens in the Mayan languages ​​that call the jaguar and the sorcerer in the same way. Another link is that of the priest or the shaman with the mythical serpent, who is considered a direct descendant. The shaman is also a “pluvio-magician”, associating with the rains and the snake. The bird has been another shamanic symbol. Among the Yámana, the bird taxer taught the song to the shamans. The shaman can be transformed into a bird or another animal. The Mayan priest wears a mantle of feathers. The eagle frequently appears in legends about shamans; represents the shamanic vocation and is the creator of the first shaman.
American shamanism often has remarkable similarities with that of Siberia. The cosmologies are usually stratified, with a tree or pillar of the world, and the shamans flying to the upper and lower worlds. Shamanic initiation usually involves a process of death and resurrection, the experience of being dismembered or reduced to skeleton, the use of numerous helper spirits and marriage to a spiritual wife. The initiation includes a trip down to the underworld and celestial ascent. The decorative shamanic elements appear all over the world, among them, the tree or the stair that connects the sky to the earth. It is interesting to know some of the shamanic experiences.
The rites of sacrifice and rebirth of the hunt are understandable from the celestial models that they imitate and, therefore, in correlation with them. It is not about unconnected or incoherent beliefs, they are part of a global metaphysical model. The models are “transcendental”, they pre-exist in heaven. One glimpses the antiquity of the belief in celestial models, according to which, the actions of the men are simply a repetition (an imitation) and depend on the acts revealed by the divine beings, the celestial bodies.

The whole nature was divided into two kingdoms: the one black, cold, similar to winter and death; the other bright, warm, full of life, like summer. Certain expressions, certain phrases and names were created that were intended to describe the changes of the day and the seasons of the year.
The primitive astral cults will impregnate other later manifestations, keeping alive many of its elements. We can see this even in Christianity: the conception of the mother of Christ as a virgin, the association of lunar symbols with the virgin, the solar symbolism of the cross associated with Christ, the cycle of death and resurrection, the death of Christ and his resurrection after the three days corresponding to the lunar death (possible echoes of an ancient shamanic rite), the birth of Christ in dates related to the winter solstice … Symbolism that is usually incompressible because the primary referents have been lost and we are with what was considered a “darkening of language”, when faced with misunderstood metaphors, located in a context different from their original one.

The topics that make up the megalithic art, from the point of view of its meaning, we can divide into:
-The goddess
-The duality sun-moon / sky-earth: sun-snake / ax-snake
-The spiral: symbol of rebirth
-Symbol of heroization-divinization: anthropomorphic, anthropomorphic-sun, anthropomorphic-star, anthropomorphic-snake, anthropomorphic-deer, anthropomorphic-weapon.

The mythological symbols, the sun and the serpent, the ax and the serpent, act as blazons or totemic elements, representative of the divine principles and, therefore, of those ancestors and clans that directly connect with the divinity and reproduce the sacred hierogamia of Heaven and Earth, as the basis of the mythical chart that grants power. The mythical and ritual union of Heaven and Earth (sun-serpent or ax-serpent) acts as myth of origin and alliance of the ruling classes. The serpent would be representative of the pluviomagos or priests; the ax or other weapons of the warriors; the bull could be linked to the warriors. This alliance between both social orders that is established through matrimonial alliances is the basis of power, gathered by the myth. The union of the sun and the serpent, of the ax and the serpent, of heaven and earth would be the mythical letter that justifies the alliance between the two castes that constitute power.
We would be before the constitution in the Upper Paleolithic of an order of beliefs that would leave an important imprint in the later religions, being this the true founding moment of the astral religions. The subsequent iconographic continuity would be an authentic symbolic continuity, since the iconographic elements would be transmitted with a similar significant content. Examples of a thematic and symbolic continuity in rock art can be seen in the postpaleolithic manifestations of the Iberian Peninsula: schematic and Levantine art. In them we will see a zoomorphic theme debtor of previous traditions, which we believe maintains a significant content similar to that already enunciated for paleolithic manifestations.
Through representations in the paleolithic art of bulls, bison, etc. the main clans emphasize their greater prestige through their origins, their direct links with the divinity in its animal form, the totem. In the megalithic world we have: suns, snakes, axes, deer and bulls, as a distinctive element of these priestly castes and warriors, symbols of the deity, used by these castes or orders to underline their origin and identification with them, therefore, playing a function of heraldic blazons.
In short, as a contribution to the study of prehistoric art, we point out the application of some schemes of an astral religion to understand the systems of beliefs and the art of the European Upper Paleolithic and the prehistoric European Megalithic Cultures. We trace the deep origins of a myth, that of the journey of the hero to the underworld, which we situate with respect to the two systems cited, having as center the cult of the Goddess, which is closely related to the justification of power from its divine origins. Undoubtedly, the roots of sacred royalty and associated luni-solar symbolism are profound. There is a nexus of symbolic and ritual union that leads from the rainmakers of prehistoric societies to the sacred kings. The historical and ethnographic traditions have helped us to reconstruct a symbolic complex of remote origins in Prehistory that will leave a deep imprint in later cultures.

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