Illuminati — Paul H. Koch / Illuminati : The Secret History Of A Malevolent Sect by Paul H. Koch

Este es un libro que es interesante en cuanto a un primer acercamiento e interesante estudio a sociedades secretas y logias que surgen para dominar el mundo, respecto a asuntos relacionados con Bilderberg nadie lo explica mejor que la sevillana Cristina Martín Jiménez (@crismartinj), eso sí los detractores lo tildaran de conspiranóico, por eso lo mejor en estos casos es leer y sacar conclusiones.
El primero de mayo de 1776, un oscuro personaje llamado Adam Weishaupt fundó una sociedad secreta conocida como los Iluminados de Baviera o Illuminati. Aunque sus orígenes se remontan a los cultos precristianos y la masonería medieval, han intervenido de forma notable en los principales acontecimientos de los tres últimos siglos de la historia de la humanidad.

Estudiosos modernos como René Guenon o Julius Evola coinciden con autores de la antigüedad griega y egipcia a la hora de afirmar en sus escritos que existe una guerra secreta entre la Tradición y la Antitradición desde el principio de los tiempos, lo que en el fondo no es más que otra faceta del enfrentamiento entre el Bien y el Mal. Esa guerra es, en su opinión, el verdadero motor de los acontecimientos, y acaba dotando de sentido a cualquier época o personaje de la historia si somos capaces de superar los prejuicios, ir más allá de las explicaciones convencionales y sacar a la luz el tenue rastro que da sentido a diferentes sucesos en apariencia sin conexión.
Lo cierto es que el llamado Siglo de la Razón marcó un punto de inflexión en la masonería, que ya no volvería a ser la misma sociedad hermética orientada en exclusiva hacia sus miembros. A partir de entonces, la mayor parte de sus intereses quedó fijada en el mundo material. Especialmente, en lo referente a la posibilidad de crear un imperio mundial al que se someterían todas las administraciones nacionales. Un imperio dirigido por una minoría «iluminada» que, basándose en el progreso de la ciencia, la técnica y la producción, impulsara un mundo más lógico, racional y acorde con los designios divinos del GAU. Quizá eso explique la proliferación de la masonería en los salones del poder mundano de hoy. Todos los reyes ingleses desde el siglo XVIII así como la mayoría de sus primeros ministros, la mayor parte de presidentes del gobierno y de la República francesa, innumerables políticos en Alemania (excepto en la época del nacionalsocialismo), Italia (excepto durante el fascismo) y en todos los demás países europeos, así como muchos de los miembros de las actuales instituciones de la Unión Europea, la gran mayoría de los presidentes de Estados Unidos y muchos de los dirigentes de otros países americanos han sido o son masones. En algunos casos, los símbolos masones incluso han ondeado en banderas oficiales como la de la extinta República Democrática Alemana, que lucía sobre las franjas negra, roja y amarilla un martillo y un compás orgullosamente laureados, y no una hoz como cabría suponer tratándose de un régimen comunista.

La noche del 30 de abril al 1 de mayo de 1776, la famosa y siniestra noche de Walpurgis, un grupo de hombres decididos se reunía en un bosque de Baviera, en el sur de Alemania, para juramentarse entre sí la consecución de sus objetivos finales. El momento escogido no fue casual. Hubo que esperar a que se produjeran los sucesos de los Mártires del Movimiento obrero de Chicago, en 1886, para que el mundo moderno instituyera en su recuerdo el primero de mayo como el Día Internacional del Trabajo, aunque, en realidad, esta fecha ha sido sagrada para los europeos durante milenios, ya que constituía uno de los dos ejes del antiguo calendario celta, que rigió en la mayor parte de Europa occidental, antes de la expansión del Imperio Romano. En aquella época se la conocía como Beltaine o Beltené y en ella se celebraba el final del invierno —que comenzaba con otra gran celebración céltica, la del Samhain, el 1 de noviembre, que conmemora en la actualidad el cristianismo con el nombre de Todos los Santos, y el paganismo, con la fiesta de Halloween— con distintos rituales que incluían grandes hogueras. La luz de esas hogueras alumbró la mística de los antiguos europeos.
Aquella fatídica noche nació la Orden de los Perfectibilistas, más conocida como la Orden de los Iluminados de Baviera o simplemente los Illuminati. Con el tiempo se convertiría en la más poderosa de las sociedades de la Antitradición.

Las seis metas a largo plazo de los Illuminati:
1. Aniquilación de la monarquía y de todo gobierno organizado según el Antiguo Régimen.
2. Abolición de la propiedad privada para individuos y sociedades.
3. Supresión de los derechos de herencia en todos los casos.
4. Destrucción del concepto de patriotismo y sustitución por un gobierno mundial.
5. Desprestigio y eliminación del concepto de familia clásica.
6. Prohibición de cualquier tipo de religión tradicional.

Según el razonamiento de Weishaupt, no había grandes problemas para conducir a los países de Oriente hacia esa unificación mundial, debido a la posibilidad de manipular las profundas conexiones de su cultura con el misticismo, el ritualismo y el eclecticismo. Sin embargo, el pensamiento de Occidente era mucho más individualista, nacionalista y aventurero y además llevaba mucho tiempo dominado por el cristianismo. En especial, por la Iglesia católica, cuya obsesión por cortar de raíz cualquier mínima desviación del dogma convertía cualquier heterodoxia espiritual en una empresa arriesgada.

En enero de 1991 la entrevista a John Todd publicada por la revista norteamericana Progreso para todos. Miembro del Consejo Masónico de los Trece, John Todd afirmaba que el famoso icono de la pirámide y el ojo resplandeciente con el que se representa por lo general a Dios significa en realidad algo muy distinto: la mirada vigilante de Lucifer. Según sus palabras, la imagen fue creada por los Rothschild y llevada después a Estados Unidos por dos significados masones y padres fundadores de la nación, Benjamín Franklin y Alexander Hamilton, antes de que comenzaran la revolución y la guerra de independencia de Inglaterra. «La familia Rothschild es la cabeza de la organización en la que yo entré en Colorado, y todas las hermandades ocultas forman parte de ella», aseguraba, «porque en realidad todas pertenecen al mismo grupo dirigido por Lucifer para instaurar su gobierno a nivel mundial». Añadía aún más: «Dicen que los Rothschild tienen trato personal con el demonio. Yo estuve en su villa y lo he vivido. Sé que es cierto».
Una de las armas principales de la familia para lograr el éxito constante en sus negocios ha sido el manejo de información privilegiada para adelantarse a sus competidores. Una cualidad muy útil en lugares como la Bolsa, donde se puede perder o ganar una enorme cantidad de dinero en unos minutos. En teoría, el mercado bursátil es un sistema útil a la hora de facilitar dinero a las empresas en desarrollo. En la práctica, funciona a menudo como una especie de casino especializado en el que los especuladores llevan todas las de ganar y, de hecho, gustan de adornarse a sí mismos con el título de «tiburones financieros».
Durante las guerras napoleónicas, los Rothschild apoyaron por igual a Bonaparte y a Wellington (siguiendo la vieja regla de apostar por el rey y por el monarca rival al mismo tiempo), pero la jugada maestra se produjo a raíz de la batalla de Waterloo.

Albert S. Pike, abogado y general sudista durante la guerra de Secesión. Pero sabemos que además fue uno de los máximos dirigentes de la masonería del rito escocés en el nuevo continente y un activo miembro, con el cargo de jefe de justicia, del Ku Klux Klan o Clan del Círculo. El KKK había sido fundado por otro masón, Nathan Bedford Forrest, en principio con el objetivo declarado de defender a los blancos del sur de las posibles revanchas de la hasta entonces esclavizada población negra, así como de los abusos que pudieran cometer las victoriosas tropas del norte.
De la importancia de Pike entre las sociedades secretas del siglo XIX en Estados Unidos dan buena cuenta algunos de sus títulos, como el de Soberano Pontífice de la Masonería Universal o Profeta de la Francmasonería, así como el manual constitucional Moral y Dogma. Especialmente fascinado por la posibilidad de ver en vida un gobierno mundial.
En el anverso del sello aparece un águila calva americana con las alas desplegadas que lleva sobre el pecho un escudo con el campo superior de color azul y el inferior repartido en trece barras blancas y rojas. En una de sus garras porta una rama de olivo y en la otra, trece flechas. Sobre ella hay un dibujo circular en cuyo interior trece estrellas componen la «nueva constelación», insinuada en la bandera, que de nueva no tiene nada, porque se puede reconocer con claridad una estrella de David. Finalmente, el ave lleva en el pico una cinta en la que se inscribe la primera leyenda oficial de Estados Unidos: «E pluribus unum» («De muchos [se formó] uno»), el mismo eslogan de Weishaupt. En cuanto al reverso de este sello es muy popular en todo el mundo, puesto que se puede ver en los billetes de un dólar. Fue el presidente Franklin D. Roosevelt quien ordenó imprimirlo en 1945.
Un triángulo con un ojo en su interior. Y que incluye la leyenda «Novus Ordo Seclorum» o «Nuevo orden de los siglos». La inclusión de esta frase, en principio tomada de Virgilio, se interpreta como la intención de los padres de la nación norteamericana de equiparar a Estados Unidos nada menos que con la Roma clásica. En realidad, la comparación se puede establecer hoy —y de hecho aparece a menudo en prensa y en ensayos políticos, donde se habla del imperio «fáctico» que controla Washington, se compara a los norteamericanos con los romanos y a los europeos con los griegos, se caracteriza a veces al presidente George W. Bush como Un césar del Imperio y se describe a los marines como analfabetos pero militarmente eficaces legionarios romanos—.
Si Europa tuvo a los Rothschild como genuinos representantes de los llamados banqueros internacionales, América necesitaba su propia dinastía de millonarios, y la encontró en el clan Rockefeller.

Grigori Yefimovich, más conocido como Rasputin (Libertino), fue asesinado en la noche del 29 al 30 de diciembre de 1916. La última mañana de su vida la dedicó entre otros asuntos a escribir varias cartas, una de las cuales iba dirigida al zar Nicolás II.
«Si soy asesinado por plebeyos y especialmente por mis hermanos los campesinos, tú, zar de Rusia, nada tendrás que temer… Tu trono se asentará por cientos de años. Tu hijo será zar. Pero si soy asesinado por nobles, mi sangre permanecerá en sus manos. La nobleza tendrá que abandonar Rusia, los hermanos se enfrentarán con los hermanos, el odio dividirá a las familias, el país se quedará sin imperio… Tú, tu esposa y tus hijos moriréis a manos del pueblo».
Rasputín fue asesinado violentamente horas después a manos de un grupo de nobles encabezado por el príncipe Yusupoff.

OTO, Ordo Templi Orientis, la Orden del Templo del Oriente, como la heredera de los de Baviera. En el fondo, el apelativo no era tan distinto, porque la logia masónica donde había actuado Adam Weishaupt se llamaba Estricta Observancia Templaria.
El fundador oficial de la OTO fue el químico austríaco Karl Kellner, quien, siguiendo la costumbre Illuminati, tomó un nombre simbólico latino, Frater Renatus. No obstante, el alma verdadera del grupo y su dirigente máximo a partir del fallecimiento de Kellner en 1905 fue Theodor Reuss, Frater Peregrinus, bajo cuya dirección se redactó la constitución de la orden. Ambos contaron desde el principio con el apoyo directo del doctor Franz Hartmann.
La nueva organización había surgido a partir de los llamados Ritos de Memfis Misraim, del británico John Yarker, que tenía diversos contactos con la Societas Rosicruciana in Anglia o Sociedad Rosacruz de Anglia (Inglaterra), uno de los muchos grupos de supuesta herencia rosacruz que proliferaron en la época, pero que nada tenían que ver en realidad con los verdaderos miembros de esa antigua sociedad. Yarker fue quien dio el visto bueno definitivo a la fundación de una nueva logia alemana practicante del ceremonial, tras recibir la solicitud de Kellner, Reuss y Hartmann.

El hundimiento del Banco Ambrosiano dejó a la Banca Vaticana a las puertas de la ruina. Los banqueros internacionales se mostraron insensibles a las sugerencias de una refinanciación de lo ya invertido. Se limitaron a guardar silencio, como si esperaran algo. Lo cierto es que las deudas eran de tal calibre que toda la estructura de la Iglesia católica se tambaleó. Sólo un milagro podía salvar los intereses vaticanos. Pero si hay algo que no le falta a la institución vaticana, son hacedores de milagros.
Y el milagro se materializó. Inesperadamente, el Opus Dei se ofreció a enjugar la desesperada situación financiera y, de propina, a hacerse cargo del 30% de los gastos anuales del Vaticano. A cambio de algunas concesiones, por supuesto, quid pro quo.
Como es lógico, Juan Pablo II aceptó y aquel mismo año se vio obligado a pagar la primera «letra» a la Obra, concediéndole el estatuto especial de Prelatura Personal del Papa. En los años sucesivos pagaría el resto facilitando primero el desembarco en la administración vaticana de una auténtica legión de miembros del Opus Dei, que coparon los puestos decisivos, y promoviendo después la Subida a los altares de Escrivá de Balaguer.
El sacerdote Jesús López Sáez resume así la situación en su libro Se pedirá cuenta: «La diferencia es que Juan Pablo I quiso echar a los mercaderes del templo, mientras que Juan Pablo II expulsó a unos [miembros de la masonería] para echarse en brazos de otros [miembros del Opus Dei]».
En palabras del Papa: «La Iglesia católica desea ofrecer a la sociedad su específica contribución en la edificación de un mundo en el que los grandes ideales de libertad, igualdad y fraternidad puedan constituir la base de la vida en la búsqueda y en la promoción incansable del bien común».
Por primera vez en la historia del Vaticano, un Papa se atrevía a reclamar como propios, en voz alta, los ideales masónicos, los ideales de los Illuminati.

La eugenesia no tiene nada de demoníaco. De hecho, se practica desde tiempos inmemoriales con las plantas y el ganado al cruzar los mejores ejemplares de una especie, favorecer las condiciones ambientales para su desarrollo y, en general, dando un pequeño empujón a la evolución natural. En el caso del ser humano, se trataría básicamente de buscar y poner en práctica la metodología y las técnicas precisas para ayudarlo a mejorar de forma progresiva, física y mentalmente; por ejemplo, facilitándole sistemáticamente una dosis de vitaminas extra para redoblar la capacidad del sistema inmunológico. El problema es cuando la eugenesia se reserva en exclusiva para una serie de individuos escogidos, con el fin de lograr no una elevación general del nivel humano, sino sólo la de esos individuos, a los que se dotaría, de esta forma, de una ventaja que les permitiría ir siempre por delante respecto a los demás.

José María Carrascal reprodujo una especie de nuevas Tablas de la Ley que circulaban en Washington para uso de los políticos novatos en las más altas instancias del Estado. Éstas son sus doce normas de oro, que no precisan comentarios:
1- No mientas, estafes o robes innecesariamente.
2- Recuerda que siempre hay un hijo de perra más grande que tú.
3- Una respuesta honesta puede traerte un montón de problemas.
4- Si vale la pena luchar por algo, vale la pena luchar sucio por ello.
5- Los hechos, aunque interesantes, son irrelevantes.
6- «No» es sólo una respuesta interina.
7- No puedes matar una mala idea.
8- Si no consigues algo a la primera, destruye todas las pruebas de que lo intentaste.
9- La verdad es variable.
10-Un puercoespín con las púas abatidas no es más que un roedor gordo.
11-Una promesa no es ninguna garantía.
12-Si no puedes contradecir un argumento, abandona la reunión.
Carrascal calificaba estos apuntes como una guía «bastante práctica» para moverse en las arenas «movedizas y no siempre limpias de la política».
Desgraciadamente, tenía razón. Si hay algo que falta en política en la actualidad, en cualquier parte del mundo, es honradez.

La palabra dollar es de origen alemán. Es una deformación de Thaler o Daler, a su vez abreviatura de Joachimsthaler. Lo que en España se conoció como tálero, una moneda acuñada a partir del siglo XVI gracias a la plata extraída de la mina de Joachimstal, en lo que hoy es la localidad checa de Jachymov. Esta moneda llevaba grabada en una de sus caras la efigie de san Joaquín. Los reales de a ocho españoles, conocidos también como táleros, llevaban impreso el famoso icono de la divisa estadounidense, una especie de letra s cruzada por dos barras ($), que no era más que una estilización de las dos columnas de Hércules, junto al lema Plus Ultra (Más allá) que hoy todavía figura en el escudo español.
Si examinamos el billete de dólar y nos fijamos en el anverso, veremos una pirámide truncada que posee trece escalones, en cuya base está escrito el número 1776 con caracteres romanos. Corresponde al reverso del gran sello de Estados Unidos. La explicación oficial de su simbología es que representa a los trece Estados que ese año firmaron la Declaración de Independencia respecto a Inglaterra. No deja de resultar llamativo que trece sea el número de grados iniciáticos de la orden de los Iluminados de Baviera fundada en el mismo año. Encima de la pirámide y constituyendo su vértice, apreciamos el clásico ideograma divino: un triángulo radiante con un ojo en su interior, el Ojo que Todo lo Ve. El mismo que utilizaron los Illuminati para representar gráficamente su organización y que también aparecía en las portadas de los textos jacobinos de la Revolución francesa.
Dos lemas escritos en latín enmarcan la pirámide con el ojo. Por arriba, «Annuit Coeptis», que se traduce por «Él (Dios, ¿o quizá “Ella”, en referencia a la orden Illuminati?) ha favorecido nuestra empresa». Por abajo, «Novus Ordo Seclorum», es decir, «Nuevo orden de los siglos». Como sabemos, la obsesión por imponer un nuevo orden mundial es bastante anterior a los encendidos discursos de Adolf Hitler al respecto o de George Bush padre, cada uno de los cuales utilizó la misma expresión en su época, pero en el billete de dólar se muestra públicamente y sin ningún recato.
La frase más conocida del billete es «In God we trust» (En Dios confiamos). ¿En qué Dios, en realidad? La sociedad norteamericana se caracteriza por su alto grado de puritanismo, que nació en el Reino Unido siglos atrás a partir del protestantismo e introdujo una versión más materialista de la evolución espiritual. En contraposición al dogma católico de que los pobres eran los preferidos de Dios y, por tanto, de que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos, los protestantes en general y los puritanos en particular replicaron que una vida próspera en la tierra no tenía por qué significar la condenación futura, sino todo lo contrario. Negando la posibilidad de que el hombre pudiera escapar a la predestinación (y de que por tanto, hiciera lo que hiciese, al final de su vida se salvaría o no según lo hubiera decidido Dios de antemano), muchos apoyaron la idea de que el enriquecimiento era equivalente a la aprobación de la divinidad, que se complacía así en tratar bien a sus preferidos, como una especie de prólogo a la felicidad eterna que les esperaba tras la muerte.
Un par de lecturas alternativas al «In God we trust». La primera de ellas supone una elipsis en la frase «In God we (have the) Trust», que se podría traducir por «En Dios (tenemos el) trust» (donde trust es «corporación financiera» o «negocio»). Y la segunda, más sencilla y extendida, «In gold we trust»; esto es, «En el oro confiamos». Esta última versión fue el motivo de una famosa equivocación cometida en la Reserva Federal, que estuvo a punto de distribuir varias series de billetes con el «oro» (gold) en lugar de «Dios» (God) como protagonista del lema. Unos empleados se dieron cuenta a tiempo y se pudo recoger todo el papel moneda antes de que llegara al bolsillo de los ciudadanos.
Por último, existe un dibujo en el dólar estadounidense que corresponde a la otra cara del sello nacional, el águila real calva. El águila es un clásico signo imperial.

«la rebelión ciudadana contra los tejemanejes de los grandes grupos de poder no se produce porque los ciudadanos no llegan a enterarse hasta que es demasiado tarde».

This is a book that is interesting in terms of a first approach and interesting study to secret societies and lodges that arise to dominate the world, regarding issues related to Bilderberg nobody explains it better than Sevilla Cristina Jiménez (@crismartinj), that If the detractors would call it a conspiracy, that’s why the best thing in these cases is to read and draw conclusions.
On May 1, 1776, a dark character named Adam Weishaupt founded a secret society known as the Illuminati of Bavaria or Illuminati. Although its origins go back to pre-Christian cults and medieval masonry, they have intervened in a remarkable way in the main events of the last three centuries of the history of mankind.

Modern scholars like René Guenon or Julius Evola coincide with authors of Greek and Egyptian antiquity when affirming in their writings that there is a secret war between Tradition and Antitradiction since the beginning of time, which is basically not more than another facet of the confrontation between Good and Evil. That war is, in his opinion, the true motor of events, and end up giving meaning to any time or character in history if we are able to overcome prejudices, go beyond the conventional explanations and bring to light the faint trace that gives meaning to different events in appearance without connection.
The truth is that the so-called Century of Reason marked a turning point in Freemasonry, which would no longer be the same hermetic society oriented exclusively to its members. From then on, most of his interests were fixed in the material world. Especially in relation to the possibility of creating a world empire to which all national administrations would submit themselves. An empire led by an “enlightened” minority that, based on the progress of science, technology and production, would promote a more logical, rational and consistent world with the divine designs of the GAU. Perhaps that explains the proliferation of Freemasonry in the halls of worldly power today. All the English kings since the 18th century as well as most of their prime ministers, most of the presidents of the government and of the French Republic, innumerable politicians in Germany (except in the era of National Socialism), Italy (except during Fascism) and in all other European countries, as well as many of the members of the current institutions of the European Union, the great majority of the presidents of the United States and many of the leaders of other American countries have been or are freemasons. In some cases, Freemason symbols have even flown on official flags like that of the now defunct German Democratic Republic, which sported a hammer and compass proudly decorated on the black, red and yellow stripes, not a sickle as might be supposed in the case of a Communist regime.

The night of April 30 to May 1, 1776, the famous and sinister night of Walpurgis, a group of determined men met in a forest in Bavaria, in southern Germany, to swear to each other the achievement of their ultimate goals . The chosen moment was not accidental. It was necessary to wait for the events of the Martyrs of the Workers’ Movement of Chicago to take place, in 1886, so that the modern world could institute May Day as the International Labor Day in its memory, although, in fact, this date has been sacred to Europeans for millennia, since it was one of the two axes of the ancient Celtic calendar, which prevailed in most of Western Europe, before the expansion of the Roman Empire. At that time it was known as Beltaine or Beltené and the end of winter was celebrated there – beginning with another great Celtic celebration, that of Samhain, on November 1, which today commemorates Christianity with the name of All Saints, and paganism, with the Halloween party- with different rituals that included large bonfires. The light of those fires illuminated the mystique of the ancient Europeans.
That fateful night was born the Order of the Perfectibilists, better known as the Order of the Illuminati of Bavaria or simply the Illuminati. With time it would become the most powerful of the Antitradic societies.

The six long-term goals of the Illuminati:
1. Annihilation of the monarchy and of all organized government according to the Old Regime.
2. Abolition of private property for individuals and societies.
3. Removal of inheritance rights in all cases.
4. Destruction of the concept of patriotism and replacement by a world government.
5. Loss of prestige and elimination of the classic family concept.
6. Prohibition of any type of traditional religion.

According to Weishaupt’s reasoning, there were no great problems in leading the countries of the East towards that world unification, due to the possibility of manipulating the deep connections of their culture with mysticism, ritualism and eclecticism. However, the thought of the West was much more individualistic, nationalistic and adventurous and also had long been dominated by Christianity. In particular, by the Catholic Church, whose obsession to nip any minimal deviation from the dogma from the root converted any spiritual heterodoxy into a risky enterprise.

In January of 1991 the interview with John Todd published by the American magazine Progreso para todos. Member of the Masonic Council of the Thirteen, John Todd affirmed that the famous icon of the pyramid and the resplendent eye with which God is represented in general means in reality something very different: the watchful eye of Lucifer. According to his words, the image was created by the Rothschilds and later taken to the United States by two meanings Freemasons and founding fathers of the nation, Benjamin Franklin and Alexander Hamilton, before they began the revolution and the war of independence of England. “The Rothschild family is the head of the organization in which I entered Colorado, and all the hidden brotherhoods are part of it,” he said, “because in reality they all belong to the same group led by Lucifer to establish their government worldwide. » He added further: “They say that the Rothschilds have personal contact with the devil. I was in your villa and I’ve lived it. I know it’s true ».
One of the main weapons of the family to achieve constant success in their business has been the handling of privileged information to get ahead of their competitors. A very useful quality in places like the Stock Exchange, where you can lose or win a huge amount of money in a few minutes. In theory, the stock market is a useful system when it comes to providing money to developing companies. In practice, it often functions as a kind of specialized casino in which speculators have every chance of winning and, in fact, like to decorate themselves with the title of “financial sharks”.
During the Napoleonic wars, the Rothschilds supported equally Bonaparte and Wellington (following the old rule of betting on the king and the rival monarch at the same time), but the masterful move came in the wake of the Battle of Waterloo.

Albert S. Pike, lawyer and general south during the Civil War. But we know that he was also one of the top leaders of the Freemasonry of the Scottish rite in the new continent and an active member, with the position of head of justice, the Ku Klux Klan or Circle Clan. The KKK had been founded by another freemason, Nathan Bedford Forrest, in principle with the stated objective of defending the southern targets of the possible revenge of the until then enslaved black population, as well as of the abuses that could be committed by the victorious troops of the north.
Pike’s importance among nineteenth-century secret societies in the United States gives some account of his titles, such as the Sovereign Pontiff of Universal Masonry or Prophet of Freemasonry, as well as the constitutional manual Moral and Dogma. Especially fascinated by the possibility of seeing a world government in life.
On the obverse of the seal appears an American bald eagle with outspread wings bearing on its breast a shield with the upper field blue and the lower one distributed in thirteen white and red bars. In one of its claws carries an olive branch and in the other, thirteen arrows. On it there is a circular drawing in which thirteen stars make up the «new constellation», insinuated in the flag, which again has nothing, because you can clearly recognize a Star of David. Finally, the bird carries in its beak a ribbon in which is inscribed the first official legend of the United States: “E pluribus unum” (“Of many [one formed] one”), the same slogan of Weishaupt. As for the reverse side of this stamp it is very popular all over the world, since it can be seen on one dollar bills. It was President Franklin D. Roosevelt who ordered it printed in 1945.
A triangle with an eye inside. And that includes the legend “Novus Ordo Seclorum” or “New order of the centuries”. The inclusion of this phrase, in principle taken from Virgilio, is interpreted as the intention of the parents of the North American nation to equate the United States with nothing less than classical Rome. In fact, the comparison can be established today – and in fact it often appears in the press and in political essays, where the “factual” empire that Washington controls is spoken of, the Americans are compared to the Romans and the Europeans to the Greeks, President George W. Bush is sometimes characterized as a Caesar of the Empire and the Marines are described as illiterate but militarily effective Roman legionaries.
If Europe had the Rothschilds as genuine representatives of the so-called international bankers, America needed its own dynasty of millionaires, and found it in the Rockefeller clan.

Grigori Yefimovich, better known as Rasputin (Libertine), was killed on the night of December 29 to 30, 1916. The last morning of his life he dedicated it among other matters to writing several letters, one of which was addressed to Tsar Nicholas II.
“If I am killed by commoners and especially by my brothers the peasants, you, Russian czar, you will have nothing to fear … Your throne will settle for hundreds of years. Your son will be Tsar. But if I am killed by nobles, my blood will remain in their hands. The nobility will have to leave Russia, the brothers will confront the brothers, hatred will divide the families, the country will run out of empire … You, your wife and your children will die at the hands of the people ».
Rasputin was killed violently hours later by a group of nobles headed by Prince Yusupoff.

OTO, Ordo Templi Orientis, the Order of the Temple of the East, as the heiress of the Bavarian. In the end, the name was not so different, because the masonic lodge where Adam Weishaupt had acted was called Strict Templar Observance.
The official founder of the OTO was the Austrian chemist Karl Kellner, who, following the Illuminati custom, took a Latin symbolic name, Frater Renatus. However, the true soul of the group and its maximum leader after the death of Kellner in 1905 was Theodor Reuss, Frater Peregrinus, under whose direction the constitution of the order was drafted. Both counted from the beginning with the direct support of Dr. Franz Hartmann.
The new organization had emerged from the so-called Rites of Memfis Misraim, by the British John Yarker, who had various contacts with the Societas Rosicruciana in Anglia or the Rosicrucian Society of Anglia (England), one of the many groups of supposed Rosicrucian heritage that proliferated at the time, but that had nothing to do with the real members of that old society. Yarker was the one who gave final approval to the founding of a new German lodge practicing the ceremonial, after receiving the request of Kellner, Reuss and Hartmann.

The collapse of Banco Ambrosiano left the Vatican Bank at the gates of ruin. The international bankers were insensitive to the suggestions of a refinancing of what has already been invested. They just kept silent, as if waiting for something. The truth is that the debts were of such caliber that the entire structure of the Catholic Church staggered. Only a miracle could save the Vatican interests. But if there is something that the Vatican institution does not lack, they are miracle workers.
And the miracle materialized. Unexpectedly, Opus Dei offered to wipe out the desperate financial situation and, on tip, to take over 30% of the Vatican’s annual expenses. In exchange for some concessions, of course, quid pro quo.
Logically, John Paul II accepted and that same year he was forced to pay the first “letter” to the Work, granting him the special status of Personal Prelature of the Pope. In the following years, he would pay the rest, facilitating first the disembarkation in the Vatican administration of an authentic legion of members of Opus Dei, who took the decisive posts, and later promoting the Ascent to the altars of Escrivá de Balaguer.
The priest Jesús López Sáez sums up the situation in his book He will ask for an account: “The difference is that John Paul I wanted to throw the merchants out of the temple, while John Paul II expelled some [members of the Freemasonry] to throw themselves in his arms of other [members of Opus Dei] ».
In the words of the Pope: “The Catholic Church wishes to offer society its specific contribution in the building of a world in which the great ideals of freedom, equality and fraternity can be the basis of life in the search and tireless promotion of the common good ».
For the first time in the history of the Vatican, a pope dared to claim as his own, aloud, the Masonic ideals, the ideals of the Illuminati.

Eugenics has nothing demonic about it. In fact, it has been practiced since time immemorial with plants and livestock crossing the best specimens of a species, favoring environmental conditions for its development and, in general, giving a small boost to natural evolution. In the case of the human being, it would be basically to seek and put into practice the methodology and the precise techniques to help him improve progressively, physically and mentally; for example, systematically providing a dose of extra vitamins to boost the capacity of the immune system. The problem is when eugenics is reserved exclusively for a series of chosen individuals, in order to achieve not a general elevation of the human level, but only that of those individuals, who would be endowed, in this way, with an advantage that would allow them to always be ahead of the others.

José María Carrascal reproduced a kind of new Law Tables circulating in Washington for the use of novice politicians at the highest levels of the State. These are his twelve gold standards, which do not require comments:
1- Do not lie, steal or steal unnecessarily.
2- Remember that there is always a son of a bitch bigger than you.
3- An honest answer can bring you a lot of problems.
4- If it’s worth fighting for something, it’s worth fighting dirty for it.
5- The facts, although interesting, are irrelevant.
6- “No” is just an interim response.
7- You can not kill a bad idea.
8- If you do not get something the first time, destroy all the evidence that you tried.
9- The truth is variable.
10-A porcupine with the tines down is nothing more than a fat rodent.
11-A promise is no guarantee.
12-If you can not contradict an argument, leave the meeting.
Carrascal described these notes as a “very practical” guide to move in the “quick and not always clean politics” sands.
Unfortunately, he was right. If there is something missing in politics today, anywhere in the world, it is honesty.

The word dollar is of German origin. It is a deformation of Thaler or Daler, in turn an abbreviation of Joachimsthaler. What was known in Spain as taler, a coin minted from the 16th century thanks to the silver extracted from the Joachimstal mine, in what is now the Czech town of Jachymov. This coin had the effigy of Saint Joachim engraved on one of its faces. The reales of eight Spaniards, also known as Thalers, had printed the famous icon of the American currency, a kind of letter s crossed by two bars ($), which was nothing more than a stylization of the two columns of Hercules, together to the lemma Plus Ultra (Beyond) that today still appears in the Spanish shield.
If we examine the dollar bill and look at the obverse, we will see a truncated pyramid that has thirteen steps, on the base of which is written the number 1776 with Roman characters. Corresponds to the reverse of the great seal of the United States. The official explanation of its symbolism is that it represents the thirteen states that signed the Declaration of Independence regarding England that year. It is striking that thirteen is the number of initiatory degrees of the Order of the Bavarian Illuminati founded in the same year. Above the pyramid and constituting its vertex, we appreciate the classic divine ideogram: a radiant triangle with an eye inside, the Eye that sees everything. The same that the Illuminati used to graphically represent their organization and that also appeared on the covers of the Jacobean texts of the French Revolution.
Two slogans written in Latin frame the pyramid with the eye. Above, “Annuit Coeptis,” which translates to “He (God, or maybe” She “, in reference to the Illuminati order?) Has favored our company.” Below, “Novus Ordo Seclorum”, that is, “New order of the centuries”. As we know, the obsession to impose a new world order is long before the ignited speeches of Adolf Hitler about it or George Bush Sr., each of which used the same expression in his time, but the dollar bill shows publicly and without any modesty.
The best-known phrase of the bill is “In God we trust” (In God we trust). In what God, really? American society is characterized by its high degree of puritanism, which was born in the United Kingdom centuries ago from Protestantism and introduced a more materialistic version of spiritual evolution. In contrast to the Catholic dogma that the poor were God’s favorites and, therefore, that it is easier for a camel to go through the eye of a needle than for a rich man to enter the kingdom of heaven, Protestants in general and the Puritans in particular replied that a prosperous life on earth need not mean future condemnation, quite the contrary. Denying the possibility that man could escape predestination (and therefore, whatever he did, at the end of his life he would be saved or not as God had decided in advance), many supported the idea that enrichment it was equivalent to the approval of the divinity, who was thus pleased to treat his favorites well, as a sort of prologue to the eternal happiness that awaited them after death.
A couple of alternative readings to the “In God we trust”. The first of these supposes an ellipsis in the phrase “In God we (have the) Trust”, which could be translated by “In God (we have the) trust” (where trust is “financial corporation” or “business”). And the second, more simple and extended, “In gold we trust”; that is, “In gold we trust.” This last version was the reason for a famous mistake made in the Federal Reserve, which was about to distribute several series of bills with the “gold” (gold) instead of “God” (God) as the protagonist of the motto. Employees noticed on time and could collect all the paper money before it reached the pocket of citizens.
Finally, there is a drawing on the US dollar that corresponds to the other side of the national seal, the bald eagle. The eagle is a classic imperial sign.

“The citizen rebellion against the goings-on of the great groups of power does not take place because the citizens do not get to know until it is too late”.

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