No estamos solos — El Gran Wyoming / No Alone by El Gran Wyoming (spanish book edition)

Este es un libro que mediante entrevistas a diferentes personas busca crear conciencia, es lo interesante del libro. Nos habla las impresiones de creativos, gente del arte, incluso de personas que han cambiado con la llegada al poder (Ada Colau), los yayoflautas…Este libro pretende ser un homenaje a una parte de los muchos movimientos que se han creado para combatir esta epidemia. Es evidente que no pudieron estar todos, pero son suficientes.
Nos enseñan que juntos podemos crear las condiciones de una vida más digna, más justa y equitativa, donde no sólo los mejores tengan un sitio, donde los ciudadanos dejen de ser «cosas».
A todos aquellos que dedican su tiempo a luchar para que los demás vivan mejor, en lugar de buscar la manera de sacar provecho de la desgracia, de la indefensión ajena, va este libro.
Otro mundo es posible y está en nuestras manos construirlo. Así ha sido siempre a lo largo de la historia y, nos guste o no. Todo lo que pueda servir para crear conciencia es vital, todo lo que podáis hacer desde la televisión es muy útil, porque es una faena que no se atreve a hacer ningún partido. Lo más importante es conseguir que la gente piense por su cuenta. No por cuenta de otros. Y hay que ayudar a eso, luego ya veremos cómo sale. Yo ya sé que a mí no me va a tocar ver una sociedad cambiada. Pero es igual, todo lo que se pueda hacer para tirar adelante es bueno. En cualquier caso, hay que crear las condiciones para que las cosas cambien. Y lo primero que hay que hacer es conseguir que la gente mire, y se dé cuenta de que la están degradando y expoliando, y diga «¿Por qué?». Y reclame sus derechos.

El IVA ha sido un golpe de gracia terrorífico. Porque era ese mínimo margen que te marcaba la diferencia entre subsistir o no. En teatro llegas muy justito, no para tener beneficios, que eso es algo que ni se piensa, sino para no perder dinero, tener un mínimo sueldo, que una compañía pueda más o menos vivir. Ese 8 por ciento te marcaba esa diferencia. Y esto te ha terminado de matar. Pongo un ejemplo: aquí, en la sala, de cada entrada que se vende, el 21 por ciento se lo lleva Montoro; el 10 por ciento se va a la SGAE, y otro 10 por ciento se va a las distintas ventanas de venta —Atrápalo, Telentrada…, la que sea—. Con lo cual, de cada entrada, el 41 por ciento ya se va en impuestos o en distintos pagos, en tasas. Te queda el 59, que repartes entre la sala y la compañía. Aquí, en la mayoría de los casos, encender la luz —o sea, los focos de la función, los treinta o cuarenta mil vatios que se lleva la función—, sale más caro que lo que vas a recibir de la entrada de taquilla descontando todas las tasas. Si tienes además gente a la que pretendes pagar dignamente y que estén dados de alta en la Seguridad Social, dos técnicos, un taquillero… Es insostenible, es realmente insostenible.

Tengo fe en el ser humano y en su capacidad de crecer. Entiendo crecer como alcanzar un estado sin conflictos graves que te hagan sufrir. Siempre hay desgracias reales, o un dolor de verdad, una enfermedad; pero vivir sufriendo, no. Hay que vivir disfrutando y cuando un dolor se presenta, se hace lo que se pueda para superarlo y se continúa buscando el disfrute. Yo tengo fe en el ser humano y en su capacidad para aprender a vivir bien. Primero, porque lo he experimentado en mi propia persona; y luego, porque lo veo y porque me da la gana, porque vivo mejor creyendo que es posible vivir bien. Yo tengo un crío de once meses y me gusta pensar que va a vivir bien en un sentido emocional, que va a ser feliz. Eso me hace sentir bien. Y aparte, creo que cuando nos atrevemos a decirlo, todo mejora. Como los psicólogos que dicen: «Levántate por la mañana y fuérzate a sonreír delante del espejo». Si no tienes ganas te parece terrible, pero hay que pensar: «Sí se puede». Me parece la frase que define estos tiempos, decir «Sí puedo».

El miedo es la gran arma del poder desde siempre. Lo sabemos todos. Podemos construir tótems, e invocar a dioses malignos o decirnos cada día que están a punto de saltar la valla cincuenta mil inmigrantes y que mañana nos van a cambiar el contrato laboral. Da igual, todo son estrategias del miedo, fábricas del miedo que apelan a algo muy antropológico y muy real: que somos vulnerables, que somos dependientes, que no tenemos la vida garantizada y que nos aterra esta exposición.
El miedo no es algo ficticio. El miedo es parte de nuestra materia humana. ¿Qué hacemos con el miedo? Tampoco se puede negar simplemente. No se puede decir: «Ah, no tengáis miedo, vivid». Ésa es la otra ficción.
La libertad es lo primero que se tira al cubo de la basura cuando llegan períodos de crisis, como si fuera un elemento prescindible. Se establece un orden de prioridades: trabajo, orden, seguridad, justicia… como si la libertad fuera incompatible con alguna de ellas. A lo largo de la historia, como si de un resorte se tratara, en los momentos de conflictividad social, lo primero que se recorta es la libertad, y el primer paso es abolir el derecho de asociación y reunión, haciendo imposible que la sociedad encuentre soluciones por sí misma.

Yo creo que en la educación hay dos enfoques básicos en relación con el sentido y la finalidad que se persigue.
¿Para qué sirve la educación? Podemos pensar que la educación tiene que servir para compensar las desigualdades sociales, económicas, y hacer que todo el mundo pueda desarrollar al máximo su potencial, con independencia de que haya nacido en una familia u otra, en un sitio u otro. O por el contrario, podemos pensar que el sentido de la educación es seleccionar a los mejores.
La tendencia en la historia de la educación ha sido siempre la selección de los mejores. Ya lo hace Platón, cuando habla de la República y cómo la educación selecciona a los que van a gobernar, que son los filósofos…
Madrid, gobernada desde hace muchos años por el PP en solitario, se ha convertido en el centro de experimentación de estas políticas llamadas neoliberales, pero al parecer la suerte de otras comunidades como la de Cataluña no parece mucho mejor.

This is a book that through interviews with different people seeks to create awareness, is the interesting thing of the book. It tells us the impressions of creatives, people of art, even people who have changed with the arrival to power (Ada Colau), the yayoflautas … This book aims to be a tribute to a part of the many movements that have been created to fight this epidemic. It is evident that they could not be all, but they are enough.
They teach us that together we can create the conditions for a more dignified, fairer and more equitable life, where not only the best have a place, where citizens cease to be “things”.
To all those who dedicate their time to fight so that others live better, instead of looking for ways to take advantage of the misfortune, the helplessness of others, this book goes.
Another world is possible and it is in our hands to build it. This has always been the case throughout history and, like it or not. Everything that can be used to create awareness is vital, everything you can do from television is very useful, because it is a task that does not dare to make any party. The most important thing is to get people to think on their own. Not on behalf of others. And we have to help that, then we’ll see how it goes. I already know that it will not touch me to see a changed society. But it’s the same, everything that can be done to pull ahead is good. In any case, you have to create the conditions for things to change. And the first thing to do is get people to look, and realize that they are degrading and plundering, and say “Why?” And claim your rights.

VAT has been a terrifying coup de grace. Because it was that minimum margin that marked you the difference between subsisting or not. In theater you arrive very justito, not to have benefits, that is something that is not thought, but not to lose money, to have a minimum salary, that a company can more or less live. That 8 percent marked that difference. And this has finished killing you. I give an example: here, in the room, of each ticket that is sold, 21 percent goes to Montoro; 10 percent goes to the SGAE, and another 10 percent goes to the different sales windows -Atrápalo, Telentrada …, whatever. With which, of each entry, the 41 percent already goes in taxes or in different payments, in rates. You have 59, which you share between the room and the company. Here, in most cases, turn on the light -that is, the lights of the function, the thirty or forty thousand watts that the function takes-, is more expensive than what you will receive from the box office ticket, discounting all fees. If you also have people who you want to pay with dignity and who are registered in the Social Security, two technicians, a ticket seller … It is unsustainable, it is really unsustainable.

I have faith in the human being and in his capacity to grow. I understand growing up like reaching a state without serious conflicts that make you suffer. There are always real misfortunes, or a real pain, an illness; but live suffering, no. You have to live enjoying and when a pain arises, you do what you can to overcome it and you continue to seek enjoyment. I have faith in the human being and in his ability to learn to live well. First, because I have experienced it in my own person; and then, because I see it and because I feel like it, because I live better believing that it is possible to live well. I have a boy of eleven months and I like to think that he will live well in an emotional sense, that he will be happy. That makes me feel good. And apart, I think that when we dare to say it, everything improves. Like the psychologists who say: “Get up in the morning and try to smile in front of the mirror.” If you do not feel like it, it seems terrible, but you have to think: “Yes, you can.” I think the phrase that defines these times, say “Yes I can.”

Fear is the great weapon of power forever. We all know. We can build totems, and invoke evil gods or tell us every day that fifty thousand immigrants are about to jump the fence and that tomorrow we will change the employment contract. Anyway, all are strategies of fear, factories of fear that appeal to something very anthropological and very real: that we are vulnerable, that we are dependent, that we do not have guaranteed life and that this exhibition terrifies us.
Fear is not something fictitious. Fear is part of our human stuff. What do we do with fear? Nor can it be denied simply. You can not say: “Oh, do not be afraid, live.” That is the other fiction.
Freedom is the first thing that is thrown into the garbage can when crises arrive, as if it were a dispensable element. An order of priorities is established: work, order, security, justice … as if freedom were incompatible with any of them. Throughout history, as if it were a spring, in the moments of social conflict, the first thing that is cut out is freedom, and the first step is to abolish the right of association and assembly, making it impossible for society to find solutions by itself.

I believe that in education there are two basic approaches in relation to the meaning and purpose pursued.
What is education for? We can think that education has to serve to compensate social, economic inequalities, and make everyone to develop their potential to the maximum, regardless of whether they were born in one family or another, in one place or another. Or on the contrary, we can think that the meaning of education is to select the best.
The trend in the history of education has always been the selection of the best. Plato already does, when he talks about the Republic and how education selects those who will govern, who are the philosophers …
Madrid, governed for many years by the PP alone, has become the center of experimentation of these so-called neoliberal policies, but apparently the fate of other communities such as Catalonia does not seem much better.

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