1963: El complot, objetivos JFK y Fidel — Fabián Escalante / JFK: The Cuba Files: The Untold Story of the Plot to Kill Kennedy by Fabián Escalante

Este es un interesante libro sobre las relaciones complejas entre EE.UU. Y Cuba. El diferendo entre Cuba y los Estados Unidos tiene sus raíces históricas y su origen en las inveteradas pretensiones norteamericanas por apoderarse de la Isla durante más de dos siglos. El triunfo revolucionario del primero de enero de 1959 fue, sin dudas, un reto al sistema hegemónico norteamericano en el continente, en tanto liberó al país del sistema neocolonial a que lo tenía sometido su poderoso vecino del Norte.
Desde los primeros momentos, los Estados Unidos miraron con suspicacia e incertidumbre al nuevo régimen cubano.
A finales de 1959, la revista Bohemia, la de mayor circulación en el país, informó que la popularidad de Fidel Castro abarcaba al 90,2 por ciento de la población cubana. El prestigio y la autoridad de la Revolución eran tales, que el pueblo se agrupó en torno a ésta y desarrolló una capacidad de resistencia que ha caracterizado desde entonces al fenómeno político cubano.
En diciembre de 1959, el coronel J. C. King, jefe de la División del Hemisferio Occidental de la CIA, recomendó el asesinato de Fidel Castro como el medio más expedito para derrocar el gobierno cubano. Meses más tarde, en marzo de 1960, el presidente Eisenhower daba su conformidad a un proyecto que con el criptónimo de “Pluto”, ponía en marcha un vasto operativo encubierto que se propuso derrocar al gobierno cubano. Cuatro eran sus objetivos principales: organizar una oposición política “responsable” desde el exterior, que uniera a la emigración y fuera formalmente la que dirigiera la agresión planeada; desencadenar una campaña de guerra psicológica con una poderosa estación de radio a la cabeza, con el objetivo de desestabilizar al pueblo cubano para estimular el proyecto subversivo; formar cuadros paramilitares en bases extranjeras, que fueran los responsables de organizar la resistencia interna, y, estructurar dentro del país una poderosa organización clandestina encargada de derrocar al régimen.
Sin embargo, pocos meses después, el proyecto comenzó a fracasar. Tenía un defecto esencial que consistía en no contar con bases internas para su puesta en marcha.

Varios días después de su elección, el 18 de noviembre, Kennedy fue informado oficialmente por los jefes de la CIA, Allen Dulles y Richard Bissell, de los planes en curso. En enero de 1961, asumió la presidencia de los Estados Unidos, se hizo cargo del operativo contra Cuba y, aprobó el desembarco de la brigada de exiliados cubanos. La invasión se inició el 17 de abril de ese año y fue derrotada en menos de setenta y dos horas.
El fracaso dividió las opiniones y provocó un cisma entre la nueva administración e importantes círculos de poder. Por una parte, Kennedy se responzabilizó con la derrota y por otra, culpó a la CIA por haberlo embarcado en una aventura sin éxito. Nombró una comisión investigadora, presidida por el general Maxwell Taylor, con el fin de esclarecer y determinar las causas y los responsables de la debacle. Mientras, por su parte, la CIA y sus aliados, la Mafia y la emigración contrarrevolucionaria, tenían la convicción de que el presidente era el principal responsable.
Documentos desclasificados por los Estados Unidos en años recientes muestran cuáles eran sus planes e intenciones para aquel entonces. Uno de éstos, el denominado “Proyecto Cuba”, que intentaba resumir la estrategia trazada por el Consejo Nacional de Seguridad, puntualizaba las ideas siguientes:
Básicamente la operación debe traer como consecuencia la sublevación del pueblo cubano (…) la sublevación necesita de un movimiento de acción fuertemente motivado desde el punto de vista político en Cuba, para que así se genere la rebelión, se oriente hacia el logro del objetivo y se saque provecho en el momento clímax. Las acciones políticas estarán asistidas por la guerra económica, con el objetivo de provocar que el régimen comunista fracase en la tarea de satisfacer las necesidades económicas de Cuba; serán también apoyadas por operaciones psicológicas, que harán que el resentimiento de la gente contra el régimen sea cada día mayor y estarán socorridas por los grupos militares que se encargarán de darle al movimiento popular un arma de acción para el sabotaje y la resistencia armada en apoyo a los objetivos políticos (…)
Por tanto, “separar a Castro del abrazo del oso ruso”, como era denominada por los estrategas de Washington, fue la base de la nueva política que la administración comenzó a delinear, donde el pragmatismo kennedyano preveía incluso la alternativa, en el caso de que sus condiciones fueran aceptadas, de olvidar las humillaciones sufridas por sus derrotas pasadas.

Las armas y los pertrechos militares eran suministrados por arsenales clandestinos inagotables, controlados como bien se conoce por la Mafia. Los aviones cargados con estos suministros y otros, que volaban de los Estados Unidos a Centroamérica, regresaban cargados con los productos más diversos, desde whisky hasta drogas de las más diversas variedades, descargados en aeropuertos militares norteamericanos y luego comercializados por un nuevo trust integrado por mafiosos, oficiales de la CIA y exiliados cubanos, que rápidamente se enriquecieron al compás de la guerra sucia contra Cuba.
Un golpe rudo el que recibieron los mafiosos cuando la Revolución les cerró sus casinos, comenzó un programa contra la corrupción y detuvo y expulsó del país a todos sus representantes. Por tales razones, entre los primeros contrarrevolucionarios se encontraban los capos de las principales familias del crimen organizado. Ellos se unieron rápidamente a la CIA, con la cual ya habían realizado trabajos conjuntos “en interés de la seguridad nacional”, para derrocar al gobierno cubano. Varios de sus asociados íntimos, entre los cuales se encontraban Batista, Carlos Prío —el ex-presidente derrocado por el primero—, Manuel Antonio de Varona, Rolando Masferrer.

Inmediatamente después de la Crisis de Octubre, también denominada Crisis de los Misiles, en las postrimerías de 1962, el Grupo Especial Ampliado del Consejo Nacional de Seguridad, decidió “descontinuar” el plan Mangosta, el operativo que por casi un año había pretendido desencadenar una guerra civil dentro de Cuba. Su último acto, y la “Operación Cupido”, iniciada con la infiltración de Miguel A. Orozco, antes referida, había fracasado estrepitosamente con la captura de sus dirigentes principales y pertrechos.
Ese año, el presupuesto subversivo que los Estados Unidos dedicaron a la guerra secreta fue de aproximadamente cien millones de dólares, que fueron ingeniosamente invertidos en formar no menos de cincuenta y cinco empresas que brindaran la cobertura necesaria para los proyectos en marcha.

El mes de enero de 1963, comenzó con una reunión supersecreta entre Robert Kennedy, fiscal general y responsable del operativo anticubano, y los exiliados y agentes de la CIA, Manuel Artime Buesa y Enrique Ruiz Williams, dos dirigentes de la aniquilada Brigada de Asalto 2506 que regresaban de Cuba después de cumplir un año de prisión y haber sido intercambiados por alimentos para niños. Allí se habló de todo y de todos. Kennedy estaba interesado en conocer los detalles de los últimos fracasos de la guerra subversiva. Después de varias horas y de un almuerzo suculento, mientras tomaban el café, el fiscal general les explicó a los cubanos los cambios orientados en la administración para el derrocamiento del gobierno cubano. La idea era relativamente sencilla, por lo menos la parte que a ellos les correspondía. Se trataba de formar dos nuevos contingentes militares para propósitos múltiples relacionados desde el terrorismo marítimo hasta constituir la vanguardia de una invasión estadounidense a la Isla. Uno de los campamentos estaría bajo los auspicios del dictador Luis Somoza, en Nicaragua, y el otro en la República Dominicana, respaldado por Joaquin Balaguer, el nuevo presidente y heredero del dictador Rafael Leónidas Trujillo.

El memorándum de Bundy, fechado el 7 de abril de 1964, se enumeraba siete aspectos del programa de acción clandestina que se había realizado en el periodo anterior. Éstos fueron:
1. La acumulación de Inteligencia;
2. La propaganda clandestina para estimular formas de resistencia activa y pasiva que entrañaran riesgos pequeños.
3. La cooperación con otras agencias en la negativa económica;
4. Identificar y establecer contactos con los elementos disidentes potenciales dentro de Cuba;
5. El sabotaje económico indirecto.
6. Las acciones de sabotaje dirigidas por la CIA, y
7. Las operaciones autónomas.

El teatro de las operaciones se encontraba listo, según la apreciación de los estrategas del “mecanismo cubanoamericano de la CIA y la Mafia”. Kennedy tendría que abjurar de su política cubana con vistas a su reelección o, en caso contrario, sería barrido por los republicanos, encabezados por el antiguo amigo de los exiliados, Richard Nixon.
Ellos estaban al tanto de la mayoría de los operativos subversivos contra Cuba, bien porque participaban activamente o a causa de los informes oportunos de los oficiales que los atendían.
Ése fue el caso de la Operación AM/LASH, probablemente el complot más elaborado hasta entonces de la CIA contra la Revolución.
Originalmente, se trataba de combinar el asesinato de Fidel Castro con un golpe interno provocado por elementos disidentes dentro del Ejército Rebelde y las filas revolucionarias. Más tarde el complot, con el concurso y la participación de la mafia de Miami, derivó en una serie de planes de asesinatos a dirigentes cubanos, mezclados con una invasión de exiliados que pretendían apoderarse de una porción de territorio cubano, con la supuesta finalidad de instalar un “gobierno provisional” que solicitara ayuda a los Estados Unidos, según el libreto elaborado, para “pacificar” la Isla.

Lee Harvey Oswald constituyó desde los primeros momentos parte medular de nuestro interés investigativo, a partir de su regreso de la Unión Soviética, en 1962, y hasta su muerte, el 24 de noviembre de 1963, en Dallas, Texas. Al decidir reabrir la investigación, se analizó todo lo concerniente a sus difundidas “vinculaciones” con Cuba y a sus actividades pasadas. De todo esto surgieron las hipótesis siguientes:
1. Oswald fue un agente de los servicios de Inteligencia norteamericanos, infiltrado en la Unión Soviética para cumplimentar una misión. 2. Oswald, cuando regresó de la Unión Soviética, continuó trabajando para los servicios de Seguridad norteamericanos.
3. Oswald se trasladó a Nueva Orleans en abril de 1963 y se vinculó con organizaciones y exiliados cubanos.
4. Oswald recibió instrucciones en Nueva Orleans de “convertirse” en simpatizante de la Revolución Cubana.
5. Oswald, entre los meses de julio y septiembre de 1963, dejó indicios de encontrarse involucrado en un complot relacionado con Cuba. 6. Oswald se reunió en Dallas, Texas, durante el otoño de 1963, con dos elementos de la CIA, un oficial y un agente de origen cubano, para planear un operativo encubierto relacionado con Cuba.
7. Oswald, en septiembre de 1963, se reunió con el grupo Alpha 66 de Dallas y trató de comprometer a la exiliada cubana Silvia Odio.
8. Oswald intentó viajar a Cuba desde México.
9. Oswald debía recibir correspondencia comprometedora desde La Habana que lo vinculara con los servicios de Inteligencia cubanos.
10. Los medios masivos de difusión, orientados por la CIA y su mecanismo cubano, debían desatar una amplia campaña que demostrara a la opinión pública que Cuba y Fidel Castro eran los responsables del magnicidio.

Se desató una campaña descomunal en los medios de difusión masiva de los Estados Unidos, en la que se mostraba a Lee Harvey Oswald como comunista y simpatizante activo de la Revolución Cubana. Comenzaron a filtrarse informaciones a la prensa que lo acreditaban como agente de los servicios de Seguridad cubanos, que lo habían orientado para ejecutar el magnicidio como una venganza del primer ministro cubano, Fidel Castro, por acciones similares planeadas por la Agencia Central de Inteligencia contra su persona. Para esto se apoyaban en unas declaraciones del dirigente cubano a Daniel Harper, periodista de la Associated Press, el 8 de septiembre de ese año, en la Embajada de Brasil en La Habana. El despacho de prensa, a todas luces manipulado, presentaba las declaraciones en términos amenazantes, y puntualizaba en las ideas siguientes: “los líderes de Estados Unidos están en peligro si apoyan cualquier intento de deshacerse de los dirigentes cubanos… estamos preparados para combatir y responder del mismo modo. Los líderes de Estados Unidos deben pensar que si ellos están apoyando planes terroristas para eliminar a líderes cubanos, ellos mismos no estarán a salvo…”

1. Lee Harvey Oswald tenía asignado un lugar fundamental en el complot y éste estaba relacionado con involucrar al gobierno cubano en el crimen, elemento esencial para justificar el asesinato de Fidel Castro y la concitación de una invasión a Cuba por el Ejército norteamericano.
2. Hubo un alto grado de complicidad entre los asesinos del presidente y los representantes de lo que hemos denominado “el mecanismo cubanoamericano de la CIA y la Mafia”, en tanto ellos participaron activamente en el proyecto de documentar las actividades de Oswald como un simpatizante “procastrista” e instrumento del crimen y tuvieron un lugar protagónico en las campañas emprendidas por los medios de difusión, posteriores al asesinato, con los fines de inculpar a Cuba.
3. El asesinato del presidente involucró un complot con dimensiones nacionales, donde no sólo los ejecutores materiales tuvieron responsabilidades, y que además de que el crimen fue cometido por varias personas, hubo un gran dispositivo, que coordinó todos los detalles incluidos la ruta de la caravana presidencial, los disparos fatales, la eliminación de las huellas indeseadas y la inculpación de Oswald y por extensión de Cuba.
Otro asunto que se nos hizo evidente.

1. Las cartas de “Pedro Charles” y “Jorge”, que son las que aparentan una relación conspirativa, fueron escritas por alguien que tenía acceso a la trama del crimen, pues fueron confeccionadas antes de la fecha del magnicidio y aluden a informaciones que sólo se conocieron públicamente mucho tiempo después.
2. Está probado que Oswald no mantenía comunicación, ni ningún otro tipo de relación, con alguien residente en Cuba. Sin embargo, esas cartas llegaron a su destino en el momento preciso y con el mensaje incriminatorio adecuado. Incluso, una de éstas, a su propia dirección postal en Dallas, Texas. 3. Algunas de las cartas llegaron a su destino en un plazo de tiempo improbable para la época, ya que el bloqueo económico, político e informativo a Cuba obligaba a que su correo tuviera que hacer escala en Ciudad México, hasta que fuera posible su envío hacia los diferentes países a que iba dirigido. 4. Las cartas tendrían un valor acusativo mayor en caso de que Oswald hubiera logrado viajar a Cuba pero, al no lograrse ese objetivo, resultaron la prueba inobjetable de un intento deliberado de inculpar a Cuba. Tal vez por eso fueron desestimadas rápidamente.
5. La existencia de éstas en 1963 no fue publicitada ni investigada debidamente y los argumentos para desestimarlas fueron aportados por el FBI a la Comisión Warren.
6. Uno de los testimonios de Antonio Veciana señala que su oficial de caso de la CIA tenía el interés en lograr declaraciones falsas acerca de que Oswald era un agente cubano, y el blanco escogido para lograr esas declaraciones fue un funcionario de la Oficina Comercial cubana en Ciudad México. Ese requerimiento concuerda claramente con el perfil del contenido de las cartas incriminatorias.
7. El tránsito obligado del correo cubano en el aeropuerto de Ciudad México, lugar donde era conocido que la Estación de la CIA contaba con colaboradores secretos para el control del tráfico de pasajeros hacia y desde Cuba y para cumplir con diversas tareas de Inteligencia, facilitaba el acceso violatorio de dicho correo.
8. La información que aportó el agente de la Inteligencia nicaragüense, Gilberto Alvarado Ugarte, quien después se retractó de ésta, es exactamente coincidente con el contenido de las cartas que denuncian el pago anticipado a Oswald por parte de un agente cubano en México para que cometiera el crimen.

Tres complots de dimensiones extraordinarias se pusieron en marcha en ese periodo: AM/LASH, para asesinar a Fidel Castro; el asesinato de Kennedy, y la inculpación a Cuba por ese crimen, con los fines de obtener el pretexto para agredirla y derrocar a su gobierno.
Millones de dólares de los contribuyentes fueron destinados a esa guerra, que aún perdura, cuarenta y cuatro años más tarde, probablemente con más saña y alevosía.
El asesinato de Kennedy no ha sido develado y hay versiones numerosas sobre quienes lo ultimaron y cuáles fueron sus razones.
Cuba fue una víctima de aquellos complots, no una víctima casual, sino premeditada Cuba devino la última etapa del operativo que asesinó al presidente norteamericano, precisamente por haber resultado en un obstáculo para la agresión militar directa que preconizaban los terroristas. Ésa es nuestra tesis. Por esa razón, suponemos que la conspiración contra Kennedy, que después devino complot de asesinato, comenzó precisamente cuando finalizaba la confrontación más dramática entre el Este y el Oeste en toda la historia de la llamada Guerra Fría. En el momento en que los vientos de octubre de 1962 se esparcieron y el “mecanismo cubanoamericano de la CIA y la Mafia” se percató de que no habría invasión, ni ataque sorpresivo, ni guerra nuclear, se decidió que Kennedy había traicionado y con una estrategia remodelada pretendía obtener los mismos objetivos, pero apartándose de los caminos que había prometido, fundamentados en la agresión armada y directa. Fue en ese instante cuando, como hemos afirmado, la actual mafia cubana de Miami decidió volar independientemente de su progenitora, la administración estadounidense, y concluyó que había obtenido los “méritos” suficientes para ser considerada en Washington como un mecanismo del poder y que todo aquel que osara oponerse, ya sea incluso un presidente, tendría que ser eliminado.

This is an interesting book about the complex relationships between the USA. And Cuba. The dispute between Cuba and the United States has its historical roots and its origin in the inveterate North American pretensions to seize the Island for more than two centuries. The revolutionary triumph of January 1, 1959 was, without a doubt, a challenge to the North American hegemonic system in the continent, as it liberated the country from the neocolonial system to which its powerful neighbor of the North had subjected it.
From the first moments, the United States looked with suspicion and uncertainty at the new Cuban regime.
At the end of 1959, the magazine Bohemia, the one with the highest circulation in the country, reported that Fidel Castro’s popularity included 90.2 percent of the Cuban population. The prestige and authority of the Revolution were such, that the people grouped around it and developed a capacity for resistance that has since characterized the Cuban political phenomenon.
In December 1959, Colonel J. C. King, head of the Western Hemisphere Division of the CIA, recommended the assassination of Fidel Castro as the most expeditious means to overthrow the Cuban government. Months later, in March 1960, President Eisenhower agreed to a project that, with the crypto-word “Pluto”, launched a vast undercover operation that aimed to overthrow the Cuban government. Four were its main objectives: to organize a “responsible” political opposition from abroad, to unite emigration and formally direct the planned aggression; unleash a campaign of psychological warfare with a powerful radio station at the head, with the aim of destabilizing the Cuban people to stimulate the subversive project; to form paramilitary cadres in foreign bases, who were responsible for organizing internal resistance, and to structure within the country a powerful clandestine organization charged with overthrowing the regime.
However, a few months later, the project began to fail. It had an essential defect that consisted in not having internal bases for its implementation.

Several days after his election, on November 18, Kennedy was officially informed by the CIA chiefs, Allen Dulles and Richard Bissell, of the plans underway. In January 1961, he assumed the presidency of the United States, took charge of the operation against Cuba and approved the landing of the Cuban exile brigade. The invasion began on April 17 of that year and was defeated in less than seventy-two hours.
Failure divided opinions and provoked a schism between the new administration and important circles of power. On the one hand, Kennedy was responsible for the defeat and on the other, he blamed the CIA for having embarked on an unsuccessful adventure. He appointed an investigative commission, chaired by General Maxwell Taylor, in order to clarify and determine the causes and those responsible for the debacle. While, on the other hand, the CIA and its allies, the Mafia and the counterrevolutionary emigration, had the conviction that the president was the main responsible.
Documents declassified by the United States in recent years show what their plans and intentions were at that time. One of these, the so-called “Cuba Project”, which tried to summarize the strategy drawn up by the National Security Council, pointed out the following ideas:
Basically the operation must bring as a consequence the uprising of the Cuban people (…) the uprising needs a movement of action strongly motivated from the political point of view in Cuba, so that the rebellion is generated, it is oriented towards the achievement of the objective and take advantage in the moment climax. The political actions will be assisted by the economic war, with the aim of causing the communist regime to fail in the task of satisfying the economic needs of Cuba; they will also be supported by psychological operations, which will make the resentment of the people against the regime every day greater and will be aided by the military groups that will be in charge of giving the popular movement a weapon of action for sabotage and armed resistance in support to political objectives (…)
Therefore, “to separate Castro from the embrace of the Russian bear”, as it was called by the Washington strategists, was the basis of the new policy that the administration began to outline, where Kennedy’s pragmatism even foresees the alternative, in the case of that their conditions were accepted, of forgetting the humiliations suffered by their past defeats.

The arms and military supplies were supplied by inexhaustible clandestine arsenals, controlled as is well known by the Mafia. The planes loaded with these supplies and others, that flew from the United States to Central America, returned loaded with the most diverse products, from whiskey to drugs of the most diverse varieties, unloaded in American military airports and soon commercialized by a new trust integrated by mafiosi, CIA officers and Cuban exiles, who quickly grew rich in the wake of the dirty war against Cuba.
A rough blow that received the gangsters when the Revolution closed their casinos, began a program against corruption and stopped and expelled all its representatives from the country. For these reasons, among the first counterrevolutionaries were the bosses of the main families of organized crime. They quickly joined the CIA, with which they had already done joint work “in the interest of national security,” to overthrow the Cuban government. Several of his intimate associates, among whom were Batista, Carlos Prio -the ex-president overthrown by the first-, Manuel Antonio de Varona, Rolando Masferrer.

Immediately after the October Crisis, also called Missile Crisis, in the late 1962, the Expanded Special Group of the National Security Council, decided to “discontinue” the Mongoose plan, the operation that for almost a year had intended to unleash a civil war inside Cuba. His last act, and the “Operation Cupid”, initiated with the infiltration of Miguel A. Orozco, referred to above, had failed miserably with the capture of its principal leaders and accoutrements.
That year, the subversive budget that the United States dedicated to the secret war was approximately one hundred million dollars, which were ingeniously invested in forming no less than fifty-five companies that would provide the necessary coverage for ongoing projects.

The month of January 1963, began with a supersecret meeting between Robert Kennedy, attorney general and responsible for the anti-Cuban operation, and the exiles and agents of the CIA, Manuel Artime Buesa and Enrique Ruiz Williams, two leaders of the annihilated Assault Brigade 2506 They were returning from Cuba after serving a year in prison and having been exchanged for child food. There was talk of everything and everyone. Kennedy was interested in knowing the details of the latest failures of the subversive war. After several hours and a succulent lunch, while they were drinking coffee, the attorney general explained to the Cubans the changes in the administration aimed at the overthrow of the Cuban government. The idea was relatively simple, at least the part that belonged to them. It was to form two new military contingents for multiple purposes related from maritime terrorism to be the vanguard of a US invasion of the island. One of the camps would be under the auspices of the dictator Luis Somoza, in Nicaragua, and the other in the Republic Dominican, backed by Joaquin Balaguer, the new president and heir of the dictator Rafael Leónidas Trujillo.

The Bundy memorandum, dated April 7, 1964, listed seven aspects of the clandestine action program that had been carried out in the previous period. These were:
1. The accumulation of Intelligence;
2. Clandestine propaganda to stimulate forms of active and passive resistance that entail small risks.
3. Cooperation with other agencies in the economic refusal;
4. Identify and establish contacts with potential dissident elements within Cuba;
5. Indirect economic sabotage.
6. Sabotage actions directed by the CIA, and
7. Autonomous operations.

The theater of operations was ready, according to the opinion of the strategists of the “Cuban-American mechanism of the CIA and the Mafia.” Kennedy would have to abjure his Cuban policy with a view to his re-election or, otherwise, he would be swept away by the Republicans, led by the former friend of the exiles, Richard Nixon.
They were aware of most of the subversive operations against Cuba, either because they participated actively or because of the timely reports of the officers who attended them.
That was the case of Operation AM / LASH, probably the most elaborate plot of the CIA against the Revolution.

Originally, it was about combining the assassination of Fidel Castro with an internal coup provoked by dissident elements within the Rebel Army and the revolutionary ranks. Later the plot, with the help and participation of the Miami mafia, led to a series of assassination plans for Cuban leaders, mixed with an invasion of exiles who wanted to seize a portion of Cuban territory, with the supposed purpose of to install a “provisional government” that requested aid to the United States, according to the elaborated libretto, to “pacify” the Island.

Lee Harvey Oswald constituted from the first moments a core part of our investigative interest, from his return from the Soviet Union, in 1962, and until his death, on November 24, 1963, in Dallas, Texas. In deciding to reopen the investigation, everything related to its widespread “links” with Cuba and its past activities was analyzed. From all this the following hypotheses arose:
1. Oswald was an agent of the American intelligence services, infiltrated in the Soviet Union to complete a mission. 2. Oswald, when he returned from the Soviet Union, continued to work for the US security services.
3. Oswald moved to New Orleans in April 1963 and became involved with Cuban organizations and exiles.
4. Oswald was instructed in New Orleans to “become” a sympathizer of the Cuban Revolution.
5. Oswald, between the months of July and September 1963, left indications of being involved in a plot related to Cuba. 6. Oswald met in Dallas, Texas, during the fall of 1963, with two elements of the CIA, an officer and an agent of Cuban origin, to plan an undercover operation related to Cuba.
7. Oswald, in September 1963, met with the Alpha 66 group in Dallas and tried to commit the Cuban exile Silvia Odio.
8. Oswald tried to travel to Cuba from Mexico.
9. Oswald had to receive compromising correspondence from Havana that linked him to the Cuban intelligence services.
10. The mass media, guided by the CIA and its Cuban mechanism, should unleash a broad campaign to demonstrate to the public that Cuba and Fidel Castro were responsible for the assassination.

An enormous campaign was unleashed in the mass media of the United States, in which Lee Harvey Oswald was shown as a communist and active supporter of the Cuban Revolution. News began to leak to the press that accredited him as an agent of the Cuban Security services, which had directed him to execute the assassination as a revenge by Cuban Prime Minister Fidel Castro for similar actions planned by the Central Intelligence Agency against his person. For this, they relied on statements by the Cuban leader to Daniel Harper, an Associated Press journalist, on September 8 of that year, at the Brazilian Embassy in Havana. The press office, clearly manipulated, presented the statements in threatening terms, and pointed out the following ideas: “The leaders of the United States are in danger if they support any attempt to get rid of the Cuban leaders … we are prepared to fight and respond in the same way. The leaders of the United States should think that if they are supporting terrorist plans to eliminate Cuban leaders, they themselves will not be safe … ”

1. Lee Harvey Oswald was assigned a fundamental place in the plot and this was related to involving the Cuban government in the crime, an essential element to justify the assassination of Fidel Castro and the concitation of an invasion of Cuba by the US Army.
2. There was a high degree of complicity between the assassins of the president and the representatives of what we have called “the Cuban-American mechanism of the CIA and the Mafia”, while they actively participated in the project of documenting Oswald’s activities as a sympathizer “Pro-Castro” and instrument of crime and had a leading role in the campaigns undertaken by the media, after the murder, for the purpose of incriminating Cuba.
3. The murder of the president involved a plot with national dimensions, where not only the material executors had responsibilities, and in addition to the crime was committed by several people, there was a great device, which coordinated all the details including the route of the presidential caravan, fatal shots, the elimination of unwanted traces and the indictment of Oswald and by extension of Cuba.
Another issue that became clear to us.

1. The letters of “Pedro Charles” and “Jorge”, which are what appear to be a conspiracy, were written by someone who had access to the plot of the crime, since they were made before the date of the assassination and allude to information that They only met publicly long after.
2. It is proven that Oswald did not maintain communication, or any other type of relationship, with someone resident in Cuba. However, these letters arrived at their destination at the precise moment and with the right incriminating message. Even one of these, to your own postal address in Dallas, Texas. 3. Some of the letters reached their destination in an unlikely period of time for the time, since the economic, political and informative blockade to Cuba required that their mail had to stop in Mexico City, until it was possible to send them towards the different countries to which it was addressed. 4. The letters would have a greater accusative value in case Oswald had managed to travel to Cuba but, when that objective was not achieved, they proved the unobjectionable proof of a deliberate attempt to incriminate Cuba. Maybe that’s why they were quickly dismissed.
5. The existence of these in 1963 was not publicized or properly investigated and the arguments for dismissing them were provided by the FBI to the Warren Commission.
6. One of the testimonies of Antonio Veciana states that his CIA case officer had an interest in obtaining false statements about Oswald being a Cuban agent, and the target chosen to achieve those statements was an official of the Cuban Commercial Office in Mexico City. This requirement is clearly consistent with the profile of the content of the incriminating letters.
7. The obligatory transit of the Cuban mail at the airport in Mexico City, where it was known that the CIA Station had secret collaborators to control passenger traffic to and from Cuba and to fulfill various intelligence tasks, facilitated the violatory access of said mail.
8. The information provided by the Nicaraguan Intelligence agent, Gilberto Alvarado Ugarte, who later retracted this, is exactly coincident with the content of the letters that denounce the advance payment to Oswald by a Cuban agent in Mexico so that commit the crime.

Three plots of extraordinary dimensions were launched in that period: AM / LASH, to assassinate Fidel Castro; the assassination of Kennedy, and the indictment of Cuba for that crime, in order to obtain the pretext to attack her and overthrow her government.
Millions of taxpayer dollars were destined for that war, which still lasts forty-four years later, probably with more viciousness and treachery.
The Kennedy assassination has not been unveiled and there are numerous versions of those who finalized it and what their reasons were.
Cuba was a victim of those plots, not a casual victim, but premeditated Cuba became the last stage of the operation that killed the US president, precisely because it had resulted in an obstacle to the direct military aggression that terrorists advocated. That is our thesis. For that reason, we assume that the conspiracy against Kennedy, which later became a murder plot, began precisely at the end of the most dramatic confrontation between East and West in the entire history of the so-called Cold War. At the moment when the winds of October 1962 spread and the “Cuban-American mechanism of the CIA and the Mafia” realized that there would be no invasion, no surprise attack, no nuclear war, it was decided that Kennedy had betrayed and with a The remodeled strategy sought to achieve the same objectives, but by moving away from the paths it had promised, based on direct and armed aggression. It was at that moment when, as we have stated, the current Cuban mafia in Miami decided to fly independently of its parent, the US administration, and concluded that it had obtained sufficient “merits” to be considered in Washington as a mechanism of power and that He who dared to oppose, even a president, would have to be eliminated.

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