A toda máquina rumbo a Smolensko — Erskine Preston Caldwell / All-Out On The Road To Smolensk by Erskine Preston Caldwell

El magnífico escritor norteamericano va a escribirnos en estas crónicas su periplo por la Unión Soviética antes del asedio a Moscú por los alemanes y es una crónica viva de la época, una memoria magnífica, donde nos habla desde sus problemas para llegar a Moscú en un DC Douglas, el problema de los billetes chinos diciendo que solo valen los del banco de China.
A su llegada a Moscú, víctima de las noches blanca, le parece una ciudad europea y confía plenamente en el pueblo soviético, tiene momentos de humor cuando una mujer da destellos buscando chinches en su casa y se confunden con espías, la venta de un coche americano que no tiene gato ni funciona la bocina, pero sirve para conocer Moscú con su mujer, reconoce los búnkeres rusos con los bombardeos alemanes y nos describe como los tanques alemanes por muy modernos caen como hojalata a los bastos del ejército rojo y como escapaban en bicicleta los alemanes siendo malos ciclistas.
Además la curiosidad de la gorra frente al sombrero en la idiosincrasia rusa porque era de obrero y más fácil quitar el polvo. Pero los grandes habitantes de Moscú son los gatos con todo tipo de pelajes.
Nos describe los raid (bombardeos aéreos) sobre Moscú con sus ruidosas bombas como cañones antiaéreos e igualmente que las órdenes del ejército rojo, son un credo que no debe ser refutado. Apenas se encontró rusos contrarios al régimen, uno que se quejaba de los “papirosi”, cigarrillos rusos delgados con mucho papel y otro del metro, algo increíble.
Además aparte de apenas ver prisioneros alemanes, pudo o probar como las mujeres estaban instruidas para quemar sus posesiones evitando el peligro.
La mayoría de los paracaidistas alemanes eran lo que los rusos llaman diversionistas. Generalmente los diversionistas se disfrazaban con el uniforme del Ejército Rojo o de la milicia del Estado, y a veces con ropas de campesinos, y su misión era interrumpir las comunicaciones y crear confusión detrás de las líneas rusas. Esta táctica alemana tuvo poco éxito porque el Ejército Rojo la había previsto por lo menos con años de anticipación y había trazado medios para descubrirlos, de modo que los civiles rusos, después de varios meses de práctica los reconocían a simple vista.

The magnificent American writer will write us in these chronicles his journey through the Soviet Union before the siege of Moscow by the Germans and is a living chronicle of the time, a magnificent memory, where he talks to us from his problems to get to Moscow in a DC Douglas, the problem of Chinese bills saying that they are only worth the Chinese bank.
Upon arrival in Moscow, victim of the white nights, it seems a European city and fully trust the Soviet people, has moments of humor when a woman gives flashes looking for bedbugs at home and confused with spies, selling a car American who does not have a cat or horn, but it serves to know Moscow with his wife, recognizes the Russian bunkers with the German bombings and describes us how the very modern German tanks fall like tin to the red army cops and how they escaped in bicycle the Germans being bad cyclists.
Also the curiosity of the cap in front of the hat in the Russian idiosyncrasy because it was a worker and easier to remove dust. But the big inhabitants of Moscow are cats with all kinds of coats.
It describes the raids (aerial bombings) on Moscow with its noisy bombs as anti-aircraft guns and likewise the orders of the Red Army, they are a creed that should not be refuted. There were hardly any Russians opposed to the regime, one who complained about the “papirosi”, thin Russian cigarettes with a lot of paper and another one from the subway, something incredible.
Besides apart from hardly seeing German prisoners, he could or prove how women were instructed to burn their possessions avoiding danger.
Most of the German paratroopers were what the Russians call diversionists. Generally the diversionists disguised themselves in the uniform of the Red Army or the State militia, and sometimes in peasant clothes, and their mission was to interrupt communications and create confusion behind the Russian lines. This German tactic had little success because the Red Army had foreseen it at least years in advance and had devised means to discover them, so that Russian civilians, after several months of practice, recognized them with the naked eye.

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