¿Hacia dónde va China? — Peter Franssen

Este breve libro de este periodista belga es interesante para acercarnos la realidad de este gigante económico donde quizás no sea tan gigante como parece.
En Europa occidental, los expertos en economía hablan de un buen año cuando el crecimiento sobrepasa el 2%. Además, no hay que olvidar que una parte de este crecimiento europeo tiene que ver con las espectaculares cifras del crecimiento chino. China necesita petróleo, acero, máquinas, materias primas, tecnologías… que las multinacionales occidentales suministran con placer.
China es cada vez más, una espina en el pie del mundo capitalista.
China compra a precios razonables y justos materias primas en África, América Latina y Oriente Medio. De esta manera, muchos países del tercer mundo ven la posibilidad de liberarse del chantaje y el dumping impuesto por los Estados Unidos y Europa. Hoy, estos países del tercer mundo tienen la capacidad de elegir a quien venden sus productos.
A diferencia de lo que suelen hacer los países capitalistas, China suministra préstamos baratos a los países del tercer mundo con los que comercia, para construir la infraestructura. Y no les obliga a comprar productos de fabricación china con el dinero de los préstamos.
Las protestas contra China en la prensa occidental son cada vez más frecuentes. Naturalmente, no dicen que China está arruinando el mercado de materias primas que necesitan nuestras multinacionales. Por el contrario hablan del imperialismo chino, que no tiene en cuenta con que regímenes trabaja y que destruye el mercado interior africano con productos chinos baratos.

China abandonó el feudalismo mucho antes que Europa, además:
• En medicina: la ciencia de la inmunología y la vacunación. Los chinos tenían ya una vacuna contra la viruela desde el siglo XI.
   • En matemáticas: el sistema decimal.
   • En mecánica: la relojería y la transformación del movimiento rotativo en un movimiento lineal.
   • En el arte militar: la pólvora de cañón y el estribo, gracias a la cual la fuerza animal se muda en fuerza militar y permite que el jinete se funda con su montura.
   • En la industria pesada: la tecnología de la fundición de hierro y acero.
   • En la agricultura: la carretilla, los arreos y el arado.
   • En la navegación marítima: la brújula magnética.
   • En las letras: el papel y la imprenta.

En 1750, la producción industrial de China representa un 33% del producto industrial mundial. En 1860, cuando la Revolución Industrial late con fuerza en Europa, la economía china está en caída libre: la producción es del 20%, en 1880 del 12% y apenas de un 5% en 19508. El declive de China durante este periodo es consecuencia de los cambios internos que ha conocido el país, se debe igualmente a la influencia cada vez más fuerte del imperialismo.

Desde la Primera Guerra del Opio, en 1840, y hasta 1922, cada derrota a manos del imperialismo europeo o japonés, supondrá que China deba pagar elevadas indemnizaciones. En 1895, por ejemplo, Japón exige daños e intereses de 200 millones de liangs, lo que equivale a tres años de ingresos por parte de las autoridades chinas. Después de la revuelta de los Boxers, China debe pagar a los imperialistas 450 millones de dólares de plata. Tanto en un caso como en el otro, China va a contraer préstamos en el extranjero, préstamos cuya fianza serán los ingresos aduaneros. Pero como estos ingresos son demasiado escasos para cubrir los intereses de los préstamos, y los préstamos mismos, Occidente se apodera primero del control de las aduanas, y, posteriormente, de toda la administración fiscal.
Mao Zedong escribe en 1949: “China debe utilizar todos los elementos del capitalismo de la ciudad y del campo que sean beneficiosos y no perjudiciales para la economía nacional y la vida del pueblo, y debemos unimos con la burguesía nacional para una lucha común. Nuestra política actual es limitar el capitalismo, y no destruirlo.
A partir de 1955, aparecen igualmente los primeros errores izquierdistas: algunos cuadros quieren ir más deprisa y fuerzan a los campesinos a formar parte de una cooperativa. En algunas regiones, los campesinos medianamente ricos quieren retirarse de la cooperativa porque los resultados son menos satisfactorios para ellos.

Los objetivos irracionales son característicos del Gran Salto Adelante, cuyo eslogan por excelencia era: “Un día vale veinte años”. Lo que quiere decir: China puede alcanzar en un día lo que occidente en veinte años.
Para empezar, los objetivos de producción de los productos agrícolas han aumentado de un 20 a un 50%. Para seguir, la producción de acero debía aumentar, y pasar en cinco años, de 12 a 30 millones de toneladas. Estos objetivos de producción tan altos coinciden con los objetivos de socialización máxima. En abril de 1958, el Comité central declara que las cooperativas deberían transformarse en grandes comunidades que unificaran a miles de familias de campesinos. En agosto de 1958, el Buró político afirma: “Parece que la llegada del comunismo en China ya no pertenece a un futuro lejano.
El Gran Salto era una concepción que defendía que cuanto mayor fuese el grado de socialización de las relaciones de producción, mayor sería el desarrollo de las fuerzas productivas, fuese cual fuese la situación del modo de producción. La catástrofe económica que supuso el Gran Salto, prueba la inexactitud de este concepto. Después de la muerte de Mao Zedong, el Partido comunista obtendrá la siguiente lección: las fuerzas productivas se desarrollan en la medida en la que las relaciones de producción estén adaptadas a la evolución del modo de producción. Exactamente como Marx lo había teorizado.

Un problema es la agricultura. La financiación de la industria pesada se hace también en perjuicio de la agricultura: los campesinos reciben precios relativamente bajos por sus productos y deben pagar precios relativamente elevados por lo que compran a la industria. El campesino debe apañárselas igualmente sin apenas apoyo del Estado, sin grandes posibilidades de mecanización, de pesticidas ni de utilización de semillas mejoradas.
Otro problema grave, es la regresión del sector comercial y del sector de la restauración. El Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural se oponían al desarrollo de estos sectores, que eran individuales en su mayor parte. La rígida concepción de la economía planificada defendía que el pequeño comercio y el sector de los cafés y restaurantes pasaran a manos del Estado. En 1952, se contabiliza un pequeño comerciante por cada 81 personas. En 1978, uno por cada 214. En 1952, hay un restaurante por cada 676 personas. En 1978, uno por cada 8.189.
Otro problema importante en 1978: el débil desarrollo de la industria ligera. A partir de los años 1960, el crecimiento industrial global comienza a bajar.

La construcción de la economía se opera en un frente unido de empresas del estado y de empresas privadas, a imagen y semejanza del frente unido entre el Partido comunista chino y el Kuomintang durante la lucha contra la ocupación japonesa. La dirección de este frente unido está en manos del Partido comunista. Es el Partido quien decide lo que hace el frente unido y la dirección que debe tomar la economía.
En 2006, el conjunto de las empresas del Estado obtienen en total un beneficio de 1.1 billones de yuanes (aproximadamente 110 mil millones de euros). Las 159 empresas que están bajo la tutela de la SASAC (tras fusiones y remodelaciones, su número pasó de 196 a 159) sumaron en sus cuentas las tres cuartas partes. En 2005, los beneficios de las empresas del Estado aumentaron un 19% en relación al año precedente. En 2006, aumentaron un 18,5%. El aumento en las 159 empresas prioritarias del Estado es respectivamente de 18 y 29%.
La presencia de inversores comenzó a ser importante a inicios de los años 90. En 1990, las inversiones extranjeras ascendían a 3.000 millones de dólares. En 2005, ya habían pasado a 53.500 millones de dólares.
En la primavera del año 2007, el parlamento chino decidió establecer los límites de los impuestos de sociedades en la misma cuantía para todos. Hasta la fecha, las empresas extranjeras pagaban un 15% de impuestos sobre sus beneficios. Para las empresas chinas, este impuesto era de un 33%. À partir de 2008, la tarifa será de un 25% para ambos. Una receta amarga para los empresarios extranjeros, sus impuestos aumentarán en dos tercios. Las condiciones hoy son totalmente diferentes a diez años atrás, cuando China necesitaba a las multinacionales capitalistas.

Sin embargo, la economía es todavía muy débil, incluso si en ocasiones se presenta a China como una superpotencia. En realidad, se trata de un país en vías de desarrollo. China cuenta con un 25% de toda la mano de obra mundial, mientras que su economía solo presenta un 6% de la economía del planeta. A modo de comparación, los Estados Unidos cuentan con menos del 5% del total de mano de obra mundial, pero su economía representa un 16% de la economía planetaria.
Sólo en el año 2040 la economía china será tan importante como la de Estados Unidos. Pero, para esas fechas, los ingresos por habitante de los chinos se situarán todavía entre un cuarto y un tercio de los de los ciudadanos de Estados Unidos. En 2040, China tendrá una economía de un nivel de desarrollo semejante al de Grecia en la actualidad.
La industrialización de China ha sido financiada por el campo. Es lo que sucede en la mayoría de los países que intentan salir del subdesarrollo. Las ciudades se desarrollan al mismo tiempo que la industria. Casi inevitablemente aparece un desarrollo desigual: las ciudades progresan más rápido que el campo en lo que respecta a los ingresos individuales, a los cuidados médicos, a la enseñanza, las infraestructuras, la cultura y los transportes, los equipamientos sociales… Es también el mayor problema económico y social al que China se enfrenta hoy en día, el retraso de las zonas rurales respecto a las zonas urbanas.
En China, la pobreza ha sido siempre y principalmente un asunto del campo.
Desde la revolución, los chinos viven el doble de tiempo. Se trata, naturalmente, de un gran progreso. Pero esta media disimula importantes diferencias. En Beijing y Shanghai, la esperanza de vida es de 82 años, siendo prácticamente la misma que en Bélgica. Pero, en las provincias de Guizhou, Yunnan, Tibet, Qinghai y Xinjiang, la esperanza de vida se encuentra entre 64 y 67 años. Las cifras de mortalidad infantil en menores de un año han bajado en el conjunto de China, pasando de un 20% en 1950 a un 2,5% en 2005.
Existen igualmente problemas en la enseñanza. La enseñanza en China ha dado un gran salto. En 1977, el 66% de la población sabía leer y escribir. Hoy en día el 91%. China cuenta con la red de enseñanza más grande del mundo. Las clases de parvulario cuentan con 23 millones de niños. La enseñanza primaria tiene 108 millones de alumnos, la media 60 millones, la media general más de 25 millones y la media profesional más de 18 millones. Un 98,93% de niñas y un 98,97 de niños de 6 a 12 años cursan la enseñanza primaria.
China es el país que cuenta con más estudiantes universitarios y de enseñanza superior. 1,1 millones de jóvenes cursan igualmente una enseñanza post universitaria. Las universidades chinas acogen además unos 100.000 estudiantes extranjeros. En 1990, el 3% de los jóvenes de más de 18 años iban a la universidad o a la escuela superior. Hoy un 16%. El plan prevé que serán un 23% en 2010 y un 40% en 2020.

En 2006. En un discurso, Liu Guoguang explica: “La influencia de las teorías económicas occidentales conocen un éxito creciente mientras que la posición de la economía marxista como guía se debilita. La ideología capitalista se ha infiltrado en el trabajo económico.

El ascenso de China y la crisis económica y financiera hacen que el clima sea más agresivo en los EEUU. Ya en 1997 el ministro de Defensa, Wiliam Cohen escribía a su presidente, el demócrata Bill Clinton, que las «fuerzas armadas americanas tienen como tarea asegurar el acceso sin obstáculos a los mercados estratégicos, al aprovisionamiento de energía y materias primas esenciales.
Con Barak Obama, Kaplan se convirtió en miembro del Defense Policy Board Advisory Committee, un influyente órgano consultivo del Pentágono. En julio de 2005, publicó en la revista The Atlantic Monthly un artículo titulado «Como combatiremos a China». Kaplan escribe: «Si la guerra en Irak termina con un happy end democrático, aún así será una victoria pírrica. Nadie en el establishment político y democrático quiere revivirlo. Ciertamente tampoco en Asia, donde las consecuencias económicas de una aventura militar tan peligrosa son imprevisibles, pues los EEUU y China tienen la posibilidad de continuar peleando incluso si uno de los dos pierde una gran batalla militar o se bombardean mutuamente a base de misiles.»
   Es por ello que Kaplan —y con él una mayoría del mundo de negocios de Wall Street en Nueva York y del cuartel general político en Washington— opta por una serie de confrontaciones en el plano ideológico, político y económico teniendo como ejemplo la lucha permanente contra la Unión soviética que tuvo lugar entre 1945 y 1990. Washington se dirige en línea recta hacia una nueva guerra fría. Uno de los primeros capítulos de esta guerra será probablemente una guerra comercial. Los EEUU ya cierran hoy en día sus fronteras a un determinado número de productos chinos y a la mayor parte de las inversiones chinas. En el congreso americano, una mayoría opta por establecer tasas elevadas a la importación de todos los productos chinos. De esta manera, la guerra comercial será un hecho.

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