Análisis de la sociedad del bienestar — Agustín García Calvo / Analysis from Welfare State by Agustín García Calvo

Este es un breve libro sobre lo que conlleva el bienestar y es interesante, en cuanto expresa los aspectos más negativos de ese magnífico vocablo por momentos carente de contenido. No hay cosa menos material, más ideal, más astracta, más sublime, que el Dinero en sus formas más desarrolladas. En verdad, su esencia, como corresponde a tan alto grado de idealidad, consiste solamente en los números que lo mientan: se dice «8.000.000.000», y lo que se ponga detrás (pesetas, dólares, toneladas de agrios, cabezas de ganado, habitantes de la Capital) es un mero aditivo, un pretesto para la cifra, que es la que de veras representa la etérea esencia del Dinero.
Ahora bien: no vayamos a confundirnos y por ello negarle al Dinero realidad: por el contrario, lo único a que esa consideración debe llevamos es a declarar a la Realidad dinerada, ideal por tanto, según lo dicho. Y así es la Realidad.
Las cosas han desaparecido. El dinero, que era el representante de las cosas, se ha hecho cosa él mismo, la cosa de las cosas: él es la Realidad. ¿Qué otra realidad hay más que la del Dinero?
«No nos haga usted trampa».
Las Personas, que, como son reales, son también en verdad dinero. Pero antes hay que intentar librarse de ciertas confusiones, por falsa distinción, que siguen reinando en el Bienestar, para divertir a la razón y que, entretenida en discutir todavía cuestiones como si ‘privado’ o ‘público’, si ‘administración estatal’ o ‘privatización de los servicios’, no descubra nunca las verdaderas falsedades sobre las que el Bienestar está asentado.
Pues ello es que hace tiempo que la Empresa Privada y la Adminsitración Pública han venido estrechando de tal modo su matrimonio que ya son una misma alma, y en verdad indistinguibles la una de la otra.

Cuando uno se entera del manejo del Dinero de los Estados del Bienestar, y cómo la mayoría de él está jugando en las mismas inversiones rentables y de futuro que el Capital Privado, queda clara la falta de sentido de esa noción de ‘impuesto’. No: cuando usted, señor, declara y paga a Hacienda, sépalo, no está haciendo nada en lo más mínimo distinto que cuando encarga a su Banco que le compre acciones de tal o cual Empresa de Futuro, sea una Desarrolladora de Autopistas, sea una Proliferadora de Ordenadores, sea, en fin (¿para qué vamos a andarnos con rodeos de mercancías ni nada?), acciones de un Banco boyante, y si es caso, de la propia Banca del Capital del Estado, que no se diferencia en nada de las otras y puede ofrecer una inversión igualmente recomendable: ¿no la ve usted cómo se anuncia por la Tele compitiendo con cualquiera de las que se llaman privadas todavía?
Hay un Misterio de Transustanciación cuando el dinerillo que a la gente se le reparte, para que se entretenga haciéndose la ilusión de que con él se compran cositas que aún no son dinero, aparece en lo Alto convertido en un Dinero, con cifras espectaculares de 10 ó 12 ceros para arriba, que se mueve solo, que descaradamente no compra más que dinero, esto es, Crédito (de la Gran Empresa o de los Estados —da lo mismo), de manera que las cosas que se citan son un mero pretesto para la operación, y los nombres de esas cosas perfectamente intercambiables, pudiéndose pasar de prensas hidráulicas a cigarrillos turcos como Pedro por su casa.
Se trata de desconocer esta evidencia elemental: que la Sociedad del Bienestar está fundada toda ella en un descubrimiento maravilloso: el Dinero grande o divino, sólo con moverse, sólo con cambiar de sitio en las cuentas, de fechas en el Tiempo, sólo con eso ya produce (dinero, naturalmente: o sea, por sus nombres propios, Crédito, Tiempo Futuro, Tiempo), con la sola condición de que en el proceso le asista una Fe inquebrantable, sin vacilaciones, que es la esencia misma del Crédito, la del Futuro, la del Tiempo, que es el nombre verdadero del Dinero Desarrollado.
En la Sociedad del Bienestar, la Banca y la Empresa y el Estado (que ya hemos visto que son 3 personas distintas y un sólo Dios verdadero) son humanistas como nadie, como nunca (motivo, dicho sea de paso, para que los no conformes se guarden mucho de serlo de aquí en adelante: ser humanista en estos tiempos es algo como ser filósofo o teósofo o cualquier cosa de ésas), y todo su interés está en el Hombre: el Hombre es verdaderamente su interés. Y el juego de palabras no es mío, sino de la Banca, una francesa que lo proclamaba así hace unos 15 años (con otro juego de palabras: ‘capital’=‘de primera importancia’): «Para nosotros, su interés de V. es capital»; que podría ponerse del revés, «Su capital es nuestro interés», o sea, aplicándole la fórmula del Interés, «Su capital de V. es nuestro capital»; con lo cual probablemente no mentían.

No puede el Hombre del Bienestar promocionar la prostitución de sus mujeres sin que El mismo resulte implicado en el manejo. Y eso es lo que estamos descubriendo hoy en este análisis: que el esquema de la prostitución («Te has hecho de plata, amigo», e.e. «Te has vendido», e.e. «Te has hecho dinero») aparece en el Bienestar generalizado, istitucionalizado, por medio lo mismo de la Banca que de las oficinas del Fisco del Estado-Capital; y, como ya no es deshonroso hablar de dinero ni venderse, sino lo más honroso, franco y verdadero, esa venta del hombre, no el tener dinero, sino el ser dinero, es el fundamento declarado de todo el Estado de Bienestar.
Pero hay que distinguir: no se trata ya de vender el trabajo de uno, de cobrar por lo que hace (que eso es la istitución del Trabajo en las economías más arcaicas), sino de venderse uno mismo, de hacerse uno mismo valor en el Mercado, de ser uno literalmente, numéricamente, su propio interés y Capital.

No se trata pués de renunciar a las máquinas, sino de usarlas: usarlas para algo que no sea para venderlas, ni para comprarlas, ni para tenerlas, sino, sencillamente, para otra cosa. Un firme, bajo y grosero criterio de utilidad es todo lo que se requiere para distinguir entre los ingenios que sirven para no trabajar y pasárselo dulcemente, y los que sirven para crear necesidades, para seguir haciendo trabajar sin necesidad, para divertir a las Masas o hacerles hacer deporte a los Individuos cuando no trabajan, y, en fin, para mover el Capital y mantener las istituciones del Estado.
Sentido común y criterio de utilidad no les sirven al Estado y Capital para sus fines: por eso le sirven a la gente del común que quede viva.

La caída del Capital arrastra consigo la caída del Estado, y en la Sociedad del Bienestar más inevitablemente que en cualquier situación imaginable. Eso prueba hasta qué punto ha llegado en el Desarrollo el matrimonio y la identificación de lo uno con lo otro.
Pero ¿a quién le hace falta que haya Francia? A Francia, indudablemente: no a la gente que rebulla por la orilla izquierda del Rin o por la cara Norte de los Pirineos; en todo caso, al Individo ante su televisor o a la Masa en su estadio, que, al batir la marca el atleta revestido de la tricolor (importado acaso de Zanzíbar), gritan emocionados «¡Hemos batido la marca! ¡Hemos triunfado!» Pero ésos no son gente, sino Francia.
Hay que recordar, una y mil veces, que el deseo aquel de que el Dinero desaparezca y que vuelvan la vida y la razón común a gobernarnos, no tiene de utópico, de imposible en sí, ni pizca: con comunidades tan pequeñas que los vecinos puedan ser, sin votos ni representantes democráticos que valgan, los mismos que su administración y su gobierno, con el sencillo añadido de unas oficinas y redes de comunicaciones entre las comunidades del globo, las que de veras se necesiten, es bastante y está a la mano, de la manera más o menos que se enunciaba ya en el manifiesto de la comuna antinacionalista zamorana, que disfruta de la misma salud que el pueblo todo: que, como no existe, nunca muere.
La Administración está costituida contando con la idea de los Estados, hay que hacerse cargo de los enormes trastornos y dificultades que les esperan a los que quieran volverla a trasformar en la sencilla administración de las comunidades por la gente, no más Groenlandias Libres ni Europa Una y Grande, repitiendo, manteniendo y ampliando la Administración Estatal con diversos nombres, no más Gobierno desde el Centro y las Alturas, sino un mínimo gobierno desde abajo y según la norma de ‘Cuanto menos, pues mejor’.
Es duro el cambio, sí; pero, a cambio, ¡el aliento de pensar el enorme ahorro que ello trae consigo, de tiempo, de energías, de mentiras!: sólo con imaginar el no tener que sostener más estos Ideales, ni el Futuro del Desarrollo ni la imagen de España por el mundo, sólo con calcular por lo bajo el ahorro de papeleo, de sueldo de Ejecutivos, de pantallazo de Ordenadores, de Congresos, de Aviones, de producción de noticias televisivas, a la gente se nos hace la boca agua.

Así como la caída del Capital se mueve por el amor de las cosas, que Él mata por dinero, así la caída de los Estados se alimenta del sentimiento de comunidad, que Ellos tratan de machacar sustituyéndolo por el Conjunto de Individuos y el voto democrático. Y no hay que menospreciar la fuerza del Capital y del Estado; que es aterradora, porque está movida por el Ideal, los Números y la Fe; mientras que la fuerza para negarlo y derrocarlo, la del pueblo, no cuenta con esas armas, sino que vive sólo de una dudosa llamada a los sentidos, de una razón sin ideas, de una añoranza de la vida. Así que, sabiendo la diferencia de las fuerzas, toda la astucia será poca para guardar vivo el sentimiento.

No se puede creer en los tiempos; y el ir con los tiempos, ese afán, dominante desde las chácharas de chavales sobre motos hasta los Congresos velocípedos de los varones culturales, por estar al día, es la manera de entregarse al Dinero y al Poder, la Muerte.
¡Nunca pués ir con los tiempos! La última y verdadera revolución es la de los muertos, que se niegan a estar muertos; y la evidencia, palpable y actual, es que sigue siempre latiendo, por debajo del Dominio, un corazón que sabe decir «¡Qué bueno esto!» y sabe decir «No», sin importarle un rábano ni la Orden del Día ni las Modas.
Y no hay prisa. El pueblo tiene esa inmensa ventaja de que, como no tiene que existir, no muere nunca.

This is a brief book about what welfare entails and it is interesting, as it expresses the most negative aspects of that magnificent word at times lacking in content. There is nothing less material, more ideal, more astractable, more sublime, than Money in its more developed forms. In truth, its essence, as corresponds to such a high degree of ideality, consists only in the numbers that lie to it: it is said «8,000,000,000», and what is put behind (pesetas, dollars, tons of citrus fruits, heads of cattle , inhabitants of the Capital) is a mere additive, a pretext for the figure, which is what really represents the ethereal essence of Money.
Now, let’s not confuse ourselves and therefore deny the reality of Money: on the contrary, the only thing that we must take into consideration is to declare the Reality well-intentioned, therefore, as I said. And this is the Reality.
Things have disappeared. Money, which was the representative of things, has become something himself, the thing of things: he is Reality. What other reality is there more than Money?
«Do not cheat us».
People, who, because they are real, are also really money. But first we must try to get rid of certain confusions, by false distinction, that continue to reign in Well-being, to amuse the reason and that, entertained in still discussing questions as if ‘private’ or ‘public’, if ‘state administration’ or ‘privatization of services’, never discover the true falsehoods on which Welfare is based.
Well, that is why the Private Enterprise and the Public Administration have been tightening their marriage so long that they are already one soul, and in truth indistinguishable from each other.

When one learns about the management of the Money of the Welfare States, and how most of it is playing in the same profitable and future investments as the Private Capital, the lack of sense of that notion of ‘tax’ is clear. No: when you, sir, declare and pay the Treasury, know it, you are not doing anything in the least different than when you order your Bank to buy you shares of this or that Futures Company, be a Highway Developer, be it a Proliferadora of Computers, is, finally (why are we going to walk around with merchandise or anything?), Actions of a buoyant Bank, and if it is the case, the State’s own Banking Capital, which does not differ in anything of the others and can offer an equally recommendable investment: do not you see how it is announced by the Telecompetition with any of those that are still private?
There is a Mystery of Transubstantiation when the money that is distributed to people, so that they entertain themselves with the illusion that with them they buy things that are not yet money, it appears in the High turned into a Money, with spectacular figures of 10. or 12 zeros up, that moves alone, that blatantly does not buy more than money, that is, Credit (of the Big Company or of the States – it does not matter), so that the things that are mentioned are a mere pretest for the operation, and the names of those things perfectly interchangeable, being able to go from hydraulic presses to Turkish cigarettes like Pedro for his house.
It’s about ignoring this elementary evidence: that the Welfare Society is founded all of it on a wonderful discovery: the big or divine Money, just by moving, just by changing places in the accounts, of dates in Time, just that already produces (money, of course: that is, by their proper names, Credit, Future Time, Time), with the sole condition that in the process an unbreakable Faith attends, without hesitation, which is the very essence of the Credit, the of the Future, that of Time, which is the true name of Developed Money.
In the Welfare, Banking and Enterprise Society and the State (We have already seen that there are 3 different people and only one true God) are humanists like no other, as never (reason, incidentally, so that the non-conforming ones keep themselves very much from now on: being a humanist in these times is something like being a philosopher or theosophist or anything like that), and all his interest is in Man: Man is truly his interest. And the word game is not mine, but Banking, a Frenchwoman who proclaimed it that way about 15 years ago (with another play on words: ‘capital’ = ‘of prime importance’): “For us, your interest in V is capital “; that it could be reversed, “Your capital is our interest”, that is, by applying the formula of Interest, “Your capital of V. is our capital”; With which they probably did not lie.

The Welfare Man can not promote the prostitution of his women without him being involved in the management. And that is what we are discovering today in this analysis: that the scheme of prostitution («You have made money, friend», ee «You have sold yourself», ee «You have made money») appears in the Generalized Welfare, institutionalized, through the same of the Bank that of the offices of the Treasury of the State-Capital; and, since it is no longer dishonorable to talk about money or sell oneself, but the most honorable, frank and true, that sale of man, not having money, but being money, is the declared foundation of the entire Welfare State.
But we must distinguish: it is no longer a question of selling one’s work, of charging for what one does (that is the work’s constitution in the most archaic economies), but of selling oneself, of making oneself one of value in the Market, to be one literally, numerically, your own interest and Capital.

It is not about giving up the machines, but about using them: using them for something that is not for selling them, nor for buying them, nor for having them, but, simply, for something else. A firm, low and rude criterion of usefulness is all that is required to distinguish between the ingenios that serve not to work and pass it on sweetly, and those that serve to create needs, to continue making work without necessity, to amuse the Masses or make them play sports for the individuals when they do not work, and, finally, to move the capital and maintain the institutions of the state.
Common sense and criterion of utility do not serve the State and Capital for its purposes: that is why they serve ordinary people who remain alive.

The fall of Capital brings with it the fall of the State, and in the Welfare Society more inevitably than in any imaginable situation. That proves to what extent marriage has come in Development and the identification of one with the other.
But who does France need? To France, undoubtedly: not to the people who scramble on the left bank of the Rhine or on the North face of the Pyrenees; in any case, the Individo in front of his television set or the Masa in his stadium, who, when the mark is beaten, the athlete dressed in the tricolor (imported perhaps from Zanzibar), shouts excitedly “We have beaten the mark! We have triumphed! “But those are not people, but France.
We must remember, one and a thousand times, that the desire that money disappear and return life and common reason to govern us, has no utopian, impossible in itself, not even: with communities so small that neighbors can be, without votes or democratic representatives that are worth, the same as their administration and government, with the simple addition of some offices and communication networks between the communities of the globe, which really need, is enough and is at the hand, in the manner more or less that was already stated in the manifesto of the antinationalist commune of Zamora, which enjoys the same health as the whole town: which, as it does not exist, never dies.
The Administration is constituted with the idea of ​​the States, it is necessary to take charge of the enormous upheavals and difficulties that await those who want to transform it into the simple administration of the communities by the people, no more Free Greenlands or Europe One and Great, repeating, maintaining and expanding the State Administration with different names, no more Government from the Center and the Heights, but a minimum government from below and according to the norm of ‘The less, well the better’.
Change is hard, yes; but, in return, the encouragement to think about the enormous savings that this brings, of time, of energies, of lies !: only by imagining not having to sustain these Ideals, neither the Future of Development nor the image of Spain around the world, just by calculating the savings of paperwork, salary of Executives, screens of Computers, Congresses, Airplanes, production of television news, people make our mouths water.

Just as the fall of Capital moves by the love of things, which He kills for money, so the fall of the States feeds on the feeling of community, which They try to crush by substituting it for the Set of Individuals and the democratic vote. And we must not underestimate the strength of Capital and the State; which is terrifying, because it is moved by the Ideal, the Numbers and the Faith; while the force to deny and overthrow it, that of the people, does not have those weapons, but lives only from a dubious call to the senses, from a reason without ideas, from a yearning for life. So, knowing the difference of forces, all the cunning will be little to keep the feeling alive.
You can not believe in the times; and going with the times, that eagerness, dominant from the chatter of kids on motorcycles to the velocípedos congresses of the cultural men, to be up to date, is the way to surrender to Money and Power, Death.

You never go with the times! The last and true revolution is that of the dead, who refuse to be dead; and the evidence, palpable and current, is that it always keeps beating, below the Dominion, a heart that knows how to say “How good this is!” and knows how to say “No”, without caring about a radish or the Order of the Day or the Fashions .
And there is no hurry. The people have that immense advantage that, because they do not have to exist, they never die.

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