BDSM: Estudios sobre la dominación y la sumisión — Thomas S. Weinberg

Este es un libro sobre el sadomasoquismo, más allá de la palabra como tabú que ella representa, es por ello interesante, por momentos se hace repetitivo pero es interesante al describirse el fenómeno piercing siglos atrás y en otras culturas por ejemplo.
«Sadomasoquismo» (SM) es un término compuesto que se ha empleado tradicionalmente para la acción de infringir o sufrir dolor como forma de obtener gratificación erótica. Sin embargo, como veremos, una definición tan sencilla es inadecuada para describir lo que en verdad constituye un tipo muy complejo de comportamiento. El psicoanalista Richard von Krafft-Ebing fue el primero en emplear los términos «sadismo» y «masoquismo» con una mayor solidez científica. En Psychopathia Sexualis, publicada por primera vez en 1885, Krafft-Ebing definió el sadismo como «la experimentación de sensaciones placenteras sexuales [sic] (incluyendo el orgasmo) obtenidas mediante actos de crueldad, castigos físicos infligidos a uno mismo o a otros, tanto personas como animales, en presencia nuestra». Añadió que «además puede consistir en un deseo innato de humillar, lastimar, herir o incluso destruir a otros para obtener así uno mismo placer sexual». Krafft-Ebing señaló que el sadismo solía formar parte de las «perversiones sexuales», pero posteriormente observó que los amantes y las parejas jóvenes de casados realizaban a menudo alguna clase de «juego» provocándose, mordiéndose, pellizcándose y luchando «por pura diversión». Así pues, las raíces de las muestras extremas de sadismo también pueden hallarse en la actividad sexual normal.
El sadismo, sobre todo en sus manifestaciones rudimentarias, parece ser algo común en el ámbito de las perversiones sexuales. El sadismo es la experimentación de sensaciones placenteras sexuales [sic] (incluyendo el orgasmo) obtenidas mediante actos de crueldad, castigos físicos infligidos a uno mismo o que se infligen a otros, tanto personas como animales, en presencia nuestra. Puede además consistir en un deseo innato de humillar, lastimar, herir o incluso destruir a otros para obtener así uno mismo placer sexual.
Así sucederá que uno de los participantes, llevado por la excitación sexual, golpeará, morderá o pellizcará, que los besos degenerarán en mordiscos. A los amantes y las parejas de jóvenes casados les encanta provocarse mutuamente, luchando entre ellos «por pura diversión», con toda suerte de juegos. Puede recorrerse sin dificultad la transición desde estas manifestaciones atávicas, que sin duda pertenecen a la esfera de la sexualidad fisiológica, hasta los actos más monstruosos de destrucción de la vida del otro miembro de la pareja.
El sadismo, pues, al igual que el masoquismo, se ha de inscribir entre las anomalías primitivas de la vida sexual. Es una alteración (una desviación) en la evolución de los procesos psicosexuales a consecuencia de la degeneración psíquica.
Es un hecho reconocido desde hace tiempo y que ha sido observado con frecuencia que la lujuria y la crueldad suelen ir de la mano. Toda clase de autores se han interesado por este fenómeno.

El masoquismo es la antítesis del sadismo. Mientras que este último es el deseo de causar dolor y emplear la fuerza, el primero es el deseo de sufrir dolor y ser dominado a la fuerza.
Por masoquismo entiendo una perversión peculiar de la vida psíquica sexual a consecuencia de la cual el individuo afectado está dominado en su sexualidad por la idea de hallarse total e incondicionalmente sometido a la voluntad de una persona del otro sexo, que se comporta con él como un amo, humillándolo y maltratándolo. Esta idea se encuentra teñida por un sentimiento de lujuria; el masoquista imagina fantasías en las cuales se inventa situaciones de ese tipo y a menudo trata de realizarlas.

El sadismo y el masoquismo ocupan, entre las perversiones, un lugar particular, pues la antítesis de actividad y pasividad que constituye su fundamento pertenece a los caracteres generales de la vida sexual.
La historia de la civilización humana nos enseña, sin dejar lugar a dudas, que la crueldad y el instinto sexual están íntimamente ligados; pero en las tentativas de explicar esta conexión no se ha ido más allá de resaltar los elementos agresivos de la libido.

Si se sabe poco sobre el origen de los sentimientos homosexuales y heterosexuales en los seres humanos, probablemente aún se sepa menos acerca del surgimiento de los deseos sadomasoquistas. Esta ignorancia no se debe a que no exista interés por este fenómeno. Por el contrario, los escritos de muchos de los mejores sexólogos y teóricos de la personalidad recogen especulaciones a propósito del sadomasoquismo.

Durante la década de 1980 los medias de comunicación, especialmente las revistas y los periódicos, dieron mayor cabida a los temas SM, suscitando un deseo entre los urbanitas «en la onda» o a la última moda de vivir la «escena». Los reportajes de los medias de comunicación sobre famosos «visitando los barrios bajos» o yendo a los clubes sadomasoquistas de la ciudad de Nueva York (véase el artículo de Brodsky sobre el Mineshaft en este volumen), sobre subastas de esclavos en bares SM, y la verdadera consideración de prendas de vestir y pasatiempos como SM han legitimado la curiosidad del público. En las grandes ciudades, artistas familiarizados con varias subculturas SM empezaron a documentar temas y estilos de vida. La exposición de los trabajos fotográficos de Robert Mapplethorpe suscitó un intenso debate en el Senado de Estados Unidos en torno a la financiación de los estilos de vida alternativos.
Quizá las mujeres hayan accedido en su mayor parte a los temas SM en la medida en que fotógrafos de la moda, como Helmut Newton, y diseñadores, como Gianni Versace y Jean Paul Gaultier, admiten de forma abierta el SM como una inspiración creativa. Aunque se vieron antes en las que el mismo llamó «pantalones de bondage», y Malcolm McLaren, el «Padre del Rock Punk».
Desde 1990, la gente ha tratado de destacarse más mediante adornos corporales más permanentes, como anillados y tatuajes. Estos últimos están ahora ganando aceptación en la sociedad dominante, aunque las «fiestas de piercings» son cosa del pasado reciente.
Las subculturas tienen una manera de conservar su separación frente a intrusos y conservar su singularidad cambiando continuamente sus símbolos cuando éstos son asimilados y por ello diluidos. Cuando las prendas de cuero, los cinturones y las muñequeras tachonados, las botas con punta de aguja y los corsés pueden ser adquiridos en las tiendas de las grandes superficies comerciales y llevados por personas ajenas a su significado erótico, pierden su especificidad. Como decía con amargura un practicante de SM: «¡Ahora todo el mundo lleva cuero!». Las prendas de cuero no han seguido manteniendo el mismo significado para ese hombre porque él ya no puede discernir a quién le interesa el SM. Será interesante ver como la proliferación de temas SM en la cultura dominante provoca cambios en el mundo del SM.

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