Los Tyrakis — Ana R. Cañil & Joaquín Estefanía / Tyrakis by Ana R. Cañil & Joaquín Estefanía (spanish book edition)

Este es un interesante breve libro sobre los padecimientos que sufre una familia griega, (Tyrakis) podríamos ser uno de nosotros cualquiera, cambiemos una familia española por una griega que nos cuenta sus andanzas generacionales por Grecia e Argentina, bienvenidos al sufrimiento más allá de la letra escarlata.
Grecia ha sido la cobaya mayor de Europa en el laboratorio de la crisis. El eslabón más débil. Sus ciudadanos son los que más han sufrido los estragos de las dificultades, que por su magnitud eran desconocidas por las últimas generaciones de ciudadanos, acostumbradas a progresar poco a poco y no a retroceder en el progreso. Han arrostrado, primero, los obstáculos propios de una profundísima depresión económica y, a continuación, las humillaciones que han caracterizado en este tiempo los procesos de intervención del exterior por parte de la denominada troika, que echó sal a la herida de los países con problemas. Ahora están humillados e intervenidos.

En las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado y en los primeros años del actual, la pulsión dominante de los estados, las empresas, las familias y las personas era gastar lo que no se tenía, y luego ya se vería. Las entidades que proporcionaban esos créditos, los bancos, lo facilitaban con holgura. Uno entraba en uno de esos bancos a pedir un préstamo para adquirir una casa, y salía con la casa y un velero. Estaba bien visto que la gente, las instituciones, debieran dinero. De repente, la moda cambió y lo que hasta entonces había sido una virtud devino en una enfermedad. El homo economicus, que se había transformado en un robusto hombre endeudado, más tarde se convirtió en un enfermo, en un paria. Sobre el país heleno recayeron todas las metáforas a la vez, como un modo aparentemente didáctico de explicar lo sucedido.
-La metáfora médica. Grecia padece una crisis que es una enfermedad grave, resultado de una patología social implícita. Se teme su contagio y, por ello, es necesario prescribir una medicación; lo mismo que una quimioterapia agresiva, dicha medicación es imprescindible si se quieren recuperar las funciones vitales del paciente, aunque su tratamiento podría poner en riesgo su vida.
-La metáfora pedagógica. Es la más paternalista: las causas de la enfermedad son antropológicas, culturales, están presentes en un grado de inmadurez o mal comportamiento congénito. Es preciso tratar a Grecia como a un alumno que hace novillos, que se merece el castigo no sólo para enderezar su comportamiento, sino también como ejemplo para los demás alumnos díscolos.
-La metáfora zoomórfica. Grecia pertenece, junto a otros países de Europa, la mayoría del sur, a ese grupo que los anglosajones y los alemanes dan el acrónimo de países PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España), que, cuando están enfermos o se portan mal, quedan desprovistos, como los cerdos, de humanidad, racionalidad y dignidad.

-El gasto público era menor que el de otros grupos de la eurozona. El único gasto público (exceptuando los pagos de la deuda) que era mayor, en relación al PIB, era el militar, sobre el cual una serie de escándalos de corrupción «necesitan seguir investigándose». El excesivo gasto en defensa equivalía a 40.000 millones de euros de deuda creados entre 1995 y 2009.
-Los déficits que alimentaron la deuda tenían que ver, sobre todo, con una deficiente gestión en la recaudación de impuestos y de las contribuciones de los empresarios a la Seguridad Social, mucho menores que en el resto de la eurozona y atribuidos al fraude y a las fugas ilícitas de capital. Las pérdidas acumuladas por estas razones explican el restante crecimiento de la deuda en el mismo periodo.
-Las fugas ilícitas de capital provocaron más pérdidas de ingresos fiscales, que ascendían a 30.000 millones de euros entre 2003 y 2009. Ello fue acompañado de menores cantidades de gasto para otras partidas, como Seguridad Social, Educación e I + D, en comparación con la media de los países de la UE.
-Adoptar el euro llevó a un aumento galopante de la deuda privada, desde el 74,1 al 129,1% del PIB, al que fueron expuestos los principales bancos europeos y griegos. Esto provocó la crisis bancaria de 2009, que desencadenó la crisis de la deuda soberana griega.

El año 2015 fue para Grecia un periodo de sucesivas y muy contradictorias emociones. De la euforia a la depresión, pasando por la mera supervivencia. Primero, la esperanza, con el triunfo de Alexis Tsipras y de Syriza en las elecciones generales. La izquierda radical (eso significa Syriza) no sólo rompía el turnismo clásico entre conservadores y socialistas en los gobiernos de Atenas (los Karamanlis, los Mitsotakis, los Papandreu, y sus epígonos y empleados), sino que era el primer caso de un partido europeo a la izquierda de la socialdemocracia que ganaba unas elecciones generales desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Hubo una pequeña excepción en unas elecciones legislativas en Francia, en el año 1946.
Varoufakis desarrolló la fábula de la cigarra y la hormiga para explicar de modo pedagógico lo que ocurría: la hormiga trabaja duro y ahorra mientras la cigarra se limita a holgazanear y a no hacer nada: «Desgraciadamente, en Europa predomina la extrañísima idea de que todas las cigarras viven en el sur y todas las hormigas en el norte, cuando en realidad lo que tienes son hormigas y cigarras en todas partes». Lo que sucedió, según el economista, fue que las cigarras del norte y las del sur –banqueros del norte y banqueros del sur, pongamos por caso– se aliaron para crear una burbuja financiera que los enriqueció, permitiéndoles cantar y holgazanear, mientras las hormigas del norte y del sur trabajaban en condiciones cada vez más difíciles. Cuando estalló la burbuja, las cigarras del norte y del sur decidieron que la culpa la tenían las hormigas del norte y del sur.

¿Cómo Grecia (que alberga a 11 millones de ciudadanos) ha podido acoger en su territorio a cerca de un millón de refugiados e inmigrantes, procedentes casi todos ellos del otro lado del Mediterráneo en sólo un año (sirios, afganos, iraquíes, eritreos, paquistaníes, ceilandeses, argelinos, sudaneses, libios, somalíes, malienses…)? Y ¿por cuánto tiempo puede seguir jugando el papel de la acogida, sin tensiones adicionales en el interior de la sociedad y en su relación con el resto de Europa?.
Todavía hay más compasión que racismo. Más ganas de ayudar que hartura por un problema que no se soluciona. Todavía no se ha extendido la irritación. Aún no ha aparecido el decálogo de mitos y leyendas que, conforme avanza el tiempo, se multiplicará en el interior de parte de la sociedad civil:
1) Es una invasión;
2) nos quitan el trabajo;
3) suponen un riesgo para la seguridad (una especie de caballo de Troya del yihadismo);
4) suben los índices de criminalidad;
5) son producto de los «efectos llamada»;
6) se llevan las ayudas sociales;
7) colapsan los servicios sociales del Estado del Bienestar;
8) Europa perderá su identidad y su cultura cristiana;
9) detrás de ellos vendrán otros, de otros países; y
10) un largo y heterogéneo etcétera.

Una condición necesaria para entender este proyecto que desafía a Europa y sus valores desde sus presupuestos centrales es la de no practicar el adanismo. No es la primera vez que sucede, aunque el desplazamiento forzoso de poblaciones nunca había sido tan grande, sometiendo a tantos hombres, mujeres y niños a unas condiciones de existencia inhumanas, a un sufrimiento intolerable. La principal diferencia es que ahora las televisan en directo o las conocemos de inmediato a través de las redes sociales. Esa ausencia de intimidad es a veces pornográfica. Ni siquiera es preciso acudir, como hemos hecho, a la guerra civil española o a cualquiera de las dos guerras mundiales. Los conflictos yugoslavos de la década de los noventa provocaron enormes movimientos de personas para limitar la diversidad étnica o religiosa.
Tony Judt, nos advierte que desde la década de los ochenta del siglo pasado, y especialmente desde la caída del Muro de Berlín y de las sucesivas ampliaciones de la Unión Europea, Europa se enfrenta a un presente y a un futuro multicultural. Las ciudades europeas han devenido en ejemplo de ciudades cosmopolitas, con refugiados por motivos políticos, trabajadores extranjeros, habitantes de las antiguas colonias atraídas hacia las metrópolis por las perspectivas de mejores puestos de trabajo y libertad, emigrantes voluntarios e involuntarios procedentes de estados fallidos, etcétera.

El papel de la Unión Europea en los grandes problemas, en las grandes tragedias no sólo económicas, deja mucho que desear. Los acontecimientos no han sentado bien al Viejo Continente desde el inicio de la Gran Recesión, en el año 2007. No estaba preparado para tales dificultades. En Europa han confluido tres crisis que la han hecho tambalearse. Primero, la Gran Recesión, que importó de Estados Unidos, y de la que está saliendo mucho más tarde, de modo más débil, con unas cifras de desempleo muy alto y con problemas de legitimidad en la toma de las decisiones. Su manifestación más explícita se ha dado precisamente en Grecia.
La segunda crisis, que confluye en el tiempo, es la que nos convoca aquí: la llegada masiva de más de un millón de refugiados en un periodo de apenas un año, atraídos por el mal menor: aun con dificultades, siempre se vivirá mejor aquí que allí. En relación con esto, muchos meses de inacción y aturdimiento dan para que, incluso los más europeístas, califiquen con lástima a Europa como una especie de Estado fallido.
La tercera crisis es la que se deriva de una falta de política exterior que aborde de modo conjunto y eficaz los problemas con los países vecinos: Ucrania y Rusia, Siria, Libia, la Primavera árabe, el Mediterráneo, Turquía, etcétera. Mientras otros países como Rusia o Irán atienden a sus intereses en la región de Oriente, Europa balbucea y no ha conseguido siquiera trabajar en la misma dirección que su principal aliado, Estados Unidos (a veces, también muy confundido en su política exterior en Oriente). ¿De qué manera ha de ir a la confrontación con el Estado Islámico que importa el terrorismo dentro de nuestras fronteras, con qué tipo de conflicto, por tierra, mar o aire? Bachar El Assad, el presidente sirio autor del genocidio y causante principal del éxodo, ¿es el aliado o el enemigo ante la presencia creciente del Estado Islámico? ¿Es el mal menor? ¿En qué lugar de las prioridades quedan los derechos humanos y la lucha contra los crímenes de Estado ante la necesidad de la fuerza bruta? ¿Se debe pactar con Rusia en unos sitios mientras, al tiempo, se denuncia su imperialismo respecto a Ucrania y la represión de los disidentes?.

Cada vez parece más difícil salvar los acuerdos de Schengen, que han cumplido dos décadas de existencia y que constituyen un pilar de la mejor Europa. Menos fronteras, menos alambradas, menos muros. 26 países forman parte del espacio Schengen por el que puede circular libremente toda persona que haya entrado de modo regular por la frontera exterior o por uno de los países que aplican el convenio. No es de extrañar que el comisario de Inmigración de la Unión Europea, Dimitris Avramopoulos, se sincerase con los medios de comunicación y declarase: «El sueño europeo se ha desvanecido».
El Mediterráneo es la frontera más desigual entre dos mundos.5 La renta per cápita de la Unión Europea es 14 veces superior a la de la media de los países de la frontera sur del mar. Ni siquiera la frontera entre Estados Unidos y México es tan disímil en renta, riqueza y bienestar. En el espacio euromediterráneo, el 90% del comercio se da entre miembros de la Unión Europea, el 9% entre el norte y el sur del mar, y sólo el 1% restante entre los países árabes.

La austeridad y la llegada de los refugiados por centenares de miles están poniendo a prueba a la sociedad griega, convertida a su pesar en el principal laboratorio social y político del inicio del siglo XXI. Un pequeño país de 11 millones de habitantes, cuna de la democracia, sospecha que algo puede pasar y no tiene por qué ser necesariamente bueno. Europa está interpelada directamente en las soluciones. No puede abandonar a su suerte a unos ciudadanos que forman parte de ella. Que la crearon.
Lo que ocurra allí es un presagio de lo que puede suceder en otros lugares.

Quizás algunos de los puntos expuestos aquí por el mal funcionamiento de la UE sean recíprocos al Brexit. El tiempo lo dirá.

This is an interesting short book about the suffering suffered by a Greek family, (Tyrakis) we could be one of us, we can change a Spanish family for a Greek one that tells us about their generational wanderings through Greece and Argentina, welcome to suffering beyond the scarlet letter.
Greece has been the largest guinea pig in Europe in the laboratory of the crisis. The weakest link Its citizens are the ones who have suffered the most from the hardships of the difficulties, which were unknown by the last generations of citizens, accustomed to progress little by little and not to go back in progress. They have faced, first, the obstacles of a deep economic depression and then the humiliations that have characterized at this time the processes of foreign intervention by the so-called troika, which salted the wound of countries with problems . Now they are humiliated and intervened.

In the decades of the eighties and nineties of the last century and in the first years of the current one, the dominant drive of states, companies, families and people was to spend what was not had, and then it would be seen. The entities that provided those credits, the banks, facilitated it with ease. One went into one of those banks to ask for a loan to buy a house, and left with the house and a sailboat. It was well seen that people, institutions, should have money. Suddenly, fashion changed and what until then had been a virtue became a disease. The homo economicus, who had transformed into a robust indebted man, later became a sick person, a pariah. On the Hellenic country all the metaphors relapsed at once, as a seemingly didactic way of explaining what happened.
-The medical metaphor. Greece suffers from a crisis that is a serious illness, the result of an implicit social pathology. Their contagion is feared and, therefore, it is necessary to prescribe a medication; the same as an aggressive chemotherapy, such medication is essential if you want to recover the vital functions of the patient, although their treatment could put your life at risk.
-The medical metaphor. Greece suffers from a crisis that is a serious illness, the result of an implicit social pathology. Their contagion is feared and, therefore, it is necessary to prescribe a medication; the same as an aggressive chemotherapy, such medication is essential if you want to recover the vital functions of the patient, although their treatment could put your life at risk.
-The pedagogical metaphor. It is the most paternalistic: the causes of the disease are anthropological, cultural, are present in a degree of immaturity or congenital bad behavior. It is necessary to treat Greece as a student who makes truants, who deserves punishment not only to straighten out their behavior, but also as an example for other unruly students.
-The zoomorphic metaphor. Greece belongs, along with other countries in Europe, the majority of the south, to that group that the Anglo-Saxons and the Germans give the acronym of PIGS countries (Portugal, Ireland, Greece and Spain), that, when they are ill or misbehave, they are deprived, like pigs, of humanity, rationality and dignity.

– Public spending was lower than that of other groups in the eurozone. The only public expenditure (except for debt payments) that was higher, in relation to GDP, was the military, over which a series of corruption scandals “need to continue to be investigated”. Excessive defense spending amounted to 40,000 million euros of debt created between 1995 and 2009.
-The deficits that fueled the debt had to do, above all, with a poor management in the collection of taxes and employer contributions to Social Security, much lower than in the rest of the eurozone and attributed to fraud and illicit capital flight. The accumulated losses for these reasons explain the remaining growth of the debt in the same period.
-The illicit capital flight caused more losses of tax revenue, which amounted to 30,000 million euros between 2003 and 2009. This was accompanied by lower amounts of spending for other items, such as Social Security, Education and R & D, compared to the average of the countries of the EU.
-Adopting the euro led to a galloping increase in private debt, from 74.1 to 129.1% of GDP, to which the main European and Greek banks were exposed. This caused the banking crisis of 2009, which unleashed the Greek sovereign debt crisis.

The year 2015 was for Greece a period of successive and very contradictory emotions. From euphoria to depression, passing through mere survival. First, hope, with the triumph of Alexis Tsipras and Syriza in the general elections. The radical left (that means Syriza) not only broke the classic turnismo between conservatives and socialists in the governments of Athens (the Karamanlis, the Mitsotakis, the Papandreou, and their epigones and employees), but it was the first case of a European party to the left of the social democracy that won a general election since the end of the Second World War. There was a small exception in a legislative election in France, in the year 1946.
Varoufakis developed the fable of the cicada and the ant to explain in a pedagogical way what was happening: the ant works hard and saves while the cicada simply lays around and does nothing: “Unfortunately, in Europe the strange idea predominates that all cicadas live in the south and all the ants in the north, when in fact what you have are ants and cicadas everywhere. ” What happened, according to the economist, was that the cicadas of the north and those of the south – bankers of the north and bankers of the south, say – allied to create a financial bubble that enriched them, allowing them to sing and laze, while the ants North and South worked in increasingly difficult conditions. When the bubble burst, the cicadas of the north and the south decided that the ants had the fault of the north and the south.

How Greece (which is home to 11 million citizens) has been able to host around one million refugees and immigrants, almost all of them from the other side of the Mediterranean in just one year (Syrians, Afghans, Iraqis, Eritreans, Pakistanis, Sri Lankans, Algerians, Sudanese, Libyans, Somalis, Malians …)? And for how long can you continue playing the role of the host, without additional tensions within society and in your relationship with the rest of Europe?
There is still more compassion than racism. More desire to help than enough for a problem that is not solved. Irritation has not yet spread. The decalogue of myths and legends has not yet appeared, which, as time progresses, will multiply within civil society:
1) It is an invasion;
2) they take away our work;
3) pose a security risk (a sort of Trojan horse of jihadism);
4) crime rates rise;
5) are a product of the “called effects”;
6) social aid is taken;
7) the social services of the Welfare State collapse;
8) Europe will lose its Christian identity and culture;
9) behind them will come others, from other countries; Y
10) a long and heterogeneous etcetera.

A necessary condition to understand this project that challenges Europe and its values ​​from its central budgets is not to practice the adamantism. It is not the first time that it happens, although the forced displacement of populations has never been so great, subjecting so many men, women and children to inhumane conditions of existence, into intolerable suffering. The main difference is that now they are televised live or we know them immediately through social networks. That lack of privacy is sometimes pornographic. It is not even necessary to go, as we have done, to the Spanish civil war or to either of the two world wars. The Yugoslav conflicts of the nineties caused huge movements of people to limit ethnic or religious diversity.
Tony Judt, warns us that since the eighties of the last century, and especially since the fall of the Berlin Wall and the successive enlargements of the European Union, Europe is facing a present and a multicultural future. European cities have become examples of cosmopolitan cities, with refugees for political reasons, foreign workers, inhabitants of former colonies attracted to the metropolis by the prospects of better jobs and freedom, voluntary and involuntary emigrants from failed states, and so on. .

The role of the European Union in the big problems, in the great tragedies not only economic, leaves much to be desired. The events have not suited the Old Continent since the start of the Great Recession in 2007. He was not prepared for such difficulties. In Europe, three crises have come together that have shaken her. First, the Great Recession, which imported from the United States, and from which it is leaving much later, in a weaker way, with very high unemployment figures and problems of legitimacy in the decision-making process. Its most explicit manifestation has occurred precisely in Greece.
The second crisis, which comes together in time, is what calls us here: the massive arrival of more than one million refugees in a period of just one year, attracted by the lesser evil: even with difficulties, you will always live better here that there. In relation to this, many months of inaction and daze give to, even the most pro-European, pity Europe as a kind of failed state.
The third crisis is one that stems from a lack of foreign policy that jointly and effectively addresses the problems with neighboring countries: Ukraine and Russia, Syria, Libya, the Arab Spring, the Mediterranean, Turkey, and so on. While other countries like Russia or Iran attend to their interests in the Oriente region, Europe babbles and has not even managed to work in the same direction as its main ally, the United States (sometimes, also very confused in its foreign policy in the East) . How is it going to face the confrontation with the Islamic State that terrorism matters within our borders, with what kind of conflict, by land, sea or air? Bashar Assad, the Syrian president author of the genocide and the main cause of the exodus, is the ally or the enemy in the face of the growing presence of the Islamic State? Is it the lesser evil? Where do human rights and the fight against state crimes stand in the face of the need for brute force? Should we agree with Russia in some places while, at the same time, denouncing its imperialism with respect to Ukraine and the repression of dissidents?.

It seems increasingly difficult to save the Schengen agreements, which have been two decades old and that constitute a pillar of the best Europe. Fewer borders, less wire fences, less walls. 26 countries are part of the Schengen area through which anyone who has entered regularly through the external border or one of the countries that apply the agreement can freely circulate. It is not surprising that the European Union Immigration Commissioner, Dimitris Avramopoulos, made his acquaintance with the media and declared: “The European dream has vanished.”
The Mediterranean is the most unequal border between two worlds.5 The per capita income of the European Union is 14 times higher than the average of the countries of the southern border of the sea. Not even the border between the United States and Mexico is so dissimilar in income, wealth and well-being. In the Euro-Mediterranean space, 90% of trade is between members of the European Union, 9% between the north and the south of the sea, and only the remaining 1% between Arab countries.

The austerity and the arrival of the refugees by hundreds of thousands are putting to test the Greek society, turned to its sorrow into the main social and political laboratory of the beginning of the 21st century. A small country of 11 million inhabitants, the cradle of democracy, suspects that something may happen and does not necessarily have to be good. Europe is directly interpellated in the solutions. He can not leave to his fate some citizens who are part of it. Who created it
What happens there is an omen of what can happen elsewhere.

Perhaps some of the points raised here for the malfunction of the EU are reciprocal to Brexit. Time will tell.

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