El culto de la brujería en Europa Occidental — Margaret A. Murray

Este es un muy interesante libro escrito sobre esta egiptóloga en la década de los 20 del siglo pasado y parte de que estos ritos están basados en la religión de Diana, la iglesia adaptó muchos de estas festividades y es criticada por basarse simplemente, en Inglaterra, Nueva Inglaterra.

Existía al propio tiempo otra forma del dios en forma de hombre con dos caras. Ese dios se encuentra en Italia (donde era llamado Jano o Diano), en el sur de Francia, y en el interior de Inglaterra. La forma femenina del segundo nombre citado, Diana, se encuentra por toda Europa occidental como el nombre de la deidad o jefe femenino de las llamadas brujas o hechiceras, y es por esta razón que he dado a esta antigua religión el nombre de culto diánico. La distribución geográfica del dios de las dos caras sugiere que la raza o razas portadoras del culto o no permanecían en todos los países que entraban, o ellos y su religión eran sumergidos en muchos lugares por subsiguientes invasores.
Las fechas de sus dos fiestas principales, el último día de abril y el último día de octubre, indican el uso de un calendario que se reconoce generalmente como pre agrícola y anterior a la división solsticial del año.

La llamada conversión de Britania significó solamente la conversión de sus gobernantes; la masa del pueblo continuó observando sus antiguas costumbres y creencias bajo una capa de ritos cristianos. Los siglos trajeron una profundización del cristianismo, el cual, introducido desde arriba penetró poco a poco hacia abajo, atravesando una clase después de otra. Durante este proceso, las leyes contra la práctica de ciertos ritos paganos se hicieron más estrictas paralelamente al crecimiento del poder del cristianismo. La Iglesia probó su fuerza contra las “brujas” en lugares elevados y salió victoriosa, y en el siglo XV se declaró la guerra abierta contra los restos del paganismo con la famosa Bula de Inocencio VIII.
Este paganismo se practicaba solamente en ciertos lugares entre ciertas clases de la comunidad. En otros sitios, el antiguo ritual fue adoptado dentro de la Iglesia, o tolerado por ella; y las danzas del Maypole y otras fiestas rústicas permanecieron como supervivencias de los ritos del culto primitivo.

Es imposible comprender el culto de la brujería sin tener conocimiento de la posición de su principal personaje. Fue conocido por los jueces y registradores, de los tiempos en que tal culto existió, como el Diablo y llamado por ellos Satanás, Lucifer, Belcebú, el Mal Amigo, y nombres similares apropiados al Principio del Mal, el Diablo de las Escrituras, con el cual lo identificaban.
Esta creencia era muy distinta de la de las propias brujas. Para ellas, este llamado Diablo era Dios, manifiesto y encarnado; lo adoraban de rodillas, le dirigían sus preces, le rendían gracias como dispensador de los alimentos y colmador de las necesidades de la vida, le consagraban sus hijos, y hay indicios de que, como muchos otros dioses, fue objeto de sacrificio por el bien de su grey.

El disfraz de animal es condenado de modo especial como diabólico en el Liber Poenitentialis de Teodoro, en el siglo VII, lo que demuestra que seguía en vigor después de la conversión de Inglaterra, con apariencia exterior cristiana. Por la analogía al respecto con otras religiones en que existe esta costumbre, parece ser que se trata de un ritual para fomentar la fertilidad, en el cual el animal representado es ya el animal sagrado de la tribu, ya el más usado como alimento.
La sugerencia de que el Diablo era un hombre que llevaba, unas veces, una piel de animal y, otras, una cabeza del mismo, a modo de disfraz ritual, explica como ninguna otra cosa las declaraciones de las brujas en cuanto al aspecto y cambios de forma del diabólico personaje. Hay, sin embargo, una confusión por lo que respecta al hecho de que las brujas —y, como es lógico, también los registradores— hablaron habitualmente de los familiares como del Diablo; no obstante, en casi todos los casos, el hombre disfrazado puede, mediante el examen de los testimonios, ser distinguido del familiar animal.
Las formas animales en que aparecía más comúnmente el Diablo eran el toro, el gato, el perro, el macho cabrío, el caballo y el carnero.
Otros disfraces animales, más raros, son los de ciervo y de oso. De éstos, el ciervo es encontrado en Aberdeen, en 1597: Andro Man «confiesas y afirmas que viste salir a Christsonday de la nieve en forma de ciervo». En Auldearne (1662), «según los casos, era como un becerro, un toro, un ciervo, un corzo, o un perro».

En las ceremonias de admisión, lo mismo que en todas las demás del culto que nos ocupa, lo esencial no varía en cada comunidad o cada país, aunque los detalles difieren. Los dos puntos que constituyen la esencia de la ceremonia son invariables: el primero, el de que los candidatos se adhieran por propia y libre voluntad y sin coacción alguna; el segundo, el de que éstos se entreguen en cuerpo y alma al Maestro y a su servicio.
Las ceremonias de admisión diferían también según que el candidato fuera un niño o un adulto. El más completo testimonio escrito de la admisión de niños procede de los Bajos Pirineos (1609): «Las brujas, de rodillas, le ofrecen criaturas, diciéndole con sumisión: “Gran señor, a quien yo adoro, os traigo este nuevo servidor que quiere ser perpetuamente vuestro esclavo”. Y el Diablo, como señal de agradecimiento y complacencia, les responde: “Acercaos a mi”, a lo que ellas obedecen, y, arrastrándose de rodillas, se lo presentan, y él, después de recibir al niño entre sus brazos, lo devuelve a la bruja, le da las gracias y luego le recomienda que cuide de él, dando a entender que así aumentara su grey.
El esbat difería del sabbat por ser principalmente de carácter utilitario, mientras que el sabbat era puramente religioso. En ambos, los actos terminaban con bailes y comidas. Constituía la parte utilitaria del esbat, por lo común, la práctica de la magia en favor de un cliente o para maleficiar a un enemigo. A veces, el Diablo parece haber ordenado a sus seguidores la realización de algún acto destinado a impresionar la imaginación de aquellas que, a pesar de creer en su poder, no lo adoraban. Muy a menudo, el esbat se celebraba también como pura diversión, sin ningún otro objeto.

Las danzas, como parte importante de los ritos de fertilidad, son demasiado conocidas para necesitar descripción Las danzas de las brujas, celebradas en las fechas de los cuatro grandes sabbat del año, señalan el hecho de que también tenían como objeto fomentar la fertilidad. Había varias formas de danzas rituales.
Las dos formas principales de danza eran la rueda y la danza de seguir al guía, pero había también una forma muy complicada que los inquisidores no comprendieron y que, por lo tanto, descartaron, diciendo de ella que: “todo es confuso”. Sin embargo, en los Bajos Pirineos sobrevive aun en las muchas aldeas que en el siglo XVI fueron habitadas por brujas; aquellas cuyos procedimientos describe tan vividamente De Lancre.
“La música de las reuniones era tanto instrumental como vocal. Los procesos ingleses la mencionan raramente, tal vez porque el sabbat estaba en decadencia. Pero los procesos escoceses y franceses prueban que era parte integrante de la celebración. Habitualmente, el ejecutante era el Diablo, pero otros miembros de la sociedad hacían música también, y en ocasiones una persona desempeñaba el papel de flautista del Diablo. La música se utilizaba siempre como acompañamiento de las danzas. El instrumento más usado era la flauta, que podía trocarse en Inglaterra en una citara y en Escocia en la trompa o el arpa judía, también instrumento de viento.

Hay cuatro formas de sacrificio: 1) el sacrificio de sangre, que consistía en la donación de la sangre de la propia bruja; 2) el sacrificio de un animal; 3) el sacrificio de un ser humano, habitualmente un niño; 4) el sacrificio del dios.
1. El sacrificio de sangre se celebraba cuando la admisión del neófito. Originalmente sacrificio se confundió después con la ceremonia de la firma del contrato, donde la sangre servía como tinta. También parece confundirse en el siglo XVIII con la ceremonia de la marca, pero la declaración más antigua es clara.

El ritual sexual se da en muchas religiones de las civilizaciones primitivas, y siempre ha horrorizado a los miembros de religiones más evolucionadas, tanto en la Antigüedad como actualmente. Es una de las características principales de los cultos de fertilidad, no sólo como simbolización del poder fertilizador en todo el mundo animal, sino también de la creencia de los protagonistas, que realmente asisten a ellos y fomentan sus efectos.
Esos ritos de fertilidad están regidos por ciertas reglas que varían en los distintos países, particularmente en lo referente a la edad de las niñas, es decir, si han llegado o no a la pubertad.

El jefe o cabeza suprema de cada distrito era conocido como el “Diablo”. En cada distrito había por debajo de el uno o más ayudantes —según las dimensiones de la zona nombrados por el jefe. Los ayudantes podían ser hombres o mujeres, y sus tareas consistían en hacer los arreglos para las reuniones, enviar noticias, registrar el trabajo hecho, despachar los asuntos de la comunidad y presentar nuevos miembros. Es evidente que estas personas tomaban nota también de los posibles conversos, y entraban en negociaciones, bien por si mismas o informándole al jefe, quien actuaba entonces en consecuencia. En los esbat, el ayudante parece haber desempeño la jefatura en ausencia del Gran Maestro. En los sabbat, eran simplemente cabezas de sus propios conventículos y se los conocía como diablos o espíritus, aunque reconocidamente inferiores al jefe. El ayudante principal oficiaba como escribiente en el sabbat y registraba en su libro los informes de las brujas. Si era un sacerdote o ministro ordenado, celebraba con frecuencia parte del servicio religioso, pero la misa o sacramento era celebrada siempre con el Diablo.
La disciplina se mantenía por medio de un sistema de recompensas y castigos, severo o concesivo, según el carácter personal del jefe. Por lo general, sólo se registran los castigos más duros, pero en ocasiones hay mención de castigos menores.
Los escritores contemporáneos aclaran muy bien el sistema de recompensas y castigos:
«Satanás los reunió en una sinagoga, con objeto de enterarse por ellos cuán bien y con cuánta diligencia habían cumplido la tarea de envenenamiento que se les había encomendado, y a quien habían matado.

Los familiares en dos clases: 1) los que eran augures; 2) los que obedecían las órdenes de las brujas.
1. El familiar augur
La esencia de este familiar es que no pertenecía a la bruja, sino que se trataba de un animal que aparecía accidentalmente después de la realización de ciertas ceremonias mágicas. Cuando describe el contrato, Forbes aclara este punto: “El Diablo por su parte pacta con estos prosélitos la forma en la cual va a aparecérseles y los servicios que pueden esperar de él a partir de la ejecución de ciertos encantamientos o ritos ceremoniales”.
2. El familiar doméstico
Forbes, el gran abogado escocés, dice que “a algunos les da [el Diablo] ciertos espíritus o trasgos con quienes se relacionan y que les sirven como familiares que responden a nombres extraños. Se dice que estos trasgos son guardados en cazos u otras vasijas”. Aunque la ley escocesa tiene en cuenta a estos familiares domésticos, nunca se mencionan en los procesos. Esto esta limitado tan estrictamente a Inglaterra, que Hutchinson puede decir con razón: «Encuentro escasa mención de los trasgos en otro país que no sea el nuestro, donde la ley considera felonía su nutrición, crianza y protección».

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