Operación Impensable — Jonathan Walker / Operation Unthinkable: The Third World War: British Plans to Attack the Soviet Empire 1945 by Jonathan Walker

Este libro es muy interesante sobre una de las operaciones que pasó desapercibida durante II Guerra Mundial, la Operación «Impensable». Lo sorprendente de ese plan es que era único. Churchill, que se hallaba solo entre los líderes occidentales, estaba dispuesto a plantearse un ataque preventivo contra las fuerzas soviéticas en el verano de 1945. El presidente Roosevelt y su sucesor, Truman, al principio no contemplaron la amenaza soviética, y ni siquiera cuando fue imposible ignorarla apoyaron el uso de las armas contra la Unión Soviética. Es visto sin la visión de los historiadores a posteriori y eso es un gran acierto.
Lo más alarmante de la actitud de los líderes nacionales en Occidente durante los trepidantes acontecimientos de la primavera y el verano de 1945 era su capacidad para cambiar drásticamente de talante. Churchill, Roosevelt y Truman se turnaron para presionar o ser conciliadores con Stalin mientras él se mantenía inamovible en sus exigencias. Por ello, lo que parecía un proceder inevitable y lógico para los aliados occidentales una semana podía ser descartado a la siguiente. La Operación «Impensable» nacería a la luz de esta atmósfera aterradoramente volátil. En su discurso del Día de la Victoria en Europa, Churchill exhortó «Adelante Britania», pero si en efecto avanzaba, ¿tendría Polonia alguna posibilidad de recuperar su libertad en 1945? ¿Y hasta qué punto estuvo cerca el mundo de una tercera guerra mundial?.

En la conferencia de Yalta, los Aliados occidentales no estaban en modo alguno unificados. En lugar de trabajar codo con codo con Churchill, Roosevelt se veía cada vez más como «un mediador honesto» entre Gran Bretaña y la Unión Soviética. Como cabría esperar, su hijo Elliott también le veía en ese papel. «Los rusos tenían un gobierno polaco en Moscú —observaba—, y los británicos respaldaban al antiguo gobierno polaco que operaba fuera de Polonia. El papel de mi padre era el de mediador y árbitro, ya que era muy importante que se mantuviera la unidad».
Stalin consiguió que se cumplieran la mayoría de sus exigencias fronterizas y, si bien la confirmación final quedaría en manos del «futuro gobierno polaco», estaba claro que Polonia, un estado satélite, recibiría parte de la vieja Prusia Oriental en la frontera septentrional, junto con parte del este de Alemania, incluida Silesia, una zona rica en minerales, además de la ciudad de Breslau y el puerto de Stettin. Se suponía que esto era una compensación por la pérdida de su territorio oriental ante la Unión Soviética, pero en la práctica dejaba una franja productiva de Alemania bajo el control de Stalin.
A Churchill le desesperaba la impotencia occidental y dijo a Roosevelt: «En este momento, la entrada en Polonia está prohibida a nuestros representantes. En el escenario se ha corrido un telón impenetrable».
Durante el último mes de la guerra europea también se forjó una creciente desconfianza entre Stalin y las potencias occidentales por el enfrentamiento con Alemania. Por su parte, el líder soviético creía que británicos y estadounidenses estaban llegando a un acuerdo encubierto con los alemanes, lo cual se dio a conocer como el «incidente de Berg». En efecto, figuras nazis destacadas como Ribbentrop habían sondeado a los Aliados occidentales para pedir que atenuaran la presión militar y formar una alianza de último minuto con Alemania contra la Unión Soviética. Pero los británicos conocían, gracias a su sistema de espionaje ULTRA, que ciertos líderes alemanes también estaban tratando de hablar con Stalin.

La muerte repentina de Roosvelt fue un duro golpe para Stalin porque Truman no pensaba igual, de haber estado vivo Roosevelt, es posible que Stalin hubiera aceptado que los Aliados participasen en la batalla por Berlín, pero, tal y como estaban las cosas, Stalin fijó la fecha del inicio de su asalto a la ciudad el 16 de abril de 1945.
No es de extrañar que Churchill se encontrase agotado física y mentalmente. Después de haber pasado cinco años dirigiendo la campaña bélica de Gran Bretaña, ahora existía el peligro de que ese inmenso logro quedase ensombrecido, justo al final, por la instauración de una nueva dictadura en Europa. Desde Yalta había estado considerando todas las posibles maneras de arañar parte del territorio perdido ante Stalin, pero hacia mediados de abril, su desesperación y su sentimiento de culpa por Polonia habían alcanzado nuevas cotas. Fue entonces cuando se dirigió al Comité de Jefes del Estado Mayor y ordenó que preparase un plan para meter en cintura a Stalin mediante el uso de la fuerza militar.

Los supuestos de la operación impensable eran:
a) La empresa goza de apoyo absoluto entre la opinión pública tanto en el Imperio Británico como en Estados Unidos y, por lo tanto, la moral de las tropas británicas y estadounidenses continúa alta.
b) Gran Bretaña y Estados Unidos cuentan con total apoyo de las fuerzas armadas polacas y pueden disponer de los efectivos alemanes y de lo que queda de la capacidad industrial germana.
c) No se cuenta con la asistencia de las fuerzas de las demás potencias occidentales, pero se dispondrá de cualquier base situada en su territorio, o de cualquier otra instalación que pueda ser necesaria.
d) Rusia se alía con Japón.
e) La fecha del inicio de las hostilidades es el 1 de julio de 1945.
f) Los esquemas de reasignación y despliegue de tropas continúan hasta el 1 de julio y luego se detienen.
Objetivo.
El objetivo general o político es imponer a Rusia la voluntad de Estados Unidos y el Imperio Británico.
Pese a que «la voluntad» de ambos países podría definirse tan solo como la obtención de un trato justo para Polonia, esto no limita necesariamente el compromiso militar. Un éxito rápido podría inducir a los rusos a someterse a nuestra voluntad al menos durante un tiempo, pero también es posible que no sea así. La decisión queda en manos de los rusos. Si desean una guerra total, están en posición de conseguirla
Las operaciones terrestres de los Aliados contarían con un buen apoyo gracias a una ventaja tan grande en el mar, pero ¿qué ocurría con la guerra en el aire? Esta parte del plan Impensable era muchísimo más complicada y de ella era responsable el capitán de grupo Walter Lloyd Dawson. Tras haber adquirido experiencia de vuelo en los escuadrones 24.º y 84.º antes de la guerra, Dawson se unió al Estado Mayor del Aire en 1939 y luego ingresó en la RAF de Oriente Próximo. Varios años más tarde pasó a dedicarse a la cooperación Aire-Armada, en su papel como director de Operaciones, donde sus conocimientos alcanzados en la cooperación entre los tres servicios resultaron una herramienta muy útil para calcular la posible evolución de un conflicto europeo e incluso de una guerra mundial.
La opinión pública soviética metía a EE. UU. y Gran Bretaña en el mismo saco y, cada vez con más frecuencia, los veía como posibles enemigos. Pero ¿cómo juzgaba EE. UU. el devenir de los acontecimientos? La Operación «Impensable» daba por sentado que Estados Unidos se mostraría plenamente dispuesto a participar en el ataque a la Unión Soviética. Pero ello chocaba de frente con las acciones y deliberaciones estadounidenses. Incluso antes de Yalta, el Estado Mayor Conjunto de EE. UU. había calificado las intenciones soviéticas de posguerra de «benignas», en buena medida porque la guerra había socavado materialmente el poder soviético.

Si las fuerzas británicas, estadounidenses y polacas atacaban al Ejército Rojo y no cosechaban un «éxito rápido», el único resultado posible sería la tercera guerra mundial, o, en palabras de los planificadores, la «guerra total». En este escenario de pesadilla, las fuerzas aliadas se verían obligadas a adentrarse primero en Polonia y luego en la Unión Soviética. Para contrarrestar la enorme disparidad entre el número de efectivos soviético y occidental, la victoria en dicha «guerra total» solo podría obtenerse mediante una movilización masiva de fuerzas en Estados Unidos.
¿Qué ocurriría si no se lograba la victoria en la guerra Impensable para el invierno de 1945? A medida que los ejércitos aliados se fueran abriendo paso a través del territorio polaco podrían contar, sin duda, con un apoyo local más organizado, al menos en el centro del país. En el norte y a lo largo de la costa del Báltico estarían adentrándose en el antiguo territorio de Prusia Oriental, una zona que había formado parte del antiguo Reich alemán y que entonces se hallaba ocupada por los soviéticos, aunque era prácticamente tierra baldía y no ofrecía apenas nada con que sustentar a un ejército invasor porque los alemanes, al replegarse, habían demolido casi todas las infraestructuras del país. Sin embargo, lo peor estaba aún por llegar: este territorio fue la primera parte del Reich alemán que ocupó el Ejército Rojo y sus soldados se entregaron al terror, la violación y el pillaje de sus habitantes. Cualquier propiedad que los alemanes hubieran dejado en pie fue saqueada y los cultivos y el ganado se convirtieron en su botín. Al igual que en Silesia, en el norte no existía una red de resistencia organizada que pudiera coordinar el sabotaje ni proporcionar datos de espionaje de calidad a los Aliados, lo que obstaculizaría, inevitablemente, los posibles desembarcos anfibios aliados en las costas polacas.
Además el imperio británico no está unido a Churchill, Australia con Curtin, de ascendencia irlandesa estaba más vinculado a la posición norteamericana y más cuando luchaba ferozmente con Japón en Borneo y similares pensamientos con la Canadá de MacKenzie King.

Los acontecimientos se precipitaban mientras los planificadores continuaban trabajando en la Operación «Impensable». Las políticas de los gobiernos cambiaban y la Casa Blanca tenía un nuevo inquilino. A los pocos días de su llegada, el presidente Truman comenzó a mostrar una actitud de matón hacia la Unión Soviética. Justo antes de reunirse por primera vez con el ministro soviético de Asuntos Exteriores, Viacheslav Molotov, Truman comunicó a sus asesores que si los soviéticos no se presentaban en San Francisco para las conversaciones destinadas a la creación de las Naciones Unidas, podían «irse al infierno».
El otro problema que abrumaba a Churchill era el futuro de su propio gobierno, porque sabía que en cuanto se acabase la guerra, los días de la coalición estaban contados. El Partido Laborista había aceptado apoyar la coalición hasta octubre de 1945, pero para Churchill y sus estrategas del Partido Conservador era muy tentador ir al país en junio, aprovechar la euforia del final del conflicto y cortar en seco el creciente apoyo al Partido Laborista. Sin embargo, no era difícil que los acontecimientos internacionales desplazasen a los asuntos nacionales y podía surgir el riesgo de un conflicto con la Unión Soviética en relación con Polonia, los Balcanes, Viena o Trieste. El 12 de mayo, Occidente renunció a una importante ventaja con la retirada de las fuerzas estadounidenses desde su frente en el río Elba hasta una línea acordada por detrás de Eisenbach.
No está claro cuánto le contó Churchill a Montgomery en aquella ocasión. Su orden inicial de no destruir las armas alemanas no fue encontrada tras la guerra, pero es bastante posible que este documento se destruyese una vez leído, como era práctica rutinaria con muchos otros papeles confidenciales. En cualquier caso, parece que la retención de equipamiento alemán no se restringió a las zonas controladas por los británicos. Más tarde, Churchill confirmaría que también había contactado con el gobernador militar de la zona de ocupación de Estados Unidos, el general Eisenhower, para asegurarse de que se siguiese una política similar en los sectores estadounidenses. Es evidente que Churchill codiciaba las inmensas cantidades de equipos alemanes, que podrían ser útiles para Occidente en un futuro conflicto, pero no especificaba las razones de su petición, para la que daba solo una vaga excusa: «Es posible que algún día nos hagan mucha falta». Eisenhower replicó, aparentemente sin cuestionar los motivos de Churchill, que, en cualquier caso, toda destrucción de equipos alemanes, incluidos los aviones, era una grave violación del Acta de Rendición y que no se toleraría.

El hecho de que los británicos, a través de la SOE, hubiesen estado ayudando a los partisanos de Tito antes de que los soviéticos entrasen en escena irritaba mucho a Churchill. Y se habría mostrado mucho más resuelto si hubiera conocido la dimensión de las atrocidades cometidas por las unidades de Tito desde la ocupación de Venecia Julia a finales de abril. Es difícil calcular el número de italianos asesinados, pues a muchos los mataron a tiros y los apiñaron en las foibas (pozos y cuevas naturales) que se encuentran en la región. Los partisanos también eliminaron a croatas y eslovenos. En realidad, todos los que se oponían a los comunistas corrían el riesgo de ser torturados y ejecutados, aunque hubieran luchado anteriormente contra el fascismo. También hubo muchos ajustes de cuentas contra antiguos partidarios de Mussolini que habían perpetrado una matanza sistemática de eslavos en la zona. Independientemente del grupo étnico al que pertenecían los asesinados, se cree que en las foibas perecieron entre 1000 y 6000 hombres adultos y jóvenes.
Aunque Tito acaparaba la atención de Churchill, este no podía permitirse hacer caso omiso de los acontecimientos que se desarrollaban en Polonia.

Los principales métodos mediante los cuales los rusos podrían intentar atacar las islas británicas una vez alcanzadas las orillas del mar del Norte y del Atlántico:
– Cortando nuestras comunicaciones por mar.
– Mediante la invasión.
– Mediante el ataque aéreo.
– Mediante el uso de cohetes u otros métodos nuevos.

Con la llegada del otoño de 1945, llegó también el momento de que los estadounidenses adoptasen el papel de halcones en el punto muerto en que se encontraban con Stalin. Estados Unidos comenzaba a trazar al fin sus planes para una estrategia de posguerra, aunque no existía ninguna directriz presidencial ni impuesta por las altas instancias, como había ocurrido con Churchill e Impensable. En este caso, la iniciativa de preparar los informes para un plan estratégico de posguerra fue de algunos miembros y del Comité de Planificación Conjunta de Estados Unidos (USJPS). En esa fase, los planes no incluían operaciones detalladas, sino que analizaban la capacidad militar general de Estados Unidos y sus necesidades de bases y reservas militares en todo el mundo.
Probablemente, la Operación «Impensable» no haya sido más que otra nota a pie de página que ha pasado desapercibida en la historia de la Guerra Fría, pero en 1954 se produjo un extraño incidente en el que estuvieron implicados Churchill y Montgomery y que amenazó con desvelar todo el plan. En un discurso intrascendente en su circunscripción de Woodford, Churchill anunció de pronto que en 1945 había dado órdenes al mariscal de campo Montgomery de preservar las armas confiscadas a los alemanes y de que estuviese listo para redistribuir esas armas a «los soldados alemanes con los que hubiéramos tenido que trabajar de continuar el avance soviético». La prensa, intrigada, exigió una aclaración de Montgomery, lo que produjo la consiguiente disputa sobre si Churchill había llegado a dar la orden formalmente o no. La prensa soviética se hizo eco inmediato de esos comentarios, atacando la «cruzada de Churchill», y se publicaron artículos críticos en medios británicos y estadounidenses. The Chicago Tribune la emprendió contra Churchill y su política en tiempos de guerra con titulares que pregonaban «Disparates a gran escala».

Nunca estuvo claro cuántas bombas atómicas habrían sido necesarias para doblegar la voluntad de Stalin. El éxito de la prueba atómica de julio de 1945 reavivó brevemente la creencia de Churchill en la posibilidad de derrotar al comunismo por la fuerza, pero al perder la presidencia solo unas semanas después, puso punto final a su fe en llegar a dirigir alguna vez la guerra Impensable. Ese testigo lo recogieron los estadounidenses, que todavía corren con él… aunque la dirección de la amenaza a la que se enfrentan ya no está tan clara como en 1945. sin duda las cabezas pensantes de esa época fueron tanto Churchill como Stalin. Además viene anexado con fotografías y documentos.

This book is very interesting about one of the operations that went unnoticed during World War II, Operation “Impossible”. The surprising thing about that plan is that it was unique. Churchill, who was alone among Western leaders, was willing to consider a preemptive strike against the Soviet forces in the summer of 1945. President Roosevelt and his successor, Truman, did not at first contemplate the Soviet threat, and not even when it was impossible to ignore, they supported the use of weapons against the Soviet Union. It is seen without the vision of historians a posteriori and that is a great success.
The most alarming aspect of the attitude of national leaders in the West during the hectic events of the spring and summer of 1945 was their ability to change drastically in spirit. Churchill, Roosevelt and Truman took turns to press or be conciliatory with Stalin while he remained unmoved in his demands. Therefore, what seemed an inevitable and logical course for the Western allies a week could be discarded to the next. Operation “Unthinkable” would be born in the light of this frighteningly volatile atmosphere. In his European Victory Day speech, Churchill exhorted “Forward Britannia,” but if it did move forward, would Poland have any chance of regaining its freedom in 1945? And to what extent was the world of a third world war close?

At the Yalta conference, the Western Allies were by no means unified. Instead of working side by side with Churchill, Roosevelt increasingly saw himself as “an honest mediator” between Britain and the Soviet Union. As you might expect, his son Elliott also saw him in that role. “The Russians had a Polish government in Moscow,” he observed, “and the British backed the old Polish government that operated outside of Poland. The role of my father was that of mediator and referee, since it was very important that the unit be maintained. ”
Stalin managed to get most of his border demands fulfilled and, while the final confirmation would be in the hands of the “future Polish government,” it was clear that Poland, a satellite state, would receive part of the old East Prussia on the northern border, together with part of eastern Germany, including Silesia, an area rich in minerals, in addition to the city of Breslau and the port of Stettin. This was supposed to be compensation for the loss of its eastern territory to the Soviet Union, but in practice it left a productive strip of Germany under Stalin’s control.
Churchill was desperate for Western impotence and said to Roosevelt: “At this moment, entry into Poland is forbidden to our representatives. On the stage an impenetrable curtain has been drawn ».
During the last month of the European war, a growing distrust between Stalin and the Western powers was also forged by the confrontation with Germany. For his part, the Soviet leader believed that British and Americans were reaching an undercover agreement with the Germans, which became known as the “Berg incident”. Indeed, prominent Nazi figures such as Ribbentrop had canvassed the Western Allies to demand that they mitigate military pressure and form a last-minute alliance with Germany against the Soviet Union. But the British knew, thanks to their ULTRA espionage system, that certain German leaders were also trying to talk to Stalin.

The sudden death of Roosevelt was a blow for Stalin because Truman did not think the same, had Roosevelt been alive, it is possible that Stalin had accepted that the Allies participated in the battle for Berlin, but, as things were, Stalin fixed the date of the start of his assault on the city on April 16, 1945.
No wonder Churchill was physically and mentally exhausted. After spending five years leading the war effort in Britain, there was now the danger that this immense achievement would be overshadowed, right at the end, by the establishment of a new dictatorship in Europe. Since Yalta he had been considering all possible ways to scratch some of the territory lost to Stalin, but by mid-April, his desperation and guilt for Poland had reached new heights. It was then that he addressed the Committee of Chiefs of Staff and ordered that he prepare a plan to put Stalin in the waist by the use of military force.

The assumptions of the unthinkable operation were:
a) The company enjoys absolute support among public opinion both in the British Empire and in the United States and, therefore, the morale of the British and American troops continues high.
b) Great Britain and the United States have the full support of the Polish armed forces and can have German troops and what is left of the German industrial capacity.
c) The assistance of the forces of the other Western powers is not available, but any base located in their territory, or any other installation that may be necessary, will be available.
d) Russia is allied with Japan.
e) The date of the start of hostilities is July 1, 1945.
f) Reassignment and troop deployment schemes continue until July 1 and then stop.
Objective.
The general or political objective is to impose on Russia the will of the United States and the British Empire.
Although “the will” of both countries could be defined only as obtaining fair treatment for Poland, this does not necessarily limit the military commitment. A quick success could induce the Russians to submit to our will at least for a while, but it is also possible that this is not the case. The decision is in the hands of the Russians. If they want a total war, they are in a position to get it
The Allied land operations would have good support thanks to such a great advantage at sea, but what happened to the war in the air? This part of the Unthinkable plan was much more complicated and it was responsible for the group captain Walter Lloyd Dawson. After gaining flight experience in the 24th and 84th squads before the war, Dawson joined the Air Staff in 1939 and then joined the RAF in the Middle East. Several years later he began to dedicate himself to Air-Armed Cooperation, in his role as Director of Operations, where his knowledge gained in cooperation between the three services was a very useful tool to calculate the possible evolution of a European conflict and even of a world war.
Soviet public opinion put EE. UU and Britain in the same bag and, more and more often, saw them as possible enemies. But how did EE judge? UU the evolution of events? The Operation “Unthinkable” assumed that the United States would be fully willing to participate in the attack on the Soviet Union. But this clashed head-on with American actions and deliberations. Even before Yalta, the Joint Chiefs of Staff of the USA. UU he had called the postwar Soviet intentions “benign,” largely because the war had materially undermined the Soviet power.

If British, American, and Polish forces attacked the Red Army and did not reap “rapid success,” the only possible outcome would be World War III, or, in the words of the planners, “total war.” In this nightmarish scenario, the allied forces would be forced to enter first into Poland and then into the Soviet Union. To counteract the enormous disparity between the Soviet and Western numbers, the victory in this “total war” could only be obtained through a massive mobilization of forces in the United States.
What would happen if victory was not achieved in the War Unthinkable for the winter of 1945? As the Allied armies made their way through Polish territory, they could undoubtedly have more organized local support, at least in the center of the country. In the north and along the Baltic coast they would be entering the former territory of East Prussia, an area that had been part of the old German Reich and was then occupied by the Soviets, although it was practically wasteland and offered little nothing with which to sustain an invading army because the Germans, when retreating, had demolished almost all the infrastructures of the country. However, the worst was yet to come: this territory was the first part of the German Reich that occupied the Red Army and its soldiers surrendered to terror, rape and the plundering of its inhabitants. Any property that the Germans had left standing was ransacked and the crops and livestock became their booty. As in Silesia, in the north there was no organized resistance network that could coordinate sabotage or provide high-quality intelligence to the Allies, which would inevitably hamper possible allied amphibious landings on the Polish coasts.
In addition the British empire is not united to Churchill, Australia with Curtin, of Irish descent was more tie to the North American position and more when it fought ferociously with Japan in Borneo and similar thoughts with the Canada of MacKenzie King.

The events were precipitated while the planners continued working in the Operation “Impossible”. Government policies changed and the White House had a new tenant. A few days after his arrival, President Truman began to show a bully attitude towards the Soviet Union. Just before meeting for the first time with the Soviet Foreign Minister, Vyacheslav Molotov, Truman told his advisors that if the Soviets did not show up in San Francisco for the talks aimed at the creation of the United Nations, they could “go to hell.” »
The other problem that overwhelmed Churchill was the future of his own government, because he knew that as soon as the war was over, the days of the coalition were numbered. The Labor Party had agreed to support the coalition until October 1945, but for Churchill and his Conservative Party strategists it was tempting to go to the country in June, take advantage of the euphoria of the end of the conflict and cut short the growing support for the Labor Party. However, it was not difficult for international events to displace national affairs and there could be a risk of conflict with the Soviet Union in relation to Poland, the Balkans, Vienna or Trieste. On May 12, the West gave up a major advantage with the withdrawal of US forces from its front on the Elbe to a line agreed behind Eisenbach.
It is not clear how much Churchill told Montgomery on that occasion. His initial order not to destroy the German weapons was not found after the war, but it is quite possible that this document was destroyed once read, as was routine practice with many other confidential papers. In any case, it seems that the retention of German equipment was not restricted to areas controlled by the British. Later, Churchill would confirm that he had also contacted the military governor of the US occupation zone, General Eisenhower, to ensure that a similar policy was followed in American sectors. It is evident that Churchill coveted the huge amounts of German equipment, which could be useful for the West in a future conflict, but did not specify the reasons for his request, for which he gave only a vague excuse: “It is possible that one day we will do much lack”. Eisenhower replied, apparently without questioning Churchill’s motives, that, in any case, any destruction of German equipment, including aircraft, was a serious violation of the Surrender Act and would not be tolerated.

The fact that the British, through the SOE, had been helping Tito’s partisans before the Soviets entered the scene irritated Churchill a lot. And he would have been much more determined if he had known the scale of the atrocities committed by Tito’s units since the occupation of Venice Julia at the end of April. It is difficult to calculate the number of Italians killed, as many were shot and huddled in the foibas (natural wells and caves) found in the region. The partisans also eliminated Croats and Slovenes. In fact, all those who opposed the communists ran the risk of being tortured and executed, even if they had previously fought against fascism. There were also many account adjustments against former Mussolini supporters who had perpetrated a systematic slaughter of Slavs in the area. Regardless of the ethnic group to which the murdered people belonged, it is believed that between 1,000 and 6,000 adult and young men perished in the foibas.
Although Tito captured Churchill’s attention, he could not afford to ignore the events unfolding in Poland.

The main methods by which the Russians could try to attack the British Isles once reached the shores of the North Sea and the Atlantic:
– Cutting our communications by sea.
– Through the invasion.
– By air attack.
– Through the use of rockets or other new methods.

With the arrival of the fall of 1945, it was also time for Americans to take on the role of hawks in the stalemate they were in with Stalin. The United States was finally beginning to plan its plans for a post-war strategy, although there was no presidential directive or imposition by the higher authorities, as had happened with Churchill and Impensable. In this case, the initiative to prepare the reports for a post-war strategic plan was made by some members and the Joint Planning Committee of the United States (USJPS). In that phase, the plans did not include detailed operations, but rather analyzed the general military capability of the United States and its needs for military bases and reserves throughout the world.
Probably, the Operation “Unthinkable” was just another footnote that has gone unnoticed in the history of the Cold War, but in 1954 there was a strange incident involving Churchill and Montgomery and that threatened unveil the whole plan. In an inconsequential speech in his Woodford constituency, Churchill suddenly announced that in 1945 he had given Field Marshal Montgomery orders to preserve the weapons confiscated from the Germans and that he was ready to redistribute those weapons to “the German soldiers with whom we would have had to work to continue the Soviet advance ». The press, intrigued, demanded a clarification of Montgomery, which produced the ensuing dispute over whether Churchill had come to give the order formally or not. The Soviet press immediately echoed these comments, attacking the “Churchill crusade,” and critical articles were published in British and American media. The Chicago Tribune undertook it against Churchill and his wartime policy with headlines that proclaimed “Disparates on a large scale.”

It was never clear how many atomic bombs would have been necessary to break Stalin’s will. The success of the July 1945 atomic test briefly revived Churchill’s belief in the possibility of defeating communism by force, but by losing the presidency only a few weeks later, he put an end to his faith in ever managing the Unthinkable war. That witness was picked up by the Americans, who are still running with him … although the direction of the threat they face is no longer as clear as in 1945. No doubt the thinking minds of that era were both Churchill and Stalin. It is also attached with photographs and documents.

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