La historia secreta de Madrid — Ricardo Aroca / Secret History Of Madrid City by Ricardo Aroca

Este me parece un magnífico libro sobre Madrid y lo que representaba, el término Mayrit parece proceder de Mayra, que quiere decir «agua abundante», o incluso puede derivarse del latín Matrix, tras haber pasado por el visigodo Matrice, siempre con el mismo significado acuático.
La abundancia y calidad de las aguas subterráneas tuvo mucho que ver con la implantación y el desarrollo de la ciudad, y sobre todo con la decisión de Felipe II de radicar en ella la corte de forma permanente.
Conforme crecía la población se fue llevando al extremo el aprovechamiento de las aguas; de los pozos se pasó a los «viajes» para exprimir el magro caudal de las vetas arenosas.
El sistema de viajes fue capaz de abastecer a la población hasta mediados del siglo XIX, bien es verdad que con creciente dificultad, hasta que, ya entrada la segunda mitad del siglo, la gran obra de ingeniería actualmente llamada Canal de Isabel II comienza la captación de los ríos que nacen de la sierra. Hoy día Madrid cuenta con una red de pantanos que proporciona, no solo a la ciudad, sino a la región, un agua abundante y de gran calidad, y es una de las pocas ciudades del mundo en que puede beberse con agrado el agua del grifo.
No ha tenido Madrid incendios devastadores que permitieran replantear la urbe, como el de Roma en tiempos de Nerón o el de Londres durante el reinado de Isabel I, pero sí de cierta importancia.
El más decisivo para la memoria local tuvo lugar en la Navidad de 1734. Duró varios días y acabó con casi nueve siglos de historia acumulada sobre el antiguo alcázar musulmán por sucesivos monarcas, desde los Trastámara hasta los Austria. El complejo y heterogéneo edificio, malparado por las llamas y poco acorde con los gustos de la época, fue sustituido por el anodino Palacio Real.
A diferencia del alcázar de los Austria, la Plaza Mayor sigue en lo esencial el trazado de Juan de Herrera, pero los edificios que vemos han ido modificándose después de varios incendios.
La especial relación de los madrileños con la Iglesia ha tenido históricamente puntos bajos que se tradujeron durante determinados siglos en quema de herejes por parte de las autoridades eclesiásticas y, en otras ocasiones, en la de conventos y templos por la acción del pueblo transmutado en populacho para la ocasión.

Desde 1202, otro pleito, esta vez interno, que tendría consecuencias trascendentales para la enseña de la villa: el concejo civil y el cabildo eclesiástico discuten sobre el aprovechamiento de prados y montes; la disputa se alarga hasta el año 1222, con el resultado de la adjudicación de los pastos al cabildo y de la caza y los «pies de árbol» a la villa de Madrid.
El cabildo se queda con la enseña del oso paciendo en un prado, mientras que la villa pone su oso en pie y lo sitúa contra un árbol en el que crecen frutos rojos, que lucían bien en la enseña, cuya identificación con los del madroño (prácticamente no había madroños en los montes madrileños) se produciría mucho más tarde.
Las siete estrellas, de ocho puntas, se desprenden del lomo del animal y quedan tres a cada lado del escudo y una en el vértice inferior.

San Jerónimo el Real, fundado por los Reyes Católicos es, sin duda, el edificio más antiguo de Madrid, aunque muy retocado y alterado. El monasterio tardogótico, de cuya fábrica original solo queda la arquería del claustro, hoy integrada en la ampliación del Museo del Prado, fue el germen de lo que andando el tiempo sería el Palacio del Buen Retiro.

La nueva plaza de toros, obra de los arquitectos Rodríguez Ayuso y Álvarez Capra, pone de moda el estilo neomudéjar de arquitectura de ladrillo visto, obligado desde entonces para los cosos taurinos y que en otro tipo de construcción, especialmente iglesias y edificios públicos, pasa durante unas décadas a competir con el neorrománico, el neogótico y con diversas versiones cultas más o menos pintorescas de las arquitecturas regionalistas en las construcciones de promoción privada.
Para dejar terminada la cuestión taurina, cabe señalar, que la plaza de toros de la calle Goya no tuvo larga vida debido a su escaso aforo.
En el año 1879 empieza a circular por Madrid el primer tranvía de vapor, en sustitución de los tirados por caballos, que funcionaban desde 1871.
En 1883, el rey pone la primera piedra de la Catedral de la Almudena en su actual emplazamiento, cedido por el Patrimonio Nacional, órgano que administraba las antiguas posesiones reales. Las obras, que habían de durar casi un siglo, hasta 1965, empiezan por una cripta neorrománica proyectada por el marqués de Cubas, sobre la que habría de levantarse una catedral neogótica que acabó teniendo el actual exterior neoclásico, obra de Fernando Chueca.
En 1884 se inaugura el cementerio de la Almudena.

Ya en 1854 se inicia en Londres, para resolver los problemas de tráfico, la construcción de una línea de ferrocarril subterráneo que no sería operativa hasta nueve años después.
La salida de humos de las locomotoras de vapor obligaba a ventilar el túnel mediante grandes huecos que se disimulaban con falsas fachadas de casas. En 1890 las locomotoras eléctricas resolvieron los problemas de ventilación y permitieron una rápida expansión del sistema, que fue adoptado como solución al transporte en las grandes ciudades.
París abrió su primera línea de metro con motivo de la exposición de 1900, y en Madrid, ya en 1892, Pedro García Faria, más con intención de tomar posiciones que de llevar realmente a cabo la empresa, obtuvo una concesión para construir y explotar cinco líneas de ferrocarril subterráneo, de la que no llegó a hacer uso.
En 1910 vivían en Madrid 600 000 de los veinte millones de habitantes del país (un 3 por ciento).
El transporte público se resolvía mediante tranvías, cuyo proceso de electrificación había concluido en 1906. En 1913 los ingenieros de Caminos Miguel Otamendi, Carlos Mendoza y Antonio González Echarte presentan el proyecto de un sistema de ferrocarril subterráneo de cuatro líneas, con una longitud total de 154 kilómetros, en el que intervendría también el arquitecto Antonio Palacios (colaborador de Joaquín Otamendi) para el diseño de las estaciones.
Obtuvieron la concesión en 1916, pero para reunir el capital necesario hallaron dificultades, finalmente solventadas gracias al apoyo de Alfonso XIII, que invirtió en la empresa un millón de pesetas de los diez con que inició sus trabajos la Compañía Metropolitana Alfonso XIII, así denominada en agradecimiento al apoyo real.
Cuando se proyecta la primera línea de metro se decide que los trenes circulen por la izquierda (que fue la «mano» de circulación en Madrid hasta 1926, mientras que en Barcelona se circuló siempre por la derecha), criterio que se ha mantenido para la red convencional, si bien el llamado «metro ligero» circula por la derecha.
La primera línea se inauguró por el rey en 1919. En la Guerra Civil las estaciones de metro sirvieron de refugio durante los bombardeos. Acabada la contienda, continuó la lenta expansión de la red, que en 1972 tenía 27,6 km de túneles.
Durante la dictadura de Franco el bajo precio (político) de los billetes de metro no permitía renovar material ni ampliar líneas, situación que acabó haciendo inviable la compañía, que, tras diversos avatares, se convirtió en una empresa pública en 1979.
La titularidad pública impulsa un plan de ampliación que en 1983 eleva la longitud de la red a más de 100 kilómetros y en 2010 a 317 km, hasta constituir una de las redes de ferrocarril subterráneo más extensas del mundo.

La primera idea de lo que sería sucesivamente Avenida de la Paz, M30 y Calle 30 surge en el proceso de elaboración de lo que en 1964 constituirían las bodas de plata del régimen franquista: «los 25 años de paz». Y ¿qué mejor conmemoración que trazar un nuevo eje norte-sur aprovechando el cauce del arroyo Abroñigal?
Se construye sobre el cauce entubado del antiguo arroyo una gran autopista acorde con los tiempos, bautizada adecuadamente como Avenida de la Paz. Como la cosa no es tan sencilla, se urbaniza mientras tanto Arturo Soria, y luego se piensa que puede completarse el proyecto volviendo otra vez hacia el norte, siguiendo el cauce del Manzanares, que había sido el gran obstáculo para el cierre de los dos intentos anteriores de hacer un anillo de circunvalación (ni los bulevares sobre la cerca de Felipe IV ni el camino de Ronda del ensanche de Castro, que en ambos casos comenzaban y terminaban en el río, permitían dar la vuelta a la ciudad).
Un tercer ramal que debía cerrar el anillo por el norte debió esperar aún casi veinte años, ya que la autopista debía transcurrir junto al Barrio del Pilar, una de las realizaciones de Banús en los años cincuenta. El proyecto de la autopista tuvo el efecto de galvanizar a la población del barrio cuando a principios de los años setenta la conflictividad social empezaba a hacerse pública, ello fue retrasando el inicio de las obras hasta que a finales de la década, siendo ya alcalde Tierno Galván, se llegó a una solución equivocada y tremendamente costosa. Los nuevos mandatarios democráticos, en lugar de ruidosas autopistas iban a construir vías tranquilas y culturales, así nació la Avenida de la Ilustración, desde luego con semáforos e ilustrada con cuatro importantísimas esculturas, entre ellas una en bronce de veinte metros de altura de un hombre desnudo, obra del pintor Antonio López.

En los años sesenta se construyen los primeros aparcamientos públicos subterráneos (en 1920 se había edificado uno en superficie en la plaza de Santo Domingo, cerca de la Gran Vía, que tenía tres pisos aprovechando el fuerte desnivel de la plaza) y a mediados de la década se obliga a que todos los nuevos edificios tengan una dotación de plazas de aparcamiento.
En los noventa, superada la depresión económica que acompaña a la Transición, y bajo los efectos de la entrada en la Comunidad Europea, el Ayuntamiento intensifica la producción de vías a distinto nivel, construyendo pasos subterráneos, algunos de los cuales, como el de la Plaza de Oriente, junto al Palacio Real, fueron objeto de fuerte contestación por algunos sectores de la población.

Al no fructificar la candidatura olímpica, la ansiada gran inversión estatal carecía de justificación de cara al resto del país, y con motivo de su candidatura a la alcaldía de Madrid, Ruiz Gallardón planteó el año 2003 la remodelación de la M30 que había sido construida por el Gobierno central y seguía teniendo consideración de autovía nacional, con el mantenimiento a cargo del Estado.
Para poder llevar a cabo la remodelación, obtuvo la cesión al Ayuntamiento de la vía, con lo que consiguió que la obra se realizase a costa de los vecinos de la capital, sin considerar, en un alarde de generosidad, la solución intermedia de que cargara con la factura el Gobierno autónomo (se trata realmente más bien de una infraestructura regional, sobre todo para ser utilizada por el millón de automóviles en que los vecinos de los municipios próximos llegan cada día a Madrid, que por los moradores de la capital).
La vía de circunvalación pasó a llamarse «Calle 30». Se remodelaron con acierto los nudos de acceso y, lo más importante de la obra: se enterraron varios kilómetros de autopista a lo largo del río Manzanares, con objeto de recuperar su cauce para un parque lineal en el que se ubicarán unos cuantos objetos arquitectónicos mucho más complicados y caros de lo necesario, de grandes firmas de la arquitectura mundial.

En lo relativo al nombre de la catedral (el de la patrona de la ciudad), la explicación más sencilla, y por lo tanto la más probable, es su situación en el lugar que ocupaba la primitiva iglesia de Santa María, en el centro de la Almudaina, construida sobre la mezquita musulmana inmediatamente después de la conquista. Como con el paso de los siglos no quedaba bien que la Villa y Corte estuviera en una ciudad fundada por los musulmanes, se forjó la leyenda de una imagen de la virgen venerada en la (inexistente) ciudad cristiana, que para evitar la profanación por los infieles durante la conquista fue escondida, bien en un almacén de trigo, bien en un cubo de la muralla, y hallada milagrosamente después de la reconquista cristiana.
Convenientemente distanciado el poder religioso, la muy católica Monarquía española encontró otros medios de dar pública fe de su piedad a través de la fundación de monasterios, santuarios, etc., aumentando el ya importante acervo que existía de antiguo en la ciudad.

La implantación cristiana más antigua de Madrid estaba en el lugar en que hoy se halla el edificio neobizantino del Panteón de Hombres Ilustres, junto a la estación de Atocha, donde probablemente existió de siempre un enclave sagrado que fue cambiando de religión según tocara.
Según una leyenda, hacia el año 720 un supuesto caballero madrileño (en Madrid no había, que se sepa, asentamientos anteriores al siglo IX), don Gracián Ramírez, devoto de una imagen de la virgen perdida y encontrada entre la «hierba tocha» (el término parece referirse a una hierba especialmente alta y robusta que debía de haber en el lugar), edificó en el sitio del hallazgo una capilla.
Creyendo los moros que la capilla era en realidad una fortificación, se aprestaron a destruirla, a lo que don Gracián y los suyos intentaron oponerse en un desigual combate. Ante lo imposible de la victoria, don Gracián tomó la razonable precaución de degollar a su mujer e hijas para evitar que fueran ultrajadas por los victoriosos infieles. Ganada milagrosamente la batalla gracias a la intercesión de la imagen, al volver al santuario don Gracián las halló vivas, en un precedente medieval de las posibilidades de resetear que ofrece hoy día la informática.

La santa esposa de san Isidro es conocida con el apelativo de santa María de la Cabeza porque existió durante siglos la costumbre de pasear esta parte de su anatomía en procesión para implorar la lluvia en épocas de sequía.
Los restos mortales de san Isidro fueron desenterrados en 1212 por orden del rey Alfonso VIII, que pudo reconocer en el cadáver incorrupto al pastor que milagrosamente le había guiado por el atajo que le permitió atacar la retaguardia del ejército musulmán, lo que fue clave para su victoria en Las Navas de Tolosa.
De esta forma «el santo» echó también a título póstumo una mano en la empresa de la Reconquista, aunque de forma más discreta que el apóstol Santiago, ya que no consta que tras guiar a las tropas cristianas interviniera personalmente en la batalla.

According to me a magnificent book about Madrid and what it represented, the term Mayrit seems to come from Mayra, which means “abundant water”, or it can even be derived from the Latin Matrix, after having passed through the Visigoth Matrice, always with the same meaning water.
The abundance and quality of the groundwater had a lot to do with the implantation and development of the city, and especially with the decision of Philip II to settle the court permanently.
As the population grew, the use of water was taken to the extreme; from the wells, the “trips” were used to squeeze out the meager volume of the sandy veins.
The travel system was able to supply the population until the mid-nineteenth century, it is true that with increasing difficulty, until the second half of the century, the great engineering work now called Canal de Isabel II begins the catchment of the rivers that come from the mountains. Nowadays, Madrid has a marsh network that provides, not only the city, but the region, with abundant and high-quality water, and is one of the few cities in the world where tap water can be drunk with pleasure. .
Madrid has not had devastating fires that allowed the city to be reconsidered, such as the one in Rome during the times of Nero or that of London during the reign of Isabel I, but it did have some importance.
The most decisive for the local memory took place at Christmas of 1734. It lasted several days and ended with almost nine centuries of accumulated history on the old Muslim fortress by successive monarchs, from the Trastámara to Austria. The complex and heterogeneous building, damaged by the flames and little according to the tastes of the time, was replaced by the anodyne Royal Palace.
Unlike the Alcázar of the Austrians, the Plaza Mayor follows in essence the layout of Juan de Herrera, but the buildings we see have been modified after several fires.
The special relationship of the people of Madrid with the Church has historically had low points that were translated during certain centuries in burning of heretics by the ecclesiastical authorities and, in other occasions, in that of convents and temples by the action of the people transmuted into populace for the occasion.

From 1202, another lawsuit, this time internal, that would have transcendental consequences for the town’s banner: the civil council and the ecclesiastical council discuss the use of meadows and mountains; the dispute lasted until the year 1222, with the result of the allocation of the pastures to the cabildo and of the hunting and the “tree feet” to the town of Madrid.
The town council keeps the bear’s label in a meadow, while the village puts its bear on its feet and places it against a tree in which red fruits grow, which looked good on the banner, whose identification with those of the strawberry tree ( there were practically no madronenes in the Madrid mountains) would occur much later.
The seven stars, of eight points, are detached from the back of the animal and there are three on each side of the shield and one in the lower vertex.

San Jerónimo el Real, founded by the Catholic Monarchs is undoubtedly the oldest building in Madrid, although it has been altered and altered. The late Gothic monastery, whose original factory is only the arcade of the cloister, today integrated into the expansion of the Prado Museum, was the germ of what would eventually be the Buen Retiro Palace.

The new bullring, the work of the architects Rodríguez Ayuso and Álvarez Capra, makes fashionable the neomudéjar style of brick architecture, forced since then for bullfighting and in other types of construction, especially churches and public buildings, passes for a few decades to compete with neo-Romanesque, Neo-Gothic and with various versions more or less picturesque cultured regionalist architecture in private development constructions.
To end the bullfighting question, it should be noted that the bullring on Goya Street did not have a long life due to its limited capacity.
In 1879, the first steam tram began to circulate in Madrid, replacing the horse-drawn ones, which had been in operation since 1871.
In 1883, the king laid the first stone of the Cathedral of Almudena in its current location, given by the National Heritage, the body that administered the former royal possessions. The works, which were to last almost a century, until 1965, begin with a Neo-Romanesque crypt designed by the Marquis of Cubas, on which a Neo-Gothic cathedral was built, which ended up with the current Neoclassical exterior, the work of Fernando Chueca.
In 1884 the cemetery of the Almudena is inaugurated.

As early as 1854, in London, to solve the problems of traffic, the construction of an underground railway line that would not be operational until nine years later.
The exit of fumes from the steam locomotives forced to ventilate the tunnel by means of large hollows that were concealed with false facades of houses. In 1890 the electric locomotives solved the problems of ventilation and allowed a rapid expansion of the system, which was adopted as a solution to transport in large cities.
Paris opened its first metro line on the occasion of the 1900 exhibition, and in Madrid, as early as 1892, Pedro García Faria, more with the intention of taking positions than actually carrying out the company, obtained a concession to build and exploit five Underground railway lines, which he did not use.
In 1910, 600,000 of the 20 million inhabitants of the country (3 percent) lived in Madrid.
Public transport was solved by trams, whose electrification process had been completed in 1906. In 1913 the engineers Miguel Otamendi, Carlos Mendoza and Antonio González Echarte presented the project of a four-lane underground railway system, with a total length of 154 kilometers, in which the architect Antonio Palacios (collaborator of Joaquín Otamendi) would also intervene to design the stations.
They obtained the concession in 1916, but to gather the necessary capital they found difficulties, finally solved thanks to the support of Alfonso XIII, who invested in the company a million pesetas of the ten with which the Alfonso XIII Metropolitan Company, named in thanks to the real support.
When the first metro line is planned, it is decided that trains circulate on the left (which was the “hand” of circulation in Madrid until 1926, while in Barcelona it was always circulated on the right), a criterion that has been maintained for the conventional network, although the so-called “light meter” circulates on the right.
The first line was inaugurated by the king in 1919. In the Civil War the subway stations served as a refuge during the bombings. After the war, continued the slow expansion of the network, which in 1972 had 27.6 km of tunnels.
During the dictatorship of Franco the low price (political) of the metro tickets did not allow to renew material or expand lines, situation that ended up making the company unviable, which, after various ups and downs, became a public company in 1979.
The public ownership drives an expansion plan that in 1983 increases the length of the network to more than 100 kilometers and in 2010 to 317 km, to constitute one of the most extensive underground railway networks in the world.

The first idea of ​​what would successively be Avenida de la Paz, M30 and Calle 30 arises in the process of elaboration of what in 1964 would constitute the silver jubilee of the Franco regime: “the 25 years of peace.” And what better commemoration than to draw a new north-south axis taking advantage of the channel of the Abroñigal stream?
It is built on the piped channel of the old stream a great highway according to the times, appropriately named Avenida de la Paz. As the thing is not so simple, Arturo Soria is urbanized in the meantime, and then it is thought that the project can be completed by returning again to the north, following the course of the Manzanares, which had been the great obstacle for the closure of the two attempts previous to make a ring of circumvallation (neither the boulevards on the fence of Felipe IV nor the road of Ronda of the widening of Castro, that in both cases began and ended in the river, allowed to give the return to the city).
A third branch that had to close the ring by the north had to wait still almost twenty years, since the highway had to pass next to the District of the Pillar, one of the realizations of Banús in the Fifties. The highway project had the effect of galvanizing the neighborhood’s population when, at the beginning of the 1970s, social unrest began to be made public, this delayed the beginning of the works until, at the end of the decade, being already Mayor Tierno Galván, a wrong and tremendously expensive solution was reached. The new democratic leaders, instead of noisy highways, were going to build calm and cultural roads, thus the Avenue of the Enlightenment was born, of course with traffic lights and illustrated with four very important sculptures, among them one twenty meters high bronze of a man naked, by the painter Antonio López.

In the sixties the first underground public car parks were built (in 1920 one had been built on the surface in the Plaza de Santo Domingo, near the Gran Vía, which had three floors taking advantage of the steep slope of the square) and in the middle of the decade it is obliged that all new buildings have a provision of parking spaces.
In the nineties, overcome the economic depression that accompanies the Transition, and under the effects of entry into the European Community, the City Council intensifies the production of roads at different levels, building underground passages, some of which, such as the Plaza de Oriente, next to the Royal Palace, were the object of a strong response by some sectors of the population.

When the Olympic candidacy did not succeed, the long-awaited state investment lacked justification for the rest of the country, and on the occasion of his candidacy for the mayoralty of Madrid, Ruiz Gallardón proposed the year 2003 the remodeling of the M30 that had been built by the central government and continued to be considered a national highway, with maintenance by the State.
To be able to carry out the remodeling, it obtained the cession to the City council of the route, with which it obtained that the work was realized at the expense of the neighbors of the capital, without considering, in a bounty of generosity, the intermediate solution of that it will load with the bill the autonomous government (it is really rather a regional infrastructure, especially to be used by the million cars in which the neighbors of the nearby municipalities arrive every day to Madrid, than by the inhabitants of the capital).
The ring road was renamed “Calle 30”. The access knots were remodeled with success and, most important of the work: several kilometers of highway were buried along the Manzanares river, in order to recover its channel for a linear park in which a few architectural objects will be located. more complicated and expensive than necessary, of large firms in world architecture.

Regarding the name of the cathedral (that of the patron saint of the city), the simplest explanation, and therefore the most probable one, is its location in the place occupied by the primitive church of Santa María, in the center of the Almudaina, built on the Muslim mosque immediately after the conquest. As over the centuries it was not good for the Villa and Court to be in a city founded by the Muslims, the legend of an image of the virgin worshiped in the (nonexistent) Christian city was forged, that to avoid desecration by the infidels during the conquest was hidden, either in a warehouse of wheat, or in a bucket of the wall, and miraculously found after the Christian reconquest.
Conveniently distanced religious power, the very Catholic Spanish monarchy found other means of publicizing faith in their piety through the founding of monasteries, sanctuaries, etc., increasing the already important heritage that existed in the old city.

The oldest Christian establishment in Madrid was in the place where the neo-Byzantine building of the Pantheon of Illustrious Men is located, next to the Atocha station, where probably there was always a sacred enclave that was changing religion as it touched.
According to a legend, around the year 720 a supposed Madrid gentleman (in Madrid there were no known settlements before the ninth century), Don Gracián Ramírez, devotee of an image of the lost virgin and found among the “grass tocha” ( the term seems to refer to an especially tall and robust herb that must have been in place), built on the site of the find a chapel.
The Moors, believing that the chapel was in fact a fortification, prepared to destroy it, to which Don Gracián and his followers tried to oppose each other in unequal combat. Faced with the impossible of victory, Don Gracian took the reasonable precaution of slaughtering his wife and daughters to prevent them from being insulted by the victorious infidels. Miraculously won the battle thanks to the intercession of the image, when returning to the sanctuary Don Gracián found them alive, in a medieval precedent of the possibilities of resetting that computer science offers today.

The holy wife of San Isidro is known by the name of Santa Maria de la Cabeza because there was for centuries the habit of walking this part of her anatomy in procession to implore the rain in times of drought.
The mortal remains of San Isidro were unearthed in 1212 by order of King Alfonso VIII, who was able to recognize in the incorrupt corpse the shepherd who had miraculously guided him through the shortcut that allowed him to attack the rear of the Muslim army, which was key to his victory in Las Navas de Tolosa.
In this way “the saint” also posthumously put a hand in the enterprise of the Reconquest, although more discreetly than the apostle James, since it does not appear that after guiding the Christian troops intervened personally in the battle.

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