Nación TV: La novela de Televisa — Fabrizio Mejía Madrid / Nation TV. by Fabrizio Mejía Madrid

Esta es una interesante novela sobre el emporio de los mass media, llámese Televisa, Grupo Prisa,  la familia Azcárraga y sus diversas generaciones, un entretenido libro de Fabrizio Mejía que recopila los secretos a voces del monopolio televisivo más grande de Latinoamérica: Televisa. Bien documentado y de ágil lectura, es una lectura recomendable. Aunque es lógico de esperarse, quedan cortas algunas historias y varias se quedan en anécdotas. Para leer y enterarse del lado oscuro de la televisión.

El edificio frente al que estamos, Chapultepec 18, es hoy Televisa. Pero, en un inicio, un 18 de septiembre de 1943, Azcárraga Vidaurreta, el concesionario de la RCA Victor en México —el perro hipnotizado y mudo ante el fonógrafo—, pensó en una ciudad para su estación de radio, la XEW. La ciudad se llamaría Radiópolis. La idea de qué hacer con ese enorme terreno —6 160 metros cuadrados— en el extremo de la colonia Doctores fue cambiando hasta el 12 de enero de 1952, cuando se inauguró como Televicentro. Con seis pisos, tres teatro-estudios para 600 personas cada uno, 18 foros y una torre de 50 metros que, sumada a la altura misma del edificio, daba un nivel para la antena de 75 metros desde el que los técnicos podían ver Avenida Chapultepec, Balderas, y mandar señales desde ahí a lo que siempre fue una aspiración: América Latina.

—Refleja ese mundo fantástico que sucede adentro de esta casa de locos. Está compuesto por un camarógrafo, el productor y el director de audio. En los frisos interventanales es el nombre de Televicentro, luego viene el deporte, desde las caminatas de nuestros indígenas prehispánicos, la música y el baile representados por una sirena, teatro y cine con las escenas de amor, una vampiresa, el Loco Valdés, el drama emocional, para finalizar con el suspenso… Bueno, pero yo siempre he sabido venderles cosas que no sirven para nada. Como decía mi padre: nosotros vendemos aire —dijo Azcárraga algo molesto.
Peter Price tomó la perilla de la puerta para salir de la oficina de Azcárraga y pudo ver un papel con una leyenda: “Hay dos versiones de cada historia. La tuya me vale madres”. Price lo entendió porque estaba escrito en inglés.
Un año cuatro meses y 100 millones de dólares más tarde, The National cerró sus oficinas en Nueva York. Para desquitarse, Emilio se compró un yate todavía más grande: 74 metros con un hidroplano para salir huyendo si llegaba a encallar. El nombre que le puso dejaba ver sus frustraciones con Estados Unidos: le puso ECO, como la cadena continental de noticias en español que había naufragado en Miami.
Entre 1991 y 1993 Emilio logró, de la mano del presidente Carlos Salinas de Gortari, su objetivo: controlar, con 47 por ciento de las acciones, la propiedad sobre Televisa. Si iba a ser una televisora global, debía tener una sola mano detrás. La suya. El 21 de enero, después de las vacaciones de Azcárraga entre sus yates, O’Farrill y Alemán vendieron sus acciones…

“La Deuda Alameda” fue producto de esa tarde de septiembre de 1993. Mil millones que Emilio no podría pagar ni en 1993 ni al año siguiente cuando su amigo el presidente tenía ya una guerrilla mediática en Chiapas, un candidato asesinado a cuadro en Tijuana y una crisis económica provocada porque nadie quería pagar sus créditos, porque el salinismo se había acabado por su punto más débil: la ilusión se desvanece en segundos. Y los empresarios sacaron sus dólares del país, escandalizados por la inestabilidad. Los mil millones de dólares para Emilio llevaron a quien se los prestó, por cabildeos del presidente Salinas, a un comunicado: “Banamex se declara, a partir de esta fecha, insolvente”.
Había comenzado la larga crisis de 1995.
Pero, a finales de 1993, Emilio había celebrado la compra de todas las acciones de Televisa con otra boda, una más, con la veracruzana que había concursado por el título Miss Universo en 1989, Adriana Abascal.

Gloria Treviño, la Trevi, era una creación de Televisa: una chica con el cabello revuelto, la ropa cuidadosamente deshilvanada, que cantaba tirándose al suelo y le quitaba la camisa al primer señor que estuviera contratado para aparecer sorprendido en primera fila. Era la versión de la rebeldía fabricada desde una de las regiones más conservadoras de México, la ciudad de Monterrey, de donde había salido la cerveza que abastecía al Estadio Azteca. Pero eso no le importó a Daniel Jiménez en Bogotá: disfrazó a su hija, Morelia, con pantalones rotos, collares, el pelo suelto. Analizó cada uno de los movimientos planeados de la Trevi en el escenario e hizo que su hija los ensayara para ganar el dudoso premio de ser la doble de una cantante de la frontera norte de México. No se especificaba en las bases, pero ganar ese concurso era abrirle la puerta a su hija a la televisión, la fama, y “la plata”. La propia Gloria Trevi era producto de un concurso similar: la doble de la cantante Lucerito, Chispita, bautizada así por la telenovela del chileno Valentín Pimstein.  Para la televisión mexicana Gloria Trevi era un teatralización de las libertades que abominaba: la de expresión y la sexual. Era su salida ante una época que exigía que se ampliaran los límites de la famosa “filosofía Televisa” —unidad familiar, nacional y religiosa— y decidió aceptar que se rompieran sólo los pantalones. Como resultado, Gloria Trevi no fue un ídolo de los jóvenes sino de las niñas. Se veían reflejadas en sus pataletas.

La idea de la “lista negra” de Televisa consistía en no dejar entrar a sus instalaciones a quien se hubiera ido a otra televisora, así fuera de Italia o Miami. Con la nueva competencia local de TV Azteca, el efecto se duplicaba, pero en contra de los artistas. Salinas Pliego tenía una idea similar a la de Azcárraga:
—Como están vetados de Televisa, si quieren trabajar en mi canal se aguantan lo que sea. No les queda de otra. Bueno, sí les queda: desaparecer.
En 1996 finalmente el dueño de TV Azteca cita en sus oficinas a Gloria Trevi para ofrecerle un millón de dólares para filmar una telenovela.

Chespirito, la resignación a la cachetada es un valor y la justicia es sólo una “chiripa”, un azar, un burro que tocó la flauta. No era casual que los temperamentos más violentos de América Latina, Pinochet y Turbay, lo recibieran con un trato de jefe de Estado.
Pero Chespirito nunca entendió eso. Para él, los 30 millones que el Tigre Azcárraga le contabilizó como audiencia significaban un futuro de homenajes, premios literarios, medallas. Y, como no venían pronto, se amargaba. Desaforado por los reconocimientos todavía no logrados, Chespirito rompió en 1977 el bloqueo que México mantenía con la dictadura de Pinochet y se presentó en dos funciones en el Estadio Nacional. Chespirito se dio de cachetadas con don Ramón, la Chilindrina y Quico, encima de los cadáveres de los detenidos en ese mismo estadio de futbol el 11 de septiembre de 1973. Los cómicos se vistieron en los mismos camerinos en los que los jóvenes chilenos fueron torturados. En los mismos camerinos en los que gritaron, electrocutados, sangrando, pidiendo que parara la masacre; hasta que, en algún segundo, dejaron de existir.

Televisa se planteó crear un presidente de México. Era una tarea enorme, sugerida por el amigo de su padre, el ex presidente Carlos Salinas. ¿Cómo crear un personaje elegible? Ésa era toda una tarea para sus mercadólogos, para sus publicistas, para los expertos en tramas “ABCD” de sus telenovelas. Para ello, Emilio III se quedó pensando con un dedo en el labio y designó a Alejandro Quintero como promocionador de los éxitos del gobernador del Estado de México, el candidato de Televisa a la presidencia de México; a Pedro Torres, el productor de telenovelas, como jefe de campañas, y a Alejandra Lagunes, del sitio de internet de Televisa, como jefa de relaciones en la red. Era pensar a largo plazo: faltaban siete años para la elección presidencial.

This is an interesting novel about the emporium of the mass media, call Televisa, Grupo Prisa, the Azcárraga family and its diverse generations, an entertaining book by Fabrizio Mejía that collects the secrets of the largest television monopoly in Latin America: Televisa. Well documented and agile reading, is a recommended reading. Although it is logical to expect, some stories are short and several are left in anecdotes. To read and learn about the dark side of television.

The building in front of which we are, Chapultepec 18, is today Televisa. But, initially, on September 18, 1943, Azcárraga Vidaurreta, the dealer of RCA Victor in Mexico – the dog hypnotized and mute before the phonograph, thought of a city for his radio station, the XEW. The city would be called Radiópolis. The idea of ​​what to do with this enormous land -6 160 square meters- at the end of the Doctores colony was changing until January 12, 1952, when it was inaugurated as Televicentro. With six floors, three theater-studios for 600 people each, 18 forums and a tower of 50 meters that, added to the height of the building, gave a level for the antenna of 75 meters from which technicians could see Chapultepec Avenue , Balderas, and send signals from there to what was always an aspiration: Latin America.

-Reflects that fantastic world that happens inside this crazy house. It is composed of a cameraman, the producer and the audio director. In the intervener friezes is the name of Televicentro, then comes the sport, from the walks of our indigenous pre-Hispanic, music and dance represented by a mermaid, theater and cinema with scenes of love, a vampire, the Loco Valdés, the emotional drama, to end with the suspense … Well, but I’ve always known how to sell things that are useless. As my father used to say: we sell air, “said Azcárraga, somewhat annoyed.
Peter Price took the knob on the door to leave the Azcárraga office and could see a paper with a caption: “There are two versions of each story. Yours, I’m worth mothers. ” Price understood it because it was written in English.
One year four months and 100 million dollars later, The National closed its offices in New York. To get even, Emilio bought himself an even bigger yacht: 74 meters with a hydrofoil to run away if he ran aground. The name he gave her showed her frustrations with the United States: she put ECO on her, like the continental news channel in Spanish that had been wrecked in Miami.
Between 1991 and 1993 Emilio managed, in the hands of President Carlos Salinas de Gortari, his goal: to control, with 47 percent of the shares, the ownership of Televisa. If it was going to be a global television station, it had to have only one hand behind it. Yours. On January 21, after the vacations of Azcárraga among his yachts, O’Farrill and Alemán sold their shares …

“The Alameda Debt” was the product of that afternoon of September 1993. A million that Emilio could not pay in 1993 or the following year when his friend the president already had a media guerrilla in Chiapas, a candidate assassinated in Tijuana and box an economic crisis caused because nobody wanted to pay their credits, because Salinism had ended at its weakest point: the illusion vanishes in seconds. And the businessmen took their dollars out of the country, shocked by the instability. The billion dollars for Emilio led to the person who lent them, through lobbying by President Salinas, to a communiqué: “Banamex declares himself insolvent as of this date.”
The long crisis of 1995 had begun.
But, at the end of 1993, Emilio had celebrated the purchase of all the shares of Televisa with another wedding, one more, with the Veracruz that had competed for the title Miss Universe in 1989, Adriana Abascal.

Gloria Treviño, the Trevi, was a creation of Televisa: a girl with her hair disheveled, her clothes carefully disheveled, she sang throwing herself on the ground and took off the shirt to the first gentleman who was hired to appear surprised in the front row. It was the version of rebellion manufactured from one of the most conservative regions of Mexico, the city of Monterrey, where the beer that supplied the Azteca Stadium had come from. But that did not matter to Daniel Jiménez in Bogotá: he disguised his daughter, Morelia, with torn pants, necklaces, loose hair. He analyzed each of Trevi’s planned movements on stage and had his daughter rehearse them to win the dubious prize of being the double of a singer from Mexico’s northern border. It was not specified in the bases, but to win that contest was to open the door to his daughter to television, fame, and “silver.” Gloria Trevi itself was the product of a similar contest: the double of the singer Lucerito, Chispita, named after the Chilean telenovela Valentín Pimstein. For Mexican television Gloria Trevi was a dramatization of liberties that abominated: the expression and the sexual. It was his departure before a time that demanded that the limits of the famous “Televisa philosophy” -family, national and religious unity-be extended and he decided to accept that only his pants would be broken. As a result, Gloria Trevi was not an idol of the young but of the girls. They were reflected in their tantrums.

The idea of ​​the “black list” of Televisa consisted in not letting enter its facilities to who had gone to another television station, so outside of Italy or Miami. With the new local TV Azteca competition, the effect doubled, but against the artists. Salinas Pliego had an idea similar to that of Azcárraga:
-As they are vetoed from Televisa, if they want to work on my channel they can stand anything. They have no other. Well, they do: disappear.
In 1996 finally the owner of TV Azteca cites Gloria Trevi in ​​his offices to offer him a million dollars to film a soap opera.

Chespirito, the resignation to the slapping is a value and justice is just a “chiripa”, a chance, a donkey that played the flute. It was not by chance that the most violent temperaments in Latin America, Pinochet and Turbay, received him as a head of state.
But Chespirito never understood that. For him, the 30 million that Tigre Azcárraga counted him as audience meant a future of tributes, literary prizes, medals. And, since they did not come soon, he became bitter. Outraged by the recognitions not yet achieved, Chespirito broke the blockade that Mexico had with the Pinochet dictatorship in 1977 and appeared in two functions at the National Stadium. Chespirito slapped Don Ramón, Chilindrina and Quico, on top of the bodies of the detainees in that same soccer stadium on September 11, 1973. The comedians dressed in the same dressing rooms in which young Chileans were tortured . In the same dressing rooms where they shouted, electrocuted, bleeding, asking to stop the massacre; until, at some second, they ceased to exist.

Televisa decided to create a president of Mexico. It was a huge task, suggested by his father’s friend, former president Carlos Salinas. How to create an eligible character? That was quite a task for their marketers, for their publicists, for the experts in “ABCD” plots of their telenovelas. For this, Emilio III kept thinking with a finger on his lip and appointed Alejandro Quintero as promoter of the successes of the governor of the State of Mexico, the Televisa candidate for the presidency of Mexico; Pedro Torres, the telenovela producer, as campaign manager; and Alejandra Lagunes, Televisa’s website, as head of network relations. It was long-term thinking: seven years were missing for the presidential election.

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