Madrid. La novela — Antonio Gómez Rufo

Esta obra debo decir que me decepciona pero la considero interesante y en que se define esta concepción, no es una novela y menos como hace Edward Rutherfurd con historias familiares de generaciones a través de París, Londres, Irlanda… Mucho mejor que Ken Follett, aquí aparecen 3 familias como los Tarazona pero de una manera deslabazada, sin argumentación, algo como ya que estamos de paso y en este concepto no es una obra novelada.

Sin embargo es una novela que habla sobre mi ciudad Madrid y en este término como libro de anécdotas me parece curioso e interesante y lo interesante para mí de este libro, Madrid que quizás del magerit musulman a los ciudadanos madrileños se los denomina gatos por gato que demostró cómo escalar la muralla cuchillo en boca, que decir de la puerta del Sol llamada así como homenaje al astro, pero nos va adentrando en la “posada del peine”. Que decir de sobre la muerte de Cervantes un día antes de Shakespeare por el calendario juliano y donde se pone en duda los restos del convento de las trinitarias, nos lleva igualmente al motín de los gatos u oro pesa, el pueblo de Madrid pasaba mucho hambre, la Corte costaba demasiado dinero. La importancia de los serenos y sus jefes , los “cavezones”. A todo ello el odio de Felipe V por el Alcázar y el fuego no sabemos si provocado, lugares maravillosos como la segunda más antigua cerería del mundo como “la de la Santa Cruz”, el incendio de Lavapiés, el género chico, la zarzuela, la feria del libro a partir de 1933 con el parque del Retiro, la casa de campo fue un fiasco…
La fuente de La Cibeles tuvo desde el principio una gran utilidad para los madrileños. Tenía dos caños que se mantuvieron rústicos hasta 1862. De uno se surtían los aguadores oficiales que llevaban el agua hasta las casas, y del otro caño se servían directamente los vecinos de Madrid. En el pilón bebían las caballerías. El agua procedía de un viaje de aguas que, según la tradición, databa de la Edad Media, del Madrid musulmán, y gozaba de una fama muy extendida porque se decía que poseía propiedades curativas de cualquier mal.
Los caños, incómodos y de difícil acceso, estaban donde hoy saltan los surtidores. Precisamente por eso, en el año 1862, el Ayuntamiento decidió cambiarlos por dos figuras simbólicas de las que manaba un gran caudal de agua: un oso y un grifo, esa criatura mitológica que es mitad águila y mitad león, dispuestos de manera que fuera sencillo para los vecinos acceder a ellos.
A través de los años, en una nueva remodelación, la verja desapareció sin que el Ayuntamiento diera explicación alguna y la gente se olvidó de ella, hasta que a finales del siglo XX se dio con su paradero por casualidad y la prensa informó de ello: ahora se halla en la entrada al recinto de la sede de la Banda de Cornetas y Tambores de la Policía Municipal que está ubicada en las inmediaciones del Puente de los Franceses.
Y por lo que respecta a la fuente de Neptuno cabe recordar que durante la Guerra Civil española, en plena hambruna madrileña, el ingenio de los vecinos de Madrid tuvo ánimos para colgar del cuello de Neptuno un gran cartel que decía: «Dadme de comer o quitadme el tenedor».
Así es Madrid.
El viaducto de Segovia, construido en 1873, fue la obra de ingeniería más importante del fin de siglo, un puente de alrededor de ciento cincuenta metros de largo que unía las calles Segovia y Mayor, sobre una calzada que discurría veintidós metros más abajo. También las estaciones de ferrocarril de la glorieta de Atocha y del sur, llamada Mediodía, y los palacios de Velázquez y de Cristal del Retiro, coincidiendo con dos grandes exposiciones, la iberoamericana y la de Minería, Cerámica, Cristal y Aguas Minerales de 1883. El edificio del Banco de España en el viejo palacio de Alcañices, la Escuela de Minas de Ríos Rosas, el Ministerio de Agricultura en Atocha… Tantas nuevas construcciones…
En 1900 Madrid tenía 576.538 vecinos, según el censo oficial, aunque lo más probable era que muchos recién llegados aún no estuvieran censados. Treinta años después alcanzó una población de 952.832; y un millón cien mil en 1940. Este aumento imparable de vecinos, que duplicó la población en apenas cuarenta años, mostraba a las claras por qué nunca fue posible organizar la ciudad de una manera coherente.
El domingo el 19 de enero de 1986, murió Enrique Tierno Galván, el más querido alcalde de Madrid.
Otra vez el silencio se hizo de piedra en Madrid. Su entierro constituyó la mayor manifestación de duelo que se había producido desde la restauración de la democracia y el cortejo fúnebre recorrió los kilómetros existentes entre la Casa de la Villa y el cementerio de la Almudena entre aplausos ahogados y silencios emocionados de los cientos de miles de madrileños que salieron para despedir al mejor alcalde de su ciudad. Madrid quiso y supo reconocer a uno de sus mejores hijos, como siempre lo hizo.
Años más tarde, en 1992, Madrid celebró su designación como Capital Europea de la Cultura.
Un merecimiento que se había ganado, con creces, en los años ochenta, en aquella década prodigiosa que marcó el inicio de la modernidad de una ciudad que, al fin, se incorporó a la vanguardia del futuro junto a las grandes capitales de Europa.
Un montón de anécdotas que han construido la ciudad de Madrid e la Cultura.
Un merecimiento que se había ganado, con creces, en los años ochenta, en aquella década prodigiosa que marcó el inicio de la modernidad de una ciudad que, al fin, se incorporó a la vanguardia del futuro junto a las grandes capitales de Europa.

Un montón de anécdotas que han construido la ciudad de Madrid.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s