El latín ha muerto, ¡viva el latín! — Wilfried Stroh / Le Latin est mort, vive le latin !: Petite histoire d’une grande langue by Wilfried Stroh

Magnífico libro sobre la lengua muerta, donde a través de la historia nos da un excelente recorrido más allá de figuras como Ovidio, Cicerón, Petrarca… Pero el latín sigue viviendo en las lenguas romances —italiano, francés, español, etc.— que, surgidos de esa raíz, no son otra cosa que el latín real de la actualidad. Por eso a los estudiantes de románicas se les exige, con toda la razón del mundo, que aprendan latín.
El latín también pervive con intensidad parecida en el inglés, lengua semiromance, e incluso en el alemán. Pero, sobre todo, el latín también pervive en la moderna terminología internacional de la ciencia, una denominación donde surgen de nuevo tres componentes latinos: en «terminología» se halla el terminus latino (hito fronterizo), mientras que «internacional» está formado por inter (entre) y natío (nación). Por regla general, ninguna disciplina científica puede renunciar a la renovación continua de su vocabulario a partir del tesoro latino; de esa forma, el latín ha llegado a ámbitos culturales muy lejanos (China, Japón, India): quienquiera que use una computadora o una computer anglosajona (de computare), quien recurra a una base de datos (de dare), quien formatee (deforma) o desfragmente (de jfragmentum), en fin, incluso quien trabaje con un simple texto (de textus) no podrá desprenderse del latín en parte alguna del mundo.
A partir del éxito de Pro domo no ha habido apenas una sola palabra latina que, precedida y decorada con Pro, no se haya ofrecido como atractivo nombre de una marca o sociedad. El preferido resulta ser Pro arte (Por el arte). Se puede rebuscar en Internet: cerca de cien asociaciones, agencias de conciertos, conjuntos de música, coros, fábricas de instrumentos, galerías de arte, museos y escuelas de danza se adornan con estos signos latinos. ¿Quién puede dudar, en suma, de que el latín aún sea productivo y de que tenga además bastante prestigio en la actualidad?.
El latín no sólo se usa a día de hoy en el Vaticano. Basta echar un vistazo en internet, donde crecen y aumentan los chats en latín (greges garrulorum). Obsérvese también el ejemplo de los finlandeses, que, tras asumir en junio de 2006 la presidencia rotatoria de la Unión Europea, comenzaron a distribuir por segunda vez (la primera fue en 1999) un boletín de noticias semanal en latín (Conspectus rerum: http://www.eu2006.fi. De este modo pretendían contribuir a que el latín se convirtiese, tras el inglés, en la segunda lengua oficial para aliviar un poco la confusión lingüística de la UE. Delirant Fenni? ¿Deliran los finlandeses? Dudoso: en el Test de Pisa obtuvieron las mejores calificaciones.

¿De dónde proviene lo latino? Los lingüistas actuales nos informan de que era una lengua indogermánica, es decir, indoeuropea. Demuestra cierto parentesco con el germánico (por ejemplo en pater – Vater – father, padre), pero sobre todo con el griego (πατήρ: patír = patér). Se halla tan emparentado con este último que el historiador griego Dionisio de Halicarnaso, residente en Roma, desarrolló la teoría de que el latín era, en realidad, la lengua griega corrompida por el influjo de otras lenguas latinas. Pero los romanos nunca lo vieron así, ya que sentían su lengua como algo arraigado.
Para resumir toda la aportación de Cicerón, sólo cabe repetir la frase de Molón: Cicerón logró aquello que nadie esperaba: arrebatar a los griegos la primacía «en la cultura y en la oratoria». Gracias a él, la literatura latina sobrepasó de tal manera a la griega que la antigua maestra ya no logró estar a la altura de su alumna durante mucho tiempo.

A la vez que el ascenso del latín como lengua universal, se produce un fenómeno que será, desde entonces, indisociable de su esencia: el latín se «petrifica» y se convierte, como tanto les gusta decir a sus enemigos, en una lengua «muerta». ¿Cómo se produjo ese acontecimiento? ¿Realmente tuvo lugar en aquel período, justo cuando el mundo entero hablaba latín? Los especialistas opinan lo contrario y muchos sabios han puesto fechas muy dispares a la muerte del latín:
-El final de la Antigüedad, cuando cayó el Imperio romano de Occidente y surgieron las lenguas romances.
-El final de la Edad Media, cuando los humanistas demasiado entusiastas le dieron el golpe de gracia a la lengua a través de sus excesos estilísticos.
-El final de la Edad Moderna, cuando el latín perdió su función como lengua científica en favor de las lenguas modernas.
Creo que la «muerte» del latín no se debió a algún propósito de utilidad, sino a la validez estética de sus cumbres artísticas. Como escribió en un poema August von Platen: «Quien contempla con sus ojos la belleza / ya se ha entregado a la muerte…». En cierto sentido podría decirse lo mismo del latín.

La lengua de la gente común, de los campesinos, legionarios y comerciantes, de aquellos que sólo tuvieron una enseñanza elemental (si es que la tuvieron) con un litterator, no se privó de seguir evolucionando libremente. Al mismo tiempo que la lengua de las personas cultas quedaba fijada, aparecía también el latín vulgar, un complemento en cierto modo necesario. Este latín no era otra cosa que la lengua popular y viva de la gente sencilla, aquella que no se preocupaba de seguir las reglas válidas para la lengua culta.
No debe uno equiparar este latín, como a menudo ocurre, con la lengua coloquial. Mientras el latín estuvo «vivo», el latín coloquial de la comedia antigua o aquel que Cicerón empleaba en sus cartas íntimas (sobre todo en ad Atticum) formaba parte del conjunto de la lengua y se desarrolló en la misma medida.

La desaparición progresiva de la enseñanza del latín tendría dos consecuencias. La primera fue la aparición, en un plazo relativamente breve, de diversas lenguas romances procedentes del latín vulgar: español, catalán, portugués, francés, provenzal, sardo, retorromano, ladino, rumano… ¿Por qué justo en ese momento? Probablemente porque hasta entonces la necesidad de comunicación entre los distintos hablantes de latín había refrenado al latín vulgar y lo había mantenido no muy alejado del latín normativo del grammaticus. Por otra parte, la unidad organizativa del Imperio romano evitaba que las variedades regionales se alejasen en exceso. Ahora caían ambas barreras y el latín vulgar, casi unitario hasta entonces, podía desplegarse por las ruinas del Imperio con sus diferencias regionales y sin prestar atención a la norma culta. Este proceso se desarrolló en poco tiempo, aunque siguiendo ritmos diferentes.
El «latín medieval» —a pesar de su equívoco nombre, surgido durante el Romanticismo alemán— no designa ningún período evolutivo de la lengua, a diferencia del «francés medieval» o del «alemán medieval». En la Edad Media, el latín siguió siendo latín, es decir, estaba orientado igualmente según modelos de la Antigüedad clásica y tardía.

La terminología latina siguió siendo fundamental en el ámbito académico durante siglos, aunque en las últimas décadas el inglés se ha ido imponiendo por el peso de las universidades anglosajonas. No supone esto un gran perjuicio, pero sí que resulta terrible comprobar cómo se pretende convertir el inglés en la única lengua del conocimiento: en palabras de Margaret Thatcher, que debía de saber del tema, el inglés se ha convertido en «el latín del presente» (1979). En consecuencia, el inglés empieza a ser la lengua habitual de enseñanza en muchas disciplinas. Si bien este cambio puede ser más fácil de aceptar en las ciencias naturales, basadas en unas fórmulas expresivas muy estrictas y normalizadas, supone un riesgo catastrófico en aquellos ámbitos donde el dominio lingüístico y el matiz expresivo son elementos centrales. La obligación de expresarse en inglés proporciona una gran ventaja a quienes tienen esta lengua materna, sin que haya realmente una justificación para ello. El latín no era la lengua materna de nadie, todos tomaban parte en ella; alcanzó su estatuto de lengua universal gracias a las singulares proezas intelectuales de los romanos en la Antigüedad. Con todos mis respetos a Shakespeare, a Newton y a Agatha Christie, no me parece evidente que la cultura inglesa haya tenido una relevancia comparable en el mundo.
Quien reclama hoy en día una enseñanza viva del latín no está pidiendo, por suerte, nada nuevo. Durante las últimas décadas se ha hecho mucho por este objetivo: editar libros de texto más amenos y vivos, aplicar a la enseñanza los conocimientos adquiridos por la psicología, incluir música y teatro en clase y, sobre todo, hablar latín con entusiasmo. Estoy convencido de que, algún día, el latín dejará de considerarse una lengua «muerta» y volverá a impartirse como la reina de las lenguas extranjeras.

O quoties obitum linguae statuere Latinae! Tot tamen exequiis salva superstes erat.
Dicen una y otra vez que la lengua latina ha muerto pero sobrevive con salud a cada entierro.
En efecto. Se da por muerto al latín y él, a lo largo de su historia, no ha muerto una vez, sino muchas. Y tras cada una de ellas, igual que el hermoso Adonis, ha resucitado y rejuvenecido de forma maravillosa.
El latín es indispensable para orientarse en la historia. Las raíces de nuestra cultura se encuentran en la Antigüedad. Aunque una parte esencial esté en griego, los romanos se encargaron de transmitírnosla: entre los pueblos antiguos, fueron los únicos que querían y podían apropiarse de los logros intelectuales de los griegos para traerlos a su propia lengua y, finalmente, superar a sus maestros. Así se estableció, como ya hemos visto, la tradición latina en la literatura y la ciencia.

Magnificent book on the dead language, where through history gives us an excellent journey beyond figures such as Ovid, Cicero, Petrarch … But Latin is still living in the Romance languages-Italian, French, Spanish, etc.- that, arising from this root, are nothing other than the actual Latin of today. That is why Romanesque students are required, with all reason in the world, to learn Latin.
Latin also survives with similar intensity in English, semi-Roman language, and even in German. But, above all, Latin also survives in the modern international terminology of science, a denomination where three Latin components emerge again: in “terminology” there is the Latin terminus (border landmark), while “international” is formed by inter (between) and natio (nation). As a general rule, no scientific discipline can renounce the continuous renewal of its vocabulary from the Latin treasury; In this way, Latin has reached far-off cultural areas (China, Japan, India): whoever uses a computer or an Anglo-Saxon computer (computare), who resorts to a database (dare), who formatee ( In short, even those who work with a simple text (of textus) will not be able to get rid of Latin in any part of the world.
Since the success of Pro domo, there has not been a single Latin word that, preceded and decorated with Pro, has not been offered as an attractive name for a brand or society. The preferred one turns out to be Pro art (For art). You can search the Internet: about a hundred associations, concert agencies, music groups, choirs, instrument factories, art galleries, museums and dance schools are adorned with these Latin signs. Who can doubt, in short, that Latin is still productive and that it is also quite prestigious today?
Latin is not only used today in the Vatican. Just take a look on the internet, where they grow and increase the chats in Latin (greges garrulorum). Note also the example of the Finns, who, after taking on the rotating presidency of the European Union in June 2006, began to distribute for the second time (the first was in 1999) a weekly news bulletin in Latin (Conspectus rerum: www. In this way they intended to contribute to the Latin becoming, after English, the second official language to alleviate a bit the linguistic confusion of the EU Delirant Fenni? Delirious Finns? Pisa obtained the best grades.

Where does Latin come from? The current linguists inform us that it was an Indo-Germanic language, that is, Indo-European. It shows a certain kinship with the Germanic (for example in pater – Vater – father, father), but above all with the Greek (πατήρ: patír = patér). He is so closely related to the latter that the Greek historian Dionysius of Halicarnassus, resident in Rome, developed the theory that Latin was, in fact, the Greek language corrupted by the influence of other Latin languages. But the Romans never saw it that way, since they felt their language as something rooted.
To summarize all the contribution of Cicero, we can only repeat the phrase of Molón: Cicero achieved what nobody expected: to take from the Greeks the primacy “in culture and oratory.” Thanks to him, the Latin literature surpassed in such a way the Greek that the old teacher no longer managed to keep up with her student for a long time.

At the same time that the rise of Latin as a universal language, there is a phenomenon that will be, since then, inseparable from its essence: Latin is “petrified” and becomes, as they like to say to their enemies, in a language ” dead”. How did that event occur? Did it really take place in that period, just when the whole world spoke Latin? The specialists think otherwise and many scholars have put very different dates to the death of Latin:
-The end of Antiquity, when the Roman Empire of the West fell and the Romance languages ​​arose.
-The end of the Middle Ages, when too enthusiastic humanists gave the coup de grace to language through their stylistic excesses.
-The end of the Modern Age, when Latin lost its function as a scientific language in favor of modern languages.
I believe that the “death” of Latin was not due to any useful purpose, but to the aesthetic validity of its artistic peaks. As August von Platen wrote in a poem: “He who contemplates beauty with his eyes / has already given himself to death …”. In a certain sense, the same could be said of Latin.

The language of the common people, of the peasants, legionaries and merchants, of those who only had an elementary education (if they had one) with a litterator, did not deprive themselves of continuing to evolve freely. At the same time that the language of educated people was fixed, vulgar Latin also appeared, a necessary complement in some way. This Latin was nothing other than the popular and lively language of the simple people, the one who did not care to follow the valid rules for the cultured language.
One should not equate this Latin, as it often happens, with the colloquial language. While Latin was “alive”, the colloquial Latin of ancient comedy or that which Cicero used in his intimate letters (especially in ad Atticum) was part of the language as a whole and developed to the same extent.

The progressive disappearance of the teaching of Latin would have two consequences. The first was the appearance, in a relatively short time, of various Romance languages ​​from vulgar Latin: Spanish, Catalan, Portuguese, French, Provencal, Sardinian, Romanian, Ladino, Romanian … Why just at that time? Probably because until then the need of communication between the different Latin speakers had restrained to the vulgar Latin and had maintained it not very far from the normative Latin of grammaticus. On the other hand, the organizational unit of the Roman Empire prevented regional varieties from going too far. Now both barriers fell and the vulgar Latin, almost unitary until then, could be deployed through the ruins of the Empire with its regional differences and without paying attention to the cultured norm. This process developed in a short time, although following different rhythms.
The “medieval Latin” – despite its misleading name, emerged during German Romanticism – does not designate any evolutionary period of the language, unlike the “medieval French” or “medieval German.” In the Middle Ages, Latin continued to be Latin, that is, it was also oriented according to models of classical and late Antiquity.

The Latin terminology continued being fundamental in the academic field during centuries, although in the last decades the English has been imposed by the weight of the Anglo-Saxon universities. This is not a great loss, but it is terrible to see how to convert English into the only language of knowledge: in the words of Margaret Thatcher, who must have known about the subject, English has become “the Latin of the present »(1979). As a result, English is becoming the standard language of instruction in many disciplines. While this change may be easier to accept in the natural sciences, based on very strict and standardized expressive formulas, it poses a catastrophic risk in those areas where linguistic and expressive nuance are central elements. The obligation to express oneself in English provides a great advantage to those who have this mother tongue, without there really being a justification for it. Latin was not anyone’s mother tongue, everyone took part in it; It achieved its status as a universal language thanks to the unique intellectual prowess of the Romans in antiquity. With all my respect for Shakespeare, Newton and Agatha Christie, it does not seem obvious to me that English culture has had comparable relevance in the world.
Who today claims a living teaching of Latin is not asking, luckily, nothing new. During the last decades a lot has been done for this purpose: to publish textbooks more entertaining and lively, to apply to the teaching the knowledge acquired by psychology, to include music and theater in class and, above all, to speak Latin with enthusiasm. I am convinced that, someday, Latin will no longer be considered a “dead” language and will once again be taught as the queen of foreign languages.

O quoties obitum linguae statuere Latinae! Tot tamen exequiis saves superstes erat.
They say again and again that the Latin language has died but survives with health at each funeral.
Indeed. Latin is considered dead and he, throughout his history, has not died once, but many. And after each of them, like the beautiful Adonis, has risen and rejuvenated in a wonderful way.
Latin is indispensable to orient oneself in history. The roots of our culture are found in Antiquity. Although an essential part is in Greek, the Romans were in charge of transmitting it to us: among the ancient peoples, they were the only ones who wanted and could appropriate the intellectual achievements of the Greeks to bring them to their own language and, finally, to overcome their teachers. This established, as we have already seen, the Latin tradition in literature and science.

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