El arte de amargarse la vida — Paul Watzlawick / The Situation Is Hopeless But Not Serious by Paul Watzlawick

Este es un muy interesante breve ensayo que como se dice en el libro más de una vez nosotros nos podemos ver identificados.
Seguramente nadie pondrá en duda que se puede vivir en conflicto con el medio ambiente y particularmente con el prójimo. También es de todos conocido, pero mucho más difícil de comprender y por lo mismo de perfeccionar, que uno pueda generar la desdicha en el retiro total de su propia cabeza. Es fácil que uno reproche falta de cariño a su consorte, que suponga malas intenciones en el jefe y que haga al tiempo atmosférico responsable de un constipado, pero ¿llegaremos a conseguir convertirnos en nuestros propios contrarios de la lucha diaria?.

Otra ventaja de aferrarse al pasado está en que no deja tiempo de ocuparse del presente. Si esto se hiciese, podría suceder muy bien que uno, por pura casualidad, en un viraje de 90 o hasta 180 grados de su ángulo visual, tuviese que comprobar que el presente no sólo le ofrece contrariedades suplementarias, sino también alguna que otra contra-contrariedad; no hablemos de muchas novedades que podrían hacer tambalear nuestro pesimismo adoptado una vez para siempre.

Fue la antropóloga Margaret Mead quien propuso la pregunta capciosa sobre cuál es la diferencia entre un ruso y un americano. El americano, decía ella, tiende a fingir dolor de cabeza para disculparse de una obligación social molesta sin llamar la atención; el ruso, en cambio, necesita tener realmente dolor de cabeza. Aquí, uno no puede más que repetir: iex oriente lux, pues usted concederá que la solución rusa es incomparablemente mejor y más elegante. Es verdad que el americano consigue lo que se propone, pero sabe que hace trampa. El ruso se queda en armonía con su conciencia. Tiene la capacidad de producir los motivos de disculpa que necesita sin saber cómo lo hace (y por lo mismo, sin ser responsable de ello). Por decirlo así, su mano derecha no sabe qué hace la izquierda.
En este terreno parece que cada generación produce sus especialistas eminentes; en general, éstos no salen de su anonimato; pero alguna vez que otra trascienden al conocimiento público. Así, por ejemplo, el menos dotado puede admirar en nuestros días dos ejemplares cuyo talento vamos a esbozar brevemente.

Rechazar o eludir una situación peligrosa de buenas a primeras parece ser la solución más razonable, pero, por otra parte, también garantiza la permanencia del problema. Aquí está su interés para nuestro propósito.
Es notorio que uno no pueda fiarse de los actos supersticiosos; en cambio la eficacia de la evitación merece toda la confianza del aspirante a la vida desdichada. Hay que añadir que la aplicación de la técnica es mucho más simple de lo que puede parecer a primera vista. Se trata esencialmente de perseverar de un modo consecuente en el sentido común de los hombres, ¿qué cosa podría ser más razonable?.
La profecía de un suceso lleva al suceso de la profecía. La única condición es que uno se profetice o deje profetizar y que luego lo considere un hecho con consistencia propia, independiente de uno mismo o inminente. De este modo se llega exactamente allí donde uno no quería llegar. Con todo, el especialista sabe cómo evitar que llegue.

He aquí unos ejercicios sencillos para principiantes:
1.Pida usted a alguien que le haga un favor. Tan pronto como se disponga a hacerlo, pídale rápidamente que haga algo distinto. Como no podrá hacer las dos cosas a la vez, sino una después de la otra, la victoria ya es de usted: si quiere llevar a cabo la primera que ha empezado, usted puede quejarse de que deja sin atender la segunda, y al revés. Si se enfada por ello, puede usted expresarle su disgusto de que últimamente esté de tan mal humor.
2.Diga o haga usted algo que tanto pueda tomarse en serio como en broma. Después inculpe al otro, según como haya reaccionado, de tomarse en broma las cosas serias o de no tener ningún sentido por el humor.
3.Pida usted a su consorte que lea esta página advirtiéndole que en ella se describe exactamente la actitud que adopta respecto a usted. En el caso poco probable de que le dé la razón, habrá confesado una vez para siempre sus manipulaciones en la relación con usted. En el caso mucho más probable de que rechace su afirmación, usted también habrá ganado. Es decir, puede demostrarle usted que (con su rechazo) precisamente lo ha hecho otra vez, diciéndole, por ejemplo: «Si acepto tus manipulaciones sin decir nada, me manipulas todavía más; si, como ahora, te llamo la atención, me manipulas afirmando que no me manipulas».
Esto no son más que unos ejemplos fáciles. Los aspirantes a la vida desdichada que estén realmente dotados, pueden llevar adelante esta técnica hasta intrincadas distinciones bizantinas, de modo que, al final, el consorte llegue a preguntarse con seriedad, si no será verdad que realmente ha perdido el tino. En todo caso, acabará por darle vueltas la cabeza. Con esta práctica no sólo se demuestra la propia honradez y cordura, sino también uno se procura el mismísimo cuerno de la abundancia.

Dicha y felicidad, son difíciles de definir positivamente, si es que ello es posible. Pero ello no ha impedido a ningún dechado de virtud atribuir a la felicidad un significado negativo. Como es sabido, el lema no oficial del puritanismo dice: «Puedes hacer lo que quieras, mientras no te agrade».

Un aforismo del psicólogo americano Alan Watts dice que la vida es un juego cuya primera regla es: esto no es ningún juego, esto es muy serio. Sin duda, Laing pensaba en algo parecido cuando escribía en sus Knots. «Juegan a un juego. En él juegan a no jugar ningún juego. Si les muestro que juegan, entonces falto a las reglas y me imponen un castigo por ello».

This is a very interesting short essay that as we say in the book more than once we can see ourselves identified.
Surely nobody will doubt that you can live in conflict with the environment and particularly with your neighbor. It is also well known, but much more difficult to understand and therefore perfect, that one can generate misery in the total withdrawal of his own head. It is easy that one reproaches lack of affection to his consort, that supposes bad intentions in the boss and that makes the weather responsible for a constipation, but will we manage to become our own opponents of the daily struggle ?.

Another advantage of clinging to the past is that it does not leave time to deal with the present. If this were done, it could happen very well that one, by chance, in a 90 or even 180 degree turn of its visual angle, had to verify that the present not only offers additional setbacks, but also some contradictory ones. annoyance; let’s not talk about many novelties that could shake our pessimism adopted once for all.

It was the anthropologist Margaret Mead who proposed the tricky question about what is the difference between a Russian and an American. The American, she said, tends to pretend a headache to apologize for an annoying social obligation without attracting attention; the Russian, on the other hand, needs to really have a headache. Here, one can not help but repeat: iex orient lux, for you will grant that the Russian solution is incomparably better and more elegant. It is true that the American gets what he wants, but he knows that he cheats. The Russian stays in harmony with his conscience. He has the capacity to produce the excuses he needs without knowing how he does it (and therefore, without being responsible for it). So to speak, his right hand does not know what the left is doing.
In this field it seems that each generation produces its eminent specialists; in general, they do not leave their anonymity; but sometime that another transcends public knowledge. Thus, for example, the less gifted can admire in our days two specimens whose talent we are going to outline briefly.

Rejecting or avoiding a dangerous situation in the first place seems to be the most reasonable solution, but, on the other hand, it also guarantees the permanence of the problem. Here is your interest for our purpose.
It is notorious that one can not rely on superstitious acts; On the other hand, the effectiveness of the avoidance deserves all the confidence of the aspirant to the unhappy life. It must be added that the application of the technique is much simpler than it may seem at first glance. It is essentially to persevere in a consistent way in the common sense of men, what could be more reasonable ?.
The prophecy of an event leads to the occurrence of prophecy. The only condition is that one prophesy or let prophesy and then consider it a fact with its own consistency, independent of oneself or imminent. In this way you get exactly where you did not want to go. However, the specialist knows how to prevent it from arriving.

Here are some simple exercises for beginners:
1. Ask someone to do you a favor. As soon as you are ready to do so, quickly ask him to do something different. Since you can not do both at the same time, but one after the other, the victory is already yours: if you want to carry out the first one that has started, you can complain that you leave the second one unattended, and vice versa . If you get angry about it, you can express your displeasure that you are in such a bad mood lately.
2. Say or do something that can be taken seriously or in jest. Then incriminate the other, depending on how he reacted, to playfully take serious things or have no sense for humor.
3. Ask your spouse to read this page warning you that it describes exactly the attitude he adopts about you. In the unlikely event that you are right, you will have confessed once for all your manipulations in the relationship with you. In the much more likely case that you reject your claim, you will also have won. That is, you can show him that (with his rejection) he has done it again, telling him, for example: “If I accept your manipulations without saying anything, you manipulate me even more; if, as now, I call your attention, you manipulate me by saying that you do not manipulate me ».
These are just easy examples. Aspiring miserable people who are really gifted can carry this technique to intricate Byzantine distinctions, so that in the end the consort may ask himself seriously, if it is not true that he really has lost his sense. In any case, it will end up spinning his head. This practice not only demonstrates one’s honesty and sanity, but also one seeks the very horn of abundance.

Bliss and happiness, are difficult to define positively, if that is possible. But this has not prevented any paragon of virtue from giving happiness a negative meaning. As is known, the unofficial motto of Puritanism says: «You can do what you want, as long as you do not like it».

An aphorism of the American psychologist Alan Watts says that life is a game whose first rule is: this is not a game, this is very serious. No doubt, Laing was thinking of something similar when writing in his Knots. «They play a game. In it they play to not play any game. If I show them that they play, then I break the rules and they impose a punishment on me. “

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