Queridos mallorquines — Guy de Forestier

Este es un libro gracioso por momentos sobre la idiosincrasia mallorquina, su carácter frente a la invasion bárbara donde ahora lo difícil es encontrar un mallorquín, gente de carácter reservado, los problemas de las connotaciones del idioma mallorquín…

1. ° La autoestima. El mallorquín no es en absoluto soberbio, pero tiene orgullo. El saludo es considerado como una forma de reconocimiento social, y no recibir respuesta a un saludo significa una afrenta al honor personal («m ‘ha fet un feo») que trata de evitarse a toda costa.
   2. ° La precaución. La posibilidad de ser víctima de un feo crea desconfianza, y lleva a adoptar medidas de prevención: si alguien no está absolutamente seguro de que va a ser correspondido lleva a cabo, como mera precaución, un esquive o regate que deja a menudo al otro con la palabra en la boca, sobre todo si se trata de un forastero que desconoce las normas.
   3.° La comodidad. El saludo implica a menudo tener que detenerse a conversar («¿Com está el teu marit?», etc.) Como el mallorquín no es aficionado a airear sus intimidades, con frecuencia este diálogo se convierte en un diálogo de sordos («I jo li vaig dir no sé qué i ell no sé qué me va dir»)31 por lo que lo más cómodo es eludirlo.

Es un libro de tópicos sobre las islas pitiusas y donde por momentos se dibuja una sonrisa en este breve libro.

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