El polonio y otras maneras de matar — Eric Frattini / Polonium And Other Ways To Kill by Eric Frattini (spanish book edition)

Este es un interesante y breve libro sobre los medios de coaccion de los gobiernos, por todos nosotros conocidos pero que tras leer el libro nos sirve para reafirmar nuestras concepciones en todo lo relativo a estos asuntos.

Las llamadas ‘Acciones Ejecutivas’ no son otra cosa, que asesinatos llevados a cabo por los servicios de inteligencia de un país con la autorización expresa del propio gobierno para llevarlas a cabo, anteponiendo a la moral, el ‘bien del país’, ‘el derecho del Estado a defender su propia supervivencia’, ‘como la última acción judicial que el Estado puede ofrecer’ o sencillamente, ‘como acciones que la gente no entiende y que son llevadas a cabo para defender el estilo de vida americano’. Existen dos expresiones que se han hecho corrientes en el lenguaje de los servicios de inteligencias de todo el mundo: ‘Orden Ejecutiva’ y ‘Acción Ejecutiva’.

La forma de matar a Litvinenko, era como la radicación expulsada tras una la explosión de una bomba nuclear. Lenta pero efectiva.
El Polonio 210 que invadía ya su cuerpo podía seguir siendo un 50 por ciento radioactivo incluso cuatro meses y medio después de haber sido activado. Ocho meses después aún seguiría siendo un 25 por ciento radioactivo.
Una hora después, ya en su hogar, Alexander Litvinenko comenzó a sentirse verdaderamente mal por lo que pidió a su esposa Marina que pidiese prestado el coche a un vecino para ir al Barnet General Hospital, en el norte de Londres. En urgencias, fue tratado por envenenamiento alimentario y enviado a casa. El jueves 2 de noviembre, el ex coronel Alexander Litvinenko ya casi no podía mantenerse en pie. Una ambulancia lo trasladaría nuevamente al Barnet General Hospital, en donde los médicos no podían diagnosticar la enfermedad que sufría el ex espía del FSB.
Finalmente el martes 21 de noviembre, el famoso toxicólogo John Henry, anunciaba que Litvinenko había sido envenenado con alguna sustancia radioactiva, posiblemente Polonio 210 (Po210). El jueves 23 de noviembre, sobre las ocho de la tarde, la salud de Alexander Litvinenko está absolutamente quebrada. El Polonio 210 había paralizado su metabolismo y la médula ósea. Una hora y veintiún minutos después, el ex coronel del Servicio Federal de Seguridad, Alexander Valterovich Litvinenko fallece a causa de un fallo multiorgánico. Veintidós días después de haber sido envenenado.
La periodista del ‘Novaya Gazeta’, Anna Politkovskaya, asesinada a tiros en el ascensor de su casa de Moscú, el 7 de octubre de 2006 tras denunciar en su columna, los trapos sucios del FSB; de su poderoso jefe, Nikolai Platonovich Patrushev; y de la corrupción del poder en manos del presidente Vladimir Putin.
Otros inminentes ciudadanos rusos que han intentado denunciar los abusos del presidente Vladimir Putin y del FSB, han corrido mejor suerte que los anteriores. El investigador Igor Sutyagin; los físicos Valentin Danilov y Yuri Ryzhov; el químico Oleg Korobeinichev; el académico Oskar Kaibyshev; los escritores y periodistas Vladimir Rakhmankov, Andrei Sinyavsky y Yuli Daniel; o los ecologistas Alexander Nikitin, Grigory Pasko, Vladimir Petrenko y Nikolay Shchur han sido condenados a largas penas de prisión sin ninguna prueba acusados de “espionaje, revelar material sensible y de alta secreto y de exportación ilegal de tecnología”.

Hamas era exactamente lo que su nombre indicaba, un movimiento de resistencia islámica contra los judíos que vivían en Palestina y contra los palestinos que se habían alejado del Islam. Sin duda el movimiento creado por el jeque Yassin odiaba de igual forma a Israel y a la OLP de Yasser Arafat. Algunos de sus ideólogos habían estudiado en las aulas de la Universidad Patricio Lumumba de Moscú y habían adquirido experiencia en guerra de guerrillas en los centros de entrenamiento de la Stasi en Alemania Oriental.
Tras la muerte del líder de Hamas, Abdel Aziz Rantissi, de 57 años, sucedió al asesinado jeque Ahmed Yassin al frente del Movimiento de Resistencia Islámica. En la noche del 17 de abril de 2004, veintiocho días después de la “liquidación” de Ahmed Yassin, un misil ‘Hellfire’ lanzado desde un helicóptero Apache, impactó en su coche matándolo en el acto junto a los miembros de su escolta. Alguien había colocado un pequeño emisor bajo el chasis del Subaru blanco en el que se desplazaba por la Franja de Gaza.

Traficantes como Aziz Nassour, Ibrahim Bah, Foday Sankoh, Tarik al-Hamid, Nikolas Osman, o Sergei Bout ya no podrían continuar ejerciendo su sangriento trabajo. El dossier sobre las operaciones del SAD contra los traficantes de armas y diamantes en África, quedaría archivado para siempre en lo más recóndito del cuartel general de la CIA en Langley. La operación estaba cerrada.

Desde abril de 1979 y hasta junio de 1981, Israel con el permiso expreso del primer ministro Menahem Begin, iba a llevar a cabo una auténtica carrera contrarreloj con el único fin de evitar que el líder iraquí Saddam Hussein alcanzase el poder nuclear que tanto anhelaba. El Mossad iba a convertirse en la primera línea secreta de esa batalla en las sombras. El Estado hebreo era una verdadera obsesión para Saddam Hussein y sin duda con un poder nuclear en sus manos podría poner en jaque el balance militar en Oriente Medio y por supuesto, la seguridad de Israel.
La luz verde al programa nuclear iraquí fue dada formalmente el 11 de julio de 1970, cuando los gobiernos de Bagdad y París cerraron un acuerdo de mutua cooperación a través del intercambio de tecnología y material nuclear francés por petróleo iraquí. Israel, gracias a la información facilitada por la CIA, sabía desde hacía meses que Saddam Hussein había ordenado a uno de sus más fieles generales, Abdel Jabbar Shanshall, ponerse en contacto con los soviéticos para intentar desarrollar su proyecto armamentístico nuclear.
La operación ‘Átomo’ llevada a cabo por los operativos del Mossad y la operación ‘Babilonia’ llevada a cabo por las Fuerzas Aéreas Israelíes en colaboración con agentes del espionaje israelí, habían sido un éxito.
En tan sólo veintiséis meses, Israel había acabado con las ansias de Saddam Hussein por alcanzar el poder nuclear. Nunca más volvería a intentarlo.

Sea como sea y tras la aprobación de la ley del 6 de diciembre de 2006, que permitirá abrir los archivos relacionados con los servicios de inteligencia durante la era comunista, los únicos documentos que no van a ser desclasificados serán los que corresponden a 150 ciudadanos que aún pertenecen a los servicios de inteligencia o al cuerpo diplomático. Pero para alterar aún más los ánimos, el general Atanas Smerdzhiev, antiguo ministro del Interior, declaró públicamente que cuando se abran los archivos de la DS, “mucha gente se llevará una gran sorpresa cuando descubran entre los papeles, todos los documentos que se creían que se habían destruido en 1990 por orden del entonces ministro comunista del Interior, Dimitar Stoyanov y por el general Vladimir Todorov, jefe de la DS comunista. Entre esos documentos están los pertenecientes a casos tan famosos como los del asesinato de Georgi Markov o el del atentado contra Juan Pablo II”.
Actualmente y pasados casi treinta años del asesinato, el caso de Georgi Markov sigue sin resolverse. Tal vez y sólo tal vez, cuando se desclasifiquen los documentos de la DS se podrá demostrar hasta que punto estuvo el gobierno comunista de Bulgaria detrás del disidente y escritor búlgaro.

Nueve meses antes, exactamente el 5 de septiembre de 1972, un grupo de terroristas palestinos pertenecientes al grupo ‘Septiembre Negro’ penetró en las habitaciones del equipo israelí en la villa olímpica en el 31 de Connolystrasse, durante los Juegos Olímpicos de Munich y tomaron como rehenes a varios de ellos. Moshe Weinberg, entrenador del equipo israelí de lucha libre y Joe Romano, campeón de lucha se convirtieron en los dos primeros atletas asesinados durante el asalto. Días después, nueve atletas más morirían bajo los disparos y granadas de los terroristas en un pequeño aeropuerto cercano a Munich.
Mientras, en Jerusalén y tomando el viejo código hebreo del “ojo por ojo”, la primera ministra Golda Meir preguntó a Zvi Zamir, director del Mossad; a Eli Zeira, jefe del Aman, la inteligencia militar y a Yosef Harmelin, jefe del Shin Bet, si sus hombres serían capaces de llevar la guerra contra los terroristas árabes a su propio campo. Los tres jefes de la inteligencia israelí respondieron afirmativamente. Desde ese mismo momento, la líder israelí daría luz verde a la llamada operación ‘Ira de Dios’.
Entre el 16 de octubre de 1972 y junio de 1973, agentes del Mossad acabarían con la vida de varios importantes miembros del grupo ‘Septiembre Negro’. Estrangulados, ejecutados de un tiro en la nuca o sencillamente volados por los aires, los israelíes fueron liquidando uno por uno en diferentes ciudades del mundo a todos aquellos relacionados con la masacre de Munich.
El 10 de abril de 1973, nuevamente la Primer Ministra autorizó una nueva operación al Mossad y a los comandos especiales del ejército, conocida con el nombre clave de ‘Primavera de la Juventud’. La operación consistió en la incursión de equipos combinados israelíes en el Líbano para acabar con la vida de de Mohamed Yussef Al-Najjar, alias ‘Abu Yussef ‘, número tres de Al Fatah, jefe de operaciones e inteligencia para ataques terroristas en el extranjero, alto mando de ‘Septiembre Negro.
Michel Moukharbel, el que había sido correo de Boudia llamó a su contacto en el Mossad y le informó que por orden del propio Hassan Salameh, un tal Carlos Ramírez Sánchez de nacionalidad venezolana y a quien en algunos círculos conocían con el apodo de ‘El Chacal’, asumiría los poderes de Mohamed Boudia en Europa. Una leyenda dentro del terrorismo mundial, estaba naciendo.
El propio Ali Hassan Salameh, alias ‘el Príncipe Rojo’, fundador de ‘Septiembre Negro’ y auténtico cerebro de la matanza de atletas israelíes en los Juegos Olímpicos, sería asesinado por un equipo del Mossad mediante un coche bomba colocado a su paso en una calle de Beirut, el 22 de enero de 1979, casi siete años después de la masacre de Munich. El ‘ojo por ojo’ se había cumplido.

This is an interesting and brief book on the means of coercion of governments, by all of us known but after reading the book helps us to reaffirm our views on everything related to these issues.

The so-called ‘Executive Actions’ are nothing more than assassinations carried out by the intelligence services of a country with the express authorization of the government itself to carry them out, putting the moral, the ‘good of the country’, the right of the State to defend its own survival “,” as the last judicial action that the State can offer “or simply,” as actions that people do not understand and that are carried out to defend the American way of life “. There are two expressions that have become common in the language of intelligence services around the world: ‘Executive Order’ and ‘Executive Action’.

The way to kill Litvinenko was like the radiation expelled after the explosion of a nuclear bomb. Slow but effective.
The Polonium 210 that already invaded his body could still be 50 percent radioactive even four and a half months after being activated. Eight months later it would still be 25 percent radioactive.
An hour later, already at home, Alexander Litvinenko began to feel really bad so he asked his wife Marina to borrow the car from a neighbor to go to Barnet General Hospital, in North London. In the emergency room, he was treated for food poisoning and sent home. On Thursday, November 2, former colonel Alexander Litvinenko could hardly stand. An ambulance would take him back to the Barnet General Hospital, where doctors could not diagnose the illness suffered by the former FSB spy.
Finally on Tuesday, November 21, the famous toxicologist John Henry, announced that Litvinenko had been poisoned with some radioactive substance, possibly Polonium 210 (Po210). On Thursday, November 23, around eight o’clock in the afternoon, the health of Alexander Litvinenko is absolutely broken. Polonium 210 had paralyzed his metabolism and bone marrow. One hour and twenty-one minutes later, the former colonel of the Federal Security Service, Alexander Valterovich Litvinenko dies because of a multi-organ failure. Twenty-two days after being poisoned.
The journalist of the ‘Novaya Gazeta’, Anna Politkovskaya, shot dead in the elevator of her house in Moscow, on October 7, 2006 after reporting in her column, the dirty laundry of the FSB; of his powerful leader, Nikolai Platonovich Patrushev; and the corruption of power in the hands of President Vladimir Putin.
Other imminent Russian citizens who have tried to denounce the abuses of President Vladimir Putin and the FSB have fared better than the previous ones. The researcher Igor Sutyagin; physicists Valentin Danilov and Yuri Ryzhov; the chemist Oleg Korobeinichev; the academic Oskar Kaibyshev; the writers and journalists Vladimir Rakhmankov, Andrei Sinyavsky and Yuli Daniel; or ecologists Alexander Nikitin, Grigory Pasko, Vladimir Petrenko and Nikolay Shchur have been sentenced to long prison terms without any evidence accused of “espionage, revealing sensitive material and high secrecy and illegal export of technology”.

Hamas was exactly what its name indicated, a movement of Islamic resistance against the Jews who lived in Palestine and against the Palestinians who had moved away from Islam. Undoubtedly the movement created by Sheikh Yassin hated Israel and Yasser Arafat’s PLO alike. Some of his ideologues had studied in the classrooms of the Patricio Lumumba University in Moscow and had gained experience in guerrilla warfare in the training centers of the Stasi in East Germany.
After the death of Hamas leader Abdel Aziz Rantissi, 57, he succeeded the murdered Sheikh Ahmed Yassin as head of the Islamic Resistance Movement. On the night of April 17, 2004, twenty-eight days after the “liquidation” of Ahmed Yassin, a ‘Hellfire’ missile launched from an Apache helicopter crashed into his car killing him on the spot along with the members of his escort. Someone had placed a small transmitter under the chassis of the white Subaru in which it was traveling through the Gaza Strip.

Traders like Aziz Nassour, Ibrahim Bah, Foday Sankoh, Tarik al-Hamid, Nikolas Osman, or Sergei Bout could no longer continue their bloody work. The dossier on the operations of the SAD against the arms and diamond dealers in Africa would be shelved forever in the back of the CIA headquarters in Langley. The operation was closed.

From April 1979 until June 1981, Israel, with the express permission of Prime Minister Menahem Begin, was going to carry out an authentic race against the clock with the sole purpose of preventing the Iraqi leader Saddam Hussein from reaching the nuclear power he so longed for. The Mossad was to become the first secret line of that battle in the shadows. The Hebrew State was a real obsession for Saddam Hussein and no doubt with a nuclear power in his hands could put in check the military balance in the Middle East and of course, the security of Israel.
The green light on the Iraqi nuclear program was formally given on July 11, 1970, when the governments of Baghdad and Paris signed a mutual cooperation agreement through the exchange of French nuclear technology and material for Iraqi oil. Israel, thanks to the information provided by the CIA, had known for months that Saddam Hussein had ordered one of his most loyal generals, Abdel Jabbar Shanshall, to contact the Soviets to try to develop his nuclear weapons project.
The ‘Atom’ operation carried out by the Mossad operatives and the ‘Babylon’ operation carried out by the Israeli Air Force in collaboration with Israeli espionage agents, had been a success.
In just twenty-six months, Israel had put an end to Saddam Hussein’s longing to achieve nuclear power. I would never try again.

Be that as it may, and after the approval of the law of December 6, 2006, which will allow opening the files related to intelligence services during the communist era, the only documents that will not be declassified will be those corresponding to 150 citizens who they still belong to the intelligence services or the diplomatic corps. But to further alter the mood, General Atanas Smerdzhiev, former interior minister, publicly declared that when the archives of the DS are opened, “many people will be surprised when they discover among the papers, all the documents that were believed They had been destroyed in 1990 by order of the then Communist Minister of the Interior, Dimitar Stoyanov, and by General Vladimir Todorov, the head of the communist DS, which included such famous cases as the murder of Georgi Markov or the murder of Georgi Markov. attack against John Paul II”.
Currently and almost thirty years after the murder, the case of Georgi Markov remains unresolved. Perhaps and only maybe, when the documents of the SD are declassified will it be possible to demonstrate to what extent the communist government of Bulgaria was behind the dissident and Bulgarian writer.

Nine months earlier, exactly on September 5, 1972, a group of Palestinian terrorists belonging to the group ‘Black September’ penetrated the rooms of the Israeli team in the Olympic village on 31st Connolystrasse, during the Olympic Games in Munich and took as their hostages to several of them. Moshe Weinberg, trainer of the Israeli team of wrestling and Joe Romano, champion of fight became the two first athletes killed during the assault. Days later, nine more athletes would die under gunfire and terrorist grenades at a small airport near Munich.
Meanwhile, in Jerusalem and taking the old Hebrew “eye for an eye” code, Prime Minister Golda Meir asked Zvi Zamir, director of the Mossad; Eli Zeira, chief of the Aman, military intelligence and Yosef Harmelin, head of the Shin Bet, if his men would be able to take the war against the Arab terrorists to their own field. The three heads of Israeli intelligence responded affirmatively. From that moment, the Israeli leader would give the green light to the so-called ‘Ira de Dios’ operation.
Between the 16 of October of 1972 and June of 1973, agents of the Mossad would end the life of several important members of the group ‘Black September’. Strangled, executed by a shot in the neck or simply blown by the air, the Israelis were liquidating one by one in different cities of the world to all those related to the massacre of Munich.
On April 10, 1973, the Prime Minister once again authorized a new operation for the Mossad and the special commandos of the army, known as the ‘Primavera de la Juventud’. The operation consisted in the incursion of combined Israeli teams in Lebanon to end the life of Mohamed Yussef Al-Najjar, alias ‘Abu Yussef’, number three of Fatah, chief of operations and intelligence for terrorist attacks abroad, high command of ‘Black September.
Michel Moukharbel, the one who had been from Boudia, called his contact in the Mossad and informed him that by order of Hassan Salameh himself, a certain Carlos Ramírez Sánchez of Venezuelan nationality and whom in some circles they knew with the nickname of ‘El Chacal’ , would assume the powers of Mohamed Boudia in Europe. A legend in world terrorism, was born.
Ali Hassan Salameh himself, alias ‘the Red Prince’, founder of ‘Black September’ and true mastermind of the slaughter of Israeli athletes at the Olympic Games, would be killed by a Mossad team by a car bomb placed in its path in a street of Beirut, on January 22, 1979, almost seven years after the Munich massacre. The ‘eye for an eye’ had been fulfilled.

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