El rescate — Emilio Ontiveros & Ignacio Escobar / The Rescue by Emilio Ontiveros & Ignacio Escobar (spanish book edition)

Este es un breve libro de los muchos que surgieron para explicar lo conocido de la crisis, ambos colaboradores en la Cadena Ser, entre otros medios. El libro es breve y para los no iniciados lo explica claramente con cronología de los días negros… El resumen a través del prólogo de Estefanía podría ser:
«Lo que se decía en Argentina ahora se dice en España: el que comía ternera ahora come cerdo, el que comía cerdo ahora come pollo, el que comía una carne de primera ahora la come de segunda y el que comía de segunda ahora está viendo qué puede hacer con las vísceras».

Está claro que el pasado no va a volver. La crisis no será un regreso al país que empezó a hundirse hace cinco años. España afronta una crisis sistémica, una palabra que no sólo significa depresión, sino también transformación. Queramos o no, el país va a cambiar y de esta situación excepcional, del rescate, vendrá un nuevo modelo económico, financiero, social… Vamos a dar un volantazo, y por eso es importante saber bien cuáles son los problemas reales que queremos esquivar.
Un uso inadecuado del bajo precio del dinero. Las autoridades, Gobierno y supervisores tenían que haber compensado aquella euforia del endeudamiento. Y hubo un elemento cultural muy importante, casi religioso: todavía existe una especie de tradición familiar en la que se les transmite a los hijos que si no tienes una vivienda propia, eres un don nadie. El escaso fomento del alquiler fue igualmente un factor influyente en esa excesiva concentración de la inversión en la construcción residencial.
El problema es que el mercado inmobiliario español no es tan transparente ni tan fluido como el estadounidense. Una de las grandes diferencias entre la digestión de la crisis en Estados Unidos y la lenta digestión de la crisis en la eurozona, y de manera especial en España, es precisamente la rapidez con la que se hizo la purga. Esto significó que los precios cayeran más del 30 por ciento en menos de un año, pero que de alguna forma se empezara a levantar el vuelo otra vez. Aquí todavía tenemos la sensación de que queda algo de purga pendiente.
Por otro lado es importante señalar la bancarización tan importante de la deuda privada en España. Desde luego, la de las familias. Las familias no sólo tienen mayoritariamente en su patrimonio vivienda, sino que están endeudadas, y buena parte de la deuda española consiste en esta deuda privada, la deuda de las familias y de las empresas. Y una familia endeudada es una familia agarrotada.

El Banco de España debió ser más estricto con la concentración de riesgos de crédito. Es verdad que el Banco de España y otros economistas venían advirtiendo que teníamos muchos activos inmobiliarios, etcétera. Pero una cosa es que el servicio de estudios del Banco de España, por ejemplo, diga en sus informes que hay que diversificar, que otros expertos alerten de que hay que conseguir un patrón de crecimiento menos monolítico y demás; y otra cosa muy distinta es que en el día a día uno obligue a unas entidades bancarias a decir no más activos de esta naturaleza.
Quizás el Banco de España estaba amparado en demasía en la tradición de eficacia de sus provisiones, porque es verdad que el sistema bancario español tiene provisiones importantes cuando sobreviene la crisis. Pero lo que nadie podía prever era la magnitud del desplome. Fue el derrumbe de un sector que en 2007 representaba un 13 o 14 por ciento del PIB y del empleo, y que ha pasado a representar ahora en torno a un 6 por ciento sin que la caída haya concluido. Las dimensiones de este hundimiento fueron las que sorprendieron tanto a propios como a extraños. No solo en España.

Estar en el euro ha estigmatizado en cierta medida a algunas economías y ha hecho que el daño sea mayor. Pero el euro no es una maldición. Sí lo es la gestión de la crisis de la eurozona. Y en ella se ha observado a un Banco Central que titubeó en la gestión inicial de la crisis. Recordemos que el BCE todavía subió los tipos de interés un mes antes de la quiebra de Lehman Brothers.
Un Banco Central que hasta hace poco ha mantenido una retórica absolutamente ortodoxa, rígida, sobre el manejo de las cantidades, sobre la intervención en los mercados de bonos, a diferencia de sus colegas de otras economías avanzadas. Un Gobierno alemán que entendió que esto tenía que ser la aplicación de aquella pedagogía que utilizaban algunos mayores: «La letra con sangre entra», como si eso fuera a generar en realidad una reactivación de la economía. Un paradigma en la política económica que no ha sido acertado, como es el consistente en que la austeridad genera confianza y la confianza más inversión. No: la austeridad a ultranza no es precisamente expansiva sino que acaba siendo procíclica, como la realidad está demostrando. Y, después un fallo cometido por los políticos: es verdad cuando se dice que esta crisis requiere una solución política. Técnicamente la hemos desentrañado.
En Europa hemos creído, influenciados por la administración alemana, que era necesaria una especie de cura de adelgazamiento irracional. El resultado es curioso: puede ser que electoral y políticamente las fuerzas que a medio plazo surjan en Europa vuelvan a ser más partidarias de actuar en la economía. Porque esta crisis en general —ya no sólo la crisis de la deuda pública— está demostrando que los mercados no siempre asignan bien. En ocasiones fallan y es necesaria la intervención de las autoridades. Que los buenos Gobiernos son importantes, no sólo como reguladores, sino también liderando decisiones de inversión en nuevos sectores.
No tiene sentido que Europa que todavía se encuentra algo rezagada en sectores basados en conocimiento renuncie a la inversión pública. La inversión pública se acaba siempre recuperando, acaba siendo rentable para las finanzas públicas y para el sector privado. Los Gobiernos en algunas ocasiones tienen que liderar la inserción en nuevos sectores, contribuir a hacerlos más competitivos; no deben renunciar a ejercer influencia en la actividad económica, en mayor medida si la actividad privada, no produce resultados óptimos.

En realidad, el autoempleo muchas veces es la única salida que les queda a muchos jóvenes, es en estos casos la fase previa al emprendizaje. Falta algo muy importante más allá de los valores, la educación, las señales demostrativas, que es la financiación. Es muy importante que existan mecanismos de financiación no bancaria que permitan la cobertura de proyectos nuevos, necesariamente de mayor riesgo, pero también de superior crecimiento potencial.
Confío en que ésa sea otra de las lecciones de la crisis, porque va a deparar sistemas financieros distintos sobre todo en Europa. La potenciación de modalidades e instituciones financieras más cercanas a la financiación de nuevas empresas es de todo punto necesario. La menor bancarización, la entrada en juego de operadores financieros del tipo de los que tenemos en Reino Unido o Estados Unidos, los fondos de capital riesgo, private equity…

This is a brief book of the many that emerged to explain the known crisis, both partners in the Cadena Ser (spaniard radio station), among other media. The book is brief and for the uninitiated it explains it clearly with chronology of the black days … The summary through the prologue by Estefanía could be:
«What was said in Argentina is now said in Spain: the one who ate veal now eats pork, the one who ate pork now eats chicken, the one who ate a prime meat now eats it second and the one who ate second is now watching what can he do with the viscera ».

It is clear that the past will not come back. The crisis will not be a return to the country that began to sink five years ago. Spain faces a systemic crisis, a word that not only means depression, but also transformation. Like it or not, the country will change and from this exceptional situation, from the rescue, a new economic, financial, social model will come … We are going to give a swerve, and for that reason it is important to know well what are the real problems that we want Dodge.
An inadequate use of the low price of money. The authorities, government and supervisors had to compensate for this euphoria of indebtedness. And there was a very important cultural element, almost religious: there is still a kind of family tradition in which it is transmitted to children that if you do not have a home of your own, you are a nobody. The scarce promotion of rent was also an influential factor in the excessive concentration of investment in residential construction.
The problem is that the Spanish real estate market is not as transparent or as fluid as the US market. One of the great differences between the digestion of the crisis in the United States and the slow digestion of the crisis in the Eurozone, and especially in Spain, is precisely the speed with which the purge was made. This meant that prices fell more than 30 percent in less than a year, but somehow it started to take off again. Here we still have the feeling that there is still some purge pending.
On the other hand, it is important to point out the important bankization of private debt in Spain. Of course, that of families. Families not only have a majority of their housing stock, but they are indebted, and a large part of the Spanish debt consists of this private debt, the debt of families and companies. And an indebted family is a stiff family.

The Bank of Spain had to be more strict with the concentration of credit risks. It is true that the Bank of Spain and other economists had been warning that we had many real estate assets, et cetera. But one thing is that the Bank of Spain’s study service, for example, says in its reports that it is necessary to diversify, that other experts warn that a less monolithic and other growth pattern must be achieved; and another very different thing is that in the day to day one forces some banking entities to say no more assets of this nature.
Perhaps the Bank of Spain was covered too much in the tradition of effectiveness of its provisions, because it is true that the Spanish banking system has important provisions when the crisis comes. But what nobody could have foreseen was the magnitude of the collapse. It was the collapse of a sector that in 2007 represented 13 or 14 percent of GDP and employment, and that has now come to represent around 6 percent without the fall has ended. The dimensions of this collapse were what surprised both themselves and strangers. Not only in Spain.

Being in the euro has stigmatized some economies to some extent and caused the damage to be greater. But the euro is not a curse. Yes it is the management of the crisis of the eurozone. And in it has been observed a Central Bank that hesitated in the initial management of the crisis. Recall that the ECB still raised interest rates one month before the bankruptcy of Lehman Brothers.
A Central Bank that until recently has maintained an absolutely orthodox, rigid rhetoric about the handling of amounts, about intervention in the bond markets, unlike its colleagues in other advanced economies. A German government that understood that this had to be the application of that pedagogy that some older ones used: “The letter with blood comes in”, as if that would actually generate a reactivation of the economy. A paradigm in economic policy that has not been successful, as is the consistent in that austerity generates confidence and trust more investment. No: extreme austerity is not exactly expansive but ends up procyclical, as reality is proving. And, after a failure committed by politicians: it is true when it is said that this crisis requires a political solution. Technically we have unraveled it.
In Europe we have believed, influenced by the German administration, that a kind of irrational thinning cure was necessary. The result is curious: it may be that, electorally and politically, the forces that arise in Europe in the medium term will be more in favor of acting in the economy. Because this crisis in general – and not just the public debt crisis – is showing that markets do not always assign well. Sometimes they fail and the intervention of the authorities is necessary. That good governments are important, not only as regulators, but also leading investment decisions in new sectors.
It makes no sense that Europe, which is still somewhat behind in knowledge-based sectors, renounces public investment. Public investment always ends up recovering, it ends up being profitable for public finances and for the private sector. Governments sometimes have to lead the insertion in new sectors, contribute to make them more competitive; they should not renounce to exert influence on economic activity, to a greater extent if the private activity does not produce optimal results.

In reality, self-employment is often the only way out for many young people, it is in these cases the phase prior to entrepreneurship. Something very important is missing beyond values, education, demonstration signals, which is financing. It is very important that there are non-bank financing mechanisms that allow the coverage of new projects, necessarily of greater risk, but also of higher potential growth.
I trust that this is another lesson of the crisis, because it will bring different financial systems, especially in Europe. The strengthening of modalities and financial institutions closer to the financing of new companies is absolutely necessary. The lower banking penetration, the entry into play of financial operators of the type we have in the United Kingdom or the United States, venture capital funds, private equity …

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