Los amos del mundo: las armas del terrorismo financiero — Vincenç Navarro & Juan Torres López / The Masters of the World: The Weapons Of Financial Terrorism by Vincenç Navarro & Juan Torres López ( spanish book edition)

Este es otro libro de introducción que nos cuenta de modo sencillo como funciona el mundo. Es didáctico , breve y pese a que pasan los años no pierde un ápice de realidad como la que nos rodea.

Muy a menudo, quienes ocupan los sillones presidenciales o dirigen las grandes instituciones políticas tienen un poder limitado a la hora de poner en marcha lo que desean porque ellos no son los determinantes últimos de las decisiones que toman. A su lado, por arriba o por debajo, están otros que realmente tienen mucha mayor capacidad de decisión.

En los últimos meses hemos vivido en Europa situaciones que deberían ser calificadas realmente como auténticos golpes de Estado concebidos para que se pudieran tomar más fácilmente las decisiones que convienen a las finanzas. El expresidente griego Papandreu simplemente había amagado con la convocatoria de un posible referéndum, pero eso fue suficiente para que se le forzase a dimitir. Lo mismo tuvo que hacer el italiano Berlusconi cuando quiso sacar pecho frente a Berlín y Bruselas. Y el acuerdo de financiación a Grecia ha llevado consigo la presencia permanente en el país heleno de autoridades extranjeras para vigilar y poner en marcha la política económica que se considere «adecuada» a los poderes financieros y económicos a los que representan, sean cuales sean la opinión o las preferencias de los ciudadanos griegos.

La primera es la consolidación de un poder monetario privado, al margen del debate político, que condiciona y encuadra el resto de las políticas económicas. La libertad de movimientos del capital, la independencia de los bancos centrales y el fortalecimiento de la capacidad de maniobra de los fondos y entidades financieras han sido los factores que principalmente han contribuido a este fenómeno contemporáneo que hace que, en la práctica, los gobiernos tengan completamente atadas las manos frente a los mercados.
La segunda es el incremento voluntariamente planificado de la desigualdad, del desempleo y el empleo precario, y de la deuda.
La desigualdad es la que alimenta la riqueza creciente de los grandes grupos de poder. Con menos empleo y menos demanda (por ser tan bajos los salarios) los grandes empresarios obtienen menos beneficios (puesto que les sería económicamente más rentable el pleno empleo), pero gracias a la sumisión y a la debilidad que esas condiciones laborales generan en las masas trabajadoras pueden disponer de más poder político, que a la postre es lo que les asegura su dominio sobre el conjunto de la sociedad.
La tercera es la complicidad creciente entre el poder económico y financiero y el mediático, que el impulso de las concentraciones de capital está llevando hasta extremos realmente insospechados: uno o dos grupos empresariales, o incluso simplemente alguna persona aislada, controlan la totalidad de la oferta de medios (sobre todo audiovisuales) en muchos países, uniformando la opinión pública e imponiendo el pensamiento único que domina las decisiones económicas.
Finalmente, los poderes fácticos de la gran empresa y de la banca han logrado que los partidos y las autoridades públicas hayan llegado a ser prácticamente irresponsables por lo que hacen.

El principio de igualdad ante la ley se convierte en un papel mojado cuando de relaciones económicas o financieras se trata. La propia democracia deja de existir cuando las decisiones a tomar tienen que ver con el dinero o con el reparto del ingreso y la riqueza.
Las estadísticas y los datos no pueden mostrar directamente el poder y la influencia de las grandes corporaciones, pero estos se deducen con claridad de la concentración del capital, del extraordinario tamaño que alcanzan y de su desorbitada cifra de negocios.
A través de procedimientos muy variados (dominio de las tecnologías, abundancia de liquidez, guerras comerciales, apoyos políticos, etc.) las empresas de por sí más grandes se han ido haciendo cada vez más con los mercados, hasta el punto de que estos reflejan hoy día una estructura jerarquizada y dibujada en torno a grandes conglomerados que dominan las ventas y las estrategias que se imponen para generar beneficios.
Solo las diez más grandes controlan la mayor parte de las ventas:
— el 53% del mercado farmacéutico mundial,
— el 54% del beneficio del sector de la biotecnología,
— el 62% del sector de la farmacéutica veterinaria,
— el 80% del mercado global de pesticidas y del comercio mundial de los alimentos,
— el 95% del mercado mundial de semillas comerciales,
— prácticamente la totalidad del mercado internacional del petróleo.
Incluso una sola empresa es la dueña de la mayor parte del mercado: Lladró controla el 70% del mercado mundial de la porcelana de lujo, Apple domina el 60% del mercado táctil a nivel mundial y de Beers controla el 75% del comercio mundial de diamantes.
Un dominio que también se reproduce en el interior de los diferentes estados nacionales. En España, cuatro empresas controlan el mercado español de café; siete, el 75% de los alimentos que compramos, cinco, el 50%, y una empresa (Carrefour), uno de cada cuatro alimentos.

Cuando las multinacionales alcanzan un volumen de negocio tan gigantesco dependen de ellas millones de trabajadores en diversos sectores económicos, puesto que suelen constituir conglomerados de muchos tipos de actividades, con docenas de marcas y con presencia en ramas muy diversificadas de la economía. Una simple amenaza de desplazarse a otro sitio o la oferta de introducirse en un nuevo país ponen en jaque a los gobiernos, que enseguida tratarán de ofrecerles impuestos más bajos, subvenciones, ayudas de todo tipo, lo que haga falta para evitar perder empleo o para intentar ganarlo, aunque al final resulte que solo se trata de unos pocos cientos de puestos de trabajo mal pagados y que trasladan los mejores réditos de su actividad a otros lugares.
Además de jugar con estos precios de transferencia, las grandes empresas multinacionales tienen otros mecanismos para aprovecharse de su tamaño y de su poder. Una de las vías que, gracias a su enorme influencia, han logrado imponer a los gobiernos para ahorrarse impuestos son las llamadas en España entidades de tenencia de valores extranjeros. Constituyen una figura jurídica nacida en 1995 con el objetivo aparentemente noble de evitar que las empresas multinacionales radicadas en España pagaran dos veces por sus beneficios, aquí y en sus países de origen. Pero lo que consiguen es que esas grandes empresas no paguen en realidad ni en uno ni en otro país. Gracias a su dimensión y a su gran capacidad de maniobra, lo que hacen es situar los beneficios en los lugares donde existen figuras como la española sin que ni siquiera tenga que haber allí actividad alguna. Así, la empresa ExxonMobil Spain ganó 9.907 millones de euros en dos años con un solo empleado en España y no tuvo que pagar ni un solo euro en impuestos.

En la cima de la cima de la cima de las grandes corporaciones empresariales del mundo están los bancos. De las 147 grandes empresas multinacionales que, según señalamos anteriormente, controlan el 40% del negocio internacional, las tres cuartas partes son entidades financieras.
Pero no son solo las grandes cifras que envuelven a su negocio lo que explica el gran poder de la banca. En realidad hay muchas empresas multinacionales que tienen activos o volúmenes de ingresos incluso mayores, sin llegar a disfrutar de su gran capacidad de influencia y decisión. La diferencia es que los bancos disponen de muchísima más liquidez, más dinero contante y sonante, entre otras cosas, porque tienen el privilegio de crearlo. Y como tienen más dinero, resulta que los bancos pueden comprar todo lo que deseen y se les ponga por delante: empresas, medios de comunicación, bienes de todo tipo, suelo, viviendas, la libertad de las personas a las que endeudan de por vida, y la voluntad de los políticos a los que financian, legal o ilegalmente, o la de los multimillonarios.
No es de extrañar, por tanto, que fuese uno de los grandes banqueros, David Rockefeller, quien estuviese detrás (además de la gran corporación Unilever y la CIA) de la creación del grupo Bilderberg y de la Trilateral, dos de los grandes centros de reflexión y dominio ideológico en donde los amos del mundo han gestado la mayor parte de las estrategias políticas que luego han ido adoptando los gobiernos de casi todo el planeta.
Rockefeller no ha tenido nunca empacho a la hora de manifestar sus intereses como banquero y en qué clase de política y de instituciones los traduce desde ese tipo de organismos. En una entrevista a Newsweek International (1 de febrero de 1999) declaró: «cualquier cosa debe reemplazar a los gobiernos y el poder privado me parece la entidad adecuada para hacerlo», y en su discurso ante la Trilateral en 1991 afirmó que «la soberanía internacional de una élite intelectual y de banqueros es preferible al principio de autodeterminación de los pueblos».

Creemos que tenemos más riqueza, que somos más ricos, cuando hay más dinero. Pero eso es una percepción falsa porque surge de no darse cuenta de que este último (en su mayor parte) no lleva consigo, cuando se crea, ninguna base o contrapartida material, sino solo una anotación en el balance de los bancos, que se realiza, como hemos visto, cuando se genera deuda. Para liberarse de semejante confusión hay que conocer bien la naturaleza real del negocio bancario, de la deuda y del interés, que son los pilares en los que se basa el poder de la banca.
La deuda no es el resultado de un libre albedrío de todos los sujetos económicos. Es evidente que cualquier economía y que cualquier persona, empresa o gobierno debe recurrir a ella para financiar inversiones o capitales a plazo cuando, como suele ser habitual, no se tienen recursos para financiarlos en su totalidad desde el primer momento, o cuando se dan circunstancias imprevistas o excepcionales. Por eso, demonizar la deuda es un absurdo, porque siempre ha sido imprescindible y lo seguirá siendo, aunque es igualmente evidente que su crecimiento debe gobernarse con mesura y en función de gastos que realmente la hagan necesaria. Pero esto es una cosa, que da lugar a un crecimiento equilibrado y sostenible de la deuda, y otra lo que se está produciendo en el mundo: la hipertrofia desmesurada de la deuda, que es sencillamente consecuencia de las políticas que imponen los bancos para aumentar su negocio.

La manera más sencilla posible los tres grandes procesos que dieron lugar a la aparición del casino financiero en donde reinan sin apenas competencia los grandes banqueros para tratar de adueñarse del mundo.
El primero fue el incremento muy desproporcionado de la cantidad de dinero existente en las economías y la generalización de actividades puramente especulativas vinculadas a la compra y venta de medios de pago. Un fenómeno que se suele conocer como la financiarización de las economías contemporáneas.
El segundo fue la modificación de la política de los gobiernos y de los grandes organismos internacionales respecto a los flujos monetarios, estableciendo nuevas condiciones de apropiación y circulación del dinero.
El tercero tiene que ver con los cambios cualitativos que se produjeron más internamente en el seno de la actividad financiera, y que afectaron al comportamiento de los bancos, al tipo de actividades que llevan a cabo, a la naturaleza de las relaciones y de los productos financieros y a su vinculación con las empresas, los consumidores y la economía en general.

Los gobiernos fueron abriendo el camino para que los grandes bancos se hicieran con el control total de las finanzas y de la vida económica se dio en Estados Unidos con la derogación de la conocida como ley Glass-Steagall.
Esta ley se había aprobado en 1933 con el objetivo de evitar futuros colapsos bancarios como el de 1929, y para ello contenía mecanismos de supervisión de las entidades bancarias y establecía una clara separación entre los bancos de inversión y los bancos comerciales.
A partir de la aprobación de la ley, los bancos de inversión no podían aceptar depósitos, gestionar cuentas de créditos y dar préstamos, que eran las actividades típicas de los bancos comerciales. Pero el presidente Bill Clinton cedió a las demandas de los bancos y en 1999 la derogó, acabando con el mecanismo más estricto de regulación y vigilancia bancaria que llevaba consigo.
Desde entonces, bancos comerciales y de inversión confundieron sus actividades, asumiendo los primeros cada vez más riesgos a espaldas de sus clientes mientras los segundos, los de inversión, captaban recursos de clientes más conservadores para disponer de capital con el que llevar a cabo sus negocios en la cuerda floja de las finanzas.

Las pérdidas fiscales y los daños económicos y sociales que lleva consigo la existencia, más que consentida organizada y tutelada desde Europa, Londres y Estados Unidos, de los paraísos fiscales son extraordinarias. Allí está oculta la cuarta parte de la riqueza mundial, con un valor equivalente o incluso mayor al PIB de Estados Unidos. Las pérdidas fiscales que origina la ocultación de este flujo tan inmenso de dinero se pueden cifrar en unos 250.000 millones de dólares anuales. Aunque la evasión fiscal que supone la existencia de una economía paralela como la que funciona en torno a los paraísos fiscales es mucho mayor. Tax Justice Network la cifra, siguiendo los datos del Banco Mundial, en unos 3,1 billones de dólares. Y a esas pérdidas habría que añadir las que originan los flujos ilícitos de capitales, sobre todo entre los países más pobres y los ricos, así como las que llevan consigo las actividades criminales (no solo cuantificables en dinero) que se generan gracias a la existencia protegida de los paraísos fiscales.

Los grandes fondos especulativos destinan una gran parte de sus recursos a invertir en acciones de empresas, para lo cual suelen crear un tipo especial de sociedades, llamadas private-equity. Estas se constituyen como fondos que recogen dinero de los bancos, de los fondos de pensiones y de los individuos más ricos del planeta para comprar otras empresas. Una vez que las controlan, las reestructuran (reduciendo plantillas, aumentando el horario de trabajo, externalizando costes, aplicando nuevas medidas de marketing, disminuyendo los salarios, optimizando los procesos productivos, etc.) y finalmente las vuelven a vender a un precio mucho más alto, o las mantienen pero simplemente tratando de que su valor en bolsa suba, con independencia de cualquier otra estrategia.
Como el objetivo que persiguen estos inversores especulativos es la búsqueda del beneficio a corto plazo, condicionan muy negativamente las estrategias empresariales, ya que dejan de atender a la mejora de la producción o el empleo, para concentrarse en mejorar sus resultados de cualquier forma.

La relación entre la globalización financiera y el incremento de la delincuencia, así como el papel de la banca como medio para que se pueda llevar a cabo, ha sido puesta de relieve por muchos estudios y se ha denunciado en multitud de ocasiones por expertos y autoridades independientes. Alrededor de 8.000 juristas de gran prestigio de todo el mundo firmaron en París, en junio 2003, una declaración en la que afirmaban que la gran corrupción se beneficia de la complicidad de los bancos occidentales, utilizando el circuito de entidades y compañías radicadas en paraísos fiscales, aprovechándose de unos sesenta territorios o Estados que le sirven de refugio seguro, y las propias organizaciones de inspectores de hacienda han manifestado en varias ocasiones que se debe a que las medidas de los gobiernos, en lugar de facilitar la lucha contra este tipo de delitos, favorecen la ocultación.
Las Naciones Unidas calculan que estas actividades mueven alrededor de 2,1 billones de dólares, un 3,6% del PIB mundial, algo menos de lo que han estimado la OCDE o el Fondo Monetario Internacional, pero, en cualquier caso, una suma fabulosa que pasa constantemente por la banca internacional. La Interpol, sin embargo, eleva la estimación considerando que el porcentaje que representaban las actividades criminales en el total de la economía mundial era del 15% en 2009, y el FBI considera que todas ellas dejan un beneficio anual de 1 billón de dólares.
El efecto que ha tenido la desregulación que ha hecho desaparecer los controles y la vigilancia preventiva es indudable si se tiene en cuenta que, según estas últimas fuentes, en la actualidad la magnitud de la economía criminal es tres veces mayor que en 1970 y el doble que en 1980.

Cuando se habla de «los mercados» se está hablando, aunque no se reconozca y se disimule, de personas con nombres y apellidos que toman decisiones e imponen preferencias a los demás en el seno de bancos, grandes empresas o instituciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.
Comentamos páginas atrás que un pequeño número de personas controla el fabuloso mercado de los derivados y condiciona así lo que sucede en la vida económica del planeta. Podemos añadir incluso que sabemos quiénes son concretamente y dónde y para quién trabajan: Thomas J. Benison de JP Morgan Chase & Company; James J. Hill de Morgan Stanley; Athanassios Diplas del Deutsche Bank; Paul Hamill de UBS; Paul Mitrokostas del Barclays; Andy Hubbard de Credit Suisse; Oliver Frankel de Goldman Sachs; Ali Balali del Bank of America, y Biswarup Chatterjee de Citigroup.
Si el dinero mata, esos bancos son los que aprietan el gatillo, porque es imposible que pueda haber crímenes sin criminales que los lleven a cabo.
Y entre todos ellos hay uno que posiblemente destaque sobremanera: Goldman Sachs.

Hay suficientes recursos para evitar la insatisfacción y el sufrimiento tan generalizado que existe en el mundo. Hoy día tenemos más posibilidades y medios que nunca para organizar la vida en el planeta de modo satisfactorio. La prueba es que, a pesar de lo mucho que falta por resolver, la situación de la humanidad es actualmente la mejor de toda nuestra historia.
Y es fácil comprobar que las propuestas alternativas se abren paso cada vez con más legitimidad y convicción.
La experiencia nos dice que las economías funcionan mejor cuando los capitales financieros están controlados. Que hay que garantizar que el dinero sea considerado como un bien público y que su creación no siga siendo un privilegio en manos de un solo grupo social. La evidencia histórica y la realidad que nos rodea muestran que las economías que permiten que la financiación dependa del afán de lucro y que no la garantizan como un servicio público esencial están condenadas a sufrir crisis y carencias permanentes.
No podemos olvidar que lo que está ocurriendo en el mundo, el uso sin apenas control del dinero y del poder que comporta, el desorden financiero continuo que eso provoca, las carencias en la economía real que lleva consigo, el paro y la pobreza que crecen como sus consecuencias directas son el resultado de la imposición de una auténtica dictadura.
Debería enseñarse a todas las mujeres y hombres desde la infancia para que no olviden nunca: «Mientras más obedecíamos, peor nos trataban».

This is another introductory book that tells us in a simple way how the world works. It is didactic, brief and although the years pass, it does not lose a bit of reality like the one around us.

Very often, those who occupy the presidential chairs or direct the great political institutions have limited power when it comes to implementing what they want because they are not the ultimate determinants of the decisions they make. At his side, above or below, there are others who really have much greater capacity for decision.

In recent months we have lived in Europe situations that should really be described as genuine coups d’état conceived so that decisions that are suitable for finance can be made more easily. Former Greek President Papandreou had simply threatened with the call for a possible referendum, but that was enough to force him to resign. The same had to do the Italian Berlusconi when he wanted to take chest in front of Berlin and Brussels. And the financing agreement with Greece has brought with it the permanent presence in the Hellenic country of foreign authorities to monitor and implement the economic policy deemed “adequate” to the financial and economic powers they represent, whatever the opinion or preferences of Greek citizens.

The first is the consolidation of a private monetary power, regardless of the political debate, which conditions and frames the rest of the economic policies. The freedom of movement of capital, the independence of central banks and the strengthening of the maneuverability of funds and financial entities have been the main factors that have contributed to this contemporary phenomenon, which means that, in practice, governments have completely tied hands in front of the markets.
The second is the voluntarily planned increase in inequality, unemployment and precarious employment, and debt.
Inequality is what feeds the growing wealth of the big power groups. With less employment and less demand (because salaries are so low), big businessmen get less benefits (since full employment would be economically more profitable), but thanks to the submission and weakness that these working conditions generate in the working masses they can have more political power, which in the end is what ensures their control over the whole society.
Inequality is what feeds the growing wealth of the big power groups. With less employment and less demand (because salaries are so low), big businessmen get less benefits (since full employment would be economically more profitable), but thanks to the submission and weakness that these working conditions generate in the working masses they can have more political power, which in the end is what ensures their control over the whole society.
The third is the growing complicity between economic and financial power and the media, that the impulse of capital concentrations is leading to truly unsuspected extremes: one or two business groups, or even simply some isolated person, control the totality of the offer of media (especially audiovisual) in many countries, unifying public opinion and imposing the unique thinking that dominates economic decisions.
Finally, the de facto powers of big business and banking have made parties and public authorities almost irresponsible for what they do.

The principle of equality before the law becomes a dead letter when it comes to economic or financial relations. Democracy itself ceases to exist when decisions to make have to do with money or with the distribution of income and wealth.
Statistics and data can not directly show the power and influence of large corporations, but these are clearly deduced from the concentration of capital, the extraordinary size they achieve and their exorbitant turnover.
Through very varied procedures (mastery of technologies, abundance of liquidity, commercial wars, political support, etc.), the companies themselves have been increasingly making with markets, to the point that they reflect today a hierarchical structure drawn around large conglomerates that dominate sales and strategies that are imposed to generate profits.
Only the ten largest control most of the sales:
– 53% of the global pharmaceutical market,
– 54% of the profit of the biotechnology sector,
– 62% of the veterinary pharmaceutical sector,
– 80% of the global pesticide market and the global food trade,
– 95% of the world commercial seed market,
– practically the entire international oil market.
Even a single company is the owner of most of the market: Lladró controls 70% of the world market for luxury porcelain, Apple dominates 60% of the touch market worldwide and Beers controls 75% of the global trade of diamonds
A domain that also reproduces itself inside the different national states. In Spain, four companies control the Spanish coffee market; seven, 75% of the food we buy, five, 50%, and one company (Carrefour), one in four foods.

When multinationals reach such a gigantic volume of business they depend on them millions of workers in different economic sectors, since they usually constitute conglomerates of many types of activities, with dozens of brands and with presence in very diversified branches of the economy. A simple threat of moving to another site or the offer to enter a new country jeopardizes governments, which will soon try to offer lower taxes, subsidies, aid of all kinds, whatever is necessary to avoid losing employment or to try to win it, although in the end it turns out that it is only a few hundred poorly paid jobs and that they transfer the best returns from their activity to other places.
In addition to playing with these transfer prices, large multinational companies have other mechanisms to take advantage of their size and power. One of the ways that, thanks to their enormous influence, they have managed to impose on governments to save taxes are the calls in Spain entities of possession of foreign securities.
They constitute a legal figure born in 1995 with the seemingly noble objective of preventing multinational companies based in Spain from paying twice for their benefits, here and in their countries of origin. But what they get is that these big companies do not actually pay either in one country or in another. Thanks to its size and its great capacity for maneuver, what they do is place the benefits in places where there are figures like the Spanish without even having to have any activity there. Thus, the company ExxonMobil Spain earned 9,907 million euros in two years with only one employee in Spain and did not have to pay a single euro in taxes.

Banks are at the top of the top of the top corporate corporations in the world. Of the 147 large multinational companies that, as we pointed out above, control 40% of international business, three quarters are financial entities.
But it is not just the big figures that surround your business that explains the great power of banking. In reality there are many multinational companies that have assets or even higher income volumes, without getting to enjoy their great capacity for influence and decision. The difference is that the banks have a lot more liquidity, more cash and sound, among other things, because they have the privilege of creating it. And as they have more money, it turns out that banks can buy everything they want and put them ahead: companies, media, goods of all kinds, land, housing, the freedom of people who are indebted for life , and the will of the politicians they fund, legally or illegally, or that of the billionaires.
It is not surprising, therefore, that it was one of the great bankers, David Rockefeller, who was behind (besides the big Unilever corporation and the CIA) the creation of the Bilderberg group and the Trilateral, two of the great centers of reflection and ideological domination where the masters of the world have gestated most of the political strategies that have been adopted by the governments of almost the entire planet.
Rockefeller has never been embarrassed when it comes to manifesting his interests as a banker and in what kind of politics and institutions he translates them from that type of organisms. In an interview with Newsweek International (February 1, 1999) he declared: “anything should replace governments and private power seems to me the right entity to do it”, and in his speech before the Trilateral in 1991 he stated that “sovereignty international of an intellectual elite and bankers is preferable to the principle of self-determination of the people ».

We believe that we have more wealth, that we are richer, when there is more money. But that is a false perception because it arises from not realizing that the latter (for the most part) does not carry with it, when it is created, no basis or material counterpart, but only a notation in the balance of the banks, which is realized , as we have seen, when debt is generated. To get rid of such confusion, one must be well aware of the real nature of the banking business, debt and interest, which are the pillars on which the power of banking is based.
The debt is not the result of a free will of all economic subjects. It is obvious that any economy and that any person, company or government must resort to it to finance investments or term capital when, as usual, there are no resources to finance them in full from the start, or when circumstances arise unexpected or exceptional. Therefore, demonizing the debt is absurd, because it has always been essential and will continue to be so, although it is equally evident that its growth must be governed with moderation and in terms of expenses that really make it necessary. But this is one thing, which leads to a balanced and sustainable growth of the debt, and another thing that is taking place in the world: the excessive hypertrophy of the debt, which is simply a consequence of the policies imposed by the banks to increase your business.

The simplest way possible the three major processes that led to the emergence of the financial casino where the big bankers reign with little competition to try to take over the world.
The first was the very disproportionate increase in the amount of money existing in the economies and the generalization of purely speculative activities linked to the purchase and sale of means of payment. A phenomenon that is often known as the financialization of contemporary economies.
The second was the modification of the policy of governments and large international organizations regarding monetary flows, establishing new conditions of appropriation and circulation of money.
The third has to do with the qualitative changes that occurred more internally within the financial activity, and that affected the behavior of the banks, the type of activities they carry out, the nature of the relationships and the products financial institutions and their links with companies, consumers and the economy in general.

Governments were opening the way for large banks to take control of the finances and economic life in the United States with the repeal of the so-called Glass-Steagall Act.
This law had been approved in 1933 with the aim of avoiding future bank collapses like the one of 1929, and for that it contained supervisory mechanisms of the banking entities and established a clear separation between investment banks and commercial banks.
After the approval of the law, investment banks could not accept deposits, manage credit accounts and give loans, which were the typical activities of commercial banks. But President Bill Clinton yielded to the demands of the banks and in 1999 he repealed it, ending the strictest mechanism of banking regulation and surveillance that he carried with him.
Since then, commercial and investment banks confused their activities, assuming the first ever more risks behind their clients’ backs while the latter, the investment ones, captured resources from more conservative clients to have capital with which to carry out their business. on the tightrope of finance.

The fiscal losses and the economic and social damages that the existence brings, rather than consented organized and supervised from Europe, London and the United States, of the tax havens are extraordinary. There, a quarter of the world’s wealth is hidden, with a value equivalent to or even higher than the US GDP. The fiscal losses that originates the concealment of this huge flow of money can be estimated at around 250,000 million dollars per year. Although the tax evasion that supposes the existence of a parallel economy like the one that works around the tax havens is much greater. Tax Justice Network the figure, following the data of the World Bank, in about 3.1 trillion dollars. And those losses should be added those that originate the illicit flows of capital, especially between the poorest countries and the rich, as well as those that carry with them the criminal activities (not only quantifiable in money) that are generated thanks to the existence protected from tax havens.

The large speculative funds spend a large part of their resources to invest in shares of companies, for which they usually create a special type of company, called private-equity. These are constituted as funds that collect money from banks, pension funds and the richest individuals on the planet to buy other companies. Once they control them, they restructure them (reducing staff, increasing work hours, outsourcing costs, applying new marketing measures, decreasing wages, optimizing production processes, etc.) and finally selling them again at a much higher price. high, or maintain them but simply trying to make their stock market value rise, independently of any other strategy.
As the objective pursued by these speculative investors is the pursuit of short-term profit, they negatively condition business strategies, as they stop attending to the improvement of production or employment, to concentrate on improving their results in any way.

The relationship between financial globalization and the increase in crime, as well as the role of banking as a means to carry it out, has been highlighted by many studies and has been denounced on many occasions by experts and authorities independent Around 8,000 prestigious jurists from around the world signed in Paris, in June 2003, a statement in which they claimed that the great corruption benefits from the complicity of Western banks, using the circuit of entities and companies based in tax havens , taking advantage of some sixty territories or states that serve as safe haven, and the own organizations of tax inspectors have stated on several occasions that it is because the measures of the governments, instead of facilitating the fight against this type of crime , favor concealment.
The United Nations calculates that these activities move around 2.1 trillion dollars, 3.6% of world GDP, slightly less than what the OECD or the International Monetary Fund have estimated, but, in any case, a fabulous sum which constantly passes through international banking. Interpol, however, raises the estimate considering that the percentage represented by criminal activities in the total world economy was 15% in 2009, and the FBI considers that all of them leave an annual benefit of 1 trillion dollars.
The effect of the deregulation that has made controls and preventive surveillance disappear is undoubted if one takes into account that, according to the latter sources, at present the magnitude of the criminal economy is three times higher than in 1970 and double than in 1980.

When talking about “the markets” people are talking about, even if it is not recognized and disguised, names and surnames that make decisions and impose preferences on others in banks, large companies or institutions such as the World Bank or the International Monetary Fund.
We commented back that a small number of people control the fabulous derivatives market and thus conditions what happens in the economic life of the planet. We can even add that we know who they are specifically and where and for whom they work: Thomas J. Benison of JP Morgan Chase & amp; Company; James J. Hill of Morgan Stanley; Athanassios Diplas of Deutsche Bank; Paul Hamill of UBS; Paul Mitrokostas of the Barclays; Andy Hubbard of Credit Suisse; Oliver Frankel of Goldman Sachs; Ali Balali of Bank of America, and Biswarup Chatterjee of Citigroup.
If money kills, those banks are the ones that squeeze the trigger, because it is impossible that there could be crimes without criminals that carry them out.
And among all of them there is one that possibly stands out: Goldman Sachs.

There are enough resources to avoid the dissatisfaction and suffering so widespread in the world. Today we have more possibilities and means than ever to organize life on the planet in a satisfactory way. The proof is that, despite how much remains to be solved, the situation of humanity is currently the best in our history.
And it is easy to see that alternative proposals are opening up with increasing legitimacy and conviction.
Experience tells us that economies work best when financial capital is controlled. That it is necessary to guarantee that money is considered a public good and that its creation does not remain a privilege in the hands of a single social group. The historical evidence and the reality that surrounds us show that the economies that allow financing to depend on the desire for profit and that do not guarantee it as an essential public service are condemned to suffer crises and permanent shortages.
We can not forget that what is happening in the world, the use with little control of money and the power it entails, the continuous financial disorder that causes, the shortcomings in the real economy that it brings, unemployment and poverty that grow as its direct consequences are the result of the imposition of an authentic dictatorship.
All women and men should be taught from childhood so that they never forget: “The more we obeyed, the worse they treated us”.

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