La propaganda política — Jean-Marie Domenach / La propagande politique (Political Propaganda) by Jean-Marie Domenach

Este es un libro clásico además que interesante sobre este efecto. La propaganda política, tal como la examinamos, es decir, como una empresa organizada para influir y dirigir la opinión, no aparece sino en el siglo XX, al término de una evolución que le da, al mismo tiempo, su campo propio: la masa moderna, y sus medios de acción: las nuevas técnicas de información, y comunicación. Es un clásico que me releo cada cierto tiempo y que no pierde un ápice pese a que los tiempos cambien. Muy recomendado, breve y muy didáctico.

El escrito, la palabra y la imagen, tales son los sostenes permanentes de la propaganda. Pero su empleo estaba limitado: en el caso del escrito, el más potente vehículo de propaganda, por lo caro de su precio y la lentitud de su distribución; en el de la palabra, por el alcance de la voz humana; y en el de la imagen se reducía a los dibujos o pinturas reproducidos por procedimientos costosos. Ahora bien; los descubrimientos dan a esos tres sostenes un alcance prácticamente ilimitado.
1. Alcance del escrito impreso. Los ideólogos del siglo XVIII usaron libelos, libros (y aun una enciclopedia) para una propaganda revolucionaria de efecto seguro.
El diario moderno debe su existencia a los siguientes factores:
Invención de la rotativa, lo que aumentó la tirada y disminuyó el precio.
Utilización de la publicidad, lo que aportó nuevos recursos.
Rapidez en la distribución (el ferrocarril, el automóvil y el avión, permitieron transportar los ejemplares a todas partes en un tiempo mínimo).
Rapidez en la información (el telégrafo remplazó a la paloma mensajera).
2. Alcance de la palabra. Demóstenes trataba de cubrir con su voz el ruido del mar, y Jaurés con la suya, poderosa, podía sobreponer las interrupciones en las reuniones públicas. La invención del micrófono permitió a la voz humana cubrir las dimensiones de salas inmensas, de vastos locales, de estadios, etc.
3. El alcance de la imagen. El grabado, tan importante, por ejemplo, en la leyenda napoleónica, se ha beneficiado con los nuevos procedimientos de reproducción.
La invención de la fotografía permitió una reproducción directa y por ello con más fuerza probatoria, susceptible también de una tirada ilimitada. El cine dio una imagen aún más verídica y más sorprendente.

Durante mucho tiempo la propaganda y la publicidad marcharon tomadas de la mano; su evolución fue paralela.
Al principio se recomiendan las doctrinas como el farmacéutico recomienda sus ungüentos; se describen las características y se explican los beneficios. A la publicidad informativa, que marcó los comienzos del arte publicitario, corresponden los programas y exposiciones de sistemas que pulularon en el siglo XIV. Muchos son los procedimientos comunes a la propaganda y a la publicidad: al anuncio corresponde «la profesión de fe», a la marca de fábrica el símbolo y al eslogan comercial el eslogan político. Parecería que fuera la propaganda la que se inspirara en las invenciones y los éxitos de la publicidad y copiara un estilo que se supone que agrada al público.
Todo un sector de la propaganda política continúa viviendo en simbiosis con la publicidad. Las campañas electorales en los Estados Unidos, por ejemplo, son apenas diferentes de las campañas publicitarias.
Esta propaganda política data desde la Revolución Francesa. Fue de los clubes, de las asambleas, de los comités revolucionarios de donde salieron los primeros discursos de propaganda, los primeros encargados de la propaganda (que eran, entre otros, los comisarios en los ejércitos). Fueron ellos los que emprendieron la primera guerra de propaganda y la primera propaganda de guerra. Por primera vez una nación se rebelaba y se organizaba en nombre de una doctrina considerada inmediatamente como universal.
El esfuerzo de la propaganda está destinado, en gran parte, al desarrollo de la producción, especialmente en las democracias populares. Discursos, filmes, cantos, afiches, gráficos de los progresos, condecoraciones al obrero destacado y entusiasta (udarnik), proclamación de las metas alcanzadas y superadas, todo crea una mística del plan cuyas variadas manifestaciones invaden la calle y los lugares de trabajo.
La propaganda triunfa aquí al punto de que se diluye en el conjunto de las actividades políticas, económicas e intelectuales de un Estado. Cada una de estas actividades presenta una faz propagandística. La obsesión que de ello resulta, ciertos procedimientos de puesta en escena colectiva, la dirección centralizada de los instrumentos de difusión, la censura, la explotación de las noticias, conforman una utilización coercitivamente totalitaria de la propaganda.

La aportación de Hitler y Goebbels a la propaganda moderna es enorme. Ya hemos visto que no la inventaron, pero la transformaron, y la perfeccionaron. El mundo conoce hoy cómo acabó esa gigantesca maquinaria. Sin embargo, una gran parte de la técnica y de los procedimientos que fueron innovaciones del nazismo en materia de propaganda, subsisten al margen del clima en que prosperaron, y nada puede impedir que pertenezcan desde entonces al arsenal de la propaganda política.
Media un abismo entre las concepciones leninista e hitlerista de la propaganda. En la perspectiva leninista la propaganda es la traducción de la táctica, pero las metas que propone, a pesar de ser fines tácticos, no dejan de ser, al menos hasta cierto punto, las realmente perseguidas. Cuando Lenin dice Tierra y Paz, lo hace porque intenta realmente distribuir la tierra y de firmar La Paz.
El tema ario germánico dio paso al mito majestuoso de la nueva Europa heredera de los valores cristianos, erigida frente a la barbarie bolchevique. No hay contradicción, jamás se vuelve atrás para retomar el camino; se trata, simplemente, de un nuevo instrumento. Fue así como la propaganda antisoviéticas, bruscamente interrumpida en 1939, se reanudó en junio de 1941. Pero la orquesta hizo tanto ruido que solo algunos individuos empecinados en reflexionar advirtieron una discontinuidad. La regla impone, precisamente, no dar tregua para reflexionar. Los llamados a las urnas se suceden, así como las proclamas de combate y la lista de nuevos objetivos que deben alcanzarse.

La preocupación constante de los propagandistas hitlerianos fue siempre lo elemental. Toda propaganda, se dice en Mein Kampf, debe establecer su nivel intelectual según la capacidad de comprensión del más limitado de aquéllos a quienes se dirige. Su nivel intelectual deberá ser, entonces, tanto más bajo cuanto más grande sea la masa de hombres que deba convencer. De ahí la ironía pesada, la burla cínica, los brulotes que caracterizaban la elocuencia hitleriana. Jules Monnerot subrayó que los tiranos modernos tuvieron el don de «lo primario» y volvieron a escribir su doctrina en un «lenguaje de masas».
La primera condición de una buena propaganda es la repetición incesante de los temas principales. Goebbels decía: «La Iglesia católica se mantiene porque repite lo mismo desde hace dos mil años. El Estado nacionalsocialista debe actuar de la misma manera.» Sin embargo, la repetición pura y simple fatigaría pronto. Se trata, entonces, de insistir con obstinación en el tema central presentándolo bajo diversos aspectos. «La propaganda debe limitarse a una pequeña cantidad de ideas repetidas siempre. La masa solo recordará las ideas más simples cuando le sean repetidas centenares de veces. Los cambios que se introduzcan nunca deberán afectar el fondo del mensaje uno se proponga divulgar, sino solamente la forma. Es por esto que la consigna debe presentarse bajo diferentes aspectos, pero figurar siempre condensada en una fórmula invariable como conclusión».
Los uniformes, los graffiti y los himnos producen una impresión de presencia difusa que afirma a los simpatizantes y desmoraliza a los adversarios. Sin embargo, la demostración de fuerza, frecuentemente útil se vuelve algunas veces contra quienes la organizan, si una contra-propaganda eficaz sabe explotar la indignación naciente contra las brutalidades o los entorpecimientos de la libertad de expresión. Las demostraciones de fuerza no son, por otra parte, siempre violentas.

La contra-propaganda, es decir, la propaganda en cuanto combate la tesis del adversario, puede caracterizarse por algunas reglas secundarias que le son propias:
1. Reconocer los temas del adversario. La propaganda adversaria se «descompone» en los elementos que la constituyen. Aislados y clasificados por orden de importancia, los temas del adversario pueden ser fácilmente combatidos.
2. Atacar los puntos débiles. Es éste un precepto fundamental de toda estrategia. Contra una coalición de adversarios, el esfuerzo deberá cargarse, naturalmente, en el menos sólido, en el más vacilante, y en él se concentrará primero la propaganda.
3. Cuando la propaganda adversaria es poderosa, no atacarla nunca de frente. «Con frecuencia la propaganda contemporánea —anota justamente Pol Quentin— juzga necesario combatir la opinión existente para rectificarla y poner las cosas en orden lo más rápidamente posible, y la ataca de manera frontal. Este error es la causa del 90% de los fracasos sufridos por la propaganda en cuestión, buena, a lo sumo para reforzar la opinión de la gente ya convencida.
4. Atacar y desdeñar al adversario. El argumento personal, como ya hemos visto, va más lejos, en esta materia, que el argumento racional. Uno se evita con frecuencia el trabajo de discutir una tesis desdeñando a quien la sostiene. La «diversión personal» es un arma clásica en la tribuna del parlamento y en las reuniones públicas o en las columnas de los diarios.
5. Demostrar que la propaganda del adversario está en contradicción con los hechos. No hay replica que confunda más que la que proporcionan los hechos. Si es posible hacer que una foto o un testigo, aunque sólo sea en un único punto, contradiga la argumentación del adversario, éste se verá desacreditado en su totalidad.
6. Ridiculizar al adversario, caricaturizando su estilo y sus argumentaciones o haciéndolo objeto de bromas y de breves historias cómicas; con esos «chistes» que desempeñaron tan grande papel en la contra-propaganda oral realizada por los anti-nazis alemanes. La burla es una reacción espontánea cuando la propaganda se hace totalitaria y suprime las propagandas adversarias.
7. Hacer que predomine el propio «clima de fuerza». Es importante y es cierto que por razones materiales, pero también psicológicas, no dejar que el adversario «tome la punta» y cree una impresión de unanimidad en su provecho; él también intenta imponer su lenguaje y sus símbolos, dotados en sí mismos de potencia. Con frecuencia se busca herir en lo que el adversario tiene de más querido.

No se puede disimular los muy graves peligros que resultan de esta contaminación de todos los medios de expresión por una propaganda oculta o declarada. Hay grupos de pueblos que tienden así a aislarse en mentalidades heterogéneas, a suprimir todo punto común, toda comprensión y aun todo conocimiento de la mentalidad adversa. Actuando así, las propagandas crean el clima psíquico propicio al estallido de las guerras.
A expensas de nosotros mismos que no es suficiente, para que la verdad sobreviva, conservarla en el corazón de algunos iniciados. La verdad, para existir y conquistar, necesita un clima favorable. Sería vano creer que se le pueda crear ese clima, ese campo de fuerza, en un siglo en que todos los problemas se plantean en términos masivos, sin recurrir al poder de la propaganda; como sería vano creer que se pueda, prescindiendo de la propaganda, por no sé qué mística de la virginidad de la opinión pública, hacer fracasar las empresas de los impostores.

This is a classic book besides that interesting about this effect. Political propaganda, as we examine it, that is, as a company organized to influence and direct opinion, does not appear until the twentieth century, at the end of an evolution that gives it, at the same time, its own field: the mass modern, and its means of action: the new techniques of information, and communication. It is a classic that I reread every certain time and that does not lose an apex despite the fact that times change. Highly recommended, brief and very didactic.

The writing, the word and the image, such are the permanent supporters of the propaganda. But his employment was limited: in the case of writing, the most powerful propaganda vehicle, because of its expensive price and the slowness of its distribution; in that of the word, by the reach of the human voice; and in the image was reduced to drawings or paintings reproduced by expensive procedures. However; The discoveries give these three bras a virtually unlimited range.
1. Scope of the printed document. The ideologists of the eighteenth century used libels, books (and even an encyclopedia) for a revolutionary propaganda of sure effect.
The modern newspaper owes its existence to the following factors:
Invention of the press, which increased the circulation and decreased the price.
Use of advertising, which brought new resources.
Rapidity in the distribution (the railway, the automobile and the airplane, allowed to transport the copies to all parts in a minimum time).
Rapidity in information (the telegraph replaced the carrier pigeon).
2. Scope of the word. Demosthenes tried to cover with his voice the noise of the sea, and Jaures with his, powerful, could overcome the interruptions in public meetings. The invention of the microphone allowed the human voice to cover the dimensions of immense rooms, vast premises, stadiums, etc.
3. The scope of the image. The engraving, so important, for example, in the Napoleonic legend, has benefited from the new reproduction procedures.
The invention of photography allowed a direct reproduction and therefore with more probative force, also susceptible of an unlimited circulation. The cinema gave an even more true and more surprising image.

For a long time propaganda and advertising marched hand in hand; its evolution was parallel.
At the beginning doctrines are recommended as the pharmacist recommends their ointments; the characteristics are described and the benefits are explained. Informative advertising, which marked the beginnings of advertising art, corresponds to the programs and exhibitions of systems that swarmed in the 14th century. There are many procedures common to propaganda and advertising: the ad corresponds to “the profession of faith”, to the trademark the symbol and to the commercial slogan the political slogan. It would seem that the propaganda was inspired by the inventions and the successes of advertising and copied a style that is supposed to please the public.
A whole sector of political propaganda continues to live in symbiosis with advertising. The electoral campaigns in the United States, for example, are hardly different from advertising campaigns.
This political propaganda dates from the French Revolution. It was the clubs, the assemblies, the revolutionary committees that gave rise to the first propaganda speeches, the first people in charge of propaganda (who were, among others, the commissaries in the armies). It was they who undertook the first propaganda war and the first war propaganda. For the first time a nation rebelled and organized itself in the name of a doctrine immediately considered universal.
The propaganda effort is destined, in large part, to the development of production, especially in popular democracies. Speeches, films, songs, posters, graphs of progress, decorations to the outstanding and enthusiastic worker (udarnik), proclamation of the goals reached and overcome, all create a mystique of the plan whose varied manifestations invade the street and workplaces.
Propaganda triumphs here to the point that it is diluted in the set of political, economic and intellectual activities of a State. Each of these activities presents a propagandistic face. The obsession that results, certain procedures of collective staging, the centralized direction of the diffusion instruments, censorship, the exploitation of the news, make up a coercively totalitarian use of propaganda.

The contribution of Hitler and Goebbels to modern propaganda is enormous. We have already seen that they did not invent it, but they transformed it, and they perfected it. The world knows today how that gigantic machinery ended. However, a large part of the technique and procedures that were propaganda innovations of Nazism, remain outside the climate in which they flourished, and nothing can prevent them from belonging to the arsenal of political propaganda ever since.
Media an abyss between the Leninist and Hitlerist conceptions of propaganda. In the Leninist perspective propaganda is the translation of tactics, but the goals it proposes, despite being tactical ends, do not stop being, at least up to a certain point, the really persecuted ones. When Lenin says Tierra y Paz, he does it because he really tries to distribute the land and sign La Paz.
The Germanic Aryan theme gave way to the majestic myth of the new Europe, heir to Christian values, erected in the face of Bolshevik barbarism. There is no contradiction, never turning back to take the road again; it is simply a new instrument. This was how the anti-Soviet propaganda, abruptly interrupted in 1939, resumed in June 1941. But the orchestra made so much noise that only a few individuals determined to reflect warned of a discontinuity. The rule imposes, precisely, not give a respite to reflect. The calls to the polls follow each other, as well as the proclamations of combat and the list of new objectives that must be achieved.

The constant concern of the Hitlerite propagandists was always the elementary. All propaganda, it is said in Mein Kampf, must establish its intellectual level according to the capacity of understanding of the most limited of those to whom it is directed. Your intellectual level should be, then, the lower the larger the mass of men you must convince. Hence the heavy irony, the cynical mockery, the firemen that characterized Hitler’s eloquence. Jules Monnerot stressed that modern tyrants had the gift of “the primary” and rewrote their doctrine in a “mass language.”
The first condition of a good propaganda is the incessant repetition of the main themes. Goebbels said: “The Catholic Church is maintained because it repeats the same thing for two thousand years. The National Socialist State must act in the same way. “However, pure and simple repetition would soon tire. It is, then, to insist obstinately on the central theme by presenting it under various aspects. “Propaganda should be limited to a small number of ideas repeated at all times. The mass will only remember the simplest ideas when they are repeated hundreds of times. The changes that are introduced should never affect the substance of the message one intends to disclose, but only the form. That is why the slogan must be presented under different aspects, but always appear condensed in an invariable formula as a conclusion ».
The uniforms, graffiti and hymns produce an impression of diffuse presence that affirms the supporters and demoralizes the adversaries. However, the demonstration of force, often useful, sometimes turns against those who organize it, if an effective counter-propaganda knows how to exploit the nascent indignation against the brutalities or obstructions of the freedom of expression. The demonstrations of force are not, on the other hand, always violent.

The counter-propaganda, that is to say, the propaganda as soon as it fights the thesis of the adversary, can be characterized by some secondary rules that are proper to it:
1. Recognize the issues of the adversary. Adverse propaganda is “broken down” into the elements that constitute it. Isolated and classified in order of importance, the subjects of the adversary can be easily fought.
2. Attack the weak points. This is a fundamental precept of every strategy. Against a coalition of adversaries, the effort must be loaded, naturally, on the least solid, on the most hesitant, and on it the propaganda will concentrate first.
3. When adversary propaganda is powerful, never attack it head on. “Frequently contemporary propaganda,” says Pol Quentin precisely, “considers it necessary to combat existing opinion in order to rectify it and put things in order as quickly as possible, and attack it frontally. This error is the cause of 90% of the failures suffered by the propaganda in question, good, at most to strengthen the opinion of people already convinced.
4. Attack and despise the adversary. The personal argument, as we have already seen, goes further, in this matter, than the rational argument. One often avoids the work of discussing a thesis disdaining the one who supports it. The “personal diversion” is a classic weapon in the tribune of the parliament and in the public meetings or in the columns of the newspapers.
5. Demonstrate that the adversary’s propaganda is in contradiction with the facts. There is no replica that confuses more than the one provided by the facts. If it is possible to make a photo or a witness, even if only in a single point, contradict the argumentation of the adversary, it will be discredited in its entirety.
6. Ridicule the adversary, caricaturing his style and argumentations or making him the object of jokes and brief comic stories; with those “jokes” that played such a big role in the oral counter-propaganda carried out by the German anti-Nazis. Mockery is a spontaneous reaction when propaganda becomes totalitarian and suppresses adversarial propaganda.
7. Make the “climate of force” itself prevail. It is important and it is true that for material reasons, but also psychological, not to let the adversary “take the lead” and create an impression of unanimity to their advantage; he also tries to impose his language and his symbols, endowed in themselves with power. Often it seeks to hurt in what the adversary has most loved.

One can not disguise the very serious dangers that result from this contamination of all means of expression by a hidden or declared propaganda. There are groups of peoples that thus tend to isolate themselves in heterogeneous mentalities, to suppress all common ground, all understanding and even all knowledge of the adverse mentality. Acting like this, the advertisements create the psychic climate conducive to the outbreak of wars.
At the expense of ourselves that is not enough, for the truth to survive, keep it in the hearts of some initiates. The truth, to exist and to conquer, needs a favorable climate. It would be vain to believe that you can create that climate, that force field, in a century when all the problems are posed in massive terms, without resorting to the power of propaganda; as it would be vain to believe that it can be done, dispensing with the propaganda, for I do not know what mystique of the virginity of public opinion, to make the companies of the impostors fail.

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