Esto tiene arreglo — Alberto Garzón Espinosa / This Has Arrangement by Alberto Garzón Espinosa (spanish book edition)

Este es otro breve libro interesante en cuanto a la indignación que nos ha provocado la crisis planificada por los neoliberales, comentada de manera esquemática por el diputado español, la indignación nace como respuesta a la propia evolución del sistema económico. Una evolución que ha provocado un incremento de la desigualdad y ha precarizado las condiciones de vida y trabajo de la amplia mayoría de ciudadanos hasta el punto de que hoy, por primera vez en la historia del mundo moderno, una generación entera está viviendo ya peor que sus padres. Es la percepción de esta realidad la que ha empujado a la ciudadanía a indignarse y a reclamar un cambio de rumbo.
Detrás de estas cuestiones subyace la existencia de un conflicto entre intereses enfrentados. Los intereses de unos, los que podríamos decir que están arriba, y los intereses del resto, que somos los que estamos abajo. Los de arriba se han beneficiado de las políticas aplicadas por los gobiernos. Los de abajo, por el contrario, hemos padecido décadas de estancamiento o retroceso en el nivel de salarios y hemos visto un empeoramiento en nuestras condiciones de vida. Con la llegada de la crisis este conflicto se ha recrudecido y ha salido a la luz más abiertamente que nunca. La crisis se ha revelado como una inmensa estafa en la que los culpables y responsables han sido rescatados y ayudados, mientras que los de abajo tenemos que padecer los efectos de la crisis y de las políticas aplicadas para intentar salir de la misma.

Ésta es una crisis que no es sólo económica, sino también social, política, de valores y también ecológica. No es tampoco un accidente pasajero. Esta crisis tiene responsables económicos y políticos, y es pertinente hacer un buen diagnóstico, señalando causas y responsables, para poder determinar las soluciones adecuadas.
Algunos, quizás y desgraciadamente la mayoría, entienden la política como la fórmula para prosperar en sus vidas profesionales, como una carrera más. Es lógico que eso genere rechazo en la ciudadanía, cansada de ver cómo gente con espíritu oportunista utiliza los mecanismos públicos para beneficio propio. En realidad es cierto que tenemos que liberarnos de esos sujetos, pero no así de la política. Ésta tiene que ser concebida como la forma de transformar ideologías en hechos.

Durante más de treinta años de hegemonía del neoliberalismo estos agentes han creado las condiciones para explotar mucho más este negocio. Han desregulado los mercados, permitiendo su expansión a todos los niveles y eliminando casi todas las normas que limitaban diferentes prácticas, y han creado productos financieros complejos con los que seguir jugando más y más para seguir respondiendo al mismo objetivo. El ejemplo de Jorge Soros es uno más entre tantas otras formas de manipular un mercado cualquiera. Y las conspiraciones no hacen falta cuando todos los inversores se aprovechan de esas situaciones en las que quien paga al final es el Estado.
Por todo esto, y por mucho más, estamos completamente legitimados cuando decimos que en este mundo, nuestro mundo de hoy y no el del siglo XIX, la clase dominante (los de arriba) que se parapeta tras los bancos y fondos de inversión está explotando y desplumando a las clases populares.
El problema último de todo esto es la naturaleza de las finanzas y, más aún, del propio sistema económico. No podemos limitarnos a tachar a los agentes financieros de malvados, pues en realidad son sujetos que hacen lo que tienen que hacer. Es su función. Ellos operan en las fronteras de la legalidad, y es esta legalidad la que permite que los agentes financieros acaben decidiendo el destino de la gente corriente. Pero también el destino mismo de la economía real.

Uno de los papeles más importantes que ha tenido el Estado en la reciente crisis ha sido el de rescatador de determinados países. Al menos así se ha vendido a la opinión pública. Pero en realidad con los llamados rescates a quienes se ha rescatado es a los inversores privados que además de tener títulos de deuda pública muy lucrativos tienen miedo a que finalmente éstos resulten incobrables.
Ya sabemos que los Estados se endeudaron como consecuencia de la crisis, para revitalizar la economía y para salvar a los bancos. La deuda pública de Portugal antes de la crisis, en 2006, era del 63,9 por ciento del PIB, y ahora, tras la crisis, es del 93 por ciento. No excesivamente alta en cualquier caso, pues la deuda alemana es del 83,2 por ciento, la belga del 96,8 por ciento, la italiana del 119 por ciento y la española del 60,1 por ciento. Así pues, el endeudamiento es posterior a una crisis cuya responsabilidad reside fundamentalmente en la banca privada y otras instituciones financieras.
Y el endeudamiento no fue ni azaroso ni gratuito. Fue la lógica consecuencia de una disminución de los ingresos (la mayor parte provenientes de los impuestos a la actividad económica, por lo que en épocas de crisis disminuyen) y un crecimiento de los gastos (por lo ya comentado: rescate bancario y planes de estímulo). Y no fue gratuito porque alguien tenía que prestar ese dinero y lo iba a hacer como negocio, es decir, esperando una rentabilidad por prestarle dinero al Estado. Y paradójicamente esos agentes fueron las mismas entidades financieras rescatadas a lo largo de todo el mundo.
Tras el plan de ajuste la mayoría de la población será más pobre, y en algunos casos muchísimo más. Debemos tener en cuenta que se están bajando las prestaciones sociales, el salario diferido (las pensiones), el salario indirecto (la educación y la sanidad pública, por ejemplo) e incluso el salario directo. Todo ello repercute directa y regresivamente en las condiciones de vida de la gente. Por el otro lado, sin embargo, se beneficia ampliamente a las grandes empresas y a la banca (el plan de rescate implica sanear las finanzas privadas de la banca con dinero público para después venderlas de nuevo), que ya fueron las grandes beneficiadas en la época precrisis.
Es decir, que nos están atracando.

La crisis, que hubiera podido ser un punto de inflexión para detener ese proceso e invertirlo para poder lograr más conquistas sociales, está siendo usada, por el contrario, como excusa para imponer una vuelta de tuerca más. El neoliberalismo ha salido triunfante de nuevo de esta crisis en su nivel político, y amenaza con llevar a la sociedad a un nuevo orden social donde la inmensa mayoría de los ciudadanos estarán desprotegidos de la dinámica antihumana del sistema económico.
Ante esa posibilidad conviene poner encima de la mesa una alternativa viable y realista.
Podemos explicar el neoliberalismo a partir de la óptica de clases, como el proyecto de las clases más ricas para recuperar unos espacios de poder político y económico que perdieron tras la segunda guerra mundial. El neoliberalismo puede entenderse como una nueva fase en la evolución del capitalismo en la que se establece una alianza o compromiso social entre los propietarios de empresas (especialmente las financieras) y los directivos para recuperar todos los ingresos que habían perdido en la anterior configuración política. Alcanzado el poder político se reducen los impuestos que pagan los más ricos, se liberalizan los movimientos de capital y se toleran los paraísos fiscales, se desregulan los mercados de trabajo para permitir mayores beneficios empresariales y, en definitiva, se incrementa la capacidad de los más ricos para imponer sus normas y modelo de sociedad. Desde entonces los salarios se mantienen estancados o retroceden y las condiciones de trabajo sólo empeoran, en contraposición con la mejor situación de la otra parte de la sociedad.

El neoliberalismo tiene una serie de características principales.
En primer lugar, la desregulación del comercio y las finanzas, tanto en su nivel nacional como internacional.
En segundo lugar, la privatización de muchos servicios otrora brindados por el Estado.
En tercer lugar, la cesión por parte del Estado de su compromiso de regular activamente las condiciones macroeconómicas, especialmente en lo referente al empleo.
En cuarto lugar, una brusca reducción en el gasto social.
En quinto lugar, la reducción de los impuestos aplicados a las empresas y familias.
En sexto lugar, los ataques desde el gobierno y las empresas a los sindicatos, desplazando el poder a favor del capital y debilitando la capacidad de negociación de los trabajadores.
En séptimo lugar, la proliferación de los trabajos temporales sobre los trabajos fijos.
En octavo lugar, la competición desenfrenada entre las grandes empresas, en relación a un entorno menos agresivo propio de la configuración de posguerra.
En noveno y último lugar, la introducción de principios de mercado dentro de las grandes empresas, particularmente en lo referente a las remuneraciones de los directivos y los trabajadores de más poder.

La aceptación de que como personas individuales jugamos un rol mucho más importante del que nos hacen creer. Cada uno de nosotros y nosotras es una pieza fundamental del cambio, puesto que sólo granito a granito seremos capaces de construir un mundo distinto. Somos parte de esa base social que es requisito imprescindible de cualquier transformación sistémica.
Tenemos muchas razones para ser optimistas, si bien el espíritu crítico nos debe obligar a aceptar que la tarea que se nos presenta por delante es ardua.

This is another interesting short book in terms of the indignation caused by the crisis planned by the neoliberals, commented in a schematic way by the Spanish deputy, the outrage is born as a response to the evolution of the economic system. An evolution that has led to an increase in inequality and has precarious living conditions and work of the vast majority of citizens to the point that today, for the first time in the history of the modern world, an entire generation is already living worse than His parents. It is the perception of this reality that has pushed the citizenry to become indignant and to demand a change of direction.
Behind these issues lies the existence of a conflict between conflicting interests. The interests of some, which we could say are up, and the interests of the rest, which are the ones below. Those at the top have benefited from the policies applied by governments. Those on the bottom, on the contrary, have suffered decades of stagnation or regression in the level of wages and we have seen a worsening of our living conditions. With the arrival of the crisis this conflict has intensified and has come to light more openly than ever. The crisis has been revealed as a huge scam in which the guilty and responsible have been rescued and helped, while those below have to suffer the effects of the crisis and the policies applied to try to get out of it.

This is a crisis that is not only economic, but also social, political, values ​​and also ecological. It is not a passenger accident either. This crisis has economic and political responsibility, and it is pertinent to make a good diagnosis, pointing out causes and responsible, to be able to determine the appropriate solutions.
Some, perhaps and unfortunately most, understand politics as the formula to prosper in their professional lives, as one more career. It is logical that this generates rejection among citizens, tired of seeing how people with an opportunistic spirit use public mechanisms for their own benefit. Actually it is true that we have to free ourselves from those subjects, but not from politics. This has to be conceived as the way to transform ideologies into deeds.

For more than thirty years of hegemony of neoliberalism these agents have created the conditions to exploit this business much more. They have deregulated the markets, allowing their expansion at all levels and eliminating almost all the rules that limited different practices, and have created complex financial products with which to continue playing more and more to continue responding to the same objective. The example of Jorge Soros is one among many other ways of manipulating any market. And conspiracies are not necessary when all investors take advantage of those situations in which the person who pays at the end is the State.
For all this, and for much more, we are fully legitimized when we say that in this world, our world today and not the nineteenth century, the ruling class (the top ones) that is behind the banks and investment funds is exploiting and plucking the popular classes.
The ultimate problem of all this is the nature of finance and, even more, of the economic system itself. We can not limit ourselves to crossing out the financial agents of evildoers, because in reality they are subjects who do what they have to do. It is your function. They operate at the borders of legality, and it is this legality that allows financial agents to end up deciding the fate of ordinary people. But also the very fate of the real economy.

One of the most important roles the State has had in the recent crisis has been that of rescuer of certain countries. At least that is how it has been sold to the public. But in reality with the so-called bailouts to whom it has been rescued is private investors who, in addition to having very lucrative public debt securities, are afraid that these will eventually be uncollectible.
We already know that the States became indebted as a result of the crisis, to revitalize the economy and to save the banks. Portugal’s public debt before the crisis, in 2006, was 63.9 percent of GDP, and now, after the crisis, it is 93 percent. Not excessively high in any case, since the German debt is 83.2 percent, the Belgian 96.8 percent, the Italian 119 percent and the Spanish 60.1 percent. Thus, the debt is after a crisis whose responsibility resides fundamentally in private banks and other financial institutions.
And the indebtedness was neither random nor gratuitous. It was the logical consequence of a decrease in income (most of which comes from taxes on economic activity, so that in times of crisis they decrease) and a growth in expenses (for what has already been mentioned: bank rescue and stimulus plans). ). And it was not free because someone had to lend that money and he was going to do it as a business, that is, waiting for a return for lending money to the State. And paradoxically, these agents were the same financial entities rescued all over the world.
After the adjustment plan the majority of the population will be poorer, and in some cases much more. We must bear in mind that social benefits are being lowered, deferred wages (pensions), indirect salaries (education and public health, for example) and even direct salary. All this has a direct and regressive impact on the living conditions of the people. On the other hand, however, it greatly benefits large companies and banks (the rescue plan involves cleaning up the banks’ private finances with public money and then selling them again), which were already the great beneficiaries at the time. pre-crisis
That is, they are robbing us.

The crisis, which could have been a turning point to stop this process and invest it in order to achieve more social gains, is being used, on the contrary, as an excuse to impose a new twist. Neoliberalism has emerged triumphant again from this crisis at its political level, and threatens to take society to a new social order where the vast majority of citizens will be unprotected from the anti-human dynamics of the economic system.
Given this possibility, it is convenient to put a viable and realistic alternative on the table.
We can explain neoliberalism from the perspective of classes, as the project of the richest classes to recover spaces of political and economic power that lost after the Second World War. Neoliberalism can be understood as a new phase in the evolution of capitalism in which an alliance or social commitment is established between the owners of companies (especially financial companies) and managers to recover all the income they had lost in the previous political configuration. Once political power is achieved, the taxes paid by the wealthiest are reduced, capital movements are liberalized and tax havens are tolerated, labor markets are deregulated to allow greater business profits and, in short, the capacity of the most vulnerable is increased. rich to impose their norms and society model. Since then, wages have remained stagnant or have fallen back and working conditions have only worsened, as opposed to the better situation of the other part of society.

Neoliberalism has a series of main characteristics.
First, the deregulation of trade and finance, both nationally and internationally.
Second, the privatization of many services once provided by the State.
Third, the cession by the State of its commitment to actively regulate macroeconomic conditions, especially in relation to employment.
Fourth, a sharp reduction in social spending.
Fifth, the reduction of taxes applied to businesses and families.
Sixth, the attacks from the government and business to the unions, displacing power in favor of capital and weakening the bargaining power of workers.
Seventh, the proliferation of temporary works on fixed works.
In eighth place, the unbridled competition between large companies, in relation to a less aggressive environment typical of the postwar configuration.
In ninth and last place, the introduction of market principles within large companies, particularly in relation to the remuneration of managers and more powerful workers.

The acceptance that as individuals we play a much more important role than we are led to believe. Each of us is a fundamental piece of change, since only granite to granite will be able to build a different world. We are part of that social base that is an essential requirement of any systemic transformation.
We have many reasons to be optimistic, although the critical spirit must force us to accept that the task before us is arduous.

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