Un rey golpe a golpe — Patricia Sverlo / A King Blow To Blow Unauthorized Biography Of Juan Carlos De Borbón (Spaniard King) by Patricia Sverlo

Este es un libro telegráfico sobre la vida del antiguo monarca, realmente no aporta gran cosa si se han leído otros sobre el tema y que tiene el problema de no poner bibliografía. Comenzando desde sus inicios en Lausana, vida en Estoril, reuniones con Franco… Es interesante a partir de las relaciones con el PSOE.

La autodenominada democracia «formal», que sólo tiene de «real» la imposición de la monarquía, es tan injusta, por mucho que ella misma se vista de legalidad, como cualquier sistema que mantenga la polarización del poder y la desigualdad en la sociedad (llámese monarquía, teocracia, república bananera, democracia orgánica o dictadura). Por ello, en la cruda realidad no ven más remedio que apelar al argumento del «menos malo de los sistemas políticos».
A lo largo de la historia los reyes han tenido el monopolio de las riquezas y las guerras; y los pueblos se han visto obligados a la pobreza, los levantamientos y las revoluciones. Puesto que la pobreza existe de manera manifiesta e irrevocable en la vida cotidiana, existen leyes, normas y usos de protocolo que distinguen y polarizan a las clases sociales.

Cuando en 1982 el PSOE accedió al poder, empezó una etapa de gran prosperidad para la monarquía. El presidente Felipe González, sobre todo en los tres primeros años de mandato, llegó a tener una íntima amistad con Juan Carlos, fascinado por su gracia andaluza. Aunque institucionalizaron despachar todos los martes, hablaban por teléfono y cambiaban o ampliaban sus encuentros muchas veces. A menudo los dos matrimonios salían a cenar juntos y después veían películas en La Zarzuela hasta la madrugada. Al final, Felipe se pasaba por La Zarzuela cuando quería, sin avisar. El presidente se desvivía por atender los deseos del rey, con un planteamiento gubernamental que se podría resumir en la recomendación siguiente: «Señor, no se preocupe, nosotros nos ocupamos de todo: ¡diviértase Vuestra Majestad!».
En el terreno estrictamente político, apenas había desavenencias. Quizás la única situación crítica entre el rey y Felipe González derivó de las declaraciones que Juan Carlos hizo a Jim Hoagland, del Washington Post, en 1986, como adelanto del viaje oficial que tenía que hacer a los Estados Unidos. El jefe del Estado discrepaba de la forma en que el Gobierno español llevaba las negociaciones para desmantelar las bases militares norteamericanas, y se alineaba sin reservas con el dispositivo de defensa de Washington. Daba la impresión de que el rey enviaba mensajes al presidente a través de la prensa norteamericana, cosa que no era correcta en absoluto. Más bien se trataba de que los norteamericanos enviaban el mensaje a través del monarca al Gobierno socialista, y éstos lo captaron inmediatamente.
Las fricciones entre la Casa Real y La Moncloa no llegaron más allá.
El Gobierno idílico del PSOE y el Rey empezó a entrar en una zona oscura cuando los escándalos de corrupción que afectaban al Gobierno empezaron a aparecer en la prensa y acabaron salpicando a la Corona. En un primer momento, la unión no se rompió. En 1990, cuando la oleada de escándalos apenas había empezado, la Casa Real y La Moncloa se aliaron para tirar de las orejas a la prensa.
Ya habían salido a la luz, en cuanto al PSOE, los primeros episodios de corrupción, especialmente los casos de la renovación de la flota de Iberia y el asunto Juan Guerra. Y, con respecto al rey, dos publicaciones, el semanario Tribuna y el diario El Mundo, en el mes de agosto, habían osado publicar varios reportajes críticos sobre los «líos de la corte de Mallorca», con titulares como «Así se forran los amigos del rey».
En el discurso de aquel año el rey pronunció las palabras siguientes: «Si la libertad de expresión implica por parte de todos la capacidad para aceptar las críticas y las opiniones diversas, el derecho a la información veraz exige de los medios de comunicación social la máxima profesionalidad y responsabilidad en el ejercicio de su tarea. Si hay que pedir comprensión ante las críticas a quienes las reciben, es legítimo pedir también mesura y respeto a la verdad a quienes las hacen».
En el mensaje de 1994, el rey volvió a hacer referencia al tema de la corrupción, pidiendo que se corrigieran «con firmeza los abusos cometidos». Tenía que salvar la cara como fuese, después de que, aparte de miembros importantes del PSOE, varios amigos íntimos (Miguel Arias, Manuel Prado, el príncipe Tchokotua, Pedro Sitges, Mario Conde…) empezaran a pasar por los juzgados. Le habría costado poco dejarlos tirados a todos en aras de la monarquía para seguir adelante impoluto y en solitario. Pero ¡alerta!, que el PSOE de Felipe González no estaba dispuesto a bajar solo al infierno, cosa que sí habrían aceptado algunos de sus íntimos, siguiendo el modelo de su fiel Armada, por ejemplo. Y es necesario no olvidar que el mismo rey era escuchado por el CESID al menos desde 1990. En este sentido, no se sabrá nunca hasta qué punto y con qué clase de secretos el PSOE lo tenía en sus manos. En octubre de aquel año, como se supo después, el CESID le había captado de forma «casual» en el sistema de boy escouts hablando desde el coche, cuando se dirigía a «una cita». «¡Vaya por Dios! A ver… A ver, qué ha dicho éste…

Pese a no tener una gran agudeza para los negocios, Juan Carlos ha sabido rodearse toda la vida de buenos colaboradores que le han ayudado en este terreno; igual que otros lo han hecho en el ámbito político. Al margen de que algunas operaciones poco sutiles fueron fracasos sonoros, por lo general la cosa no le ha ido mal. La etapa del Gobierno del PSOE fue especialmente fructífera. Aunque él no figurara oficialmente, sus amigos íntimos no se quedaron fuera prácticamente de ningún gran acontecimiento: Ibercorp, Expo 92, KIO, etc. Después todo les explotó en las manos. Pero, por lo que se sabe, no tuvieron que devolver ni una peseta. Con talento o sin él.
Siempre se ha dicho que la Casa Real española es pobre, y no sólo en comparación con casas reales como la británica, una de las fortunas más grandes del planeta, sino con muchas de las familias de la alta burguesía española, por no hablar de la aristocracia bancaria. Y necesitaron la ayuda continuada de una serie de nobles para seguir adelante durante los primeros años del exilio. Pero ya antes de que Juan Carlos accediera al trono, la situación se les fue arreglando bastante. Desde 1947, cuando Franco convirtió oficialmente a España en un reino, el Gobierno les empezó a pasar una renta anual, cuya cifra inicial, aquel año, fueron 250.000 pesetas, entregadas a Victoria Eugenia como reina viuda. Además, en 1939 Franco ya les había devuelto oficialmente las propiedades confiscadas por la República, que cuando murió Alfonso XIII pasaron, aunque con algunos problemas, a don Juan de Borbón. Alfonso de Borbón y Dampierre, el hijo de don Jaime, siempre se ha quejado con resentimiento no sólo por el tema sucesorio, sino por el hecho de que don Juan, según él, le había «robado mi patrimonio. Se ha quedado con todo».
Don Juan, en años sucesivos, todavía continuó vendiendo propiedades, sin que se sepa qué necesidad tenía de tanta liquidez. En 1990, el alemán Klaus Saalfel, empresario y abogado de patentes en Múnich, propietario de una tipografía en Lisboa, le compró su querida Villa Giralda de Estoril, a través de su testaferro, Nils Peter Sieger. Un palacio que también había sido un regalo, esta vez de los nobles que querían ayudar a don Juan y su familia en el exilio. Una vez más, el precio establecido fue una cifra irrisoria: 85 millones de escudos por un palacio que ahora, sólo 10 años después, el actual propietario quiere vender a la Fundación Conde de Barcelona, formada en parte por los mismos que se lo habían regalado en primer término, por un precio tres o cuatro veces superior. O don Juan fue un negociador pésimo, o algo hay detrás de todas estas ventas extrañas en las que prácticamente regaló palacios y propiedades que en realidad eran de titularidad más que dudosa. Pero nadie con capacidad legal para hacerlo se ha preocupado de investigar este asunto.
Por otro lado, para acabar con el conde de Barcelona, señalaremos que, según distintas fuentes, era uno de quienes estaban en la lista de los «perdonados» fiscalmente por el PSOE, a los que se refería en enero de 1997 el secretario de Estado de Hacienda, Juan Costa, cuando anunció que el Estado había dejado de ingresar 200.000 millones de pesetas en impuestos, de cerca de 600 personas físicas y jurídicas, fundamentalmente instituciones financieras. Después de estallar el escándalo, el Gobierno del PP no pudo o no quiso identificarlos, y la duda sigue flotando en el aire.

Ruiz Mateos ha contado (varias veces y a más de uno) que, al estilo de como se hacían las cosas en aquella época, le llevaba a Juan Carlos grandes cantidades de dineros en maletas de Loewe, directamente al palacio, donde los guardias de seguridad no se esforzaban demasiado en revisar lo que
pasaba o dejaba de pasar por el control de la entrada. Ponía la maleta sobre la mesa del despacho de Juan Carlos, éste la arrojaba a un rincón y caía exactamente siempre en el mismo sitio. «¡Cuánto ha tenido que practicar!», decía Ruiz Mateos. No había ninguna cantidad estipulada ni nada semejante, y Juan Carlos tampoco le pedía nada, como cualquiera puede suponer.
Otro de los sectores con los que se han relacionado «amigos íntimos» del rey es el tráfico de armas.
En la década de los setenta Manuel Prado ya estaba al frente de la sociedad Alkantara Iberian Export, una mercantil mixta impulsada por los gobiernos de España y de Arabia Saudí para canalizar, en principio, la venta de bienes de equipo a Riad. En la empresa participaron Focoex y el INI, por parte española, y Triad International (la sociedad de Adhnan Kashogui) por parte saudí, en la que, además, trabajaba Borja Prado, el hijo del mejor amigo del rey. Alkantara más tarde se reconvirtió para canalizar la venta de armamento.
Es difícil clasificar otras actividades económicas de los «amigos» del rey, que para la gente común se fundamentarían básicamente en «manejar millones»: operaciones de bolsa, gestión de créditos, fondos de inversión especulativa…, para las cuales hace falta disponer de un capital, o mejor dicho, que no son aptas para pobres. Juan Carlos, en principio, no tenía dinero para jugar a este juego tan divertido. Pero tan pronto ocupó el trono después de que muriera el dictador, Manuel Prado se dedicó a remitir una serie de misivas reales a otros tantos monarcas reinantes, especialmente del mundo árabe, para pedirles dinero en nombre del rey de España. Y después el mismo Prado invertía, especulaba, gestionaba aquellos fondos de la manera más conveniente. En concreto, de la corte de Arabia Saudí (en aquel momento se trataba del rey Halid, y Fahd era el primer ministro) recibieron la nada despreciable cantidad de 100 millones de dólares (unos 10.000 millones de pesetas), como crédito a devolver en diez años sin intereses (no podían ser usureros entre hermanos).
El sector inmobiliario. El rey tenía buenos contactos en el mundillo de la construcción, desde los tiempos de Camilo Mira y su urbanización de Las Lomas. Otro buen amigo suyo era Joaquín Vázquez Alonso, el constructor que remodeló en su día el palacio de La Zarzuela, emprendió a su vez varias obras en el de La Moncloa, y también se encargó de construir la finca Los Carrizos de Mario Conde. Joaquín Vázquez era, además, socio de Borja Prado Eulate (hijo de Prado) y Jaime Cardenal Pombo (el copropietario, con Miguel Arias, de Las Cuatro Estaciones) en Spengler S.A., esta pequeña inmobiliaria consiguió que le adjudicaran por las buenas la remodelación de todas las fachadas de las sucursales de Banesto (un negocio de 1.058 millones), en los mejores tiempos de la amistad entre Mario Conde y el rey. Luis Roldán también le adjudicó la construcción de dos cuarteles de la Guardia Civil.
En la década de los noventa, el Ayuntamiento de Monachil (Granada), por un acuerdo en pleno, reservó para la estación de esquí de Sierra Nevada una parcela de la empresa pública Promonevada, de 1.113 metros cuadrados, con el fin de construir una residencia para don Juan Carlos.
Otro de los negocios inmobiliarios relacionados con el rey fue el de Castillo de los Gracianos, un proyecto urbanístico faraónico en Jerez de la Frontera ideado por Manuel Prado, para aprovechar el que sería el boom en el sur de la Expo 92. Prado compró la finca a través de su empresa Trebolquivir a la familia Calle Vergara, y el alcalde de Jerez, Pedro Pacheco, le dio todas las facilidades. A comienzos de 1990 se hizo socio Javier de la Rosa, con quien firmó un acuerdo a través de Prima Inmobiliaria. En las 200 hectáreas de terreno, Prado quería construir chalés, un hotel y hasta un campo de golf de 28 agujeros, en una zona castigada por la sequía. El desastre se veía venir y, en efecto, el negocio acabó resultando ruinoso. Tras la guerra del Golfo, en 1992, las deudas de Prima Inmobiliaria (que formaba parte del imperio de KIO) eran de más de 45.000 millones. Aquí empezaron los problemas entre Prado y De la Rosa, que acabaron como el rosario de la aurora con el contencioso del grupo KIO. Conde acabó facilitándole un crédito de 3.500 millones para solucionar los problemas de Castillo de los Gracianos, que no solucionaron nada, puesto que, al parecer, los millones fueron a parar a otro sitio. Al final, ante la ruina del proyecto, la propiedad acabó en manos de Banesto, que vendió el complejo a la sociedad belga que la explota actualmente.

Ni el rey ni la reina fueron al entierro del hijo de Sabino Fernández Campo cuando murió en accidente de tráfico en 1994. En lugar suyo, como representación, enviaron a la persona que había sustituido a Sabino un año antes en la jefatura de la Casa Real, Fernando Almansa. Con esta frialdad el monarca se dignó acabar sus relaciones con quien durante casi 20 años había estado a su servicio en La Zarzuela. Sabino, el «jefe», como le llamaba el rey, fue un personaje fundamental en la historia de la monarquía española, puesto que aportó habilidad política para resolver situaciones difíciles en múltiples ocasiones, y transfirió a la Corona su propia imagen de prudencia que no se correspondía en realidad con las decisiones que Juan Carlos tomaba por su cuenta. Sabino corregía sus deslices, ocultaba informaciones comprometedoras, dirigía los pasos que tenía que hacer… actuando casi siempre, más que como secretario, como un «tutor» y un «apagafuegos» en barrabasadas políticas. Pero no nos engañemos: de todo esto Juan Carlos habría de estar agradecido, pero no un país al cual colaboró a engañar con el único objetivo de perpetuar el sistema monárquico, con censura, mentiras y operaciones de lavado de imagen, en temas tan serios como el 23-F.

Mario Conde, por su parte, pecó de «delirios de grandeza». Sus ansias de aproximarse al monarca formaban parte de una estrategia general para llegar a convertirse en el hombre más poderoso de España. Y durante el breve período que estuvo en las alturas, casi lo consiguió, aunque no había partido de una especial posición de privilegio. Más bien era lo que los americanos llamarían un self made man, un hombre que se hace a sí mismo, paradigma del éxito en la sociedad capitalista de las oportunidades para aquéllos que demuestran tener menos escrúpulos.
Mario Conde conoció a Juan Carlos a través de su socio Juan Abelló, con quien había dado el primer pelotazo económico importante de su vida con la venta de Antibióticos, uno de los pocos laboratorios farmacéuticos autorizados en España para elaborar productos derivados del opio. Lo vendieron a Raul Gardini, entonces presidente de Montedison, la empresa química más importante de Europa. Gardini veraneaba en Mallorca y era amigo personal del rey hasta que, en 1994, se suicidó tras ser implicado por los jueces italianos en temas de corrupción.
Desde que en 1987 Conde se hizo cargo de la presidencia del Banesto (elegido por las familias propietarias para hacer frente a los tradicionales competidores del Bilbao y del Vizcaya, que habían intentado absorber el banco), dio un paso más en su camino hacia La Zarzuela. Uno de sus hombres de confianza, y vicepresidente del Banesto, era Ricardo Gómez Acebo («Ricky»), marqués de Deleitosa, cuñado de la hermana mayor del rey y asesor financiero de la familia real desde hacía años. También en esos años Conde llegó a la Fundación de Ayuda contra la Droga (FAD), presidida por la reina. Un curioso club que algunas personas han calificado de «poder en la sombra», del cual formaban parte los prohombres más influyentes del Estado, muchos de ellos íntimamente conectados con La Zarzuela (entre otros José María López de Letona, Ricardo Martí Fluxá, Eduardo Serra, Plácido Arango, José María Entrecanales y Manuel Prado), a los cuales se irían uniendo los nuevos ricos del PSOE (Enrique Sarasola, Jesús Polanco, etc.). Y precisamente en una reunión del patronato, Conde conoció a Manuel Prado, el amiguísimo del rey, con el que más tarde hizo negocios.
El objetivo de Mario Conde durante esos años no quería dinero y si poder. Mario Conde no era un capitalista chapado a la antigua. Más bien utilizaba el capital para sus operaciones, que es como en los últimos tiempos se hacen las cosas en los círculos de poder económico: quien manda es el directivo, no necesariamente el propietario de un gran paquete de acciones. Se juega con los dineros de otras personas (los pequeños accionistas), que son quienes al final pagan el pato cuando hay un descalabro. Por otro lado, como sabía que el grupo más importante y poderoso era Prisa (y allí sí que no tenía ninguna posibilidad de entrar), hizo todo lo posible para aproximarse a Jesús Polanco. «Si no puedes con ellos, únete a ellos», como dice el refrán. Y, en su momento, le hizo algunos favores. Pese a que era uno de los hombres más poderosos de todo el Estado, Polanco no tenía relaciones con el rey, ni buenas ni malas, hasta que en 1990 Mario Conde le introdujo en palacio. Pero, como le pasa a casi todo el mundo, Mario no supo comprender la confusa relación de Prisa con el PSOE, en la cual no es fácil distinguir realmente quién manda más.

El 10 de noviembre de 1995, Diario 16 sacó la famosa portada «Chantaje al Rey», acompañándola de un capítulo del libro El saqueo de España, de Díaz Herrera e Isabel Durán. Manuel Prado había sido la principal fuente de información, convencido de que esto era lo mejor para él. El mismo día, El País publicaba las cartas con el sello de la Corona que se habían enviado a KIO, en las que se agradecía a Kuwait la supuesta remisión de cantidades millonarias. Y se decía que habían sido falsificadas por Javier de la Rosa para coaccionar al rey. La publicación de las cartas en El País fue una manera de neutralizarlas. Dos días después, el domingo 12 de octubre, Juan Carlos se reunió con Felipe González en La Zarzuela. La tormenta periodística era de mil demonios. El caso estaba en su punto álgido. Lo que se publicaba era, sin el menor asomo de duda, escandaloso y salpicaba a la Corona, lo quisieran o no. Pero, al final, sirvió para lo que pretendían: neutralizar las acusaciones de De la Rosa enmarcándolas en un episodio de chantaje.

This is a telegraphic book about the life of the former monarch, really does not contribute much if you have read others on the subject and has the problem of not putting bibliography. Starting from his beginnings in Lausanne, life in Estoril, meetings with Franco … It is interesting from the relations with the PSOE.

The self-styled “formal” democracy, which only has “real” the imposition of the monarchy, is so unjust, however much it sees itself as legality, as any system that maintains the polarization of power and inequality in society ( call it monarchy, theocracy, banana republic, organic democracy or dictatorship). Therefore, in the harsh reality they see no alternative but to appeal to the argument of the “least bad of political systems.”
Throughout history, kings have had a monopoly on riches and wars; and the peoples have been forced into poverty, uprisings and revolutions. Since poverty exists in a manifest and irrevocable way in everyday life, there are laws, rules and uses of protocol that distinguish and polarize social classes.

When in 1982 the PSOE came to power, began a stage of great prosperity for the monarchy. President Felipe González, especially in the first three years of his mandate, came to have an intimate friendship with Juan Carlos, fascinated by his Andalusian grace. Although they institutionalized dispatching every Tuesday, they talked on the phone and changed or extended their meetings many times. Often the two couples went out to dinner together and then watched movies at La Zarzuela until dawn. In the end, Felipe went to La Zarzuela when he wanted, without warning. The president went out of his way to attend to the wishes of the king, with a governmental approach that could be summed up in the following recommendation: “Sir, do not worry, we take care of everything: have fun, Your Majesty!”
In the strictly political arena, there was little disagreement. Perhaps the only critical situation between the king and Felipe González derived from the statements that Juan Carlos made to Jim Hoagland, of the Washington Post, in 1986, as a preview of the official trip he had to make to the United States. The head of state disagreed with the way in which the Spanish government carried out the negotiations to dismantle the US military bases, and unreservedly aligned himself with Washington’s defense mechanism. It gave the impression that the king was sending messages to the president through the American press, which was not correct at all. Rather it was that the Americans sent the message through the monarch to the socialist government, and they captured it immediately.
The frictions between the Royal House and La Moncloa did not go any further.
The idol government of the PSOE and the King began to enter a dark area when the corruption scandals that affected the Government began to appear in the press and ended up splashing the Crown. At first, the union did not break. In 1990, when the wave of scandals had barely begun, the Royal House and La Moncloa allied to pull the ears of the press.
The first episodes of corruption had already come to light, as regards the PSOE, especially the cases of the renewal of the Iberia fleet and the Juan Guerra affair. And, with respect to the king, two publications, the weekly Tribuna and the newspaper El Mundo, in the month of August, had dared to publish several critical reports about the “mess of the court of Mallorca”, with headlines such as “This is how the friends of the king ».
In the speech of that year the king pronounced the following words: “If the freedom of expression implies on the part of all the ability to accept criticism and diverse opinions, the right to truthful information requires the means of social communication the maximum professionalism and responsibility in the exercise of their task. If you have to ask for understanding in the face of criticism from those who receive them, it is legitimate to ask for restraint and respect for the truth from those who make them “.
In the 1994 message, the king again made reference to the issue of corruption, asking that the abuses committed be corrected “with firmness.” I had to save my face as it was, after, apart from important members of the PSOE, several close friends (Miguel Arias, Manuel Prado, Prince Tchokotua, Pedro Sitges, Mario Conde …) began to pass through the courts. It would have taken him little time to leave them all thrown away for the sake of the monarchy to go on untouched and alone. But alert !, that the PSOE of Felipe González was not willing to go down to hell alone, which some of his intimates would have accepted, following the model of his faithful Armada, for example. And we must not forget that the same king was heard by CESID at least since 1990. In this sense, it will never be known to what extent and with what kind of secrets the PSOE had it in their hands. In October of that year, as it turned out, the CESID had caught him “casually” in the boy scout system speaking from the car, when he was on his way to “a date”. «Go for God! Let’s see … Let’s see, what did he say …

Despite not having a great acumen for business, Juan Carlos has been able to surround himself throughout his life with good collaborators who have helped him in this field; as others have done in the political arena. Apart from the fact that some subtle operations were sound failures, in general things have not gone wrong. The stage of the PSOE Government was especially fruitful. Although he did not appear officially, his close friends did not stay away from practically any major event: Ibercorp, Expo 92, KIO, etc. Then everything exploded in their hands. But, for all we know, they did not have to pay back a peseta. With talent or without him.
It has always been said that the Spanish Royal House is poor, and not only in comparison with real houses like the British, one of the greatest fortunes of the planet, but with many of the families of the Spanish bourgeoisie, not to mention the banking aristocracy. And they needed the continued help of a number of nobles to move forward during the first years of exile. But already before Juan Carlos acceded to the throne, the situation was arranged enough. Since 1947, when Franco officially turned Spain into a kingdom, the Government began to pass on an annual income, whose initial figure, that year, was 250,000 pesetas, given to Victoria Eugenia as queen widow. In addition, in 1939 Franco had already officially returned the properties confiscated by the Republic, which when Alfonso XIII died, passed, although with some problems, Don Juan de Borbón. Alfonso de Borbón y Dampierre, Don Jaime’s son, has always complained with resentment not only about the succession issue, but about the fact that don Juan, according to him, had “stolen my patrimony. It has stayed with everything ».
Don Juan, in successive years, still continued selling properties, without knowing what need he had of so much liquidity. In 1990, the German Klaus Saalfel, businessman and patent attorney in Munich, owner of a typeface in Lisbon, bought him his beloved Villa Giralda de Estoril, through his front man, Nils Peter Sieger. A palace that had also been a gift, this time from the nobles who wanted to help Don Juan and his family in exile. Once again, the established price was a ridiculous figure: 85 million escudos for a palace that now, only 10 years later, the current owner wants to sell to the Conde de Barcelona Foundation, formed in part by the same ones who had given it to him first, for a price three or four times higher. Or Don Juan was a lousy negotiator, or something behind all these strange sales in which practically gave away palaces and properties that were actually of more than dubious ownership. But nobody with legal capacity to do it has been concerned to investigate this matter.
On the other hand, to end the count of Barcelona, ​​we note that, according to various sources, was one of those who were on the list of the “forgiven” fiscally by the PSOE, which referred in January 1997 Secretary of State of Finance, Juan Costa, when he announced that the State had stopped paying 200,000 million pesetas in taxes, of about 600 physical and legal persons, mainly financial institutions. After the scandal broke, the PP government could not or did not want to identify them, and the doubt is still floating in the air.

Ruiz Mateos has told (several times and more than one) that, in the way things were done at that time, he brought Juan Carlos large amounts of money in Loewe’s suitcases, directly to the palace, where the security guards did not they tried too hard to review what
He passed or stopped passing through the control of the entrance. He put the suitcase on the table in Juan Carlos’s office, he threw it into a corner and it fell exactly in the same place. “How much he had to practice!” Said Ruiz Mateos. There was no stipulated amount or anything similar, and Juan Carlos did not ask for anything, as anyone can suppose.
Another of the sectors with which “intimate friends” of the king have been related is arms trafficking.
In the seventies Manuel Prado was already in charge of the company Alkantara Iberian Export, a mixed mercantile promoted by the governments of Spain and Saudi Arabia to channel, in principle, the sale of equipment goods to Riyadh. In the company participated Focoex and the INI, on the Spanish side, and Triad International (Adhnan Kashogui’s company) on the Saudi side, which also worked Borja Prado, the son of the king’s best friend. Alkantara was later reconverted to channel the sale of weapons.
It is difficult to classify other economic activities of the “friends” of the king, which for ordinary people would be based basically on “manage millions”: stock exchange operations, credit management, investment funds …, for which it is necessary to have a capital, or rather, that are not suitable for the poor. Juan Carlos, in principle, did not have money to play this fun game. But as soon as he occupied the throne after the dictator died, Manuel Prado devoted himself to sending a series of royal missives to as many reigning monarchs, especially from the Arab world, to ask for money in the name of the king of Spain. And then Prado himself invested, speculated, managed those funds in the most convenient way. Specifically, the court of Saudi Arabia (at that time it was King Halid, and Fahd was the prime minister) received the not inconsiderable amount of 100 million dollars (about 10,000 million pesetas), as a loan to be repaid in ten years without interests (they could not be usurers between brothers).
The real estate sector The king had good contacts in the world of construction, from the time of Camilo Mira and his urbanization of Las Lomas. Another good friend of his was Joaquín Vázquez Alonso, the builder who remodeled the palace of La Zarzuela at the time, also undertook several works in the La Moncloa, and was also responsible for building the property Los Carrizos by Mario Conde. Joaquín Vázquez was also a partner of Borja Prado Eulate (Prado’s son) and Jaime Cardenal Pombo (the co-owner, with Miguel Arias, of the Four Seasons) in Spengler SA, this small real estate company managed to be awarded for good the remodeling of all the facades of the branches of Banesto (a business of 1,058 million), in the best times of the friendship between Mario Conde and the king. Luis Roldán also awarded him the construction of two barracks of the Civil Guard.
In the nineties, the City of Monachil (Granada), by an agreement in full, reserved for the ski resort of Sierra Nevada a plot of public company Promonevada, of 1,113 square meters, in order to build a residence for Don Juan Carlos.
Another real estate business related to the king was Castillo de los Gracianos, a pharaonic urban development project in Jerez de la Frontera devised by Manuel Prado, to take advantage of what would be the boom in the south of Expo 92. Prado bought the farm through his company Trebolquivir to the Calle Vergara family, and the mayor of Jerez, Pedro Pacheco, gave him all the facilities. At the beginning of 1990 Javier de la Rosa became a partner, with whom he signed an agreement through Prima Inmobiliaria. In the 200 hectares of land, Prado wanted to build chalets, a hotel and even a 28-hole golf course, in an area punished by drought. The disaster was coming and, in effect, the business ended up being ruinous. After the Gulf War, in 1992, the debts of Prima Inmobiliaria (which was part of the KIO empire) were over 45,000 million. Here began the problems between Prado and De la Rosa, which ended up as the rosary of the aurora with the litigation of the KIO group. Conde ended up providing him with a credit of 3,500 million to solve the problems of Castillo de los Gracianos, which did not solve anything, since, apparently, the millions went to another site. In the end, faced with the ruin of the project, the property ended up in the hands of Banesto, who sold the complex to the Belgian society that is currently exploiting it.

Neither the king nor the queen went to the funeral of the son of Sabino Fernández Campo when he died in a traffic accident in 1994. In his place, as a representation, they sent the person who had replaced Sabino a year earlier in the headquarters of the Royal House , Fernando Almansa. With this coldness the monarch deigned to end his relations with someone who for almost 20 years had been at his service in La Zarzuela. Sabino, the “boss”, as the king called him, was a fundamental figure in the history of the Spanish monarchy, since he provided political ability to solve difficult situations on multiple occasions, and transferred to the Crown his own image of prudence that did not it corresponded in reality with the decisions that Juan Carlos made on his own. Sabino corrected his slips, hid compromising information, directed the steps he had to do … acting almost always, more than as a secretary, as a “tutor” and a “fire-breaker” in political barbs. But let’s not deceive ourselves: of all this, Juan Carlos would have been grateful, but not a country that he collaborated to deceive with the sole objective of perpetuating the monarchical system, with censorship, lies and image washing operations, on such serious issues as on 23-F.

Mario Conde, on the other hand, sinned of “delusions of grandeur”. His desire to approach the monarch was part of a general strategy to become the most powerful man in Spain. And during the brief period he was in the heights, he almost succeeded, although he had not started from a special position of privilege. Rather it was what the Americans would call a self-made man, a self-made man, a paradigm of success in capitalist society of opportunities for those who prove less scrupulous.
Mario Conde met Juan Carlos through his partner Juan Abelló, with whom he had given the first important economic buzz of his life with the sale of Antibiotics, one of the few pharmaceutical laboratories authorized in Spain to produce opium derivatives. They sold it to Raul Gardini, then president of Montedison, the most important chemical company in Europe. Gardini spent his summer vacation in Mallorca and was a personal friend of the king until, in 1994, he committed suicide after being implicated by Italian judges in corruption matters.
Since Conde took over the presidency of Banesto in 1987 (chosen by the owner families to face the traditional competitors of Bilbao and Vizcaya, which had tried to absorb the bank), he took another step on his way to La Zarzuela . One of his trusted men, and vice president of Banesto, was Ricardo Gómez Acebo (“Ricky”), Marquis de Deleitosa, brother-in-law of the king’s elder sister and financial advisor to the royal family for years. Also in those years Count came to the Foundation for Help Against Drugs (FAD), chaired by the queen. A curious club that some people have described as “power in the shadows”, of which the most influential men of the state were part, many of them intimately connected with La Zarzuela (among others José María López de Letona, Ricardo Martí Fluxá, Eduardo Serra , Plácido Arango, José María Entrecanales and Manuel Prado), who would join the new rich of the PSOE (Enrique Sarasola, Jesús Polanco, etc.). And precisely in a meeting of the board, Conde met Manuel Prado, the king’s friend, with whom he later did business.
Mario Conde’s goal during those years did not want money and if he could. Mario Conde was not an old-fashioned capitalist. Rather he used capital for his operations, which is how in recent times things are done in circles of economic power: the boss is the manager, not necessarily the owner of a large package of shares. It is played with the money of other people (the small shareholders), who are the ones who finally pay the duck when there is a disaster. On the other hand, since he knew that the most important and powerful group was Prisa (and there he had no chance of entering), he did everything possible to approach Jesús Polanco. “If you can not join them, join them,” as the saying goes. And, at the time, he did some favors for him. Although he was one of the most powerful men in the entire state, Polanco had no relationship with the king, neither good nor bad, until in 1990 Mario Conde introduced him to the palace. But, as happens to almost everyone, Mario did not understand the confused relationship of Prisa with the PSOE, in which it is not easy to really distinguish who commands more.

On November 10, 1995, Diario 16 brought out the famous “Chantaje al Rey” cover, accompanying it with a chapter from the book El saqueo de España, by Díaz Herrera and Isabel Durán. Manuel Prado had been the main source of information, convinced that this was the best for him. On the same day, El País published the letters with the seal of the Crown that had been sent to KIO, in which Kuwait was thanked for the supposed remission of millionaire sums. And it was said that they had been falsified by Javier de la Rosa to coerce the king. The publication of the letters in El País was a way to neutralize them. Two days later, on Sunday, October 12, Juan Carlos met with Felipe González in La Zarzuela. The journalistic storm was a thousand demons. The case was at its peak. What was published was, without the least bit of doubt, scandalous and splashed to the Crown, whether they wanted it or not. But, in the end, it served what they intended: to neutralize De la Rosa’s accusations by framing them in an episode of blackmail.

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