Juan Carlos I, el último Borbón — Amadeo Martínez Inglés / Juan Carlos I, The Last Bourbon King by Amadeo Martínez Inglés (spanish book edition)

Este es otro libro sobre los claro oscuros del antiguo monarca de España y que no han sido desmentidos, eso sí complementario al libro anterior comentado en mi blog sobre el 23-F y el golpe de Estado, debido a que mucha parte del libro es tratada en este, como un libro compendio final.

Juan Carlos de Borbón («Juanito» para los íntimos) no debió desear tan fervientemente que lo trataran como un cadete cualquiera pues, que se sepa, no sufrió ninguna frustración cuando, al incorporarse a la Academia, fue instalado en un cómodo apartamento de varias habitaciones, con salón incluido, con varios ordenanzas (soldados de reemplazo forzoso) que recibieron como única misión en la vida (militar, se entiende) satisfacer sus más pequeños caprichos académicos y personales, todo bajo la directa supervisión del comandante Joaquín Valenzuela, marqués ¡como no! de Valenzuela de Tahuarda, que no se apartaría un solo instante de su vera y le acompañaría durante todo el primer curso (en el segundo dimitiría por diferencias con el duque de la Torre y sería relevado por el también comandante Cabeza Calahorra) en sus «divertimentos» por las instalaciones académicas: equitación, tiro, deportes, excursiones, comidas y cenas de trabajo… etc., etc. Clases, lo que se dice clases (de esas en las que sus compañeros se dejaban la piel cada día) habría más bien pocas para el aristocrático cadete «Juanito».
Ordenó Franco que se hicieran los oportunos trámites con el Gobierno portugués para que un espeso manto de silencio cubriera la sorprendente muerte de don Alfonso, no se promoviera por su parte ninguna investigación policial o judicial al respecto, y su versión oficial se acoplara lo máximo posible a la del Gobierno español, expresada en la nota difundida por su Legación en Lisboa. Como le soltaría con total desparpajo el dictador español a una alta personalidad del entorno político del conde de Barcelona, escasos días después de la trágica muerte del infante:
«A la gente no le gustan los príncipes con mala suerte».
Cínica sentencia que, dos años después, ampliaría al explicar por qué no quería que se hablara de Alfonso en la prensa:
«El recuerdo puede arrojar sobre su hermano sombras por el accidente y en las gentes simplistas evocar la mala suerte de una familia, cuando a los pueblos les agrada la buena estrella de sus príncipes».

El príncipe Juan Carlos recibió su despacho de teniente del Ejército español el 12 de diciembre de 1959. El 23 de julio de 1969, diez años después, sería nombrado sucesor del jefe del Estado, a título de rey, y ascendido por decisión testicular del dictador a general. El «espadón» gallego tendría así lo que quería: Un militar, un general amamantado a sus pechos que pudiera recoger el testigo de su deleznable dictadura castrense. Y así sucedería en realidad, pues su régimen no pereció como muchos ingenuos aún creen con la promulgación de la Constitución del 78.
Hablamos de una Carta Magna pactada, consensuada, corregida y autorizada por el Ejército franquista y por las fuerzas más poderosas del antiguo sistema que montarían el «teatrillo del cambio» para que nada cambiara en realidad en este país. Sí, los españoles podemos votar cada cuatro años unas listas electorales cerradas y bloqueadas, confeccionadas por los aparatos de unos partidos que comen del pesebre del poder, del mismo poder de siempre… Pero de auténtica libertad, verdadera democracia, real soberanía del pueblo… muy poco todavía, casi nada. Habrá que esperar un poco más para que el «soberano» pueblo español pueda ser eso, soberano (sin comillas[…]).

Desembarazado Juan Carlos I de su principal adversario político, el presidente Arias, enseguida empezaría a mover los hilos (subterráneos, como siempre) para colocar en su lugar a un hombre de su entera confianza que pudiera asumir sobre sus espaldas la ardua y peligrosa tarea de iniciar la apertura democrática que a él le interesaba (al pueblo español también, por supuesto), enfrentándose, si era necesario, con el Ejército. Para ello ¡como no! echaría mano del ya flamante presidente de Las Cortes y del Consejo del Reino, su amadísimo ex profesor de Derecho Político, don Torcuato Fernández-Miranda.
Tiempo atrás, tanto profesor como alumno habían hablado con profusión del tema y se habían puesto de acuerdo en la persona idónea para llevar a cabo tan ingente labor: Adolfo Suárez, un político amamantado en las ubres del poder franquista (ministro del Movimiento en el último Gobierno Arias), joven, ambicioso, muy inteligente y con un carisma incuestionable. Nos referimos a alguien que, además, condición indispensable para sus nuevos mentores, carecía realmente de proyecto político propio.

Efectivamente, otro de los momentos especialmente difíciles de la transición española a la democracia seria sin duda, como señalaba con anterioridad, el otoño del año 1980. Tengo que dar, pues, un salto histórico en mi relato para encarar decididamente las oscuras maniobras, muy poco conocidas todavía por los españoles, que en los últimos meses de ese fatídico 1980 protagonizaron en la sombra amplios y poderosos sectores franquistas del Ejército con el fin de parar en seco el proceso político iniciado en España en noviembre de 1975.
Me refiero a unas maniobras franquistas que se concretarían a lo largo de ese corto período de tiempo en un proyecto claro y preciso de golpe militar contra la democracia y la Corona, y que, afortunadamente, sería poco a poco pospuesto por sus promotores para la primavera del año siguiente (la fecha finalmente decidida sería el 2 de mayo de 1981).

En referencia al 23-F, Don Juan Carlos de Borbón podría haber incurrido en las siguientes responsabilidades, a saber:
-Autorizar la puesta en marcha de una compleja operación político-militar inconstitucional y, por supuesto, ilegal, para cambiar el Gobierno de la nación al margen del deseo de los ciudadanos expresado en la urnas y que básicamente consistía en crear una situación de emergencia nacional ficticia (o por lo menos factible de ser controlada en cualquier momento) a cargo de un pequeño círculo de militares cortesanos para, una vez desatada esta y creado un peligrosísimo vacío de poder, neutralizarla mediante la instauración en España de un Gobierno de concentración o unidad nacional presidido por un militar de prestigio (el general Armada) que pudiera abordar de inmediato el «golpe de timón».
-Una vez desencadenado el atrabiliario «golpe», alarmado ante la incalificable actuación del teniente coronel Tejero en el asalto al Congreso de los Diputados y aconsejado por sus fieles edecanes palaciegos, en el sentido de que no podía asumir unos acontecimientos que podían dañar seriamente a la Institución monárquica, se desmarcó inmediatamente de ella abandonando a su suerte a los dos generales monárquicos que la habían planificado, renegando de ellos y de las acciones que habían emprendido bajo sus órdenes, para inmediatamente tratar de neutralizar la peligrosa situación creada en el país.
-Dentro de esas decisiones políticas y tomas de postura personales, sin refrendo alguno del Gobierno interino, destacan las órdenes y conversaciones directas con el capitán general de Valencia, Milans del Bosch, obviando una y otra vez la autoridad legal de los responsables interinos del Ministerio de Defensa, en orden a que retirara sus tanques y el bando por el que asumía todos los poderes en su Región Militar

Más de cuarenta jefes y oficiales del Servicio de Inteligencia del Ejército español, procedentes de sus tres ramas operativas y también del CESID, recibirían estudios técnicos de la especialidad (contrainsurgencia, contraguerrilla urbana y rural, antisubversión, sabotajes, escuchas, espionaje, guerra psicológica, atentados… «guerra sucia» en una palabra), todo ello en los años de plomo de la dictadura militar argentina, entre 1976 y 1982. Las enseñanzas recibidas y los conocimientos aprendidos (repito, en principio sólo teóricos y sin referencia alguna a hechos concretos de la represión en aquel gran país sudamericano) pronto se dejarían sentir en el delicado panorama político y social de la transición democrática española.
En efecto, en julio de 1979, el todopoderoso CESID eleva un Informe-Propuesta de Estrategia Antiterrorista al Gobierno de Adolfo Suárez (del que recibimos copia confidencial los Estados Mayores y altos mandos del Ejército) en el que, en un apretado y exhaustivo análisis de más de 200 folios, hace una recopilación de las acciones antiterroristas llevadas a cabo contra ETA en los últimos años.
La operación antiterrorista del CESID, las andanzas de los GAL (con ramificaciones en el Ejército, la Policía y la Guardia Civil), los chapuceros operativos sacados a la luz pública por el ex coronel Perote (y que tuvieron, como llamativos antecedentes, las personales peripecias de los tristemente célebres Amedo y Domínguez) fueron, pues, diseñados por la cúpula del CESID y puestos en práctica después por comandos ejecutivos y mercenarios del Ejército, la Guardia Civil y la Policía con arreglo a los conocimientos adquiridos por los servicios de Inteligencia españoles en los centros de instrucción de sus homólogos argentinos. Que, vuelvo a repetirlo, gozaban en España (en su Ejército, más bien) de un magnífico cartel de operatividad y eficacia tras su fructífero trabajo represivo de los años 1976-1982.
El rey Juan Carlos al tanto de la «guerra sucia» contra ETA a través de estos dos importantes documentos del CESID de 1978 y 1983 (dato éste que puede ser confirmado, a pesar del tiempo transcurrido, acudiendo a la documentación interna de ese alto organismo de Inteligencia del Estado e, incluso, analizando toda la precisa documentación que sobre los GAL y su estructura organizativa y de mando recibieron durante los años 80 los altos mandos de las Fuerzas Armadas y sus Estados Mayores), sino que antes, durante y después de cada una de sus acciones terroristas tuvo a su disposición, como la obtuvieron, precisa y oportunamente, los mas altos jerarcas del Ejército (los informes sobre las andanzas contra ETA de los pistoleros de la «democracia» española de los años 80 llegaban puntualmente no sólo al Estado Mayor del Ejército sino hasta el modesto escalón Brigada), toda la información que sobre estos grupos de justicieros con licencia para matar generaban tanto el Centro Superior de Información de la Defensa como las Divisiones de Inteligencia de los tres Ejércitos, el Estado Mayor de la Defensa y, por supuesto, los órganos de Inteligencia del Ministerio del Interior y de la Guardia Civil.
El rey no hizo nada. Miró para otro lado, convirtiéndose, por omisión, en cómplice de las aventuras asesinas de los GAL y, por ende, en el máximo responsable de sus crímenes, secuestros y tropelías. A algún conspicuo ciudadano de buena fe le puede parecer muy duro esto que acabo de decir, pero la realidad objetiva es la que es. Y el jefe del Estado en cualquier país moderno, democrático y de derecho, que ostenta, además, la suprema jefatura de sus Fuerzas Armadas, aunque no gobierne directamente (aunque sí entre bambalinas) como es el caso de España, tiene unas muy claras exigencias éticas, morales y políticas. No se puede llamar andana y mirar hacia otro lado cuando las propias fuerzas de seguridad del Estado, pasándose por la entrepierna las leyes y normas básicas del Estado de derecho, asesinan a presuntos delincuentes e, incluso, por error, a gente honesta de la calle que nunca tuvo la mas mínima relación con la organización terrorista etarra…
Por debajo de la «X» de Garzón, por supuesto con corona real, muchas altas autoridades del Estado español estaban también al tanto de lo que ocurría en las cloacas de Interior y Defensa; entre ellas, los miembros del Gobierno, con su presidente al frente, y todos los mandos del Ejército que, con los mejores servicios secretos de la nación bajo su férula, conocían al detalle la siniestra planificación de una guerra asquerosa e impropia, se mire como se mire, de un Estado moderno. Pero, aunque nunca puede servir de justificación, estos altos mandos del Ejército (y de la Policía y la Guardia Civil) estuvieron siempre sometidos a la jerarquía, a la cadena de mando, al Gobierno de la nación que autorizó los asesinatos y al jefe supremo de los Ejércitos, al que, en definitiva, le correspondió siempre ser el primero en actuar y detener como fuera aquel delirio asesino. En conciencia y con el poder en la mano.

La monarquía juancarlista que padecemos (algunos osados monárquicos e incluso bastantes demócratas de buena fe preferirían decir «disfrutamos») siempre ha evidenciado, ante la opinión pública española, dos peligrosos «talones de Aquiles»: la escandalosa vida sentimental de su titular, el rey Juan Carlos I, que se ha traducido a lo largo de los años en multitud de turbias relaciones extramatrimoniales que su santa y profesional esposa, Dª Sofía, ha sabido aceptar y perdonar con resignación encomiable; y el rápido (por no decir meteórico), incomprensible, y presuntamente delictivo, enriquecimiento de la Casa Real española que, en tan sólo treinta años de reinado, ha pasado de la pobreza más absoluta y el tener que vivir de las limosnas que recibía de la nobleza y de determinados monárquicos adinerados, a disponer de una cuantiosísima fortuna privada que la revista Eurobusiness ha cifrado en la actualidad, sin que en ningún momento haya sido desmentido por portavoz alguno de La Zarzuela, en unos 1.790 millones de euros (300.000 millones de las antiguas pesetas), la cuarta más alta de España y «sólo» la sexta en el ranking de los monarcas europeos.

El rey Juan Carlos, a pesar del estereotipo que de él han fabricado durante tantos años los medios de comunicación nacionales, no es para nada un hombre campechano, simpático, jovial, educado y muy accesible para el común de sus súbditos. Es muy conocido, y todos sus biógrafos lo recogen en sus libros, que en su adolescencia y juventud adoleció de un carácter reservado, antipático, huidizo y muy poco comunicativo, incluso con sus familiares más allegados. Ello fue debido, al parecer, a la clase de educación recibida (primero en internados extranjeros y luego en colegios de élite españoles) y también a la falta de un verdadero cariño paterno-filial durante los primeros años de su vida.
Este carácter reservado y violento le llevaría en numerosas ocasiones a pelearse, incluso físicamente, con su hermano Alfonso, del que desde muy pequeño le separó un profundo foso de recelo y envidia al percatarse de que era mucho más inteligente que él y el preferido de su padre, el conde de Barcelona.
En una visita a la ciudad de Alcalá de Henares para entregar el Premio Cervantes a una distinguida personalidad de las letras hispanoamericanas, recriminó públicamente, y también a gritos, al jefe de la unidad militar formada ante el recinto de la Universidad en la que iba a tener lugar el evento, porque no había dado entrada al himno nacional en el justo momento en que su divina persona asomaba la jeta por el lugar.
O como cuando en una visita oficial a una pequeña guarnición del archipiélago canario, ante la insistencia del corneta de guardia del acuartelamiento en interpretar una y otra vez, y en solitario, el himno nacional, no dudó en volverse con cara de muy pocos amigos al ayudante militar que estaba firmes detrás de él, en el podio de honores, y con un vozarrón fuerte y cortante ordenarle: «¡Que se calle de una vez!»… Y así un largo etc…
Así las cosas, ha hecho gala siempre de una muy rentable cualidad personal que le ha rendido grandes beneficios en todos los terrenos y ha neutralizado convenientemente la mayoría de sus potenciales errores, provenientes todos ellos de una inteligencia muy poco privilegiada. Me estoy refiriendo en concreto a la peculiar predisposición que manifiesta para rodearse de validos o apoderados políticos, militares, financieros, sociales. .. que tras el señuelo de la amistad y la aparente confianza de su señor, se desloman trabajando por él, se juegan su vida incluso en acciones presuntamente ilegales o fraudulentas en su beneficio y, además, no rechistan ni dicen ni pío cuando, acabados o quemados en la subterránea labor de apoyo a la institución que realizan, son tirados a la basura, olvidados, ninguneados o, en el peor de los casos, arrojados a la mazmorra.
Destaca Torcuato Fernández Miranda. Don Torcuato fue, sin género de dudas, el planificador, el ideólogo, el muñidor de la transición del franquismo a la democracia en sus primeros años, en la etapa más difícil, la que arranca en los años 60 y alcanza su apogeo entre los años 1975-1976 con la magistral operación entre bastidores de su propio nombramiento como presidente de las Cortes y del Consejo del Reino (conseguido con la colaboración de Arias Navarro), la dimisión de éste como presidente del Gobierno y el nombramiento para ese puesto de Adolfo Suárez.
Pero su relación personal con el nuevo y joven presidente Suárez (así como con su valedor, el rey) se deterioraría muy rápidamente debido, con toda certeza, a sus celos por la política propia y sin servidumbres que puso aquel en marcha en detrimento de sus propios planes. Los pactos de Adolfo Suárez con Felipe González y Santiago Carrillo, de cara a la legalización de todos los partidos de izquierda y en pro de unas elecciones generales sin condicionamientos, disgustaron sobremanera a don Torcuato.

Amigos del monarca tradicionalmente se han venido agrupando en dos clanes muy diferenciados, algunos de cuyos componentes sí han terminado, por unas causas u otras, ante los tribunales.
«El clan de las Cuatro Estaciones» debe su nombre a un restaurante, madrileño muy frecuentado por el rey, donde se reunían y hacían negocios hombres como Miguel Arias (propietario de la estación de esquí de Navacerrada, restaurantes en Madrid y en Mallorca, negocios inmobiliarios, bolsa), Joaquín Vázquez (constructor que remodeló La Zarzuela), Cardenal Pombo (socio de Arias, del hijo de Manuel Prado, amigo del monarca, negocios de armamento), Francisco Sitges (ex presidente de Asturiana del Zinc y de los astilleros Mefasa, que construyeron el yate Fortuna II, el Blue Legend de Javier de la Rosa y el Alejandra de Mario Conde).
Y un segundo clan es el de Mallorca, otro sector completamente distinto de amigos del rey, mucho más aristocrático y cuya figura clave ha sido siempre el príncipe Zourab Tchokotua («Zu» para los amigos), un aristócrata que Juan Carlos conoció en el internado de Friburgo y al que le debe importantes servicios. Concretamente sería «Zu» el que, en 1973, medió para que la Diputación Provincial de Mallorca le cediera el Palacio de Marivent, siguiendo el modelo de las antiguas cesiones a Alfonso XIII. Tchokotua saltó a conocimiento público en 1978, cuando un juzgado mallorquín ordenó su procesamiento e ingreso en prisión por una presunta estafa inmobiliaria. Esa supuesta estafa también salpicaría a su socio Oliver Mateu, otro de los componentes del clan y muy amigo del monarca español.
El príncipe Tchokotua siempre fue para el rey Juan Carlos un «relaciones públicas» excelente durante sus vacaciones en la isla balear. En su casa se organizaban cenas a las que acudían, junto con el monarca, personajes como Manuel Prado, Javier de la Rosa, Jaime Enseñar, el multimillonario argentino Carlos Rodolfo Bay…
Es en este círculo de amistad y compañerismo balear donde Juan Carlos conocería a Marta Gaya, una decoradora catalana de despachos y apartamentos de lujo (habitual en Mallorca), muy amiga de la mujer de «Zu› y con la que el Borbón establecería una larga e íntima relación que duraría años, sobre todo en viajes al extranjero.
O sea, amigo lector, que eso tan manido de «corte sin cortesanos» nada de nada. Corte sí, muy numerosa, y también sui generis, manifiestamente mejorable e itinerante para una monarquía que ha sabido explotar a todo bicho viviente que se acercara a su lado y pudiera aportarle algo. Para luego, como un vulgar kleenex, tirarla sin contemplaciones a la papelera.

El mal fario que persigue a los Borbones a la hora de encontrar consortes de sangre azul para sus regios enlaces (y que ya hemos explicitado en un capítulo anterior al hablar de las bodas de las hermanas del rey de España) alcanzaría su cenit en el caso del actual heredero de la Corona, el largo, desgarbado y poco conocido príncipe Felipe de Borbón. Antipático por naturaleza (por mucho que últimamente los medios de comunicación afines a La Zarzuela intenten recuperar su figura a través de almibarados reportajes casi cotidianos), soso donde los haya, con unas dotes intelectuales y profesionales que hasta la fecha no se han dejado ver por ninguna parte, con fama de simpatizante de la extrema derecha y con aires de play-boy por sus numerosos noviazgos, aventuras sentimentales más o menos largas, ligues de temporada o fin de semana y, sobre todo, por la larga relación amorosa con la modelo noruega Eva Sannum… tendría muy serias dificultades para, una vez decidido a casarse, encontrar novia en las Casas reales europeas acabando, como todos los españoles sabemos, en los brazos de una «cara mona» de la televisión oficial, la joven, divorciada y proletaria Letizia (con Z)
Eva Sannum, la modelo noruega que le encandiló sobremanera y que estuvo a punto de llevarle al altar, aunque finalmente también sería rechazada; esta vez no por la reina ni por nadie en concreto de la familia real, sino por una opinión pública española pacata y cortesana que, convenientemente jaleada por la prensa rosa de este país, enseguida le cargaría a la nórdica el sambenito de demasiado liberal (había publicitado con su escultural cuerpo ropa interior femenina), de poco conocedora de la idiosincrasia española y, en consecuencia, muy poco preparada para ser reina de España después del espectacular crack griego representado por Sofía.
Había que borrar, pues, el pasado de la prometida de don Felipe, como fuera y cuanto antes. Los pescadores en río revuelto habían comenzado ya a largar sus aparejos con una sonrisa que prometía muy buenas capturas y diferentes medios de comunicación, no demasiado sumisos al poder, tomaban posiciones de cara a un aumento sustancial de sus audiencias. Y las órdenes a los que debían recibirlas y estaban perfectamente entrenados para cumplirlas se darían pronto precisas y concretas. Para eso están en la nómina del Estado y para eso nos cuestan un ojo de la cara. Hay que reconocer que se lograron resultados espectaculares. Así, en cuestión de muy pocas semanas, desaparecerían de la vida pública y de los medios de comunicación, como si se los hubiera tragado la tierra, los siguientes personajes y personajillos relacionados con la vida pasada de la nueva y flamante princesa de Asturias:
Su ex marido (no pongo su nombre porque, tal como me han comunicado, aunque no lo tengo confirmado, desde el 22 de mayo de 2004 está clasificado como «alto secreto», al que, según cuentan, se le apareció una buena mañana su particular ángel de la guarda, caracterizado de agente especial del CESID. Éste, dándole un precioso maletín de piel negra y mostrándole el título de propiedad de una hermosa finca rústica situada a bastantes kilómetros de Madrid, le sugirió la conveniencia de trasladarse de inmediato a tan bello lugar con todos sus libros y bastantes folios en blanco para dedicarse a leer y escribir el resto de sus días si quería que él siguiera cumpliendo con efectividad su angelical misión de proteger a ultranza su alma y, sobre todo, su cuerpo. Además, para cerrar el trato, debería convertirse en sordomudo funcional ad eternum.
El pintor cubano Waldo Saavedra, al que parece ser sirvió de musa en top-less la guapa Letizia durante su permanencia en México, allá por los años 90 (salió, como musa, en el disco Sueños líquidos
de Mana), y que, según comunicó en su día a la prensa española, tenía previsto poner a la venta el mismo día de la boda de la periodista un polémico cuadro con su imagen en la Feria de Arte de Buenos Aires. Nunca más se supo del pintor y su cuadro.
Un amigo del anterior, componente del grupo musical Maná, que (a tenor de algunas informaciones periodísticas) estuvo muy unido a la actual princesa de Asturias mientras ésta estuvo trabajando en México en aquellas fechas.
El periodista (no estampo aquí su nombre porque, al igual que el ex marido, ha sido clasificado) que estaba unido sentimentalmente a Letizia cuando ésta conoció al príncipe Felipe. Llevaba con él varios meses y de pronto, tras la célebre cena del rendez vous principesco, desapareció como por ensalmo, sin dejar rastro. Tan impresionante ha resultado la volatilización de este buen hombre que la empresa norteamericana que gestiona la serie televisiva del mismo nombre ha pensado llevarla a uno de sus exitosos capítulos. Si le deja la Casa Real española, por supuesto.
Todos los compañeros, amigos y amigas de la periodista devenida en princesa, comenzando por su mentor televisivo, el señor Urdaci, quienes, además de permanecer en paradero desconocido desde entonces (el antiguo crack de los informativos de TVE, señor Urdaci, después de casi tres años de apagón mediático ha vuelto a reaparecer en determinados programas basura pero sólo con el objetivo de dejarnos ver con absoluta claridad de que pie ideológico cojea), parecen haberse vuelto tontos de remate pues sólo recuerdan, cuando algún astuto paparazzi logra encontrar a uno de ellos, lo inteligente, guapa, elegante y trabajadora que era su antigua amiga o colaboradora.
La boda real del 22 de mayo del 2004, traslado y permanencia en Madrid de casi 20.000 policías, guardias civiles y soldados sobrepasa los 20 millones de euros (más de 3.000 millones de pesetas); a lo que hay que añadir, viajes, invitaciones, hoteles, banquete, engalanamiento del Palacio Real, obras en la catedral de La Almudena, alquiler del avión Awacs de la OTAN, que nos protegió a todos los españoles durante unas horas de la peligrosa flota aérea de los talibanes… etc., etc., y los 4,5 millones de euros (750 millones de pesetas) que le costó a TVE la difusión del regio enlace, tal como admitió oficialmente la directora general del denominado Ente público.

This is another book about the dark shades of the former monarch of Spain and that have not been denied, that is complementary to the previous book commented on my blog about the 23-F and the coup d’état, because much of the book is treated in this, as a final compendium book.

Juan Carlos de Borbón (“Juanito” for the intimates) should not have wished so fervently that they treated him like any other cadet, since, as far as is known, he suffered no frustration when, when he joined the Academy, he was installed in a comfortable apartment of several rooms, with room included, with several ordinances (soldiers of forced replacement) who received as the only mission in life (military, it is understood) to satisfy their smallest academic and personal whims, all under the direct supervision of the commander Joaquin Valenzuela, Marquis as not! of Valenzuela de Tahuarda, who would not leave his side for a moment and accompany him throughout the first course (in the second he would resign because of differences with the Duke of the Tower and would be relieved by the commander also Cabeza Calahorra) in his “divertimentos” »For the academic facilities: horse riding, shooting, sports, excursions, lunches and dinners … etc., etc. Classes, what is said classes (of those in which his classmates left their skin every day) would be rather few for the aristocratic cadet «Juanito».
Franco ordered that the appropriate procedures be done with the Portuguese Government so that a thick blanket of silence covered the amazing death of Don Alfonso, no police or judicial investigation was promoted on his part, and his official version was coupled as possible to that of the Spanish Government, expressed in the note disseminated by its Legation in Lisbon. As the Spanish dictator would let loose to a high personality of the political environment of the Count of Barcelona, ​​a few days after the tragic death of the infant:
“People do not like princes with bad luck.”
Cynical sentence that, two years later, would expand when explaining why he did not want to talk about Alfonso in the press:
«The memory can throw on his brother shadows for the accident and simplistic people evoke the bad luck of a family, when the people like the good star of their princes».

Prince Juan Carlos received his office as lieutenant of the Spanish Army on December 12, 1959. On July 23, 1969, ten years later, he would be named successor of the head of state, as a king, and promoted by testicular decision of the dictator to general. The Galician “espadón” would have what he wanted: A military man, a general breast-fed to his breasts that could pick up the witness of his despicable military dictatorship. And so it would happen in reality, because his regime did not perish as many naive still believe with the enactment of the Constitution of 78.
We speak of a Magna Carta agreed, agreed, corrected and authorized by the Francoist army and by the most powerful forces of the old system that would mount the “theater of change” so that nothing really changed in this country. Yes, Spaniards can vote every four years on closed and blocked electoral lists, made by the apparatuses of some parties that eat from the manger of power, of the same power as always … But of real freedom, true democracy, real sovereignty of the people … very Little still, almost nothing. We will have to wait a little longer so that the “sovereign” Spanish people can be that, sovereign (without quotes […]).

Unworn Juan Carlos I of his main political adversary, President Arias, would immediately begin to move the threads (subterranean, as always) to place in his place a man of his full confidence that could take on his back the arduous and dangerous task of to initiate the democratic opening that interested him (to the Spanish people also, of course), confronting, if necessary, with the Army. For this, of course! I would use the now flaming president of Las Cortes and the Council of the Kingdom, his beloved former professor of Political Law, Mr. Torcuato Fernández-Miranda.
Some time ago, both teacher and student had spoken profusely about the issue and had agreed on the ideal person to carry out such a huge task: Adolfo Suárez, a politician breastfed in the udders of Franco’s power (Minister of the Movement in the last Government Arias), young, ambitious, very intelligent and with an unquestionable charisma. We refer to someone who, in addition, an indispensable condition for their new mentors, did not really have their own political project.

Indeed, another of the especially difficult moments of the Spanish transition to democracy would undoubtedly be, as I pointed out earlier, the autumn of the year 1980. I have to give, then, a historic leap in my story to face the dark maneuvers decidedly, little known by the Spaniards, who in the last months of that fateful 1980 starred in the shadow broad and powerful Francoist sectors of the Army in order to stop in its tracks the political process initiated in Spain in November 1975.
I refer to Francoist maneuvers that would materialize throughout that short period of time in a clear and precise project of military coup against democracy and the Crown, and that, fortunately, would be gradually postponed by its promoters for spring of the following year (the date finally decided would be May 2, 1981).

In reference to 23-F, Don Juan Carlos de Borbón could have incurred the following responsibilities, namely:
-Authorize the implementation of a complex political-military operation unconstitutional and, of course, illegal, to change the Government of the nation regardless of the desire of citizens expressed in the ballot box and that basically consisted in creating a national emergency situation fictitious (or at least feasible to be controlled at any time) by a small circle of military courtiers, once unleashed this and created a dangerous vacuum of power, neutralize it by the establishment in Spain of a government of concentration or unity national presided over by a prestigious military man (the Armada general) who could immediately address the “tug of the day”.
-Once the unattainable «coup» was triggered, alarmed at the incalculable performance of Lieutenant Colonel Tejero in the assault on the Congress of Deputies and advised by his loyal palace aides, in the sense that he could not take on events that could seriously damage the monarchical institution immediately departed from it by abandoning to its fate the two monarchist generals who had planned it, denying them and the actions they had undertaken under their orders, to immediately try to neutralize the dangerous situation created in the country.
-In those political decisions and personal positions, without any endorsement by the interim government, the direct orders and conversations with the Captain General of Valencia, Milans del Bosch, over and over again, obviate the legal authority of the interim officials of the Ministry. of Defense, in order to withdraw its tanks and the side by which assumed all powers in its Military Region

More than forty chiefs and officers of the Intelligence Service of the Spanish Army, coming from its three operative branches and also from CESID, would receive technical studies of the specialty (counterinsurgency, urban and rural counter-guerrilla, anti-subversion, sabotage, eavesdropping, espionage, psychological warfare, attacks … “dirty war” in a word), all in the lead years of the Argentine military dictatorship, between 1976 and 1982. The lessons received and the knowledge learned (I repeat, in principle only theoretical and without any reference to specific facts of the repression in that great South American country) would soon be felt in the delicate political and social landscape of the Spanish democratic transition.
In fact, in July 1979, the all-powerful CESID raised a Report-Proposal for an Anti-Terrorist Strategy to the Government of Adolfo Suárez (from which we received a confidential copy of the Major States and senior Army commanders) in which, in a close and exhaustive analysis of the more than 200 folios, it compiles the antiterrorist actions carried out against ETA in recent years.
The antiterrorist operation of the CESID, the adventures of the GAL (with ramifications in the Army, the Police and the Civil Guard), the sloppy operatives brought to public light by the former Colonel Perote (and who had, as a striking background, the personal events of the infamous Amedo and Dominguez) were, therefore, designed by the CESID leadership and put into practice later by executive and mercenary commands of the Army, the Civil Guard and the Police in accordance with the knowledge acquired by the Spanish intelligence services in the training centers of their Argentine counterparts. That, I repeat, they enjoyed in Spain (in their Army, rather) a magnificent poster of operation and efficiency after their fruitful repressive work of the years 1976-1982.
King Juan Carlos was aware of the “dirty war” against ETA through these two important documents of the CESID of 1978 and 1983 (a fact that can be confirmed, despite the time that has elapsed, by going to the internal documentation of that high organization of Intelligence of the State and, even, analyzing all the precise documentation that on the GAL and its organizational and command structure received during the 80s the high commands of the Armed Forces and their Staff), but before, during and after Each of his terrorist actions was at his disposal, as was obtained, precisely and opportunely, by the highest hierarchies of the Army (the reports about the adventures against ETA of the gunmen of the Spanish “democracy” of the 80s arrived punctually not only to the Army Staff but even the modest Brigade step), all the information about these groups of vigilantes with license to kill generated both the Center Superior of Information of the Defense like the Divisions of Intelligence of the three Armies, the General Staff of the Defense and, of course, the organs of Intelligence of the Ministry of the Interior and the Civil Guard.
The king did nothing. He looked the other way, becoming, by omission, an accomplice of the murderous adventures of the GAL and, therefore, the ultimate responsible for their crimes, kidnappings and outrages. Some conspicuous citizen of good faith may find this very hard to say, but the objective reality is what it is. And the head of the State in any modern, democratic and legal country, which also has the supreme leadership of its Armed Forces, although it does not govern directly (although it is behind the scenes), as is the case in Spain, has very clear demands ethical, moral and political. You can not call swath and look the other way when the own security forces of the State, going through the crotch the laws and basic rules of the rule of law, murder criminal suspects and, even, by mistake, honest people of the street who never had the slightest relationship with the ETA terrorist organization …
Below the “X” of Garzón, of course with a royal crown, many high authorities of the Spanish State were also aware of what was happening in the sewers of Interior and Defense; among them, the members of the Government, with their president at the head, and all the Army commanders who, with the best secret services of the nation under their splint, knew in detail the sinister planning of a disgusting and improper war, it is seen as Look, a modern state. But, although it can never serve as a justification, these high-ranking Army (and Police and Civil Guard) commanders were always subject to the hierarchy, to the chain of command, to the Government of the nation that authorized the murders and to the supreme commander. of the Armies, to which, in short, it always corresponded to him to be the first to act and to stop as it was that murderous delirium. In consciousness and with power in hand.

The juancarlista monarchy that we suffer (some daring monarchists and even enough democrats in good faith would prefer to say “we enjoy”) has always shown, before Spanish public opinion, two dangerous “Achilles heels”: the scandalous sentimental life of its owner, the king Juan Carlos I, who has been translated over the years in many murky extramarital affairs that his holy and professional wife, Sofia, has accepted and forgive with commendable resignation; and the rapid (not to say meteoric), incomprehensible, and presumably criminal, enrichment of the Spanish Royal House that, in only thirty years of reign, has passed from the most absolute poverty and having to live on the alms that it received from the nobility and certain wealthy monarchists, to have a very large private fortune that the magazine Eurobusiness has encrypted at present, without at any time has been denied by any spokesman of La Zarzuela, about 1,790 million euros (300,000 million the old pesetas), the fourth highest in Spain and “only” the sixth in the ranking of European monarchs.

King Juan Carlos, in spite of the stereotype that the national media have manufactured for so many years, is not at all a man who is easy-going, friendly, jovial, educated and very accessible to the commons of his subjects. He is well known, and all his biographers collect it in his books, which in his adolescence and youth suffered from a reserved, unfriendly, elusive and very uncommunicative character, even with his closest relatives. This was due, apparently, to the kind of education received (first in foreign boarding schools and then in Spanish elite schools) and also to the lack of a true parental-filial affection during the first years of his life.
This reserved and violent character would take him on numerous occasions to fight, even physically, with his brother Alfonso, from whom from a young age he was separated by a deep pit of suspicion and envy when he realized that he was much more intelligent than he and his favorite. Father, the Count of Barcelona.
On a visit to the city of Alcalá de Henares to deliver the Cervantes Prize to a distinguished personality of Spanish American literature, he publicly reproached, and also shouted, the head of the military unit formed before the campus of the University where he was going to the event took place, because he had not given entrance to the national anthem at the exact moment when his divine person showed his face in the place.
Or as when on an official visit to a small garrison of the Canary archipelago, at the insistence of the guard cornet of the quartering to interpret again and again, and alone, the national anthem, did not hesitate to turn the face of very few friends to military assistant who was standing behind him, on the podium of honors, and with a loud and sharp voice order him: “Shut up once!” … And so a long etc …
In this way, he has always shown a very profitable personal quality that has rendered him great benefits in all areas and has conveniently neutralized most of his potential errors, all of them coming from a very unprivileged intelligence. I am referring in particular to the peculiar predisposition that manifests to surround itself with valid or political, military, financial and social representatives. .. that after the lure of friendship and the apparent trust of their lord, they are working for him, they risk their lives even in actions that are allegedly illegal or fraudulent for their benefit and, in addition, they do not rejoin or say anything when they are finished. or burned in the underground work of support for the institution they perform, they are thrown away, forgotten, ignored or, in the worst case, thrown into the dungeon.
Torcuato Fernández Miranda stands out. Don Torcuato was, without a doubt, the planner, the ideologist, the muñidor of the transition from Francoism to democracy in its early years, in the most difficult stage, the one that started in the 60s and reached its apogee between the years 1975-1976 with the masterful operation behind the scenes of his own appointment as president of the Cortes and the Council of the Kingdom (achieved with the collaboration of Arias Navarro), his resignation as president of the Government and the appointment to that post of Adolfo Suárez .
But his personal relationship with the new and young president Suárez (as well as with his supporter, the king) would deteriorate very quickly due, with all certainty, to his jealousy for his own politics and without servitudes that put that one in march to the detriment of his own plans. The pacts of Adolfo Suárez with Felipe González and Santiago Carrillo, in the face of the legalization of all the parties of the left and in favor of general elections without conditions, greatly angered Don Torcuato.

Friends of the monarch have traditionally been grouped into two very different clans, some of whose components have ended, for one reason or another, before the courts.
«The Four Seasons clan» owes its name to a restaurant, very popular in Madrid, where men like Miguel Arias (owner of the ski resort of Navacerrada, restaurants in Madrid and Mallorca, businesses met and did business) real estate, stock market), Joaquín Vázquez (builder who remodeled La Zarzuela), Cardenal Pombo (partner of Arias, the son of Manuel Prado, friend of the monarch, arms business), Francisco Sitges (former president of Asturiana del Zinc and the shipyards Mefasa, who built the yacht Fortuna II, the Blue Legend of Javier de la Rosa and Alejandra de Mario Conde).
And a second clan is that of Mallorca, another completely different sector of friends of the king, much more aristocratic and whose key figure has always been Prince Zourab Tchokotua (“Zu” for friends), an aristocrat that Juan Carlos met at the boarding school of Freiburg and to whom he owes important services. Specifically, it would be “Zu” who, in 1973, mediated for the Provincial Council of Mallorca to give him the Palace of Marivent, following the model of the old assignments to Alfonso XIII. Tchokotua jumped to public knowledge in 1978, when a Mallorcan court ordered his prosecution and entry into prison for an alleged real estate scam. That supposed scam would also splash his partner Oliver Mateu, another member of the clan and a close friend of the Spanish monarch.
Prince Tchokotua was always an excellent “public relations” for King Juan Carlos during his vacation in the Balearic island. In his house dinners were organized to which, along with the monarch, people like Manuel Prado, Javier de la Rosa, Jaime Enseñar, the Argentine billionaire Carlos Rodolfo Bay …
It is in this circle of friendship and Balearic companionship where Juan Carlos would meet Marta Gaya, a Catalan decorator of luxury offices and apartments (usual in Mallorca), very close to the woman of «Zu> and with whom the Bourbon would establish a long and intimate relationship that would last for years, especially in trips abroad.
That is to say, dear reader, that this so much use of “court without courtiers” nothing at all. Court yes, very numerous, and also sui generis, manifestly improvable and itinerant for a monarchy that has known how to exploit every living creature that comes close to its side and could provide something. For then, like a vulgar Kleenex, throw it unceremoniously into the bin.

The evil that pursues the Bourbons when finding consorts of blue blood for their royal links (and that we have already explained in an earlier chapter when talking about the weddings of the sisters of the King of Spain) would reach its zenith in the case of the current heir of the Crown, the long, ungainly and little-known Prince Felipe de Borbón. Unsympathetic by nature (as much as recently the media related to La Zarzuela try to recover their figure through syrupy reports almost daily), I dine where they are, with intellectual and professional skills that to date have not been seen by Nowhere, with a reputation as a sympathizer of the far right and with the air of a playboy for their numerous courtships, sentimental adventures more or less long, season or weekend getaways and, above all, for the long relationship with the model Norwegian Eva Sannum … would have very serious difficulties, once decided to marry, find a girlfriend in the European royal houses ending, as all Spaniards know, in the arms of a “cute face” of the official television, the young, divorced and Proletarian Letizia (with Z)
Eva Sannum, the Norwegian model who dazzled him greatly and who was about to take him to the altar, but finally would also be rejected; this time not by the queen or by anyone in particular of the royal family, but by a Spanish public opinion pacata and courtesan, conveniently hailed by the pink press of this country, would soon charge the Nordic the sambenito of too liberal (had publicized with its sculptural body female underwear), of little knowledge of the Spanish idiosyncrasy and, consequently, very little prepared to be queen of Spain after the spectacular Greek crack represented by Sofia.
It was necessary to erase, then, the past of the fiancee of Don Felipe, as it was and as soon as possible. The fishermen in the wild river had already started to release their gear with a smile that promised very good captures and different media, not too submissive to power, took positions in the face of a substantial increase in their audiences. And the orders to which they had to receive them and were perfectly trained to comply with them would soon be precise and concrete. That’s why they are on the payroll of the State and for that they cost us an eye for the face. It must be recognized that spectacular results were achieved. Thus, in a matter of very few weeks, they would disappear from public life and from the media, as if the earth had swallowed them, the following characters and characters related to the past life of the new and flamboyant Princess of Asturias:
Her ex-husband (I do not give his name because, as I have been informed, although I do not have it confirmed, since May 22, 2004, he is classified as “top secret”, which, according to his story, appeared to him one morning Particular guardian angel, characterized as a special agent of the CESID, who, giving him a beautiful black leather case and showing him the title of property of a beautiful rustic farm located a few kilometers from Madrid, suggested the convenience of moving immediately to beautiful place with all his books and enough blank pages to devote to read and write the rest of his days if he wanted him to continue to fulfill effectively his angelic mission to protect at all costs his soul and, above all, his body. closing the deal, you should become a functional deaf-mute ad eternum.
The Cuban painter Waldo Saavedra, who seems to have served as muse in top-less the beautiful Letizia during his stay in Mexico, back in the 90s (he left, as a muse, in the album Liquid Dreams
de Mana), and that, according to the Spanish press, had planned to put on sale on the same day of the journalist’s wedding a controversial painting with her image at the Art Fair of Buenos Aires. The painter and his painting were never heard again.
A friend of the previous one, member of the musical group Maná, who (according to some journalistic information) was very close to the current princess of Asturias while she was working in Mexico at that time.
The journalist (his name is not here because, like the ex-husband, has been classified) who was sentimentally attached to Letizia when she met Prince Felipe. He had been with him for several months and suddenly, after the famous dinner of princely rendez vous, he disappeared as if by magic, without leaving a trace. So impressive has been the volatilization of this good man that the North American company that manages the television series of the same name has thought to take it to one of its successful chapters. If he leaves the Spanish Royal House, of course.
All the comrades, friends of the journalist turned into a princess, starting with her television mentor, Mr. Urdaci, who, in addition to remaining unknown since then (the old crack of the TVE news, Mr. Urdaci, after almost three years of media blackout has reappeared in certain programs trash but only with the aim of letting us see with absolute clarity that ideological limps), seem to have become stupid because they only remember, when some astute paparazzi manages to find one of they, the intelligent, beautiful, elegant and hardworking that was his old friend or collaborator.
The royal wedding of May 22, 2004, transfer and stay in Madrid of almost 20,000 police officers, civil guards and soldiers exceeds 20 million euros (more than 3,000 million pesetas); to which it is necessary to add, trips, invitations, hotels, banquet, decoration of the Royal Palace, works in the cathedral of La Almudena, rent of the plane Awacs of NATO, that protected us all the Spaniards during a few hours of the dangerous fleet of the Taliban … etc., etc., and the 4.5 million euros (750 million pesetas) that cost TVE the diffusion of the royal liaison, as officially admitted by the general director of the so-called public entity.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .