El fin de los medios de comunicación de masas — Jeff Jarvis / Free for All: The Internet’s Transformation of Journalism by Jeff Jarvis

Este es un magnífico ensayo en referencia a los mass media y los cambios que supone en los medios de comunicación, supone el fin, para nada es un reto como cuando se introdujo la imprenta, pero se debe ser proclive a cambios.
Los medios de comunicación elaboramos nuevas técnicas en torno a las relaciones, en primer lugar debemos dejar de ver a las personas como masa. Tenemos que conocerlas y, a continuación, servirlas como individuos y comunidades, tenemos que pasar de la métrica del éxito de mediciones anónimas masivas —circulación, usuarios únicos, páginas visitadas, direcciones de correo electrónico— a la métrica de relaciones.
¿La información es realmente un negocio de contenidos? ¿Debería serlo? Puede que definirnos como creadores de contenidos sea una trampa. Esa cosmovisión nos convence de que nuestro valor está encarnado completamente en lo que hacemos y no en el bien que la gente obtiene de ello. La creencia en que nuestro negocio consiste en producir un producto llamado contenido es lo que nos impulsa a establecer imposiciones de pago a su alrededor.
Nuestro papel como periodistas consiste en ayudar a las comunidades a organizar mejor su conocimiento y a organizarse mejor a sí mismas, resulta evidente que estamos en el negocio de los servicios y que debemos recurrir a muchas herramientas, incluido el contenido, y atribuir valor a las relaciones que construimos con miembros de nuestras comunidades.

La convención social del hashtag. La idea misma de hashtag fue propuesta por primera vez por Chris Messina —no por un empleado de Twitter—, quien sugirió en 2007 que sería una manera de encontrar tuits relacionados con acontecimientos o temas. Las plataformas no tienen que crearse necesariamente mediante programación. A menudo pueden crearse mediante convenciones corrientes y espontáneas. Los medios informativos tienen el megáfono para contribuir al establecimiento de esas convenciones.

Quizás una pura quimera. Los miembros de los ecosistemas informativos deberían contratar, formar, orientar y apoyar activamente a nuevos miembros. Cuando un periódico despide a periodistas, como sucede a menudo y seguirá sucediendo hasta que las organizaciones de prensa adquieran un tamaño rentable, ¿por qué no ofrecer a esos profesionales experimentados y fiables la posibilidad de montar nuevas empresas? Démosles una plataforma tecnológica y una distribución asegurada, así como una base de ingresos publicitarios, hasta que logren la masa crítica.

Una de las mayores crisis a las que se enfrentan los medios informativos —además de los trastocados modelos de negocio, la competencia ilimitada y la erosión de la confianza— es el compromiso.

Las noticias son una sucesión de acontecimientos, preguntas (y a veces respuestas), debate, información en aumento y comprensión paulatina. La información se convirtió en un producto simplemente porque tenía que hacerlo para adaptarse al espacio, tiempo y planes de producción, primero de los editores y luego de las emisoras. Ahora, la información puede volver a su estado natural. La información no empieza nunca. No acaba nunca. Según la imagen del pionero de la tecnología Dave Winer, la información es un río.Fluye.
Por desgracia, una parte demasiado grande de la recopilación y de la búsqueda de la rigurosidad que hemos visto hasta la fecha ha sido producto de la indolencia, los recortes de gastos o la búsqueda de dinero fácil. Crear contenidos resulta caro, así que, ¿por qué no enlazar contenidos?.
Velar por la rigurosidad —ser riguroso— es un medio para descubrir y distribuir contenido. En un ecosistema en el que abundan los contenidos y hay un sinfín de competidores que tratan de captar la atención del lector, los editores deberían velar por la rigurosidad para que los lectores encuentren su contenido.

El primer paso a la hora de trabajar con datos, obviamente, es recabarlos. Esto no significa solamente obtener datos gubernamentales u otros ya existentes. Significa ayudar a crear datos nuevos.
El otro flamante juguete de los medios informativos de hoy en día son los dispositivos móviles, especialmente las aplicaciones para tabletas y teléfonos. Pero cuidado con algunas ideas equivocadas. En primer lugar, muchos de los dispositivos que consideramos móviles a menudo no lo son en absoluto. La mayor parte del uso de las tabletas se hace en casa. Con frecuencia uso la tableta y el teléfono móvil cuando estoy quieto, en el sillón, en mi despacho, o en una reunión aburrida. De hecho, más te vale no utilizar estos aparatos cuando realmente te estás moviendo —a pie o por carretera— o puede que te estampes contra un árbol. Para mí, móvil es un término de transición que utilizaremos mientras sigamos pensando en los smartphones como teléfonos en lugar de como lo que son: ordenadores, máquinas de conexión, máquinas de memoria, ayudantes, juguetes, pasatiempos, mapas, cines, pantallas de televisión, cámaras… Siri de Apple, las Google Glass, los relojes inteligentes y sus futuros competidores posiblemente acaben con la asociación de los términos móvil y teléfono cuando podamos hablar al aire, haciendo preguntas y obteniendo respuestas sin tener que echar mano de un dispositivo, sin tener que teclear ni pulsar, sin tener que acudir a un sitio web o, en ese sentido, sin tener que acabar en una página.
Las aplicaciones no han demostrado ser las salvadoras de la información. Tienen muchas limitaciones. Tienden a desvincular su contenido de enlaces a otros contenidos y de recomendaciones exteriores. Son caras. Requieren marketing para que los usuarios las encuentren, las descarguen y las usen. Aunque proporcionan un entorno limpio y controlado para la publicidad, las aplicaciones en su conjunto no han sido un campo aprovechado por los anunciantes, sobre todo porque la audiencia de cada aplicación sigue siendo pequeña.

Existen cuatro nuevas necesidades de los consumidores:
1. Mantenerse informados.
2. Adquirir identidad personal (a través, por ejemplo, de reforzar sus valores).
3. Integrar e interactuar socialmente (encontrar la base para conversar).
4. Entretenerse.

A continuación define 10 funciones periodísticas fundamentales:
1. Verdad
2. Independencia
3. Imparcialidad
4. Interés público
5. Vigilancia
6. Organización de foros
7. Información
8. Narración de historias
9. Recopilación
10. Dar sentido

La mayoría de debates acerca del estado y el destino del negocio de la información empieza con los ingresos y una búsqueda de los medios para recobrar lo que se ha perdido debido a internet, de manera que podamos pagar y así mantener las salas de redacción tal como eran. Lo siento, pero empezaré por el otro lado del libro de contabilidad con el coste del periodismo. Se ha desplomado, no sólo porque tenemos menos dinero para gastar, sino porque ahora podemos gastar menos para obtener y divulgar la información. Gracias a la tecnología, la especialización y la colaboración, hoy la información puede ser mucho más eficiente.
La buena noticia para el negocio del periodismo. Una vez la industria haya sido reducida a su esencia y a sus elementos esenciales, una vez determinemos lo que más importa y necesita protección, una vez encontremos los medios para apoyar ese trabajo, el periodismo podrá crecer de nuevo. Y creo que hay bastantes probabilidades de que no crezca de arriba abajo con nuevos gigantes en sustitución de los viejos, sino de abajo arriba con especialización. La razón por la que digo que es una buena noticia es porque la especialización puede ser negocio.

El mito de los medios de comunicación de masas, precioso mientras duró, era el siguiente: todos los lectores ven anuncios, así que cobramos a todos los anunciantes por todos los lectores. La segregación de los medios de comunicación de masas y el auge de una competencia inagotable perfora el mito y priva a las empresas tradicionales del poder de fijación de precios —y del monopolio— que habían ostentado. Hoy en día, creo que tenemos que pasar a un negocio basado en la estrategia relacional.
Mayor temor acerca de la publicidad y los medios de comunicación es que también ellos vayan indefectiblemente unidos, que los vendedores ya no necesiten más a los medios de comunicación, que se relacionen directamente con los clientes sin nosotros. Eso es, en mi opinión, lo más terrible que podría suceder. Recemos para que no suceda.

En la paradoja del valor de Adam Smith, éste se preguntaba por qué si el agua es indispensable para la vida y los diamantes no, los diamantes cuestan mucho más que el agua. La paradoja del precio de la información plantea un dilema parecido: si la información es mucho más valiosa para la sociedad que el entretenimiento, ¿por qué es tan difícil crear un negocio —concretamente el periodismo— basado en la venta del acceso a la información? El periodismo en su vertiente más útil es rico en información, pero la información se mercantiliza rápidamente. Por otro lado, el entretenimiento es único y atractivo y, recibe una mayor protección legal que la información gracias a los derechos de autor.
Si tienes información con un valor único para un cliente y puedes transmitirla antes que nadie, puedes cobrar por acceder a ella. Sin embargo, lo que vendes no es tanto información como velocidad. Aquí nos enfrentamos al factor tiempo en la paradoja del precio de la información: cuanto más valiosa es la información, más rápido se divulga y menos valiosa se vuelve. ¿A dónde nos lleva eso? Eso nos lleva a la necesidad de plantearnos nuevas formas de concebir los medios de comunicación, la audiencia, el contenido y la propiedad intelectual.

Dadas (1) las dificultades estratégicas de los grandes medios informativos tradicionales y (2) la actitud negativa de las fuentes de capital (mercado y sociedades de capital riesgo) y (3) la necesidad de esfuerzo humano ineficiente en el periodismo, apostaría a que la información ya no será un ámbito de organizaciones integradas verticalmente. En lugar de eso, la información procederá de diversos ecosistemas de empresas especializadas de varios tamaños, con diferentes modelos de negocio y distintas motivaciones. La información será desorganizada y desigual durante algún tiempo. Sin embargo, la demanda de noticias e información aumentará constantemente. Y ahora que el público tiene más medios para compartir información, habrá también más fuentes informativas. Por tanto, apuesto a que habrá más necesidad de periodistas y más oportunidades para éstos.

This is a magnificent essay in reference to the mass media and the changes that supposes in the media, supposes the end, for nothing is a challenge like when the printing press was introduced, but it must be prone to changes.
The media develop new techniques around relationships, first of all we must stop seeing people as a mass. We have to know them and then serve them as individuals and communities, we have to move from the metrics of the success of massive anonymous measurements -circulation, unique users, visited pages, email addresses- to the relationship metric.
Is the information really a content business? Should be? We may define ourselves as creators of content is a trap. That worldview convinces us that our value is embodied completely in what we do and not in the good that people get from it. The belief that our business is to produce a product called content is what drives us to establish payment impositions around us.
Our role as journalists is to help communities better organize their knowledge and better organize themselves, it is clear that we are in the services business and that we must resort to many tools, including content, and attribute value to relationships that we build with members of our communities.

The social convention of the hashtag. The very idea of ​​a hashtag was first proposed by Chris Messina – not by a Twitter employee – who suggested in 2007 that it would be a way to find tweets related to events or topics. Platforms do not necessarily have to be created programmatically. They can often be created by current and spontaneous conventions. The media have a megaphone to contribute to the establishment of these conventions.

Maybe a pure chimera. The members of the information ecosystems should recruit, train, guide and actively support new members. When a newspaper fires journalists, as often happens and will continue to happen until press organizations acquire a profitable size, why not offer these experienced and reliable professionals the possibility of setting up new companies? Let’s give them a technological platform and an assured distribution, as well as a base of advertising revenues, until they reach the critical mass.

One of the biggest crises that news media faces – in addition to disrupted business models, unlimited competition and the erosion of trust – is commitment.

The news is a succession of events, questions (and sometimes answers), debate, increasing information and gradual understanding. The information became a product simply because it had to do it to adapt to the space, time and production plans, first of the publishers and then of the stations. Now, the information can return to its natural state. The information never starts. It never ends According to the image of technology pioneer Dave Winer, information is a river. Flow.
Unfortunately, too large a part of the compilation and search for the rigor we have seen to date has been the product of indolence, spending cuts or the search for easy money. Creating content is expensive, so why not link content ?.
Ensuring strictness – being rigorous – is a means to discover and distribute content. In an ecosystem in which content is plentiful and there are countless competitors trying to capture the reader’s attention, publishers should ensure rigor so that readers can find their content.

The first step when working with data, obviously, is to collect them. This does not only mean obtaining government or other existing data. It means helping create new data.
The other brand new toy of today’s media are mobile devices, especially applications for tablets and phones. But beware of some wrong ideas. In the first place, many of the devices that we consider mobile are often not at all. Most of the use of the tablets is done at home. I often use the tablet and mobile phone when I’m still, on the couch, in my office, or in a boring meeting. In fact, you’d better not use these devices when you’re really moving-on foot or by road-or maybe you’re stuck against a tree. For me, mobile is a transition term that we will use as we continue to think of smartphones as telephones instead of what they are: computers, connection machines, memory machines, helpers, toys, hobbies, maps, cinemas, television screens , cameras … Apple’s Siri, Google Glass, smart watches and their future competitors may end up with the association of mobile and phone terms when we can talk on the air, asking questions and getting answers without having to use a device , without having to type or press, without having to go to a website or, in that sense, without having to end up on a page.
Applications have not proven to be the saviors of information. They have many limitations. They tend to unlink their content from links to other content and external recommendations. They are expensive. They require marketing so that users find them, download them and use them. Although they provide a clean and controlled environment for advertising, applications as a whole have not been a field exploited by advertisers, especially since the audience of each application is still small.

There are four new needs of consumers:
1. Stay informed.
2. Acquiring a personal identity (through, for example, reinforcing their values).
3. Integrate and interact socially (find the basis to converse).
4. Entertaining

Next, define 10 fundamental journalistic functions:
1. Truth
2. Independence
3. Impartiality
4. Public interest
5. Surveillance
6. Organization of forums
7. Information
8. Storytelling
9. Compilation
10. Make sense

Most debates about the status and destination of the information business begin with revenue and a search for the means to recover what has been lost due to the internet, so that we can pay and thus maintain the newsrooms as they were. I’m sorry, but I’ll start on the other side of the ledger with the cost of journalism. It has collapsed, not only because we have less money to spend, but because we can now spend less to obtain and disseminate information. Thanks to technology, specialization and collaboration, today information can be much more efficient.
The good news for the journalism business. Once the industry has been reduced to its essence and its essential elements, once we determine what matters most and needs protection, once we find the means to support this work, journalism can grow again. And I think there’s a good chance that it does not grow upside down with new giants replacing the old ones, but from the bottom up with specialization. The reason I say it’s good news is because specialization can be business.

The myth of the mass media, beautiful while it lasted, was this: all readers see ads, so we charge all advertisers for all readers. The segregation of mass media and the rise of inexhaustible competition pierces the myth and deprives traditional companies of the pricing power – and the monopoly – that they had held. Nowadays, I think we have to move to a business based on relational strategy.
Greater fear about advertising and the media is that they too are unfailingly united, that sellers no longer need the media, that they relate directly to customers without us. That is, in my opinion, the most terrible thing that could happen. Let us pray so that it does not happen.

In the paradox of the value of Adam Smith, he wondered why if water is indispensable for life and diamonds are not, diamonds cost much more than water. The paradox of the price of information poses a similar dilemma: if information is much more valuable to society than entertainment, why is it so difficult to create a business – specifically journalism – based on the sale of access to information? Journalism in its most useful aspect is rich in information, but information is rapidly commercialized. On the other hand, entertainment is unique and attractive and receives greater legal protection than information thanks to copyright.
If you have information with a unique value for a client and you can transmit it before anyone else, you can charge to access it. However, what you sell is not so much information as speed. Here we are faced with the time factor in the paradox of the price of information: the more valuable information is, the faster it is disclosed and the less valuable it becomes. Where does that lead us? This leads us to the need to consider new ways of conceiving the media, audience, content and intellectual property.

Given (1) the strategic difficulties of the traditional media and (2) the negative attitude of the sources of capital (market and venture capital companies) and (3) the need for inefficient human effort in journalism, I would bet that the information will no longer be an area of ​​vertically integrated organizations. Instead, the information will come from various ecosystems of specialized companies of various sizes, with different business models and different motivations. The information will be disorganized and uneven for some time. However, the demand for news and information will increase steadily. And now that the public has more means to share information, there will also be more information sources. Therefore, I bet there will be more need for journalists and more opportunities for them.

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