Sereno en peligro — Lorenzo Silva / Nightman Endangered by Lorenzo Silva

Sin duda este es un libro muy interesante y de reconocimiento a uno de los mejores cuerpos que ha tenido este país y aunque el algunos aspectos no profundiza, me parece que por momentos la leyenda negra no ha hecho justicia a este cuerpo y sus gentes. Íntimamente vinculado a la historia de nuestro país, se quiera o no. Es un libro que se lee fácil y es un acercamiento a todo lo que conlleva los agentes de la benemérita o Guardia Civil.

En el origen de la Guardia Civil, una institución que ha atravesado con notorio éxito los últimos 166 años de la historia de España, hay también un amargo desaire. Convencionalmente se señala como día de su nacimiento el 28 de marzo de 1844, fecha en que se firmó el Real Decreto fundacional de un nuevo cuerpo de seguridad pública a cuyos integrantes se les llamó guardias civiles. Pero la historia, si no nos quedamos en la superficie de la formalidad administrativa, comenzó bastante antes. Veinticuatro años más atrás, para ser más exactos.
El día 30 de julio de 1820, el teniente general Pedro Agustín Girón, a la sazón ministro de la Guerra, presentaba ante las Cortes el proyecto para constituir la que había dado en denominar Legión de Salvaguardias Nacionales.

Ahumada, por contar para la Guardia Civil con personas cuya instrucción mínima les permitiera saber leer y escribir. Detalle que ponía de relieve lo escogido del cuerpo que tenía en mente, en un país donde el índice de analfabetismo se situaba sobre el setenta y cinco por ciento de la población.
A partir de estas premisas, realizó un estudio previo de plantilla, reorganizando la que se le había proporcionado en los decretos fundacionales. Simplificó las unidades y sus planas mayores, rebajó el nivel de cinco de los Tercios, proponiendo que los mandaran tenientes coroneles en vez de coroneles.
La importancia concedida a la disciplina y la exactitud en el servicio, así como la intransigencia con que les serían exigidas a los miembros del cuerpo. Aparte de prever un régimen de continua inspección por parte de los mandos, en el que no podrían interferir los jefes políticos, declaraba este reglamento militar: «La disciplina que es elemento principal de todo cuerpo militar, lo es aún de mayor importancia en la Guardia Civil, puesto que la diseminación en que ordinariamente deben hallarse sus individuos hace más necesario en este Cuerpo inculcar el más riguroso cumplimiento de sus deberes, constante emulación, ciega obediencia, amor al servicio, unidad de sentimientos y honor y buen nombre del Cuerpo. Bajo estas consideraciones, ninguna falta es disimulable en los guardias civiles».

Las acciones y partidas desmanteladas en este decenio de 1844—54, o aún de una muestra escogida de ellas, excede de las dimensiones de este libro. Baste decir que cayeron una a una todas las «gavillas» (como también se las llamaba) que se habían enseñoreado de las carreteras, tanto principales (las seis radiales, sobre cuyo trazado se hicieron luego las actuales autovías) como secundarias. Por ejemplo, el clan de los Botijas, que controlaba implacablemente el paso por Despeñaperros, en la carretera de Andalucía, o la banda que sembraba el terror a la altura de El Molar, en la de Francia. Para ello, los guardias combinaron toda suerte de técnicas, desde aguardar al acecho a los bandoleros en los puntos donde solían atacar, hasta viajar escondidos en las propias diligencias. Con frecuencia debían entrar en combate con los criminales, nada dados a rendirse a la autoridad, y a menudo, por lo autoridad, y a menudo, por lo primitivo de su armamento de fuego, se luchaba cuerpo a cuerpo.

Uno de los desafíos que tuvo que enfrentar la Guardia Civil en torno al cambio de siglo fue el resurgimiento, en el terreno que le era más propio la España rural, del casi olvidado bandolerismo. Un fenómeno que no carecía de conexiones con la política de la época. El bipartidismo canovista había evolucionado sin apenas disimulos a un régimen caciquil y corrupto, basado en las elecciones amañadas, para las que era crucial el concurso de los jerifaltes locales, afanosos artífices y muñidores del reiterado pucherazo electoral (expresión que surge del acto de romper el puchero de barro en el que se depositaban los votos, a guisa de urna). Procuraban los caciques controlar férreamente a la población, labor en la que se valían de la Guardia Civil, algunos de cuyos individuos, bien por someterse al mandato del poder, o por las ventajas particulares que les procuraba estar a bien con los notables, se avenían a servirles, abriendo así un nuevo foco de impopularidad para el cuerpo.
Entre el 19 y el 22 de julio de 1909, con los ánimos cada vez más caldeados por la movilización de los reservistas catalanes para incorporarse a la nueva guerra marroquí, hubo en el área metropolitana barcelonesa numerosos incidentes y enfrentamientos entre obreros y fuerzas del orden. El gobernador civil, Ángel Ossorio, publicó un bando advirtiendo que si seguían los disturbios «lanzaría a la Guardia Civil para restablecer el orden con todos los medios a su alcance».
Desoyendo la amenaza, los anarquistas y socialistas forman el sábado 24 el comité de huelga, con el apoyo del abogado lerrouxista Emiliano Iglesias, que se había hecho célebre por su defensa del pedagogo anarquista Ferrer i Guárdia, imputado como instigador del frustrado regicidio de Mateo Morral.

La intentona, conocida como la Sanjuanada, bien conocida y prevenida por el gobierno, es un rotundo fracaso. La Guardia Civil, desplegada por la capital, no secunda el golpe. A los políticos y generales se les imponen abultadas multas gubernativas. Al capitán Galán y otros oficiales de bajo rango, condenas de entre seis y ocho años de cárcel.
La confianza que en la Guardia Civil pusieron los republicanos, y a la que ella respondió con prontitud y eficacia, protegiendo la instauración del nuevo régimen, vino a demostrar que, tras el calvario que había atravesado en la monarquía alfonsina, la Benemérita se las había arreglado para escapar a su podredumbre. Aquel nuevo alarde de supervivencia ratificaba su fortaleza como institución. Oportunamente, porque fortaleza iba a hacerle falta, en el siguiente lustro.

Se materializó la refundación franquista en la ya citada Ley de 15 de marzo de 1940. Por medio de ella se consumaba la liquidación del cuerpo de Carabineros, de tan impertinentes querencias, refundiéndolo en la nueva Guardia Civil, que a sus competencias tradicionales sumaba el resguardo fiscal y la vigilancia de fronteras y costas, incorporando en su seno al escaso contingente de carabineros que se había salvado de la quema. Como señala Aguado Sánchez, la exposición de motivos de la ley está llena de argumentos pintorescos, por no decir sofísticos e inexactos. Valgan como ejemplo los siguientes:
Los acontecimientos políticos sufridos por España en el último decenio, con la implantación de la República, afectaron hondamente a todas las organizaciones nacionales, pudiendo asegurarse que no hubo una sola a la que no alcanzase el espíritu destructor de aquellos gobernantes. El benemérito Cuerpo de la Guardia Civil, creado por el Duque de Ahumada, y que constituyó la coronación de la obra iniciada por la Reina Católica…

Los maquis cometieron 953 asesinatos, más de quinientos sabotajes, cerca de 6.000 atracos y casi un millar de secuestros. Las fuerzas del orden abatieron a 2.173 guerrilleros, detuvieron o capturaron en combate a 2.841 y otros 546 se entregaron. Acusadas como colaboradoras, fueron detenidas nada menos que 20.000 personas. La policía tuvo 23 muertos y 39 heridos, y el ejército, además de los sufridos en las invasiones de 1944, 27 y 39 respectivamente. Pero el mayor tributo lo pusieron los beneméritos: 257 muertos y 370 heridos, según las cifras oficiales, que algún investigador, con base en las bajas por muertes publicadas en el boletín oficial del cuerpo en esos años, eleva a un millar de fallecidos. Según López Corral, la cifra verdadera podría estar en algún punto intermedio, ya que hay que descontar de ese millar los muertos por otras causas (con la alta mortalidad natural que entonces se registraba entre los guardias) y de las oficiales se habrían escamoteado los caídos en varios hechos singulares y notorios.

El día 7 de Junio de 1968, a la altura del punto kilométrico 446,700 de la carretera N-I, en el término municipal de Villabona (Guipúzcoa), el guardia civil José Pardines Arcay, de 25 años, destinado en el destacamento de Tráfico de san Sebastián, avista un Seat 850 Coupé blanco con matrícula Z—73956 y dos hombres a bordo.
El guardia Pardines ha tenido la desgracia de tropezarse con el que en ese momento es el jefe operativo de la organización Euskadi Ta Askatasuna (ETA). Se convierte así en la primera víctima mortal de este grupo terrorista, que ya lleva una década actuando, pero que hasta esa fecha no había pasado de la distribución de propaganda.
La Guardia Civil, en respuesta al desafío etarra, había levantado un poderoso y sofisticado aparato de información, que en años sucesivos siguió perfeccionando y que finalmente llevaría a la banda terrorista al borde del estrangulamiento operativo (sobre todo, a partir de la detención en 2008 del jefe militar que rompió la última tregua declarada hasta la fecha, Mikel Garikoitz Aspiazu Rubina, Txeroki, y de sus improvisados sucesores). La eficacia y el sacrificio de los beneméritos les granjearon incluso el respeto de algún que otro etarra, como el jefe de un comando que en cierta ocasión le confesó al oficial de la Guardia Civil que lo había detenido, para asombro de este, que con él se entendía bien, porque ambos eran oficiales y militares. «Si yo fuera español, me haría txakurra, como tú», remachó.

A las 18.22 horas del 23 de febrero de 1981, el teniente coronel Antonio Tejero Molina, al frente de un par de centenares de guardias civiles, irrumpe en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, donde en ese momento se celebra la segunda votación para la investidura como presidente del gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo, el candidato de la UCD para sustituir al dimisionario Adolfo Suárez. La operación la han bautizado los golpistas con el nombre en clave Duque de Ahumada. Un muy dudoso homenaje para un hombre que jamás se alzó, ni pasó por su mente hacerlo, contra el poder legalmente constituido.
Deja grabada para la Historia una imagen que, junto a su zafio modo de expresarse y conducirse, causa un daño inmenso a la institución. El gesto hosco de Tejero, su porte autoritario, incluso, por qué no decirlo, el bigote, remiten al rostro más atrabiliario de la Benemérita. La mayor parte de ellos reclutados del parque de automóviles y de otros destinos no operativos. Muchos, además, acuden sin saber muy bien a qué, arrastrados por los acontecimientos, como a menudo ocurre en esa clase de situaciones. Las imágenes de varios de ellos, al día siguiente, descolgándose por las ventanas del Congreso, es bastante ilustrativa sobre su compromiso con el golpe.
No faltan, desde luego, entre las filas beneméritas, quienes simpatizan con un movimiento de ese tipo.
El director general de la Policía, Sáenz de Santamaría, el grueso de la Guardia Civil cumple esa noche de febrero de 1981 con su deber de defender la legalidad y el golpe quedará sofocado sin efusión de sangre. En un primer momento, Aramburu intenta parlamentar con Tejero personalmente, pero después, con buen criterio, les deja esta labor a otros mediadores, a los que el golpista parece más receptivo. Son el propio Armada, cuya actitud en esos momentos resulta confusa, y el teniente coronel Eduardo Fuentes Gómez de Salazar, destinado en el Estado Mayor del Ejército y amigo personal del comandante Pardo Zancada. Él será quien negocie con este y con Tejero las condiciones de la rendición: en esencia, que la responsabilidad solo alcanzará a los oficiales. Primero lo acuerda con Pardo, que exige ser el último en abandonar el edificio. Fuentes obtiene la confirmación de Aramburu y este le pide que negocie también con Tejero.
El otro gran escándalo fue el caso Lasa-Zabala, que acabó con el entonces ya general Galindo en prisión, junto a varios de sus colaboradores y el ex gobernador civil de Guipúzcoa, Julen Elgorriaga. La causa tuvo su origen en el secuestro en el sur de Francia, en octubre de 1983, de dos miembros de ETA, José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala, su posterior asesinato y el abandono de los cuerpos, sepultados en cal viva, en una fosa en Alicante. El GAL reivindicó la acción mediante una llamada a la cadena SER de Alicante un año después, aunque los cadáveres no aparecieron hasta 1985. Según los hechos probados de la sentencia, los autores de las muertes fueron los guardias civiles (para entonces ya dados de baja en el servicio, por inutilidad psicológica) Felipe Bayo y Enrique Dorado, que habrían actuado siguiendo instrucciones del entonces comandante Galindo y con la aquiescencia del gobernador civil.

(Atentados de Madrid 11-M) Las circunstancias pavorosas del atentado, y sus repercusiones políticas, llevan a múltiples especulaciones. Algunas salpican a la Guardia Civil, cuando se sabe que uno de los acusados de estar detrás del ataque terrorista, el marroquí Rafá Zouhier, es un confidente de la Unidad Central Operativa (UCO) que había advertido de los movimientos extraños de un minero llamado Trashorras. De este se descubre que está implicado en la distracción de una mina asturiana de los explosivos utilizados en el atentado.
Después del 11—M, se reforzaron las unidades, tanto de la Guardia Civil como de la Policía, para la investigación y prevención del terrorismo islámico. De unas pocas decenas, se pasó a cientos de agentes encargados de combatir a estos activistas tan letales como escurridizos que, en el horizonte del siglo XXI, han tomado el relevo.
Como advierte el poeta: La guerra no ha acabado, nunca acaba.

Una asociación profesional (los sindicatos siguen prohibidos en el cuerpo, por su carácter militar) que reivindica abiertamente la desmilitarización del instituto. La AUGC ha terminado por obtener reconocimiento oficial, con su incorporación a un órgano consultivo, el Consejo de la Guardia Civil, en el que están representados guardias, suboficiales y oficiales. Su acción de más impacto fue sin duda la manifestación que en 2007 reunió a 3.000 agentes uniformados, y con tricornio, en la Plaza Mayor de Madrid, para protestar por su situación laboral y pedir, una vez más, que el cuerpo dejara de tener carácter militar. Celebrada en el mismo escenario en el que tantas veces combatieron los guardias, durante las revoluciones del XIX, la movilización no podía ser más simbólica, ni más indicativa de la transformación vivida por el cuerpo.
Descartado de momento que se disuelva la Guardia Civil (ninguna de las fuerzas políticas con capacidad para llevarla a cabo ha dejado de apreciarla) queda abierto el debate sobre la doble condición, militares y policías, de los guardias civiles. Pocos dudan, dentro y fuera del cuerpo, de que la faceta que debe prevalecer es la primera: los guardias no son y nunca han sido simples soldados, ni como tal debe tratárselos, como hizo la dictadura franquista, y antes de ella tantos otros que se sirvieron de ellos para emplearlos como fuerza de choque en sus particulares guerras. Ya su fundador tuvo ocasión de rebelarse contra ese uso. Los guardias son agentes de la autoridad y auxiliares cualificados de la administración de justicia: para eso deben formarse y a eso deben atender sobre todo, lo que en la sociedad en que viven y los tiempos que corren ya supone un alto grado de exigencia.

—————————————-

No doubt this is a very interesting book and recognition of one of the best bodies that has had this country and although some aspects do not deepen, I think that at times the black legend has not done justice to this body and its people. Intimately linked to the history of our country, whether you like it or not. It is a book that is easy to read and is an approach to everything that involves the agents of the honorable or Civil Guard.

In the origin of the Civil Guard, an institution that has crossed with notorious success the last 166 years of the history of Spain, there is also a bitter snub. Conventionally it is indicated as the day of his birth on March 28, 1844, the date on which the Royal Decree was signed, the foundation of a new body of public security whose members were called civil guards. But the story, if we do not stay on the surface of administrative formality, started well before. Twenty-four years ago, to be exact.
On July 30, 1820, Lieutenant General Pedro Agustín Girón, at that time Minister of War, presented before the Cortes the project to constitute what had been called the Legion of National Safeguards.

Ahumada, for counting for the Civil Guard with people whose minimum instruction allowed them to read and write. Detail that highlighted the chosen body that had in mind, in a country where the illiteracy rate was over seventy-five percent of the population.
Based on these premises, he carried out a preliminary study of the staff, reorganizing the one that had been provided in the founding decrees. Simplified the units and their major plans, lowered the level of five of the Tercios, proposing that Lieutenant Colonels send them instead of colonels.
The importance given to discipline and accuracy in the service, as well as the intransigence with which they would be required of the members of the body. Apart from foreseeing a regime of continuous inspection by the commanders, in which the political leaders could not interfere, declared this military regulation: “The discipline that is the main element of every military corps, is even more important in the Guard Civil, since the dissemination in which ordinarily his individuals must find themselves makes it more necessary in this Body to inculcate the most rigorous fulfillment of his duties, constant emulation, blind obedience, love of service, unity of feelings and honor and good name of the Body. Under these considerations, no fault is concealed in the civil guards.

The actions and items dismantled in this decade of 1844-54, or even of a chosen sample of them, exceeds the dimensions of this book. Suffice it to say that all the “sheaves” (as they were called) fell one by one, which had dominated the roads, both main (the six radial ones, on which the current highways were later made) and secondary roads. For example, the clan of the Botijas, who relentlessly controlled the passage through Despeñaperros, on the road to Andalusia, or the band that sowed terror at the height of El Molar, in France. For this, the guards combined all sorts of techniques, from waiting for the bandits to stalk them at the points where they used to attack, to traveling hidden in the stagecoaches themselves. Often they had to enter into combat with the criminals, nothing given to surrender to authority, and often, by authority, and often, by the primitive of their firearms, they fought hand to hand.

One of the challenges that the Civil Guard had to face around the turn of the century was the resurgence, in the terrain that was more typical of rural Spain, of the almost forgotten banditry. A phenomenon that did not lack connections with the politics of the time. The canonist bipartisanship had evolved without barely concealed a cacique and corrupt regime, based on rigged elections, for which it was crucial the contest of the local jerifaltes, eager artisans and muñidores of the repeated electoral pucherazo (expression that arises from the act of breaking the pot of clay in which the vows were deposited, like an urn). The caciques tried to control the population tightly, work in which they used the Civil Guard, some of whose individuals, either by submitting to the mandate of power, or by the particular advantages that they were trying to be good with the notables, they agreed to serve them, thus opening a new focus of unpopularity for the body.
Between 19 and 22 July 1909, with the spirits increasingly heated by the mobilization of Catalan reservists to join the new Moroccan war, there were numerous incidents and clashes between workers and law enforcement in the metropolitan area of ​​Barcelona. The civil governor, Angel Ossorio, published a side warning that if the riots continued, “I would launch the Civil Guard to restore order with all the means at their disposal.”
Dismissing the threat, the anarchists and socialists formed on Saturday 24 the strike committee, with the support of the lawyer Lerrouxista Emiliano Iglesias, who had become famous for his defense of the anarchist pedagogue Ferrer i Guárdia, accused as instigator of the frustrated regicide of Mateo Morral .

The attempt, known as the Sanjuanada, well known and prevented by the government, is a resounding failure. The Civil Guard, deployed by the capital, does not second the blow. Politicians and generals are charged with heavy government fines. To Captain Galán and other low-ranking officers, sentences of between six and eight years in prison.
The confidence that the Republicans placed in the Civil Guard, and to which she responded promptly and effectively, protecting the establishment of the new regime, came to demonstrate that, after the ordeal she had gone through in the Alfonsine monarchy, the Benemérita had managed to escape its rot. That new boast of survival ratified his strength as an institution. Timely, because strength was going to need, in the next five years.

The Francoist refoundation was materialized in the aforementioned Law of March 15, 1940. By means of it the liquidation of the Carabineros corps was consummated, of such impertinent requests, recasting it in the new Civil Guard, which added to its traditional competences the resguardo fiscal and the surveillance of borders and coasts, incorporating in its bosom the scarce contingent of carabinieri that had been saved from burning. As Aguado Sánchez points out, the exposition of motives of the law is full of picturesque arguments, not to say sophistical and inaccurate. Take the following as examples:
The political events suffered by Spain in the last decade, with the establishment of the Republic, profoundly affected all national organizations, being able to ensure that there was not a single one that did not reach the destructive spirit of those rulers. The meritorious Body of the Civil Guard, created by the Duke of Ahumada, and that constituted the coronation of the work initiated by the Catholic Queen …

The Maquis committed 953 murders, more than 500 sabotages, close to 6,000 robberies and almost a thousand kidnappings. Law enforcement forces killed 2,173 guerrillas, detained or captured 2,841 in combat and another 546 surrendered. Accused as collaborators, no less than 20,000 people were arrested. The police had 23 dead and 39 wounded, and the army, in addition to those suffered in the invasions of 1944, 27 and 39 respectively. But the greatest tribute was paid by the worthy: 257 dead and 370 wounded, according to official figures, that some researcher, based on the deaths from deaths published in the official bulletin of the body in those years, elevates a thousand deaths. According to Lopez Corral, the true figure could be somewhere in between, since it is necessary to discount from that thousand those killed by other causes (with the high natural mortality that was then registered among the guards) and the officers would have stolen the fallen in several singular and notorious facts.

On June 7, 1968, at kilometer point 446,700 of the NI highway, in the municipality of Villabona (Guipúzcoa), the civil guard José Pardines Arcay, 25 years old, assigned to the San Sebastián traffic station. , sight a Seat 850 Coupe white with license plate Z-73956 and two men on board.
The guard Pardines has had the misfortune of tripping over the one that at that moment is the operative head of the organization Euskadi Ta Askatasuna (ETA). It thus becomes the first mortal victim of this terrorist group, which has been operating for a decade, but until that date had not passed the distribution of propaganda.
The Civil Guard, in response to the ETA challenge, had erected a powerful and sophisticated information device, which in subsequent years continued to perfect and eventually lead the terrorist band to the brink of operational strangulation (especially after the arrest in 2008 of the military leader who broke the last truce declared to date, Mikel Garikoitz Aspiazu Rubina, Txeroki, and his improvised successors). The effectiveness and sacrifice of the worthies earned them even the respect of one or another ETA, as the commander of a command that once confessed to the officer of the Civil Guard who had arrested him, to his astonishment, that with him It was understood well, because both were officers and military. “If I were Spanish, I would do txakurra, like you,” he riveted.

At 1822 hours on February 23, 1981, Lieutenant Colonel Antonio Tejero Molina, leading a couple of hundred civil guards, bursts into the floor of the Congress of Deputies, where at that time the second vote is held for the investiture as president of the government of Leopoldo Calvo-Sotelo, the candidate of the UCD to replace the resignation Adolfo Suárez. The operation has been baptized by the golpistas with the code name Duque de Ahumada. A very dubious tribute to a man who never rose, nor went through his mind, against the legally constituted power.
It leaves engraved for History an image that, together with its uncouth way of expressing itself and conducting itself, causes immense damage to the institution. The sullen gesture of Tejero, his authoritarian bearing, even, why not say it, his mustache, refer to the most atrable face of the Benemérita. Most of them are recruited from the car park and from other non-operational destinations. Many, in addition, go without knowing very well what, dragged by events, as often happens in such situations. The images of several of them, the next day, coming down through the windows of the Congress, is quite illustrative of their commitment to the coup.
There is no shortage, of course, among the meritorious ranks, who sympathize with such a movement.
The general director of the Police, Sáenz de Santamaría, the bulk of the Civil Guard meets that night in February 1981 with his duty to defend legality and the coup will be stifled without bloodshed. At first, Aramburu tries to parley with Tejero personally, but then, with good judgment, he leaves this work to other mediators, to whom the golpista seems more receptive. They are the Armada himself, whose attitude at that time is confusing, and Lieutenant Colonel Eduardo Fuentes Gómez de Salazar, assigned to the Army Staff and personal friend of the commander Pardo Zancada. He will be the one who negotiates with this and with Tejero the conditions of surrender: in essence, that the responsibility will only reach the officers. First he agrees with Pardo, who demands to be the last to leave the building. Fuentes obtains the confirmation from Aramburu and this asks him to negotiate also with Tejero.
The other great scandal was the Lasa-Zabala case, which ended with the then General Galindo in prison, along with several of his collaborators and the former civil governor of Guipúzcoa, Julen Elgorriaga. The cause had its origin in the kidnapping in the south of France, in October of 1983, of two members of ETA, José Antonio Lasa and José Ignacio Zabala, their subsequent murder and the abandonment of the bodies, buried in quicklime, in a pit in Alicante. The GAL claimed responsibility for the action through a call to the SER chain in Alicante a year later, although the bodies did not appear until 1985. According to the proven facts of the sentence, the perpetrators of the killings were the civil guards (who were already discharged by then in the service, for psychological uselessness) Felipe Bayo and Enrique Dorado, who would have acted on the instructions of the then commander Galindo and with the acquiescence of the civil governor.

(Attacks of Madrid 11-M) The terrifying circumstances of the attack, and its political repercussions, lead to multiple speculations. Some splatter the Civil Guard, when it is known that one of the accused of being behind the terrorist attack, the Moroccan Rafá Zouhier, is a confidant of the Central Operative Unit (UCO) who had warned of the strange movements of a miner called Trashorras . From this it is discovered that he is involved in the distraction of an Asturian mine from the explosives used in the attack.
After 11-M, the units of both the Civil Guard and the Police were reinforced for the investigation and prevention of Islamic terrorism. From a few dozen, it was passed to hundreds of agents in charge of fighting these activists as lethal as elusive who, in the horizon of the 21st century, have taken over.
As the poet warns: The war is not over, it never ends.

A professional association (unions are still banned in the body, because of its military nature) that openly claims the demilitarization of the institute. The AUGC has ended up obtaining official recognition, with its incorporation into an advisory body, the Council of the Civil Guard, in which guards, non-commissioned officers and officers are represented. Its action of more impact was without a doubt the manifestation that in 2007 gathered 3,000 uniformed agents, and with tricorn, in the Greater Place of Madrid, to protest by its labor situation and to ask, once again, that the body stops having character military. Held on the same stage in which the guards so often fought, during the revolutions of the nineteenth, the mobilization could not be more symbolic, nor more indicative of the transformation lived by the body.
Discarded at the moment that the Civil Guard is dissolved (none of the political forces with capacity to carry it out has ceased to appreciate it) the debate on the double condition, military and police, of the civil guards is open. Few doubt, inside and outside the body, that the facet that should prevail is the first: the guards are not and never have been simple soldiers, nor as such should be treated, as did the Franco dictatorship, and before it so many others that they used them to use them as a shock force in their particular wars. Already its founder had occasion to rebel against that use. The guards are agents of the authority and qualified assistants of the administration of justice: for that they must be trained and to that they must pay attention above all, what in the society in which they live and the times that they are running, supposes a high degree of demand.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .