Aprende a comer y a controlar tu peso — Antonio Escribano / Learn to Eat and Control Your Weight by Antonio Escribano (spanish book edition)

Este doctor es conocido a través de programas como el larguero de la Cadena Ser y ante todo es un libro didáctico, entendible y que no pretende ser un tratado pero sin duda es más que un interesante libro.

La energía que necesitamos está contenida en los alimentos, y expresa de este modo el sentido que tiene la alimentación, que no es otro que el aporte de esa energía. Es posible que alimentarse sea la función más elemental de todos los seres vivos y, por supuesto, del ser humano, y eso nos ha llevado durante siglos a comer solo por instinto y por hambre, sin entrar en otro tipo de apreciaciones lúdicas y festivas, que actualmente consideramos parte de nuestra vida.
La lucha del ser humano ante la posibilidad de alimentarse ha sido ancestral, pero no contra el exceso, sino contra la escasez. Hoy en día, y de forma privilegiada, estamos atravesando una etapa espléndida en la que gozamos, al menos en esta zona del mundo, de una relativa abundancia. Pero este exceso de alimentación y sus consecuencias en el organismo están deteriorando la salud de gran parte de la humanidad.

El «qué» y el «cuánto» con relación a los alimentos que ingerimos es la base de la gestión organizada e inteligente de la alimentación. Si aplicamos bien estos dos conceptos, e incluso introducimos factores accesorios como pueden ser los hábitos de horarios, la masticación, etc., y a todo le añadimos la actividad física, habremos conseguido adecuar la alimentación a nuestras necesidades y hacer que todo tenga sentido.
Por tanto, todo comienza con aprender y entender cómo, de forma sosegada y tranquila, puede hacerse compatible lo agradable de una buena comida, el maravilloso descubrimiento que ha supuesto la gastronomía en la historia, el vivir con los parámetros de los tiempos y coexistir con la realidad lúdica que ocupa más o menos espacio en nuestra vida. En definitiva, gestionar la alimentación de forma que podamos disfrutarla sin perjudicarnos.
La gastronomía nos hizo humanos, y que su presencia ha sido decisiva en nuestra evolución física y mental. Nos amplió la perspectiva y amplitud de la dieta, nos incrementó la gama de sabores y nos introdujo en un mundo nuevo en relación con la alimentación. Por tanto, la gastronomía, como tal, ha sido fundamental y constituye un arte que maneja al mismo tiempo la variedad de alimentos y el sentido del gusto, y, con ello, la capacidad de percepción de millones de sabores.
Pero no debemos ignorar que el sentido último de la alimentación es introducir en el organismo moléculas que intervienen de forma decisiva en la salud; por eso, la gastronomía no puede olvidar y debe tener presente —e incluso ser prioritario— el concepto de ser una vía de salud en su finalidad y no permanecer en el estado primario, metabólicamente hablando, de aportar solo sabores.

Eliminamos unos tres mil kilos de residuos por las heces, por lo que unos cincuenta y siete mil se quedan en el interior y pasan a formar parte de nosotros, de forma que el famoso dicho de «somos lo que comemos» es una absoluta realidad, ya que de la manera con la que gestionemos esas sesenta toneladas va a depender en gran medida nuestra vida en muchas extremos.
Los términos «alimentación» y «nutrición» se utilizan, generalmente, de forma sinónima; parecen lo mismo, pero en realidad son conceptos diferentes. La alimentación abarca una serie de actos realizados de forma voluntaria, con mayor o menor componente instintivo, y que van orientados a la elección, modificación, preparación y, finalmente, ingestión de los alimentos. La nutrición, sin embargo, tiene lugar después de la alimentación y de la ingestión de los alimentos, y en ella se llevan a cabo procesos, lógicamente involuntarios, que van desde la digestión hasta la absorción y utilización de los alimentos por parte del organismo y, finalmente, excreción de los productos de desecho. La nutrición, por tanto, es un proceso biológico por el que los organismos vivos asimilan los alimentos y los líquidos que se ingieren y que son necesarios para el crecimiento y funcionamiento del organismo y para, en definitiva, mantener las funciones vitales y con ello la vida.

Frutas son las reinas de nuestra alimentación, conjuntamente con las verduras, los frutos secos y el aceite de oliva, que ya visitaremos. Son los alimentos más llamativos por su diversidad de colores y formas. Al ser la vista la primera que decide ante la elección de la comida, los colores de la fruta son percibidos de forma inmediata. Otros animales recurren al olfato, pero nosotros «buscamos» y «miramos» la comida como primera opción.
Son los alimentos con mayor cantidad de nutrientes y beneficios para la salud. Las frutas y los zumos de frutas nos aportan agua, azúcares, vitaminas —como la vitamina C y carotenos—, minerales —como potasio y selenio— y fibra.
Lo mejor es consumirla entera; sin embargo, también es una opción tomar zumos de fruta, siempre y cuando sean de origen natural y si es posible recién hechos. No obstante, de esta manera estamos quitando a la fruta un componente esencial: la fibra.

Las verduras y hortalizas se sitúan justo al lado de la fruta en la Joyería que hemos creado. En gran medida se pueden tomar crudas y son también una fuente importante de vitaminas, minerales, fibra vegetal y antioxidantes, por lo que es recomendable consumirlas diariamente. Es interesante que su consumo sea de entre doscientos cincuenta a trescientos gramos al día, y es preferible consumirlas crudas antes que de cualquier otra forma.
Debemos comer verduras y hortalizas al menos dos veces al día; es decir, unas sesenta veces al mes. Eso significaría más de setecientas veces al año y casi sesenta mil veces en toda una vida.
Es triste observar cómo las generaciones más jóvenes muestran cierto desinterés por estos alimentos. Antes los niños pelaban plátanos y naranjas, comían manzanas a bocados y les gustaba la fruta, pero las cosas ahora no son así. ¿El motivo? Muy simple, se han introducido en la alimentación verdaderos «secuestradores» del sabor que están presentes en todas las chucherías, bolsas de maíz frito, algunas patatas de bolsa y una lamentable y extensa lista de sustancias a las que se le añade de todo, incluidos los llamados saborizantes.
Esta clase de alimentos, al tener un sabor hipertrofiado —salado, dulce o picante— genera una especie de adicción a expensas de despreciar las frutas y las verduras, que con su suavidad en el sabor no pueden competir con la contundencia del de estos productos.

Tampoco los lácteos son la fuente principal de calcio y vitamina D para los humanos. La mejor fuente son los frutos secos, pero no ha sido fácil el acceder a ellos en muchas épocas y la leche ha sido un buen sustituto.
El yogur no es otra cosa que un derivado de la leche al que se le añade fermentos para degradar la lactosa. En la actualidad, debido a la publicidad, parece que el yogur contiene el secreto de la felicidad, la longevidad y mil cosas más. En absoluto es así. Su consumo es aceptable, pero con moderación. Al contener bacterias hay que tener cuidado porque si incrementamos de forma desproporcionada su ingesta podemos desequilibrar la flora intestinal.

El consumo de embutidos ha de estar muy restringido, precisamente por su contenido en grasas saturadas, colesterol y sodio. Hay que adquirirlos de la máxima calidad posible y considerar su consumo como una carne más —dentro de las cuatro veces que hay que tomar este producto a la semana—, aunque lo mejor es comerlos con prudencia, en cuanto a la frecuencia y la cantidad.
Hay embutidos tradicionales en nuestro país, como ocurre con la morcilla, que si se hace sin grasas, con pocos condimentos e incluso con arroz, es un buen alimento con mucho hierro y muy interesante en los problemas de déficit de este elemento. Los chorizos con pocas grasas —los de pavo, por ejemplo—, en cantidad moderada también son una buena opción para tomarlos de vez en cuando.

Los pescados, mariscos y moluscos los podemos incluir dentro del mismo grupo de forma general con algunas diferencias. Tienen un alto porcentaje de proteínas, vitamina D y son ricos en fósforo, yodo y hierro. También son ricos en ácidos grasos poliinsaturados del tipo del omega 3.
Los ácidos grasos poliinsaturados omega 3 son esenciales, ya que nuestro cuerpo no puede producirlos, por lo que debemos ingerirlos en la dieta. Los encontramos principalmente en el pescado azul —atún, arenque, sardina, caballa, salmón, bonito…—. Estos ácidos grasos reducen el colesterol «malo» (LDL) y bajan los niveles de triglicéridos, por lo que tienen un importante efecto cardioprotector.
El esqueleto de los pescados nos aporta una cantidad importante de calcio. Asimismo, los moluscos son una buena fuente de cinc, cobre y calcio. Y los mariscos los son de vitaminas B1 y B12 y minerales como fósforo, potasio, hierro, yodo, flúor y cinc.
Debemos consumir pescados unas cinco veces a la semana, y al menos dos ellas deben ser azul y el resto blanco. Los mariscos y moluscos están incluidos en esta cantidad, así como las latas en conserva de pescados azules y moluscos, conservados o no en aceite de oliva.

Huevos, las diferencias en el color de la cáscara no influyen para nada en su valor nutricional. Viene impresa aquí una especie de carné de identidad del huevo que nos indica con letras y números la trazabilidad del producto. Esto está perfectamente codificado en la Unión Europea, de forma que el código marcado en los huevos empieza con un número que va del 0 al 3. El 0 indica cultivo ecológico; el 1, en campo; el 2, en suelo agrícola; y el 3 en jaulas. A ello le siguen dos letras con el código de país de procedencia y una serie de números que sitúan su origen.

Salsas existen multitud, y algunas de ellas, como el alioli, la carbonara o la mayonesa, son elaboradas con grasas, lo que les da un valor calórico muy alto. En concreto la mayonesa tiene unas setecientas veinte calorías, lo que hace que muchas veces no se valore al ser ingerida. Cuando comemos, por ejemplo, ensaladilla rusa con patatas, verduras, etc., lo consideramos un plato ligero, cuando la mayonesa añadida lo convierte en uno muy calórico. Para hacernos una idea, unos cien gramos de mayonesa equivalen a más de tres kilos de tomates y a más de seis de espinacas.
La presencia de mayonesa en muchas de las comidas que se venden en las hamburgueserías hace que a estas se le añadan gran cantidad de calorías que en principio no tenían. Por tanto, hay que valorar siempre los componentes de las salsas y sumarlos a las calorías que estamos ingiriendo. Y los mismos criterios cabe decir para los aderezos de las ensaladas.

Se decía antiguamente que el vinagre aguaba la sangre, y es cierto. De hecho, se consumía en épocas pasadas cuando estaba de moda entre las mujeres la palidez en el rostro. Una de las formas de conseguirlo era tomar vinagre habitualmente y en cantidad. El vinagre contiene solo algunos minerales en pequeña cantidad, pero no tiene ningún valor nutritivo.
Debido a la presencia de este ácido acético, es un buen conservante, ya que en ese medio no crecen muchos gérmenes. Ciertos encurtidos, como los pepinillos, las cebolletas y los pinchitos contienen a veces una cantidad excesiva en vinagre.
Los de Módena, manzana, etc., solo definen en realidad el origen de su preparación —vinos de Módena, manzanas…—. Existe la leyenda urbana, una más, de que el consumo de vinagre de manzana adelgaza. Nada más lejos de la realidad.

La sal tomada en cantidad produce un exceso de sodio que altera el equilibrio hidrosalino del organismo, lo que retiene agua, eleva la presión arterial y determina alteraciones cardiacas, enfermedades renales, cerebrovasculares, etc. La relación entre la ingesta de sal y la hipertensión arterial está más que demostrada, y entre la hipertensión y la mortalidad cardiovascular aún más.
El problema es muy importante, ya que según la OMS nada menos que un millón seiscientas mil muertes al año se deben a un consumo excesivo de sal, y de forma más concreta el 10 por 100 de los fallecimientos que se deben a causas cardiovasculares están relacionadas con personas que consumían un exceso de sal.
La Organización Mundial de la Salud recomienda unos cinco gramos de sal al día como máximo; sin embargo, la población del planeta sobrepasa con creces esta cantidad, pues se consumen casi el doble por habitante, y en España en concreto aún más.

El dinero tiene tres caminos: o se invierte, o se gasta o se pierde. Cuando compramos comida hay que tener esto presente, ya que debemos usar nuestros recursos para invertir en salud. Sabemos de sobra cuáles son los productos en los que al comprarlos hacemos una buena inversión y en los que no; por tanto, al comprar comida, hay que «invertir» siempre, «gastar» de vez en cuando con algún capricho esporádico y por supuesto no «perder» nunca.
Este «aprender a comprar» es algo que debemos enseñar a nuestros hijos, cosa que van a ver ellos si nos acompañan al supermercado, siendo este un buen momento para mostrarles la importancia de los alimentos y el valor que tiene su utilización correcta.
Hay otro refrán popular que dice que «el mejor maestro es fray Ejemplo», lo que significa que a veces no es necesario explicar las cosas, sobre todo cuando los niños son pequeños.

a) Diariamente debemos ingerir:
— Frutas. Tres-cinco piezas.
— Verduras y hortalizas de todo tipo.
— Frutos secos y frutas desecadas. Poca cantidad y siempre crudos.
— Pan. En poca cantidad.
— Lácteos. Sin abusar y con mucho cuidado en el caso de los quesos grasos.
— Grasas y aceites. Fundamentalmente vegetales y esencialmente aceite de oliva.
— Infusiones. Una-tres veces al día.
— Agua. La suficiente para mantenernos hidratados.
b) De tres a cinco veces por semana:
— Pescados. Cinco veces por semana, siendo dos de ellas azul.
— Carnes. Cuatro veces por semana, siendo una de ellas roja.
— Huevos. De tres a cinco huevos a la semana.
c) De dos a tres veces por semana:
— Legumbres. Dos veces en semana.
— Cereales, tubérculos y derivados. Tres veces por semana, alternándolos entre arroz, pasta y patatas.
d) Excepcional y ocasionalmente:
— Bebidas azucaradas, dulces, etc.

Esa frase tan habitual de «hoy vamos a darnos un homenaje» significa, generalmente, que vamos a darnos un atracón de comida que —generalmente— nos hace daño. Hay que tener cuidado con esto. No está nada mal darse ese homenaje de vez en cuando —ya hablaremos de ello—, pero hay que tener sentido común y hacerlo con productos que no podamos comer todos los días por su precio o por su falta de accesibilidad, pero alejar el concepto de atracón de nuestra conducta. Si sabemos que lo que estamos comiendo no es especialmente recomendable, al menos que no sea tanta cantidad. No tiene sentido que el homenaje acabe mal.

Se puede engordar por dos motivos: por el valor total de la energía que obtenemos sumando las calorías que consumimos al día y por la cantidad de azúcar que ingerimos procedente de los alimentos que la contienen, que, como hemos dicho, sigue un camino más rebuscado y a veces poco conocido, pero que hay que tener en cuenta y añadirlo a las precauciones para no aumentar de peso.
Precisamente este mecanismo de los azúcares es el que se ha utilizado de forma errónea para preconizar el uso de dietas hiperproteicas, lo que lleva a graves distorsiones de lo que son los criterios de la alimentación. Una cosa es controlar el consumo de los azúcares y otra muy diferente suprimir todo tipo de alimento hidrocarbonado.
Existen infinidad de propuestas publicitarias que juegan con la ilusión de perder la grasa que nos sobra de forma cómoda sin hacer ningún tipo de esfuerzo. Es una lástima, pero no hay nada que lo haga así de fácil. Todo lo que hemos comentado es extensivo a las técnicas o productos que dicen que se puede perder grasa actuando desde el exterior del organismo y a través de la piel. La grasa solo se pierde de forma interna quemándola metabólicamente, y esto solo sucede cuando el organismo no recibe la cantidad de energía que necesita mediante la alimentación y tiene que recurrir a sus reservas. Solo este es el procedimiento, no hay otro. Cuando se hace una liposucción se establece una vía quirúrgica más o menos sencilla para extraerla, pero eso es otra cuestión.
La ilusión por combatir la obesidad y hacer que la grasa desaparezca sin más ha llevado a que proliferen sustancias que se comercializan con el nombre de «quemagrasas». Hay bastantes, y no hay efectos descritos con fiabilidad, más allá de lo subjetivo.

Ahora si la última palabra, la tenemos nosotros mismos… Seamos partícipes de esta autopistas.

This doctor is known through programs such as “el larguero” of the Cadena Ser (spanish radio station) and above all it is a didactic book, understandable and that does not pretend to be a treatise but it is certainly more than an interesting book.

The energy we need is contained in the food, and expresses in this way the meaning of food, which is none other than the contribution of that energy. It is possible that feeding is the most elementary function of all living beings and, of course, of the human being, and that has led us for centuries to eat only by instinct and hunger, without entering into other types of playful and festive appreciations, that we currently consider part of our life.
The struggle of the human being before the possibility of feeding has been ancestral, but not against excess, but against scarcity. Today, and in a privileged way, we are going through a splendid stage in which we enjoy, at least in this part of the world, a relative abundance. But this excess of food and its consequences in the body are deteriorating the health of a large part of humanity.

The “what” and the “how much” in relation to the food we eat is the basis of organized and intelligent management of food. If we apply these two concepts well, and even introduce accessory factors such as time habits, chewing, etc., and we add physical activity to everything, we will have managed to adapt the food to our needs and make everything meaningful.
Therefore, everything begins with learning and understanding how, in a calm and peaceful way, the pleasantness of a good meal can be made compatible, the wonderful discovery that gastronomy has made in history, living with the parameters of the times and coexisting with the playful reality that occupies more or less space in our life. In short, manage the food so we can enjoy it without hurting us.
Gastronomy made us human, and its presence has been decisive in our physical and mental evolution. We expanded the perspective and breadth of the diet, increased the range of flavors and introduced us to a new world in relation to food. Therefore, gastronomy, as such, has been fundamental and constitutes an art that handles at the same time the variety of foods and the sense of taste, and, with it, the capacity of perception of millions of flavors.
But we must not ignore that the ultimate meaning of food is to introduce into the organism molecules that intervene decisively in health; For this reason, gastronomy can not forget and must take into account -and even be a priority- the concept of being a way of health in its purpose and not remain in the primary state, metabolically speaking, of providing only flavors.

We eliminate about three thousand kilos of waste in the faeces, so that some fifty-seven thousand remain in the interior and become part of us, so that the famous saying “we are what we eat” is an absolute reality, since the manner in which we manage these sixty tons will depend to a large extent on our life in many extremes.
The terms “nutrition” and “nutrition” are generally used synonymously; They seem the same, but in reality they are different concepts. The feeding includes a series of acts carried out voluntarily, with a greater or lesser instinctive component, and which are oriented to the election, modification, preparation and, finally, ingestion of the food. Nutrition, however, takes place after food and ingestion of food, and in it processes are carried out, logically involuntary, ranging from digestion to the absorption and use of food by the body and , finally, excretion of waste products. Nutrition, therefore, is a biological process by which living organisms assimilate the food and liquids that are ingested and that are necessary for the growth and functioning of the organism and, in short, to maintain vital functions and with it the lifetime.

Fruits are the queens of our diet, together with vegetables, nuts and olive oil, which we will visit. They are the most striking foods because of their diversity of colors and shapes. As the view is the first one that decides on the choice of food, the colors of the fruit are perceived immediately. Other animals resort to smell, but we “look” and “look” for food as a first choice.
They are the foods with the greatest amount of nutrients and health benefits. Fruits and fruit juices provide us with water, sugars, vitamins -such as vitamin C and carotenes-, minerals -such as potassium and selenium- and fiber.
The best is to consume it whole; However, it is also an option to take fruit juices, as long as they are of natural origin and if possible freshly made. However, in this way we are removing the fruit an essential component: fiber.

The vegetables are located right next to the fruit in the Jewelry we have created. To a large extent they can be taken raw and are also an important source of vitamins, minerals, vegetable fiber and antioxidants, so it is advisable to consume them daily. It is interesting that its consumption is between two hundred and fifty to three hundred grams a day, and it is preferable to consume them raw earlier than in any other way.
We must eat vegetables at least twice a day; that is, about sixty times a month. That would mean more than seven hundred times a year and almost sixty thousand times in a lifetime.
It is sad to see how the younger generations show some disinterest in these foods. Before the children peeled bananas and oranges, they ate apples by bite and they liked fruit, but things are not like that now. The reason? Very simple, true flavor “kidnappers” that are present in all the trinkets, bags of fried corn, some bag potatoes and an unfortunate and extensive list of substances to which everything is added have been introduced. the so-called flavorings.
This kind of food, having a hypertrophied taste – salado, sweet or spicy – generates a kind of addiction at the expense of despising fruits and vegetables, which with their softness in taste can not compete with the forcefulness of these products.

Nor are dairy products the main source of calcium and vitamin D for humans. The best source is nuts, but it has not been easy to access them in many eras and milk has been a good substitute.
Yogurt is nothing more than a derivative of milk to which ferments are added to degrade lactose. Currently, due to advertising, it seems that yogurt contains the secret of happiness, longevity and a thousand other things. It is not like that at all. Its consumption is acceptable, but in moderation. When containing bacteria we must be careful because if we increase disproportionately their intake we can unbalance the intestinal flora.

The consumption of sausages must be very restricted, precisely because of its content in saturated fats, cholesterol and sodium. You have to buy them of the highest possible quality and consider their consumption as one more meat – within four times you have to take this product a week – although it is best to eat them with caution, in terms of frequency and quantity.
There are traditional sausages in our country, as it happens with black pudding, which if it is made without fats, with few condiments and even with rice, is a good food with a lot of iron and very interesting in the deficit problems of this element. Low-fat sausages – turkey, for example – in moderate quantity are also a good option to take them from time to time.

We can include fish, shellfish and molluscs in the same group in general, with some differences. They have a high percentage of proteins, vitamin D and are rich in phosphorus, iodine and iron. They are also rich in polyunsaturated fatty acids of the omega 3 type.
The omega 3 polyunsaturated fatty acids are essential, since our body can not produce them, so we must eat them in the diet. We find them mainly in blue fish – fish, herring, sardines, mackerel, salmon, bonito … -. These fatty acids reduce “bad” cholesterol (LDL) and lower triglyceride levels, so they have an important cardioprotective effect.
The skeleton of the fish gives us a significant amount of calcium. Also, molluscs are a good source of zinc, copper and calcium. And the shellfish are vitamins B1 and B12 and minerals such as phosphorus, potassium, iron, iodine, fluorine and zinc.
We should consume fish about five times a week, and at least two of them should be blue and the rest white. Shellfish and molluscs are included in this quantity, as well as canned tins of blue fish and molluscs, preserved or not in olive oil.

Eggs, the differences in the color of the shell have no influence on their nutritional value. It is printed here a kind of identity card of the egg that tells us with letters and numbers the traceability of the product. This is perfectly codified in the European Union, so that the code marked on the eggs starts with a number that goes from 0 to 3. The 0 indicates organic farming; 1, in the field; 2, on agricultural land; and 3 in cages. This is followed by two letters with the country code of origin and a series of numbers that locate its origin.

There are a multitude of sauces, and some of them, such as aioli, carbonara or mayonnaise, are made with fats, which gives them a very high caloric value. In particular, mayonnaise has seven hundred and twenty calories, which means that many times it is not valued when ingested. When we eat, for example, Russian salad with potatoes, vegetables, etc., we consider it a light dish, when the added mayonnaise makes it a very caloric one. To get an idea, about one hundred grams of mayonnaise equals more than three kilos of tomatoes and more than six kilograms of spinach.
The presence of mayonnaise in many of the foods that are sold in hamburguers causes them to add a lot of calories that they did not have at first. Therefore, we must always assess the components of the sauces and add them to the calories we are consuming. And the same criteria can be said for the dressings of salads.

It was formerly said that vinegar watered the blood, and it is true. In fact, it was consumed in times past when paleness in the face was fashionable among women. One of the ways to get it was to take vinegar regularly and in quantity. Vinegar contains only a few minerals in small amounts, but it has no nutritional value.
Due to the presence of this acetic acid, it is a good preservative, since in that medium many germs do not grow. Certain pickles, such as pickles, chives and skewers, sometimes contain an excessive amount in vinegar.
Those of Modena, apple, etc., only really define the origin of their preparation – wines of Modena, apples … -. There is an urban legend, one more, that the consumption of apple cider vinegar thins. Nothing is further from reality.

The salt taken in quantity produces an excess of sodium that alters the hydrosaline balance of the organism, which retains water, raises blood pressure and determines cardiac alterations, renal diseases, cerebrovascular diseases, etc. The relationship between salt intake and high blood pressure is more than proven, and between hypertension and cardiovascular mortality even more.
The problem is very important, since according to WHO nothing less than one million six hundred thousand deaths a year are due to excessive consumption of salt, and more specifically 10% of deaths due to cardiovascular causes are related with people who consumed an excess of salt.
The World Health Organization recommends about five grams of salt a day maximum; However, the population of the planet far exceeds this amount, as they consume almost twice per inhabitant, and in Spain in particular even more.

Money has three paths: either it is reversed, or it is spent or lost. When we buy food we must keep this in mind, since we must use our resources to invest in health. We know very well which are the products in which when we buy them we make a good investment and in those that do not; therefore, when buying food, you have to “invest” always, “spend” from time to time with some sporadic whim and of course never “lose”.
This “learning to buy” is something we must teach our children, which they will see if they accompany us to the supermarket, this being a good time to show them the importance of food and the value of its correct use.
There is another popular saying that “the best teacher is Fray Example”, which means that sometimes it is not necessary to explain things, especially when children are small.

a) Daily we should ingest:
– Fruits. Three-five pieces.
– Vegetables and vegetables of all kinds.
– Nuts and dried fruits. Little quantity and always raw.
– Bread. In small quantity.
– Dairy products. Without abuse and with great care in the case of fatty cheeses.
– Fats and oils. Fundamentally vegetables and essentially olive oil.
– Infusions. One-three times a day.
– Water. Enough to keep us hydrated.
b) Three to five times a week:
– Fish. Five times a week, two of which are blue.
– Meats. Four times a week, one of them being red.
– Eggs Three to five eggs a week.
c) Two to three times a week:
– Legumes. Twice a week.
– Cereals, tubers and derivatives. Three times a week, alternating between rice, pasta and potatoes.
d) Exceptional and occasionally:
– Sugary drinks, sweets, etc.

That usual phrase of “today we’re going to pay homage” means, generally, that we’re going to binge on food that -generally- hurts us. You need to be careful with that. It is not bad to give that tribute from time to time -we’ll talk about it-, but you have to have common sense and do it with products that we can not eat every day because of its price or lack of accessibility, but away from the concept of binge of our behavior. If we know that what we are eating is not especially recommended, unless it is not so much. It does not make sense that the tribute ends badly.

You can get fat for two reasons: for the total value of the energy we get by adding the calories we consume per day and the amount of sugar we eat from the foods that contain it, which, as we said, follows a more elaborate path and sometimes little known, but that must be taken into account and add to the precautions to not gain weight.
Precisely this mechanism of sugars is the one that has been used erroneously to advocate the use of hyperproteic diets, which leads to serious distortions of what are the criteria of the diet. It is one thing to control the consumption of sugars and quite another to suppress all types of hydrocarbon food.
There are plenty of advertising proposals that play with the illusion of losing the fat that is left over comfortably without making any kind of effort. It’s a shame, but there’s nothing that makes it that easy. All we have said is extensive to the techniques or products that say that you can lose fat by acting from outside the body and through the skin. The fat is only lost internally by burning it metabolically, and this only happens when the body does not receive the amount of energy it needs through food and has to resort to its reserves. Only this is the procedure, there is no other. When a liposuction is done, a more or less simple surgical route is established to remove it, but that is another matter.
The illusion to fight obesity and make fat disappear without further has led to the proliferation of substances that are marketed under the name of “fat burning.” There are quite a few, and there are no effects described reliably, beyond the subjective.

Now if the last word, we have it ourselves … Let us be participants in this highway.

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