Debates y combates — Ernesto Laclau / Debates And Combats by Ernesto Laclau

En este breve libro, que se compone de 4 ensayos afortunadamente al parecerme algo pesado, todo se centra en referencia al autor en que detrás de cada una de las intervenciones de este volumen hay un proyecto único: retomar la iniciativa política; lo que, desde el punto de vista teórico, significa hacer la política nuevamente pensable, sigue en un fervoroso combate con Zizek, debido a sus comentarios sobre “la razón populista”, acabando con más dardos muy envenenados con la situación de las favelas y Brasil, nombradas por Zizek.

Una afinidad muy grande con las reflexiones éticas de Alain Badiou. Hay tres aspectos, en particular, que sin duda me parecen atractivos y cercanos a mi propio enfoque teórico. En primer lugar, su intención de articular la ética dentro de un proyecto emancipador. Contra la tendencia hoy imperante, que presenta la ética como una intervención puramente defensiva —esto es, como reacción a la violación de los derechos humanos—, la ética de Badiou echa raíces en un discurso esencialmente afirmativo. En segundo lugar, la universalidad del discurso ético no depende, para Badiou, de la presunta universalidad de su lugar de enunciación: por el contrario, la ética se vincula de modo constitutivo a la fidelidad a un acontecimiento que siempre es concreto y está situado. Por último, Badiou evita con cuidado la tentación de extraer de lo ético como tal un conjunto de normas morales —éstas pertenecen, para él, a lo calculable en una situación que es estrictamente heterogénea respecto de lo ético—.
Mi propio enfoque teórico, al menos desde este punto de vista
La frontera entre lo calculable y lo no calculable es, en lo esencial, inestable.

Siento una gran admiración por la obra de Giorgio Agamben. Aprecio en particular su deslumbrante erudición clásica, su capacidad —tanto intuitiva como analítica— para abordar categorías teóricas y su habilidad para vincular sistemas de pensamiento cuyas conexiones no son evidentes en lo inmediato. Sin embargo, esta apreciación no carece de algunas reservas profundas respecto a sus conclusiones teóricas.
La soberanía se encuentra en el origen de la exclusión, pero requiere de una extensión del territorio dentro del cual la exclusión es aplicable, ya que si tratáramos sólo con la exterioridad respecto de la ley del loup-garou aún seríamos capaces de establecer una línea divisoria clara entre el «interior» y el «exterior» de la comunidad. Agamben tiene en claro la complejidad del vínculo entre el exterior y el interior. Por ese motivo, al referirse al «estado de naturaleza» de Hobbes, observa que no es una condición primitiva erradicada una vez que el pacto transfiere la soberanía al Leviatán, sino una posibilidad constante dentro del orden comunitario, que surge siempre que la ciudad es considerada tamquam dissoluta.

Un lenguaje de demandas y derechos. Porque tanto las demandas como los derechos, en efecto, deben ser reconocidos, y la instancia cuyo reconocimiento se solicita no puede estar en una relación de total exterioridad con respecto a los reclamos sociales. Cada una de estas tres demandas, para poder ser satisfechas, requiere consideraciones estratégicas sobre cambios en la estructura del Estado, autonomización de ciertas esferas, alianzas políticas e incorporación en la arena histórica de sectores sociales previamente excluidos. Vale decir que estamos en el terreno de lo que Gramsci llamaba «guerra de posición». Pero este juego político es estrictamente incompatible con la noción de una pluralidad de luchas verticales inconexas que apuntan todas ellas —mediante no sabemos qué mecanismo— a un supuesto centro virtual del Imperio. Quizá la incoherencia fundamental del libro que estamos comentando es que, mientras propone fragmentos de un programa político perfectamente aceptable, sus condiciones de realización son denegadas por las categorías teóricas y estratégicas centrales en las que se basa el análisis. Las multitudes nunca son espontáneamente multitudinarias; sólo pueden llegar a serlo a través de la acción política.

In this short book, which consists of 4 essays, fortunately, it seems to me somewhat heavy, everything centers around the author’s remark that behind each of the interventions in this volume there is a unique project: retake the political initiative; what, from the theoretical point of view, means to make the politics thinkable again, follows in a fervent combat with Zizek, due to his comments on “populist reason”, ending with more darts very poisoned with the situation of the favelas and Brazil , named by Zizek.

A very great affinity with the ethical reflections of Alain Badiou. There are three aspects, in particular, that undoubtedly seem attractive to me and close to my own theoretical approach. First, his intention to articulate ethics within an emancipating project. Against the prevailing trend today, which presents ethics as a purely defensive intervention-that is, as a reaction to the violation of human rights-Badiou’s ethics takes root in an essentially affirmative discourse. In the second place, the universality of ethical discourse does not depend, for Badiou, on the presumed universality of its place of enunciation: on the contrary, ethics is linked in a constitutive way to fidelity to an event that is always concrete and situated. Finally, Badiou carefully avoids the temptation to extract from the ethical as such a set of moral norms -these belong, for him, to the calculable in a situation that is strictly heterogeneous with respect to the ethical-.
My own theoretical approach, at least from this point of view
The boundary between the calculable and the uncalculable is, in essence, unstable.

I feel a great admiration for the work of Giorgio Agamben. I particularly appreciate his dazzling classical erudition, his ability – both intuitive and analytical – to address theoretical categories and his ability to link thought systems whose connections are not immediately apparent. However, this assessment does not lack some deep reservations regarding its theoretical conclusions.
Sovereignty is at the origin of exclusion, but requires an extension of the territory within which the exclusion is applicable, since if we were to deal only with the exteriority of the law of the loup-garou we would still be able to establish a dividing line clear between the “interior” and the “exterior” of the community. Agamben is clear about the complexity of the link between the exterior and the interior. For this reason, referring to the “state of nature” of Hobbes, he observes that it is not a primitive condition eradicated once the pact transfers sovereignty to Leviathan, but a constant possibility within the community order, which arises whenever the city is considered tamquam dissoluta.

A language of demands and rights. Because both the demands and the rights, in fact, must be recognized, and the instance whose recognition is requested can not be in a relationship of total exteriority with respect to social claims. Each of these three demands, in order to be met, requires strategic considerations on changes in the structure of the State, the autonomy of certain spheres, political alliances and incorporation into the historical arena of previously excluded social sectors. It is worth saying that we are in the field of what Gramsci called «war of position». But this political game is strictly incompatible with the notion of a plurality of disconnected vertical struggles that point all of them -through we do not know what mechanism- to a supposed virtual center of the Empire. Perhaps the fundamental incoherence of the book that we are commenting on is that, while proposing fragments of a perfectly acceptable political program, its conditions of realization are denied by the central theoretical and strategic categories on which the analysis is based. The crowds are never spontaneously multitudinous; they can only be so through political action.

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