La caja fuerte de los evasores — Hervé Falciani & Angelo Mincuzzi / La Cassaforte Degli Evasori: La Verità Dell’uomo Che Ha Svelato I Segreti Dei Paradisi Fiscali (The Evaders Safe) by Hervé Falciani & Angelo Mincuzzi

Sin duda este es un interesante libro sobre paraísos fiscales, la maniobra de los bancos en el blanqueo de dinero, la opacidad y la pérdida de la libertad a través de un “chivato” como Falciani y a nosotros nos toca juzgar en pos de un mundo mejor.

La isla de Bouvet, a medio camino entre África y la Antártida, es el lugar más recóndito del planeta. Sobre su superficie, casi totalmente cubierta de hielo, viven leones marinos, focas, gaviotas y pingüinos, además de algunas especies de plantas sencillas, como musgos y líquenes, pero no vive ningún ser humano. Entonces, ¿cómo es posible que un habitante de aquel lugar haya abierto una cuenta en uno de los mayores bancos del mundo y haya depositado dinero en ella?.
El «fantasma de Bouvet» es uno de los 127.000 clientes del HSBC Private Bank de Ginebra que se han convertido en el centro de un caso que en 2009 hizo temblar al mundo bancario suizo. El 20 de enero de aquel año, a petición de la magistratura de Suiza, la Fiscalía de Niza registra una vivienda situada en las colinas de Menton, en la frontera con Italia, y se incauta del ordenador de su propietario, Hervé Falciani, ingeniero informático, nacido en 1972 en Montecarlo, pero con doble ciudadanía francesa e italiana.
A finales de 2009, cuando los diarios de toda Europa le identifican como el autor de la lista de los presuntos evasores del HSBC de Ginebra, la denominada «lista Falciani». La atención de los medios se centra desde el principio en las identidades de los adinerados personajes que se han llevado sus patrimonios a Suiza, casi siempre sin declararlos a las autoridades fiscales de sus respectivos países. Sin embargo, ninguno de los medios es consciente del verdadero alcance desestabilizador de la operación.
El HSBC (Hong Kong & Shanghai Banking Corporation), fundado en 1865, es un coloso que tiene 6.200 sucursales en 74 países, 52 millones de clientes y 254.000 empleados. Según la clasificación Global 2000 de la revista estadounidense Forbes, en 2014 el HSBC ocupaba el decimocuarto puesto entre las mayores sociedades del mundo, y registraba unos ingresos de 79.600 millones de dólares, unos beneficios de 16.300 millones, unos activos por valor de 2.671.300 millones, y una capitalización en Bolsa por valor de 192.600 millones de dólares.
La sección que se ocupa de los grandes patrimonios, el HSBC Private Bank, gestiona activos por valor de 382.000 millones de dólares.

La ausencia de controles crea un régimen de impunidad, sobre todo si el banco no tiene que responder más que ante sí mismo. Y cuando eres tú el que custodia la puerta de entrada de las finanzas, y sabes que en tu país no existe un sistema judicial que vaya a verificar lo que estás haciendo, dispones de la coartada perfecta para decir que desconocías, por ejemplo, que ese cliente era un dictador, o que carecía de autorización para poseer semejante cantidad de dinero fuera de su país. Dirás que tú solo eres un gestor, y que no sabías nada. Afirmarás que no está prohibido tener como cliente al hijo de un ministro, que acaso es dueño de la principal empresa petrolífera de su país, dado que la ley permite todo eso, por lo menos mientras Naciones Unidas no dictamine que esa persona es un criminal de guerra.
Pues eso era lo que ocurría: el gestor habría tenido la obligación de evaluar la reputación de todos y cada uno de sus clientes, y comunicar al banco el potencial de riesgo. Pero no había controles. Los gestores contaban con el apoyo del banco, y estaban a salvo del peligro de que alguien denunciará los peligros legales.
El HSBC dispone del mayor sistema informático privado del mundo. Antes de 2007 había invertido 100 millones de euros en proyectos de desarrollo, y para 2014 tenía programados otros 200 millones en inversiones, mientras que los servicios de investigación de los países soberanos, como Francia, Italia o España, tienen unos recursos prácticamente inexistentes. El HSBC gasta sumas enormes, pero la guerra intestina entre quienes desean un cambio y quienes se empeñan en que todo siga igual que antes todavía sigue su curso, aunque ya no se lleva a cabo a través de las divisiones Change the Bank y Run the Bank. Sin embargo, el HSBC ha malgastado millones y millones de euros al cancelar proyectos que habían costado muchísimo dinero, como el proyecto Workflow, y poniendo trabas a las personas que, como yo, queríamos mejorar la organización.

En el HSBC el secreto se defiende adoptando el principio del rompecabezas, que es el sistema de protección más antiguo. Es un principio basado en la división de los elementos de la información.
El hombre más rico de España, Emilio Botín, del Banco Santander (del que fue propietario hasta su muerte, ocurrida el 10 de septiembre de 2014), era uno de los clientes del HSBC de Ginebra. La madre del exprimer ministro griego Yorgos Papandréu tenía una cuenta de 500 millones de euros. Stephen Green, antiguo director ejecutivo del HSBC, fue ministro de Comercio del Gobierno de David Cameron hasta diciembre de 2013. El hermano de Jérôme Cahuzac, exministro socialista de Presupuestos de Francia, que se vio obligado a dimitir en 2013 por estar implicado en un escándalo de evasión fiscal, era el responsable del HSBC en París. Alexandre Zeller, presidente del grupo Six, que controla la Bolsa suiza, era administrador delegado del HSBC Private Bank de Ginebra; y William J. Wilkins, antiguo jefe del equipo de abogados especializados en las cuestiones fiscales del HSBC, es hoy el número uno del IRS, el fisco estadounidense.

El contrato fiduciario se basa en la misma lógica que el trust, una figura jurídica que surgió en Inglaterra en la época de las Cruzadas. Para proteger su patrimonio durante su larga ausencia, los caballeros se lo confiaban a un trustee, un hombre de confianza que lo administraba por cuenta de los beneficiarios, que normalmente eran los familiares del propietario. Hoy en día el trust es uno de los instrumentos más utilizados para impedir que se averigüe quién es el auténtico propietario de los bienes, de las sociedades o del dinero. El aspecto insólito del trust es que el settlor, es decir la persona que lo crea, renuncia a la propiedad de los bienes y deja que los gestione el trustee.
La finalidad de las sociedades pantalla, de los trusts y de los créditos fiduciarios es crear una intermediación, o ceder la propiedad normal para crear la mayor separación posible entre el patrimonio y la persona. No se trata de construcciones complicadas: el único factor fundamental es el secreto. La industrialización del mundo bancario y la informatización facilitan la construcción de esas arquitecturas societarias y la creación de productos financieros que incrementan la opacidad del sistema. Hoy en día se puede hacer cualquier cosa a golpe de clic.

Los clientes que optan por depositar su dinero en Suiza seguirán haciéndolo aunque el secreto bancario sea abolido. Hoy en día ya se da el caso de clientes que mantienen la relación, abriendo cuentas y contando con los gestores suizos, aunque tengan su dinero guardado en otro país. ¿Por qué motivo? Porque en Suiza un cliente puede estar tranquilo: encontrará profesionales cualificados y podrá contar con unos servicios de primera. Todo ello le permitirá no pagar impuestos, porque ese es el mayor miedo que lleva a las personas muy ricas a recurrir a los suizos. Los clientes asumen fácilmente el hecho de perder su dinero debido a una inversión equivocada, o porque el mercado ha bajado, pero no que una parte de su dinero se utilice para pagar impuestos. Y por eso, en todo el mundo hay billones de euros que se guardan en los bancos suizos y en los de los demás paraísos fiscales. Nadie sabe con exactitud dónde están.

Para las inversiones inmobiliarias, en el HSBC se utilizan con prioridad absoluta las sociedades panameñas, que constituyen el método más rápido y eficaz de apantallar a los verdaderos propietarios. Se crea una sociedad en Panamá y se nombra como administradores a personas que no conoce nadie. Ni siquiera es necesario abrir una cuenta bancaria. El representante oficial de la sociedad es un profesional panameño que desempeña ese mismo papel para otros cientos de empresas inmobiliarias, mientras que el propietario guarda en su caja fuerte el documento que acredita que él es el dueño. Todo es muy sencillo: para los inmuebles, no hay nada mejor que una sociedad en Panamá.
Las Islas Vírgenes Británicas se utilizan para mover el dinero, porque no se prestan a la cooperación judicial internacional: aquí, la rogatoria de un magistrado extranjero que pretenda realizar una investigación está abocada a rebotar contra un muro de goma. A aquellas islas no llegan sociedades inmobiliarias sino dinero en metálico. Para los trusts y las sociedades también dan muy buen resultado las Islas Caimán.
En cambio, Guernsey y Jersey, dos pequeñas islas del Canal de la Mancha, se encargan de custodiar los documentos en papel, donde se conservan las pruebas de la existencia de los productos financieros. Formalmente, son posesiones de la Corona británica, y forman parte de la red de paraísos fiscales del Reino Unido: allí se archivan los títulos en papel como respaldo de todas las transacciones realizadas por medios electrónicos.
En los últimos años la actividad financiera se ha desarrollado también en Asia. Hong Kong es un mundo dentro del mundo de los paraísos fiscales, una estación de paso obligado de los flujos de dinero que desde Malasia pasan por Suiza y después siguen su curso hacia quién sabe dónde, pasando por Singapur. En cambio, con China hay que tener mucho cuidado: si se comete un error en las operaciones contables o en las transacciones, ya no es posible recuperar el dinero.

La batalla de Estados Unidos contra Suiza se debe a que a los estadounidenses les interesa que en el mundo circulen sobre todo capitales en dólares, mientras que los capitales depositados en los bancos de la Confederación Helvética están en francos suizos. Estados Unidos ya goza de una gran ventaja, porque las transacciones internacionales se realizan con su divisa. Cuando se negocia en dólares se participa en la economía estadounidense, y no hace falta estar en el país para hacerlo. Un mundo en dólares conlleva la seguridad de que quien decide y lo controla todo es Estados Unidos, porque todos los movimientos se producen con su divisa. Es posible que esta batalla por la supremacía esté teniendo lugar para no perder posiciones respecto al renminbi, la divisa china, y que por consiguiente el auténtico objetivo sea China. Pero en ese ámbito los estadounidenses buscan aliados, más que enemigos. Están interesados en firmar acuerdos en materia de comercio porque los chinos son muy fuertes.
La cuestión es que quienes tienen intereses en los paraísos fiscales no pueden luchar contra la opacidad financiera. Y todo lo que gira en torno a la financiación de los partidos políticos tiene relación con las jurisdicciones opacas donde se oculta el dinero. He ahí por qué son pocos los políticos que pueden posicionarse en contra de los paraísos fiscales. Por ejemplo, Jérôme Cahuzac se había negado a utilizar el material incautado en mi ordenador porque su hermano trabajaba en la cúpula del HSBC en Francia. Y los investigadores con los que yo colaboré no tenían autorización para investigar los centros offshore.
Se trata de una situación que afecta no solo a Francia, naturalmente. Países como Grecia, Gran Bretaña, Alemania y Argentina nunca han querido indagar a fondo sobre las listas de evasores del HSBC, mientras que el Gobierno francés hizo todo lo posible para evitar que se difundiera esa información. Sarkozy declaró que los paraísos fiscales se habían terminado, pero no eran más que palabras. En realidad, el mensaje subyacente era otro: lo que tiene que acabar es la guerra contra los paraísos fiscales. Y, efectivamente, por aquella misma época, Sarkozy propuso reducir a un año el plazo de prescripción de los delitos económicos. Así, las cosas seguirían igual que antes: los que evadían impuestos iban a poder seguir haciéndolo con total tranquilidad.

Para comprender la importancia del papel del HSBC en el blanqueo del dinero negro puede resultar útil repasar el caso de Gao Ping, un comerciante de arte que encabezaba una organización criminal, y que fue detenido en 2012 en el ámbito de la operación Emperador, la mayor realizada en España contra la mafia china. Gracias a su red de contactos y al trato que mantenía con ellos en virtud de su actividad de tapadera, Gao Ping hacía posible que los ricos españoles que habían depositado ilegalmente sus capitales en Suiza recuperaran grandes sumas en España sin correr el riesgo de que les sorprendieran repatriando un dinero que nunca habían declarado a las autoridades fiscales. Entre los amigos que utilizaban ese servicio había incluso algunas personas próximas a la familia real española.
El sistema se basaba en el mecanismo de la compensación. Cuando un rico evasor fiscal español (al que llamaremos Sr. A) necesitaba una importante suma en efectivo —por ejemplo, un millón de euros— y otra persona en España (el Sr. B) quería transferir al extranjero dinero en efectivo que era fruto de actividades ilícitas, Gao Ping ponía en contacto a la demanda y a la oferta y resolvía el problema.
España tenía las leyes más adecuadas para luchar contra la corrupción, pero que los investigadores no tenían ni el apoyo político ni nos recursos económicos necesarios para desarrollar su trabajo eficazmente.

Cuando la gente comprenda que el poder y el secreto van de la mano, deseará que se comparta la información. Países como Suiza y Luxemburgo, que al menos por ahora mantienen el secreto bancario, son los más peligrosos. Sus sistemas ocasionan perjuicios a todos los demás países. La mentalidad que hay que difundir es como el código abierto (open source) de los sistemas operativos para ordenadores OpenOffice y Linux. Su difusión es un indicio de que la comunidad ciudadana ha creado unos sistemas que permiten prescindir de productores tradicionales como Microsoft. Es la prueba de que se puede hacer algo.
Bradley Birkenfeld, el exbanquero del UBS que contó al fisco estadounidense cómo ayudaba el banco suizo a evadir impuestos a sus clientes estadounidenses, salio de la cárcel y vive en Estados Unidos. Consiguió 104 millones de dólares de recompensa, y recibirá muchos más. Él también, igual que yo, sufrió mucho, y hoy vive obsesionado con la idea de vengarse. Es un hombre aislado, porque solo tiene ese objetivo, y no se esfuerza por divulgar la experiencia que vivió, ni por ayudar a las personas que están en su misma situación. Es un ejemplo de lo frágiles que somos. Tenemos que aprender a unirnos, a protegernos mutuamente, y a compartir un proyecto común.

Es necesario aprender a usar las mismas armas que el enemigo. Hoy se está librando una guerra donde uno de los contendientes conoce las normas mejor que el otro, y se aprovecha de ello para practicar el arbitraje, incluso el jurisdiccional. La información se convierte en un arma cuando se mantiene en secreto, pero nosotros vamos a liberarla, y solo lo haremos en el momento adecuado, cuando sepamos que podrá resultarle útil a las personas y a su acción concreta. Y lo haremos sobre todo utilizando las leyes existentes, antes de crear leyes nuevas. Los poderosos también pueden intervenir a través de la actuación de los lobbies, pero cuando ven que es más fácil saltarse las reglas, ellos también se las saltan. Cambian las leyes únicamente cuando no les queda más remedio.

Para llevar a cabo un verdadero cambio, el camino no puede ser más que político. No basta con que seamos conscientes de la necesidad de un vuelco, hace falta que nos remanguemos y asegurarnos de que nosotros mismos seamos los promotores del cambio.
El motivo que nos lleva a ser optimistas es que el sistema es frágil. Dentro de una empresa o de un banco, basta que haya una sola persona contraria al mantenimiento del secreto para que todo salte por los aires. La plataforma para las personas que dan la voz de alarma tendrá que convertirse en su punto de referencia.
Yo he vivido esa experiencia y he querido compartirla. No me he volatilizado, como han hecho muchos otros. Pero mi objetivo no era divulgar los nombres de los evasores fiscales. Las listas eran únicamente una forma de llamar la atención de los medios de comunicación y de los políticos: lo más importante era que la gente comprendiera cómo funcionan y cómo están organizados los bancos.

Undoubtedly this is an interesting book about tax havens, the maneuver of banks in money laundering, the opacity and loss of freedom through a “snitch” as Falciani and we have to judge in pursuit of a better world .

The island of Bouvet, halfway between Africa and Antarctica, is the most remote place on the planet. On its surface, almost completely covered with ice, live sea lions, seals, gulls and penguins, as well as some species of simple plants, such as mosses and lichens, but no human being lives. So, how is it possible that an inhabitant of that place has opened an account in one of the biggest banks in the world and has deposited money in it?
The “Bouvet Ghost” is one of the 127,000 customers of the HSBC Private Bank in Geneva who have become the center of a case that in 2009 shocked the Swiss banking world. On January 20 of that year, at the request of the magistracy of Switzerland, the Prosecutor’s Office of Nice recorded a house located in the hills of Menton, on the border with Italy, and seized the computer from its owner, Hervé Falciani, computer engineer. , born in 1972 in Monte Carlo, but with dual French and Italian citizenship.
At the end of 2009, when newspapers across Europe identified him as the author of the list of alleged evaders of the HSBC in Geneva, the so-called “Falciani list”. The attention of the media focuses from the beginning on the identities of the wealthy characters who have taken their assets to Switzerland, almost always without declaring them to the tax authorities of their respective countries. However, none of the media is aware of the true destabilizing scope of the operation.
The HSBC (Hong Kong & Shanghai Banking Corporation), founded in 1865, is a colossus that has 6,200 branches in 74 countries, 52 million customers and 254,000 employees. According to the Global 2000 classification of the US magazine Forbes, in 2014 the HSBC ranked fourteenth among the largest companies in the world, and had an income of 79,600 million dollars, a profit of 16,300 million, assets worth 2,671,300 million, and a market capitalization of 192.6 billion dollars.
The section that deals with the large estates, the HSBC Private Bank, manages assets worth 382,000 million dollars.

The absence of controls creates a regime of impunity, especially if the bank does not have to answer more than before itself. And when you are the one who guards the front door of finances, and you know that in your country there is no judicial system that will verify what you are doing, you have the perfect alibi to say that you did not know, for example, that client was a dictator, or lacked authorization to possess such a quantity of money outside his country. You will say that you are just a manager, and that you did not know anything. You will affirm that it is not forbidden to have as a client the son of a minister, who perhaps owns the main oil company in his country, given that the law allows all of this, at least while the United Nations does not dictate that this person is a criminal. war.
Well, that’s what happened: the manager would have had the obligation to evaluate the reputation of each and every one of his clients, and communicate the potential risk to the bank. But there were no controls. The managers had the support of the bank, and were safe from the danger that someone will report the legal dangers.
The HSBC has the largest private computer system in the world. Prior to 2007, it had invested 100 million euros in development projects, and for 2014 another 200 million euros were programmed in investments, while the research services of sovereign countries, such as France, Italy or Spain, have practically nonexistent resources. The HSBC spends huge sums, but the internal war between those who want a change and those who insist that everything remains the same as before is still underway, although it is no longer carried out through the divisions Change the Bank and Run the Bank . However, the HSBC has wasted millions and millions of euros by canceling projects that had cost a lot of money, such as the Workflow project, and putting obstacles in the way of people who, like me, wanted to improve the organization.

In HSBC the secret is defended by adopting the principle of the puzzle, which is the oldest protection system. It is a principle based on the division of the elements of information.
The richest man in Spain, Emilio Botín, of Banco Santander (which he owned until his death, which occurred on September 10, 2014), was one of the clients of the HSBC in Geneva. The mother of former Greek Prime Minister Yorgos Papandreou had a 500 million euro account. Stephen Green, former executive director of HSBC, was Minister of Commerce of the Government of David Cameron until December 2013. The brother of Jérôme Cahuzac, former Socialist Minister of Budget of France, who was forced to resign in 2013 for being involved in a scandal of tax evasion, was responsible for HSBC in Paris. Alexandre Zeller, chairman of the Six Group, which controls the Swiss Stock Exchange, was managing delegate of the HSBC Private Bank of Geneva; and William J. Wilkins, former head of the team of lawyers specializing in tax issues of HSBC, is today number one of the IRS, the US Treasury.

The fiduciary contract is based on the same logic as the trust, a legal figure that emerged in England at the time of the Crusades. To protect his estate during his long absence, the knights entrusted it to a trustee, a man of trust who administered it on behalf of the beneficiaries, who were usually the owner’s relatives. Today the trust is one of the most used instruments to prevent you from finding out who is the real owner of the assets, of the companies or of the money. The unusual aspect of the trust is that the settlor, that is, the person who creates it, renounces ownership of the property and lets it be managed by the trustee.
The purpose of the shell companies, the trusts and the fiduciary credits is to create an intermediation, or to give up the normal property to create the greatest possible separation between the patrimony and the person. It is not about complicated constructions: the only fundamental factor is secrecy. The industrialization of the banking world and computerization facilitate the construction of these corporate architectures and the creation of financial products that increase the opacity of the system. Nowadays you can do anything at the click of a mouse.

Customers who choose to deposit their money in Switzerland will continue to do so even if bank secrecy is abolished. Nowadays, it is already the case of clients who maintain the relationship, opening accounts and counting on Swiss managers, even if they have their money saved in another country. Why? Because in Switzerland a customer can rest assured: you will find qualified professionals and you will be able to count on first class services. All this will allow you not to pay taxes, because that is the biggest fear that leads very rich people to turn to the Swiss. Customers easily assume the fact of losing their money due to a wrong investment, or because the market has gone down, but not that a part of their money is used to pay taxes. And for that reason, in the whole world there are billions of Euros that are kept in the Swiss banks and those of the other tax havens. Nobody knows exactly where they are.

For real estate investments, at the HSBC, Panamanian companies are used with absolute priority, which is the fastest and most effective method of screening the real owners. A company is created in Panama and people who nobody knows are appointed as administrators. It is not even necessary to open a bank account. The official representative of the company is a Panamanian professional who plays the same role for hundreds of other real estate companies, while the owner keeps in his safe the document that proves that he is the owner. Everything is very simple: for real estate, there is nothing better than a partnership in Panama.
The British Virgin Islands are used to move the money, because they do not lend themselves to international judicial cooperation: here, the rogatory of a foreign magistrate who intends to conduct an investigation is bound to bounce against a rubber wall. Real estate companies do not come to those islands, but money in cash. For the trusts and societies, the Cayman Islands also work very well.
On the other hand, Guernsey and Jersey, two small islands of the English Channel, are in charge of safeguarding the paper documents, where the evidence of the existence of financial products is preserved. Formally, they are possessions of the British Crown, and are part of the network of tax havens in the United Kingdom: there the paper titles are archived as backup of all the transactions carried out by electronic means.
In recent years, financial activity has also developed in Asia. Hong Kong is a world within the world of tax havens, a station of obligatory passage of money flows from Malaysia through Switzerland and then follow its course to who knows where, passing through Singapore. However, with China you have to be very careful: if you make a mistake in accounting operations or transactions, it is no longer possible to recover the money.

The battle of the United States against Switzerland is due to the fact that Americans are interested in the circulation in the world of capital in dollars, while the capital deposited in the banks of the Helvetic Confederation are in Swiss francs. The United States already enjoys a great advantage, because international transactions are made with your currency. When you trade in dollars you participate in the US economy, and you do not have to be in the country to do it. A world in dollars entails the assurance that whoever decides and controls everything is the United States, because all movements are produced with their currency. It is possible that this battle for supremacy is taking place so as not to lose positions with respect to the renminbi, the Chinese currency, and that therefore the true objective is China. But in that area the Americans look for allies, more than enemies. They are interested in signing trade agreements because the Chinese are very strong.
The issue is that those who have interests in tax havens can not fight financial opacity. And everything that revolves around the financing of political parties is related to opaque jurisdictions where money is hidden. That is why there are few politicians who can position themselves against tax havens. For example, Jérôme Cahuzac had refused to use the material seized on my computer because his brother worked at the top of the HSBC in France. And the researchers with whom I collaborated were not authorized to investigate the offshore centers.
It is a situation that affects not only France, naturally. Countries such as Greece, Great Britain, Germany and Argentina have never wanted to fully investigate the HSBC list of evaders, while the French government did everything possible to prevent this information from being disseminated. Sarkozy declared that the tax havens were over, but they were just words. In reality, the underlying message was different: what has to end is the war against tax havens. And, indeed, at the same time, Sarkozy proposed reducing the statute of limitations for economic crimes to one year. Thus, things would continue as before: those who evaded taxes would be able to continue doing so with complete peace of mind.

To understand the importance of HSBC’s role in laundering black money it may be useful to review the case of Gao Ping, an art dealer who headed a criminal organization, and who was arrested in 2012 in the scope of the Emperador operation, the largest carried out in Spain against the Chinese mafia. Thanks to its network of contacts and the treatment it maintained with them by virtue of its cover activity, Gao Ping made it possible for the wealthy Spaniards who had illegally deposited their capital in Switzerland to recover large sums in Spain without running the risk of being surprised. repatriating money that they had never declared to the tax authorities. Among the friends who used this service there were even some people close to the Spanish royal family.
The system was based on the mechanism of compensation. When a rich Spanish tax evader (whom we will call Mr. A) needed a large sum in cash – for example, one million euros – and another person in Spain (Mr. B) wanted to transfer abroad cash that was fruitful of illicit activities, Gao Ping put in contact the demand and the offer and solved the problem.
Spain had the most adequate laws to fight against corruption, but the researchers did not have the political support or the economic resources necessary to carry out their work effectively.

When people understand that power and secrecy go hand in hand, they will want information to be shared. Countries like Switzerland and Luxembourg, which at least for now maintain bank secrecy, are the most dangerous. Its systems cause damage to all other countries. The mentality that must be spread is like the open source of the operating systems for OpenOffice and Linux computers. Its dissemination is an indication that the citizen community has created systems that make it possible to dispense with traditional producers such as Microsoft. It is proof that something can be done.
Bradley Birkenfeld, the former UBS banker who told the US Treasury how the Swiss bank helped to evade taxes to his American clients, got out of jail and lives in the United States. He got 104 million dollars in reward, and he will receive many more. He too, like me, suffered a lot, and today he lives obsessed with the idea of ​​revenge. He is an isolated man, because he only has that goal, and he does not make an effort to divulge the experience he experienced, nor to help people who are in the same situation. It is an example of how fragile we are. We have to learn to unite, to protect each other, and to share a common project.

It is necessary to learn to use the same weapons as the enemy. Today a war is being waged where one of the contenders knows the rules better than the other, and takes advantage of it to practice arbitration, even jurisdictional. Information becomes a weapon when it is kept secret, but we are going to release it, and we will only do it at the right time, when we know that it will be useful to people and their concrete action. And we will do it above all using the existing laws, before creating new laws. The powerful can also intervene through the action of the lobbies, but when they see that it is easier to skip the rules, they also skip them. They change the laws only when they have no other choice.

To make a real change, the road can not be more than political. It is not enough that we are aware of the need for a turnaround, we need to roll up our sleeves and make sure that we ourselves are the promoters of change.
The reason that leads us to be optimistic is that the system is fragile. Within a company or a bank, it is enough that there is only one person opposed to keeping the secret so that everything jumps through the air. The platform for the people who raise the alarm will have to become your point of reference.
I have lived that experience and I have wanted to share it. I have not volatilized, as many others have done. But my goal was not to divulge the names of tax evaders. The lists were just a way to get the attention of the media and politicians: the most important thing was for people to understand how banks work and how they are organized.

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