El origen del dinero — Carl Menger / The Origins of Money by Carl Menger

Este es un breve libro magnífico escritorio año que testificó ante la comisión astro-húngara, publicado en 1892.

Existe un fenómeno que desde hace mucho tiempo y de manera muy peculiar ha atraído la atención de los filósofos sociales y de los economistas prácticos; se trata del hecho de que ciertas mercancías (que en las civilizaciones desarrolladas adoptaron la forma de piezas acuñadas de oro y plata, junto con documentos que, con posterioridad, representaron a esas monedas) se convirtieron en medios de cambio universalmente aceptables.
El enigmático fenómeno del dinero carece, incluso en el presente, de una explicación adecuada; ni siquiera se ha llegado a un acuerdo sobre las cuestiones fundamentales de su naturaleza y sus funciones. Hasta hoy no contamos con una satisfactoria teoría del dinero.
La idea que intentó aportar, en primer término, una explicación a la función específica del dinero como medio de cambio corriente y universal, fue la de someterlo a una convención general, una disposición legal. El problema, que la ciencia aún debe resolver, consiste en explicar un curso de acción, homogéneo y general, que los seres humanos adoptan cuando practican el comercio y que, si se lo considera en forma concreta, se realiza incuestionablemente en favor del interés general, aunque, sin embargo, parece poner en conflicto los intereses más cercanos e inmediatos de las partes contratantes.

En economía resulta un error, tan generalizado como evidente, suponer que, en un momento determinado y en un mercado dado, todas las mercancías guardan una definida relación de intercambio recíproco, en otras palabras, que pueden ser mutuamente intercambiadas a voluntad en cantidades definidas.
El intervalo de tiempo dentro del cual puede considerarse la venta de un producto a un precio económico, resulta de gran importancia al analizar su liquidez. Lo que interesa no es si la demanda de una mercancía es pequeña o si, en otros aspectos, su liquidez es inferior; si su propietario sólo puede esperar el momento oportuno, finalmente, y a la larga, podrá desprenderse de ella a precios económicos. Sin embargo, y como resultado de que esta condición no se da a menudo en el curso real de los negocios, surge, a los fines prácticos, una importante diferencia entre dos tipos de mercancías: por un lado, aquellas de las que esperamos poder desprendernos en un momento determinado, a precios económicos, o por lo menos aproximadamente económicos; por el otro, aquellas que no tienen esa perspectiva, o por lo menos no la tienen en el mismo grado, por lo cual su propietario prevé que para poder desprenderse de ellas a precios económicos será necesario esperar durante cierto tiempo, que puede ser largo o corto, o bien soportar una reducción más o menos sensible en el precio.

La mercancía para venderse dependerá:
Del número de personas que aún necesitan la mercancía en cuestión y de la medida y la intensidad de esa necesidad, que no ha sido satisfecha o que es constante.
Del poder adquisitivo de esas personas.
De la cantidad de mercancía disponible en relación con la necesidad (total), no satisfecha todavía, que se tiene de ella.
De la divisibilidad de la mercancía, y de cualquier otro modo por el cual se la pueda ajustar a las necesidades de cada uno de los clientes.
Del desarrollo del mercado y, en especial, de la especulación; y por último,
Del número y de la naturaleza de las limitaciones que, social y políticamente, se han impuesto al intercambio y al consumo con respecto a la mercancía en cuestión.

Los limites espaciales de la liquidez de los productos están principalmente condicionados por:
El grado hasta el cual se distribuye en el espacio la necesidad de estas mercancías.
El grado hasta el cual los productos se prestan para ser transportados y los gastos de transporte en los que se ha incurrido en proporción con su valor.
La medida en la cual se han desarrollado, en general, los medios de transporte y de comercio con respecto a las diferentes clases de productos.
La extensión local de los mercados organizados y su intercomunicación a través del arbitraje.
Las diferencias existentes en las restricciones impuestas a la intercomunicación comercia on respecto a diferentes productos, en el comercio interlocal y, especialmente, en el comercio internacional.

Cuando los productos relativamente más líquidos se convirtieron en «dinero», el acontecimiento tuvo, en primer lugar, el efecto de aumentar de manera sustancial su liquidez originalmente alta.

Los productos que en relaciones locales y de tiempo dadas son más líquidos se han ido convirtiendo en dinero entre las mismas naciones, en momentos diferentes, y entre naciones diferentes a un mismo tiempo, y son de clases diversas. Los metales preciosos se han convertido en el medio corriente de intercambio más generalizado entre los pueblos de civilización económica avanzada por su liquidez altamente superior en relación con la de todos los otros productos y, al mismo tiempo, porque se los ha considerado especialmente aptos.
Además, la homogeneidad de los metales preciosos y la consiguiente facilidad con que pueden servir como res fungibiles en relaciones de obligación han llevado a formas de contratos por las cuales se ha facilitado el comercio; esto también ha impulsado su liquidez y, por ese medio, su adaptación como dinero. Por último, estos metales, como consecuencia de la peculiaridad de su color, de su sonido y, en parte, también de su peso específico, no son difíciles de reconocer con la práctica y al adoptar una marca durable pueden ser fácilmente controlados en cuanto a localidad y el peso; esto también ha llevado a aumentar materialmente su liquidez y a alentar su adopción y difusión como dinero.

El dinero no ha sido generado por la ley. En sus orígenes es una institución social y no estatal. La sanción por parte de la autoridad del estado constituye una noción que le es ajena. Por otra parte, sin embargo, a través del reconocimiento del estado y de la regulación por parte del gobierno esta institución social del dinero se ha perfeccionado y ha sido adaptada a las múltiples y variadas necesidades de la evolución del comercio, así como los derechos que son resultado de la costumbre se vieron perfeccionados y adaptados a través de la ley. Aunque originalmente se comerció con ellos, al igual que con otros productos, según el peso, los metales preciosos fueron más tarde acuñados e intercambiados por su número. Al adoptar la forma de monedas, experimentaron un aumento material. El libre acuñamiento y el mantenimiento de la confianza pública en él, para impedir la falsificación, han sido reconocidos en todas partes como importantes funciones del gobierno.
Todas estas medidas han perfeccionado el funcionamiento de los metales preciosos como dinero pero, con seguridad, no han sido responsables de que éstos se convirtieran en dinero.
Sólo se puede entender verdaderamente el origen del dinero si aprendemos a considerarlo como una institución social, como el resultado espontáneo, el producto no planificado de los esfuerzos específicamente individuales de los miembros de la sociedad.

This is a brief grand yearbook book he testified before the astro-Hungarian commission, published in 1892.

There is a phenomenon that for a long time and in a very peculiar way has attracted the attention of social philosophers and practical economists; it is about the fact that certain commodities (which in the developed civilizations took the form of minted pieces of gold and silver, together with documents that subsequently represented those coins) became universally acceptable means of exchange.
The enigmatic phenomenon of money lacks, even in the present, an adequate explanation; not even an agreement has been reached on the fundamental issues of its nature and functions. Until today we do not have a satisfactory theory of money.
The idea that tried to contribute, in the first place, an explanation to the specific function of money as a means of current and universal change, was to subject it to a general convention, a legal provision. The problem, which science must still solve, is to explain a course of action, homogeneous and general, that human beings adopt when practicing trade and that, if considered in a concrete way, is unquestionably carried out in favor of the general interest , although, nevertheless, it seems to put in conflict the closest and immediate interests of the contracting parties.

In economics, it is an error, as generalized as it is obvious, to suppose that, at a given moment and in a given market, all goods have a definite reciprocal exchange relationship, in other words, that they can be mutually exchanged at will in defined quantities.
The time interval within which the sale of a product can be considered at an economic price is of great importance when analyzing its liquidity. What matters is not whether the demand for a commodity is small or, in other respects, its liquidity is lower; if its owner can only wait for the opportune moment, finally, and in the long run, he will be able to get rid of it at economic prices. However, as a result of the fact that this condition does not occur often in the real course of business, an important difference between two types of merchandise arises for practical purposes: on the one hand, those from which we hope to be able to get rid of at a given moment, at economic prices, or at least approximately economic; on the other hand, those that do not have that perspective, or at least do not have it in the same degree, for which the owner foresees that to be able to get rid of them at economic prices it will be necessary to wait for a certain time, which can be long or short, or else bear a more or less sensible reduction in the price.

The merchandise to be sold will depend:
The number of people who still need the merchandise in question and the size and intensity of that need, which has not been satisfied or is constant.
Of the purchasing power of these people.
Of the quantity of merchandise available in relation to the need (total), not yet satisfied, that is held of it.
Of the divisibility of the merchandise, and in any other way by which it can be adjusted to the needs of each one of the clients.
Market development and, especially, speculation; and finally,
Of the number and nature of the limitations that, socially and politically, have been imposed on the exchange and consumption with respect to the merchandise in question.

The spatial limits of the liquidity of the products are mainly conditioned by:
The degree to which the need for these goods is distributed in space.
The degree to which the products are lent to be transported and the transportation costs incurred in proportion to their value.
The extent to which they have developed, in general, the means of transport and trade with respect to different classes of products.
The local extension of organized markets and their intercommunication through arbitration.
The existing differences in the restrictions imposed on the commercial intercommunication with respect to different products, in the interlocal trade and, especially, in the international trade.

When the relatively more liquid products became “money”, the event had, in the first place, the effect of substantially increasing their originally high liquidity.

The products that are more liquid in local and time relationships have been converted into money between the same nations, at different times, and between different nations at the same time, and they are of different kinds. Precious metals have become the most common means of exchange among peoples of advanced economic civilization because of their superior liquidity in relation to that of all other products and, at the same time, because they have been considered especially suitable.
In addition, the homogeneity of precious metals and the consequent ease with which they can serve as fungibiles in bond relationships have led to forms of contracts for which trade has been facilitated; This has also boosted its liquidity and, by that means, its adaptation as money. Finally, these metals, as a consequence of the peculiarity of their color, of their sound and, in part, also of their specific weight, are not difficult to recognize with practice and by adopting a durable brand they can be easily controlled as to locality and weight; this has also led to a material increase in its liquidity and to encourage its adoption and dissemination as money.

The money has not been generated by law. In its origins it is a social institution and not a state one. The sanction by the state authority constitutes a notion that is alien to it. On the other hand, however, through the recognition of the state and of regulation by the government, this social institution of money has been perfected and has been adapted to the multiple and varied needs of the evolution of trade, as well as the rights that they are the result of the custom they were perfected and adapted through the law. Although originally traded with them, as with other products, depending on the weight, the precious metals were later minted and exchanged for their number. By adopting the form of coins, they experienced a material increase. Free coinage and the maintenance of public confidence in it, to prevent counterfeiting, have been recognized everywhere as important functions of government.
All these measures have perfected the operation of precious metals as money but, surely, they have not been responsible for them turning into money.
The origin of money can only truly be understood if we learn to consider it as a social institution, as the spontaneous result, the unplanned product of the specifically individual efforts of the members of society.

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