Acabemos con el paro — Daniel Lacalle / Let’s End The Unemployment by Daniel Lacalle (spanish book edition)

Este nuevo libro del autor sobre uno de los problemas acuciantes del país y que siempre es interesante de leer. No coincido en algunos de sus postulados, pero me parece un libro enriquecedor más allá de las tesis neoliberales y es de fácil lectura, didáctico y ameno donde se debe ir más allá de la mejor generación formada y más de un bulo…

Desde que tengo uso de memoria, en España el gran problema que afecta a la población es el empleo. Siempre ha sido un titular muy habitual.
Durante la crisis entre 1991 y 1993 se mostraron muchos de los males endémicos del mercado laboral español:
 — Atacar el problema de productividad aumentando el paro o reduciendo los salarios.
— Rigidez del mercado laboral.
— Dependencia de sectores clientelares y muy subvencionados.
— Errores de la política de demanda.

Sin embargo, y sin menospreciar la labor de los sindicatos en defensa de los derechos de los trabajadores, cambiaron al aferrarse al viejo modelo industrial español y también han sido parcialmente responsables de mantener la rigidez del sistema laboral. Al centrarse en defender los derechos de sus afiliados y de los trabajadores ya contratados en sectores «estratégicos» y, posteriormente, lucrarse con el aumento del paro a través de los abominables «cursos de formación», dichos sindicatos han sido también promotores de un sistema laboral dual. El famoso empleo precario y temporal no es una mera coincidencia. No sólo es parte de una estructura empresarial frágil.
Unos sindicatos que en 2011 cobraron 1.979 millones de euros por cursos de formación, 100 millones de euros en ayudas del Fondo Social Europeo y la aportación del Servicio Público de Empleo Estatal, 934 millones. En total, algo más de 3.000 millones para «formación».
Existen muchos servicios, de asesoría jurídica, apoyo y coordinación, que los sindicatos ofrecen y que tienen un valor contrastable. Y si reconociesen la estructura empresarial del país como oportunidad para ayudar a pymes y autónomos, serían un factor determinante para acabar con el paro en España. Porque también han contribuido en aspectos muy positivos. Probablemente una de las reformas y mejoras más importantes llevadas a cabo en nuestro país haya sido el pacto de salarios 2012-2014 entre sindicatos y patronal. Un referente reconocido por muchos analistas externos.

En España, la mayoría de las empresas son todo menos oligopolios privilegiados. Mónica de Oriol, expresidenta del Círculo de Empresarios, comenta constantemente que la estructura empresarial de España debe cambiar, y cuando nos comparamos con otros países de nuestro entorno, no entender las diferencias en dicha estructura empresarial nos lleva a cometer siempre los mismos errores, fundamentalmente no entender el componente ultracíclico de su negocio y la fragilidad ante una crisis.
El 83 por ciento de las empresas de España tiene uno o dos empleados. El 53 por ciento, ninguno.
El empresariado español no es un club de élite. Son personas que trabajan muy duro y que encuentran constantemente escollos ante una burocracia y fiscalidad cada vez más onerosa.
España sigue siendo uno de los países de Europa con las cotizaciones a la Seguridad Social más altas (28,3 por ciento), sólo por detrás de Italia (33 por ciento) y Portugal (34,4 por ciento). En Alemania, Francia, Suecia o Bélgica las cotizaciones fluctúan entre un 16 y un 20 por ciento. Éste sigue siendo un enorme escollo para la contratación y el empleo.
España tiene potencial para crear millones de empleos netos. Por eso hay que bajar impuestos ya y no entorpecer la creación de empleo. Se espera una creación de un millón de puestos de trabajo para 2014-2016, pero puede ser mucho mayor.
El empleo no va a venir de una Administración hipertrofiada que consume casi el 45 por ciento de los recursos del país (PIB) y donde el gasto en empleo público supone un 11,9 por ciento del PIB superando la media del conjunto de países desarrollados, del 11,3 por ciento.Eso sin contar asesores ni empleados de empresas públicas. Tampoco va a venir de las grandes empresas, que ya cuentan con una media del 20 por ciento de empleados superior a sus comparables europeos. Va a venir del autoempleo y las pymes.

Para reducir el paro hay que:
— Fomentar el autoempleo. Crear empresas en 24 horas, como en tantos países; no ser uno de los países de la OCDE donde es más caro y lento montar una empresa. El tiempo necesario para poner en marcha un negocio en España es el doble que la media de la OCDE.
— Incentivar a las pymesque crean el 70 por ciento del valor añadido del país. Bajar el Impuesto de Sociedades y las cuotas sociales para crear empleo.
— Bajar cuotas a autónomos. Cercenar la inaceptable cuota de autónomos, que ha aumentado un 20 por ciento. Los trabajadores que hayan montado su propia empresa (administrador societario) y los autónomos con más de una decena de empleados a su cargo pagan una cuota mensual próxima a los 314 euros mensuales.
— Reducir impuestos a empresas. Que las nuevas empresas creadas no paguen cuotas sociales e impuestos hasta tener dos años de beneficios, como en Reino Unido.
— Cercenar de manera drástica las trabas burocráticas y la extremada complejidad legislativa de un país con diecisiete regímenes que se autojustifican creando centenares de normas entorpecedoras cada año.
— Reducir IRPF para aumentar ahorro y consumo. Sí. Ahorro. Sin ahorro, y consumo posterior, la economía no se pone en marcha. Desincentivar el ahorro para sostener el PIB es una política errónea y peligrosa. El salario bruto de un trabajador se deduce un 47,3 por ciento en impuestos.
— Cortar gasto político y superfluo, subvenciones y excesos de burbuja.

La Unión Europea ha mostrado el error de recurrir al gasto público para solucionar el problema del paro. Un sistema de incentivos incorrecto lleva a que la tasa natural de desempleo suba y el paro no mejore.
Cuando miramos el desglose de las políticas activas de empleo no sorprende ver que casi la mitad se pierde en los tristemente famosos «cursos de formación» de sindicatos y patronal, que no han generado casi empleo y han sido fuente de numerosos casos de corrupción (por ejemplo, el «caso Edu», cuyos presuntos fraudes en los cursos ya ascienden a 2.000 millones de euros).

Las cinco regiones con mayor tasa de paro de la Unión Europea son españolas, con Andalucía a la cabeza. Son también regiones donde, año tras año, década tras década, se ha perpetuado un modelo de baja competitividad y precariedad desde el asistencialismo.

El salario mínimo es otra rigidez del mercado laboral europeo. En algunos países su cuantía se aproxima a la del salario mediano. Provoca que los trabajadores de menor formación muchas veces se queden fuera del mercado dado que su baja productividad no justifica el salario que deben percibir.
Al crear un salario mínimo se altera la demanda de la fuerza laboral, haciendo ineficiente el mercado de trabajo. Básicamente se crean más parados (el llamado deadweight loss), y se consigue que algunos trabajadores que estarían dispuestos a trabajar por menos dinero por diversas razones —flexibilidad, compensación— no tengan acceso a ese trabajo.
Los países sin salario mínimo suelen tener menos paro y mejores sueldos. Y a su vez, países como Venezuela han subido hasta 41 veces su salario mínimo para quedar por debajo de los 12 dólares mensuales.
Dinamarca, Austria, Noruega, Islandia, Suecia o Finlandia son ejemplos de países sin dicho salario mínimo y con flexibilidad absoluta en el mercado laboral, incluido el despido prácticamente libre en Dinamarca. Recuerden esto cuando los populistas les digan que su «modelo» es el nórdico.

La última rigidez que se presenta es el proceso de negociación de salarios mediante convenio. Los convenios alcanzados entre sindicatos y algunas empresas se extrapolan y aplican a todas las empresas del sector. Esto fortalece la posición negociadora de los sindicatos ya que reduce las posibilidades de competir de las empresas no sindicalizadas.
Una adecuada protección social es compatible con un bajo desempleo siempre que se administre de manera eficiente, es decir, que no suponga un desincentivo al empleo. Los subsidios por desempleo pueden ser generosos siempre que, a la vez, se obligue a aceptar trabajos si están disponibles, como ocurre en los países nórdicos. De otra manera, el subsidio se convierte en un incentivo negativo. La protección ante el despido es también consistente con un bajo desempleo si las trabas burocráticas y legislativas para reducir plantilla no son excesivas. Países como Dinamarca han sido capaces de combinar una protección social adecuada con un proceso administrativo y legal simple y eficiente, añadido a los incentivos suficientes para que los empleadores creen puestos de trabajo.

La sobredimensión y abuso del sector público es un insulto a los funcionarios de carrera, a los opositores, a los que prestan un servicio de valor añadido, a los trabajadores y empresarios que compiten cada día sin privilegios… Y una afrenta al contribuyente, que paga por estos excesos.

Desde mi punto de vista, la razón por la que esta reforma laboral ha funcionado mejor que las anteriormente mencionadas es que no buscaba compensar la flexibilización en unas áreas con mayor rigidez en otras.
Otra de las razones por las que ha parado la destrucción de empleo es que entre sus objetivos se encuentran medidas de amplio calado a la hora de facilitar la contratación.
Si queremos tasas de desempleo y salarios de países punteros debemos llevar a cabo políticas de flexibilización y apertura como ellos. Nunca vamos a bajar el paro a niveles de Reino Unido llevando a cabo las políticas de Grecia.

Intentando sostener modelos de contratación obsoletos y mantener rigideces del pasado destruimos justo lo que intentamos proteger. Por aferrarnos a un sistema intervenido y anquilosado estamos cerrando la puerta a nuestros jóvenes para que accedan a un puesto de trabajo estable y construyan los cimientos de su futuro.
Por supuesto, lo que hay que hacer es conseguir que los jóvenes tengan contratos con los mismos derechos que los indefinidos. Esos derechos sólo van a llegar del crecimiento económico, de la creación de muchas más empresas y de más y mejor emprendimiento, no porque se siente un comité en Bruselas y decida gastar otros miles de millones de euros de sus impuestos en planes de observación.

Lo que está claro es que la simplificación de los modelos de contrato es esencial. Si es uno, o dos, bienvenidos. Todo lo que sea facilitar la creación de empleo es bueno, sobre todo cuando no tiene ningún impacto negativo en los derechos de los trabajadores.
Para evitar que en España y Europa continúe la lacra de la dualidad y el efecto perverso de una tasa de temporalidad tan alta entre jóvenes, cualquier avance es positivo. Como demuestran los países más flexibles y con menores trabas, que tienen menos paro y menor temporalidad.
Austria es uno de los países con menor tasa de paro de Europa, 5 por ciento, y muy baja temporalidad, 9,2 por ciento. Esos resultados son parte de una decisión de Estado y un gran acuerdo para liberalizar el mercado laboral y acabar con las rigideces.

Una empresa deja de ser considerada pyme cuando rebasa uno o varios de estos umbrales (según corresponda): 50 trabajadores, facturación por encima de 4,7, 5,7 o 6 millones de euros, y activo en balance por encima de 2,85 millones. Y justo entonces empieza a recibir costes generados por la normativa, en un salto cualitativo y cuantitativo.

Hay dos características de nuestra forma de ser que no me gustan: la envidia y la demonización del fracaso.
Una cosa que se aprende viviendo y trabajando en los países anglosajones y nórdicos es precisamente a sacarnos de encima esas dos taras de nuestra psique colectiva.
La envidia y el odio al éxito son una característica terrible de nuestra sociedad. Por ejemplo, nos han llevado a utilizar la desigualdad como indicador de pobreza y es un enorme error.
Centrar la política económica en la redistribución y el asistencialismo en vez de en el crecimiento y las oportunidades conlleva que no se reduzca la desigualdad ni se mejore la pobreza, a pesar de un enorme gasto en protección social (superior al 20 por ciento del PIB) que demuestra el fracaso absoluto del asistencialismo y de su administración.

En España se ha avanzado, pero aún queda mucho por hacer para cerrar el «gap» tecnológico y contribuir a cambiar el patrón de crecimiento. Una de las primeras cosas que hay que hacer es acabar con el abuso de los fondos para I+D que se utilizan a veces para cosas tan peregrinas como investigar «la bicicleta como medio sostenible» (2 millones de euros), el famoso proyecto de Íñigo Errejón sobre la «desmercantilización de la vivienda», o «el urbanismo de la no ciudad: de la clandestinidad vulnerable a la visibilidad sostenible», financiado con 298.657,51 euros.
¿A quién le molesta la tecnología? Al que pierde poder con ella. Al agente social —sindicalista, Gobierno, empresario— cuya única razón de existir es sentarse en un comité y decidir en cuántos trozos repartimos la pizza, después de haberse servido ellos.
Mantener el empleo abriendo zanjas a cucharadas es una sandez. Luchar contra la tecnología no sólo es malo, es inútil. Es como ponerle puertas al campo.
La tecnología hace que la productividad, el crecimiento y la prosperidad sean más sostenibles, duraderos y, sobre todo, que se creen mejores condiciones de vida para todos.
La tecnología democratiza la riqueza.
No necesitamos menos. Necesitamos más.

Analizando el caso español y el europeo, los factores que han afectado negativamente al empleo pueden ser, entre otros, la economía sumergida, el creciente gasto público, la adopción de sistemas de protección social muy generosos, el salario mínimo interprofesional creciente, los aumentos de impuestos y aumentos de costes energéticos que han generado deslocalización empresarial y afectado a la demanda laboral, y legislaciones laborales rígidas que, buscando garantizar unos derechos básicos a los trabajadores.
La economía norteamericana no está tan bancarizada como la europea. En Europa la banca financia el 80 por ciento de la economía, mientras que en Estados Unidos la financiación supone menos del 20 por ciento, siendo en su mayor parte privada —fondos de inversión, capital riesgo, bolsa y mercados alternativos—; por eso sufrieron menos la crisis bancaria que la Unión Europea. Y por eso el mecanismo de transmisión de crédito a la economía real de la política monetaria es más efectivo en Estados Unidos. Adicionalmente, la estructura empresarial y las facilidades al emprendimiento son completamente distintas. Haga lo que haga la Reserva Federal, Estados Unidos tiene un sistema de responsabilidad crediticia donde los estados no se rescatan entre sí. Texas no rescata a California. Ni siquiera Illinois rescata a Detroit.

El modelo alemán ha sido mucho más efectivo para salir de la crisis que las propuestas francesas de gastar hasta la derrota final. En 2014 Francia incumplió de nuevo su objetivo de déficit y redujo otra vez sus estimaciones de crecimiento para 2015; mientras, Alemania genera superávit y crece.
Alemania no es nada sin el resto de Europa, y viceversa. Es el segundo país, después de Francia, al que más exportamos los españoles. Ese comercio debe seguir incrementándose. Ya se han relajado los objetivos de déficit de la mayoría de los países y la supuesta «presión alemana» ha sido, en realidad, aceptar los incumplimientos a toro pasado.
En España se oye muchísimo eso de «ellos se beneficiaron de nuestra burbuja». Parece que olvidamos que nosotros tenemos el nivel de acceso a mercados financieros y a ayudas del BCE también gracias a ellos. Nadie puede negar que todos los países se han beneficiado del boom crediticio de la Unión Europea y que hoy todos deben gestionar una etapa de moderación presupuestaria.
El compromiso de apoyo a Europa de Alemania siempre ha sido claro. Pero no va a ser un cheque en blanco como el de 2008, que llevó a la Unión Europea a gastar en estímulos inútiles y a destruir 4,5 millones de puestos de trabajo.

La gran diferencia entre asistencia y asistencialismo es que una busca ayudar a los que están en situación difícil para que salgan de ella, y el segundo hace que la población se acostumbre y simplemente prefiera —inconscientemente— mantenerse en un estado de «zombificación» social garantizado.
Y es que el socialismo no garantiza nada.

Del ejemplo japonés, los españoles, que tenemos una estructura empresarial también liderada por pymes, y un problema demográfico parecido, aunque no tan grave, debemos aprender muchas cosas.
— Ignorar la tendencia demográfica lleva a desequilibrios enormes en el sistema de pensiones, su financiación y la sostenibilidad de la deuda.
— La flexibilidad del mercado de trabajo no debe ser un castigo impuesto a una parte de la población con tal de mantener los privilegios de otra.
— La estructura empresarial importa más de lo que pensamos. Si nuestras pymes son las que crean la mayor parte del empleo, y son el futuro, centrar la política económica y laboral en los grandes conglomerados no ayuda a reducir la dualidad.
— El riesgo de crear una generación de jóvenes «ninis» o NEET no se debe ignorar, porque pone en peligro la financiación y la sostenibilidad del modelo de bienestar, al destruirse la base que lo va a pagar en el futuro.
— Tener un porcentaje de paro bajo, alta sindicalización y un Gobierno con fuerte intervención en la economía no evita ni la temporalidad ni la precariedad.
— Considerar a los emprendedores y pequeños empresarios como irrelevantes, y sólo válidos para pagar impuestos, termina destruyendo lo que pretendes proteger.
Y, por supuesto: solucionar problemas estructurales con políticas monetarias sólo agranda el agujero.

— En España no tenemos menos talento y capacidad que otros países.
— La voluntad de todos es mejorar y prosperar. Sí, de todos.
— La gran mayoría de los problemas para crear empleo en España vienen de mantener rémoras del pasado y solucionar con parches en vez de con medidas drásticas.

En España tenemos ya casi todos los ingredientes para crear mucho más empleo, de calidad y estable. Pero para llegar al pleno empleo nos falta uno crear más empresas.

España destina 9.608 dólares al año de gasto público por alumno en la educación pública, un 15 por ciento más que la OCDE y la Unión Europea. Este gasto es superior en todos los niveles educativos: infantil, primaria, secundaria y terciaria.
En cambio, en cuanto a resultados, los alumnos españoles ocupan el puesto 27 de la OCDE. Es decir, España ocupa el sexto puesto por la cola. El resultado global del rendimiento académico sigue situado significativamente por debajo del promedio de la OCDE en las tres áreas examinadas: lectura, matemáticas y ciencias.
Por lo que respecta a la actividad universitaria, si volvemos a las cifras vistas en el informe mencionado, no sólo tenemos una de las tasas de emprendimiento más bajas de la Unión Europea y una bajísima movilidad, sino también una cuestionable preferencia mayoritaria por carreras universitarias sin salida.
Si añadimos la ridícula política lingüística de muchas comunidades, que limita a los ciudadanos al no dominar ni idiomas extranjeros ni nacionales, es la receta del desastre.

Hagamos lo que hagamos, hay una que jamás debemos olvidar: un euro que viene a nuestro país es un euro que alguien ha decidido invertir porque hemos ganado su confianza. Sin confianza, sin inversión, no hay empresas, no hay empleo, no hay crecimiento ni ingresos fiscales, se quiebra y adiós Estado del Bienestar.
Los derechos y las ayudas vienen después de la prosperidad, no antes.
Si queremos ser más prósperos, sepamos que tenemos que merecerlo, como todos.
Nadie nos debe nada. Tenemos las herramientas para ser más atractivos y traer muchos miles de millones más, y crear mucho más empleo.
No nos conformemos con lo que tenemos. Vamos a más. Si otros pueden, nosotros también.
— La inversión directa desaparece con la inestabilidad y los mensajes intervencionistas.
— Los países inversores buscan la combinación de rentabilidad, seguridad y valor.
— Nadie está obligado a invertir en España.
— La inversión financiera directa tiene un efecto multiplicador sobre la economía superior al gasto público.
— Cuanta mayor inversión extranjera, mejor se conoce el país, hay mayor confianza, se evitan estereotipos y se afianza la cooperación en muchas otras áreas.

This new author’s book about one of the pressing problems of the country and that is always interesting to read. I do not agree with some of its postulates, but it seems to me an enriching book beyond the neoliberal thesis and it is easy to read, didactic and entertaining where one should go beyond the best generation formed and more of a hoax …

Since I have memory use, in Spain the big problem that affects the population is employment. He has always been a very usual incumbent.
During the crisis between 1991 and 1993 many of the endemic problems of the Spanish labor market were shown:
– Attacking the productivity problem by increasing unemployment or reducing wages.
– Rigidity of the labor market.
– Dependence on clienteled and heavily subsidized sectors.
– Errors in the demand policy.

However, and without underestimating the work of the unions in defense of workers’ rights, they changed by clinging to the old Spanish industrial model and have also been partially responsible for maintaining the rigidity of the labor system. By focusing on defending the rights of their affiliates and workers already hired in “strategic” sectors and subsequently making a profit by increasing unemployment through the abhorrent “training courses”, these unions have also been promoters of a system dual employment The famous precarious and temporary employment is not a mere coincidence. Not only is it part of a fragile business structure.
Some unions that in 2011 received 1,979 million euros for training courses, 100 million euros in aid from the European Social Fund and the contribution of the Public State Employment Service, 934 million. In total, just over 3,000 million for “training”.
There are many services, legal advice, support and coordination, which unions offer and have a verifiable value. And if they recognized the country’s business structure as an opportunity to help SMEs and the self-employed, they would be a determining factor in ending unemployment in Spain. Because they have also contributed in very positive aspects. Probably one of the most important reforms and improvements carried out in our country has been the pact of salaries 2012-2014 between unions and employers. A reference recognized by many external analysts.

In Spain, most companies are anything but privileged oligopolies. Mónica de Oriol, former president of the Círculo de Empresarios, constantly comments that the business structure of Spain must change, and when we compare ourselves with other countries in our environment, not understanding the differences in this business structure leads us to always commit the same mistakes, fundamentally not understand the ultra-cyclical component of your business and the fragility of a crisis.
83 percent of companies in Spain have one or two employees. 53 percent, none.
The Spanish business community is not an elite club. They are people who work very hard and who constantly find obstacles before an increasingly burdensome bureaucracy and taxation.
Spain is still one of the countries in Europe with the highest Social Security contributions (28.3 percent), only behind Italy (33 percent) and Portugal (34.4 percent). In Germany, France, Sweden or Belgium the quotes fluctuate between 16 and 20 percent. This continues to be a huge obstacle to hiring and employment.
Spain has the potential to create millions of net jobs. That’s why you have to lower taxes already and not hinder the creation of employment. A creation of one million jobs is expected for 2014-2016, but it can be much larger.
Employment will not come from a hypertrophied Administration that consumes almost 45 percent of the country’s resources (GDP) and where spending on public employment accounts for 11.9 percent of GDP, exceeding the average for all developed countries, of 11.3 percent. Not counting consultants or employees of public companies. Nor will it come from large companies, which already have an average of 20 percent of employees higher than their European comparables. It’s going to come from self-employment and SMEs.

To reduce unemployment, you have to:
– Promote self-employment. Create companies in 24 hours, as in many countries; not be one of the OECD countries where it is more expensive and slow to start a business. The time needed to start up a business in Spain is twice the average of the OECD.
– Encourage SMEs that create 70 percent of the country’s added value. Lower the Corporation Tax and social quotas to create employment.
– Lower fees for self-employed workers. Eliminate the unacceptable share of the self-employed, which has increased by 20 percent. Workers who have set up their own company (corporate administrator) and self-employed workers with more than a dozen employees charge a monthly fee close to 314 euros per month.
– Reduce taxes to companies. That the new companies created do not pay social quotas and taxes until they have two years of benefits, as in the United Kingdom.
– Cut dramatically bureaucratic obstacles and the extreme legislative complexity of a country with seventeen regimes that self-justify by creating hundreds of disruptive standards each year.
– Reduce personal income tax to increase savings and consumption. Yes. Savings. Without saving, and later consumption, the economy does not start. Discouraging savings to sustain GDP is a wrong and dangerous policy. The gross salary of a worker is deducted 47.3 percent in taxes.
– Cut political and superfluous spending, subsidies and excess bubbles.

The European Union has shown the error of resorting to public spending to solve the problem of unemployment. An incorrect incentive system leads to the natural rate of unemployment going up and unemployment does not improve.
When we look at the breakdown of active employment policies it is not surprising to see that almost half is lost in the sadly famous «training courses» of trade unions and employers, which have not generated almost employment and have been the source of numerous cases of corruption (for example, the “Edu case”, whose alleged frauds in the courses already amount to 2,000 million euros).

The five regions with the highest unemployment rate in the European Union are Spanish, with Andalusia in the lead. They are also regions where, year after year, decade after decade, a model of low competitiveness and precariousness has been perpetuated from the assistentialism.

The minimum wage is another rigidity of the European labor market. In some countries, its amount approaches that of the median salary. It causes that less educated workers often stay out of the market since their low productivity does not justify the salary they should receive.
By creating a minimum wage the demand of the labor force is altered, making the labor market inefficient. Basically they create more unemployed (the so-called deadweight loss), and it is achieved that some workers who would be willing to work for less money for various reasons – flexibility, compensation – do not have access to that work.
Countries without a minimum wage tend to have less unemployment and better salaries. And in turn, countries like Venezuela have risen up to 41 times their minimum wage to be below the 12 dollars per month.
Denmark, Austria, Norway, Iceland, Sweden or Finland are examples of countries without such minimum wage and with absolute flexibility in the labor market, including practically free dismissal in Denmark. Remember this when the populists tell you that your “model” is the Nordic.

The last rigidity that is presented is the negotiation process of salaries by agreement. The agreements reached between unions and some companies are extrapolated and applied to all companies in the sector. This strengthens the bargaining position of the unions as it reduces the chances of competing with non-unionized companies.
Adequate social protection is compatible with low unemployment, provided it is administered efficiently, that is, it does not create a disincentive to employment. Unemployment subsidies can be generous provided that, at the same time, they are forced to accept jobs if they are available, as in the Nordic countries. Otherwise, the subsidy becomes a negative incentive. Protection against dismissal is also consistent with low unemployment if the bureaucratic and legislative restrictions to reduce staff are not excessive. Countries such as Denmark have been able to combine adequate social protection with a simple and efficient administrative and legal process, coupled with sufficient incentives for employers to create jobs.

The oversize and abuse of the public sector is an insult to career officials, to opponents, to those who provide an added value service, to workers and businessmen who compete every day without privileges … And an affront to the taxpayer, who pays for these excesses.

From my point of view, the reason why this labor reform has worked better than the ones mentioned above is that it did not seek to compensate for flexibilization in areas with greater rigidity in others.
Another reason why the job destruction has stopped is that among its objectives are measures of broad scope at the time of facilitating recruitment.
If we want unemployment rates and wages of leading countries we must carry out policies of flexibility and openness like them. We will never lower unemployment to levels of the United Kingdom by carrying out the policies of Greece.

Attempting to sustain obsolete contracting models and maintain rigidities of the past we destroy just what we try to protect. By clinging to an intervened and stagnant system we are closing the door to our young people to access a stable job and build the foundations of their future.
Of course, what you have to do is get the young people to have contracts with the same rights as the indefinite ones. These rights are only going to come from economic growth, the creation of many more companies and more and better entrepreneurship, not because you feel a committee in Brussels and decide to spend other billions of euros of their taxes on observation plans.

What is clear is that the simplification of contract models is essential. If it is one, or two, welcome. Everything that facilitates the creation of employment is good, especially when it does not have any negative impact on the rights of workers.
To prevent the scourge of duality and the perverse effect of such a high rate of temporary employment among young people in Spain and Europe, any progress is positive. As shown by the most flexible countries with fewer obstacles, which have less unemployment and less time.
Austria is one of the countries with the lowest unemployment rate in Europe, 5 percent, and very low seasonality, 9.2 percent. These results are part of a State decision and a great agreement to liberalize the labor market and put an end to the rigidities.

A company is no longer considered an SME when it exceeds one or more of these thresholds (as appropriate): 50 workers, turnover above 4.7, 5.7 or 6 million euros, and active balance above 2.85 millions. And just then begins to receive costs generated by the regulation, in a qualitative and quantitative leap.

There are two characteristics of our way of being that I do not like: envy and the demonization of failure.
One thing that one learns living and working in the Anglo-Saxon and Nordic countries is precisely to get rid of those two defects of our collective psyche.
Envy and hatred of success are a terrible feature of our society. For example, they have led us to use inequality as an indicator of poverty and it is a huge mistake.
Focusing economic policy on redistribution and welfare instead of on growth and opportunities means that inequality is not reduced or poverty is improved, despite enormous spending on social protection (above 20 percent of GDP) which shows the absolute failure of welfare and its administration.

In Spain progress has been made, but much remains to be done to close the technological gap and contribute to changing the growth pattern. One of the first things that must be done is to put an end to the abuse of R & D funds that are sometimes used for such peregrine things as investigating “the bicycle as a sustainable medium” (2 million euros), the famous project of Íñigo Errejón on the “de-commodification of housing”, or “the urbanism of the non-city: of the underground vulnerable to sustainable visibility”, financed with 298,657.51 euros.
Who is bothered by technology? To the one who loses power with her. To the social agent-sindicalista, Government, businessman- whose only reason to exist is to sit on a committee and decide how many pieces we distribute the pizza, after having served them.
Keeping the job opening ditches to tablespoons is stupid. Fighting against technology is not only bad, it is useless. It’s like putting doors to the field.
Technology makes productivity, growth and prosperity more sustainable, lasting and, above all, creating better living conditions for all.
Technology democratizes wealth.
We do not need less. We need more.

Analyzing the Spanish and European cases, the factors that have negatively affected employment can be, among others, the shadow economy, the growing public spending, the adoption of very generous social protection systems, the minimum interprofessional salary, the increases in taxes and increases in energy costs that have generated business relocation and affected labor demand, and rigid labor laws that seek to guarantee basic rights for workers.
The North American economy is not as banked as the European one. In Europe, banking finances 80 percent of the economy, while in the United States financing accounts for less than 20 percent, being mostly private – investment funds, venture capital, stock exchange and alternative markets; That is why they suffered less from the banking crisis than the European Union. And that is why the mechanism of transmission of credit to the real economy of monetary policy is more effective in the United States. Additionally, the business structure and the facilities for entrepreneurship are completely different. Whatever the Federal Reserve does, the United States has a credit-reporting system where states do not rescue each other. Texas does not rescue California. Not even Illinois rescues Detroit.

The German model has been much more effective in getting out of the crisis than the French proposals to spend until the final defeat. In 2014, France again defaulted on its deficit target and again reduced its growth estimates for 2015; Meanwhile, Germany generates surplus and grows.
Germany is nothing without the rest of Europe, and vice versa. It is the second country, after France, to which we most export the Spaniards. That trade must continue to increase. The deficit targets of most countries have already been relaxed and the supposed “German pressure” has been, in fact, to accept defaults in the past.
In Spain you hear a lot that “they benefited from our bubble.” It seems that we forget that we have the level of access to financial markets and aid from the ECB also thanks to them. Nobody can deny that all the countries have benefited from the credit boom of the European Union and that today everyone must manage a stage of budgetary moderation.
Germany’s commitment to support Europe has always been clear. But it will not be a blank check like the one in 2008, which led the European Union to spend on useless stimuli and to destroy 4.5 million jobs.

The great difference between assistance and assistance is that one seeks to help those who are in a difficult situation to get out of it, and the second causes the population to become accustomed and simply prefer – unconsciously – to remain in a state of social “zombification” guaranteed .
And is that socialism does not guarantee anything.

From the Japanese example, the Spaniards, who have a business structure also led by SMEs, and a similar demographic problem, although not so serious, we must learn many things.
– Ignoring the demographic trend leads to huge imbalances in the pension system, its financing and the sustainability of the debt.
– The flexibility of the labor market should not be a punishment imposed on a part of the population in order to maintain the privileges of another.
– The business structure matters more than we think. If our SMEs are those that create most of the employment, and are the future, focusing economic and labor policy on large conglomerates does not help reduce duality.
– The risk of creating a generation of “NEET” youth or NEET should not be ignored, because it jeopardizes the financing and sustainability of the welfare model, destroying the base that will pay for it in the future.
– Having a low percentage of unemployment, high unionization and a government with strong intervention in the economy does not prevent either temporary or precarious.
– Consider entrepreneurs and small entrepreneurs as irrelevant, and only valid to pay taxes, ends up destroying what you intend to protect.
And, of course: solving structural problems with monetary policies only enlarges the hole.

– In Spain we have no less talent and capacity than other countries.
– The will of all is to improve and prosper. Yes, of all.
– The vast majority of problems to create jobs in Spain come from keeping past remnants and fixing with patches instead of drastic measures.

In Spain we already have almost all the ingredients to create much more employment, quality and stable. But to reach full employment we need to create more companies.

Spain allocates 9,608 dollars a year of public spending per student in public education, 15 percent more than the OECD and the European Union. This expense is higher in all educational levels: infant, primary, secondary and tertiary.
In contrast, in terms of results, Spanish students occupy the 27th position of the OECD. That is to say, Spain occupies the sixth position by the tail. The overall result of academic performance remains significantly below the OECD average in the three areas examined: reading, mathematics and science.
With regard to university activity, if we go back to the figures seen in the aforementioned report, we not only have one of the lowest entrepreneurial rates in the European Union and very low mobility, but also a questionable majority preference for university degrees without departure.
If we add the ridiculous linguistic policy of many communities, which limits the citizens to not dominate neither foreign or national languages, it is the recipe for disaster.

Whatever we do, there is one that we must never forget: a euro that comes to our country is a euro that someone has decided to invest because we have earned their trust. Without trust, without investment, there are no companies, there is no employment, there is no growth or tax revenue, it is bankrupt and goodbye Welfare State.
Rights and aids come after prosperity, not before.
If we want to be more prosperous, we know that we have to deserve it, like everyone else.
Nobody owes us anything. We have the tools to be more attractive and bring in many more billions, and create much more employment.
Let’s not settle for what we have. Let’s go more. If others can, we can too.
– Direct investment disappears with instability and interventionist messages.
– Investor countries seek the combination of profitability, security and value.
– Nobody is obligated to invest in Spain.
– Direct financial investment has a multiplier effect on the economy that exceeds public spending.
– The more foreign investment, the better the country is known, there is greater confidence, stereotypes are avoided and cooperation is strengthened in many other areas.

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