La guerra no tiene rostro de mujer — Svetlana Alexiévich / The Unwomanly Face Of War by Svetlana Alexievich

Esta es otra magnífica novela de la premio Nobel de Literatura 2015, la ucraniana sabe tocar la fibra e interesada por el papel de la mujer en la guerra desde muy antiguo, 250000 británicas en la guerra mundial 500000 estadounidenses y un millón de rusas pero ella siempre nos lleva a reflexionar.

No conocíamos el mundo sin guerra, el mundo de la guerra era el único cercano, y la gente de la guerra era la única gente que conocíamos. Hasta ahora no conozco otro mundo, ni a otra gente. ¿Acaso existieron alguna vez?.
En esta guerra no hay héroes ni hazañas increíbles, tan solo hay seres humanos involucrados en una tarea inhumana. En esta guerra no solo sufren las personas, sino la tierra, los pájaros, los árboles. Todos los que habitan este planeta junto a nosotros. Y sufren en silencio, lo cual es aún más terrible.
Pero ¿por qué?, me preguntaba a menudo. ¿Por qué, después de haberse hecho un lugar en un mundo que era del todo masculino, las mujeres no han sido capaces de defender su historia, sus palabras, sus sentimientos? Falta de confianza. Se nos oculta un mundo entero. Su guerra sigue siendo desconocida…
Yo quiero escribir la historia de esta guerra. La historia de las mujeres.

Las profesiones militares de las mujeres eran: instructora sanitaria, francotiradora, tirador de ametralladora, comandante de cañón antiaéreo, zapadora… Ahora esas mismas mujeres son contables, auxiliares de laboratorio, guías turísticas, maestras… Los roles no coinciden. Al recordar parece que evocan a otras chicas. Recuerdan y se sorprenden de ellas mismas. Ante mis ojos veo cómo la Historia se humaniza, se va pareciendo a la vida normal.

«De la guerra no recuerdo ni gatos, ni perros. Solo recuerdo ratas. Ratas grandes… Con unos ojos de color amarillo y azul… Las había a mares. Me recuperé de la herida y en el hospital me enviaron de vuelta a la unidad. Me tocó una unidad en las trincheras, a las afueras de Stalingrado. El comandante ordenó: “Acompañadla a la choza de chicas”. Entré y me sorprendió descubrir que dentro no había nada. Las camas vacías hechas con ramas de pino y ya está. No me avisaron… Dejé mi mochila y salí. Cuando regresé media hora más tarde, ya no encontré la mochila. No había ni rastro de mis cosas, ni el peine, ni el lápiz. Resulta que las ratas se lo habían jalado en un instante…
»Por la mañana me enseñaron los mordiscos en los brazos de los heridos graves…
»Ni en la película más terrorífica he visto algo como las ratas abandonando la ciudad antes de los ataques aéreos. No fue en Stalingrado… Lo vi en Viazma… Era por la mañana, y hordas de ratas corrían por las calles, se marchaban al campo. Olfateaban la muerte. Eran millares… Negras, grises…

La guerra es cruel, »Recuerdo una noche, estaba tumbada en la tienda de campaña. No dormía. Se oían los cañones a lo lejos. Los nuestros respondían de cuando en cuando… Yo no tenía ningunas ganas de morir… Juré, había hecho un juramento militar, que si era preciso entregaría mi vida, pero aun así sentía tanto rechazo por la muerte… Sabía que incluso si volvía a casa, el alma me dolería. Ahora pienso: “Hubiera sido mejor que me hubieran herido en el brazo o en la pierna, que me doliera el cuerpo. Porque el alma… duele mucho”. Es que éramos muy jóvenes. Unas niñas. Yo hasta crecí durante la guerra. De vuelta a casa mi madre me midió… Había crecido diez centímetros…»
Al despedirse, un tanto torpe, me abrazó con sus manos calientes: «Perdóname…».

La humanidad ha vivido miles de guerras (hace poco leí que en total se habían contabilizado más de tres mil, entre grandes y pequeñas), sin embargo, la guerra sigue siendo un gran misterio. Nada ha cambiado. Para descifrar el misterio intento reducir la Gran Historia hasta darle una dimensión de persona. Espero hallar las palabras. Porque en este terreno supuestamente reducido y cómodo para la observación, en el espacio de una sola alma humana, todo es aún menos concebible, menos predecible que en la Historia. Me encuentro ante las lágrimas vivas, ante los sentimientos vivos. Ante un rostro humano real, al que durante la conversación recorren sombras de miedo y de dolor. A veces incluso surge ese subversivo pensamiento sobre la escurridiza belleza del sufrimiento. Entonces me asusto de mí misma…
El único camino es amar al ser humano. Comprenderlo a través del amor.

En la guerra, lo único personal es el amor. Lo demás es común, incluida la muerte.
¿Qué me sorprendió? Pues que del amor ellas hablan con menos franqueza que de la muerte. Me doy cuenta de que no lo dicen todo, como si intentasen protegerse, cada vez surge un límite donde se detienen. Vigilantes, defienden ese límite. Entre ellas existe una especie de acuerdo secreto: más allá está el espacio prohibido. Se baja el telón. ¿De qué se defienden? Está claro: de las calumnias y las ofensas de la posguerra. ¡Lo que les tocó sufrir!… Después de la guerra tuvieron que luchar en otra guerra, no menos terrible que aquella que habían dejado atrás. Si alguna de ellas se atrevía a ser franca más allá del límite, si a alguna se le escapaba una confesión desesperada, a ello le seguía siempre una petición: «Oculte mi apellido», o bien «En aquel tiempo, de eso no se hablaba en voz alta… Se consideraba obsceno…». Escuché más de lo romántico o de lo trágico.
Claro, no es ni la vida ni la verdad en su totalidad. Pero esta es su verdad. Uno de los escritores de la generación de la guerra lo formuló con mucha honestidad: «¡Maldita sea la guerra, nuestro momento sublime!». Es la clave, el epígrafe común de sus vidas.
Y sin embargo, ¿cómo es el amor allí, junto a la muerte?

»Después de la guerra… Todo el mundo esperaba el regreso de los familiares del frente, mi madre y yo los esperábamos de los campos. De Siberia… ¡Sí, claro que sí! Hemos vencido, hemos demostrado nuestra lealtad, nuestro amor. Ahora tienen que creernos.
»Mi hermano regresó en 1947, a mi padre no le encontramos… Hace poco fui a ver a mis amigas del frente de Ucrania. Viven en un pueblo cerca de Odesa. En la plaza central del pueblo hay dos obeliscos: la mitad de la población murió de hambre, y los hombres cayeron todos en la guerra. ¿En Rusia cree que alguien se ha atrevido a contabilizar a todos los que murieron? A lo mejor si pregunta a los pocos que sobrevivieron… Hija mía, para contar nuestra Historia hacen falta centenares de personas como usted. Para describir todos nuestros sufrimientos. Nuestras incontables lágrimas. Ay, hija…»

Fue en Stalingrado… El combate más terrible. Más que cualquier otro. Querida mía… Es imposible tener un corazón para el odio y otro para el amor. El ser humano tiene un solo corazón, y yo siempre pensaba en cómo salvar el mío.
»Después de la guerra viví durante mucho tiempo con miedo al cielo, ni siquiera levantaba la cabeza. También me daba miedo la tierra arada. Y eso que los grajos la pisaban con toda tranquilidad. Los pájaros pronto olvidaron la guerra…»

Es un libro maravilloso sobre la crueldad humana y la esperanza está por llegar, con su estilo de diferentes entrevistas nos deja clara la importancia de las mujeres en el ejército rojo y con su estilo incomparable nos hace otra magnífica obra esta escritora que junto con “la guerra más cruel” de Arkadi Bábchenko me parece de lo mejor que se puede leer. Esta historiadora de almas como en el libro de Chernóbil nos da paso a los verdaderos protagonistas quedando ella en un segundo plano. Imprescindible.

This is another great novel of the Nobel Prize for Literature 2015, the Ukrainian knows how to touch the fiber and interested in the role of women in war from very old, 250000 British in the world war 500000 Americans and a million Russians but she always it leads us to reflect.

We did not know the world without war, the world of war was the only one nearby, and the people of war were the only people we knew. So far I do not know another world, or other people. Did they ever exist ?.
In this war there are no heroes or incredible feats, there are only human beings involved in an inhuman task. In this war not only the people suffer, but the earth, the birds, the trees. All who inhabit this planet next to us. And they suffer in silence, which is even more terrible.
But why? He asked me often. Why, after having made a place in a world that was entirely male, women have not been able to defend their history, their words, their feelings? Lack of trust. A whole world is hidden from us. Your war is still unknown …
I want to write the history of this war. The history of women.

The women’s military professions were: health instructor, sniper, machine gun shooter, anti-aircraft gun commander, sapper … Now these same women are accountants, laboratory assistants, tourist guides, teachers … The roles do not match. When remembering they seem to evoke other girls. They remember and are surprised by themselves. Before my eyes I see how History becomes humanized, it is similar to normal life.

“I do not remember cats or dogs from the war. I only remember rats. Big rats … With yellow and blue eyes … There were seas. I recovered from the wound and in the hospital they sent me back to the unit. I got a unit in the trenches, outside of Stalingrad. The commander ordered: “Accompany her to the girls’ hut”. I entered and was surprised to discover that there was nothing inside. The empty beds made with pine branches and that’s it. They did not tell me … I left my backpack and left. When I returned half an hour later, I no longer found the backpack. There was no trace of my things, neither the comb, nor the pencil. It turns out that the rats had pulled him in an instant …
»In the morning they showed me the bites in the arms of the seriously wounded …
“Not even in the most terrifying movie I have seen something like rats leaving the city before the air attacks. It was not in Stalingrad … I saw it in Viazma … It was morning, and hordes of rats ran through the streets, went to the countryside. They sniffed death. There were thousands … Black, gray …

The war is cruel, “I remember one night, I was lying in the tent. He did not sleep. The cannons were heard in the distance. Ours answered from time to time … I did not have any desire to die … I swore, I had made a military oath, that if it was necessary I would give my life, but even so I felt so much rejection for death … I knew that Even if I came home, the soul would hurt me. Now I think: “It would have been better if they had hurt my arm or leg, that my body hurt. Because the soul … hurts a lot. ” We were very young. Some girls I even grew up during the war. Back home, my mother measured me … I had grown ten centimeters … »
When he said goodbye, somewhat clumsily, he hugged me with his warm hands: “Forgive me …”

Mankind has lived through thousands of wars (I recently read that in total more than three thousand had been counted, between large and small), however, war remains a great mystery. Nothing has changed. To decipher the mystery I try to reduce the Big Story to give it a dimension of person. I hope to find the words. Because in this supposedly reduced and comfortable terrain for observation, in the space of a single human soul, everything is even less conceivable, less predictable than in History. I find myself before the living tears, before the living feelings. Before a real human face, which during the conversation run through shadows of fear and pain. Sometimes that subversive thought arises about the elusive beauty of suffering. Then I get scared of myself …
The only way is to love the human being. Understand it through love.

In war, the only personal thing is love. The rest is common, including death.
What surprised me? Because of love they speak with less candor than death. I realize that they do not say everything, as if they were trying to protect themselves, every time there is a limit where they stop. Watchers, defend that limit. Between them there is a kind of secret agreement: beyond there is the forbidden space. The curtain is lowered. What do they defend themselves? It is clear: of the slander and the offenses of the postwar period. What they had to suffer! … After the war they had to fight in another war, no less terrible than the one they had left behind. If any of them dared to be frank beyond the limit, if any one missed a desperate confession, it was always followed by a request: “Hide my surname”, or “At that time, that was not talked about out loud … He considered himself obscene … ». I heard more of the romantic or the tragic.
Of course, it is neither life nor truth in its entirety. But this is his truth. One of the writers of the war generation formulated it very honestly: “Damn the war, our sublime moment!” It is the key, the common epigraph of their lives.
And yet, how is love there, next to death?.

»After the war … Everyone was waiting for the return of the relatives from the front, my mother and I were waiting for them from the fields. From Siberia … Yes, of course! We have won, we have shown our loyalty, our love. Now you have to believe us.
»My brother returned in 1947, my father was not found … I recently went to see my friends from the Ukrainian front. They live in a village near Odessa. In the central square of the town there are two obelisks: half of the population died of hunger, and men all fell in the war. In Russia do you think someone has dared to count all those who died? Maybe if he asks the few who survived … My daughter, to tell our story, it takes hundreds of people like you. To describe all our sufferings. Our countless tears. Oh, daughter … »

It was in Stalingrad … The most terrible combat. More than any other. My dear … It is impossible to have one heart for hate and another for love. The human being has only one heart, and I always thought about how to save mine.
“After the war I lived for a long time with fear of heaven, I did not even raise my head. I was also afraid of the plowed land. And that the rooks walked with ease. The birds soon forgot the war … »

It is a wonderful book about human cruelty and hope is about to come, with its style of different interviews makes us clear the importance of women in the Red Army and with its incomparable style makes us another magnificent work this writer who together with “the cruellest war “by Arkady Bábchenko seems to me the best that can be read. This historian of souls as in the book of Chernobyl gives way to the real protagonists, leaving her in the background. Essential.

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