El libro negro del Vaticano — Eric Frattini / Vatican’s Black Book by Eric Frattini (spanish book edition)

Los libros de este autor son siempre interesante y bajo el epígrafe “las oscuras relaciones entre la CIA y la Santa Sede”, nos desvela algo de luz en la oscuridad más que opaca de dicha institución.Me ha parecido un magnífico libro por parte del autor.

Muchos en el aparato vaticano afirman ya que no sería imposible poder ver al papa Francisco visitando a los líderes comunistas de Pekín o incluso al de Pyongyang. Lo cierto es que todo es posible en el Vaticano de Francisco, y a pesar de las buenas palabras, acciones mediáticas y demás, por ahora muchos siguen esperando ese gran Big Bang que la curia necesita y que los creyentes piden.
La mejor definición de lo que este nuevo papado quiere en cuanto a política exterior, a diferencia de la llevada a cabo por Pío XII (anticomunismo), Juan XXIII (de acercamiento), Pablo VI (de pacifismo) y, por supuesto, Juan Pablo II (de centralismo, intervencionismo y anticomunismo), la dio el propio secretario Parolin al asegurar: «[…] yo no quisiera la diplomacia de los grandes titulares, pero sí una diplomacia que sea efectiva. Nosotros no buscamos, yo creo, la popularidad. Sinceramente, ninguno de nosotros lo quiere, sino el efecto. Y tenemos que tomar en cuenta lo que dice el Evangelio: que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha». Frente a los críticos que defienden el «Roma lo está haciendo muy mal; Roma no tiene norte; Roma es de izquierdas», los defensores del argentino afirman que «el papa es un hombre de acción; un jesuita, los marines de la Iglesia y, por tanto, sabrá cómo ganar cada pequeña batalla. Está entrenado para ello».

El 7 de marzo de 1921, Eugenio Pacelli volvió a escribir a Pietro Gasparri para conocer la posición del sumo pontífice, pero esta vez el cardenal secretario de Estado aconsejó a Benedicto XV que no interviniese en defensa de los ciudadanas alemanas agredidas. Desde ese mismo momento se detuvieron los reproches y protestas diplomáticas desde la Santa Sede al gobierno de París. Lo cierto es que, aunque en Londres y Washington las críticas contra Francia por el caso de la «Vergüenza Negra» no surtieron el efecto deseado, el gobierno del presidente Alexandre Milleranddecidió ir reemplazando poco a poco los regimientos coloniales estacionados en el Rin por unidades metropolitanas.
En 1923, la Liga de Mujeres de Renania, editó un largo panfleto en el que se revelaban cerca de un centenar de atrocidades cometidas por las tropas indígenas francesas en las zonas ocupadas. La lista iba desde violaciones y asesinatos, intentos de violación, zoofilia, abusos a niños, el «nada natural» (forma de la Liga para definir la homosexualidad o la pedofilia) uso de hombres y la violación de esposas e hijas delante de maridos y padres. Las acusaciones sobre la llamada «Vergüenza Negra» en Renania continuaron hasta que Hitler volvió a ocupar esa región años después. Los acontecimientos ocurridos en Renania en los años veinte serían denunciados por Adolf Hitler, en su libro Mein Kampf (Mi lucha), como un «inadmisible flujo de sangre negra sobre el Rin», y presuponiendo que detrás de ello existía una maniobra judía en contra de la raza aria. Incluso cuando las tropas alemanas invaden Francia en 1940, se ordena la ejecución de casi 8.000 oficiales y soldados coloniales que combaten en el ejército francés y que han sido hechos prisioneros por la Wehrmacht.
Lo que interesaba más sobre el asunto Guerri fue que en ningún momento la Congregación [para la Causa de los Santos] consideraba reabrir la causa. Para ello, se me dijo que la Congregación podría ser puesta en una posición insostenible al adivinar una infalibilidad en la fabricación de los santos: el juicio del papa es definitiva e irrevocable, y a los católicos no se les permite cuestionar el carácter sagrado de cualquier santo, papalmente canonizado.
Fuera como fuese, la opinión de Pío XII con respecto a la raza y la guerra no se movió un ápice hasta el mismo día de su muerte, ni siquiera cuando el propio comandante en jefe aliado, general Dwight D. Eisenhower, rechazó la petición del sumo pontífice de retirar a los soldados de color pertenecientes a las tropas estadounidenses acantonadas en la Roma liberada. El racismo y el antisemitismo mostrado por el papa Pío XII, tanto durante sus años como cardenal como durante sus años como sumo pontífice, continúa siendo una de las grandes trabas para que siga adelante la causa de su canonización por parte de la Congregación para la Causa de los Santos, y a las pruebas documentales nos remitimos.

«La CIA muy pronto tomó la decisión de que los nazis eran más valiosos como aliados y agentes que como criminales de guerra», dijo Víctor Marchetti, un exoficial de la CIA, cuando descubrió el papel que desempeñaron la Agencia Central de Inteligencia y la Iglesia en la perpetuación de la indignidad nazi. «Se ponen un poco locos [el Vaticano y la CIA] cuando dejas que una cosa [anticomunismo] se haga cargo de algo, en la medida que perdonas todo lo demás [los crímenes del nacionalsocialismo]», aseguraría el propio Marchetti.
Graham definía a la Santa Sede como «la principal organización implicada en el movimiento ilegal de fugitivos. […] Figuras clericales están involucradas y operan bajo el benevolente patrocinio del Vaticano. […] y todas las agencias que operan en conjunto con o bajo la protección del Vaticano son financiadas con fondos vaticanos. Sumas sustanciosas de dinero están siendo gastadas generosamente en la promoción de este trabajo». Otro agente del Cuerpo de Contrainteligencia militar estadounidense, Henry Nigrelli, informaba a finales de 1946 que «la Santa Sede está enredada en un plan para organizar la emigración a Sudamérica, y cuyo propósito real es combatir el comunismo».
Según cifras de la Dirección de Migraciones de Argentina, se calcula que durante la posguerra llegaron al país cerca de 5.000 croatas, de los cuales 2.000 llegaron desde Hamburgo, otros 2.000 desde Múnich y cerca de un millar más desde Italia, en concreto desde organizaciones bajo jurisdicción de la Santa Sede.

En 1945, la situación política en Italia y el mayor peso de los comunistas en la política interna del país se convertían en la mayor preocupación del papa Pío XII. Tras el colapso del fascismo, Italia necesitaba una identidad política, nuevos partidos políticos. Rápidamente, dos grandes bloques se presentaban con todo el peso de la propaganda ante los ojos de los italianos, el Partido Comunista Italiano, que consideraba a Stalin como un auténtico héroe, el verdadero defensor de la justicia social y uno de los grandes vencedores del nazismo y el fascismo, frente a un tipo de vida estadounidense, representado en aquellos días por los soldados aliados. Mientras el PCI aparecía blandiendo la hoz y el martillo, la mayoría de italianos preferían la Coca-Cola, los cigarrillos Lucky Strike, el chicle y los ejemplares del Reader’s Digest, que llegaban a medio millón de italianos. Pero el papa Pío XII despreciaba ambos sistemas, a los que acusaba de ser completamente extranjeros y poco italianos.
A pesar de las campañas vaticanas y decretos papales, el Partido Comunista Italiano continuó teniendo no solo presencia en la política del país, sino también el mismo porcentaje de votos en las elecciones siguientes, pero no cabe la menor duda que las campañas lanzadas desde la Santa Sede contra el PCI ayudaron a mantener las posiciones hegemónicas de la Democracia Cristiana.

La situación de los judíos de Europa había cambiado dramáticamente en las décadas de los años treinta y cuarenta, y el apoyo internacional a la creación de un Estado judío se había potenciado en parte porque las potencias ganadoras de la Segunda Guerra Mundial necesitaban purgar sus culpas por no haber hecho más durante el Holocausto. El papa Pío XII percibió que no se necesitaba discutir esta cuestión, principalmente porque la política vaticana se oponía a que Tierra Santa quedase en manos judías o de cualquier otra religión.
Pío X (1903-1914) sería el primero en aumentar el apoyo financiero a las casi treinta órdenes religiosas, a casi una veintena de conventos y monasterios, a ochenta hospicios y a cinco hospitales que se encontraban en Palestina. El papa sabía que las aspiraciones judías no consistían solo en instalarse en la tierra de Palestina, sino también en controlar la ciudad de Jerusalén. Pío X recibió una considerable información del propio Theodor Herzl, quien buscaba el apoyo de la Santa Sede para las aspiraciones judías en esa área de Oriente Medio.
El papa Pío X confesó a su secretario de Estado, el cardenal Rafael Merry del Val, que la Santa Sede no podría detener los planes judíos respecto a Palestina, pero agregó que se opondrían a la creación de un estado judío allí. El papa agregó que, si lo único que querían los judíos era establecer colonias agrícolas en Palestina, Roma haría un esfuerzo para apoyar el esfuerzo humanitario y que no impediría la empresa.
Durante los años siguientes, el Vaticano, ya bajo el pontificado del papa Pablo VI, continuó presionando internacionalmente con el fin de que Israel cumpliese la resolución de la ONU sobre la internacionalización de Jerusalén y para que retirase sus fuerzas militares de la zona oriental de la ciudad. El 28 de junio de 1967, solo dieciocho días después del fin de la Guerra de los Seis Días, la CIA informa al director Richard Helms, al presidente Lyndon B. Johnson y al secretario de Estado, Dean Rusk, en su Central Intelligence Bulletin, bajo clasificación de «ultrasecreto», sobre los movimientos diplomáticos que se están produciendo con respecto al problema árabe-israelí y a la ciudad de Jerusalén. En el párrafo final del documento, los analistas de la CIA critican la dura posición del Vaticano al apoyar la internacionalización de la Ciudad Vieja frente a la posición más moderada de Italia.

El comienzo del conflicto con la Iglesia en Argentina estalla realmente cuando el gobierno del general Juan Domingo Perón suprime oficialmente la enseñanza religiosa en los colegios de todo el país. También se aprueba la primera ley de divorcio vincular, se dicta la equiparación de los hijos ilegítimos con los legítimos, y se aprueba el proyecto de reforma constitucional que declara la separación entre Iglesia y Estado. Entre 1954 y 1955 se inició un fuerte enfrentamiento entre Perón y la Iglesia católica, una tradicional institución en el país que había sido aliada de su gobierno hasta entonces.
En realidad, la ruptura de Perón con la Iglesia no se debió a una sola causa, sino a una suma de factores. Lo cierto es que el conflicto quedó planteado en toda su crudeza el 10 de noviembre de 1954, cuando Perón dijo públicamente, en una reunión de gobernadores, que en Argentina había curas y prelados que estaban desplegando «actividades perturbadoras». Tras nombrar uno por uno a esos sacerdotes que actuaban, supuestamente, como enemigos de su gobierno, Perón destacó que pertenecían, principalmente, a tres diócesis: la de Córdoba, la de Santa Fe y la de La Rioja, y acusó directamente a los arzobispos de estas provincias, monseñores Fermín Lafitte, Nicolás Fasolino y Froilán Reinafé, de permitirlo. El aparato de propaganda peronista acusaba también al nuncio apostólico Mario Zanin de estar detrás de estas actividades políticas.
Casi sesenta años después, que el conflicto del peronismo con la Iglesia fue una consecuencia comprensible del estado de omnipotencia al que el general Perón había llegado a medida que se consolidaba su poder. Se ha señalado también que el vínculo con la jerarquía eclesiástica se deterioró porque, en los años cincuenta, el régimen peronista hizo público su deseo de educar a las nuevas generaciones de argentinos en las llamadas «veinte verdades» justicialistas, lo cual implicaba una politización de la enseñanza que la Iglesia veía, más que con preocupación, con absoluto recelo.
Otros historiadores aseguran también que entre las posibles causas de la ruptura Estado-Iglesia se encontraría la rivalidad por los programas de asistencia social entre las organizaciones caritativas católicas y la Fundación Eva Perón. Hacía tan solo dos años que había muerto Evita, y su esposo, el general Perón, deseaba mantener el recuerdo de su esposa fallecida entre los menos favorecidos de la sociedad argentina, aún a costa de borrar del mapa a la Iglesia católica de las obras sociales.
La excomunión emitida el 15 de junio de 1955 por el papa Pío XII a Perón jamás fue suspendida. En 1963, Perón pidió a la Santa Sede, ya bajo el pontificado de Pablo VI, una declaración oficial acerca de su situación canónica. El Vaticano respondió que no tenía «cuestiones pendientes» con la Iglesia.

La renuncia de Stanislaw Wielgus como arzobispo de Cracovia, solo un día después de haber sido nombrado, convenció a Janusz Bielansky, párroco en la catedral de Wawel, a presentar también su dimisión antes de que se hiciese público que él era también informador del SB(Servicio de Seguridad). Bielansky era un estrecho amigo de Stanislaw Dziwisz, secretario privado de Juan Pablo II, ahora cardenal y arzobispo de Cracovia.
Según fuentes oficiales, se cree que casi 2.600 sacerdotes colaboraron con la policía secreta comunista polaca en los años setenta, cerca del 15 % del clero de toda Polonia. El historiador Roman Graczyk, autor del libro On the Trail of the SB, uno de los grandes defensores de la necesidad de sacar a la luz los dosieres, admite haber experimentado una cierta «piedad humana al estudiar ciertos casos. Aunque piedad no significa absolución». También sabemos ahora cómo terminó la historia, con Karol Wojtyla como sumo pontífice y el comunismo derrotado, en los años difíciles en los que rebelarse era posible, y lo demuestran precisamente las cartas de los archivos, repletos de informes que indicarían con nombres y apellidos cómo muchos sacerdotes y obispos se negaron a colaborar con el régimen comunista.

Son muchos los interesados en proyectar la imagen de una Iglesia valiente y perseguida al final de la tiranía y, simultáneamente, en borrar la historia de privilegios, enriquecimiento, sumisión y silencio de la Iglesia católica ante los crímenes de lesa humanidad perpetrados por Trujillo y sus fuerzas de seguridad, como contra los haitianos en 1937 y, en mayor medida, contra los propios ciudadanos dominicanos que se opusieron al reinado de terror que Trujillo impuso durante tres décadas.
Muchos historiadores vaticanistas hacen verdadera magia para intentar hacer «borrón y cuenta nueva» con la actitud de la Iglesia durante el régimen de Rafael Leónidas Trujillo. La mayor parte de ellos critican el trujillismo, pero ocultan el papel que tuvo la Iglesia al proporcionar al régimen, a través de su liturgia y plegarias por el Jefe, un aparato propagandístico formidable y un pilar básico en el mantenimiento del régimen de terror. Muchos fueron los que sustentaron al régimen con su silencio interesado. Desde papas, como Pío XI y Pío XII, hasta secretarios de Estado, como el cardenal Luigi Maglione, pasando por nuncios, como monseñor Giuseppe Fietta, Alfredo Pacini, Francesco Lardone o Salvatore Siino, y arzobispos, como monseñor Adolfo Nouel, Octavio Antonio Beras o Ricardo Pittini Piussi.
El 30 de mayo de 1961, a las 9:45 de la noche, exactamente en el kilómetro 9 de la carretera Santo Domingo-San Cristóbal, un grupo de antiguos funcionarios y militares del gobierno de Trujillo atacaron el coche del dictador cuando salía de la capital para dirigirse a su hacienda Fundación. El vehículo recibió más de sesenta impactos de bala, de los cuales siete alcanzaron el cuerpo del dictador Trujillo, causándole la muerte.

Muchos vaticanistas e hispanistas aseguran que la Transición en España comienza en diciembre de 1966, cuando finaliza el Concilio Vaticano II y el papa Pablo VI decide dirigir su mirada hacia el país gobernado por Franco desde hacía veintisiete años. La idea del pontífice era dar un vuelvo a la Conferencia Episcopal Española (CEE), que hasta entonces había sido monolítica en su apoyo al dictador. Realmente, fue Juan XXIII quien buscó tal fin cuando nombró, el 28 de abril de 1962, nuncio apostólico en Madrid a monseñor Antonio Riberi, y como segundo de la legación diplomática al combativo Giovanni Benelli.
Años después, Pablo VI conseguiría dar un vuelco a la CEE, reconvirtiendo el antaño bloque conservador en una nueva Conferencia aperturista. La mano ejecutora del papa sería en esta ocasión el nuncio Luigi Dadaglio, que sustituyó a Riberi el 8 de julio de 1967. Las órdenes de Dadaglio eran las de llevar a cabo esta acción con la ayuda del que hasta ese momento se había identificado como un franquista conservador, monseñor Vicente Enrique y Tarancón, entonces arzobispo de Oviedo. El plan del Vaticano era elevarlo al cardenalato, cosa que hizo el papa el 28 de abril de 1969, y ponerlo al frente de la Conferencia Episcopal Española y del poderoso Arzobispado de Madrid (3 de diciembre de 1971). Montini se identificaba políticamente como un democristiano convencido con inclinaciones hacia el centro-izquierda y dominado por la cultura francesa.
Lo cierto es que todos los obispos españoles habían olvidado las palabras de Juan XXIII cuando afirmó que «la libertad religiosa debe su origen, no a las iglesias, ni a los teólogos, y ni siquiera al derecho natural cristiano, sino al Estado moderno, a los juristas y al derecho racional mundano, en una palabra, al mundo laico». A pesar de todo, la situación de los protestantes en España, a los que la propaganda del régimen comparaba con los masones, no mejoró. Tampoco con la presión ejercida desde la Casa Blanca sobre el ministro español de Exteriores, Fernando María Castiella. Estaba claro que para Franco eran más importantes las relaciones con la Santa Sede que con Washington. Antes Dios y el espíritu que el dólar y la economía.
Muchos analistas aseguran hoy que aquellos cambios culturales, económicos y políticos en la España de los cincuenta y sesenta, que comenzaron con la visita de Eisenhower y las llegadas del cardenal Roncalli (Juan XXIII) y posteriormente de Montini (Pablo VI) a la Cátedra de Pedro, facilitaron años después el triunfo de la Transición española, pero también es bien cierto que el papel jugado por la Iglesia católica española en connivencia con el régimen de Franco continúa siendo un punto de discusión entre los historiadores y, por supuesto, un capítulo oscuro que la Iglesia y sus obispos intentan hacer olvidar en la España de hoy.

Ante la acusación del gobierno de la existencia de una Iglesia clandestina no autorizada por las normas legales vigentes, el Vaticano no negaba a la delegación checoslovaca que la existencia de obispos clandestinos fuese una situación religiosa anómala, pero aclaraba que si hubiese libertad religiosa en Checoslovaquia, no habría ni obispos ni sacerdotes clandestinos en el interior del país.
De la llamada Carta del 77 surgiría, el 18 de noviembre de 1989, el Foro Cívico, que desencadenaría la Revolución de Terciopelo liderada por Václav Havel. En 1987, más de cuatrocientos mil checoslovacos firmaban una petición al gobierno instándole a permitir que la Iglesia católica funcionara libremente en todo el territorio y sin intervención del Estado. La represión de una manifestación, el 17 de noviembre de 1989, por parte de las fuerzas policiales provocó una oleada de protestas, dando así inicio a la llamada Revolución de Terciopelo.
El 18 de diciembre de 1989 se eligió a Alexander Dubèek como presidente del Parlamento y a Václav Havel como nuevo presidente de Checoslovaquia. Este último hizo un juramento en el que excluyó toda referencia al socialismo. En el mes de junio de 1990 se celebraron las primeras elecciones libres desde 1946, poniendo así fin a casi cuatro décadas de persecución a la Iglesia católica y dando lugar al restablecimiento de relaciones diplomáticas con la Santa Sede.
El 1 de enero de 1993, Checoslovaquia quedaría disuelta de forma pacífica, conformándose dos nuevas naciones en Europa, La República Checa y la República Eslovaca. El papa Juan Pablo II nombraría el 30 de junio de 1990 al arzobispo Giovanni Coppa nuncio apostólico en la República de Checoslovaquia. Tras la separación en ambos estados, Coppa asumiría la titularidad de las dos nunciaturas, en Praga y Bratislava.

Según el Anuario Pontificio de 1948, en China, el país más poblado del mundo había 5.698 sacerdotes, 1.077 religiosos y 7.472 religiosas. En aquel año, el clero se formaba en 26 seminarios mayores y la Iglesia se ocupaba de 216 hospitales, 6 leprosarios, 71 dispensarios médicos y 254 orfanatos, al tiempo que se impartía enseñanza en 3 universidades, 189 escuelas superiores y secundarias, 2.011 escuelas elementales y 2.242 escuelas de catequesis. También se publicaban 55 revistas y periódicos en 32 imprentas, y poseía la biblioteca más grande del país, la de los jesuitas en Sanghai.
Lo cierto es que el primer contacto del cristianismo con China se produjo en el siglo VII, a través de monjes nestorianos, herederos de la herejía cristológica del monje Nestorio de Alejandría. Pero no sería hasta el siglo XIII, cuando el papa Inocencio IV envió al monje franciscano Giovanni di Montecorvino a Pekín, en 1294, que el cristianismo se quedó en el país asiático.
La situación en la que se encuentran muchos obispos en China, situación que los analistas de la CIA definen como «limbo». Dos acontecimientos, los Juegos Olímpicos de 2008 y el 60 aniversario de la República Popular China en 2009, provoca un alto en las tensiones entre China y la comunidad católica en el interior del país y el Vaticano, según indican los analistas:
Si el sueño de Juan Pablo II desde que llegó al papado en 1978 fue derribar el Telón de Acero, el sueño del papa Francisco será el de derribar el Telón de Bambú. De hecho, la normalización de relaciones Roma-Pekín será uno de los objetivos prioritarios del secretario de Estado, Pietro Parolin. Incluso comenzando con un viaje del papa a China y cerrando relaciones diplomáticas con Taipei a cambio de hacerlo con Pekín. Por el otro lado, China ya ha hecho público en diversas ocasiones su sincero deseo de establecer relaciones diplomáticas con el Vaticano, pero insiste en que para ello Francisco debe tratar a Taiwán como parte de China.
Si el papa Francisco consigue allanar las diferencias entre Pekín y Roma, la fusión entre la Iglesia oficial y la Iglesia clandestina no sería nada traumática, ya que los católicos chinos en general, y la jerarquía eclesiástica de las dos Iglesias en particular, están dispuestos a someterse al mandato del sumo pontífice. Si todo esto sucede, tal vez podamos ver a un papa de Roma impartiendo misa en suelo de la República Popular China.

Desde 1964, el sentimiento antiestadounidense había crecido en Chile, y se debía, en parte, al resentimiento producido por la injerencia de Washington en los asuntos internos del país. La prensa de izquierdas acusaba constantemente a la CIA de haber intervenido en las elecciones de 1964. Además, en 1965, la revelación de la existencia del proyecto Camelot del Pentágono había contribuido también a perjudicar la imagen de Estados Unidos. El proyecto se basaba en un amplio estudio sociológico destinado a investigar las posibles técnicas para combatir las sublevaciones en América Latina. Lo más curioso del caso es que Chile no constituía en absoluto uno de los objetivos prioritarios de Camelot.
Cuando la prensa chilena se hizo eco de Camelot, todos los núcleos sociales, menos el Ejército, criticaron el intervencionismo de la Casa Blanca en los asuntos internos de los países de la región.

La relación entre el Vaticano del papa Pablo VI y la católica España bajo el régimen del general Francisco Franco no fue siempre un camino de rosas y mucho menos tras leer los diferentes telegramas enviados desde la estación CIA Madrid y CIA Roma a su cuartel general en Langley y desde sus Embajadas en la capital española e italiana al Departamento de Estado, entre los meses de diciembre de 1973 y octubre de 1975. El primero de ellos, redactado el 1 de diciembre de 1973, a través del Central Intelligence Bulletin, y clasificado «ultrasecreto», hace en las páginas 15 y 16 una referencia al origen de esas malas relaciones. El epígrafe de España lleva por título «España: Las severas acciones del gobierno esta semana sobre los problemas Estado-Iglesia son susceptibles de provocar nuevas protestas y empeorar el clima de negociación para un Concordato con el Vaticano».
El repentino regreso de seis sacerdotes a la cárcel especial en la remota Zamora, donde han reanudado su huelga de hambre, anula el efecto conciliador del traslado anticipado por parte del gobierno de estos sacerdotes a una prisión regular en Madrid.
El Vaticano considera la presencia del nuncio en Madrid necesaria para evitar movimientos más irracionales por parte del gobierno de España que puedan dar lugar a la ruptura total de las relaciones. Segundo: la esperanza del Vaticano de ejercer a través del nuncio una influencia moderadora en el gobierno de España porque teme las consecuencias de un posible colapso precipitado del orden actual en España. Tercero: el Vaticano cree que el regreso del nuncio señalará al gobierno de España la conveniencia de autorizar el pronto regreso del embajador español a la Santa Sede. Cuarto: el Vaticano se esfuerza por inculcar la idea en el gobierno de España, a través de diversos medios de que sería por su propio interés enfriar la disputa rápidamente con el Vaticano en lugar de prolongarla y por tanto el riesgo de las consecuencias de una confrontación interna por la oposición de la Iglesia más militante. Comentario: también nos parece que el Vaticano considera la continuidad de las relaciones diplomáticas con el gobierno de España importante, debido a las principales cuestiones pendientes entre Iglesia y Estado, como los diversos obispados vacantes y las conversaciones de revisión del Concordato ahora estancadas.
La situación se ha vuelto tan tensa entre Roma y Madrid que ambos países deciden en 1973 retirar a sus respectivos embajadores, monseñor Luigi Dadaglio en Madrid, y Juan Pablo de Lojendio en el Vaticano. No sería hasta 1977, bien entrada la democracia en España, cuando el entonces gobierno de Adolfo Suárez decidió nombrar embajador ante la Santa Sede a Ángel Sanz Briz, conocido también como «el Ángel de Budapest» o «el Schindler español». Sanz Briz se hizo famoso cuando, siendo un joven diplomático destinado en Hungría durante la Segunda Guerra Mundial, salvó a miles de judíos de las deportaciones a los campos de exterminio.
Francisco Franco fallecería el 20 de noviembre de 1975, dando paso a la llegada de la democracia en España tras treinta y nueve años de dictadura. Monseñor Antonio Añoveros jamás partió al exilio como deseaba Carlos Arias Navarro, y permaneció en su sede episcopal hasta que dimitió el 25 de septiembre de 1978. Fallecería en Bilbao el 24 de octubre de 1987, a los 78 años de edad.

La llegada de Karol Wojtyla abrió una nueva era de cooperación entre Langley y Roma, pero también grandes incógnitas a los millones de católicos de todo el mundo. Wojtyla era diferente a muchos por diversos motivos: era el primer papa no italiano desde el siglo XVI (su antecesor no italiano fue el holandés Adriano VI); era el primer papa de un país comunista, y el único papa hasta aquel entonces sin experiencia en la maquinaria curial. Juan Pablo II llegaría al Vaticano en tiempos difíciles para el catolicismo. Karol Wojtyla sabía que, al igual que los cardenales que lo eligieron, que el comunismo iba a ser el gran enemigo a batir y la CIA, sabía que otro Juan XXIII o Pablo VI podría significar un desastre para la política exterior estadounidense.
Juan Pablo II demostró ser un estadista agresivo y astuto que sabía usar sus buenas relaciones con Langley en provecho propio. Sin embargo, los hechos del papa Juan Pablo II a menudo no reflejaban sus palabras.
Con la llegada de Juan Pablo II a la Silla de Pedro, la CIA estableció una línea de comunicación directa con el pontífice que conformaría, durante los 26 años y 4 meses que Wojtyla reinaría en la Santa Sede, una de las más estrechas alianzas entre Langley y Roma. Lo cierto es que sobre el nuevo eje Langley-Roma que se conformó en 1978 se podría aplicar la frase que pronunció el exagente de la CIA Victor Marchetti al afirmar que «cuando la CIA va a la iglesia, ten por seguro que no va a rezar».

Firme opositor a la dictadura brasileña que gobernó el país entre 1964 y 1985, el arzobispo encontró un moderado respaldo en el Vaticano de Pablo VI, pero sus discrepancias con Juan Pablo II fueron aumentando con el correr de los años. Parte de la curia romana y el propio Karol Wojtyla señalaban a Câmara como uno de los obispos responsables de apoyar a la Teología de la Liberación y de propiciar su desarrollo en el país con mayor número de católicos del mundo. Tras el golpe militar de 1964, monseñor Hélder Câmara resumió su relación con los militares en una frase que sus seguidores recuerdan con admiración: «Si doy comida a los pobres, ellos [los militares] me llaman santo. Si pregunto por qué los pobres no tienen comida, me llaman comunista»

Karol Wojtyla será sin duda considerado uno de los más grandes comunicadores que han existido en el siglo XX. Su prodigiosa producción, en veintiséis años y cuatro meses de pontificado, es casi igual a la del grupo musical Rolling Stones, en cincuenta y dos años de carrera. Millones de palabras escritas, sermones, encíclicas, libros, vídeos, discos, etc. Sin embargo, Juan Pablo II fue acusado de haber llenado estadios, pero también de haber vaciado iglesias, y puede que con razón si a las pruebas nos remitimos. La mejor frase para resumir su largo pontificado, sería la que pronunció el padre jesuita encargado de organizar los viajes del pontífice. Dicen que un día, tras finalizar una agotadora gira por Asia, el papa Juan Pablo II le preguntó: «Dígame, padre, ¿qué le ha parecido la gira?». El jesuita, tras unos segundos, respondió: «Sabe, santidad. Yo creo que la gente se queda con la música, pero no con la letra». Y puede que eso realmente fuera el papado de Juan Pablo. Lo cierto es que, a pesar de haber sido definido como el primer «papa global», en los veintiséis años y cuatro meses de pontificado no llenó las iglesias. Muy al contrario. Cuando murió Juan Pablo II, el número de católicos ascendía a 1.086.000.000 creyentes.
Pero si analizamos el pontificado de Wojtyla, las cifras pueden llegar a ser impresionantes: 102 viajes; 129 naciones visitadas; 697 ciudades visitadas; 1.200.000 kilómetros recorridos; 578 días de viaje; 143 viajes realizados dentro del territorio de la República Italiana; 703 entrevistas con jefes de Estado y de gobierno; 226 primeros ministros recibidos en audiencia; 1.060 audiencias públicas celebradas en el Vaticano; 14 encíclicas publicadas; 14 exhortaciones apostólicas; 42 cartas apostólicas; 11 constituciones apostólicas; 1.318 beatos proclamados; 49 ceremonias de canonización; 476 santos; 8 consistorios convocados para el nombramiento de 201 nuevos cardenales; 321 obispos ordenados; 2.125 sacerdotes ordenados; 6 reuniones plenarias del Colegio Cardenalicio; 6 Sínodos de Obispos ordinarios; 1 Sínodo de Obispos extraordinario; 7 Asambleas Especiales de Obispos, y 1 Sínodo de Obispos particular.

Una de las mayores virtudes del Vaticano, al menos desde el punto de vista político y diplomático, es la ambigüedad o, lo que es lo mismo, la política del palo y la zanahoria. Un ejemplo es el caso de Argentina y su dictadura, con la que el Vaticano de Juan Pablo II hizo esta política del palo y la diplomacia de la zanahoria. Aún hoy, cuando hace más de tres décadas que acabó la dictadura militar en aquel país, son muchas las voces que siguen criticando abiertamente la ambigüedad vaticana con los militares y con las víctimas.

El 22 de marzo de 1986, Michele Sindona sería envenenado con cianuro mezclado con el café en la prisión italiana de Voghera, donde había sido recluido tras ser extraditado por Estados Unidos. El que fuera banquero de la mafia moriría en su celda sin que nadie acudiese a socorrerle y tan solo dos días después de que un jurado le condenase a cadena perpetua y declarase que si nadie le ayudaba «contaría todo lo que sabía sobre las relaciones de la mafia y el Vaticano y el papel de algunos departamentos papales como el IOR».
El cardenalato estaba ya casi al alcance de la mano de Marcinkus cuando estalló el escándalo que obligaría a Juan Pablo II a retenerlo en el Vaticano para impedir que fuera detenido por las autoridades italianas. Posteriormente, sería enviado a Estados Unidos y alí viviría retirado en la pequeña ciudad de Sun City, en Arizona, bajo la protección de su pasaporte diplomático del Estado Vaticano, lo que le hacía intocable ante las autoridades estadounidenses. Monseñor Paul Marcinkus fallecería en el más absoluto olvido, el 20 de febrero de 2006, cerrando así una de las páginas más negras y tenebrosas de la larga historia de la Santa Sede.

Desde aquel 13 de mayo de 1981 se han escrito decenas de libros y reportajes sobre quién intento matar al papa Juan Pablo II aquella tarde en la Plaza de San Pedro. Se han buscado cientos de presuntos culpables y decenas de motivaciones políticas al complot. Se acusó a los iraníes, a los soviéticos, a la CIA, a los servicios secretos búlgaros y a Sergei Antonov, pero realmente nadie sabe a ciencia cierta —cuando han pasado más de treinta años— quién estuvo detrás del gatillo de Mehmet Ali Agca.
Pocos años después se sabría que tras el encuentro del 23 de diciembre de 1983 entre el sumo pontífice y Mehmet Ali Agca en la prisión de Rebibbia, Juan Pablo II ordenó a monseñor Luigi Poggi la paralización de toda investigación relacionada con el atentado. Como «orden pontificia», el espía papal lo asumió al más puro estilo vaticano. Es decir, echando un tupido velo sobre todo lo concerniente al 13 de mayo de 1981. El 24 de diciembre de 1983, dos agentes de la gendarmería vaticana transportaron en cajas herméticamente cerradas y selladas con el escudo papal todos los documentos relacionados con el atentado en la Plaza de San Pedro hasta el Archivo Secreto Vaticano, donde aún duermen en el olvido.

El papa Juan Pablo II tendría que esperar a la caída del comunismo y la desintegración de la Unión Soviética —casi cuatro años después de su encuentro con Mijaíl Gorbachov, para visitar Lituania, Letonia y Estonia. Sería entre el 4 y el 10 de septiembre de 1993. Después llegarían viajes pastorales a antiguos territorios de la URSS, como el que hizo a Georgia en noviembre de 1999; a Ucrania, en junio de 2001; a Kazajstán y Armenia, en septiembre de 2001, y a Azerbaiyán, en mayo de 2002. En el mes de marzo de 2002, la llamada «visita virtual» de Juan Pablo II a Moscú irritaría a la Iglesia ortodoxa rusa. En aquella ocasión, varios miles de fieles se reunieron en la catedral católica de la Inmaculada Concepción de María de Moscú para compartir sus rezos con el papa Juan Pablo II y otros fieles europeos en la primera videoconferencia internacional en la que el Vaticano había incluido a la capital de Rusia. El evento, que estuvo dedicado a la unidad de los cristianos, fue interpretado por los ortodoxos rusos como un paso más en el marco de una ofensiva misionera hostil.
Las tensiones entre la Iglesia católica rusa y la Iglesia ortodoxa se agudizaron a raíz de la creación de cuatro diócesis católicas en el territorio de la Federación Rusa. La Iglesia ortodoxa rusa era considerada hasta entonces como la fe mayoritaria de los rusos, pero los fieles activos y comprometidos con esta fe constituyen una comunidad más reducida en la práctica. Los dirigentes ortodoxos tienen una concepción patrimonial del territorio y del pueblo ruso, y acusan a la Santa Sede de intentar sacar dividendos de la tragedia y el genocidio sufridos por la ortodoxia en época comunista.
Mijaíl Gorbachov no pudo ser testigo de todos estos acontecimientos ya que tan solo un año y tres meses después de su encuentro con el papa Wojtyla, la Unión Soviética comenzó a disolverse. El 25 de diciembre de 1991 se desintegraba oficialmente. Debido a la negativa de los presidentes de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) de reconocer a los órganos centrales de poder, Gorbachov decidió presentar su dimisión como presidente de la Unión Soviética. Un año antes había recibido el Premio Nobel de la Paz.
Juan Pablo II diría sobre Mijaíl Gorbachov: «Creo que es un hombre de principios, de gran riqueza espiritual. Un hombre carismático que, sin ninguna duda, ha tenido una influencia decisiva en los acontecimientos del este europeo. Él no se declara creyente, pero conmigo, me acuerdo perfectamente, habló de la gran importancia que atribuye a la oración, a la dimensión interior del hombre. Creo firmemente que nuestro encuentro fue preparado por la Providencia».

Días después de ocupar la Silla de Pedro, tras la muerte de Juan Pablo II, el papa Benedicto XVI dijo: «Me parece sentir su mano (la de Juan Pablo II) fuerte que aprieta la mía. Me parece que veo sus ojos sonrientes y escucho sus palabras, que en ese momento me dice: No tengas miedo». Y sencillamente no tuvo miedo de anunciar su renuncia, haciéndose efectiva el jueves 28 de febrero, a las 20:00 horas (hora vaticana). Benedicto XVI acababa de provocar una de las mayores crisis de toda la historia de la Iglesia católica y del pequeño Estado Vaticano, pero también es bien cierto que mientras el mundo sigue girando, el Estado Ciudad del Vaticano, continúa moviéndose lentamente en su hermético mundo en el que todo aquello que no es sagrado, es secreto y en el que «todo el que sabe, no habla y todo el que habla, no sabe».

«Es importante hablar de la mafia, sobre todo en los colegios, para combatir la mentalidad mafiosa que vende la dignidad del hombre por poco dinero», decía Puglisi. El nombre del religioso, ahora beatificado, sigue siendo el gran símbolo de la lucha de la Iglesia contra la mafia, y así lo destaca la propia Agencia Central de Inteligencia en sus informes a Langley.

El inicio de esta cooperación de seguridad entre Estados Unidos y el Vaticano daría como resultado la entrada oficial de la gendarmería vaticana en Europol e Interpol, así como la creación del Grupo de Intervención Rápida (GIR), una especie de SWAT vaticana, que tiene como objetivo la lucha contra las actividades subversivas mediante el análisis y ajuste de información, así como el apoyo técnico y logístico a las actividades de investigación. Además, se ocuparía de llevar a cabo operaciones de rescate de rehenes y de actuar en situaciones de alto riesgo.
La segunda unidad que se creó fue la Unidad Antisabotajes (UAS) formada por personal altamente entrenado y equipado con equipo tecnológico sofisticado, con el fin de reconocer, neutralizar y poner en práctica todas las medidas de seguridad en caso de descubrimiento de paquetes o sobres sospechosos. Tanto los agentes del GIR como los de la UAS fueron entrenados en Quantico por especialistas del FBI, dentro del programa ATA. Los agentes de ambas unidades dependen de la gendarmería Vaticana y por consiguiente, están bajo el mando de Domenico Giani.
Estaba claro que ambas unidades iban a tener la oportunidad de poner en práctica lo aprendido durante la visita que el papa Benedicto XVI realizó al Reino Unido, entre el 16 y el 19 de septiembre de 2010. El viernes 17, en la mañana, Scotland Yard informó a la seguridad vaticana, de que el papa estaba en peligro y que la caravana papal podía ser atacada. A las 5:45 horas de la mañana, una unidad antiterrorista detuvo a cinco hombres y a las 13:45 horas, cayeron otros dos.
La policía metropolitana anunció que los seis detenidos, entre los 26 y 50 años y de origen argelino, estaban acusados de intentar matar al papa. Todos ellos «barrenderos», trabajaban en Westminster, exactamente en los lugares por donde debía pasar el sumo pontífice. Un portavoz policial declaró que las detenciones apuntaban más hacia un ataque contra el papa Benedicto XVI que a un ataque masivo como el sufrido en Londres el 7 de julio de 2005. Era la segunda alerta antiterrorista en menos de un año.
La Iglesia católica no ha dejado de ser objetivo del terrorismo islámico. El 31 de octubre de 2010, hubo un atentado islamista en la catedral de Sayidat al Nejat, situada en el distrito bagdatí de Karrada, en el que murieron 53 personas y otras 60 resultaron heridas. Pocos días después, el Estado Islámico de Irak (EII) —un conglomerado de grupos terroristas musulmanes liderado por Al Qaeda— amenazó nuevamente al Vaticano y al papa Benedicto XVI con «desatar mares de sangre» y declaró a los cristianos «blancos tangibles allá donde estén».
«Que sepan estos infieles y su cabeza del Vaticano que la espada de la muerte no se va a levantar de los cuellos de sus seguidores hasta que [el Vaticano] anuncie que no tiene nada que ver con lo que hacen los perros de la Iglesia egipcia […] para poner fin a los crímenes y poner en libertad a las detenidas en las cárceles de sus monasterios», dice en la nota en alusión a la supuesta retención de cristianas conversas al islam. El texto anunciaba «que todos los centros, organizaciones y organismos cristianos, con sus dirigentes y seguidores, son objetivos legítimos para los muyahidín allá donde puedan ser alcanzados».

Hay una urgencia cada vez mayor en el Vaticano sobre la necesidad de cambiar la actual cultura de comunicación. Las raras críticas públicas ofrecidas por el padre Lombardi y el cardenal Kasper sobre el papel de sus colegas en el escándalo lefebvrista son un fuerte indicador de inquietud interna. Hay una serie de propuestas que circulan para ayudar a solucionar el problema. Monseñor Tighe y el arzobispo Celli han confirmado en privado a la Embajada que hay discusiones en curso acerca de la oportunidad de que el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales asuma un mayor papel de coordinación en las decisiones importantes. El padre Lombardi ha propuesto en privado a su dirección la posibilidad de crear una oficina en la Secretaría de Estado para marcar decisiones potencialmente controvertidas y ha pedido recursos para preparar las traducciones de las principales declaraciones con mayor rapidez. Otros en el Vaticano cercanos al papa, han sugerido traer más hablantes nativos de inglés con cargos en el círculo íntimo del papa. Y no son pocas las voces que piden la eliminación del cardenal Bertone de su posición actual.

El papa Benedicto XVI daba un apoyo explícito a Estados Unidos, al presidente Barack Obama y a su política exterior al afirmar tras el encuentro que «rogaba por una autoridad mundial para gobernarnos a todos» y recalcando que «existe una urgente necesidad de una verdadera autoridad política mundial cuya tarea sea gestionar la economía mundial, revivir las economías afectadas por la crisis, evitar cualquier deterioro de la presente crisis y los mayores desequilibrios que podrían resultar. Esta “autoridad mundial” debería lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimentaria y la paz».
Cuando han pasado casi cinco años desde aquel encuentro, Benedicto XVI ya no ocupa la Silla de Pedro y Estados Unidos continúa con su política de abortos, transgénicos y experimentos con células madre, algo que sigue preocupando al papa Francisco y que seguirá siendo motivo de intenso y acalorado debate entre Roma y Washington.

Desde el viernes 23 hasta el jueves 29 de marzo de 2012, el papa Benedicto XVI iniciaba un viaje pastoral que le llevaría a México y Cuba. La visita a Cuba tenía por objeto afianzar la presencia de la Iglesia católica en la isla en unos momentos muy significativos. La jerarquía católica, tanto en La Habana como en el Vaticano, había desempeñado durante los últimos años un papel decisivo en la excarcelación de presos políticos, y Benedicto XVI y su secretario de Estado Bertone esperaban que estos esfuerzos se tradujeran en algún género de protagonismo cuando se iniciase la siempre demorada transición. El problema es que el régimen cubano había conseguido en todo momento utilizar el diálogo humanitario con la Iglesia con el fin de impedir el diálogo político. En la estrategia diseñada por la diplomacia vaticana, el viaje papal a Cuba debía servir para contrarrestar lo que percibía la Santa Sede como una parálisis política, pero la negativa de Benedicto XVI a reunirse con la oposición tampoco ayudó a que esta parálisis dejase de ser tal. La famosa «ambigüedad diplomática vaticana» entraba en juego una vez más.

El 26 de febrero de 2010, la embajada de Estados Unidos ante la Santa Sede enviaba un telegrama clasificado como «secreto» y «prioridad» a la Secretaría de Estado en Washington y a las misiones estadounidenses ante la Organización de Naciones Unidas en Nueva York y Ginebra. El objeto del mensaje era informar de que «el escándalo de los abusos sexuales socava las relaciones Irlanda y el Vaticano, sacude a la Iglesia de Irlanda, y requiere cambios de la Santa Sede».
Tan solo tres meses antes, en noviembre de 2009, el informe sobre las acciones de cobertura realizadas por los obispos locales irlandeses en las revelaciones de abuso físico y sexual de menores por parte del clero del país, conmocionó a los católicos y a muchos otros en todo el mundo. La primera preocupación de los altos funcionarios del Vaticano e Irlanda fueron las víctimas, pero la realidad a veces se vio ensombrecida por los acontecimientos que siguieron y hasta supusieron un grave enfriamiento de las relaciones entre la Santa Sede y la católica Irlanda.
El Vaticano se quejaba amargamente de que el gobierno irlandés no había respetado y protegido la soberanía de la Santa Sede durante las investigaciones.
Gran parte de la opinión pública irlandesa veía las protestas del Vaticano como mezquinamente procesales y como una forma de crear humo para apartar la atención del centro del problema, que eran los abusos, y que la Santa Sede por su lado había sido incapaz de resolver el problema real de los terribles abusos y así como su encubrimiento por parte de funcionarios de la Iglesia.
La profunda crisis que se provocó en la Iglesia de Irlanda acabó con la petición de intervención del papa Benedicto XVI, quien se reunió con los líderes de la Iglesia de Irlanda en diciembre de 2009, y nuevamente en febrero de 2010, para discutir los próximos pasos a seguir. Aunque el papa enviara una carta pastoral sobre la situación de los católicos irlandeses, el Vaticano y la Iglesia católica local estuvieron de acuerdo en que la crisis debía ser gestionada a «nivel local» en Irlanda.
La orden católica más afectada por las acusaciones en el Informe Ryan anunció que pagaría 161 millones de euros a las víctimas dentro de un paquete de reparación por los abusos sufridos.
Tras una serie de investigaciones abiertas por diferentes gobiernos, comités independientes y agencias internacionales, se descubriría que los abusos sexuales a menores por parte de miembros de la Iglesia católica habían sucedido de forma repetida a lo largo de décadas en 26 países de cinco continentes y fueron encubiertos por las máximas jerarquías eclesiásticas de los países donde sucedieron y por el propio Estado Vaticano. Los países eran Kenia, Tanzania, Filipinas, Austria, Bélgica, Croacia, Francia, Alemania, Irlanda, Italia, Malta, Holanda, Noruega, Polonia, Eslovenia, Suecia, Gran Bretaña, Canadá, México, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Argentina, Brasil, Chile y Perú.

El Vaticano rechazaba todas las acusaciones sobre el comportamiento del papa Francisco durante la dictadura argentina, calificándolas de «campaña de difamación». El padre Federico Lombardi afirmó que «jamás ha habido una acusación creíble» contra el nuevo pontífice y argumentó que esos cuestionamientos no son sino calumnias que forman parte de una campaña difamatoria procedente de una izquierda anticlerical.
El diario argentino Clarín publicaba en exclusiva un fragmento de la declaración de Bergoglio en 2010 como testigo por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura de Videla. El 8 de noviembre de 2010, Bergoglio declaró que se había reunido con los curas jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics para que «tomaran medidas prudenciales» dadas las críticas que recibían de algunos sectores y tras el asesinato del sacerdote Carlos Múgica.

La visita privada que realizó la presidenta de Argentina a la Santa Sede el 18 de marzo de 2013, cinco días después de la elección de Bergoglio como papa, supuso el primer paso para una tregua. La relación de Bergoglio con Cristina y Néstor Kirchner fue compleja, con varios momentos de tensión por las críticas del arzobispo porteño y cardenal argentino a las políticas sociales y al estilo de gobierno de los peronistas. Bergoglio llegó a cuestionar en una de sus homilías «el exhibicionismo y los anuncios estridentes de los gobernantes». En otra llegó a manifestarse en contra de los «internismos» y las «intolerancias», al tiempo que renovó su llamado a combatir la pobreza, la corrupción y los problemas sociales.
El sábado 5 de octubre de 2013, el sumo pontífice cerraba una página de su propia historia cuando decidió recibir en el Vaticano al padre Francisco Jalics. Aunque el portavoz vaticano no dio detalles del encuentro, el mismo tuvo una gran importancia en parte debido a que en esas mismas fechas salía en Italia el libro escrito por el periodista Nello Scavo titulado La Lista de Bergoglio, con prólogo de Adolfo Pérez Esquivel, en el que se detallaba cómo el entonces padre Jorge María Bergoglio en realidad había protegido y ayudado a huir a un centenar de personas perseguidas por la dictadura argentina.

El lunes 10 de diciembre de 2012 hasta el martes 8 de enero de 2013, pero se sospecha que la NSA continuó interceptando las comunicaciones de la Santa Sede tras conocerse el anuncio de la renuncia al pontificado del papa Benedicto XVI, que se hizo efectiva el 28 de febrero. El semanario añade que el espionaje duró todo el Cónclave para elegir al nuevo papa. Entre las conversaciones escuchadas estarían las que se producían en la Domus Internationalis Paulus VI, en la via della Scrofa 70, la residencia romana donde se alojó el entonces arzobispo de Buenos Aires, cardenal Bergoglio, antes de que comenzase el Cónclave en el que saldría elegido sumo pontífice el 13 de marzo de 2013. La revista Panorama recordaba que el nombre del ahora papa Francisco ya había aparecido en los documentos filtrados por Bradley Manning (actualmente Chelsea Manning), el analista militar que entregó al portal Wikileaks de Julian Assange miles de documentos secretos. Wikileaks desvelaba telegramas diplomáticos e informes de inteligencia, incluidos memorandos de la estación CIA Buenos Aires, en los que se hablaba del cardenal Jorge Mario Bergoglio como uno de los papables en el Cónclave de 2005, así como otros documentos fechados en 2007 que destacaban su «mala relación» con el entonces presidente Néstor Kirchner.
La Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos se apresuró a asegurar que las informaciones sobre la supuesta interceptación de llamadas al Vaticano, al IOR, al sumo pontífice, a los altos funcionarios de la Santa Sede, y a los cardenales estadounidenses «no eran ciertas», y aseguró que el Vaticano no figuraba entre los objetivos de sus servicios de vigilancia. «Las informaciones que aseguran que la NSA espió al Vaticano, publicadas por la revista italiana Panorama, no son ciertas», afirmó Vanee Vines, portavoz de la NSA, mediante un comunicado oficial.
Lo que si está claro es que para el próximo Cónclave que se celebre en el Vaticano, cuando los hombres de la Gendarmería Vaticana realicen los barridos por la Domus Sanctae Marthae y la Capilla Sixtina con el fin de evitar la colocación de micrófonos ocultos, deberán pensar también en los satélites de la Agencia de Seguridad Nacional que sobrevuelan en el espacio, a cientos de kilómetros de altura de la Santa Sede. Ahora, cuando el encargado de ceremonias pontificias pronuncie el tradicional extra omnes (todos fuera), deberá también mirar al cielo esperando que la NSA haya desconectado sus satélites.

The books of this author are always interesting and under the heading “the dark relations between the CIA and the Holy See”, reveals some light in the darkness rather than opaque of this institution. I thought it was a magnificent book by the author .

Many in the Vatican apparatus affirm that it would not be impossible to see Pope Francis visiting the Communist leaders of Peking or even Pyongyang. The truth is that everything is possible in the Vatican of Francisco, and despite the good words, media actions and others, for now many are still waiting for that big Big Bang that the Curia needs and that the believers ask for.
The best definition of what this new papacy wants in terms of foreign policy, unlike that carried out by Pius XII (anti-communism), John XXIII (of approach), Paul VI (of pacifism) and, of course, John Paul II (of centralism, interventionism and anti-communism), was given by Secretary Parolin himself when he said: “[…] I do not want the diplomacy of the major incumbents, but diplomacy that is effective. We do not seek, I believe, popularity. Honestly, none of us wants it, only the effect. And we have to take into account what the Gospel says: do not know your left hand what your right hand does ». In front of critics who defend “Rome is doing very badly; Rome has no north; Rome is of the left “, the defenders of the Argentine affirm that” the Pope is a man of action; a Jesuit, the Marines of the Church and, therefore, will know how to win every little battle. He is trained for it ».

On March 7, 1921, Eugenio Pacelli wrote again to Pietro Gasparri to know the position of the Supreme Pontiff, but this time the Cardinal Secretary of State advised Benedicto XV not to intervene in defense of the German citizens who were attacked. From that very moment the reproaches and diplomatic protests from the Holy See to the government of Paris stopped. The truth is that although in London and Washington criticism of France for the case of the “Black Shame” did not have the desired effect, the government of President Alexandre Millerand decided to gradually replace the colonial regiments stationed on the Rhine by metropolitan units .
In 1923, the League of Women of the Rhineland, published a long pamphlet in which were revealed about a hundred atrocities committed by the French indigenous troops in the occupied areas. The list ranged from rape and murder, attempted rape, bestiality, abuse of children, the “nothing natural” (form of the League to define homosexuality or pedophilia) the use of men and the rape of wives and daughters in front of husbands and parents. The accusations about the so-called “Black Shame” in the Rhineland continued until Hitler resumed that region years later. The events that occurred in the Rhineland in the 1920s would be denounced by Adolf Hitler, in his book Mein Kampf (My Struggle), as an “inadmissible flow of black blood on the Rhine”, and presupposing that behind it there existed a Jewish maneuver against of the Aryan race. Even when German troops invaded France in 1940, they ordered the execution of almost 8,000 colonial officers and soldiers fighting in the French army and taken prisoner by the Wehrmacht.
What was most interesting about the Guerri affair was that at no time did the Congregation [for the Cause of Saints] consider reopening the cause. For this, I was told that the Congregation could be put in an untenable position by guessing an infallibility in the making of the saints: the pope’s judgment is final and irrevocable, and Catholics are not allowed to question the sacredness of any saint , papally canonized.
However that may be, Pius XII’s opinion about race and war did not move one iota until the day of his death, not even when the allied commander in chief, General Dwight D. Eisenhower, rejected the request of the Pius XII. Supreme Pontiff to withdraw the colored soldiers belonging to the American troops stationed in Rome liberated. The racism and anti-Semitism shown by Pope Pius XII, both during his years as cardinal and during his years as Supreme Pontiff, continues to be one of the great obstacles to the continuation of the cause of his canonization by the Congregation for the Cause de los Santos, and the documentary evidence we refer.

“The CIA very soon made the decision that the Nazis were more valuable as allies and agents than as war criminals,” said Victor Marchetti, a former CIA officer, when he discovered the role played by the Central Intelligence Agency and the Church. in the perpetuation of Nazi indignity. “They get a little crazy [the Vatican and the CIA] when you let a thing [anti-communism] take charge of something, to the extent that you forgive everything else [the crimes of National Socialism],” Marchetti said.
Graham defined the Holy See as “the main organization involved in the illegal movement of fugitives. […] Clerical figures are involved and operate under the benevolent patronage of the Vatican. […] and all the agencies that operate in conjunction with or under the protection of the Vatican are financed with Vatican funds. Substantial sums of money are being generously spent in the promotion of this work. ” Another agent of the US Military Counterintelligence Corps, Henry Nigrelli, reported in late 1946 that “the Holy See is entangled in a plan to organize emigration to South America, and whose real purpose is to combat communism.”
According to figures from the Directorate of Migration of Argentina, it is estimated that around 5,000 people arrived in the country during the postwar period, of which 2,000 arrived from Hamburg, another 2,000 from Munich and about one thousand more from Italy, specifically from organizations under jurisdiction of the Holy See.

In 1945, the political situation in Italy and the greater weight of the Communists in the internal politics of the country became the main concern of Pope Pius XII. After the collapse of fascism, Italy needed a political identity, new political parties. Quickly, two large blocks were presented with the full weight of the propaganda before the eyes of the Italians, the Italian Communist Party, which considered Stalin as a true hero, the true defender of social justice and one of the great victors of Nazism and fascism, in front of a type of American life, represented in those days by the allied soldiers. While the PCI appeared brandishing the sickle and the hammer, most Italians preferred Coca-Cola, Lucky Strike cigarettes, chewing gum and Reader’s Digest, which reached half a million Italians. But Pope Pius XII despised both systems, which he accused of being completely foreign and un-Italian.
Despite the Vatican campaigns and papal decrees, the Italian Communist Party continued to have not only a presence in the politics of the country, but also the same percentage of votes in the following elections, but there is no doubt that the campaigns launched by the Holy The headquarters against the PCI helped maintain the hegemonic positions of the Christian Democrats.

The situation of the Jews of Europe had changed dramatically in the decades of the 1930s and 1940s, and international support for the creation of a Jewish state had been boosted in part because the winning powers of World War II needed to purge their faults by not having done more during the Holocaust. Pope Pius XII perceived that there was no need to discuss this question, mainly because Vatican policy was against the Holy Land being left in Jewish hands or any other religion.
Pius X (1903-1914) would be the first to increase financial support to the almost thirty religious orders, to almost twenty convents and monasteries, to eighty hospices and to five hospitals that were in Palestine. The Pope knew that Jewish aspirations were not only to settle in the land of Palestine, but also to control the city of Jerusalem. Pius X received considerable information from Theodor Herzl himself, who sought the Holy See’s support for Jewish aspirations in that area of ​​the Middle East.
Pope Pius X confessed to his secretary of state, Cardinal Rafael Merry del Val, that the Holy See could not stop the Jewish plans regarding Palestine, but added that they would oppose the creation of a Jewish state there. The Pope added that, if all the Jews wanted was to establish agricultural colonies in Palestine, Rome would make an effort to support the humanitarian effort and that it would not impede the enterprise.
During the following years, the Vatican, already under the pontificate of Pope Paul VI, continued to press internationally for Israel to comply with the UN resolution on the internationalization of Jerusalem and to withdraw its military forces from the eastern part of the country. city. On June 28, 1967, only eighteen days after the end of the Six Day War, the CIA informs Director Richard Helms, President Lyndon B. Johnson and Secretary of State Dean Rusk in his Central Intelligence Bulletin. under the classification of «top secret», on the diplomatic movements that are taking place regarding the Arab-Israeli problem and the city of Jerusalem. In the final paragraph of the document, CIA analysts criticize the Vatican’s harsh position in supporting the internationalization of the Old City in the face of Italy’s more moderate position.

The beginning of the conflict with the Church in Argentina really erupts when the government of General Juan Domingo Perón officially suppresses religious education in schools throughout the country. It also approves the first law of divorce linking, it dictates the equalization of illegitimate children with the legitimate ones, and approves the project of constitutional reform that declares the separation between Church and State. Between 1954 and 1955 a strong confrontation between Perón and the Catholic Church began, a traditional institution in the country that had been an ally of its government until then.
In reality, Perón’s break with the Church was not due to a single cause, but to a sum of factors. The truth is that the conflict was raised in all its harshness on November 10, 1954, when Perón said publicly, in a meeting of governors, that in Argentina there were priests and prelates who were deploying “disturbing activities”. After appointing one by one those priests who acted, supposedly, as enemies of his government, Perón stressed that they belonged, mainly, to three dioceses: Cordoba, Santa Fe and La Rioja, and directly accused the archbishops of these provinces, Monseñores Fermín Lafitte, Nicolás Fasolino and Froilán Reinafé, to allow it. The Peronist propaganda apparatus also accused the apostolic nuncio Mario Zanin of being behind these political activities.
Almost sixty years later, the conflict between Peronism and the Church was an understandable consequence of the state of omnipotence to which General Perón had come as his power consolidated. It has also been pointed out that the link with the ecclesiastical hierarchy deteriorated because, in the 1950s, the Peronist regime made public its desire to educate the new generations of Argentines in the so-called “Justicialist twenty truths,” which implied a politicization of the teaching that the Church saw, rather than with concern, with absolute distrust.
Other historians also claim that among the possible causes of the state-church rupture would be the rivalry for social assistance programs between Catholic charitable organizations and the Eva Perón Foundation. It was only two years since Evita had died, and her husband, General Perón, wanted to keep the memory of his deceased wife among the less favored of Argentine society, even at the cost of erasing the Catholic Church from social work. .
The excommunication issued on June 15, 1955 by Pope Pius XII to Perón was never suspended. In 1963, Peron asked the Holy See, already under the pontificate of Paul VI, an official statement about his canonical situation. The Vatican responded that it had “no outstanding issues” with the Church.

The resignation of Stanislaw Wielgus as archbishop of Krakow, just a day after he was appointed, convinced Janusz Bielansky, parish priest in Wawel Cathedral, to also resign before it was made public that he was also an informer of the SB ( Security Service). Bielansky was a close friend of Stanislaw Dziwisz, private secretary of John Paul II, now cardinal and archbishop of Krakow.
According to official sources, it is believed that almost 2,600 priests collaborated with the Polish Communist secret police in the seventies, about 15% of the clergy of all Poland. The historian Roman Graczyk, author of the book On the Trail of the SB, one of the great defenders of the need to expose the dossiers, admits to having experienced a certain “human piety when studying certain cases. Although piety does not mean absolution ». We also know now how the story ended, with Karol Wojtyla as supreme pontiff and defeated communism, in the difficult years in which rebellion was possible, and it is shown precisely by the archives of the archives, replete with reports that would indicate with names and surnames how Many priests and bishops refused to collaborate with the communist regime.

Many are interested in projecting the image of a brave and persecuted Church at the end of tyranny and, simultaneously, in erasing the history of privileges, enrichment, submission and silence of the Catholic Church in the face of the crimes against humanity perpetrated by Trujillo and his security forces, as against the Haitians in 1937 and, to a greater extent, against the own Dominican citizens who opposed the reign of terror that Trujillo imposed for three decades.
Many Vatican historians do real magic to try to make a “clean slate” with the attitude of the Church during the regime of Rafael Leónidas Trujillo. Most of them criticize trujillismo, but hide the role that the Church had in providing the regime, through its liturgy and prayers for the Chief, a formidable propaganda apparatus and a basic pillar in the maintenance of the regime of terror. Many were the ones who sustained the regime with their interested silence. From Popes, like Pius XI and Pius XII, to Secretaries of State, like Cardinal Luigi Maglione, passing by nuncios, like Monsignor Giuseppe Fietta, Alfredo Pacini, Francesco Lardone or Salvatore Siino, and archbishops, like Monsignor Adolfo Nouel, Octavio Antonio Beras or Ricardo Pittini Piussi.
On May 30, 1961, at 9:45 a.m., exactly at kilometer 9 of the Santo Domingo-San Cristóbal highway, a group of former officials and military personnel of the Trujillo government attacked the dictator’s car as it left the city. capital to go to his hacienda Foundation. The vehicle received more than sixty bullet wounds, of which seven hit the body of the dictator Trujillo, causing his death.

Many Vaticanists and Hispanists say that the Spanish Transition begins in December 1966, when the Second Vatican Council ends and Pope Paul VI decides to turn his gaze to the country ruled by Franco for twenty-seven years. The idea of ​​the pontiff was to give a return to the Spanish Episcopal Conference (CEE), which until then had been monolithic in its support for the dictator. Actually, it was John XXIII who sought such an end when he appointed, on April 28, 1962, apostolic nuncio in Madrid to Monsignor Antonio Riberi, and as second of the diplomatic legation to the combative Giovanni Benelli.
Years later, Paul VI managed to overturn the EEC, reconverting the old conservative bloc in a new opening conference. The hand of executioner of the pope would be on this occasion the nuncio Luigi Dadaglio, who replaced Riberi on July 8, 1967. Dadaglio’s orders were to carry out this action with the help of that until that moment had been identified as a conservative Franco, Monsignor Vicente Enrique and Tarancón, then archbishop of Oviedo. The plan of the Vatican was to elevate it to the cardinal, which the pope did on April 28, 1969, and put him in charge of the Spanish Episcopal Conference and the powerful Archbishopric of Madrid (December 3, 1971). Montini identified himself politically as a convinced Christian Democrat with inclinations towards the center-left and dominated by French culture.
The truth is that all the Spanish bishops had forgotten the words of John XXIII when he said that “religious freedom owes its origin, not to the churches, not to the theologians, and not even to the Christian natural right, but to the modern State, to the jurists and the rational worldly right, in a word, to the secular world ». In spite of everything, the situation of the protestants in Spain, to which the propaganda of the regime compared with the freemasons, did not improve. Nor with the pressure exerted from the White House on the Spanish Foreign Minister, Fernando María Castiella. It was clear that relations with the Holy See were more important to Franco than to Washington. Before God and the spirit that the dollar and the economy.
Many analysts today say that those cultural, economic and political changes in Spain in the fifties and sixties, which began with the visit of Eisenhower and the arrival of Cardinal Roncalli (John XXIII) and later of Montini (Paul VI) to the Chair of Pedro, facilitated the triumph of the Spanish Transition years later, but it is also true that the role played by the Spanish Catholic Church in connivance with the Franco regime continues to be a point of discussion among historians and, of course, a dark chapter that the Church and its bishops try to make forget in the Spain of today.

In the face of the government’s accusation of the existence of a clandestine Church not authorized by the current legal norms, the Vatican did not deny the Czechoslovak delegation that the existence of clandestine bishops was an anomalous religious situation, but it clarified that if there were religious freedom in Czechoslovakia, there would be neither bishops nor clandestine priests in the interior of the country.
From the so-called Charter of 77 would emerge, on November 18, 1989, the Civic Forum, which would unleash the Velvet Revolution led by Václav Havel. In 1987, more than 400,000 Czechoslovaks signed a petition to the government urging it to allow the Catholic Church to operate freely throughout the territory and without State intervention. The repression of a demonstration, on November 17, 1989, by the police forces provoked a wave of protests, thus giving rise to the so-called Velvet Revolution.
On December 18, 1989, Alexander Dubèek was elected as President of Parliament and Václav Havel as the new President of Czechoslovakia. The latter made an oath in which he excluded any reference to socialism. In June 1990, the first free elections were held since 1946, putting an end to almost four decades of persecution of the Catholic Church and the restoration of diplomatic relations with the Holy See.
On January 1, 1993, Czechoslovakia would be dissolved peacefully, forming two new nations in Europe, the Czech Republic and the Slovak Republic. Pope John Paul II would appoint Archbishop Giovanni Coppa as apostolic nuncio in the Czechoslovak Republic on June 30, 1990. After the separation in both states, Coppa would assume the ownership of the two nunciatures, in Prague and Bratislava.

According to the 1948 Pontifical Yearbook, in China, the most populous country in the world, there were 5,698 priests, 1,077 religious and 7,472 religious. In that year, the clergy was formed in 26 major seminaries and the Church dealt with 216 hospitals, 6 leprosaria, 71 medical dispensaries and 254 orphanages, while teaching in 3 universities, 189 high schools and secondary schools, 2011 elementary schools and 2,242 catechetical schools. It also published 55 magazines and newspapers in 32 printers, and owned the largest library in the country, that of the Jesuits in Sanghai.
The truth is that the first contact of Christianity with China occurred in the seventh century, through Nestorian monks, heirs of the Christological heresy of the monk Nestorius of Alexandria. But it was not until the thirteenth century, when Pope Innocent IV sent the Franciscan monk Giovanni di Montecorvino to Peking, in 1294, that Christianity remained in the Asian country.
The situation in which many bishops find themselves in China, a situation that the CIA analysts define as “limbo”. Two events, the 2008 Olympic Games and the 60th anniversary of the People’s Republic of China in 2009, cause a halt in the tensions between China and the Catholic community in the interior of the country and the Vatican, according to analysts:
If the dream of John Paul II since he came to the papacy in 1978 was to tear down the Iron Curtain, the dream of Pope Francis will be to tear down the Bamboo Curtain. In fact, the normalization of Roma-Beijing relations will be one of the priority objectives of the Secretary of State, Pietro Parolin. Even beginning with a trip of the Pope to China and closing diplomatic relations with Taipei in exchange for doing so with Beijing. On the other hand, China has already made public several times its sincere desire to establish diplomatic relations with the Vatican, but insists that for this, Francisco must treat Taiwan as part of China.
If Pope Francis succeeds in smoothing the differences between Beijing and Rome, the merger between the official Church and the clandestine Church would be nothing traumatic, since Chinese Catholics in general, and the ecclesiastical hierarchy of the two Churches in particular, are willing to submit to the mandate of the Supreme Pontiff. If all this happens, maybe we can see a Pope from Rome giving mass on the floor of the People’s Republic of China.

Since 1964, anti-American sentiment had grown in Chile, and was due, in part, to the resentment produced by Washington’s interference in the country’s internal affairs. The left press constantly accused the CIA of having intervened in the 1964 elections. Furthermore, in 1965, the revelation of the existence of the Pentagon Camelot project had also contributed to damaging the image of the United States. The project was based on a broad sociological study aimed at investigating the possible techniques to combat uprisings in Latin America. The most curious thing of the case is that Chile was not at all one of the priority objectives of Camelot.
When the Chilean press echoed Camelot, all the social nuclei, except the Army, criticized the interventionism of the White House in the internal affairs of the countries of the region.

The relationship between the Vatican of Pope Paul VI and Catholic Spain under the regime of General Francisco Franco was not always a path of roses and much less after reading the different telegrams sent from the CIA station Madrid and CIA Rome to his headquarters in Langley and from its Embassies in the Spanish and Italian capital to the Department of State, between the months of December of 1973 and October of 1975. The first of them, written on December 1, 1973, through the Central Intelligence Bulletin, and classified « ultrasecreto “, makes on pages 15 and 16 a reference to the origin of these bad relationships. The heading of Spain is entitled “Spain: The severe actions of the government this week on the State-Church problems are likely to provoke new protests and worsen the climate of negotiation for a Concordat with the Vatican.”
The sudden return of six priests to the special jail in remote Zamora, where they have resumed their hunger strike, nullifies the conciliatory effect of the anticipated transfer by the government of these priests to a regular prison in Madrid.
The Vatican considers the presence of the nuncio in Madrid necessary to avoid more irrational movements by the government of Spain that may lead to the total breakdown of relations. Second: the hope of the Vatican to exercise through the nuncio a moderating influence on the government of Spain because it fears the consequences of a possible precipitate collapse of the current order in Spain. Third: the Vatican believes that the return of the nuncio will signal to the government of Spain the convenience of authorizing the soon return of the Spanish ambassador to the Holy See. Fourth: the Vatican strives to inculcate the idea in the government of Spain, through various means that it would be in its own interest to cool the dispute quickly with the Vatican instead of prolonging it and therefore the risk of the consequences of a confrontation internal by the opposition of the most militant Church. Comment: We also think that the Vatican considers the continuity of diplomatic relations with the government of Spain important, due to the main outstanding issues between Church and State, as the various vacant bishoprics and Concordat revision talks now stalled.
The situation has become so tense between Rome and Madrid that both countries decide in 1973 to withdraw their respective ambassadors, Monsignor Luigi Dadaglio in Madrid, and Juan Pablo de Lojendio in the Vatican. It would not be until 1977, well into democracy in Spain, when the then government of Adolfo Suarez decided to appoint Ángel Sanz Briz as ambassador to the Holy See, also known as “the Angel of Budapest” or “the Spanish Schindler”. Sanz Briz became famous when, being a young diplomat stationed in Hungary during the Second World War, he saved thousands of Jews from deportations to the extermination camps.
Francisco Franco died on November 20, 1975, giving way to the arrival of democracy in Spain after thirty-nine years of dictatorship. Monsignor Antonio Añoveros never went into exile as desired by Carlos Arias Navarro, and remained in his episcopal headquarters until he resigned on September 25, 1978. He died in Bilbao on October 24, 1987, at 78 years of age.

The arrival of Karol Wojtyla opened a new era of cooperation between Langley and Rome, but also great unknowns to the millions of Catholics around the world. Wojtyla was different to many for various reasons: he was the first non-Italian pope since the sixteenth century (his non-Italian predecessor was the Dutch Hadrian VI); he was the first pope of a communist country, and the only pope until then without experience in the curial machinery. John Paul II would arrive at the Vatican in difficult times for Catholicism. Karol Wojtyla knew that, like the cardinals who elected him, that communism was going to be the great enemy to beat and the CIA, he knew that another John XXIII or Paul VI could spell disaster for US foreign policy.
John Paul II proved to be an aggressive and astute statesman who knew how to use his good relations with Langley for his own benefit. However, the events of Pope John Paul II often did not reflect his words.
With the arrival of John Paul II in the Chair of Peter, the CIA established a line of direct communication with the pontiff that would form, during the 26 years and 4 months that Wojtyla would reign in the Holy See, one of the closest alliances between Langley and Rome. The truth is that on the new axis Langley-Rome that was formed in 1978 could be applied the phrase pronounced by the former CIA agent Victor Marchetti to say that “when the CIA goes to church, rest assured that it will not pray »

A firm opponent of the Brazilian dictatorship that ruled the country between 1964 and 1985, the archbishop found a moderate support in the Vatican of Paul VI, but his disagreements with John Paul II were increasing over the years. Part of the Roman curia and Karol Wojtyla himself pointed to Câmara as one of the bishops responsible for supporting the Theology of Liberation and for promoting its development in the country with the largest number of Catholics in the world. After the military coup of 1964, Monsignor Hélder Câmara summed up his relationship with the military in a phrase that his followers remember with admiration: “If I give food to the poor, they [the military] call me a saint. If I ask why the poor do not have food, they call me a communist».

Karol Wojtyla will undoubtedly be considered one of the greatest communicators that have existed in the 20th century. His prodigious production, in twenty-six years and four months of pontificate, is almost equal to that of the musical group Rolling Stones, in fifty-two years of career. Millions of written words, sermons, encyclicals, books, videos, discs, etc. However, John Paul II was accused of having filled stadiums, but also of having emptied churches, and perhaps with reason if we are sent to the tests. The best phrase to summarize his long pontificate, would be the one pronounced by the Jesuit priest in charge of organizing the trips of the pontiff. They say that one day, after completing an exhausting tour of Asia, Pope John Paul II asked him: “Tell me, father, what did you think of the tour?” The Jesuit, after a few seconds, replied: “Know, sanctity. I think that people keep the music, but not with the lyrics ». And maybe that really was the papacy of Juan Pablo. The truth is that, despite having been defined as the first “global pope,” in the twenty-six years and four months of pontificate he did not fill the churches. Quite the contrary. When John Paul II died, the number of Catholics amounted to 1,086,000,000 believers.
But if we analyze the pontificate of Wojtyla, the figures can be impressive: 102 trips; 129 nations visited; 697 cities visited; 1,200,000 kilometers traveled; 578 travel days; 143 trips made within the territory of the Italian Republic; 703 interviews with heads of state and government; 226 prime ministers received in audience; 1,060 public hearings held in the Vatican; 14 published encyclicals; 14 apostolic exhortations; 42 apostolic letters; 11 apostolic constitutions; 1,318 proclaimed beatatos; 49 canonization ceremonies; 476 saints; 8 consistories convened for the appointment of 201 new cardinals; 321 ordained bishops; 2,125 ordained priests; 6 plenary meetings of the College of Cardinals; 6 Synods of ordinary Bishops; 1 extraordinary Synod of Bishops; 7 Special Assemblies of Bishops, and 1 particular Synod of Bishops.

One of the greatest virtues of the Vatican, at least from the political and diplomatic point of view, is ambiguity or, what is the same, the politics of palo and carrot. An example is the case of Argentina and its dictatorship, with which the Vatican of John Paul II made this policy of carrot and diplomacy of the carrot. Even today, when the military dictatorship ended in that country more than three decades ago, many voices continue to openly criticize the Vatican ambiguity with the military and with the victims.

On March 22, 1986, Michele Sindona would be poisoned with cyanide mixed with coffee in the Italian prison of Voghera, where he had been held after being extradited by the United States. The one who was a mafia banker would die in his cell without anyone coming to help him and only two days after a jury sentenced him to life imprisonment and declared that if nobody helped him, “he would tell everything he knew about the relations of the mafia and the Vatican and the role of some papal departments like the IOR ».
The cardinalate was already almost within reach of Marcinkus when the scandal broke that would force John Paul II to keep him in the Vatican to prevent him from being arrested by the Italian authorities. Later, he would be sent to the United States and Ali would live retired in the small city of Sun City, Arizona, under the protection of his diplomatic passport of the Vatican State, which made him untouchable before the US authorities. Monsignor Paul Marcinkus died in the most absolute oblivion, on February 20, 2006, thus closing one of the darkest and darkest pages of the long history of the Holy See.

Since that May 13, 1981, dozens of books and reports have been written about who tried to kill Pope John Paul II that afternoon in St. Peter’s Square. Hundreds of alleged guilty and dozens of political motivations have been sought to the plot. The Iranians, the Soviets, the CIA, the Bulgarian secret services and Sergei Antonov were accused, but nobody really knows for sure – after more than thirty years – who was behind the trigger of Mehmet Ali Agca.
A few years later it would be known that after the meeting of December 23, 1983 between the Supreme Pontiff and Mehmet Ali Agca in the prison of Rebibbia, John Paul II ordered Monsignor Luigi Poggi to stop all investigation related to the attack. As “papal order”, the papal spy assumed it in the purest Vatican style. That is, throwing a thick veil over everything concerning May 13, 1981. On December 24, 1983, two agents of the Vatican gendarmerie transported in boxes hermetically sealed and sealed with the papal shield all documents related to the attack on St. Peter’s Square to the Vatican Secret Archive, where they still sleep in oblivion.

Pope John Paul II would have to wait for the fall of communism and the disintegration of the Soviet Union – almost four years after his meeting with Mikhail Gorbachev, to visit Lithuania, Latvia and Estonia. It would be between September 4 and 10, 1993. Then pastoral trips to former USSR territories would come, like the one he made to Georgia in November 1999; to Ukraine, in June 2001; to Kazakhstan and Armenia, in September 2001, and to Azerbaijan, in May 2002. In March 2002, the so-called «virtual visit» of John Paul II to Moscow would irritate the Russian Orthodox Church. On that occasion, several thousand faithful gathered at the Catholic Cathedral of the Immaculate Conception of Mary in Moscow to share their prayers with Pope John Paul II and other European faithful in the first international videoconference in which the Vatican had included the Russia’s Capital City. The event, which was dedicated to the unity of Christians, was interpreted by the Russian Orthodox as another step in the framework of a hostile missionary offensive.
The tensions between the Russian Catholic Church and the Orthodox Church were heightened by the creation of four Catholic dioceses in the territory of the Russian Federation. The Russian Orthodox Church was considered until then as the majority faith of the Russians, but the faithful active and committed to this faith constitute a smaller community in practice. The Orthodox leaders have a patrimonial conception of the territory and the Russian people, and accuse the Holy See of trying to extract dividends from the tragedy and genocide suffered by the orthodoxy in communist times.
Mikhail Gorbachev could not witness all these events since only one year and three months after his meeting with Pope Wojtyla, the Soviet Union began to dissolve. On December 25, 1991, it officially disintegrated. Due to the refusal of the presidents of the Commonwealth of Independent States (CIS) to recognize the central organs of power, Gorbachev decided to submit his resignation as president of the Soviet Union. A year earlier he had received the Nobel Peace Prize.
John Paul II would say about Mikhail Gorbachev: “I think he is a man of principles, of great spiritual wealth. A charismatic man who, without any doubt, has had a decisive influence on events in Eastern Europe. He does not declare himself a believer, but with me, I remember perfectly, he spoke of the great importance he attributes to prayer, to the inner dimension of man. I firmly believe that our meeting was prepared by Providence ».

Days after occupying the Chair of Peter, after the death of John Paul II, Pope Benedict XVI said: “I seem to feel his strong hand (that of John Paul II) that squeezes mine. I think I see his smiling eyes and listen to his words, which at that moment tells me: Do not be afraid ». And he simply was not afraid to announce his resignation, becoming effective on Thursday, February 28, at 8:00 pm (Vatican time). Benedict XVI had just caused one of the greatest crises in the entire history of the Catholic Church and the small Vatican State, but it is also true that while the world continues to turn, the Vatican City State continues to move slowly in its hermetic world. that everything that is not sacred is secret and in which “everyone who knows does not speak and everyone who speaks does not know”.

“It is important to talk about the mafia, especially in schools, to combat the mafia mentality that sells the dignity of man for little money,” said Puglisi. The name of the religious, now beatified, remains the great symbol of the Church’s struggle against the mafia, and this is highlighted by the Central Intelligence Agency itself in its reports to Langley.

The start of this security cooperation between the United States and the Vatican would result in the official entry of the Vatican gendarmerie into Europol and Interpol, as well as the creation of the Rapid Intervention Group (GIR), a kind of Vatican SWAT, which has objective the fight against subversive activities through the analysis and adjustment of information, as well as technical and logistical support to research activities. In addition, it would be responsible for carrying out hostage rescue operations and acting in high-risk situations.
The second unit that was created was the Anti-sabotage Unit (UAS) formed by highly trained personnel equipped with sophisticated technological equipment, in order to recognize, neutralize and implement all security measures in case of discovery of suspicious packages or envelopes. . Both the GIR agents and those of the UAS were trained in Quantico by specialists of the FBI, within the ATA program. The agents of both units depend on the Vatican gendarmerie and, therefore, they are under the command of Domenico Giani.
It was clear that both units were going to have the opportunity to put into practice what they had learned during the visit that Pope Benedict XVI made to the United Kingdom, between September 16 and 19, 2010. On Friday, the 17th, in the morning, Scotland Yard He informed the Vatican security that the Pope was in danger and that the papal caravan could be attacked. At 5:45 in the morning, an anti-terrorist unit arrested five men and at 1:45 pm, two others fell.
The metropolitan police announced that the six detainees, between 26 and 50 years old and of Algerian origin, were accused of trying to kill the pope. All of them “street sweepers” worked in Westminster, exactly where the high priest should pass. A police spokesman said the arrests were aimed more at an attack on Pope Benedict XVI than at a massive attack like the one suffered in London on July 7, 2005. It was the second anti-terrorist alert in less than a year.
The Catholic Church has not ceased to be the target of Islamic terrorism. On October 31, 2010, there was an Islamist attack in the Sayidat al Nejat cathedral, located in the Karrada district of Baghdad, killing 53 people and wounding 60 others. A few days later, the Islamic State of Iraq (EII) – a conglomeration of Muslim terrorist groups led by al Qaeda – again threatened the Vatican and Pope Benedict XVI with “unleashing seas of blood” and declared Christians “tangible targets wherever they are ».
“Let these infidels know and their Vatican head that the sword of death will not rise from the necks of their followers until [the Vatican] announces that it has nothing to do with what the dogs of the Egyptian Church do […] to put an end to the crimes and release the detainees in the prisons of their monasteries, “he said in the note referring to the alleged retention of Christian converts to Islam. The text announced “that all Christian centers, organizations and organizations, with their leaders and followers, are legitimate targets for the Mujahideen wherever they can be reached.”

There is a growing urgency in the Vatican about the need to change the current culture of communication. The rare public criticisms offered by Father Lombardi and Cardinal Kasper about the role of their colleagues in the lefebvrist scandal are a strong indicator of internal unrest. There are a number of proposals that circulate to help solve the problem. Monsignor Tighe and Archbishop Celli have privately confirmed to the Embassy that there are ongoing discussions about the opportunity for the Pontifical Council for Social Communications to assume a greater coordinating role in important decisions. Father Lombardi has privately proposed to his management the possibility of creating an office in the Secretary of State to mark potentially controversial decisions and has requested resources to prepare the translations of the main statements more quickly. Others in the Vatican close to the pope have suggested bringing more native English speakers with positions in the pope’s inner circle. And there are many voices calling for the elimination of Cardinal Bertone from his current position.

Pope Benedict XVI gave explicit support to the United States, President Barack Obama and his foreign policy by stating after the meeting that he “was praying for a world authority to govern us all” and stressing that “there is an urgent need for true political authority world whose task is to manage the world economy, revive the economies affected by the crisis, avoid any deterioration of the current crisis and the greater imbalances that could result. This “world authority” should achieve timely comprehensive disarmament, food security and peace. ”
When nearly five years have passed since that meeting, Benedict XVI no longer holds the Chair of Peter and the United States continues its policy of abortions, transgenic and experiments with stem cells, something that continues to worry Pope Francis and will continue to be a cause of intense and heated debate between Rome and Washington.

From Friday 23 to Thursday 29 March 2012, Pope Benedict XVI began a pastoral trip that would take him to Mexico and Cuba. The purpose of the visit to Cuba was to strengthen the presence of the Catholic Church on the island at a very significant time. The Catholic hierarchy, both in Havana and in the Vatican, had played a decisive role in recent years in the release of political prisoners, and Benedict XVI and his Secretary of State Bertone hoped that these efforts would translate into some kind of protagonism when the always delayed transition began. The problem is that the Cuban regime had managed at all times to use the humanitarian dialogue with the Church in order to prevent political dialogue. In the strategy designed by the Vatican diplomacy, the papal trip to Cuba had to serve to counteract what the Holy See perceived as a political paralysis, but Benedict XVI’s refusal to meet with the opposition did not help that this paralysis ceased to be such. . The famous “Vatican diplomatic ambiguity” came into play once again.

On February 26, 2010, the US embassy to the Holy See sent a telegram classified as “secret” and “priority” to the Secretary of State in Washington and to the US missions to the United Nations in New York and Geneva. . The purpose of the message was to report that “the scandal of sexual abuse undermines relations between Ireland and the Vatican, shakes the Church of Ireland, and requires changes from the Holy See.”
Just three months earlier, in November 2009, the report on the coverage actions undertaken by the local Irish bishops on the revelations of physical and sexual abuse of minors by the country’s clergy shocked Catholics and many others throughout the country. the world. The first concern of the Vatican and Irish officials were the victims, but the reality was sometimes overshadowed by the events that followed and even entailed a serious cooling of relations between the Holy See and Catholic Ireland.
The Vatican complained bitterly that the Irish government had not respected and protected the sovereignty of the Holy See during the investigations.
Much of Irish public opinion saw the Vatican’s protests as narrowly procedural and as a way of creating smoke to divert attention from the center of the problem, which were abuses, and that the Holy See itself had been unable to resolve the problem. real problem of the terrible abuses and as well as its concealment by Church officials.
The deep crisis that was caused in the Church of Ireland ended the request for intervention by Pope Benedict XVI, who met with the leaders of the Church of Ireland in December 2009, and again in February 2010, to discuss the next steps to follow. Although the pope sent a pastoral letter on the situation of Irish Catholics, the Vatican and the local Catholic Church agreed that the crisis should be managed at the “local level” in Ireland.
The Catholic order most affected by the accusations in the Ryan Report announced that it would pay 161 million euros to the victims within a reparation package for the abuses suffered.
After a series of investigations opened by different governments, independent committees and international agencies, it was discovered that sexual abuse of minors by members of the Catholic Church had happened repeatedly over the course of decades in 26 countries on five continents. concealed by the highest ecclesiastical hierarchies of the countries where they happened and by the Vatican State itself. The countries were Kenya, Tanzania, the Philippines, Austria, Belgium, Croatia, France, Germany, Ireland, Italy, Malta, Holland, Norway, Poland, Slovenia, Sweden, Great Britain, Canada, Mexico, United States, Australia, New Zealand, Argentina, Brazil, Chile and Peru.

The Vatican rejected all accusations about the behavior of Pope Francis during the Argentine dictatorship, describing them as a “defamation campaign”. Father Federico Lombardi said that “there has never been a credible accusation” against the new pontiff and argued that these questions are nothing but slander that is part of a defamatory campaign from an anti-clerical left.
The Argentine newspaper Clarín published exclusively a fragment of Bergoglio’s declaration in 2010 as a witness for the crimes against humanity committed during the Videla dictatorship. On November 8, 2010, Bergoglio declared that he had met with Jesuit priests Orlando Yorio and Francisco Jalics to “take prudential measures” given the criticism they received from some sectors and after the assassination of priest Carlos Múgica.

The private visit that the president of Argentina made to the Holy See on March 18, 2013, five days after the election of Bergoglio as pope, was the first step to a truce. Bergoglio’s relationship with Cristina and Néstor Kirchner was complex, with several moments of tension due to the criticism of the Argentine archbishop and Argentine cardinal to social policies and the style of Peronist government. Bergoglio came to question in one of his homilies “the exhibitionism and the strident announcements of the rulers.” In another he came to protest against “internism” and “intolerance”, while renewing his call to fight poverty, corruption and social problems.
On Saturday, October 5, 2013, the Supreme Pontiff closed a page of his own history when he decided to receive Father Francisco Jalics in the Vatican. Although the Vatican spokesman did not give details of the meeting, it was of great importance in part because in those same dates the book written by the journalist Nello Scavo was published in Italy entitled La Lista de Bergoglio, with a foreword by Adolfo Pérez Esquivel, in the one that detailed how the then Father Jorge María Bergoglio had actually protected and helped to flee to a hundred people persecuted by the Argentine dictatorship.

Monday, December 10, 2012 until Tuesday, January 8, 2013, but it is suspected that the NSA continued to intercept the communications of the Holy See after the announcement of the resignation of the pontificate of Pope Benedict XVI, which became effective on the 28th. February The weekly adds that the espionage lasted throughout the Conclave to elect the new pope. Among the conversations heard would be those that took place in the Domus Internationalis Paulus VI, in Via della Scrofa 70, the Roman residence where the then archbishop of Buenos Aires, Cardinal Bergoglio, stayed before the Conclave began in which he would be elected Supreme Pontiff on March 13, 2013. Panorama magazine recalled that the name of the now Pope Francis had already appeared in the documents leaked by Bradley Manning (now Chelsea Manning), the military analyst who delivered thousands of documents to the Wikileaks portal of Julian Assange. secrets Wikileaks unveiled diplomatic telegrams and intelligence reports, including memoranda from the CIA Buenos Aires station, which spoke of Cardinal Jorge Mario Bergoglio as one of the papables in the 2005 Conclave, as well as other documents dated in 2007 that highlighted his ” bad relationship »with the then President Néstor Kirchner.
The National Security Agency (NSA) of the United States hastened to ensure that information about the alleged interception of calls to the Vatican, the IOR, the Supreme Pontiff, senior officials of the Holy See, and the US cardinals “were not Certain, “and assured that the Vatican was not among the objectives of its surveillance services. “The information that ensures that the NSA espió to the Vatican, published by the Italian magazine Panorama, are not true,” said Vanee Vines, a spokeswoman for the NSA, through an official statement.
What is clear is that for the next Conclave to be held in the Vatican, when the men of the Vatican Gendarmerie perform the sweeps by the Domus Sanctae Marthae and the Sistine Chapel in order to avoid the placement of hidden microphones, they should think also in the satellites of the National Security Agency that fly over space, hundreds of kilometers above the Holy See. Now, when the pontifical ceremonies official pronounces the traditional extra omnes (all outside), he must also look to the sky hoping that the NSA has disconnected his satellites.

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