El Libro Negro de la Humanidad — Matthew White / The Great Big Book of Horrible Things: The Definitive Chronicle of History’s 100 Worst Atrocities by Matthew White

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Este autor es un experto en estadísticas y hace un compendio de grandes guerras a través de la historia en cuanto a muertos.
1. El caos es más letal que la tiranía. Muchos de estos exterminios son producto del desplome de la autoridad más que del ejercicio de la autoridad.
2. El mundo está muy desorganizado. Las estructuras de poder tienden a ser informales y transitorias, y muchos de los grandes nombres que aparecen en este libro (por ejemplo, Stalin, Cromwell, Tamerlán o César) ejercieron una autoridad suprema sin desempeñar cargo permanente alguno en el gobierno. La mayoría de las guerras no empiezan nítidamente con declaraciones y movilizaciones ni terminan con rendiciones y tratados. Tienden a desarrollarse a partir de escaladas de violencia.
3. Las guerras matan a más civiles que a soldados. De hecho, el ejército suele ser el lugar más seguro durante una guerra. Los soldados están protegidos por miles de hombres armados, y obtienen la mejor comida y la mejor atención médica. Entretanto, aunque no sean sistemáticamente masacrados, los civiles normalmente sufren robos, son desahuciados o mueren de inanición.

En la época de los 3 reinos de China, el máximo absoluto plausible de número de muertos es evidente: quizás aquellos 34 millones de personas murieron de verdad en la caída de la civilización Han. Ahora bien, ¿cuál es el mínimo absoluto de los que pudieron haber muerto? Para que un desplome de la población sea tan evidente, tuvo que morir por lo menos medio millón. Esto equivaldría a un 1 por 100 de la población de China, y sólo unos 6.500 al año. La media geométrica de estos dos números se sitúa en torno a los 4,1 millones, que es la cifra que he utilizado para clasificar este suceso.

La explicación más generalizada pone el acento en un fallo de liderazgo. Roma nunca desarrolló un sistema de transición sin contratiempos de un emperador al siguiente, cosa que provocaba una pequeña guerra civil casi cada vez que moría un emperador. Éstos no tenían más legitimidad que la de haber estado al mando del ejército más imponente, y los ambiciosos generales sentían muy poca lealtad personal por su soberano. Por consiguiente, cuando se instaló la crisis, desfiló por el trono de Roma una serie de desafortunados usurpadores, niños y personajes de poca monta, que estaban más asustados de sus propios ejércitos que de los bárbaros.11
En segundo lugar, la caballería se convirtió en el principal medio de combate, pero Roma se había erigido y mantenido gracias a su infantería. Los romanos reaccionaron a estas nuevas tácticas de caballería alistando mercenarios extranjeros en lugar de adiestrar a romanos nativos en esta forma de combate, por lo tanto, el ejército cada vez estaba menos implicado en la supervivencia del imperio.
Tercero, el traslado de la capital a Constantinopla intensificó el control romano de Oriente, pero al mismo tiempo segregó a Occidente. Los ejércitos que se apostaron estratégicamente para proteger a la nueva capital no resultaron demasiado eficaces en la protección de Occidente. Durante el apogeo de la fuerza romana, los ejércitos que defendían las fronteras fluviales del centro de Europa se mantenían con los impuestos de la sofisticada economía urbana del Mediterráneo oriental. Cuando el imperio se dividió en dos mitades, la parte oriental heredó la gallina de los huevos de oro y una frontera más corta, mientras que Occidente heredó el gasto de defender una frontera mucho más extensa con la recaudación de una economía más primitiva.13 Al final, Occidente simplemente no pudo sufragar su defensa.
Podría decirse que la caída de Roma es el acontecimiento geopolítico más importante de la historia de Occidente. Sin el desplome del imperio, las poblaciones romanizadas de la Europa occidental no habrían desarrollado identidades diferentes. En vez de franceses, españoles, italianos y portugueses, habría sólo romanos en estas tierras (hablando una lengua muy similar al italiano). Esta nación neo-romana habría incluido también Gran Bretaña, el África del Norte y la margen sur del Danubio, cuyas poblaciones romanizadas fueron después absorbidas, asimiladas y sustituidas por los invasores anglosajones, árabes y eslavos.

La esclavitud es una de las pocas atrocidades que ha sido total y absolutamente… bueno, erradicada es una palabra demasiado optimista… digamos marginada. Aunque todavía existen formas de esclavitud en oscuras bolsas de pobreza, las naciones en general ya no la practican.

Dado que el genocidio es la peor acusación que se le puede achacar a una nación, toda opresión acaba siendo calificada de genocidio en un momento u otro. Llamarla simplemente purga o masacre no parece suficiente. Por consiguiente, como el genocidio es un insulto tan grave, semejante acusación se niega enérgicamente, insistiendo en que la matanza fue un acto legítimo de guerra, que el número de muertos fue menor, que el enemigo se lo merecía o que las muertes no fueron deliberadas. La larga historia del derecho internacional que prohíbe el asesinato de civiles en realidad no ha evitado el asesinato de civiles, pero nos ha hecho muy astutos a la hora de inventar excusas.
Tras medio siglo de debates acerca del significado de genocidio, el término ha perdido sus afiladas aristas, pero definámoslo aquí estrictamente como el intento de erradicar un grupo étnico mediante el uso de la violencia. Definamos ahora la palabra etnia como la identidad de un grupo sobre la que no se tiene ningún control. Uno nace en el seno de dicho grupo, comparte la identidad con su familia, y nada puede cambiarla independientemente de lo que ocurra a lo largo de la vida.
Una característica definitoria de genocidio es la decidida devoción con la que los opresores erradican el grupo en cuestión. Los opresores no se contentan con matar solamente a aquellos que se rebelan y resisten, se proponen dar caza y eliminar a todos los hombres, mujeres, niños, bebés y perros. Si uno pertenece a la demografía objeto de aniquilación, acabará siendo eliminado por más clemencia que pida: sin embargo, a las muchachas a menudo se las perdona, pero son violadas y esclavizadas porque no son lo bastante importantes como para matarlas.
Tampoco cuenta como genocidio, aunque a menudo lo parezca, la venganza contra una familia entera por los delitos de un miembro.
TREINTA Y UN GENOCIDIOS NOTABLES:
Los indios americanos nativos: puede que murieran 15.000.000 a manos de los conquistadores europeos.
Junto con el desplome de la población nativa a lo largo y ancho del hemisferio occidental, centenares de tribus simplemente desaparecieron:
Los arrohattoc de Virginia habían desaparecido en 1669.
Los apalaches de Florida se extinguieron en el siglo XVIII.
Los yazoo del Misisipi se extinguieron después de 1729.
La lengua powhatan de Virginia murió en la década de 1790.
Los timucua de Florida desaparecieron poco después de 1821.
Shanawdithit, el último beothuk conocido de Terranova, murió en 1829.
Durante la década de 1870, los argentinos aniquilaron a los indios araucanos para abrir las Pampas a los asentamientos de los blancos.
Ishi, el último yahi de California, murió en 1916.
Los clackamas de Oregón habían desaparecido en la década de 1920.
La lengua natchez de Luisiana se extinguió en la década de 1930.
La familia de lenguas catawba de las Carolinas se extinguió en la década de 1960.

Los armenios: en 1915 murieron 972.000 (véase «Primera guerra mundial» para más detalles).
Los turcos nunca admitirán que lo hicieron, y tampoco nadie los presiona a que lo hagan porque Turquía es demasiado importante como encrucijada estratégica y cultural entre Oriente y Occidente. La versión turca de los hechos es que los armenios se sublevaron, iniciaron luchas étnicas con los kurdos del lugar, y aniquilaron a decenas de miles de musulmanes antes de que su rebelión fuese sofocada. Los turcos justifican el millón de armenios desaparecidos diciendo que tras su derrota huyeron a ultramar.
Los tutsis: los hutus mataron a 937.000 tutsis en Ruanda en 1994 (véase «Genocidio de Ruanda» para más detalles).
Los gitanos: desde 1940 a 1945 murieron 500.000 (véase «Segunda guerra mundial» para contexto).
Los nazis los clasificaron como raza subhumana y los exterminaron sistemáticamente porque los gitanos tenían la reputación de ser delincuentes congénitos.
Los tibetanos: han sido exterminados quizá unos 350.000.
Desde la conquista china del Tíbet en 1950, la República Popular ha tratado sistemáticamente de erradicar al pueblo tibetano, de demoler sus hitos y de borrar su cultura. Inmigrantes chinos han sustituido a los tibetanos nativos y constituyen mayoría.
Los asirios: los turcos mataron a unos 275.000 asirios a partir de 1915 (véase «Primera guerra mundial» para más detalles).
Los aborígenes australianos: entre 1788 y 1920 desaparecieron 240.000.
Isla Chatham: murieron 2.000 habitantes.
Los invasores maoríes de Nueva Zelanda conquistaron esta isla del Pacífico Sur en 1835, matando, comiendo o esclavizando a los moriori nativos. En 1862 solamente quedaban vivos 101 morioris, y los últimos «pura sangre» murieron en 1933.22
Isla de Pascua: murieron 2.000 nativos.
En 1862, los traficantes de esclavos chilenos raptaron a 1.000 nativos rapa nui, la mitad de la población, que no tardaron en morir. Las enfermedades, el asesinato y el sobreesfuerzo redujeron el número de nativos que quedaba a tan sólo 110 en 1877.23
Los Banu Qurayza: en c. 624 d. C. 600 de ellos fueron masacrados.
Mahoma acusó de traición a esta tribu de árabes judíos. Todos los hombres fueron aniquilados, y las mujeres y los niños vendidos como esclavos.

Hoy en día luchar por la religión se considera algo tan ridículo que muchos historiadores occidentales se sienten demasiado avergonzados para admitir que alguna vez sucediera. Es como tener un bisabuelo propietario de esclavos. Casi la mitad de los historiadores de las recientes generaciones prefieren describir las guerras de religión como luchas de poder ocultas tras el pretexto de la religión; sin embargo, esto no hace más que proyectar la sensibilidad actual al pasado. La mayoría de las sociedades humanas no separan la religión de la política pública. La creencia determina el modo en que actúa el pueblo. La religión estructura su sociedad y guía sus decisiones. Dudar de la religión de una nación es un insulto contra los valores esenciales de la nación, y la irreligiosidad corre el riesgo de molestar al dios que vigila al pueblo. La civilización occidental es única en hacer de la religión un asunto privado, y esto se debe a las duras lecciones aprendidas en la era de las Guerras de Religión.

Por más fascinante que sea el estudio del impacto de la enfermedad y el clima en la historia, podemos acabar intentando emparejar cada conflicto histórico con un acontecimiento natural simultáneo. A largo plazo, las sociedades se ajustaron a sus nuevas pautas climáticas, y a corto plazo el cambio climático fue esporádico. El clima es siempre errático, por lo tanto cuando hablamos, por ejemplo, de veranos secos, no queremos decir que no hubiera lluvias durante años. Nos referimos a que hubo un promedio de lluvia menor durante la mayoría de los años, pero el resto fueron años normales. La sequía y la hambruna son tan comunes en la historia de la humanidad que la mayoría de las sociedades tienen planes de emergencia y muchos ancianos que recuerdan cómo lo vivieron la última vez. Una mala climatología sólo destruye el tejido social cuando se combina con una dosis extra de mala suerte o de estupidez humana.

He aquí a los conquistadores más mortíferos de la historia:
Hitler: 42 millones de muertos en Europa
Chinguis Kan: 40 millones de muertos en toda Asia
Timur: 17 millones de muertos en Asia
Napoleón: 4 millones de muertos en Europa
Luis XIV: 2,25 millones de muertos en sus guerras1
Federico el Grande: 2 millones de muertos en dos guerras por Silesia y la hegemonía de Europa
Shaka Zulu: 1,5 millones de muertos en África del Sur
Cayo Julio César: aseguraba haber matado a 1.192.000 enemigos extranjeros en batalla2
Alejandro Magno: 450.000 muertos en Oriente Medio.

La guerra civil fue una contienda entre dos visiones opuestas de América: una definida por la nacionalidad (protestantes blancos anglosajones) contra otra definida por la ideología (todos los hombres son creados iguales). Probablemente éste sea el conflicto principal de la historia americana, y si se entiende esta guerra, se encuentra uno en vías de entender a los Estados Unidos.
Evidentemente, el principal resultado de la guerra fue la liberación de los esclavos, pero esto al fin y al cabo ya estaba en marcha. Una guerra u otra era inevitable, pues no muchos países con esclavos lograron sortearla, pero incluso obstinándose, los Estados Unidos no habrían resistido con la esclavitud mucho más que Cuba (1886) o Brasil (1888).

En referencia a la república del Congo, lo que sí puede decirse con toda seguridad es que la población del Congo cayó en picado durante las dos décadas que duró el Estado Libre. La mayoría de las muertes fueron causadas por enfermedades propagadas por el desplazamiento de la población, que moría de hambre y de sobreesfuerzo. La viruela, originalmente endémica en la costa, se extendió hacia el interior. La enfermedad del sueño, endémica en el interior, se propagó hacia el exterior. La opresión directa también se cobró su cuota. Sólo en un año y sólo en uno de los distritos del caucho, hay constancia de que los soldados gastaron 40.000 cartuchos de munición, por lo que, presumiblemente, debieron de presentar un número idéntico de manos cortadas para demostrar que no estaban malgastando las balas.

La principal lección que enseña la primera guerra mundial es que la guerra es perjudicial. Aunque parece que ésta tendría que ser la lección más obvia que aprender de la mayoría de los conflictos bélicos, lo cierto es que la generación de europeos anterior a la primera guerra mundial había conocido una era de paz sin precedentes y habían olvidado lo que era la guerra. La mayoría de las que guardaban en la memoria reciente habían sido victorias fáciles o derrotas claras. La primera guerra mundial les recordó a los dirigentes mundiales que las guerras no se desarrollan siempre según lo planeado. En casi cada una de las estrategias, el tiro les salió por la culata, y la mayor parte de las naciones salieron de la guerra en bancarrota y hechas pedazos.
Veremos que los orígenes de una gran parte de los cien multicidios más mortíferos de mi lista se remontan a la primera guerra mundial. La segunda guerra mundial fue una repetición de la jugada. La guerra civil rusa fue un producto derivado. Otros multicidios tienen también sus raíces, si bien en un grado de separación más alejado, en la Primera Guerra Mundial. Stalin surgió de la revolución rusa, y la guerra de Corea fue una consecuencia de la segunda guerra mundial.

La primera guerra mundial constituyó un desastre tan monumental que todos los estados que participaron en ella salieron de la guerra con sus gobiernos destruidos más allá de cualquier intento de reparación. El primer gran país en fracturarse bajo la presión fue Rusia. La escasez de alimentos y las huelgas alteraron la vida urbana, y la falta de suministros y las estrategias absurdas hicieron pedazos el ejército. Los años pasaban y la interminable carnicería continuaba, hasta que miles de soldados rusos, sencillamente, renunciaron a seguir luchando y regresaron a sus hogares llevándose su arma con ellos por si acaso alguien intentaba detenerles.
La revolución de febrero (en realidad, de marzo de 1917) estalló cuando las protestas en la capital, Petrogrado, se hicieron violentas y los soldados enviados por el gobierno a aplastar la revuelta, en lugar de sofocarla, se unieron a ella. El zar Nicolás se precipitó de regreso a Petrogrado con la intención de restaurar su autoridad.
Un acontecimiento secundario que las clases de historia, en su mayoría, pasaban por alto en mi época de estudiante ha adquirido ahora una mayor importancia. La decisión de 1922 de organizar el antiguo imperio ruso en una federación de repúblicas étnicas teóricamente autónomas solía parecer una operación de maquillaje. Nadie creía en serio que estas «repúblicas» fueran otra cosa que provincias de un imperio ruso, así que ni sus nombres ni sus fronteras tenían ninguna importancia. A los ciudadanos de la URSS siempre les llamábamos «rusos» , y en muy raras ocasiones «soviéticos». Todo el mundo sabía quién llevaba la batuta en realidad.
Y entonces, en 1991, estas «repúblicas» declararon su independencia, y de repente sí que importaba si Crimea estaba en la república rusa o en la ucraniana, o si las patrias de chechenos, bielorrusos y tártaros tenían el estatus de estado de pleno derecho, o cuántos armenios vivían en el interior de las fronteras de Azerbaiyán. De la Unión Soviética surgieron quince países, y esta división hubiera podido ser mucho más turbulenta si no hubieran existido esas convenientes líneas de puntos a lo largo de las que cortar. Aun así, cinco pequeñas guerras estallaron porque hubo a quien no le gustaba cómo se habían trazado las fronteras de las antiguas repúblicas soviéticas.

• Hitler (Alemania, 1933-1945): c. 15.500.000 asesinatos declarados de judíos, eslavos, gitanos, enfermos mentales, rehenes y prisioneros de guerra.1
• Stalin (Unión Soviética, 1928-1953): 13.000.000 de ejecuciones y muertos en los campos de concentración, aunque esta cifra no incluye los muertos por la hambruna.
• Mao Tsé Tung (China, 1949-1976): hasta 10.000.000 de asesinatos; la cifra no incluye a los muertos por la hambruna.
• Leopoldo II (Bélgica, 1865-1909): 10.000.000 de indígenas muertos en el Estado Libre del Congo.
• Idi Amin Dada (Uganda, 1972-1979): 300.000 asesinatos.
• Francisco Franco (España, 1939-1975): 175.000 opositores políticos ejecutados.
“• Vlad Dracula (Valaquia, 1456-1462): 100.000 empalados o asesinados por otros medios.
• Murad IV (imperio otomano, 1611-1640): 100.000 opositores a la autoridad del sultán ejecutados.
• Ezzelino de Romano (Padua, 1236-1259): 55.000 ciudadanos, rivales, prisioneros de guerra, mendigos y otros, asesinados.
• Francisco Macías Nguema (Guinea Ecuatorial, 1969-1979): 50.000 asesinatos.
• Sekou Touré (Guinea, 1958-1984): hasta 50.000.
• Hissen Habré (Chad, 1982-1990): 40.000 asesinatos.
• François Duvalier (Haití, 1957-1971): alrededor de 30.000 personas asesinadas.
• Iván el Terrible (Rusia, 1533-1584): al menos 3.700 individuos elegidos al azar asesinados por pura rabia; entre 18.000 y 60.000 personas más masacradas en Novgorod en el año 1570.
• Hastings Banda (Malawi, 1966-1994): 18.000.
• Tiberio (imperio romano, 14-37): 10.000 ejecuciones paranoicas.
• Cornelio Sila (república de Roma, 82-79 a. C.): 4.700 muertos en las purgas que llevó a cabo.
• Augusto Pinochet (Chile, 1973-1990): 3.000 muertos y desaparecidos.

Hitler también permite extraer una mejor lección moral: al apelar a los temores y odios de la gente, logró exaltar a las masas y provocar un frenesí que le elevó al liderazgo de una democracia libre que no tardó en violentar para satisfacer sus propios deseos. Mientras intentaba conquistar el mundo, cometió atrocidades sin precedentes. Por último, Hitler sobrepasó sus posibilidades y fue abatido por la cólera de un mundo unido en una apocalíptica furia final. La historia de Hitler ofrece una narrativa más satisfactoria que a la gente le gusta explicar una y otra vez.
Stalin, en cambio, es un tirano más típico, más parecido a los otros tiranos de la historia. Merodeó y acechó en las sombras, manipuló para abrirse camino hasta la cumbre de una autocracia ya existente, consolidó su poder con brutalidad, y expandió su imperio jugando con habilidad un doble juego. Murió a una bonita edad avanzada, en su cama, victorioso, impune y llorado por una nación que le quería.

Guerras más sangrientas:
1. Vietnam (1959-1975): 3.500.000 muertos en Vietnam. Participación directa de Estados Unidos en ayuda del gobierno de Vietnam del Sur contra los rebeldes comunistas.
2. Corea (1950-1953): 3.000.000 de muertos. Participación directa de Occidente en ayuda de Corea del Sur, y participación directa de China en ayuda de Corea del Norte.
3. Afganistán (1979-1992): 1.500.000 muertos. Participación directa de la Unión Soviética en ayuda del gobierno contra los rebeldes muyahidines.
4. Mozambique (1975-1992): 800.000 muertos. Rebeldes de tendencia occidental contra un gobierno comunista.
5. Camboya (1970-1975): 600.000 muertos. Participación directa de Estados Unidos en ayuda del gobierno contra los rebeldes comunistas.
6. Angola (1975-1994): 500.000 muertos. Participación directa de Cuba en ayuda del gobierno contra rebeldes de tendencia occidental.
7. Indonesia (1965-1966): 400.000 muertos. Un gobierno de tendencia occidental masacró a la oposición de izquierdas.
8. Guatemala (1960-1996): 200.000 muertos. Rebeldes izquierdistas contra un gobierno de tendencia occidental.
9. Grecia (1943-1949): 160.000 muertos. Rebeldes comunistas contra un gobierno de tendencia occidental.
10. El Salvador (1979-1992): 75.000 muertos. Rebeldes izquierdistas contra un gobierno de tendencia occidental.
11. Laos (hasta 1973): 62.000 muertos. Estados Unidos acudió en ayuda del gobierno contra los rebeldes comunistas.
12. Corea del Sur (1948-1949): 60.000 muertos. Izquierdistas contra un gobierno de tendencia occidental.
13. Filipinas (desde 1972): 43.000 muertos. Rebeldes comunistas contra un gobierno de tendencia occidental.
14. Argentina (1976-1983): 30.000 muertos. Gobierno de tendencia occidental que oprimió a la oposición de izquierdas.
15. Nicaragua (1972-1979): 30.000 muertos. Rebeldes comunistas contra un gobierno de tendencia occidental.
16. Nicaragua (1982-1990): 30.000 muertos. Rebeldes de tendencia occidental contra un gobierno comunista.
11 millones de personas que murieron en los diversos conflictos en los que los estadounidenses abastecían a un bando y los soviéticos al otro. Aunque desenredar y aclarar de forma concienzuda cada uno de estos conflictos, y asignar la culpa a alguien, sea a comunistas o sea a Occidente.

En cuanto a la Camboya de Pol Pot. El autogenocidio camboyano probablemente sea, después del Holocausto, el superasesinato más estudiado del siglo XX, así que los datos sobre los muertos son de fácil acceso. En el extremo más alto de la escala, el gobierno camboyano instaurado por los conquistadores vietnamitas afirmaba que 3,3 millones de camboyanos habían muerto durante el mandato del anterior gobierno de los jemeres rojos, una cifra que representa la mitad de la población original, y que roza el límite máximo de lo creíble. En el otro extremo, Michael Vickery calcula la cifra de 400.000 muertos, el número más bajo de muertos jamás propuesto en serio por un historiador competente. Expertos en este conflicto calculan que el número de muertos se encuentra entre 1 y 2 millones, y tal vez la cifra específica que goza de mayor aceptación sea el cálculo de Ben Kiernan, 1.670.000 muertos (aproximadamente la quinta parte de la población).

Tras años de guerra, el Banco Mundial clasificó a Mozambique como el país más pobre del mundo, no el segundo ni el tercero, no «entre los más pobres», sino el más pobre de todos. En 1990, ambos bandos iniciaron conversaciones, y poco tiempo después la historia pasaba la escoba sobre la URSS comunista y el apartheid de Sudáfrica y los tiraba a su cubo de basura, lo que dejó a Mozambique, que ya no era un peón en la lucha entre otras fuerzas más poderosas, abandonado a su propia suerte. Sin patrocinadores que les suministraran municiones de refresco, ambos bandos acordaron un alto el fuego en 1992, y en octubre del 1994 se celebraron unas elecciones multipartidistas que ratificaron al FRELIMO en el poder, y en las que el RENAMO emergió como un partido legítimo en la oposición con un sorprendente grado de apoyo.

Las guerras civiles en Angola, Mozambique y Uganda constituyen un ejemplo típico de los conflictos que han arrasado el continente africano en los pasados cuarenta años. He aquí una breve lista de las guerras civiles más mortíferas del continente después de las diferentes independencias:
1. Congo (1998-2002): 3.800.000
2. Sudán (1983-2005): 1.900.0001
3. Nigeria (1966-1970): 1.000.000
4. Ruanda (1994): 937.000
5. Mozambique (1975-1992): 800.000
6. Etiopía (1962-1992): 500.000
7. Somalia (desde 1991): 500.000
8. Angola (1975-2002): 500.000
9. Sudán (1955-1972): 500.000
10. Uganda (1979-1986): 500.000
11. Burundi (1993-2004): 260.000
12. Liberia (1989-2003): 250.000
13. Darfur (desde 2003): 200.000

Aunque el mundo, después de 1990, aisló a Saddam y a Irak en castigo por haber alterado la tranquilidad internacional, ésta nunca pareció ser una solución satisfactoria. Dejar que unas reservas de petróleo tan valiosas para el resto del mundo permanecieran sin utilizar y bajo el control de un dictador paria era peligroso y poco rentable. En marzo de 2003, confiando en que Irak se doblegara, se arrastrara y suplicara a gritos la readmisión en la comunidad de naciones y en la economía global, el presidente estadounidense George Bush (el joven) invadía Irak y, en una operación de lo más chapucera, sustituía el gobierno de Saddam con lo que se suponía que tenía que ser un puesto avanzado occidental lucrativo y estabilizador en el corazón de un territorio enemigo, pero la situación se deterioró y el país se sumió en un caos de coches bomba.
Saddam, ahora prisionero, fue juzgado y ahorcado por este nuevo régimen en el año 2006.

Cuando la gente dice que el siglo XX es el siglo más sangriento jamás conocido, a lo que se refieren en realidad es a la cadena de barbaridades interconectadas que se extienden desde la primera guerra mundial hasta las muertes de Hitler, Stalin y Mao.
Aunque cada una de estas guerras y dictadores representa un acontecimiento diferente, muchos de ellos están estrechamente relacionados entre sí. Hitler, Stalin y Mao no sólo eran tiranos por derecho propio, sino también actores protagonistas de la segunda guerra mundial, una guerra que, era evidente, constituía una secuela clara de la primera guerra mundial. La guerra civil rusa, que allanó el camino al ascenso de Stalin, también fue un producto derivado consecuencia directa de la primera guerra mundial. La anarquía que barrió toda China tras el derrocamiento de la monarquía llevó a Chang Kai Chek al poder, le enfrentó a Mao y alentó la invasión de los japoneses. La caída del imperio japonés una vez terminada la segunda guerra mundial dejó a Corea a merced de quien la quisiera coger, y el ejército de Mao fue uno de los que lo intentó.
Es muy posible, por lo tanto, que los futuros historiadores consideren que todos estos acontecimientos no son más que meros episodios de un único y gigantesco trastorno, el «Hemoclismo», por darle algún nombre (del griego «hemo», sangre, y «clismo», torrente ), que se cobró la vida de 150 millones de personas. En total, más del 80 por 100 de las muertes violentas del siglo XX ocurrieron durante el Hemoclismo.
Desde un punto de vista geopolítico, el Hemoclismo surgió de la decadencia de dos antiguos imperios, y puede dividirse limpiamente en dos partes: oriental y occidental.

No se puede negar para nada el carácter divulgativo de este siniestro e interesante ensayo. Puede que algunas afirmaciones parezcan un poco simplificadoras pero, insisto, es una obra que quiere difundir en cifras el lado más oscuro de los conflictos bélicos, las dictaduras, la esclavitud, los extremismos políticos y religiosos e incluso las muertes rituales…
Es un manual de consulta rápida, no solo de las cifras de muertes sino también de los innumerables y a veces desconocidos conflictos que «en el mundo han sido». Apéndices y sustanciales reflexiones cierran la obra. Sin duda una obra muy didáctica.

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This author is an expert in statistics and makes a compendium of great wars throughout history in terms of the dead.
1. Chaos is more lethal than tyranny. Many of these exterminations are the product of the collapse of authority rather than the exercise of authority.
2. The world is very disorganized. Power structures tend to be informal and transient, and many of the big names that appear in this book (for example, Stalin, Cromwell, Tamerlane, or Caesar) exercised supreme authority without holding any permanent office in government. Most wars do not start clearly with declarations and mobilizations, nor do they end with surrenders and treaties. They tend to develop from escalations of violence.
3. Wars kill more civilians than soldiers. In fact, the army is usually the safest place during a war. Soldiers are protected by thousands of armed men, and they get the best food and the best medical care. Meanwhile, even if they are not systematically massacred, civilians usually suffer robbery, are evicted or die of starvation.

In the era of the 3 kingdoms of China, the plausible absolute maximum of death toll is evident: perhaps those 34 million people actually died in the fall of the Han civilization. Now, what is the absolute minimum of those who could they have died? For a population crash to be so obvious, he had to die at least half a million. This would be equivalent to 1 percent of China’s population, and only about 6,500 a year. The geometric mean of these two numbers is around 4.1 million, which is the figure that I used to classify this event.

The most widespread explanation emphasizes a leadership failure. Rome never developed a transition system without setbacks from one emperor to the next, which caused a small civil war almost every time an emperor died. These had no more legitimacy than that of having commanded the most imposing army, and the ambitious generals felt very little personal loyalty for their sovereign. Consequently, when the crisis was installed, a series of unfortunate usurpers, children and small-time personalities paraded through the Roman throne, who were more frightened of their own armies than of the barbarians.11
In the second place, the cavalry became the main means of combat, but Rome had been erected and maintained thanks to its infantry. The Romans reacted to these new cavalry tactics by enlisting foreign mercenaries instead of training native Romans in this form of combat, therefore, the army was becoming less and less involved in the survival of the empire.
Third, the transfer of the capital to Constantinople intensified Roman control of the East, but at the same time segregated the West. The armies that strategically positioned themselves to protect the new capital were not very effective in protecting the West. During the height of the Roman force, the armies that defended the fluvial borders of the center of Europe were maintained with the taxes of the sophisticated urban economy of the Eastern Mediterranean. When the empire was divided into two halves, the eastern part inherited the goose that lays the golden eggs and a shorter border, while the West inherited the expense of defending a much larger frontier with the raising of a more primitive economy.13 In the end, the West simply could not cover its defense.
It could be said that the fall of Rome is the most important geopolitical event in the history of the West. Without the collapse of the empire, the Romanized populations of Western Europe would not have developed different identities. Instead of French, Spaniards, Italians and Portuguese, there would only be Romans in these lands (speaking a language very similar to Italian). This neo-Roman nation would also have included Great Britain, North Africa and the southern margin of the Danube, whose Romanized populations were later absorbed, assimilated and replaced by the Anglo-Saxon, Arab and Slavic invaders.

Slavery is one of the few atrocities that has been totally and absolutely … well, eradicated is a too optimistic word … let’s say marginalized. Although there are still forms of slavery in dark pockets of poverty, nations in general no longer practice it.

Given that genocide is the worst accusation that can be attributed to a nation, all oppression ends up being qualified as genocide at one time or another. Calling it simply purging or massacre does not seem enough. Therefore, since genocide is such a grave insult, such an accusation is strongly denied, insisting that the killing was a legitimate act of war, that the death toll was lower, that the enemy deserved it, or that the deaths were not deliberate The long history of international law that prohibits the killing of civilians has not really prevented the killing of civilians, but it has made us very clever when it comes to making excuses.
After half a century of debates about the meaning of genocide, the term has lost its sharp edges, but let’s define it here strictly as the attempt to eradicate an ethnic group through the use of violence. Let us now define the word ethnicity as the identity of a group over which there is no control. One is born within that group, shares the identity with their family, and nothing can change it regardless of what happens throughout life.
A defining characteristic of genocide is the determined devotion with which the oppressors eradicate the group in question. The oppressors are not satisfied with killing only those who rebel and resist, they propose to hunt down and eliminate all men, women, children, babies and dogs. If one belongs to the demographic object of annihilation, it will end up being eliminated for more clemency than it asks for: however, the girls are often forgiven, but they are raped and enslaved because they are not important enough to kill them.
Nor does it count as genocide, although often it seems, the revenge against a whole family for the crimes of a member.
THIRTY AND A NOTABLE GENOCIDES:
Native American Indians: 15,000,000 may have died at the hands of the European conquerors.
Along with the collapse of the native population throughout the Western Hemisphere, hundreds of tribes simply disappeared:
The arrohattoc of Virginia had disappeared in 1669.
The Appalachians of Florida became extinct in the 18th century.
The Yazoo of the Mississippi became extinct after 1729.
Virginia’s powhatan language died in the 1790s.
The Timucua of Florida disappeared shortly after 1821.
Shanawdithit, the last known beothuk of Newfoundland, died in 1829.
During the 1870s, the Argentines annihilated the Araucanian Indians to open the Pampas to the settlements of the whites.
Ishi, the last Yahi of California, died in 1916.
The Oregon clackamas had disappeared in the 1920s.
The Natchez language of Louisiana was extinguished in the 1930s.
The Catawba language family of the Carolinas became extinct in the 1960s.

The Armenians: in 1915 972,000 died (see «First World War» for more details).
The Turks will never admit that they did, and no one pressures them to do so because Turkey is too important as a strategic and cultural crossroads between East and West. The Turkish version of the facts is that the Armenians revolted, started ethnic struggles with the local Kurds, and annihilated tens of thousands of Muslims before their rebellion was put down. The Turks justify the million missing Armenians saying that after their defeat they fled overseas.
Tutsis: Hutus killed 937,000 Tutsis in Rwanda in 1994 (see «Rwandan Genocide» for more details).
Gypsies: from 1940 to 1945 500,000 died (see «Second World War» for context).
The Nazis classified them as a subhuman race and systematically exterminated them because the gypsies had the reputation of being congenital delinquents.
The Tibetans: perhaps 350,000 have been exterminated.
Since the Chinese conquest of Tibet in 1950, the People’s Republic has systematically tried to eradicate the Tibetan people, to demolish their landmarks and to erase their culture. Chinese immigrants have replaced the native Tibetans and constitute a majority.
The Assyrians: the Turks killed some 275,000 Assyrians from 1915 (see «First World War» for more details).
The Australian aborigines: between 1788 and 1920, 240,000 disappeared.
Chatham Island: 2,000 inhabitants died.
The Maori invaders of New Zealand conquered this island of the South Pacific in 1835, killing, eating or enslaving the native Moriori. In 1862 only 101 morioris remained alive, and the last «thoroughbreds» died in 1933.22
Easter Island: 2,000 natives died.
In 1862, Chilean slave traders kidnapped 1,000 Rapa Nui natives, half of the population, who soon died. Illness, murder and overexertion reduced the number of natives that remained to only 110 in 1877.23
The Banu Qurayza: in c. 624 d. C. 600 of them were massacred.
Muhammad accused this tribe of Jewish Arabs of treason. All men were annihilated, and women and children sold as slaves.

Today fighting for religion is considered so ridiculous that many Western historians feel too ashamed to admit that it ever happened. It’s like having a great-grandfather who owns slaves. Almost half of the historians of recent generations prefer to describe wars of religion as power struggles hidden behind the pretext of religion; however, this only serves to project the current sensitivity to the past. Most human societies do not separate religion from public policy. Belief determines the way people act. Religion structures your society and guides your decisions. Doubting the religion of a nation is an insult to the essential values ​​of the nation, and irreligiousness runs the risk of annoying the god who watches over the people. Western civilization is unique in making religion a private matter, and this is due to the hard lessons learned in the era of the Wars of Religion.

However fascinating the study of the impact of disease and climate on history may be, we may end up trying to match each historical conflict with a simultaneous natural event. In the long term, societies adjusted to their new climate patterns, and in the short term, climate change was sporadic. The weather is always erratic, so when we speak, for example, of dry summers, we do not mean that there were no rains for years. We mean that there was a lower average rainfall during most years, but the rest were normal years. Drought and famine are so common in the history of mankind that most societies have emergency plans and many elderly people remember how they lived it the last time. Bad weather only destroys the social fabric when combined with an extra dose of bad luck or human stupidity.

Here are the deadliest conquerors in history:
Hitler: 42 million dead in Europe
Chinguis Kan: 40 million dead throughout Asia
Timur: 17 million dead in Asia
Napoleon: 4 million dead in Europe
Louis XIV: 2.25 million dead in their wars1
Frederick the Great: 2 million dead in two wars for Silesia and the hegemony of Europe
Shaka Zulu: 1.5 million dead in South Africa
Cayo Julio César: claimed to have killed 1,192,000 foreign enemies in battle2
Alexander the Great: 450,000 dead in the Middle East.

The civil war was a contest between two opposing visions of America: one defined by nationality (white Anglo-Saxon Protestants) against another defined by ideology (all men are created equal). This is probably the main conflict in American history, and if this war is understood, one is in the process of understanding the United States.
Evidently, the main result of the war was the liberation of the slaves, but this was already under way. A war or another was inevitable, because not many countries with slaves managed to get around it, but even obstinately, the United States would not have resisted with slavery much more than Cuba (1886) or Brazil (1888).

In reference to the Republic of the Congo, what can be said with complete certainty is that the population of the Congo fell sharply during the two decades that the Free State lasted. Most of the deaths were caused by diseases spread by the displacement of the population, who died of hunger and overexertion. Smallpox, originally endemic on the coast, extended inland. The sleeping sickness, endemic in the interior, spread outwards. Direct oppression also claimed its share. In just one year and only in one of the rubber districts, there is evidence that the soldiers spent 40,000 rounds of ammunition, so, presumably, they had to present an identical number of hands cut to show that they were not wasting the bullets.

The main lesson that the First World War teaches is that war is harmful. Although it seems that this should be the most obvious lesson to be learned from most conflicts, the fact is that the generation of Europeans prior to the First World War had known an era of unprecedented peace and had forgotten what the war. Most of those in recent memory had been easy victories or clear defeats. The first world war reminded world leaders that wars do not always go according to plan. In almost every strategy, the shot backfired, and most nations left the war bankrupt and smashed to pieces.
We will see that the origins of a large part of the 100 most deadly multicidies on my list go back to the First World War. The second world war was a repetition of the play. The Russian civil war was a by-product. Other multicidios also have their roots, although in a degree of further separation, in the First World War. Stalin emerged from the Russian revolution, and the Korean War was a consequence of the Second World War.

The First World War was such a monumental disaster that all the states that participated in it came out of the war with their governments destroyed beyond any attempt at reparation. The first great country to fracture under pressure was Russia. Food shortages and strikes disrupted urban life, and the lack of supplies and absurd strategies shattered the army. The years passed and the endless carnage continued, until thousands of Russian soldiers simply gave up fighting and returned to their homes taking their gun with them in case someone tried to stop them.
The February revolution (in fact, March 1917) broke out when the protests in the capital, Petrograd, became violent and the soldiers sent by the government to crush the revolt, instead of suffocating it, joined it. Tsar Nicholas rushed back to Petrograd with the intention of restoring his authority.
A secondary event that history classes, mostly, missed in my student days has now become more important. The 1922 decision to organize the former Russian Empire into a federation of theoretically autonomous ethnic republics used to look like a makeup operation. Nobody seriously believed that these «republics» were anything other than provinces of a Russian empire, so neither their names nor their borders had any importance. We always called the citizens of the USSR «Russians», and on very rare occasions «Soviet». Everyone knew who actually carried the baton.
And then, in 1991, these «republics» declared their independence, and suddenly it did matter if Crimea was in the Russian or Ukrainian republic, or if the homelands of Chechens, Belarusians and Tatars had the status of full-fledged state , or how many Armenians lived inside the borders of Azerbaijan. Fifteen countries emerged from the Soviet Union, and this division could have been much more turbulent had there not been those convenient dotted lines along which to cut. Even so, five small wars broke out because there were those who did not like how the borders of the former Soviet republics had been drawn.

• Hitler (Germany, 1933-1945): c. 15,500,000 declared murders of Jews, Slavs, Gypsies, mentally ill, hostages and prisoners of war.1
• Stalin (Soviet Union, 1928-1953): 13,000,000 executions and deaths in the concentration camps, although this figure does not include those killed by the famine.
• Mao Tse Tung (China, 1949-1976): up to 10,000,000 murders; the figure does not include those killed by the famine.
• Leopold II (Belgium, 1865-1909): 10,000,000 indigenous people killed in the Free State of the Congo.
• Idi Amin Dada (Uganda, 1972-1979): 300,000 murders.
• Francisco Franco (Spain, 1939-1975): 175,000 executed political opponents.
«• Vlad Dracula (Wallachia, 1456-1462): 100,000 impaled or killed by other means.
• Murad IV (Ottoman Empire, 1611-1640): 100,000 opponents of the Sultan’s authority executed.
• Ezzelino de Romano (Padua, 1236-1259): 55,000 citizens, rivals, prisoners of war, beggars and others, murdered.
• Francisco Macías Nguema (Equatorial Guinea, 1969-1979): 50,000 murders.
• Sekou Touré (Guinea, 1958-1984): up to 50,000.
• Hissen Habré (Chad, 1982-1990): 40,000 murders.
• François Duvalier (Haiti, 1957-1971): around 30,000 people killed.
• Ivan the Terrible (Russia, 1533-1584): at least 3,700 randomly chosen individuals killed by rabies; between 18,000 and 60,000 more massacred people in Novgorod in the year 1570.
• Hastings Banda (Malawi, 1966-1994): 18,000.
• Tiberius (Roman Empire, 14-37): 10,000 paranoid executions.
• Cornelio Sila (Republic of Rome, 82-79 BC): 4,700 dead in the purges he carried out.
• Augusto Pinochet (Chile, 1973-1990): 3,000 dead and missing.

Hitler also allows us to extract a better moral lesson: by appealing to the fears and hatred of the people, he succeeded in exalting the masses and provoking a frenzy that elevated him to the leadership of a free democracy that he did not delay in violating to satisfy his own desires. While trying to conquer the world, he committed unprecedented atrocities. Finally, Hitler surpassed his possibilities and was struck down by the wrath of a world united in an apocalyptic final fury. The story of Hitler offers a more satisfying narrative that people like to explain over and over again.
Stalin, on the other hand, is a more typical tyrant, more like the other tyrants in history. He prowled and lurked in the shadows, manipulated to make his way to the top of an existing autocracy, consolidated his power with brutality, and expanded his empire by skillfully playing a double game. He died at a beautiful old age, in his bed, victorious, unpunished and mourned by a nation that loved him.

Bloody wars:
1. Vietnam (1959-1975): 3,500,000 dead in Vietnam. Direct participation of the United States in aid of the government of South Vietnam against the communist rebels.
2. Korea (1950-1953): 3,000,000 dead. Direct participation of the West in aid of South Korea, and direct participation of China in aid of North Korea.
3. Afghanistan (1979-1992): 1,500,000 dead. Direct participation of the Soviet Union in government aid against the Mujahideen rebels.
4. Mozambique (1975-1992): 800,000 dead. Rebels of western tendency against a communist government.
5. Cambodia (1970-1975): 600,000 dead. Direct participation of the United States in government aid against communist rebels.
6. Angola (1975-1994): 500,000 dead. Direct participation of Cuba in government aid against Western-style rebels.
7. Indonesia (1965-1966): 400,000 dead. A government of western tendency massacred the opposition of the left.
8. Guatemala (1960-1996): 200,000 dead. Leftist rebels against a government of Western tendency.
9. Greece (1943-1949): 160,000 dead. Communist rebels against a government of Western tendency.
10. El Salvador (1979-1992): 75,000 dead. Leftist rebels against a government of Western tendency.
11. Laos (until 1973): 62,000 dead. The United States came to the aid of the government against the communist rebels.
12. South Korea (1948-1949): 60,000 dead. Leftists against a government of western tendency.
13. Philippines (since 1972): 43,000 dead. Communist rebels against a government of Western tendency.
14. Argentina (1976-1983): 30,000 dead. Government of western tendency that oppressed to the opposition of lefts.
15. Nicaragua (1972-1979): 30,000 dead. Communist rebels against a government of Western tendency.
16. Nicaragua (1982-1990): 30,000 dead. Rebels of western tendency against a communist government.
11 million people who died in the various conflicts in which the Americans supplied one side and the Soviets the other. Although unravel and clarify each of these conflicts in a conscientious way, and assign the blame to someone, be it communists or the West.

As for the Cambodia of Pol Pot. The Cambodian autogenocide is probably, after the Holocaust, the most studied superasesinato of the twentieth century, so the data on the dead are easily accessible. At the highest end of the scale, the Cambodian government set up by the Vietnamese conquerors claimed that 3.3 million Cambodians had died during the previous Khmer Rouge rule, a figure that represents half of the original population, and that borders on the maximum limit of the credible. At the other extreme, Michael Vickery calculates the figure of 400,000 dead, the lowest death toll ever seriously proposed by a competent historian. Experts in this conflict estimate that the death toll is between 1 and 2 million, and perhaps the specific figure that enjoys greater acceptance is the calculation of Ben Kiernan, 1,670,000 dead (approximately one fifth of the population).

After years of war, the World Bank classified Mozambique as the poorest country in the world, not the second or third, not «among the poorest», but the poorest of all. In 1990, both sides began conversations, and shortly after the story passed the broom over the communist USSR and apartheid South Africa and threw them into their dustbin, which left Mozambique, who was no longer a pawn in the fight among other more powerful forces, abandoned to its own fate. Without sponsors supplying them with refreshments, both sides agreed to a ceasefire in 1992, and in October 1994 multiparty elections were held that ratified FRELIMO in power, and in which RENAMO emerged as a legitimate party in the region. opposition with a surprising degree of support.

The civil wars in Angola, Mozambique and Uganda are a typical example of the conflicts that have devastated the African continent in the past forty years. Here is a brief list of the deadliest civil wars in the continent after the different independences:
1. Congo (1998-2002): 3,800,000
2. Sudan (1983-2005): 1,900,0001
3. Nigeria (1966-1970): 1,000,000
4. Rwanda (1994): 937,000
5. Mozambique (1975-1992): 800,000
6. Ethiopia (1962-1992): 500,000
7. Somalia (since 1991): 500,000
8. Angola (1975-2002): 500,000
9. Sudan (1955-1972): 500,000
10. Uganda (1979-1986): 500,000
11. Burundi (1993-2004): 260,000
12. Liberia (1989-2003): 250,000
13. Darfur (since 2003): 200,000

Although the world, after 1990, isolated Saddam and Iraq in punishment for having upset international peace, this never seemed to be a satisfactory solution. Letting oil reserves so valuable to the rest of the world remain unused and under the control of an outcast dictator was dangerous and unprofitable. In March of 2003, hoping that Iraq would bow down, crawl and scream for readmission in the community of nations and in the global economy, US President George Bush (the young man) invaded Iraq and, in an operation of the most Bungled, he replaced Saddam’s government with what was supposed to be a lucrative and stabilizing western outpost in the heart of enemy territory, but the situation deteriorated and the country plunged into a car bomb chaos.
Saddam, now a prisoner, was tried and hanged by this new regime in 2006.

When people say that the 20th century is the bloodiest century ever known, what they really mean is the chain of interconnected barbarities that extend from the First World War to the deaths of Hitler, Stalin and Mao.
Although each of these wars and dictators represents a different event, many of them are closely related to each other. Hitler, Stalin and Mao were not only tyrants in their own right, but also protagonists of the Second World War, a war that was clearly a clear sequel to the First World War. The Russian civil war, which paved the way for Stalin’s rise, was also a product derived directly from the First World War. The anarchy that swept all of China after the overthrow of the monarchy led Chang Kai Chek to power, pitted him against Mao and encouraged the invasion of the Japanese. The fall of the Japanese empire after the end of World War II left Korea at the mercy of whoever wanted to take it, and Mao’s army was one of those who tried.
It is very possible, therefore, that the future historians consider that all these events are nothing more than mere episodes of a single and gigantic disorder, the «Hemoclismo», to give it a name (from the Greek «hemo», blood, and » clismo », torrente), which claimed the lives of 150 million people. In total, more than 80 percent of the violent deaths of the twentieth century occurred during the Hemoclismo.
From a geopolitical point of view, the Hemoclismo arose from the decadence of two old empires, and can be divided cleanly into two parts: Eastern and Western.

The informative nature of this sinister and interesting essay can not be denied at all. Some statements may seem a little simplifying but, I insist, it is a work that wants to spread in figures the darkest side of wars, dictatorships, slavery, political and religious extremism and even ritual deaths …
It is a quick reference manual, not only of the death figures but also of the innumerable and sometimes unknown conflicts that «in the world have been». Appendices and substantial reflections close the work. Without a doubt a very didactic work.

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